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Sorteo navideño El día del dragón

Diciembre 19, 2016 — by Gabriella1

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Llega esa época del año en la que me han dicho que algunas personas se hacen regalos.

Parece ser que entre esas personas que dan y reciben regalos hay gente a la que le gusta leer.

Y entre esas personas que dan y reciben regalos y a las que les gusta leer, hay personas a las que les gustan la fantasía y los chistes malos.

¿Qué mejor entonces que dar y recibir ejemplares rebonicos de El día del dragón?

Y si tienes cuenta en Facebook, ¿qué mejor que participar en el sorteo que termina mañana donde regalo un maravilloso lote con el libro (caligrafiado y dedicado), un dragón de peluche, huevos de chocolate y marcapáginas? Ahí tienes la prueba gráfica:

sorteo día del dragón

Si todavía no es martes 20 a mediodía en España, todavía estás a tiempo de participar. Solo tienes que ir aquí y seguir las instrucciones. Es fácil y hasta divertido 😉

 

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Nos da miedo decir que somos escritores

Diciembre 16, 2016 — by Gabriella31

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¿A ti no te da cosita? ¿No arrugas el entrecejo cuando te preguntan a qué te dedicas?

Si la respuesta es “no”, es que realmente no te tomas en serio lo de hacer libros (¡tachán! ¡Acusación dogmática!) o igual vives en otro planeta. Me encanta saber que mi blog se lee en otros planetas.

Si no me crees, tengo testimonios.

(Testimonios sobre lo de arrugar el entrecejo al decir que eres escritor, no sobre lo de que mi blog se lee en otros planetas. Es problemático traducir desde el plutoniano. La llegada no tiene ni idea de cuánto).

Recordaréis (o no, con eso de que tenéis vidas maravillosas y perfectas y muy ocupadas en las que mis artículos son la última tarea de vuestro bullet journal) que hace poco convoqué un concurso en el que os pedía que me contarais la reacción que obteníais cuando le contabais a cualquier civil de a pie que erais escritores.

Lo pedí en Facebook (ven a mi página, tenemos caramelos, alcohol y fiestas), en Twitter y, sobre todo, en mi lista de correo. Si no estás apuntado/a, te estás perdiendo muchísimas palabras íntimas y personales en las que hago un poco el canelo, pero allá tú.

Abrí ese correo en particular con está anécdota de Joanna Penn:

“Así que estoy en una fiesta, en una esquina, agarrando mi copa de vino, a la espera de que el alcohol ayude con mis tendencias introvertidas. Se acerca la amiga de una amiga:

—Me han contado que eres escritora  —dice—. ¿Y qué escribes?

Thrillers  —le contesto—. Y algo de ensayo.

—Ooh, ¿eres famosa? ¿He oído hablar de ti?

—Hmm, lo dudo, si te soy sincera. Solo hay algunas grandes marcas de las que todo el mundo ha oído hablar, como  J.K. Rowling o Stephen King.

—Ah, vale. —Le pega un sorbo a su pinot grigio—. Entonces, ¿podría encontrar tu libro en una librería?

—Sí, puedes encontrar mis libros en las librerías online más grandes del mundo: Amazon, iBooks, Kobo.

Ella frunce el ceño.

—Me refería a una librería física, aquí al lado.

—Bueno, no. Las librerías físicas solo tienen espacio para un número limitado de libros.

—¿Y qué editorial te publica?

—Hoy en día los autores pueden publicarse ellos mismos. Soy una artista independiente, como un músico indie sin discográfica, o un cineasta independiente.

—Vale. —Vuelve a fruncir el ceño, claramente confusa—. De hecho, yo siempre he querido escribir una novela —me dice—. Tal vez algún día, cuando tenga tiempo. —Se acerca a mí y me susurra, conspiradora—: Pero tengo una idea buenísima. Si te la cuento, podrías escribirla tú y nos repartimos los beneficios”.

¿A alguien le suena?

A mí esto me suena más que un estribillo particularmente irritante, a medio camino entre el Nyan Cat, el Call Me Maybe* y Somebody That I Used to Know.

Miento: me sigue encantando Somebody That I Used to Know. Por lo menos esta versión.

Y el Nyan Cat es nuestra canción (pero no se lo digáis a nadie).

El concurso y las anécdotas

Sí, hice un concurso donde dije que regalaría libros de Apache (de cuando estuvimos en Valladolid y llegó el editor de Apache y me cargó de libros y me dijo que eran para mis seguidores, porque José** lo mola todo, como si no tuviera bastante con tener pelazo de nativo americano), y os pedí que me contarais vuestras propias anécdotas sobre este tema. El resultado no se hizo esperar, lo cual demuestra que estar apuntado a mi lista te da un +100 a carisma, belleza e inteligencia).

Maite (España), por ejemplo, va a puerta fría vendiendo sus libros.

Yo salgo cada día y visito pueblos y ciudades, presentando mi novela a todo el que me quiera escuchar. Sí, curioso, sí, raro… pero es mi manera de vivir de ello. Presento mi novela así, a pie de calle, en tiendas de todo tipo (desde una charcutería hasta una asesoría: en todas partes puede haber un lector).

¿Sabes que en cierta ocasión me escoltaron hasta la calle? Cuando llegué a cierta oficina de una empresa de nomeacuerdoquépueblo, y les dije que era escritora, y que estaba presentando mi obra, una de las que me atendió me miró como las vacas al tren, y me dijo: “¿Y a ti qué te importa lo que yo lea?”… ¿Mande…? “Es más, te pienso acompañar a la calle, y voy a cerrar las puerta para que no entres más.”. Y te juro que me escoltó, tal cual, ¡como si fuera una delincuente! Esto fue muy muy desagradable, pero la respuesta más «rara» que me han dado ha sido hace poco: “Ya tengo unos asesores que me dicen qué leer”.

Lo curioso es que cuando te presentas como escritora (…) la gente automáticamente piensa que escribir y publicar es algo que puede hacer cualquiera, y que su vida es la más interesante de todas las vidas, como para escribir sobre ella, y si no lo hacen es sólo por falta de tiempo. Ellos “también” escriben.  Una vez cierto individuo me dijo: “Ah, ¿escribes? Yo no soy quién para opinar… pero, vamos, que si un autor no tiene éxito en el primer mes, será porque no tiene talento, porque el que de verdad tiene talento, enseguida destaca y se come el mercado”.

Está claro que si en un mes no te conviertes en superventas, estás perdiendo el tiempo. ¡Largaos todos: si lleváis más de diez años escribiendo está claro que sois unos inútiles! También está claro que ser escritor es más o menos el equivalente a atracar un banco.

O ganar la lotería.

O montar una peluquería canina.

Como escritora tendría que ser capaz de crear símiles con mayor profundidad y coherencia.

Pero pasemos a la siguiente complicación.

El problema de la erótica

Creo que todas las que somos mujeres y escribimos nos hemos encontrado en algún momento con algún listillo que lo utiliza para hacerse el interesante. Por ejemplo, Mar Hernández (de España, pero en la actualidad viaja por Japón) lo ha vivido (más como artista que como escritora, pero ahí queda eso):

Yo tendría unos 22 años. Después de cenar fuera un sábado por la noche, un amigo me acompañó a coger un taxi para volver a mi casa.

El taxi llega rápido, yo me despido de mi acompañante con dos besos en las mejillas y entro en el coche. Le doy la dirección al conductor mientras mi amigo se queda en la acera sonriendo.

—¿Es tu novio? —me pregunta el taxista de repente.

Entonces reparo en el conductor. Es más joven de lo que me esperaba, aunque tiene unos cuantos años más que yo.

—Eh, no. Es un amigo —le respondo, un poco molesta por esa pregunta tan personal.

Nos quedamos en silencio hasta que él hace un par de comentarios insustanciales. Prefiero que se calle a que diga tonterías.

—¿Estudias o trabajas? —No, ahora quiere entablar una conversación.

—Estudio.

—¿Qué estudias?

No me apetece responder y sin embargo lo hago, por educación.:

Estudio Bellas Artes.

El taxista se echa a reír y yo lo miro por el espejo retrovisor ¿De qué va este tío?

—¿Bellas Artes? No, no puede ser que estudies esa chorrada de pintar cuadros y eso.

—Bellas Artes no es ninguna chorrada y hay muchas más disciplinas aparte de pintar cuadros. —Me estoy enfadando.

—¿Pero eso da para ganarse la vida? —La pregunta tiene cierto retintín.

—Por supuesto —Mi tono es seco, no se merece otra cosa—. No todo es pintar, también usamos ordenadores para crear cosas.

Quiero llegar ya a mi casa. Este tipo es un completo ignorante. Abre la boca para hablar, pero no le doy tiempo:

—Puedes dejarme aquí —le digo en la esquina de mi calle.

Él para el coche y le doy el dinero que tenía preparado desde que empezó a hacer las preguntas que no debía.  Cuando me devuelve el cambio, sonriendo como un idiota, me da también una tarjeta.

Aquí tienes mi número de teléfono por si necesitas de mi servicios o por si quieres quedar para salir a cenar o algo.

—Gra… gracias –no me esperaba esto, me ha pillado por sorpresa—. Claro, no te preocupes. Ya te llamaré.

¡Ni aunque fueras el último hombre sobre la tierra quedaría contigo!

Bajo del taxi y corro hasta llegar al portal de mi casa. En el ascensor todavía sigo dándole vueltas a lo que ha pasado y no puedo creérmelo. El mundo está lleno de gilipollas.

También le ha pasado a Poli Impelli (Argentina):

En un casamiento, un amigo del novio intentaba flirtear y para sentirse importante me dijo: “Yo siempre quise escribir algo, un libro corto, no sé…” (ya sabes, TODO el mundo siempre quiso escribir un libro). Hizo una leve pausa ante mi silencio, y agregó: “Buena pareja haríamos nosotros…” (guiño de ojo con copa de vino en su mano).

Sonreí como sonrío normalmente en una foto carné para renovar mi licencia de conducir. “Ya lo creo” —dije—, “ya vuelvo”.

(…)

Yo soy demasiado reservada y tímida para este oficio, y esa es la parte que me cuesta. Pero sé que es mal de muchos, y publicar es la forma de salir a la luz y exponerse.

Escribiendo he aprendido a valorar a quien escribe, y cada libro que llega a mis manos, aunque no sea el mejor que leo ni me guste en particular, siento que detrás hubo alguien sudando lágrimas, tiempo y energía. Y eso merece todo mi respeto.

Todo esto no se aleja de la realidad de muchas artistas… y escritoras. ¿Os habéis preguntado cómo es escribir erótica? Tiene su lado divertido. Y otro que no lo es tanto, como explica Leonor Basallote (España):

No llevo mucho tiempo haciendo público que escribo, pero, en estos dos años, la pregunta que me ha hecho dudar más veces si contestaba afirmativamente es: “¿Qué contento debe estar tu marido con esa imaginación?“. Quizás deba aclarar que escribo romántica/erótica y, parece ser que en este campo la imaginación no debe ser indispensable.

