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7 maneras menos conocidas de promocionar tu contenido

octubre 31, 2016 — by Gabriella9

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Hace años yo pensaba que la escritura de verdad era una cosa y la creación de contenidos era otra. Que había un Parnaso especial donde iban a inspirarse los bendecidos por los dioses del talento y buen gusto, y un lago Estigia donde se ahogaban los productores de información, esas subentidades que no sabrían lo que es una metáfora aunque viniera a mearles en la cara.

(Aunque, pensándolo bien, no importa mucho que te meen en la cara si ya te estás ahogando en un lago donde va a morir la gente).

El tiempo te hace sabio, o por lo menos más humilde y menos idiota, si le pones ganas. Me di cuenta de que todo es contenido, al fin y al cabo. Escritura, datos, información. Algunas personas se leen el Marca o la Cuore con el mismo ansia arrebatada con la que otros (muchos menos) analizan a Joyce.

Y luego llegó la estrategia de contenidos y ya se me terminaron de cruzar los cables.

¿Qué es la estrategia de contenidos?“, me preguntas, mientras clavas en mi pupila tu pupila azul y yo me quejo amargamente, porque siempre duele que te claven algo y tú tienes unas pupilas de lo más afiladas. Para empezar, es una manera de que un escritor se dé a conocer utilizando información de interés en una web, blog o conjunción astral de redes sociales mágicas.

Aunque son las empresas y los blogueros de nicho quienes supieron sacarle más provecho a esta estrategia, a los escritores también puede funcionarnos. Parte de la base de que no hemos venido a hablar solo de nuestro libro, sino a ofrecer algo lo bastante atractivo como para que nuestros lectores también se interesen por nuestras obras.

Como cualquier estrategia, la de contenidos está saturada. ¿Cómo hacemos para que nuestras propias publicaciones, observaciones ingeniosas y creaciones magistrales lleguen al humilde vulgo?

Creo que hay unas 10000 técnicas, y Google estará más que dispuesta a enseñártelas. Las más comunes (y productivas) residen en las redes sociales, en el guestposting (publicar para otras entidades con mayor público que tú) y el SEO (optimización de motores de búsqueda). Y los tres caminos llevan tiempo, camino y esfuerzo. Por suerte, hay algunos senderitos secundarios, con resultados menos notables pero productivos a largo plazo, a los que también podemos recurrir.

Core DNA y otras tácticas para promocionar tus contenidos

Estas en concreto son algunas de las más recomendadas por la web Coredna, pero las puedes encontrar en muchos sitios. Casi todos en inglés, que es la razón por la que vengo aquí a compartir y explicar (o por lo menos intentarlo):

Listas de enlaces

¿Quieres conseguir enlaces hacia tu web (los famosos backlinks) y que te encuentre más gente? Aquí el arte está en tu relación amorosa con Google y similares. Sí, se trata de realizar una buena búsqueda. Se trata de encontrar blogs o páginas web que compartan de manera periódica recomendaciones de enlaces. Pueden ser sitios como la lista de correo de Ana González Duque, la Escribiduría de Iván lasso o cualquier página de Facebook con  estrategia de contenidos, como la de Mariana Eguaras o Corrección Textos Español. Busca en Google los temás que tú tratas y mira qué páginas comparten enlaces similares al contenido que tú creas.

Cuidado con el método de contacto. No se trata de ponerse pesado, solo de enviar emails cortos y cordiales sugiriendo un artículo en particular de tu blog o web. Es muy importante no hacer spam ni mandar emails a destajo a una lista larga de objetivos, sino crear un correo breve y personalizado para cada persona (os recuerdo que detrás de las webs hay personas, no robots ni androides enviados desde el pasado para intentar evitar el terrible fin de la humanidad. Casi siempre). Asegúrate además de que compartes público objetivo con tu destinatario y de que tu material encaje en su web o lista. Yo suelo compartir enlaces que me mandan si considero que el contenido es muy bueno y que encajan con mi contenido programado y con los intereses de mis seguidores, pero no me mandes vídeo, por ejemplo. Si sigues mis redes sabrás que no suelo publicar vídeos ajenos, por la sencilla razón de que tendría que verlos enteros para saber si funcionarían en mi estrategia de contenidos (los textos puedo ojearlos mucho más deprisa).

Del mismo modo, si haces una búsqueda de palabras como “recursos para escritores”, “blogs para escritores” o “ciencia ficción para amantes del esquí” puedes encontrar webs que ofrecen secciones de recursos (que son, al fin y al cabo, más listas de enlaces). Este es otro sitio donde podría encajar tu web o blog, un sitio donde podrías colocar un enlace más.

Quora

Quora ya está disponible en nuestro idioma, para horrible desgracia mía, y si llega a crecer como ha hecho en EEUU, los primeros que lleguen jugarán con ventaja para posicionarse como expertos en su sector. Permitidme aquí que no siga mi propio consejo, aunque reconozco sus posibilidades, ya que bastante tiempo pierdo ya leyendo la versión anglosajona. Quora es altamente adictiva y requiere de un temperamento poco dado a entrar en debate y pedanterías. Esta es la misma razón por la que no suelo entrar en foros, aunque me consta que a algunos escritores les funciona muy bien.

Otras comunidades

Y ya que mencionamos los foros, sí, pueden servir, sobre todo si en vez de colocar un enlace a tu libro en Amazon y largarte te quedas y ayudas a la comunidad. Lo importante, ante todo, es que ayudes a los tuyos. Para esto también están las comunidades de Google, los grupos de LinkedIn y los de Facebook. También puedes hacer búsquedas en Twitter e intentar contestar a preguntas que surjan (y participar en diálogos de interés).

Y no, pasarte por mi página de Facebook a hablar de tu libro y ya está ni sirve de nada (ni me hace ninguna gracia). En Gabriella Literaria a veces hablo de mis libros porque, diantres, para eso es mi página y porque me he currado ese derecho a base de compartir contenidos cuidadosamente seleccionados escritos por otras personas, con mis seguidores en mente. ¿Qué has hecho tú por mí y por mis seguidores para colarte en mi espacio virtual, dejar un copypaste con una sinopsis mal redactada de tu novela y largarte?

Pues eso.

Alertas Google

Cuando publiques en tu web o blog, crea alertas para frases y palabras clave relacionadas con tu texto. Te ayudarán a encontrar otras publicaciones en las que podrás comentar e incluso ofrecer un enlace a tu aportación. (Pero por favor no comentes con exactamente lo mismo en todos los sitios que visites. No sabéis lo triste que es sentirme especial con vuestros cumplidos y aportaciones hasta ver, con el corazón partido, que le decís lo mismo a todas las demás chic… digo, a todos los demás blogueros).

Enlaza y avisa

Si enlazas a otros escritores y/o blogueros,  no te olvide de mandarles un mensaje o mención para que puedan verlo y compartirlo si les interesa. Muchas veces veo que me han mencionado o enlazado a través de las estadísticas de WordPress, pero no las miro a diario. Generalmente me entero porque alguien me avisa de ello por email. Y si el contenido es bueno y de interés para mis lectores, probablemente lo comparta.

Os recuerdo que dentro de la expresión “si el contenido es bueno” incluyo el concepto “si no contiene muchas faltas de ortografía”. Todos metemos la pata, pero no sabéis la cantidad de artículos con contenido interesante que no he compartido porque su autor jamás había tenido una incursión privada e íntima en el maravilloso y sensual mundo de las comas.

También tiendo a incluir otros conceptos como “original”, “diferente” y “sin fondos negros ni cursores de purpurina”.

Recicla

Una buena manera de promocionar tu contenido es reciclarlo. No nos llenes las redes de repetición tras repetición del último artículo que has sacado. Entendemos que quieres llegar a todos tus seguidores, pero a los que ya has llegado puede resultarles pesado. Comparte contenido antiguo, pero recíclalo mediante recortes, extractos e imágenes distintas.

También puedes probar a cambiar el formato. Por ejemplo, coger una publicación de texto y rehacerla en vídeo o podcast ayuda a abrir ese mismo contenido a otro tipo de público.

Comenta

Pero no de cualquier modo. Busca webs con movimiento y visibilidad, visita con cierta frecuencia y aporta algo, no te limites al “¡este artículo está muy bien, visita mi blog!”.

Los comentarios a un artículo no tienen por qué limitarse a las webs en sí. También puedes escribir emails sobre ellos a sus autores. Pero recuerda que la intención aquí no es crear un largo debate ni escribir un correo kilométrico (cuanto más grande sea la web o blog a la que te diriges, menos tiempo libre tendrá su autor), sino expresar tu aprecio. Puede sonar a peloteo, pero personalmente no lo veo así. Si alguien realiza un buen trabajo y me ofrece información o contenidos que me encantan, creo que tiene todo el derecho del mundo a saberlo. Además, es una forma de hacer networking del sano, porque lo natural es que acabes colaborando o estrechando lazos con personas cuyo trabajo disfrutas y admiras.

Hay muchas otras formas de hacer promoción mediante el marketing de contenidos, pero me pareció interesante señalar estos siete, ya que a menudo no se tienen en cuenta. También sé que no todo escritor utiliza este tipo de estrategia para promocionarse, pero suelo recomendarla porque en mi experiencia es, a largo plazo, la más efectiva. Así que si andabais buscando inspiración para encontrar nuevos modos de relacionaros con otros escritores y lectores, espero que os haya sido de ayuda.

Termino hoy anunciando (porque seguro que no os habéis dado cuenta) que es Halloween, víspera de Todos los Santos, Samhain, noche de brujas, etc., etc., etc. Yo aproveché ayer para brindar en mi aquelarre mensual con las brujas de siempre. El siguiente encuentro será a finales de noviembre, para celebrar que he sobrevivido al mes. Si sobrevivo.

Este fue el altar del sacrificio. ¿Sangriento, verdad? Y ahí todavía no habíamos empezado con las mimosas:

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Que me gusta cruzar Sexo en Nueva York con La matanza de Texas. Que me gusta a mí la modernización de las celebraciones más antiguas y terribles, y la creación de nuevas tradiciones.

 


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Las 10 mejores maneras de promocionar un blog

mayo 6, 2016 — by Gabriella49

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Un blog puede ser el recurso más útil de un escritor.

Siempre que sepa usarlo.

Y, lo que es más importante: siempre que no desaparezca en el agujero negro en el que desaparecen el 95% de todos los blogs de escritor.

Hoy voy a hablaros de maneras de promocionar blogs. De escritores, sobre todo, pero son tácticas que sirven para páginas de cualquier sector. Así que si tienes un blog (o estás pensando en montar uno) y eres barrendero, escultor o venusiano políglota, sí, esto también te sirve.