Explicar que puedes tener muchas ideas, de la misma forma que alguien que escribe thriller no tiene porqué practicar asesinando, ha terminado por agotarme.

somos escritoresCosas que te salen solas en cuanto escribes tu primera escena de sexo.

Imagínate si a eso se une que escribes sobre identidad de género, como le ocurre a Pablo Vergara (Escocia):

Como muchos autores, yo llevo una triple vida.

De día trabajo de dependiente en una tienda, cobrando el salario mínimo como un inmigrante más, y por la tarde intento sacarme unas perrillas extra en una tiendecita online que tengo montada desde hace algunos años. Por la tarde estudio derecho y escribo cosas muy sesudas sobre derechos humanos e identidad de género. Ya he escrito un libro sobre el tema y tengo un segundo libro en mente. De noche, cuando nadie se entera, escribo relatos eróticos bajo pseudónimo, porque la temática de los derechos de las personas transexuales no vende mucho, pero la erótica sí, y yo no quiero pasarme toda la vida trabajando de dependiente. Me gustaría poder pagar facturas trabajando como escritor.

Pero, al igual que cualquiera que trabaje en la creación y distribución de productos sexuales, hablar del tema con desconocidos es como colgarte un cartel que diga “soy un salido que solo piensa en sexo”, y abrir la puerta a un montón de preguntas inapropiadas. Y ya si lo mezclamos con mi otra actividad de escribir sobre derechos humanos e identidad de género (lo que suele ir acompañado de “bueno, yo es que soy transexual”)… es que ni se me ocurre. Así que si alguien me pregunta a qué me dedico, explico que soy dependiente en una tienda en la que compran muchas señoras mayores y no digo nada más.

Nunca me habría imaginado que los escritores también tienen que salir del armario…

Elevator pitch a la fuerza

También parece que hay una obsesión por que sepamos vender sobre la marcha nuestro producto, como cuenta Laura Tárraga (España):

“Maldito autobús”, me repito mientras subo las escaleras del edificio que me lleva a clase. Me he vuelto a marear en el trayecto, tengo ganas de vomitar, el estómago revuelto y la cabeza palpitando. Llego a la puerta de clase, a la espera de que nos abran y enfrentarme a las eternas cinco horas que se avecinan. Mi amiga me espera allí, impaciente. Ya me ha comentado que quería hablarme de uno de los capítulos de mi libro: sonrío, pues me encanta su entusiasmo. El estómago parece que se asienta.

—¡Me encanta! ¡De verdad! ¡Ese personaje me parece tan profundo y maduro! —dice mientras trato de no ruborizarme más de la cuenta.

Entreveo por el rabillo del ojo cómo otro compañero de clase está atento a nuestra conversación. Mi compañera, emocionada, agita mi libro por los aires mientras comenta unas cuantas cosas más del capítulo recién leído.

Yo sonrío y le comento mis opiniones e impresiones, lo que me costó escribir esa escena y lo bien realizada que me sentí al hacerlo.

Finalmente, el chico no soporta más la curiosidad y pregunta.

¿Lo has escrito tú?

Asiento, temerosa por la siguiente pregunta.

—¿Y de qué va?

Contesto que de viajes en el tiempo, el chico parece interesado. “Bien —pienso—, un posible lector”. Pero me equivoco.

¿Y cómo me lo venderías?

Intento no poner cara de desespero, pues lo último que me apetece en ese momento es hablar de lo magnífica que es mi obra, pues está claro que lo que es este chico quiere es cotillear y no adquirir un ejemplar.

—Tiene de todo, ya sabes: romance, historia, misterio…

—Como el Ministerio del Tiempo —concluye.

Alzo una ceja.

—Ojalá tuviera su nivel. Mi historia tiene más romance y tal.

El chico asiente, fingiendo interés. Ya viene. La pregunta estrella.

—¿Y puedo comprarlo en librerías? —dice sin llegar a creerse que yo sea la autora del ejemplar que mi amiga tiene en mano.

—En alguna está. Pero prefiero venderlo por mi web.

—Vamos, que no eres escritora de verdad.

Me levanto, decidida a no intercambiar más palabras con él. Escucho cómo le pregunta a mi amiga si me he enfadado. Ella responde con un simple:

—No te jode.

Porque cualquiera puede hacer tu trabajo

Esto nos lo cuenta con un ejemplo práctico Adelaida (España):

El año pasado conocí a un chico que sabe que escribo y tengo una novela publicada. Me pregunta qué estoy haciendo ahora y hasta ahí todo bien. Entonces le cuento que hay un tema sobre el que intento escribir una dramaturgia y él, que escribe mails, informes en su trabajo y actualizaciones del Facebook, se ofrece a ayudarme.

Me hace un poco de gracia, pero le digo que muy bien, que gracias.

Al día siguiente me manda un mail con la supuesta dramaturgia: diálogos a lo loco para ser dichos por personajes simples y el tema que me interesaba tratado superficialmente.

En un primer momento pensé que qué suerte tiene la gente que elabora un trabajo con tanta rapidez, pero cambié de idea cuando, en la tercera página, decidí que no tenía tiempo de acabar de leer aquello.

Copio y pego el mail de respuesta:

“Muchas gracias por el esfuerzo, pero la verdad es que no me ha ayudado. Precisamente me estaba costando desarrollar la idea porque me parece más compleja de lo que muestra tu propuesta. Además, los personajes son estereotipos y, no sé, igual has hecho una obra digna de un Max, pero no tiene nada que ver con lo que a mi me interesa”.

somos escritoresEy, chicos, cuando terminéis pasaos por mi despacho, que tengo ocho capítulos de una novela yaoi slipstream futurista que seguro que me rematáis en un periquete.

Cuando tu género es… friqui

Yo sé muy bien lo que es escribir fantasía (fantásico, ci-fi, weird, dreampunk, whatever). Eso también presenta complicaciones. Como dice Aydim Dagam (España):

Yo suelo decir que estoy escribiendo una novela. Y sí, hay un miasma de condescendencia en el interlocutor, un “ah, sí, ¿cuéntame más?” o un “vaya, un amigo mío (o incluso él mismo) también está escribiendo uno”.

También es cierto que escribir un libro es sangrar. y se dice fácil y rápido. Pero es duro. y desagradecido. Si escribir es sangrar, promocionarlo como toca, y colocarlo en las librerías (aunque sea lo mínimo) es un desmembramiento puro y duro (…).

Otra cosa que me da bastante vergüenza —será cosa mía— es el género. Llega la ineludible pregunta: “¿Y de qué va?” (sí, sí, con esa mirada infame de condescendencia), que lleva a decir: “Bueno, es de fantasía. Aunque en realidad es un thriller, va de personas”. Y cambio de tema.

Algo similar le pasa a Lorena (Argentina):

Si digo que escribo cuentos, automáticamente la gente dice “ah, para chicos” . Claro, porque se ve que nadie se enteró de lo que escribía Borges, de quien acá todos se vanaglorian, o Cortázar… Y si digo que escribo fantasía, claro, es que es como Harry Potter.

Creo que lo que más me molesta es que los demás creen que es una pavada lo que haces. “Ah si, yo también escribía, eso lo podes hacer en cualquier lado”. Eso me lo dijo una compañera cuando rechacé un trabajo con viajes frecuentes.

Cuando no te consideras escritor

Porque una cosa es escribir y otra es proclamarte como autor. Lo dice TPStorm (España):

Soy demasiado introvertida (o asocial, como me autodefino). Esto me ha hecho pasar malos momentos, pero también me ha ayudado a descubrir a la verdadera yo, a la yo que ama escribir. No creo ser la mejor del mundo escribiendo, pero es lo único que me ayuda a expresarme, a interpretar lo que siento y, muchas veces, incluso a entenderme. No me gusta hablar de mis sentimientos, por eso escribo y, sí, vale, publico lo que escribo, pero lo hago siempre bajo seudónimo, porque, al escribir, dejo al descubierto más de lo que quiero, pero todo lo que necesito.

Necesito sentir que soy buena en algo, y eso de dejar que la gente me lea por lo que escribo y no por quien soy me hace sentirme bien conmigo misma.

(…)

Soy anónima, pero espero que algún día alguien se acerque a mí con un libro en la mano y no tener que decir que soy escritora.

A Cristina Ruiz le pasa algo muy parecido:

Soy bastante introvertida y creo que mi poesía es mejor que mi prosa. De hecho, me estoy poniendo a escribir microrrelatos, pero siento que la narrativa es para mí, muy amanerada: si no hay conflicto, no hay historia; si no hay tensión, el lector se aburre; si hablas de violencia de género, eso es demasiado directo y vulgar.

Como soy muy dada a la reflexión, si comienzo a hacer digresiones, hay muy poca acción y la gente igualmente se aburre. ¡Qué sé yo! A mí me gusta escribir, pero con libertad: plasmar mis pensamientos, mis sentimientos, relajarme y disfrutar haciéndolo.

Como además soy única en mi entorno, en mi casa y entre mis amigos, siento que no encajo lo suficiente y me da hasta vergüenza publicar.

Y a José de Cádiz (México):

El día que asistí a mi primer taller de narrativa,  el profesor me preguntó:

—¿Eres escritor?

Tragué saliva, y contesté:

—N… no.

Me dio vergüenza presentarme como tal.  Por extensión vendría la siguiente pregunta: “¿Cuántos libros has escrito?”. iba a quedar en el más apremiante ridículo.  Pero el tallerista, sin inmutarse, acotó:

—Pues, todos los que ves aquí somos escritores.

—¡Ah!, encantado.  Me gustaría serlo algún día.

El profesor sonrió de buena gana. Yo llevaba algunos cuentitos en una carpeta que tuvieron la suerte de ser publicados en El sol de Acapulco.  También algunos poemas.  Escuché detenidamente la ponencia y al final el perspicaz tallerista volvió a preguntarme:

—¿Te gustaría leernos algún texto?

—No traigo nada, lo siento.  Son documentos de trabajo.

El astuto mentor quería ver lo que yo escribía. Si había talento,  imaginación o estilo.  Pero ¿cómo leer mis garabatos ante quince experimentados escritores? Todos observándome como ratón cazando una zorra. Nunca me sentí más acomplejado.

Imaginé que ellos tendrían por lo menos cinco libros publicados por prestigiosas editoriales. ¡Y mis textos, con numerosas faltas de ortografía! ¡Pamplinas! Yo no me iba a exhibir como novato. Me sentí en franca desventaja.

Ignoraba que ninguno de esos compañeros tenía obra publicada. Todos bisoños, como calabacitas, pero aspirantes al premio Nobel. Con ganas de comerse al mundo convertidos en fenómenos de las letras. Nunca comprendí por qué llamarnos escritores si únicamente editamos una antología colectiva.

Sigo sin entender por qué comportarnos como tales sin tener un solo libro en una vitrina.

Algunos lo cuentan con poesía

Por ejemplo, Concepción Rodríguez (España):

LE DIJE QUE A ESCRIBIR ME DEDICABA

 

Le dije que a escribir me dedicaba

y ella me preguntó con picardía

si acostumbro a comer cada tres días

o si con agua fría me aseaba.

 

Yo pensé: ¡Pues menuda mala baba!

aunque acaso alguna razón tenía

pues si alguna factura hoy venía

a poderla pagar no me alcanzaba.

 

Pero quise confesarle sin rubor

aunque pudo sonar  algo pedante

que quizás el oficio de escritor

 

es como ser un caballero andante.

Y tal vez solo escribes por amor

sin pensar que quizás te mueras de hambre.

somos escritoresDeja de rescatarme e invítate a una pinta de hidromiel y una tostada de pan de harina sin refinar o algo. Que soy escritora.

Y Flor Intheflowerland (Argentina) me recuerda que lo hacía también Susana Thénon:

Te detiene alguien que te conoce pero no puede recordar tu nombre (Susana Thénon)

 

– ¿vos qué era lo que hacías?

– yo poesía

– no

ya sé

lo que quiero decir

yo me refiero a lo que hacés

a lo que hacés realmente

– y         ¿yo?

yo

poesía

– no

vos no me entendiste

ya sé que hacés poesía

pero hablo de otra cosa

porque supongo que no estarás las veinticuatro horas

escribiendo poesía sin comer sin beber sin trabajar

sin en fin sin todo lo otro que hace toda la gente

¿no?  ¿vos trabajás? ¿ahorrás?  ¿de qué vivís?

– actualmente

me repongo de un surménage

debido al exceso de trabajo

con un poema

– ¿y al menos te pagaron?

– que se va a publicar o no

tal vez un día

o una noche

o durante un rosado atardecer

o una aurora boreal

o pronto nunca

o nunca siempre

– en definitiva

lo que me estás diciendo

es que no te pagaron

¿y cómo hacés?

¿y cómo te arreglás?

con vos hay algo raro ¿sabés?

– a mí me gustan los conejos

la paz

el sándalo

y el guiso de lentejas

igual que a todo el mundo

no veo lo raro

– pero ¿qué hacés?

al final no me dijiste

– eso es cierto

al final no te lo dije.

Cuando los que te rodean ni tienen claro lo que es la escritura

Nos ofrece un ejemplo Cat (España):

Cuando en el instituto comenté que escribía, muchos se extrañaron.

¿Pero qué escribes? ¿Los comentarios de texto en Lengua Castellana y Lengua Catalana?

A lo que yo respondía que no. Que escribía según me sintiera en ese momento, o en textos improvisados.

—Ah… ¿Pero eso no sigue siendo comentarios en las dos lenguas?

Ahí decidía callar, porque está claro que cuando lo comentas o te dicen eso, o te lo infravaloran.

Otro nos viene de Anna:

Mi más reciente anécdota sería hace unos días que estoy con una compañera y me pregunta “¿Ya sabes qué quieres estudiar?”.

Y pues le digo que me gustaría estudiar letras y literatura, y tal vez idiomas, y lo primero que me dice es si quiero ser profesora de castellano, pero, a pesar de que me gusta explicar matemática y física a mis compañeros, no tengo en mente dar clases, a lo que le respondo que no, que quiero ser escritora o trabajar en alguna editorial. Y me pasó como describes: *Insertar voz con la que se habla a un perro* “Ohhh, que genial”.

Y cambio de tema.

O también está el caso de José Manuel González (España):

Estando con un compañero entrenador de fútbol, le conté a qué otra cosa me quiero dedicar el resto de mi vida. La conversación fue tal que así:

—José, ¿Y tú que has estudiado?
—Biblioteconomía y Documentación.
Mi compañero arquea la ceja.
—¿Eso es para ser bibliotecario no?
—Y para muchas otras cosas —respondo yo—. Cualquier cosa relacionada con los libros y cualquier tipo de documento en general.
Nuevo arqueo de ceja.
—Am. ¿Entonces te gusta leer?
—Sí claro, y escribir también.
—¿Ah sí? ¿Cómo mola. no? ¡Que guay!
Yo pienso: “Pues mira no, no es guay, porque es un oficio que lleva tiempo y que da cero beneficio ahora mismo”, pero lo que respondo es algo así como:
—Sí, te lo pasas bien.
—¿Y has publicado algo ya?
—Pues aún no he terminado de escribir una novela que tengo en proceso.
—Ah, bueno, entonces no eres escritor aún, está en proceso. —Se ríe mientras yo me quedo con cara de tonto—. Bueno, que tengas suerte, a ver si convences a alguno para que te publique.

Yo decido, después de lo de “no eres escritor”, no seguir a conversación. Podría haberme rebelado y haber dicho:
—Pues mira, sí, soy escritor, igual que hay músicos que no sacan discos, igual que hay gente que tiene carrera y no trabaja, y sin embargo sí son abogados o administrativos.

Pero, como siempre, no digo nada.

Y termino este apartado con el caso de Marcelo:

(…) Metido en mi preocupación, saqué mi celular y revisaba mi correo, mi trabajo había quedado en stand by para después de unos días, no quería ni pensar que por estar trabajando algo le sucediera a mi madre y yo metido en mis cosas sin pasar los ultimos momentos con ella. Andrés, que así se llama el muchacho, miró mi celular; yo, por reflejo atávico, cerré el correo para que no lo viera, así que quedó en la pantalla el dibujo de la portada de mi libro que tengo como protector. Lo miró con curiosidad y me preguntó:

—¿Qué es ese dibujo?

—Es la portada de mi libro.

Me miró desconcertado, como si no entendiera de lo que le estaba hablando.

—¿Un libro?, ¿cómo un libro?.

Ahora el desconcertado era yo, hasta que entendí que no creía que este vejete que trabaja en un taller de blindaje de automóviles pudiera escribir un libro, así que me reí de la situación.

—Jajaja, sí. un libro, de esos que se leen.

—¿Pero qué?… Tú escribiste un libro.

—Sí, yo escribí un libro.

—Yaaaaaaa, ¿Y de qué?

Como suelo explayarme demasiado cuando explico de qué se trata mi libro, evadí la respuesta evitando entrar en detalles.

—Es de fantasía épica, como El señor de los anillos, no tan bueno pero más entretenido.

—Yaaaaaaa.

Su mirada de extrañeza lo decía todo, me miraba y no podía ajustar en su cabeza la imagen de mi persona y un escritor, así que decidió por la lógica.

Mentira… me estás viendo la cara de tonto.

—No, te juro que es mi libro, yo lo escribí.

En ese momento mi cuñado llegaba.

—Este loco dice que escribió un libro.

—Sí, tiene uno en internet.

Ahora la cara era de más extrañeza, pensaba que mi cuñado y yo estábamos de acuerdo en querer verle la cara de bobo.

—¿Cómo se llama este loco?

Mi cuñado le dio mi nombre y el compadre empezó su revisión en internet buscando mi libro y por supuesto, el autor.

—¿Cómo se llama el libro?.

Le di el nombre de mi libro.

Cuando lo encontró fue como si hubiera descubierto el secreto mas guardado de la Tierra, me miraba y miraba su celular, al pobre no le cuadraba, al final tuvo que rendirse ante la evidencia.

—Oye, si, este loco escribió un libro, qué increíble, ¿está en las librerías?

—No, solo en internet como ebook.

-¿Y cómo así?

—Las editoriales no aceptan autores nuevos, solo editan a autores conocidos  que saben les traerán ganancias inmediatas.

—Aaaaaaah, ¿pero no me explico como este loco escribió un libro? Qué increíble.

El problema de la familia

La familia no siempre está para apoyarnos. Ellos lo intentan, pero tampoco tienen demasiado claro lo que hacemos. Como cuenta R. R. López (España):

Debemos retrotraernos unos veinte años atrás.

Cuando era estudiante y vivía en el hogar familiar, comencé a escribir los relatos que posteriormente conformarían mi primer libro publicado, Historias que no contaría a mi madre.

Como supongo que hacemos todos, aunque los había leído y corregido un amigo que es escritor profesional, se los di a leer también a gente de mi entorno más cercano.

El libro, aunque de ficción absurda, tiene mucho de realismo sucio, por lo que su temática es harto irreverente y plagada de lenguaje vulgar, escatología y algún que otro chiste subido de tono.

Uno de los lectores cero fue mi padre, al que escogí porque es un lector voraz con mucho bagaje cultural y una biblioteca personal que quita el hipo.

Aún recuerdo el día que entré en la cocina. Él estaba sentado con el manuscrito en la mano, había subrayado algunas partes para hacerme ver mis errores (que no eran tales, pues ya habían sido revisados por mi amigo el escritor).

Cuando entré levantó la vista del manuscrito y, con mirada severa, me espetó:

Como sigas escribiendo cosas como estas vas a acabar en la cárcel.

 

Debo decir que el pobre todavía se arrepiente a día de hoy al ver que ya voy por los cuatro libros, y siempre me apoya en lo que puede y me anima de corazón.

(He de decir que esa es una de mis anécdotas favoritas y que, de haber seleccionado finalistas, sin duda estaría entre ellos).

Poco estás trabajando

Una y otra vez me llegaron también anécdotas sobre la percepción tan extraña que tienen otros sobre lo que es trabajar como escritor. Megumi (Colombia) lo ha sufrido en sus carnes:

A veces digo que escribo y a veces no. Depende del estado de ánimo en el que me encuentre, de con quién esté hablando, y de cuánto tiempo tenga para explicar que escribir implica mucho más que el mero acto físico de poner palabras sobre el papel o teclear durante horas.

Una de mis anécdotas más recientes fue con una muchacha que al saber que escribía me preguntó:

¿Y cuántos libros sacas al mes?“. Yo pensé, indignada: “¡No estoy haciendo churros, sino novelas!”; pero lo que hice fue calmarme y responderle: “Un libro lleva más de un mes en estar listo. No es solo escribirlo, hay muchas más cosas implicadas”, pero lo dejé ahí. Total: su atención ya se estaba dispersando y yo tenía cosas qué hacer.

Gerard Cardona (España) también tiene muy claro que el tiempo dedicado a la escritura no suele apreciarse: es como un espacio gratuito y fácil de ocio.

Me hacen gracia aquellos que preguntan sobre el tiempo: “¿De dónde sacas tiempo para escribir?”. Yo respondo con otra pregunta: “¿De dónde sacas tiempo para comer?”.