Un blog no es un punto de venta directa (aunque puede serlo), sino una plataforma donde crear confianza con tus lectores. Tener un gran blog hiperconocido no te garantiza vender miles de libros. Ahí entran muchos otros factores, como la calidad de tu obra y cómo de bien has analizado a tu público objetivo. Pero para aquellos escritores que ofrecen otros servicios (corrección, lecturas, edición, etc.), sí que tiene una gran eficiencia. Y para crear esa comunicación tan importante con tu público potencial es fundamental.

Y sí, a veces también vende libros.

Ya os he hablado de qué hace que tu blog sea un atrapalectores imparable. Pero hoy vamos a ir más allá. Vamos a concentrarnos en cómo hacer que tu Palabra (sí, con mayúscula), llegue a todos esos lectores que están loquitos por disfrutar de tu insuperable ingenio, belleza y talento.

Antes de nada, un aviso fundamental. En serio, esto es muy importante:

promocionar tu blog

Este que estáis leyendo es un artículo con posibilidades de ampliación. Es decir: aquí te doy 10 tácticas y las puedes leer gratis, cómodamente anclado/a en tu sillón favorito, pero si te vas a Lektu y pagas 0,99 €, te voy a dar 20 (y probablemente[1] suenen trompetas celestiales mientras lo leas, rodeado/a de jóvenes de belleza descomunal que te abanican con uvas mientras te pelan una hoja de palmera. O algo así). Y no solo son 10 tácticas más, las 10 iniciales también cuentan con más información. En total, hablamos de un artículo el doble de largo que este. Cada uno de vosotros que se gasta ese casi-eurito ayuda a que yo pueda dedicar horas extra a leerme trillones(1) de artículos para poder haceros este tipo de maxipost.

Pero sigamos.

Tengo que hacer otro pequeño apunte: no puedo garantizar con absoluta certeza que estas sean las mejores maneras de promocionar un blog. Puede que haya otras mucho mejores. Pero yo le pongo ganas, y me he leído un buen montón de listas interminables (además de utilizar nada extraordinarias dotes de observación con mi propia web y con las de otros) para seleccionar lo más práctico y eficiente.

Y Las 20 maneras que seguramente estén entre las mejores que existen para promocionar un blog no terminaba de sonar igual. Sed sinceros: igual ni habríais pinchado en el enlace que os condujo hasta aquí.

Dicho todo esto, vamos a lanzarnos a lo importante:

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Aprende a promocionar tu obra con mi curso intensivo de marketing para escritores

marzo 24, 2016 — by Gabriella18

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¿Ya no sabes qué hacer para que la gente sepa que existes?

Tal vez yo pueda ayudarte.

El 23 de abril estará en Madrid dando un taller muy especial de marketing para escritores. Hablaremos de los distintos caminos que puede tomar un escritor para darse a conocer, para dar a conocer su obra, encontrar lectores potenciales y todo lo que se necesita para que a uno lo lean (¡y para que compren sus libros!).

Se trata de un taller intensivo, de 8 horas, donde tendremos una primera mitad de teoría, dedicada a conocimientos fundamentales de mercadeo, trucos y técnicas para promocionarse; y una segunda, totalmente práctica, donde analizaremos el caso particular de cada alumno y crearemos un plan a largo plazo de mercadotecnia personal.

Si soléis venir por aquí y leer mi blog, sabréis que soy defensora de una promoción ética, basada en la colaboración, en el networking, en las ganas de aprender y en las ganas de dar con el público justo que busca un libro como el nuestro. Si eres del tipo de escritor que no sabe cómo conjugar su responsabilidad creativa con las nociones tradicionales de mercadotecnia, si crees que la promoción es un horror y tiemblas solo de pensar en ella, creo que este curso va a ser perfecto para ti.Hablaremos sobre todo de marketing online, de nuevas tendencias en redes, de estrategia de contenidos y de todo aquello que el escritor de hoy necesita conocer para poder mover su obra. Y sobre todo, espero intentar transmitiros una realidad que muy pocos suelen tener en cuenta: el mercadeo también es creativo. De hecho, puede servirte para mejorar como escritor.

Tengo además la firme intención de que lo pasemos lo mejor posible 😉

Si crees que este curso podría interesarte o si conoces a alguien que podría estar interesado/a, puedes echarle un vistazo a la página web del taller, donde verás más información (además de la ubicación, precio, inscripción, etc.). Se ha ajustado el precio lo más posible y tanto la editorial organizadora como yo vamos a hacer todo lo posible para que salgáis de allí con una visión mucho más clara de cómo enfocar vuestro trabajo promocional y con un montón de deberes y tácticas que podréis empezar a aplicar enseguida.

¡Nos vemos en Madrid!


Más cosas:

Como muchos ya sabréis, mi amadísimo ordenador ha pasado a mejor vida. Ando de prestado con un portátil y pasando archivos de un sitio a otro, lo que por mil razones enlentece mis procesos habituales. Entre que compro las piezas y me montan el ordenador nuevo pasarán un par de semanas, que aprovecharé para centrarme en varios proyectos de escritura y corrección que llevo con considerable retraso, y tendré un pequeño parón con mi vida habitual en línea. Me veréis en redes, pero un poquito menos. Habrá algún movimiento en el blog, pero no habrá artículo como tal hasta el día 6 de abril (es posible que haya un artículo-correo a la lista de suscriptores antes de entonces, pero no lo sé seguro. Si te gustaría recibirlo, ya sabes dónde apuntarte a la lista).

Lo que sí celebraremos muy pronto (seguramente la semana que viene; estoy pendiente de un par de pedidos más que tienen que llegarme) es el sorteo por haber pasado los 2000 seguidores en la página de Facebook. El lote sorteado contendrá, ni más ni menos, los siguientes premios:

-Por cortesía de Fantascy: La misión del bufón, de Robin Hobb y Las puertas del infinito, de José Antonio Cotrina y Víctor Conde.

-Por cortesía de Orciny Press: La casa de arenas movedizas, de Carlton Mellick III.

-Por cortesía de Ricard Ruiz Garzón: ¡Menuda cabeza!, de Ricard Ruiz Garzón y Pedro Rodríguez (un libro infantil que es una auténtica preciosidad).

-De Medusa Dollmaker: Un maravilloso marcapáginas de madera tallada con láser y una libreta también muy fantástica, cuya portada además seleccionaron los seguidores de Gabriella Literaria en Facebook.

-Por cortesía de Ed. Transbordador: Relatos del universo lejano, de Carlos Almira Picazo (este libro además va firmado por su autor).

Mil trillones de gracias a los autores y editoriales que se han prestado a colaborar. ¿No os parece un premio de lo más tentador?

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5 tácticas de promoción para escritores que todos odiamos (y alguna alternativa)

julio 21, 2015 — by Gabriella53

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Cosas cansinas:

Niños de tres años berreando en los aviones. Teleoperadores de Jazztel. Los vendedores de pañuelos que se ponen en la salida para el agujero de gusano Neptuno-X777gT38/[[.

Escritores en las redes sociales.

Cualquiera que se mueva mínimamente por el septuagésimo círculo del infierno también conocido como mundo literario sabrá muy bien de lo que hablo: promoción para escritores. Compramilibrocompramilibrocompramilibro. Un mantra que se repite hasta la extenuación y muerte, agravado por la nueva oleada de publicación digital, autopublicación y la presencia del artista 2.0 que ahora tiene que buscarse la vida en todo lo que a publicidad se refiere. Y claro, ninguno de nosotros es cinturón negro en mercadotecnia. Porque todo el tiempo que otros han dedicado a estudiar mercadeo nosotros lo hemos dedicado a escribir.

Es inevitable que haya promoción mal hecha. Promoción que se carga una de las que considero las reglas básicas del sistema publicitario en general:

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13 preguntas importantes que se hacen los escritores antes de promocionar un libro

enero 12, 2015 — by Gabriella13

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Qué complicado es esto de mezclar arte y mercado, creación y venta. Son dos mundos muy diferentes que sin embargo se acaban viendo mezclados, de forma inevitable. El arte suele llevar asociado una recepción, y en el caso de los libros, los productos expuestos se pagan. Mediante estas ventas, el autor puede hacer cosas mundanas pero necesarias como pagar la hipoteca y comer.

Bueno, esa es la teoría.

Como es un tema recurrente entre escritores (y algunos editores y lectores), he decidido pelearme de frente con el espinoso debate del marketing de una obra literaria. ¿Cuál es el enfoque ideal para promocionar un libro? Y estos son los puntos que más veo, las cuestiones de las que más hablamos entre nosotros. Aquellas que atacan el complejo nudo gordiano de la relación entre la pureza de lo artístico y la aparente “suciedad” de la comercialización.

Ahí van. Aviso: Este artículo es bastante largo, y eso que he eliminado un buen montón de paja. Es un tema sobre el que he leído y debatido bastante con colegas de profesión y sector, y aun así tengo la sensación de que no hago más que arañar la superficie. Haceos un té o algo y echadle ratico.

Primera pregunta, y la más frecuente:

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La delgada línea entre promoción y pesadez

mayo 28, 2014 — by Gabriella8

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Una vez superado el obstáculo de la publicación (ya sea mediante edición tradicional, coedición o autoedición), llega ese nuevo gran monstruo, esa bestia que determina el auténtico éxito de tu libro, más allá incluso de la propia calidad de la obra. ¿Cómo conseguir que tu libro llegue al mayor público posible?

Durante mis años como editora, me di cuenta de lo poco que sabe realmente el escritor de cómo funciona el mercado editorial, la cantidad de nubes y películas bonitas y bandas sonoras épicas que se cogen de la mano en la mente del aficionado, quien, inocente, nunca ha tenido que lidiar con el mundo ultracompetitivo del producto artístico. Sí, hay blogs y webs muy informativas al respecto, pero pocos se molestan en leerlos, y por otro lado estamos rodeados de información idealista o incluso mentirosa.

¡Magia!
¡Magia!

Esto es lógico. La información que proporcionan los editores está condicionada por sus propios intereses (nuestros libros venden fenomenal, todo va perfecto, todos nos quieren), y la de los escritores a menudo está tocada por la vergüenza (¿quién quiere admitir lo realmente poco que ha vendido su libro?).

Uno de los aspectos que los escritores dan por sentado es el de la promoción. Hay una fantasía común de que un libro, por simple virtud de estar en librerías, de tener una distribución más o menos maja, va a vender como churros calientes a la salida de una feria a las seis de la mañana. Y es que ese es el problema.

¿Por qué venden los churros calientes a la salida de una feria a las seis de la mañana? Porque los que salen de una feria a esa hora están borrachos, o incluso ya salen de la euforia alcohólica y entran en el peligroso terreno de la resaca. Necesitan grasa, necesitan comer. Y el vendedor de churros, o de hamburguesas o de kebabs, está ahí para ellos, para darles justo lo que necesitan justo cuando y donde lo necesitan. Un nicho de mercado satisfecho, oiga usted. Mercadotecnia fabulosa.