Cuando les digo que antes de acostarme siempre tengo mis 30 minutos obligatorios de escritura me salen con otra excusa: “Uff, a esas horas estoy demasiado cansado“. Jo, ¿y yo no? ¿Todo el día trabajando practicando deporte a diario, haciéndome las comidas y a ello súmandole las tareas de la casa? Yo a las once de la noche estoy fresquísimo, ¿no te jode? Le digo: “Amigo, simplemente, no eres escritor”.

Escribir pese a todo

Alba Porta (España), ilustradora, tiene una relación de pasión oculta con la escritura:

Al escribir me pasa algo que no me ocurre al dibujar: el lienzo el blanco, la hoja, la libreta, me intimida. Siento un cosquilleo de amor muy especial al escribir que no siento cuando dibujo, o no siempre al menos, es como cuando te gusta un chico (o chica, o… bueno, *suspiro*) y estás nervioso, consciente de la posibilidad de meter la pata, con un nudo en la garganta, pero emocionado, y al final, muy a menudo, decides mantener la boca cerrada para no cagarla. Te arrepientes, pero la magia continúa.

Mi relación con la escritura es una magia cruel que adoro y me aterra a partes iguales. ¿El auténtico motivo, la raíz? Lo desconozco. No creo ser una nulidad, de modo que, pese a que reconozco que tengo fallos a montones (***) descarto la idea de quedar en ridículo. Peeeero…. me falta el arrojo, el hervor, el valor, el sentimiento de ”me da todo igual, VOY a escribir”. Y me gustaría que se me pasase rápido esa especial edad del pavo porque, demonios, tengo una historia que contar y quiero contarla.

Tú no tienes edad para ser escritor

Ya sabéis aquello de que nunca es uno demasiado mayor para escribir, pero eso no quita que te encuentres unos cuantos problemas por no ser el típico poeta sexi de veintipocos. Como dice Luis López Sanz (España):

   Antes, por otras razones, escribía con seudónimo, ahora no. Cuando me preguntan que ahora que estoy jubilado a qué me dedico y digo que escribo, generalmente desvío  la conversación porque pienso que lo primero que otros se creen es que soy el clásico jubilado que escribe sus batallitas; lo majos que son sus nietos (en mi caso me los tendría que inventar) y lo mal que está ahora el mundo y lo bien que se lo pasó en la “mili”. Ay, Dios mío, si supiesen los problemas que me ha traído el rollo literario.

  En fin, mi anécdota es que en una ocasión, después de la dichosa presentación, una señora me dijo: “Así que escribes, pues entonces tú has de ser inteligente, ¿no?”. Sin esperar la necesaria respuesta idiota por mi parte, siguió: “Pues yo también tengo un hijo que escribe, pero es que  él va para premio nobel, en la línea de Quim Monzó. Y yo también escribo, no creas, a veces envío ‘cartas al director’ de los periódicos”.

Para Laura Antolín (España), sin embargo, eso de la edad tiene sus ventajas:

(…) yo tampoco voy diciéndole a nadie eso de que soy escritora, más allá de las redes (…), aunque, pensándolo bien, no deja de ser por mi parte una actitud un tanto acomplejada y absurda, pues ¿acaso yo me cuestiono el oficio de los demás en virtud de si son malos, buenos o regulares ejerciéndolo? No, nada de eso, yo me los creo a pie juntillas, como cuando me contaban cómo delinquían o cómo se prostituían; nunca se me ocurrió preguntarles si pertenecían a banda armada o nomás eran cuatro pelados, si las controlaba un chulo o se lo montaban solas en el polígono. Me quedaba con la copla y, ya dije, no sabía luego qué hacer con el relato de sus tenebrosas vidas, hasta que me puse a escribir, y dejaron de irme con cuentos.

Por eso yo tampoco le voy a nadie con los míos. Suerte tengo de tener ya una edad, que antes decían respetable, pero solo es una edad en la que ya nadie te pregunta nada, ni la hora, mucho menos a qué dedicas tu tiempo libre, o ese tiempo que ya corre hacia atrás, cuando lo normal es que te lo pases viendo la tele o rumiando: ¿con qué cara voy y les digo que me lo paso escribiendo?

Otras profesiones también sufren

La escritura a veces es una segunda ocupación para personas que, para bien o para mal, sufren de prejuicios artísticos en su ocupación principal. Por ejemplo, Logan R. Kyle nos deja unas cuantas anécdotas sobre su labor como fotógrafa:

—¿Así que eres fotógrafa? —me pregunta un fulano con una cerveza en la mano, durante un concierto de rock cualquiera.

—Sí.

—¿Y dónde tienes la cámara? —dice desternillándose de risa—. ¡Muy mal, eh!

***

—He visto fotografías tuyas en las redes sociales. ¡Qué chulas están!

—Muchas gracias.

—Pero bueno, es todo Photoshop, claro.

***

—He visto las fotos que le hiciste a Mengana. ¡Son muy bonitas! —dijo Fulanita, amiga de una amiga.

—¡Me alegro de que te gusten!

Algún día puede que te deje que me hagas fotos —añadió Fulanita Schiffer.

Otra de mis anécdotas favoritas es esta, de Desirée Bressend (España). Porque, por lo visto, ser guionista no es escribir:

—¿Y tú a qué te dedicas?

—A escribir (ya ni siquiera digo lo de “ser escritora”, para no cortocircuitar demasiado).

—Ah, yo soy X, trabajo de Y (póngase un empleo común y entendible para los mortales). ¿Y cómo es ser escritor? Tiene que ser aburrido, porque claro ya no lee nadie… (insértese reflexión de lo poco práctico que es ser escritor). Llega nuestro amigo común y anfritrión de la fiesta.

—Bueno, X. ¿No te ha contado Desirée que es guionista?

—¿Pero no era escritora? —La mente de X a estas alturas parece que va a explotar.

—Sí, sí. Escribe para tele.

—Aaaaahh —X se ve de pronto muy agradecido de que esté en la fiesta—. ¡Qué molón! Ah, quién pudiera.

Ser escritor también sirve como punto de partida en una conversación (y para ligar, claro), como comenta Cerdo Venusiano (México):

Una de las situaciones con las que disfruto siendo “amateur” es qué todavía cuento con la capacidad de decir:

—Soy escritor e ingeniero ambiental.

Obviamente la segunda opción es tan aburrida como un trámite fiscal, así que la gente me dice cosas como:

—¿Y qué escribes? ¿Manuales?  Porque no me imagino a uno como tú haciendo poesía o escribiendo novelas, bueno, a lo mejor policiacas…

Ahora imagina que el principal motivo por el que he comenzado a publicar es añadir escritor a mi perfil de Tinder (lo cual aumentó mi numero de citas en un 38%) y un montón de desconocidas llegan esperando que les regales una copia física de tu libro.

Así que antes de que salgáis corriendo a añadir escritor a vuestro perfil de Tinder, Meetic o EHarmony, os dejo con mi anécdota favorita, que se lleva los libros de premio. Así es: aquí tenéis al ganador de este concurso, a Rubén Berrueco (España).

Para comprender mejor lo que te voy a contar, tengo que empezar explicando que soy pediatra. O, dicho de otro modo, mi formación académica y profesional comenzó por la pediatría. Lo de escribir lo hago de siempre, claro, pero ¿quién se gana la vida como escritor? (…).

 

Me apasiona lo que hago, (la medicina, me refiero). Por dejarlo claro, nada más. Ya te puedes imaginar. Todo el día con críos la mar de graciosos que me llenan el día de anécdotas.

 

Pues no. También tiene partes malas, como todo, pero no te voy a hablar de mocos, llantos y pánico a la bata blanca. Si te escribo es para contarte que la vida no es menos cruel con nuestro colectivo que con el resto de profesiones. Querida Gabriella Literaria, ¿Te quejas de que la gente se mofa de ti cuando se defines como escritora autónoma? ¿De verdad? Porque yo no le deseo ni al peor de mis enemigos que en una fiesta llena de mamás y papás de niños de todas las edades alguien te señale desde la lejanía y exclame: “Ese de allá, el de la pajarita, sí. Ese. Ese, es PEDIATRA”. Así, sin anestesia y en mayúsculas, porque es así como suena, o como resuena en mi cabeza durante los siguientes segundos.

Y ¡zas! Se me acabó la fiesta. Se terminó disfrutar del piscolabis y de Raffaella Carrá sonando de fondo. De repente, y sin previo aviso, te ves rodeado por una marabunta de mamis que (y esto es cierto como que estoy escribiendo estas líneas) le bajan los pantalones al nene para que le mires la fimosis que, fíjese usted, le tiene muy preocupada a la señora. ¡Señora! ¡Por el amor de Dios, que estamos en medio de una boda! O peor, se descalzan para enseñarte los juanetes porque han confundido pediatra con podólogo y mire usted lo que me duele la dureza esta que me ha salido.

 

Sí, hija mía, sí. Elegí una profesión llena de contratiempos. Por eso, ahora, cuando alguien con cara de haber sido padre reciente me pregunta que a qué me dedico, yo les miro con una enorme sonrisa y les digo:

 

Yo soy ESCRITOR. Y he publicado una novela.

No me digáis que no es maravillosa esta vuelta de tuerca 😉

 


*Si te acabo de arruinar la noche, tal vez quieras leer sobre el efecto Zeigarnik para solucionarlo. Si no, ahí va otra canción pegajosa. Y otra. Y otra.

**Esto se llama name-dropping (soltar nombres sin mucho sentido, solo para presumir de que conoces a alguien) y está muy feo. No lo hagáis. Por ejemplo, a MI AMIGA Cristina Macía no le haría ninguna gracia que la mencionara aquí, sin venir a cuento.

(Por esa última ha muerto gente).


¿Te ha gustado este artículo?

a) No. Es una mierda –> Vaya, lo siento. Intentaré hacerlo mejor la próxima vez.

b) Sí, me has alegrado el día. Te amo –> ¡Gracias! Que sepas que hay cinco cosas que tú puedes hacer por mí:

  1. Compartir este artículo.
  2. Comprar alguno de mis libros.
  3. Adquirir por un precio ridículamente simbólico alguno de mis artículos ampliados.
  4. Apuntarte a mi lista de correo, donde seguiré dándote la tabarra con artículos que no salen en el blog.
  5. Conseguir, gracias a los puntos 2-4, mi agradecimiento más sincero y mantenerme bien abastecida de vino, alimentos y manuales exhaustivos de análisis de patrones narrativos en el dinoporno.

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Concurso “No sé si decirte que soy escritor/a”

Diciembre 8, 2016 — by Gabriella13

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¿Alguna vez os han preguntado a qué os dedicáis y habéis preferido decir “hipnotista de osos” antes que “escritor”?

En el email que estoy preparando ahora mismo para la lista de correo, hablo de esa dificultad que tenemos a veces para que otros entiendan lo que hacemos. Tengo unas cuantas anécdotas al respecto.

¿Pero por qué contar mis propias anécdotas si puedo leer las vuestras?

¡Llega el concurso No sé si decirte que soy escritor/a!

Si os apetece ganar unos libros muy majos de Apache Libros, estoy organizando un concursito para escritores en mi lista de correo. Lo único que tenéis que hacer es contestar a ese email cuando lo recibáis (irá llegando a lo largo del finde) y contarme vuestra anécdota más graciosa, raruna o extravagante de diálogos o situaciones que habéis tenido en las que alguien no entendía demasiado bien eso que hacéis.

Así que si queréis participar y todavía no estáis apuntados a mi lista, ahí os queda el enlace (mando pocos correos y podéis daros de baja cuando queráis): http://www.gabriellaliteraria.com/lista-de-correo/

–>Es fácil, repito. Solo tienes que seguir estos pasos:

  1. Apuntarte o estar apuntado/a a mi lista de correo.
  2. Cuando llegue el email de Gabriella Literaria (te llegará en el fin de semana), responder con tu anécdota. Textos de no más de 400 palabras, por favor .
  3. Si no ves el email, asegúrate de mirar en tu bandeja de spam o correos promocionales.
  4. Tienes hasta el jueves 15 para enviar tu participación.

¡Las mejores anécdotas se llevarán premios! Si resides en España te llevarás dos libros físicos (un recopilatorio de relatos clásicos de vampiros y otro de mujeres maléficas):

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Si ganas y vives allende los mares recibirás unos eBooks muy rebonicos: dos libros digitales premiados de la misma editorial, de David Luna Lorenzo y Javier Castañeda de la Torre:

ebooksapache

Afilad vuestras plumas y demostrad vuestras dotes: las anécdotas que más me gusten se publicarán en un artículo especial en el blog.

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Cómo escribir una novela con el método de las 30 escenas

Diciembre 1, 2016 — by Gabriella25

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Se dice que hay escritores de brújula, libres como el viento, y escritores de mapa, gente aburrida que se sienta a marcar su camino con boli barato y feo (de esos de publicidad que nunca pintan) en vez de responder a la llamada de las musas.

Otro dicho de esos que hacen más mal que bien, sospecho.

Uno de los problemas más comunes que me cuentan escritores (sobre todo escritores noveles) es que han llegado a la mitad de su novela y andan totalmente perdidos y bloqueados. Se debe en parte a que la mitad de la novela es la parte más tediosa y aburrida, pero también es una cuestión técnica. Al principio todos nos creemos escritores de brújula, pero en realidad conozco a muy pocos autores que funcionen así. Los que conozco son extraños genios con mentes prodigiosas y memorias espeluznantes (e incluso esos, con el tiempo, se han dado cuenta de la utilidad de cierta planificación).

escenasY luego está ese tercer tipo: los que buscan fórmulas mágicas de superventa y tienen brújulas así de peculiares.

Hay maneras incontables de planificar una novela y ya hablé de algunas de las más conocidas aquí. Todo el que te hable de su método te dirá que es el único y el mejor, pero si tenemos en cuenta que cada persona es un cúmulo de experiencias, circunstancias y procesos de aprendizaje distintos, tiene sentido que al final lo importante sea encontrar qué método te funciona a ti. Dicho esto, esta mañana me topé con un sistema que me pareció, cuanto menos, curioso. Se trata del método 10-20-30, que también podríamos llamar el método de las capas o el método de las 30 escenas.

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La teoría del sexo y el dinero

Noviembre 29, 2016 — by Gabriella21

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Dice Hugh MacLeod en Gapingvoid que la persona creativa suele tener dos tipos de trabajo a la vez. Uno es el tipo de trabajo sexi, atractivo, imaginativo. Otro es el tipo de trabajo que paga las facturas. A veces, un proyecto une estas dos condiciones, pero no ocurre muy a menudo.

Esto es lo que se conoce como la teoría del sexo y el dinero. A veces haces algo atractivo porque te apetece (sexo) y otras veces haces algo porque tienes que comer (dinero).

Hay una idea sobre el artista que pulula por el inconsciente colectivo: que debe abandonarlo todo para dedicarse a su arte y que entonces mágicamente aparecerán las hadas de la abundancia y le lanzarán sus sujetadores llenos de billetes. Porque el mundo se lo debe: su esfuerzo y entrega y sacrificio merecen recompensa.

No se nos da muy bien eso de aceptar que el mundo no nos debe nada.

No conozco a un solo escritor que haya triunfado dejándolo todo de golpe para escribir (los habrá, seguro, pero no he oído hablar de ellos). En los casos que sí conozco, tuvieron que volver a su trabajo “de día” al cabo de un tiempo. Eso desanima a cualquiera. Alguno hasta dejó de escribir (o, por lo menos, dejó de escribir en serio).

Sí que sé de varias personas que compaginaron su trabajo “oficial” con su arte, y que cada vez robaron más horas a sus tareas obligatorias y banales para dedicarse a sus proyectos creativos. Y que consiguieron vivir de esos proyectos. Dice MacLeod que cuanto antes acepta el artista la necesidad de los trabajos aburridos, cargantes, antes llega a la meta imaginada de hacer dinero con su pasión.

Hablo y trabajo con muchos escritores, y cada vez tengo más claro que la cantidad de autores (o de aspirantes a autor) que entienden el sacrificio que representa la vida del escritor emprendedor es mínima.

No es fácil, te esperan elecciones muy duras* y a lo mejor ni lo consigues. A veces creo que puedo orientar un poco a la gente, echar una mano con algunas dudas puntuales, decirles qué sección de su blog podrían mejorar o qué día de la semana es mejor para lanzar un libro en Amazon, pero otras veces quiero decirles que si la escritura no es su obsesión, su prioridad absoluta, es muy posible que no, que no alcancen su sueño dorado, sea el que sea. Y que todo esto lo tienen que compaginar con su vida diaria. Con el curro, con los niños, con hacer la cama.

Ya está, ya lo he dicho.

También creo que en cualquier trabajo o proyecto, por muy aburrido o pesado que sea, hay posibilidad de lo creativo. Me gusta pensar que en mi caso se unen sexo y dinero (aunque, claro, prefiero mil veces los proyectos que hago por amor). Me gustaría dedicarme solo a la parte chula y apasionante, pero sé que pasará mucho tiempo más antes de poder hacer eso.

Escribir por placer es maravilloso. Tal vez deberíamos limitarnos a eso. ¿Por qué no nos limitamos a eso?

Porque si quieres vivir de escribir, ya puedes ir poniendo el despertador para las cinco de la mañana.

Te toca hacer corrección, escritura y marketing antes de marcharte a ese empleo que odias.

 


*Si aquí te has reído porque has leído “erecciones muy duras”, enhorabuena: eres tan infantil como yo.

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Deja de buscar tu voz (y otras maneras de escribir con personalidad)

Noviembre 10, 2016 — by Gabriella23

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Hay frases que suenan fabulosas pero que, cuando te pones a pensarlas, no tienen mucho sentido.

Hay consejos que hacen más mal que bien, si realmente los analizas, y oraciones que quedan preciosas sobre fondos de puestas de sol, pero que no quedan tan preciosas bajo un filtro crítico de esos que no vienen en Instagram.

Sin ir más lejos, Umberto Eco (sí, otra vez Eco) afirma que algunos aforismos reconocidos son en realidad “enfermedades del ingenio”*: son aquellas máximas que pueden invertirse sin que la frase pierda lógica.

Esperad, esperad, que os lo explico con ejemplos. Este que pone Eco me divierte:

La gente sería feliz si los reyes filosofasen y los filósofos reinasen.

(Plutarco).

Tiene sentido, ¿verdad? ¡Necesitamos gobernantes inteligentes, gente que piense!

El día que quiera castigar a una provincia, haré que la gobierne un filósofo.

(Federico II).

¡Es que esto también parece cierto! Para llevar a cabo la tarea de gobierno no basta con pensar y especular. ¡Hay que decidir con rapidez! ¡Hay que actuar y conseguir que los problemas se solucionen de inmediato!

Como veis, son dos frases que en principio parecen tener razón. Y sin embargo son contrarias, porque ambas son reducciones simplistas de una realidad compleja.

El mundo está lleno de mitos, conceptos complicados que intentamos simplificar y palabras como bizarro, que no significa lo que crees.

(Solo que ahora resulta que sí significa lo que crees).

Como aquello de que para ser escritor de verdad tienes que “buscar tu voz”.

La leyenda de la voz mágica que unge al escritor

Aquí dejo otras variaciones:

  • “Tienes que encontrar tu voz”.
  • “La voz es lo que te define”.
  • “El verdadero escritor conoce su voz”.
  • “Busca una voz única, original”.

Generalmente son frases que acompañan a otras como:

  • “Si haces lo que amas, no trabajarás un solo día de tu vida” (imagino que esto se refiere a que estarás en el paro).
  • “Para triunfar como escritor lo único que tienes que hacer es escribir” (y sin embargo hay gente ahí fuera con veinte novelas en Amazon de los que nunca hemos oído hablar).
  • “Si deseas algo con mucha fuerza, el universo conspira para concedértelo” (lo sé, me repito. Cualquiera que visite mi blog sabe que esta es una de mis frases favoritas ever).

Y me imagino a hordas de autores con redes de esas cazamariposas y un buen machete, atravesando la selva de la escritura pura, artística y pasional, en busca de esa voz tan elusiva, inspirados por la llamada irrefrenable de la motivación.

buscar tu vozDe pequeños, antes de que sus padres les den permiso para visitar el Amazonas, los verdaderos escritores buscan su voz en la jungla urbana.

A Eco le gustan más las paradojas que los aforismos que encierran verdades a medias y reconozco que a mí también. La paradoja expresa ideas contrarias, pero a la paradoja no se le puede dar la vuelta. Es una manera fantástica de concebir la realidad tan complicada y sutil que nos rodea.

Propongo hoy una paradoja. Habrá filósofos en la sala (perdonadme el ejemplo anterior, seguro que gobernaríais de maravilla) y podréis corregirme, pero esta es mi propuesta. Igual, más que una paradoja, es un juego de palabras que encierra, también, una realidad complicada:

Suele ocurrir que cuando buscas tu voz no la encuentras y que la encuentras cuando menos la estás buscando.

(O, por lo menos, cuando no estás buscándola de manera consciente).

Yo también he creído en sentencias absolutas y verdades universales, con el dichoso cazamariposas o como se llame (ya veis, me considero escritora y no sé cómo se llaman las cosas) y me encantaría volver atrás en el tiempo y darme un par de bofetadas (o cachetes en el culo, pero esa es otra historia y por favor no me preguntéis nunca por ella).