Por desgracia, un libro no es un churro (bueno, los hay que sí, pero en eso mejor entramos en otro momento). Y tiene que competir con muuuchos otros libros. Y el comprador medio no compra lo que le parece más bonito y mejor escrito en una librería, sino lo que le han recomendado, lo que le suena, algo que pertenece a un género muy concreto que le atrae, o algo de alguien a quien ya ha leído y de quien ya sabe qué esperar.

Cuando el escritor se hace consciente por fin de este fenómeno, cuando se da cuenta de que solo colocar un libro en librerías (bastante difícil de por sí) no es suficiente, es cuando comienza a plantearse lo de la promoción. En este sentido, la autoedición y la edición tradicional tienen sus ventajas y desventajas: una gran editorial tiene un poder de promoción que no tiene un autoeditado; pero el autoeditado tiene control absoluto sobre su sistema de promoción (por no hablar de que los porcentajes de ingreso por cada venta son muy superiores). El punto intermedio puede estar en la coedición y en las editoriales tradicionales pequeñas, donde la relación con el autor tiende a ser más personal y colaboradora.

Y es aquí, amigos míos, donde el que escribe se encuentra con la desagradable realidad de que tiene que definirse, de que tiene que tomar decisiones que no sabía que tendría que tomar. Y todo se reduce a la siguiente pregunta:

¿Soy un escritor puro, un artista, o soy un despreciable vendedor, un elemento más de este mercado capitalista?

Rara vez puede uno salir ganando en ambos aspectos. Si elige lo primero, si se atiene a sus principios más sagrados, deberá responsabilizarse del resultado. Es decir, su libro no será un producto, sino una obra de arte. Las ventas serán ínfimas, pero este no es un problema, ya que las intenciones no eran monetarias, ¿verdad? Eran puras y nobles como rayos de sol por la mañana.

Si eliges este camino, eres un héroe. En serio. Yo también he estado ahí. Pero por favor no te dediques luego a lloriquear sobre la pobre vida del escritor. Es tu elección. Has decidido crear algo diferente, algo bueno, algo que esté a la altura de tu exigencia contigo mismo y con tu experiencia artística. Eso es maravilloso y tú eres la base del sistema. Tú eres quien inspirará a los demás, quien atacará a lo establecido con toda la saña de un brillante perro rabioso. Tú eres mi héroe.

Si, por otra parte, eres un artista que desea monetizar su creación, y eres honesto contigo mismo, eso tampoco tiene nada de malo. Al contrario, ¿no debería poder vivir de algo el artista? ¿No se merece algo más que mendigar, que vivir en la calle, que tener que compaginar su creación con un trabajo que le dé de comer, hasta el punto de apenas dormir cinco horas diarias? No me parece justo demonizar a este artista. Lo que sí me parece justo es demonizar al artista que lleva la promoción hasta sus niveles más… ¿cuál es la palabra? Ah, sí, coñazo.

¿Hay caminos intermedios? Los hay. Hay libros de gran calidad que han sabido colarse en el mercado y convertirse en churros hechos con harina de calidad superior. Pero son pocos, pocos. Y demasiados queremos ese pedazo minúsculo del pastel: el amor de la crítica, el amor de los lectores y el amor que uno siente al poder comer tres veces al día y pagar el alquiler.

Los consejos más frecuentes de las webs para escritores se concentran en medios de promoción o bien obsoletos o bien poco eficientes. Redes sociales, sí. Facebook y Twitter. Pero a no ser que lleves un año o más trabajándote una buena plataforma, una red grande dirigida hacia tu nicho lector, no vas a llegar más que a tus amigos y familia, a la gente que ya te conoce y quiere. Y a lo mejor tienes más contactos, contactos a los que ahora te dedicas a bombardear con publicidad de tu obra. Pero si ellos ya reciben publicidad de ese tipo por todas partes, si no tienen una relación personal contigo, ¿por qué habrían de hacerte caso?

Yo no tengo ni idea de promoción. Pero sí llevo unos años viendo lo que NO funciona. Las presentaciones de libros están bien para reafirmar lazos con conocidos y a lo mejor vender un buen puñado de ejemplares en una librería (y si tienes suerte, crear presencia en una cadena), pero las que realmente funcionan son las que tienen una buena lista de contactos de prensa y ofrecen incentivos atractivos a los asistentes (canapés, bebida, etc.), o que disponen de un público fiel a la editorial. Por supuesto esto cuesta dinero y tiempo, una inversión que solo compensará a algunas editoriales o autores. Las entrevistas en medios han perdido bastante: ahora muchos lectores se mueven por internet, y una extrema digitalización y una falta de concentración absoluta hacen muy difícil que el que se mencione tu nombre en radio o televisión vaya a proporcionarte más ventas, a no ser que consigas salir en Sálvame. Las reseñas y las críticas están muy bien, pero no tienen el poder de convocatoria que uno podría pensar. He visto libros vapuleados que han vendido de forma obscena y libros adorados por todos que acumulan polvo en los almacenes de las distribuidoras.

No dejo de darle vueltas a este tema. A veces me encuentro con casos de libros de la misma editorial, con la misma promoción clásica, y una experiencia de venta muy diferente. ¿Cuál es la diferencia? El libro con mayor número de ventas tiene un género muy definido (generalmente un género con mayor demanda y menor oferta), para un sector muy específico. El autor de este libro tiene contacto y buena relación con muchos otros escritores de este mismo género, y no se corta en publicitar a sus colegas de profesión, lo que le suele conseguir un buen puñado de recomendaciones. Publica en redes sociales sobre muchos temas, no solo sobre su libro. En resumen, tiene más que ofrecer. Y, además, y esto odio decirlo, tiene una obra donde la funcionalidad, el atractivo del argumento, prima muy por encima de la forma. Por no hablar de una portada que se dirige al público al que se tiene que dirigir. Este libro tiene una imagen. Como cualquier producto de éxito, no vende solo el interior, sino todo un conjunto de emociones y de representaciones con las que el consumidor se identifica. ¡Vende un estilo de vida!

¿Y no deberíamos estar todos escribiendo en vez de preocuparnos tanto por la promoción?, preguntaréis muchos, como bien señaló Alfredo Álamo en este artículo de Lecturalia. Por supuesto que sí. Pero si queremos entrar en el mercado no podemos escapar de su dictadura, o por lo menos yo no veo forma de hacerlo. Y muchas veces es complicado discernir hasta qué punto estamos dispuestos a formar parte de este juego. ¿Debo escribir para un género que no me convence si ese género vende más? ¿Debo cambiar mi registro o modificar mi temática para atraer a otro tipo de lector? ¿Debo salir en un medio que ideológicamente me produce urticaria si es una posibilidad de vender mi libro (aquí recomiendo un post interesantísimo de Layla Martínez sobre por qué le dijo que no a la revista Glamour)?

Es complicado andar en el terreno que se abre entre los extremos, entre el arte por amor/obsesión y el arte comercial, cualquiera que haya creado algo alguna vez lo sabe bien. Yo intento mantenerme en el tembloroso punto medio. Y os puedo asegurar que es jodidamente difícil.

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Primera imagen por cortesía de Feelart / FreeDigitalPhotos.net

Actualizando: Unos meses después escribí este artículo, muy relacionado: 15 cosas que los escritores estamos haciendo fatal en las redes sociales.

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Dibuja un mapa para el escritor que quieres ser

noviembre 22, 2017 — by Gabriella31

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¿Vosotros también os encogéis un poco cuando leéis artículos o libros que prometen un plan infalible para alcanzar el éxito?

Sabemos que lo que funciona para uno no funciona para todos.

Que aquellos que escriben planes infalibles para alcanzar el éxito están haciendo dinero vendiendo planes infalibles para alcanzar el éxito, que ese es su plan infalible para alcanzar el éxito.

Que no podemos fiarnos de todo lo que reluce, que casi todo lo que parece demasiado bueno para ser verdad es mentira.

Excepto esto. Esto es verdad.

Resuenan en tu cabeza las palabras de otros que te dicen qué tienes que hacer. Y te repantigas en el sofá a ver los resultados de esos otros, ver si esas palabras tienen sentido. Algunas las tienen, pero muchas son espejismo, humo y, con frecuencia, ignorancia.

Mi cabeza es un torbellino constante de duda y confusión. ¿Vuestras cabecicas también?

No tengo la respuesta a nada, ni un proceso infalible para alcanzar el éxito, pero tal vez sí pueda ofrecer un pequeño mapa que suele conducir, si no al éxito (o lo que sea que signifique eso) a la consecución de los objetivos más comunes del escritor.

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12 maneras desastrosas de pedir por email

octubre 23, 2017 — by Gabriella20

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¿Alguna vez has encontrado un email viejo —algo que enviaste hace años— del que ahora te avergüences?

No hablo de emails enviados a exparejas, ni de aquel mensaje guarrillo que mandaste por error a tu jefe, ni de aquella carta electrónica interminable llena de insultos que enviaste de madrugada, tras consumir demasiado alcohol, a un cliente particularmente petardo.

Hablo del momento en que intentaste pedir por email. Pedir favores, atención, lo que fuera.

Como este sitio está enfocado a escritores, es muy probable que seas escritor (pero no te preocupes, que no te juzgaré si no lo eres). Tal vez recuerdes un correo electrónico donde pedías una reseña, una entrevista, que alguien compartiera tu artículo o hablara de tu libro. Tal vez no era un correo, sino un mensaje privado en alguna red social.

Nunca te contestaron. Y ahora sabes por qué.

Si te ha pasado, descuida. Ocurre hasta en las mejores familias (sobre todo en la mía, donde me pasa a mí).

El arte extraordinario de pedir por email

En los últimos años he sido objeto de una multitud de peticiones. Primero por tener una editorial (ya os podéis imaginar lo que llegaba: los manuscritos eran solo el principio) y luego en el blog. No necesitas tener un blog grande para que te pidan ayuda y todo tipo de colaboraciones. Solo necesitas ofrecer material que sirva en algún momento a alguien, porque ese alguien asumirá de inmediato que si ofreces contenido gratis, también ofreces muchas otras cosas gratis.

Esto, de entrada, no es malo. He conocido a gente muy interesante a través del blog, personas fantásticas que me han ayudado a mí y a quienes yo he ayudado, de muchas maneras. Con el paso de los años, no he tenido más remedio que aceptar que mi tiempo es limitado y he tenido que reducir bastante la cantidad de veces que digo: “sí”.