Lo primero que me gritaría, creo, es: “¡Deja de jugar tanto al WoW!”.

buscar tu voz¿Quién necesita una vida pudiendo ser un orco gigante con pectorales, pelazo y un gran... hacha?
 

Aunque tampoco me haría mucho caso. Mi orca molaba. Y mi tauren. Y mi no muerta. A lo mejor mi yo pasado haría más caso a mi yo futuro si me hablara de la música.

¿Qué tiene que ver la música con la voz del escritor?

Desde que recuerdo, para mí la escritura ha sido algo musical. Siempre me ha interesado más la forma de contar las cosas que lo que se cuenta (aunque esto es muy importante, claro). A veces leía textos que sonaban como música en mi cabeza y que me producían una especie de relámpago de placer. Y siempre he buscado reproducir esa música en lo que hago. Supongo que por eso empecé con la poesía, por su carácter rítmico y melódico.

Esa es mi experiencia, para vosotros la plasmación de la experiencia artística será otra.

No me extraña que se idealice tanto la noción de la voz. Porque hay algo mágico, místico y sobrenatural en el momento en que todo se coloca en su sitio, el cerebro se reajusta y hace un chasquido peculiar y de repente todo se coordina con la música. Pero por una vez es tu música, de nadie más.

Y es ahí donde creo que está el error: esa voz no es solo tuya, es la de todo el mundo. Proviene de todo lo que has bebido, leído, consumido, escuchado, solo que ahora de repente funciona, significa algo. Estás subido/a a hombros de gigantes y de repente tu culo está cómodo, se ha hecho hueco y las vistas son… wow (no confundir con WoW, que me engancho de nuevo), las vistas son brutales.

Una compañera del grupo de asesoría me comentaba hace poco que tenía el problema de que cuando leía, la forma de escribir del autor al que leía se le metía en su propia escritura. Yo creo que eso no es malo. De forma consciente o inconsciente, imitamos a otros mil veces antes de tener el bagaje suficiente de voces, estilos y experiencias como para que de ello salga algo conjunto, propio, que pueda identificarse como nuestro.

Cuando eso por fin sucede, sí, es mágico.

Pero no porque te inspiren las musas ni porque te hayas drogado ni rezado muy fuerte a ese universo conspirador, sino porque has escrito tanto y leído tanto que has encontrado una manera de expresarte tú, sin censura ni bloqueos. Has compuesto por fin esa canción que lleva siglos sonando en tu cabeza.

Deja de buscar tu voz y deja de preocuparte por ella. Vendrá, cuando tus horas infinitas de lectura y escritura cristalicen en algo que alguien lea y diga: “Esto lo ha escrito Juancho Pérez, ese de los libros de vampirismo romántico-gore. Es imposible que lo haya escrito otra persona”.

Maneras indirectas de acelerar tu encontronazo mágico con esa voz de la que tanto hablan

Todo esto no quita que haya algunos métodos para que tu escritura cada vez esté más definida.

Aviso: Ninguno es sencillo ni puede realizarse en cinco minutos. Si buscáis soluciones fáciles, tenéis mi permiso expreso para salir de esta página:

buscar tu vozTodos los teclados deberían venir con este botón incorporado.

Sí, la red está llena de trucos y hacks que os darán todo lo que deseáis y más (¿qué estamos haciendo que no somos todos ya millonarios ociosos, viviendo en las Seychelles?). Seguro que habéis oído hablar de otra web bastante más interesante y popular que la mía. Os dejo ahí el enlace, por si acaso:

www.google.com

Para los que tengáis ganas de trabajar, ya sabéis cómo se resume esto: en leer y escribir mucho. Pero no de cualquier manera.

1. Asegúrate de que tus lecturas son variadas y de diferentes sectores

¿Qué voz propia vas a desarrollar si solo lees novelas de Agatha Christie? Tu voz será la de Agatha Christie, y bastante escribió ya la mujer para que vengas con tu remake (más políticamente correcto, eso sí) de Diez negritos. Cuantas más cosas diferentes leas, más variada será tu influencia, más las voces que te marquen y más compleja tu propia expresión.

 2. Aprende a hacer lo básico antes de ser megaoriginal

Creo que todos escribimos nuestras primeras novelas queriendo hacer algo diferente y revolucionario, original. Y lo gracioso es que no sabemos ni contar una historia facilona, ¿cómo vamos a contar una difícil? Antes de escribir una pentalogía de novelas río, aprende a escribir un relato. Antes de saltarnos reglas de ortografía y gramática, aprendamos cómo funcionan.

3. Dale al blogging

Sé que quita mucho tiempo y puede ser muy frustrante si no tienes interacción ni seguidores, pero creo que es una de las mejores prácticas que existe para un autor, escriba lo que escriba. Un blog que funciona tiene que saber cómo enganchar a su público (igual que una historia de ficción), y la escritura continua de artículos acaba por darte una perspectiva muy especial sobre cómo manejar el ritmo dentro de diferentes formatos. Creo que mis grandes momentos de “clic”, de descubrimiento y encaje en mi escritura de ficción, han sido cuando más activa estaba con el blog.

Algunos escritores hacen lo mismo con Wattpad: utilizan una creación persistente con retroalimentación constante para reconocerse, para definirse. Tengo sentimientos encontrados con Wattpad (no me gusta enseñar algo que no esté por lo menos un poquito pulido, y el feedback de plataformas de ese tipo no es siempre útil), pero imagino que sus efectos a largo plazo, si se combina con otro tipo de escritura, podrían ser útiles. Me encantaría saber vuestra opinión respecto a esto.

4. Escribe con otra persona

Para encontrarse a uno mismo a veces hay que perderse. Y nada hay como escribir a cuatro manos para aprender a limar un estilo, a destruir el ego en busca de un estilo uniforme. En el fondo, estás buscando otra voz: una voz conjunta, pero esta te ayuda a eliminar asperezas y a reconocer con más claridad tu propia melodía. Desde que escribo con José Antonio noto que mis textos en solitario tienen mucha más personalidad, como si quisiera resarcirme, liberada.

Para mí, estas cuatro cosas me han traído la voz envuelta en papel de celofán y con un lazo, aunque sé que cambiará, que evolucionará (eso es algo que tampoco te cuentan: que la voz no es estática. Si lo es, hay peligro de estancamiento). Mis lectores dicen que me oyen, que reconocen un texto como mío, y sé que por mucho que yo aprenda y cambie (que me queda mucho mucho por aprender), seguirán haciéndolo.

O tal vez me engañan, y eso no sea más que un sueño, una quimera, otro aforismo reversible de enfermedad ingeniosa e ingenio enfermo.

 


Notas importantes de hoy:

  1. ¡Que no se os olvide que presentamos este domingo 13 a las 12:30 El día del dragón en Valladolid, en la CyLCon (la entrada es gratuita y se celebra en la Feria de Valladolid, Avda. de Ramón Pradera, 3).
  2. Y el día 18 estamos en Málaga, en el Centro de Arte Contemporáneo. La presentación será a las 19:00 en el salón de actos y luego estaremos firmando abajo, en la librería Agapea (está en el mismo edificio, junto a la entrada). La presentación de Madrid salió genial y nos reímos muchísimo, esperamos poder contar con vosotros también para esta 😉
  3. Además, estamos preparando algo un poco especial. Si quieres el libro firmado (dedicado y caligrafiado con tu nombre) pero no puedes venir a Valladolid ni a Málaga (ni a Santander ni Vitoria, que nos tocarán a principios de 2017), puedes conseguirlo a través de la web de la editorial, ¡pero solo si lo compras antes de este sábado 12 de noviembre!

*(Porque Eco era brillante pero también tenía se ponía un poco chulito a veces).

**La imagen del orco es fanart de Lucas Salcedo. CC BY-SA 3.0, via Wikimedia Commons.

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¿Quieres triunfar como escritor? Busca 100 rechazos

Noviembre 4, 2016 — by Gabriella27

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Conozco pocas profesiones que debiliten tanto el ego como esta de escribir.

¿Te imaginas que estuvieras sacando sangre a un paciente y ocho personas entrasen en la sala, enfurecidas, a exigirte que les devuelvas su sangre porque “tu aguja es demasiado larga”, “no me convence el color de tu bata” o “yo creía que esto era una hamburguesería”? ¿Y si le dieras un formulario a un cliente para que lo rellenara y te dijera que, por desgracia, no puede, porque “su boli no está aceptando ese tipo de formularios en ese momento”? ¿O porque “es un formulario con mucho potencial, pero ¿qué te parece si el boli lo pagamos a medias?“.

rechazoEh, tú, sí, tú, el bombero. Ese apagón de fuego nos ha enganchado mucho menos que el que hiciste la semana pasada. 
Deja de lloriquear y a ver si espabilas, que estás tomándonos el pelo a tus rescatados.

No sé si es porque nos educan para ser más o menos competitivos, o porque en algún lugar comenzaron a vender la noción de que las cosas fantásticas se consiguen de golpe, de la noche a la mañana, pero tenemos muy asumido que somos estrellitas especiales y brillantes del firmamento y que todo lo que hacemos es diferente, único, con piruletas de purpurina. Que nuestros textos han llegado para cambiar el mundo literario, forever.

Y sin embargo hay todo un universo ahí fuera que se empeña en decirnos lo contrario.

100 rechazosNo me cansaré nunca de citar a Coelho.

Escribir, sobre todo cuando tiras por la vía de la publicación tradicional, es como estar en el paro siempre. Siempre estás buscando un trabajo: vas de entrevista en entrevista. Y, si tienes suerte, alguno de tus entrevistadores se dignará a contestarte en menos de un año y, con más suerte aún, te dirá por qué no conseguiste el trabajo.

Y llega el momento en que no lo aguantas más y dejas de ir a entrevistas.

Con la vía de la autoedición por lo menos te evitas a esos gatekeepers, esos guardianes de las puertas del maravilloso planeta de felicidad y prestigio que dicen que es publicar. Puede que te canses de las entrevistas de trabajo y te lo montes de tal modo que sean otros los que vengan a ofrecerte trabajo a ti. Aun así, no te libras de reseñas ni de opiniones sobre tu obra. De hecho, si no tienes reseñas ni opiniones sobre tu obra, es que estás haciendo algo mal. Todos sabemos que lo único peor que una mala reseña es ninguna reseña.

100 rechazosO el fin del mundo. El fin del mundo es peor que una mala reseña. Por poco, pero lo es.

Todo esto es terrible, te vapulea. ¿Otra negativa editorial? ¿Otra opinión que te destroza? ¿Otro concurso del que no fuiste ni finalista? ¿Un libro tuyo que han comprado exactamente tres personas (y dos eran de tu familia)?