Ahora resoplaréis y pensaréis: pues vaya tipa. ¡Encima que le escriben! Hay un nombre para la gente así: egoísta.

escribir un emailMi próxima foto de autora

Me temo que una bandeja de entrada llena te hace egoísta, sí, muy egoísta.

Hago lo que puedo. Pero a veces recibo correos que ni contesto. Y no es culpa de quienes los envían. Yo también he enviado correos así.

Voy a contaros lo que me habría gustado saber cuando envié mis correos más nefastos.

Creo que esto sirve para casi cualquier email de índole profesional. Y también me parece que sirve para tratar con editores (¡os recuerdo que son personas tambien!).

¡Pero cuidadín! Si bien esta publicación está basada, en general, en cientos de emails que he recibido a lo largo de los años, representan una tendencia y no son críticas a emails particulares. Así que si te ves representado/a en alguno de estos puntos, no, no estoy hablando de ti ni de tu email concreto. ¡Tranquilidad en la red de redes! Leamos esto con la mente abierta: un examen de conciencia de vez en cuando no hace daño.

De hecho, escribir esto me ha hecho reflexionar mucho sobre cómo imponemos (y nos imponen) necesidades propias sobre ajenas. Y sobre lo eficiente que es un buen email persuasivo. Con persuasivo no me refiero a manipulador, sino a convincente, porque tienes argumentos y modos con los que convencer.

Hay un truco psicológico muy antiguo que reza: “si quieres caerle bien a alguien, pídele un favor“. La idea es que cuando te hagan ese favor, su cerebro les asegurará de que les caes bien, porque si no, ¿por qué estarías haciendo ese favor? Antes de meternos en materia, os pido que olvidéis esa joyita de sabiduría popular. Os aseguro que ese truco no funciona cuando todos los días alguien te está pidiendo un favor nuevo. Así que, para empezar…

1. Apréndete mi nombre, por favor

En el taller que di en el festival Celsius de este año hubo tal cachondeo con esto que todos los alumnos que me escribieron después encabezaron sus correos con un: “Hola, Grabielo”.

Grasiosos, que sois unos grasiosos.

Reíd todo lo que queráis. Os parecerá exagerado, pero os prometo que una de cada tres personas que me escribe me llama Grabiela.

¿Me escribes para pedirme mi tiempo y ayuda, y ni siquiera eres capaz de escribir bien mi nombre? Entiendo que cualquiera puede tener un fallo así (que os lo diga el pobre Gonzalo, que en realidad se llamaba Gustavo… ¿o era al revés? ¡Perdóname, Guszalo!), pero cuando siempre se comete el mismo fallo entenderéis que acaba siendo irritante.

pedir por emailEsto: por lo visto mucho más fácil que pronunciar mi nombre.
  • Puntos negativos extra por: cambiarme de sexo.
  • Más puntos negativos extra por: cambiarme de sexo varias veces en el mismo email.
  • Cómo hacer esto bien: Comprueba tres veces que has escrito bien el nombre de la persona a la que te diriges. Qué diantres, relee tres veces todo el email; ya que estás, revisa la ortografía también. Y preocúpate por leer un poco sobre la persona a la que le escribes antes, que no parezca que le escribes al azar. Lo que nos lleva al siguiente punto:

2. Yo no soy como los demás

Bueno, sí, claro que soy como los demás. Pero, como a todos los seres humanos, me encanta pensar que soy única, diferente, especial, un copito de nieve que ni Bella de Crepúsculo.

Así que si me mandas un email que es el mismo que obviamente le has mandado a treinta otras personas, entenderás que no me impacte en demasía. ¿Debo yo dedicar una hora de mi tiempo a ayudarte cuando tú no has sido capaz de dedicar cinco minutos del tuyo a enviarme un email solo a mí?

  • Puntos negativos extra por: poner a los demás destinatarios en copia visible y regalarme tu lista entera de contactos.
  • Cómo hacer esto bien: léete, por lo menos, el Sobre mí de la web a la que escribes y las preguntas de uso frecuente si las hubiera. Si pides una reseña, moléstate por lo menos en echarle un vistazo al blog al que se lo pides; si pides que alguien comparta algo tuyo, por lo menos mira si el contenido que le ofreces puede ser de su interés. No te limites a un copypaste que sirva como email genérico para todos tus destinatarios, a no ser que ese contenido realmente sea válido para todos ellos.

3. Que la puerta esté caliente

No hay ningún problema con entrar a puerta fría, es decir, si no te conozco de nada. Pero entiende que si hemos tenido algún contacto previo me será más fácil ubicarte, hacerme una idea de quién eres y por qué debería importarme. No te cortes a la hora de decirme que eres aquella chica que conocí liberando al planeta Rousjdha88_alfa del temible ataque de los midiclorianos zombis. Una experiencia como aquella, en la que comimos carne seca de búfalo azul y nos juramos amor eterno frente a las puertas de Tannhäuser, no es algo que yo vaya a olvidar pronto.

Pero si simplemente me mandaste un email hace un mes comentándome que te gustó mi libro también me vale, sí.

  • Puntos negativos extra por: tratarme como amigos de toda la vida (o amantes en Tannhäuser) cuando no hemos hablado jamás.
  • Cómo hacer esto bien: Aquí es donde entran en juego tus habilidades de networking. Es por esto por lo que insisto en la importancia de ir a convenciones, eventos, ferias, etc., en tu sector. Tu víctima objetivo marca influencer destinatario te hará más caso por email si antes habéis hablado cara a cara, por la razón que sea. Y sí: esto incluye a editores. Cuando recibes una avalancha de emails y de manuscritos, no puedes evitar tener un sesgo positivo hacia aquellos mensajes que provengan de personas con quienes tengas un a) reconocimiento y b) enlace a un recuerdo positivo.
pedir por emailPuerta caliente: sí.
pedir por emailPuerta fría: menos recomendable.

4. Háblame de ti (pero no demasiado)

Los emails impersonales son… impersonales. Siempre ayuda que me cuentes un poco quién eres y por qué necesitas lo que sea que me estás pidiendo. Dame algo de contexto. No te limites a mandarme un reenvío de algo, ¡explícame a qué diablos viene!

PERO hay un límite. No necesito saber a qué hora almuerzas ni cuáles fueron las primeras palabras de tus ocho vástagos. Entiendo que necesitas desahogarte, pero no tengo ningún título ni formación como terapeuta, te lo juro. Ese diploma de la pared es de teoría literaria, y me temo que ahí lo único que vimos sobre terapias y demás fue interpretación desde el psicoanálisis, así que a lo mejor debería preguntaros a todos sobre vuestra relación con vuestras madres.

Diré ahora algo muy impopular, porque sois lectores de espíritu generoso y no me guardaréis rencor. Cuando lees el blog de alguien y sigues a ese alguien en sus redes sociales, juegas con ventaja, Tienes datos, información sobre esa persona, su personalidad y vida, pero esa persona no sabe nada sobre ti. Para ti esa voz podría ser una voz amiga, con la que has desarrollado cierta intimidad unilateral. Pero esa persona ni te conoce de nada ni ha pasado por el mismo proceso de intimidad. Por favor, ten eso en cuenta al realizar contacto.

Si somos amigos o tenemos una relación de trabajo, SÍ, sí me interesa tu enfermedad, tu ruptura con tu pareja o los problemas de comportamiento de tu guiverno. Porque me importas tú, como persona, y porque un guiverno mal entrenado puede acabar en cientos de muertes y bastante mierda hay ya en las noticias ahora mismo.

Si no… entiéndelo. Tengo mis límites. Y mis propios problemas, por mucho que os cueste imaginarlo, viéndome como me veis siempre rodeada de opulencia y de personas de ambos sexos de buen ver y con ropa escasa.

  • Puntos negativos extra si: me largas todo tu historial médico y amoroso, al completo, en el mismo email, narrado en esperanto.
  • Cómo hacer esto bien: Da algunos datos sobre ti, explica tu situación en un par de renglones. No tres tomos enciclopédicos. Ese es tiempo que podrías estar escribiendo tus libros.

5. Mi tiempo es limitado

Como ya he dicho más arriba, cuanto más crece un blog, más crece su bandeja de entrada. En el tiempo que empleo en leer un email sobre tu incapacidad de decidirte entre el uso de la tercera persona del singular o el peripefláustico de la voz media greco-venusiana, ¡yo también podría estar escribiendo mis propios libros!

Si te respondo con una respuesta corta, no es personal. Es que no me da la vida para más.

  • Puntos negativos extra si me tomo la molestia de contestar a tu email interminable con un correo que responda a todas tus preguntas y dudas, tras mucha reflexión por mi parte, y ni te molestas en darme las gracias.
  • Más puntos negativos extra por escribirme un email larguísimo exigiéndome que publique más en el blog, obligándome a dedicar un cuarto de hora de mi vida a leerte a ti en vez de a escribir en el blog.
  • Cómo hacer esto bien: ¿Eres capaz de escribir un email de un máximo de cinco frases? No es tan difícil, te obliga a ser conciso y claro, y ahorra tiempo a tu receptor. Como dice Guy Kawasaki, ese genio del marketing:

Less than five sentences is often abrupt and rude, more than five sentences wastes time.

Menos de cinco frases puede quedar abrupto y maleducado; más de cinco frases es hacer perder el tiempo a tu destinatario.

6. En serio, mi tiempo es limitado

Insisto en este tema, porque es crucial. Sigo hablando desde mi propia experiencia, pero esto le ocurre a taaaanta gente…

Por favor, a la hora de pedir algo a otros escritores/blogueros/loquequieras, evita este tipo de cosas:

  • Entrevistas con muchas preguntas o con preguntas del tipo “¿qué opinas del estado de la literatura actual?”. Investiga también un poco otras entrevistas realizadas a esa persona para asegurarte de que no le vas a hacer otra vez la pregunta de cómo es escribir a cuatro manos. Es así, por cierto.
  • Cualquier aportación por la que, básicamente, esa persona suela cobrar. Hablo de “aportaciones” a artículos colaborativos que parecen artículos por sí mismos, invitaciones a convocatorias no remuneradas, peticiones de asistencia a congresos o convenciones sin ningún tipo de dieta o pago, etc. etc., etc. Trabajar gratis es recomendable a veces, pero solo en ciertas circunstancias.
  • Críticas pedantes.

Hablemos de críticas

Venga, voy a meterme en ocho berenjenales diferentes con lo de las críticas pedantes. No hablo de personas que me escriben diciendo: “por cierto, creo que no te has dado cuenta, pero en el artículo Cómo peinar la melena de un caballo cuando solo tienes un cepillito de los pequeños ponis hay una errata en la línea 137, donde hablas de la manutención de pelo artificial con suavizante y planchas de pelo humano”. Ese tipo de email es genial, porque es dinero que me ahorro en correctores.

Del mismo modo, me encantan los emails que señalan errores o erratas en mis libros (sobre todo en los autopublicados), porque así puedo modificarlos en las siguientes ediciones, de haberlas. Gracias.

Con críticas pedantes me refiero a aquellas personas que me mandan emails de más de mil palabras debatiendo sobre si el como completivo lleva o no tilde en determinado contexto. O que sugieren un sinónimo para cierta palabra solo porque les parece que suena mejor, porque les gusta más o porque les trae recuerdos de su niñez. Sé que la intención es buena, pero no. No es una cuestión de ego ni de arrogancia. Es, ¡una vez más!, una cuestión de tiempo. La perfección es muy bonita, pero he tardado muchos años en darme cuenta de que no es nada práctica, y que en las cosas menores hay que pasar un poco si no quieres perder la razón.

Todavía tengo pesadillas de aquella vez que escribí te pronombre con tilde, como si fuera  de infusión.

Si ves un error en un texto, artículo u obra de alguien a quien sigues y quieres decírselo, adelante: a todos nos gusta aprender cosas nuevas. Pero plantéate si realmente va aportar algo a esa persona y si puedes explicarlo en un par de frases como mucho.

  • Puntos negativos extra para críticas pedantes que además son incorrectas. Después de leer ese email de mil palabras, ¡más me vale haber aprendido algo!
  • Cómo hacer esto bien: Hay sugerencias y correcciones que se agradecen y mucho. ¿Has encontrado una errata en este artículo o en alguno de mis eBooks? ¡Dímelo! ¿Has encontrado un enlace roto? ¡Genial, voy corriendo a arreglarlo!

7. El email en el que sabes lo que realmente necesito

De esto he recibido menos que otros escritores, pero algo ha caído. Estos correos también tienen el problema de que suelen ir con buena intención, así que intentas tomártelos con humildad, reflexión y, sobre todo, humor. Suelen ser un poco así:

  • Gente a la que no conoces de nada que te dice con quién deberías juntarte y cómo deberías pensar. Esto no me lo estoy inventando.
  • Gente que no tiene blog, pero que te dice cómo debería ser tu blog porque lo leyó una vez en un artículo.
  • Gente que admira mi tono sencillo y facilón, porque así llego a las masas incultas. Yes. Incurtos, que sois todos unos incurtos.
  • Gente a la que le gusta mi blog porque no es como el blog X, que es una mierda (porque hablar mal de otros siempre ayuda).
  • Gente que ama mi blog (¡porque es diferente!), pero quiere que cambie ciertas cosas para ser exactamente igual que todos los demás blogs.

El último, especialmente, me parece de lo más misterioso.

Ramit Sethi, bloguero especialista en finanzas y posiblemente mi copywriter favorito, dijo una vez que solo aceptaras consejos de personas que hayan conseguido lo que tú quieres conseguir. No digo que sea válido al 100%, pero creo que es un consejo interesante, porque ayuda a diferenciar entre las sugerencias y críticas que llegan desde la ignorancia y cerrazón mental, y las que llegan desde el conocimiento y espíritu práctico. Desde luego me ayuda con el tipo de email aquí mencionado.

  • Puntos negativos extra si además tienes tonillo condescendiente mientras me dices todo eso y tienes ovarios/huevos/glándulas de pedirme luego un favor.
  • Cómo hacer esto bien: No lo hagas, simplemente. A no ser que tengas una larga experiencia en el sector de la persona a quien le escribas y/o sepas que tu sugerencia es algo que a) puede implementar de forma rápida y sencilla y b) le va a solucionar un problema real, no sé hasta qué punto lo considero recomendable.

8. Preguntas que podrían contestarse con un libro o manual (o con Google)

Yo no soy Google. Google es una macroempresa muy poderosa donde trabajan algunas de las mentes más brillantes de nuestro tiempo.

SPOILER: Yo no soy una de las mentes más brillantes de nuestro tiempo. Soy, como mucho, un gusiluz muy insistente. Si apagas la luz, mi refulgencia es cercana a cero.

¿Qué te hace pensar que sé más que Google?

Cada pregunta es un mundo, sobre todo si atañe a un caso particular con condiciones concretas. Pero os prometo que recibo correos constantes que respondo enlazando a artículos que he encontrado realizando una búsqueda sencilla en Google. Tal cual.

pedir por emailPero… y esto es importante… jamás pongáis google en Google, o se desencadenará el apocalipsis y viviremos todos en una distopía ciberpunk con cables roñosos metidos en sitios muy personales y una arquitectura deshumanizadora pero impresionante.

Y luego están las preguntas como aquella que ya he soltado, del tipo “qué opinas sobre el estado de la literatura actual” o “explícame todos los pasos necesarios para escribir un libro, publicarlo, promocionarlo y venderlo”, que me dejan, cuanto menos, boquiabierta.

Esto es una bandeja de correo, no un examen de la facultad. No me des un tema a desarrollar, porque no tengo cuatro horas ni un vigilante con cara de mala leche bicheando mi caligrafía por encima del hombro, gracias.

  • Puntos negativos extra si empiezas el email con “esto solo te llevará un momento”.
  • Cómo hacer esto bien: Si realmente tienes una duda que no encuentras forma de solucionar y cuya respuesta nadie parece conocer, y crees que yo podría tener esa información, vale, hablemos. Y aun así, te recomiendo que lo plantees en algún foro o grupo especializado, ya que puedes recibir datos y opiniones de varias personas diferentes. Para autores independientes, por ejemplo, recomiendo muy mucho las iniciativas de Ana González Duque: el grupo de Facebook de El escritor emprendedor y la ayuda privada que presta en forma de grupos privados, consultas, vídeos, etc., en su plataforma de cursos.

9. Deja de pedirme que comparta cosas que no van a interesar a mi público (ni a mí)

Entiéndelo: no es que no quiera. Bueno, sí, sí que no quiero. Porque tu descuento en clases de zumba suena genial, pero no tiene nada que ver con el tipo de contenidos que comparto en mi blog y en mis redes. De hecho, si publicito tu descuento en clases de zumba, a) nadie va a pinchar ahí y b) mucha gente pensará “¿por qué está hablando de zumba si tiene un blog de literatura? OMG, GABRIELLA SE HA VENDÍO”.

  • Puntos negativos extra si comienzas con: “A ti no te cuesta nada”.
  • Cómo hacer esto bien: Imagínate que has escrito un artículo o un libro que sabes que es perfecto para el tipo de persona que lee mi blog. Sabes que está bien escrito, que tiene un diseño agradable a la vista, que no está lleno de faltas de ortografía. Por supuesto que puedes mandarme un email o mensaje y comentármelo; eso sí: todo dependerá de si tengo tiempo para leerlo, y de lo mucho que se ajuste a las condiciones ya descritas.

10. ¿Qué saco yo de todo esto?

Fíjate que hemos llegado a la parte más importante del artículo y sin embargo es donde falla casi todo el mundo.

Puedes pedirme lo que quieras, pero ¿por qué iba yo a hacerlo?

Y si esto suena fatal, os recuerdo lo de antes: el egoísmo es necesario cuando tienes una bandeja de correo saturada. Si te ayudo, hoy solo dormiré seis horas. Y eso significa que mañana no rendiré, que me quedaré dormida, que me acostaré más tarde, al día siguiente me levantaré cansada, estaré estresada porque veo que no llego a mi fecha de entrega y… ¿ves lo que has hecho? ¡Me has arruinado la semana!

El escritor Nick Stephenson dice que cuando alguien le propone algo, se hace tres preguntas:

tu email

¿Cómo consigues decir que no a todas las cosas que sé que te pide la gente?

Nick: Siempre pienso… siempre pienso que es como una prueba. Si digo que sí a esto, ¿será divertido? ¿Voy a disfrutar haciéndolo? ¿Me va a traer más ventas? ¿Me va a traer más lectores? Y si no va a hacer ninguna de estas cosas, entonces no lo hago.

Así que si tu propuesta no me resulta divertida (no divertida para ti, sino para mí), si no me va a traer una cantidad interesante de ventas (no, “puede que esto me sirva para vender dos libros a cambio de tres horas de mi vida” no es un intercambio válido) o un número interesante de lectores nuevos, es muy posible que te diga que no.

Sí que hago cosas para ayudar a otros que no cumplen ninguna de estas condiciones. Pero solo puedo hacer un número muy limitado de esas cosas. Para todo lo demás: más te vale venderme la moto de que me lo voy a pasar en grande y/o voy a vender libros, porque si no, lo que me estás pidiendo, en resumen, es que sacrifique mi tiempo y energía para algo que solo es importante para ti.

Y donde pongo yo, sustituid por cualquier persona que tenga una vida medianamente ocupada.

  • Puntos negativos extra si yo tengo que hacerlo gratis pero para ti tiene una finalidad lucrativa. Sí, esto también me ha pasado. Muchas veces.
  • Cómo hacer esto bien: si vas a pedir algo, piensa primero en qué puedes ofrecer tú que sirva a esa persona. ¿Qué sabes hacer que haría su vida más fácil? E insisto en lo de “que sirva”. A lo mejor tú crees que ofrecer una copia de tu libro a alguien es una recompensa de gran valor. Pero pregúntate si es una propuesta de valor para la otra persona.

Si no tienes nada que ofrecer, mala suerte. Por lo menos, como muy mínimo, ofrece tu eterna gratitud y demuéstrala recomendando a esa persona y su trabajo, comprando y dejando reseñas a sus libros, ayudando en lo que se te ocurra, etc.

Nota: Evita sugerencias del tipo “si se te ocurre algo que yo pueda hacer a cambio, házmelo a saber”. Puede parecer buena idea de entrada, pero ahí estás cargando al destinatario con una decisión compleja. Personalmente, suelo ignorar ese tipo de propuestas (¿qué voy a hacer, encargarte que me envíes tres paquetes por Correos y que me elabores una lista completa de reseñadores en mi sector mientras llevas mi cuenta de Twitter durante un mes?), y me consta que otras personas hacen lo mismo.

11. No me vengas con exigencias

De alguna manera extraña has conseguido convencerme de que acepte tu propuesta, que te ayude con algo de alguna forma. Vale, es posible que me pillaras a la hora de la siesta. Mea culpa por mirar el email a la hora de la siesta.

Así que si encima me dices, ya de entrada, que necesitas ese artículo gratuito para ayer, que debe cumplir una lista larguísima de requisitos y además me bombardeas la bandeja de correo a diario preguntando cómo lo llevo… no, simplemente no.