No, no, no. Siempre te dicen que no. Cuán horribilis.

En esos momentos, piensas que eres un pobre incomprendido o, peor, un inútil.

¿Y si te dijera que, en realidad, es lo mejor que te puede pasar?

Sobre el rechazo útil

En su libro The Successful Author Mindset, Joanna Penn habla de tres tipos de rechazo útil:

  1. El rechazo de un editor o agente. Esto te hará plantearte si estás mandando tu texto a los sitios adecuados, te hará afinar tu puntería. Para algunos, el continuo rechazo editorial puede llevar a la autoedición y a convertirse en escritor emprendedor. Lo cual es muy duro, pero también es fantástico y tiene tropecientas ventajas. No te cierres a un tipo concreto de publicación: en estos momentos creo que lo mejor que puede hacer un escritor es ser híbrido (mezclar autoedición con edición tradicional), y quedarse con las opciones que más interesan en cada momento.
  2. La crítica constructiva de un profesional. Muchas veces no recurrimos a lectores profesionales, editores y correctores por miedo a qué dirán de nuestro libro. Y es que hay que cambiar la perspectiva: les pagas precisamente para que te digan qué puedes mejorar en tu libro. Contar con un buen profesional siempre es una experiencia acelerada de aprendizaje.
  3. Las reseñas de una o dos estrellas en Amazon. Y quien dice Amazon dice Goodreads o cualquier otra plataforma de valoración. Pero en Amazon sobre todo puedes ver si estás enfocando tu libro al público que necesitas y lo estás promocionando de forma correcta (muchas veces las valoraciones muy negativas provienen de expectativas frustradas: ¡imagínate que un lector de terror duro leyera tu libro de romántica! ¿Cuál sería su reacción?). Por otro lado, por mucho que duelan, esas reseñas tan negativas también pueden tener contenido útil.

(Aunque, reconozcámoslo, las reseñas de una estrella nos suelen dejar más perplejos que otra cosa, porque tienden a ser reacciones viscerales. Admito que me cuesta dar con reseñas de una estrella que me indiquen algo de utilidad real sobre un libro, mío o ajeno. A no ser que todas tus reseñas sean negativas porque tu libro tenga fallos realmente garrafales, yo prestaría atención sobre todo a las de tres: al “está bien, pero…”).

Si hacemos caso a la Penn, que sabe mucho de todo esto, asumimos que no todo rechazo es malvado.

¿Pero y si vamos más allá? ¿Y si no nos limitamos a aceptar el rechazo? ¿Y si lo buscamos con todas nuestras fuerzas?

La búsqueda activa del rechazo

Hace poco leí la anécdota de Kim Liao, una autora que un día decidió buscar activamente el rechazo. Ahora, Kim se presenta a todos los concursos que puede, a todas las convocatorias, envía su currículo y manuscritos a todas partes en busca de premios, publicaciones y becas (sí, en Estados Unidos tienen ayudas muy curiosas para escritores). ¿Por qué lo hace? ¿Por qué exponerse a una humillación y decepción constante? Esta es su razón:

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A finales de 2011, una amiga escritora me estaba contando su experiencia de meses de tiempo ininterrumpido para escribir, gracias a sus becas en Millay Colony, Ragdale y Yaddo. Me impresionó el nivel tan alto de aceptación que había tenido. Probablemente tengas tú también alguna amistad así (ya sabes de lo que hablo, ese amigo que es un escritor fantástico, pero que además parece ganarlo todo). Apenas podía creerme que tuviera narices de presentarse a tantas becas y patrocinios (y mucho menos, conseguirlos), incluyendo una beca universitaria de prestigio, y a publicaciones en revistas de las que hasta había oído hablar.

Le pregunté cuál era su secreto y dijo algo que cambiaría mi vida como escritora: “Colecciona rechazos. Ponte metas de rechazo. Conozco a alguien que aspira a conseguir cien rechazos en un año, porque si trabajas lo suficiente como para conseguir tantos rechazos, también te llevarás algún sí”.

Kim le hizo caso a su amiga:

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El año pasado, fui rechazada 43 veces por revistas literarias, patrocinios y becas. Es mi mejor récord después de empezar a buscar cien rechazos al año. Es más duro de lo que suena, pero también más gratificante.

¡Esos son muchos rechazos, qué dolor! Pero de algo le ha debido de servir. Para empezar, publica su artículo en LitHub, una de las webs literarias más conocidas de EEUU. Hizo contactos incontables y recibió cartas de rechazo amables y con contenido útil, incluso con sugerencias de otras publicaciones donde su texto podría encajar mejor (¡y encajó!). Los editores comenzaron a reconocer su nombre, y los rechazos comenzaron a acompañarse de invitaciones a enviar más textos.

El año pasado, Kim fue rechazada 43 veces por revistas literarias, patrocinios y becas. Pero fue aceptada por cinco personas: de ahí obtuvo una beca, una serie de lecturas y tres publicaciones en sitios de prestigio. Que jamás habría conseguido de no haber buscado activamente la negativa.

Cuando el porcentaje de aceptación depende del volumen de tu rechazo, tal vez va siendo hora de dejar de huir. De mandar más, de buscar activamente el no (dando nuestro mejor esfuerzo, claro), de empapelar nuestras paredes, como decía Bradbury, de cartas que atacan a nuestro ego.

Ya sabéis que hace algún tiempo dediqué un año de mi vida a presentar un relato al mes a algún concurso. No gané ninguno, pero acabé con un montón de relatos entre los que elegir. Entre el primero y el último, como os podéis imaginar, hay una gran diferencia. Algo similar ha ocurrido con todos mis libros. Y con todas las publicaciones de blog que nadie leía. Al final, si practicas y aprendes lo suficiente, te leerán.

Para cuando la habitación entera esté empapelada de rechazo, tú y yo seremos verdaderos escritores.


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*La foto utilizada para mi imagen de Paulo Coelho es de Paul Macleod – http://www.mynewsdesk.com/no/bazar-forlag/images/paulo-coelho-210626, CC BY 3.0, Link


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¿Qué aporta tu libro al mundo?

Noviembre 2, 2016 — by Gabriella7

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Hablamos siempre del enfrentamiento entre sistema y arte; del encontronazo entre verdad, belleza y dinero. Y cuando mencionamos la palabra valor, parece que es que si nuestra obra no revoluciona el mundo literario, trayendo un apocalipsis de renovación y destrucción de todo lo que conocíamos hasta ahora, no tiene derecho a existir en las estanterías.

Últimamente reflexiono mucho sobre eso, porque resulta que hay muchos libros que para mí no funcionan, que sin embargo son objetos mágicos de deseo para muchísimas personas.

¿Tengo yo más razón que el resto? Desde un punto puramente técnico, es posible que pueda tener algo más de razón que alguien que no haya dedicado tantas horas de su vida a estudiar y analizar textos literarios (y tampoco tengo absoluta seguridad sobre eso). ¿Pero es eso realmente importante si una obra proporciona un valor positivo e innegable a tantas personas? Puede que reduzca la media de calidad de libros que se publican y eso sí es digno de tener en cuenta. Pero ¿tenemos realmente derecho a decirle a alguien: “ese valor no es real”?

Sospechamos algunos que nada es tan sencillo, que no hay que hacerle mucho caso a los defensores del blanco y del negro. Los libros, creo, entran en los grises. Pero incluso dentro de esos grises, un libro sí debe aportar algo para llegar a ser leído, aunque sea por la razón más frívola y banal (como los programas de televisión que se traga mi madre porque se aburre por las tardes).

El valor es algo sutil. Según Seth Godin, surge en esta escala. Como veis, en la venta de productos, todo sigue la siguiente dinámica: función-conexión-estilo-ahora:

aporta tu libro

 

Godin pone algunos ejemplos, pero yo voy a aplicar esta escala a preguntas sobre nuestra obra. ¿Somos capaces de contestar a ellas?

  • ¿Cuál es la función de tu libro? ¿Para qué sirve? (¿Y sirve para algo que no sea inflar tu propio ego?).
  • ¿Cómo conecta tu libro con la gente? ¿Lo asocian contigo? ¿Se crea complicidad con otros lectores? (Reconozco que esta es mi parte favorita).
  • ¿Es tu libro un objeto de estilo, un diseño deseado? ¿Es algo hermoso, que otros quieren adquirir porque los hace sentirse más inteligentes, con mejor gusto, más interesantes?
  • ¿Tiene inmediatez tu obra, urgencia? Es decir, ¿hay alguna oferta o situación que haga que tus compradores lo deseen ahora mismo, en este instante, antes de que sea tarde?

Godin dice que tenemos que cumplir una o varias de esas condiciones para que nuestra obra funcione, para que sea leída.

Hasta que llegue, claro, alguien que cambie lo más básico: la propia función. Que llegue alguien que redefina cómo funciona un libro (como hizo el eBook en su momento). Como hacen aquellos que redefinen los géneros y las modas. Esos trendsetters o bellwethers (si no habéis leído Oveja mansa, de Connie Willis, hacedlo), que se desvían en el punto justo del camino para que todos los antecedentes se pongan en marcha y todos tiremos en una dirección diferente.

No todos seremos ese alguien revolucionario (aunque sí podemos ser antecedentes, influencias, partícipes en la revolución).

Pero si partimos de lo más importante, la función de nuestra obra (aunque esta solo sea divertir, agradar, proporcionar ocio) y desarrollamos la jerarquía de valor, ofreciendo conexión para con los demás (y entre ellos mismos) y estilazo del bueno, si aumentamos el deseo hacia nuestro libro ofreciéndole una sensación de urgencia (una oferta especial que caduca, una edición limitada, una serie firmada…) llegaremos a vender un objeto mágico.

¿Vuestro libro es, también, un objeto de valor?

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7 maneras menos conocidas de promocionar tu contenido

Octubre 31, 2016 — by Gabriella5

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Hace años yo pensaba que la escritura de verdad era una cosa y la creación de contenidos era otra. Que había un Parnaso especial donde iban a inspirarse los bendecidos por los dioses del talento y buen gusto, y un lago Estigia donde se ahogaban los productores de información, esas subentidades que no sabrían lo que es una metáfora aunque viniera a mearles en la cara.

(Aunque, pensándolo bien, no importa mucho que te meen en la cara si ya te estás ahogando en un lago donde va a morir la gente).

El tiempo te hace sabio, o por lo menos más humilde y menos idiota, si le pones ganas. Me di cuenta de que todo es contenido, al fin y al cabo. Escritura, datos, información. Algunas personas se leen el Marca o la Cuore con el mismo ansia arrebatada con la que otros (muchos menos) analizan a Joyce.

Y luego llegó la estrategia de contenidos y ya se me terminaron de cruzar los cables.