  • Puntos negativos extra si: las exigencias vienen incluso ANTES de que conteste a tu propuesta.
  • Cómo hacer esto bien: si alguien va a ayudarte, ofrécele todas las facilidades que se te ocurran. Sé amable. Otorga un espacio amplio de tiempo para que trabaje, adáptate tú a sus preferencias, y escríbele solo cuando sea necesario (por ejemplo, un recordatorio un par de días antes del plazo de entrega).

Truco pro: Si pides una entrevista o respuestas a un cuestionario, manda primero un email de acercamiento o pitch, solicitándoselo a la persona involucrada. No envíes ya directamente, en ese primer contacto, las preguntas. Produce una sensación de arrogancia, como si dieras por sentado que esa persona va a ayudarte. Y no lo digo solo por mí: sé de varios escritores que ni se molestan a contestar a correos así, porque les toca un poco la moral.

pedir un emailCuando publicas tu cuarto libro adquieres varios privilegios: una planta artificial en la oficina, derecho a utilizar un portátil (MacBook) en Starbucks y un tocamiento de moral constante.

No pensemos solo en qué acciones nos hacen la vida más fácil, sino en cuáles les hacen la vida más fácil a nuestros colaboradores. Recuerda ante todo que un email donde pides algo es un ejercicio de persuasión: quieres convencer a alguien de que te ayude, de que te dé su tiempo y experiencia; no es parte de tu equipo de trabajo ni te debe nada.

12. Tengo pareja y no me interesas

Pero es que aunque no tuviera pareja tampoco me interesarías.

A no ser que seas Maria Popova. ¿Eres Maria Popova? O si tienes un unicornio con alas. Entonces a lo mejor la cosa cambia. Pero solo si tienes un unicornio con alas. Y si eres Maria Popova.

Cuando empecé a trabajar no me hacía ninguna gracia que alguien intentase ligar conmigo en un entorno profesional y ahora sigue sin sacarme una carcajada. Gabriella Literaria es un escaparate para mí, no para mi vida personal. Por supuesto que me encanta soltar indirectas algo obscenas, decir alguna que otra palabrota o hacer una broma subida de tono. ¡Ese es mi sentido del humor! Y claro que me gusta compartir algunas cosas un poco personales, si creo que me ayudará a comunicarme mejor.  Pero eso no significa que me hagan ilusión ciertos tipos de propuestas o comentarios.

No me ocurre solo a mí, pero por desgracia es un problema mayoritariamente femenino. Cuando le hablo de algunos emails que recibo a mis amigos blogueros masculinos las reacciones tienden a estar entre el horror, la incredulidad y la risa. Pues no os riáis, chicos, y creedlo, porque así de asquerosa está la cosa.

Si alguien por internet hace que sintáis un calorcito rico por ahí abajo, eso está muy bien. Parte de la gracia de tener un crush internáutico es que sabes que es imposible o, por lo menos, poco probable. Y claro que pueden surgir cosas. De forma natural, con gente que conoces en persona poco a poco, en eventos, encuentros y etc. Trabas amistad o tienes una reacción química y tenéis sexo en un descapotable modificado para que parezca el Batmóvil o yo qué sé. Pasa constantemente. De hecho, conocí a mi pareja actual en una convención literaria. Por desgracia, no tenemos Batmóvil.

¿Sabes de qué manera NO surge? Mandándole un email a alguien que no te conoce, que no sabes quién ni cómo es, pidiéndole que vaya a tu casa a “enseñarle cosas”. Me da igual que sea broma. Da. Muy. Mal. Rollo.

Ya veis, en Gabriella Literaria también damos consejos de flirteo.

Y esto no es tan diferente a todos los puntos ya señalados. Porque hay algo que todos tienen en común:

Lo más importante que debes tener en cuenta al redactar un email

Hay una palabra mágica que se usa al hablar de emails y de pedir favores: empatía.

Al final, todo se reduce a empatía. A ponernos en el lugar del otro.

(¿Por qué enviamos a otras personas emails que no nos gustaría recibir a nosotros?).

Pero no es exactamente eso, porque tus necesidades y tu perspectiva no son las mismas que la persona a la que le envías el email. Así que no trates a esa persona como te gustaría que te trataran a ti: trátala como crees que le gustaría que la trataran a ella.

Si soy una escritora superventas publicada en 39 idiomas, tu oferta de hacerme un fanart a cambio de leerme tus ocho libros y hacerte informes de lectura no me interesa en absoluto. Pero si soy una bloguera con diez visitas diarias a mi web, tu propuesta de hacer guestposting podría hacerme muchísima ilusión.

Piensa en la bandeja de entrada de esa persona. ¿Cómo está de llena? ¿Qué le aporta tu propuesta? Y manda ese email.

Te ayudará si puede y si has sabido destacar, si tienes algo que otros no tienen. Si le propones algo que le iluminará el día.

Y si no puede, no se lo tengas en cuenta.

En el futuro, tú ignorarás y dirás que no a mil emails como este.

 


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escribirproceso de ediciónpromoción

Por qué tu catálogo importa más que tu lanzamiento

agosto 30, 2017 — by Gabriella18

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Cómo crear algo que dure para siempre.

Así iba a llamarse este artículo. Pero podría ser engañoso, podríais sentiros estafados y es temprano para que se monte una caza de brujas por aquí.

En Twitter ya ha habido 31, en Facebook 16 y en Instagram todo el mundo está poniendo fotos de comida y yoga, como si comerse treinta cupcakes seguidos y hacerse un asana de gato invertido con garza colgante y espalda triple fuese compatible.

catalogoImagen extraída del manual clásico 50 cosas que no debes hacer en la oficina después de comer.

Cómo crear algo que dure para siempre. Podríais pensar que ese título que nunca fue hace referencia a qué factores convierten a un libro en parte del canon literario. Para eso, necesitaría que ahora mismo cada uno de vosotros saliera ahí fuera y se hiciera un máster en teoría literaria. Yo iría desempolvando mis libros y apuntes de la carrera y haría varios cursos de reciclaje. Con eso tendríamos para ir empezando.

Para nuestra suerte y fortuna y bolsillo cambié el título, porque no me refiero exactamente a eso. No quiero hablar de qué fundamentos trascendentales hacen que una obra se convierta en un clásico, porque podríamos estar hablando de ello hasta 2026. Y tengo cosas importantes que hacer en el 2025.

Lo que quería plantear es qué hace que un libro siga vendiendo más allá de su lanzamiento. Qué convierte a una obra en un longseller, como dicen los editores: un vendedor a largo plazo.

Cómo funciona un catálogo

Hay dos maneras de hacer dinero con tus obras: una es mediante un lanzamiento tremendo, un éxito alucinante que cree un efecto bola de nieve que se traduzca en ventas increíbles. Por desgracia, que ocurra así no es lo habitual y además no tiene mucha proyección de futuro. Puedes tener un éxito tremendo hoy y luego caer en el olvido más absoluto.

La otra es la más común: tu catálogo. No es casualidad que esta época de autopublicación esté llena de autores que escriben y publican a velocidad endemoniada: la acumulación de títulos, bien llevada, es lo que mejor funciona para el escritor emprendedor.

Eso no significa, claro, que tengas que producir libros como churros, a destajo. Los churros están bien un ratito. Luego empalagan y cansan y no hay postura de yoga que te lo remedie.

Leí hace poco un artículo de Ryan Holiday (un superventas estadounidense de no ficción bastante reconocido) donde apuntaba las que para él son las claves de la creación de obras que puedan formar un catálogo lucrativo. E insisto en lucrativo, porque también conozco casos de autores independientes con 20 libros ahí fuera que apenas sacan para unas pipas navideñas.

Cantidad no es igual a rendimiento. Cantidad y calidad ya es una combinación más interesante. Eso tampoco te garantiza nada, porque luego tienes que asegurarte de que la gente sepa que existes. El funcionamiento de tu catálogo depende de un trabajo constante de promoción.

Pero no estamos aquí para llorar y quejarnos otra vez de lo durísimo que es ser autor. ¡Estamos aquí para hablar de la magia de la acumulación!

Holiday resumía todo este tema en estos siete puntos o estrategias. El contenido del artículo completo no tiene desperdicio, pero os los explico aquí, con mis propios comentarios, orientados hacia lo que muchos de nosotros hacemos: ficción.

1. Crea trabajo atemporal

Si te guías por lo que está de moda, puedes tener un éxito relativo… que durará poco. No digo que no tenga sentido crear novelas de damiselas victorianas montadas en un tren vampírico que se van de vacaciones y de repente les pasa algo raro, si eso es lo que te ha encargado la editorial, pero a la larga no es una inversión ideal de tu tiempo. Holiday, por ejemplo, tiene varios libros inspirados en la filosofía estoica, que es vieja de narices.

Algunas cosas son universales. Algunos conflictos nos interesarán siempre. Algunos temas son tan humanos que llevan llamando la atención desde que desarrollamos el lenguaje escrito (y antes probablemente también, pero los habitantes de las cavernas eran muy desconsiderados y solo se hacían pinturicas de animales y perfiles de sus manos, así que a saber en qué estaban pensando).

catalogoVoy a representar este complejísimo algoritmo matemático, fundamental para comprender los misterios del universo, dibujando unas cuantas manos. Está claro clarísimo: seguro que los hijos de los hijos de mis hijos saben exactamente de qué estoy hablando.

2. Los lanzamientos son importantes, pero tu trabajo no termina ahí

El lanzamiento de un libro es una inversión de trabajo, tiempo y energía tan grande que es inevitable sentir la bonita requetebonita tentación de quedarse ahí, en el lanzamiento. Sacas un libro y te empeñas en seguir y seguir y seguir promocionándolo, en seguir obsesionándote con él, cuando lo que tendrías que estar haciendo es ponerte YA con el siguiente libro,

Eso de tener problemas para seguir trabajando mientras todavía estás con la emoción de la última presentación, subida a Amazon o gira por Las Vegas es muy natural. Y no hablemos de todo el cansancio acumulado, ni de la bajona que llega luego. No sé vosotros, pero yo cada vez que lanzo un libro termino con ganas de meterme en mi madriguera y no salir hasta que algún castor, guepardo o marsopa anuncie la llegada de la primavera. Tanto trabajo físico y emocional puede dejarte con una resaca de tres pares de narices.

El propio Holiday es superventas por acumulación: estima que solo un 5% de sus ventas se realizan en lanzamiento. Las demás vienen después, poco a poco, y cada vez que saca un libro nuevo se incrementa el interés del público nuevo por sus libros anteriores. Mi experiencia ha sido exactamente igual. Nunca me gusta hablar de cómo ha ido el lanzamiento de un libro, porque a nivel de cifras hay muy poca fiabilidad. Las cifras importantes son las que se ven al cabo de los años.

Aclaro que hablo sobre todo de autopublicación y de editoriales con estrategias de mercadeo avanzadas. Con gran parte de la edición tradicional, el lanzamiento cobra mayor importancia, porque las editoriales suelen depender de la visibilidad en librerías, y disponen de muy poco tiempo antes de que los puntos de venta empiecen a devolver libros. Un libro va a hacer sus ventas más importantes en el primer año, luego caerá en el oscuro agujero del olvido. Y por el hecho de que los contratos tengan un tiempo taaaan largo (algunos hasta de 15 años), es más difícil mover y promocionar catálogo, ya que el autor no tiene acceso a datos de venta, a resultados de esfuerzos promocionales ni manera de vender dichos ejemplares si estos ya no están distribuidos ni disponibles.

Otra razón para plantearse muy seriamente con qué editoriales trabajar y en qué condiciones.

3. Consigue la prensa que necesitas

Cada vez más autores huimos de promoción tradicional: prensa, radio y televisión. Ya no tienen el poder de convocatoria y conversión de antes. Lo que debes tener claro es que la promoción en medios que te interesa es la promoción en medios de tu nicho. ¿De qué me sirve a mí salir en Sálvame? Mi libro estaría delante de cientos de miles de personas, sí, pero no son personas que vayan a comprar mi libro (y probablemente tampoco sea el tipo de obra que vayan a disfrutar).

catalogoOid, chicas, que hoy, en vez de la última biografía de Belén Esteban, hablaremos de Crónicas del fin. Esta historia de muerte, destrucción y monstruos tentaculares les va a encantar, seguro.

Holiday da un consejo que me parece importante: empieza con medios pequeños, locales o específicos para tu público. Regálales libros. Una vez tengas tu obra en sus manos y estén hablando de ella, puedes apuntar un poco más alto. Siguiendo esta escalera, puedes acabar arriba del todo.

Creo que este consejo no solo sirve para medios tradicionales. Creo que sirve para todo. Si eres un autor completamente desconocido, hay pocas posibilidades de que te quieran entrevistar en un blog líder a nivel nacional, o que un booktuber con decenas de miles de seguidores quiera hablar de tu libro. Esto no es porque la vida sea tremendamente injusta (que también), sino porque tienen tal cantidad de peticiones que, como es lógico, al final se quedarán con lo que más les apetezca e interese.

Así que empieza abajo. Busca siempre a aquellos que estén un poquito por encima de ti y ve creciendo. Apuntar alto no es malo por sí mismo, pero puede ser una gran pérdida de tiempo y energía: apunta un poco alto y avanza cada vez más kilómetros hacia las estrellas.

Madre mía, qué cursi me ha quedado eso.

4. Encuentra a tus campeones

Se habla mucho de “utilizar” a personas con influencia en tu sector (los famosos influencers) para promocionar tu producto. La desventaja de “utilizar” a alguien es que parece justo eso: que lo estás utilizando.

Tengo que confesaros algo: desde hace dos o tres años me he vuelto algo desconfiada. Y es porque estoy harta de que otras personas solo quieran usar mi plataforma para promocionar SU libro, SU producto o SU evento. He perdido la cuenta de las veces que se me pedía mi tiempo y trabajo, sin ofrecer nada a cambio, solo para el lucro de otros. He leído incontables artículos y materiales sobre métodos de persuasión para conectar con los dichosos influencers y os puedo asegurar que me encuentro con que alguien intenta usarlos conmigo por lo menos una vez a la semana.

Si ese es mi caso, imaginad cómo será para aquellos cuya plataforma triplica o centuplica a esta humilde casa.

catalogoHola, soy un booktuber famoso y voy a dedicar las siguientes tres semanas de mi vida a hablaros de los libros de toda la gente que me escribió esta mañana.

Aquí es donde debería entrar el networking avanzado, el de verdad, el que funciona a largo plazo. Si hablas con otros escritores y editores, si compartís experiencias (convenciones, ferias, cursos, eventos), hay más posibilidades de que encuentres personas con quien puede haber colaboraciones mutuamente satisfactorias. Si nos conocemos bien y nos llevamos bien y me gusta lo que cuentas y cómo lo cuentas en otros medios, es muy probable que quiera ayudarte.

Así que lo de “encuentra a tus campeones” se reduce a: haz cosas que sean brillantes y conoce a mucha gente. Ten suerte y habilidades sociales. Sé una persona honesta y amable, con cosas interesantes que contar.

Casi nada, lo sé. Por esto creo que es mejor olvidarse un poco de los influencers y mirar más a lo que tenemos alrededor.

Lo cual no quita que en algún momento yo haya emborrachado a algún autor para que me prometiera que prologaría mi próximo libro.

Es que yo no quiero hacer networking, me dicen muchos escritores. ¡No quiero hacer promoción de ningún tipo! ¡No quiero ir a ningún sitio a hablar de mi obra! ¡Un libro debería venderse por sí mismo! Pues vale, pues muy bien. Yo solo te digo lo que he visto que le funciona al 99% de los que publican y venden más de diez ejemplares de sus libros al año.

Tal vez tú seas ese 1%, no puedo saberlo.

5. Utiliza los descuentos para encontrar público nuevo

Para vender necesitas crecer y para crecer necesitas encontrar público nuevo de manera constante. Es por esto por lo que maniobras promocionales como las de KDP Select en Amazon son muy útiles: al poner tu libro gratis o muy rebajado, tienes la oportunidad de llegar a personas que no te conocen y de que se interesen por tu obra. Necesitas que se conviertan en lectores fieles, para seguir vendiendo tu catálogo, ¡pero antes el libro ha de llegar a sus manos!

Select es solo una manera entre miles de poner tu obra ante ojos nuevos (aunque, por desgracia, sigue siendo la de mayor impacto). Hay muchas opciones explicadas en la obra de Valentina Truneanu Plataformas de publicación. Yo añadiría dos medios que Valentina no incluye: Lektu (plataforma de publicación venta) y Ebrolis (plataforma y lista de correo promocional). También puedes recurrir a publicidad pagada para promocionar tus descuentos y ofertas (por ahora, la opción más clara que veo en este sentido es Facebook Ads, por lo menos hasta que Amazon Ads esté plenamente implementado en España, y veremos por dónde va la publicidad mediante bots de Messenger), pero también puedes analizar otras posibilidades en tu nicho (promoción en blogs y listas de correo ajenas, por ejemplo, si tienen un público al que tú quieres llegar).

Y no olvides, obviamente, tu propia lista de correo. Es tu herramienta más valiosa.

6. Sigue haciendo cosas

Hay un dicho bastante común en el mundo de la publicación independiente: el mejor marketing es sacar más libros. Y es cierto.

Esto no significa, como ya he aclarado, que escribas una porquería tras otra. La calidad lleva su tiempo. He de reconocer que muero un poco por dentro cuando alguien dice que ha escrito y publicado un libro en un mes. Tal vez si es un tema en el que eres experto y hablamos de no ficción y tienes ya toda la planificación hecha… tal vez. Aun así, solo en revisión, corrección y diseño necesitas tus tiempos. Y creo con firmeza que toda obra debe tener por lo menos unas semanas de barbecho, de madurar en tu cabeza, una vez terminado el borrador. Sé que hay autores competentes que sacan libros a velocidades sobrehumanas, pero tienen ya una cadena muy montada de colaboradores, lectores cero, coescritores, editores y etc., que les permite funcionar de esa manera.

Dicho esto: escribe, escribe, escribe. Que un éxito o un fracaso no te detengan. Por pura estadística, ¡probablemente ni consigas nada hasta el tercer libro!

Holiday da varios ejemplos de cómo funciona esto con publicaciones, pero también me gustan los datos que da del mundo de la música:

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La idea de que conforme se produce más trabajo del bueno hay un crecimiento compuesto no es anecdótica. Un estudio realizado por los economistas Alan Sorensen y Ken Hendricks exploró este fenómeno en la música. Resulta que con cada álbum nuevo, las ventas del álbum anterior de un grupo aumentan. Como escribieron los investigadores: “Varios patrones en los datos nos sugieren que la fuente de este derrame es la información: un nuevo lanzamiento hace que consumidores que no tenían información sobre el artista lo descubren y compren discos anteriores”. De hecho, las ventas de álbumes no debutantes se incrementan en una media del 25% debido a este descubrimiento y exposición adicional.

Así que cada lanzamiento significa más ventas de tus libros anteriores. No tienen que ser unas ventas espectaculares, pero cuantos más lanzamientos y mejor hechos, más ventas de este tipo tendrás.

Los autores autopublicados (o los autores que tenemos libros publicados con editoriales diferentes) también debemos recordarles a nuestros lectores que tenemos un pasado. No solo somos nuestras novedades. Me sorprendo cuando alguien me dice que ha “descubierto” alguna obra mía que no es novedad, como si la pobre hubiera caído en el olvido.

7. No olvides a tu plataforma

No todo se trata de darse a conocer. El cuidado de los lectores ya existentes es importante. Y más que ponerte delante de todo el mundo, te interesa adquirir lectores fieles. Piensa en ellos como amigos a largo plazo, no flores de un día a las que engatusar y embaucar para que hagan una compra y se larguen.

Para ello, como ya hemos dicho, te interesa buscar a tu gente, a tu campo, nicho, etc.  Holiday lo explica muy bien:

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Fíjate en un grupo como Iron Maiden, no han salido por la radio en décadas, pero construyeron una plataforma de fans leales. Como dice Bruce Dickinson, su cantante, “tenemos nuestro campo y vamos a ararlo y ya está. Lo que pase en el campo de al lado no nos interesa; solo podemos arar un campo a la vez. Somos un grupo de nicho y nos enorgullecemos de ello. Eso sí, nuestro nicho es bastante grande”.

Tal vez tu nicho sea, en apariencia, muy pequeñito. Yo escribo fantasía oscura, qué me vas a contar. Pero no estoy buscando al lector de fantasía oscura (que también). Estoy buscando a gente con sentido de la maravilla, con una mínima capacidad para la ironía, y me gustaría darles algo, además, donde el estilo esté a la altura de sus gustos y necesidades. Hay amantes de histórica que entran en ese nicho, y de thrillers o de romántica. Más que un género, supongo que busco a un tipo de persona. Y si te gusta mi blog, por ejemplo, es muy posible que seas ese tipo de persona, porque me lees a mí, escuchas mi voz y eso es lo que te vas a encontrar (con otros temas y tonos, obviamente) si lees mis libros.

Esto es fácil: si no huiste a la primera mención de mantícoras, dragones espaciales o dinoporno, tú eres mi nicho. Tú eres mi plataforma y mi campo.

Busca tu plataforma, tu campo, a tus mil fans absolutos, tu tribu o como quieras llamarlo.