¿Qué es la estrategia de contenidos?“, me preguntas, mientras clavas en mi pupila tu pupila azul y yo me quejo amargamente, porque siempre duele que te claven algo y tú tienes unas pupilas de lo más afiladas. Para empezar, es una manera de que un escritor se dé a conocer utilizando información de interés en una web, blog o conjunción astral de redes sociales mágicas.

Aunque son las empresas y los blogueros de nicho quienes supieron sacarle más provecho a esta estrategia, a los escritores también puede funcionarnos. Parte de la base de que no hemos venido a hablar solo de nuestro libro, sino a ofrecer algo lo bastante atractivo como para que nuestros lectores también se interesen por nuestras obras.

Como cualquier estrategia, la de contenidos está saturada. ¿Cómo hacemos para que nuestras propias publicaciones, observaciones ingeniosas y creaciones magistrales lleguen al humilde vulgo?

Creo que hay unas 10000 técnicas, y Google estará más que dispuesta a enseñártelas. Las más comunes (y productivas) residen en las redes sociales, en el guestposting (publicar para otras entidades con mayor público que tú) y el SEO (optimización de motores de búsqueda). Y los tres caminos llevan tiempo, camino y esfuerzo. Por suerte, hay algunos senderitos secundarios, con resultados menos notables pero productivos a largo plazo, a los que también podemos recurrir.

Core DNA y otras tácticas para promocionar tus contenidos

Estas en concreto son algunas de las más recomendadas por la web Coredna, pero las puedes encontrar en muchos sitios. Casi todos en inglés, que es la razón por la que vengo aquí a compartir y explicar (o por lo menos intentarlo):

Listas de enlaces

¿Quieres conseguir enlaces hacia tu web (los famosos backlinks) y que te encuentre más gente? Aquí el arte está en tu relación amorosa con Google y similares. Sí, se trata de realizar una buena búsqueda. Se trata de encontrar blogs o páginas web que compartan de manera periódica recomendaciones de enlaces. Pueden ser sitios como la lista de correo de Ana González Duque, la Escribiduría de Iván lasso o cualquier página de Facebook con  estrategia de contenidos, como la de Mariana Eguaras o Corrección Textos Español. Busca en Google los temás que tú tratas y mira qué páginas comparten enlaces similares al contenido que tú creas.

Cuidado con el método de contacto. No se trata de ponerse pesado, solo de enviar emails cortos y cordiales sugiriendo un artículo en particular de tu blog o web. Es muy importante no hacer spam ni mandar emails a destajo a una lista larga de objetivos, sino crear un correo breve y personalizado para cada persona (os recuerdo que detrás de las webs hay personas, no robots ni androides enviados desde el pasado para intentar evitar el terrible fin de la humanidad. Casi siempre). Asegúrate además de que compartes público objetivo con tu destinatario y de que tu material encaje en su web o lista. Yo suelo compartir enlaces que me mandan si considero que el contenido es muy bueno y que encajan con mi contenido programado y con los intereses de mis seguidores, pero no me mandes vídeo, por ejemplo. Si sigues mis redes sabrás que no suelo publicar vídeos ajenos, por la sencilla razón de que tendría que verlos enteros para saber si funcionarían en mi estrategia de contenidos (los textos puedo ojearlos mucho más deprisa).

Del mismo modo, si haces una búsqueda de palabras como “recursos para escritores”, “blogs para escritores” o “ciencia ficción para amantes del esquí” puedes encontrar webs que ofrecen secciones de recursos (que son, al fin y al cabo, más listas de enlaces). Este es otro sitio donde podría encajar tu web o blog, un sitio donde podrías colocar un enlace más.

Quora

Quora ya está disponible en nuestro idioma, para horrible desgracia mía, y si llega a crecer como ha hecho en EEUU, los primeros que lleguen jugarán con ventaja para posicionarse como expertos en su sector. Permitidme aquí que no siga mi propio consejo, aunque reconozco sus posibilidades, ya que bastante tiempo pierdo ya leyendo la versión anglosajona. Quora es altamente adictiva y requiere de un temperamento poco dado a entrar en debate y pedanterías. Esta es la misma razón por la que no suelo entrar en foros, aunque me consta que a algunos escritores les funciona muy bien.

Otras comunidades

Y ya que mencionamos los foros, sí, pueden servir, sobre todo si en vez de colocar un enlace a tu libro en Amazon y largarte te quedas y ayudas a la comunidad. Lo importante, ante todo, es que ayudes a los tuyos. Para esto también están las comunidades de Google, los grupos de LinkedIn y los de Facebook. También puedes hacer búsquedas en Twitter e intentar contestar a preguntas que surjan (y participar en diálogos de interés).

Y no, pasarte por mi página de Facebook a hablar de tu libro y ya está ni sirve de nada (ni me hace ninguna gracia). En Gabriella Literaria a veces hablo de mis libros porque, diantres, para eso es mi página y porque me he currado ese derecho a base de compartir contenidos cuidadosamente seleccionados escritos por otras personas, con mis seguidores en mente. ¿Qué has hecho tú por mí y por mis seguidores para colarte en mi espacio virtual, dejar un copypaste con una sinopsis mal redactada de tu novela y largarte?

Pues eso.

Alertas Google

Cuando publiques en tu web o blog, crea alertas para frases y palabras clave relacionadas con tu texto. Te ayudarán a encontrar otras publicaciones en las que podrás comentar e incluso ofrecer un enlace a tu aportación. (Pero por favor no comentes con exactamente lo mismo en todos los sitios que visites. No sabéis lo triste que es sentirme especial con vuestros cumplidos y aportaciones hasta ver, con el corazón partido, que le decís lo mismo a todas las demás chic… digo, a todos los demás blogueros).

Enlaza y avisa

Si enlazas a otros escritores y/o blogueros,  no te olvide de mandarles un mensaje o mención para que puedan verlo y compartirlo si les interesa. Muchas veces veo que me han mencionado o enlazado a través de las estadísticas de WordPress, pero no las miro a diario. Generalmente me entero porque alguien me avisa de ello por email. Y si el contenido es bueno y de interés para mis lectores, probablemente lo comparta.

Os recuerdo que dentro de la expresión “si el contenido es bueno” incluyo el concepto “si no contiene muchas faltas de ortografía”. Todos metemos la pata, pero no sabéis la cantidad de artículos con contenido interesante que no he compartido porque su autor jamás había tenido una incursión privada e íntima en el maravilloso y sensual mundo de las comas.

También tiendo a incluir otros conceptos como “original”, “diferente” y “sin fondos negros ni cursores de purpurina”.

Recicla

Una buena manera de promocionar tu contenido es reciclarlo. No nos llenes las redes de repetición tras repetición del último artículo que has sacado. Entendemos que quieres llegar a todos tus seguidores, pero a los que ya has llegado puede resultarles pesado. Comparte contenido antiguo, pero recíclalo mediante recortes, extractos e imágenes distintas.

También puedes probar a cambiar el formato. Por ejemplo, coger una publicación de texto y rehacerla en vídeo o podcast ayuda a abrir ese mismo contenido a otro tipo de público.

Comenta

Pero no de cualquier modo. Busca webs con movimiento y visibilidad, visita con cierta frecuencia y aporta algo, no te limites al “¡este artículo está muy bien, visita mi blog!”.

Los comentarios a un artículo no tienen por qué limitarse a las webs en sí. También puedes escribir emails sobre ellos a sus autores. Pero recuerda que la intención aquí no es crear un largo debate ni escribir un correo kilométrico (cuanto más grande sea la web o blog a la que te diriges, menos tiempo libre tendrá su autor), sino expresar tu aprecio. Puede sonar a peloteo, pero personalmente no lo veo así. Si alguien realiza un buen trabajo y me ofrece información o contenidos que me encantan, creo que tiene todo el derecho del mundo a saberlo. Además, es una forma de hacer networking del sano, porque lo natural es que acabes colaborando o estrechando lazos con personas cuyo trabajo disfrutas y admiras.

Hay muchas otras formas de hacer promoción mediante el marketing de contenidos, pero me pareció interesante señalar estos siete, ya que a menudo no se tienen en cuenta. También sé que no todo escritor utiliza este tipo de estrategia para promocionarse, pero suelo recomendarla porque en mi experiencia es, a largo plazo, la más efectiva. Así que si andabais buscando inspiración para encontrar nuevos modos de relacionaros con otros escritores y lectores, espero que os haya sido de ayuda.

Termino hoy anunciando (porque seguro que no os habéis dado cuenta) que es Halloween, víspera de Todos los Santos, Samhain, noche de brujas, etc., etc., etc. Yo aproveché ayer para brindar en mi aquelarre mensual con las brujas de siempre. El siguiente encuentro será a finales de noviembre, para celebrar que he sobrevivido al mes. Si sobrevivo.

Este fue el altar del sacrificio. ¿Sangriento, verdad? Y ahí todavía no habíamos empezado con las mimosas:

promocionar contenido

Que me gusta cruzar Sexo en Nueva York con La matanza de Texas. Que me gusta a mí la modernización de las celebraciones más antiguas y terribles, y la creación de nuevas tradiciones.

 


  • Muchas gracias a los que os reísteis de mis gilipolleces en la presentación de Títeres de la magia con las esplendorosas Iria y Selene. Ya sabéis, si queréis más acción en vivo, en Valladolid estaremos José Antonio Cotrina y yo presentando El día del dragón en el marco de la CylCon (13 de noviembre), y en Málaga vamos a revolucionar el CAC (Centro de Arte Contemporáneo) el día 18. ¡Venid a vernos y a contarnos chistes muy muy malos!
  • Si buscáis historias de terror, Excentrya ha publicado un artículo donde varias autoras hablamos de nuestros libros de miedo favoritos.
  • Y están, claro, los relatos desasosegantes de Lectores aéreos. Cuando la reacción mayoritaria ante un libro no es “me ha encantado” o “shippeo a los personajes principales”, sino “se me ha quedado muy mal cuerpo”, te sientes aliviada. ¡Objetivo conseguido!
  • Hablando de nuevas tradiciones y Samhain, ya es costumbre todos los años perderse en Rocavarancolia. Y la entrega de este año es realmente apasionante. Me encantan además las portadas que hace Ana Díaz para Palabaristas:

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¿Cómo de importante es tu diseño?

Octubre 28, 2016 — by Gabriella12

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Los que seáis amantes del té como yo tal vez hayáis visto cierta gama de infusiones que parece inundar cualquier bar o restaurante que se considere medianamente digno.

Los que seáis amantes del té como yo habréis apreciado sus tazas elegantes con plato a juego, la presentación de su producto a granel en colador y la práctica tapa que sirve para evitar derrames y otros accidentes propios de gente torpe como servidora.

Por supuesto, su carta está llena de nombres que te hacen dudar de si te están vendiendo infusiones o experiencias sensoriales extremas y posiblemente ilegales.