Tal vez ese sea el consejo más difícil de seguir del mundo, sobre todo cuando escribes ficción. A veces parece imposible, os lo aseguro. Pero lo hermoso del catálogo (y de tener datos, puros y duros, por delante) es que poco a poco lo vas teniendo más claro.

Y lo hermoso del catálogo, en cualquier circunstancia, es que tu trabajo resucita cada vez que lo lee alguien nuevo.

Eso, me parece a mí, sí es crear algo que dure para siempre.

 


¿Has llegado hasta aquí y quieres más? Date una vuelta por el blog, apúntate a la lista de correo y disfruta de emociones a mansalva si compras alguno de mis libros. Tengo de todo, ficción y libros para escritores, desde tan solo 0,99 €.

Créditos:

 

 

herramientas para escritoreslifehacking

Cómo sacarle provecho a un taller literario

agosto 25, 2017 — by Gabriella8

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Como recordaréis —porque no dejo de recordároslo y por tanto es normal que lo recordéis—, hace poco más de un mes di un taller literario en el marco del muy fantástico festival Celsius de Avilés.

El taller se llenó hasta los topes (que no eran pocos) y pasamos unas horas bastante agradables (¡por lo menos para mí! ¡Y vosotros os reíais de mis chistes malos!). Hicimos una sesión por la mañana presentando conceptos básicos (como qué debe contener un contrato editorial, qué implica la autoedición, cómo escribir a editoriales, etc.) y otra por la tarde, en la que hablamos de mercadotecnia.

Cuando doy cualquier tipo de curso, charla o conferencia, me gusta repasar la experiencia y analizar los resultados para ver en qué puedo mejorar. Pero hoy se me ha ocurrido que también podría analizar en qué pueden mejorar los alumnos: es decir, de qué manera pueden sacarle el máximo rendimiento a la experiencia de un taller literario, ya sea mío o del mismísimo Stephen King.

Así que aquí van algunas ideas, que espero que os sirvan. Espero que me contéis si estáis o no de acuerdo con ellas, y si se os ocurre alguna más:

taller literario

1. Revisa tus datos

Durante el taller pedí a los asistentes que escribieran en una lista su nombre y correo electrónico. Mi intención era enviarles el guion del temario por email, para que no tuvieran que copiar a mano dicho guion mientras yo lo proyectaba (me gusta que la gente tome notas, pero si alguien intenta apuntarlo todo se encontrará con que se ha perdido gran parte de la experiencia).

Tal y como prometí, al cabo de una o dos semanas envié el guion a los emails de mi lista.

Si tienes que dar tus datos en algún momento de un curso o taller, asegúrate de que están bien, ¡revísalos! Y si tienes que escribirlos a mano, hazlo con una letra bien clara (las mayúsculas ayudan para esto). De los 66 emails que mandé, 8 nunca llegaron a su destinatario. ¡Eso es más de un 10%!

2. Si el taller es gratuito, trátalo como si fuera de pago

Voy a hacer una observación que tal vez sea algo polémica, pero dejad que me explique:

Los asistentes a talleres gratuitos tienden a aprender menos que aquellos que acuden a talleres o cursos de pago.

No me lo estoy inventando. Es algo que he ido viendo de un tiempo a esta parte. No tiene una precisión absoluta; es, ya digo, una tendencia.

¿Por qué ocurre esto?

La primera razón, y la más aparente, es que un taller gratuito ofrece menor valor y calidad que uno de pago, y por tanto los alumnos aprenden y se interesan menos. Esto puede ser cierto, pero no es una ley. En mi caso, mi esfuerzo es el mismo. No “recorto” empeño ni contenido por hacer algo de manera no remunerada.

La segunda es una simple razón psicológica: solemos tener un nivel de compromiso mayor hacia aquello en lo que hemos invertido algo, ya sea dinero, esfuerzo o tiempo.

Me refiero a que los alumnos que pagan por un servicio de enseñanza siempre lo exprimen más. Recuerdan mejor lo aprendido y buscan aplicaciones prácticas. Esto es normal: uno no quiere pensar que ha tirado el dinero. Y si soltó pasta para empezar, es porque el interés es real y apremiante, no mera curiosidad. Esto tampoco se cumple al 100%, por supuesto: hay asistentes a talleres y cursos gratuitos que le sacan muchísimo provecho y alumnos que sueltan cantidades altas de dinero para formación que luego no usan. Pero en mi experiencia esas son las excepciones.

Esto me lleva a pensar que si te estás planteando acudir a alguna actividad literaria gratuita que podría ayudarte como escritor/a, tal vez sea efectivo que te mentalices para tratarla como una actividad de pago. ¿Cómo actuarías si hubieras tenido que hacer un esfuerzo económico para asistir? ¿Qué harías de forma diferente?

taller literarioEjemplo gráfico de alumnos que sacan provecho de mis talleres.

Lo que me lleva al siguiente punto, fundamental:

3. Haz un seguimiento de lo aprendido

Entiendo que estamos en verano y que muchos están de vacaciones o descansando, pero aun así me sorprendió ver que solo un 67% había abierto el correo donde les mandaba el material. Probablemente parte acabaría en carpetas de promociones o spam, pero creo que es una buena idea insistir en que si asistes a cualquier curso o taller, te cundirá mucho más si realizas una labor de seguimiento.

¡No te limites a sentarte y escuchar! Apunta lo que te interesa y revisa tu material unas semanas después. Si no has recibido el material que correspondía, contacta con la persona encargada.

4. Busca aplicaciones prácticas

La teoría está muy bien, pero la mejor forma de aprender está en el ejercicio. La próxima vez que acudas a cualquier tipo de clase, conferencia o taller, ponte como objetivo apuntar un mínimo de tres acciones reales, tangibles, que puedes llevar a cabo en tu vida real de escritor avezado.

Y comprométete a usar esas acciones. Ponte alarmas en el calendario, metas en tu aplicación o libreta favorita, marcas con estrellitas en tu bullet journal… lo que a ti mejor te sirva.

taller literarioPepe sabía que aquel taller literario solo era el primer paso en su plan de dominación mundial.

Tu tiempo es muy importante. Si has dedicado varias horas a escuchar a alguien que (esperamos) sabe algo de lo que está hablando, no dejes que esas horas queden en la ignominia del desperdicio.

Porque para eso puedes ver una serie, por ejemplo. Te recomiendo The Young Pope.

5. ¡Habla con el profe!

En los cursos o conferencias, muchos de los asistentes buscan no solo aprender, sino un contacto personal con la persona que da el curso. Tras las charlas, suelo tener un grupo de personas que quieren conversar, preguntar dudas o simplemente presentarse. ¡Un taller también es una oportunidad de hacer conexiones molonas!

Y a mí me encanta. Para mí es el mejor momento, porque ya me puedo despreocupar del trabajo propiamente dicho y hablar con los asistentes de un modo más personal.

taller literarioMe siento así cuando habláis conmigo, palabrita.

Por alguna razón, en este último taller tuve la sensación de que muchos huían lo antes posible.

Esto puede deberse a varias razones:

  • Doy un poco de miedo (poco probable).
  • Lo hice tan mal que tenían que salir corriendo, horrorizados (posible).
  • Todos se estaban meando (bastante posible).
  • Había algo importante que empezaba justo cuando yo terminaba (muy posible, teniendo en cuenta la programación del festival Celsius).
  • Les daba vergüenza dirigirme la palabra (misteriosamente posible).

Allí había mucha gente joven. Tengo la sensación de que en esa sala ocurría lo que me ocurría a mí en la universidad: no quería ser la pelota que se acercaba a hablar con el docente al finalizar la clase.

¡No os cortéis, en serio! ¿De quién me voy a acordar, de la persona al final de la sala que desapareció misteriosamente o de alguien que vino a saludar y presentarse?

Si esto te da demasiado apuro, hay una forma muy sencilla de solucionarlo. Si vas a ir a un taller, unos días antes mándale al profesor o profesora un email. Simplemente con decir que te hace ilusión asistir, o preguntarle si tratará algún tema concreto, puedes obtener una respuesta. Y luego solo tienes que acercarte, decir que eres la persona que mandó ese email y darle las gracias por la charla. ¡Facilísimo!

6. ¡Haz preguntas!

A veces en las presentaciones, cursos y talleres, a la gente le falta tiempo para preguntar cosas. Pero otras veces se produce un silencio incómodo, mientras me quedo a la espera de que alguien diga algo. Me niego a creer que el 99% de las personas que están en una sala porque vienen a aprender sobre el tema que se está tratando no tienen ABSOLUTAMENTE ninguna duda sobre lo que habíamos hablado.

Lo entiendo. Yo soy tímida e introvertida. Pero he descubierto que quedarse con las ganas de preguntar es una tontería. Y eso que os ronda por la cabeza podría afectar a muchas más personas de la sala. No hay nada tan deprimente para alguien que habla en público (y reconozcámoslo, a todo el mundo le cuesta hablar en público) que terminar su charla, abrir ronda de preguntas y que suenen los grillos.

taller literarioConsejo: Antes de preguntar, valorad vuestro índice de deseabilidad. Muchos profesores no responderán a personas con un índice de belleza por encima del suyo. Volved a vuestras casas perfectas, gentuza.

7. Habla con otros asistentes

Esto es difícil, lo admito. Pero como dije en el taller del Celsius: los amigos que hagáis entre otros escritores son los contactos que tendréis dentro de uno, dos y quince años. Y muchos de esos contactos podrán ayudarte, al igual que tú podrás ayudarlos a ellos.

Esto tampoco quiere decir que seas pesado/a. Aprende la diferencia entre amabilidad e interrumpir conversaciones privadas, apuntarte a cosas a las que no estás invitado o escribirle a alguien todos los días porque todavía no ha contestado tu email de 8000 palabras.

8. ¡Sonríe!

Esto os parecerá la tontería del siglo, pero prometo que no es así.

Cuando alguien habla para un público, busca una respuesta a su comportamiento y actuación, para saber si está llegando a dicho público o haciendo el ridículo de su vida. Busca además un reflejo: si quien habla sonríe, encontrará sonrisas en su público, que imitan su gesto facial de manera no consciente, porque están entendiendo y disfrutando el discurso.

En todos los públicos hay gente que sonríe y gente que no sonríe. Gente que tiene una cara de palo tremenda. Es frustrante, porque a veces tienes la sensación de que no les está gustando lo que haces, que lo estás haciendo mal.

Lo sorprendente es que a veces luego esas personas tan serias te dicen lo mucho que lo han disfrutado. Y tú ahí sufriendo, agobiada, por el desastre.

Así que si te lo estás pasando bien, si estás aprendiendo, sonríe.

Si no, no sonrías.

¡Pero dejad de confundirme, c*****s!

 


Notas: