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Escribir es como jugar al Tetris

agosto 23, 2017 — by Gabriella21

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Tengo una personalidad adictiva.

Esto no significa que tenga una personalidad que produzca adicción en otras personas.

(¿Qué haces aquí, leyendo, pequeño/a drogadicto/a de mi corazón?).

Quiero decir que me cuesta aficionarme a algo, pero cuando me aficiono, me aficiono EN SERIO. Algunas de las peores cosas que le han pasado a mi vida han sido Civilization, Los Sims y World of Warcraft. Tuve que dejarlas, cortar nuestra relación de cuajo. Nada de jugar solo una hora al día, no. O lo dejaba del todo o me enfrentaba a otras doce horas de mi existencia que desaparecían de golpe, sin saber por qué.

tetrisBlizzard todavía me escribe a veces. Cuando está borracho. Mirad qué porte.

(También estoy considerando desinstalar Netflix).

Tal vez el primer videojuego al que fui adicta fue Tetris. Eso no es tan malo como yo pensaba, porque hay algo en psicología que se llama efecto Tetris. Lo descubrió un señor que dedicó demasiadas horas de su vida a jugar al… sí, al Tetris.

El efecto Tetris es lo que explica que cuando no estás jugando estás pensando en alinear mesas, edificios o gatos; es lo que explica que cuando cierras los ojos ves bloques de colorines que caen. Obviamente esto no se reduce al Tetris. Ocurre con otros videojuegos. Les ocurre a muchos matemáticos, que empiezan a ver números y fórmulas por todas partes, que sueñan con ecuaciones. Seguro que os ha pasado con otras cosas también.

El Tetris está, directamente, cambiando tu cerebro y tu manera de pensar. Parece ser que mejora tu percepción espacial y que además podría incluso aumentar tu materia gris. No es el único ejercicio mental que tiene ese efecto. En este artículo de Wired lo explican bien:

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El efecto Tetris es una metáfora bioquímica y reduccionista, si os parece, para la curiosidad, la invención, el impulso de crear. Encajar bloques es organizar, construir, negociar, arreglar, entender, doblar sábanas. Todas nuestras actividades mentales son análogas, cada una tan adictiva como la siguiente.

¿Se te ocurre qué otros actos creativos podrían dar beneficios similares? ¿Te imaginas cómo sería si escribieras lo suficiente como para que el acto de crear cambiara tu forma de pensar?

La sensación de flow ocurre al escribir, al igual que cuando juegas al Tetris. Al igual que con Tetris, hay un estímulo visual (texto), una serie de acciones no terminadas (oraciones, párrafos, capítulos) y, si practicas durante horas, la propia automatización de las acciones lo convierte en algo propio de ti, un hábito.

Solo que ahora, en vez de ver cuadraditos, rectánculos y zetas raras por el rabillo del ojo, verás palabras que ni sabías que existían, estructuras narrativas extraordinarias, significado donde antes no lo había. Verás poesía y belleza en las cosas cotidianas. Nacerá en ti el famoso sentido de la maravilla.

Ser adicto al Tetris tiene un lado negativo: te quita tiempo y no creas nada, en realidad. No aportas nada al mundo, aunque tu memoria, tu forma de enfocar y pensar sí mejoren en algunos aspectos.

Ser adicto a escribir también quita tiempo. Pero hace que progreses en tu escritura y que produzcas textos cada vez más espléndidos. Cuanto más escribes, menor es el esfuerzo de tu cerebro para escribir (y más percibirás y entenderás todo lo relacionado con tu hábito en tu entorno diario).

¿Y quién no quiere cosas hermosas, espléndidas, en el mundo?

A veces, escribir es como jugar al Tetris.

Pero siempre, siempre es mejor.

 


Notas:

  • Y ahora, marcho a jugar al Candy Crush un rato.
  • Por desgacia, la idea de comparar Tetris con escritura no es mía. Gracias a Niklas Goeke por la inspiración con esta fantástica respuesta en Quora que da más información sobre el efecto Tetris y el flow creativo.
  • Imagen estilo Tetris de cabecera por wacomka en Shutterstock.
  • Imagen de señor con colmillacos de World of Warcraft de Anton_Ivanov en Shutterstock.
  • Si te ha gustado este artículo, por favor ayúdame a seguir dedicando mi tiempo a estudiar, analizar y comentar asuntos relacionados con el aprendizaje de la escritura y de lo literario. Solo con adquirir y leer alguna de mis obras ya estás marcando la diferencia. ¡Hay de todo, desde tan solo 0,99 €!

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La teoría del sexo y el dinero

noviembre 29, 2016 — by Gabriella23

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Dice Hugh MacLeod en Gapingvoid que la persona creativa suele tener dos tipos de trabajo a la vez. Uno es el tipo de trabajo sexi, atractivo, imaginativo. Otro es el tipo de trabajo que paga las facturas. A veces, un proyecto une estas dos condiciones, pero no ocurre muy a menudo.

Esto es lo que se conoce como la teoría del sexo y el dinero. A veces haces algo atractivo porque te apetece (sexo) y otras veces haces algo porque tienes que comer (dinero).

Hay una idea sobre el artista que pulula por el inconsciente colectivo: que debe abandonarlo todo para dedicarse a su arte y que entonces mágicamente aparecerán las hadas de la abundancia y le lanzarán sus sujetadores llenos de billetes. Porque el mundo se lo debe: su esfuerzo y entrega y sacrificio merecen recompensa.

No se nos da muy bien eso de aceptar que el mundo no nos debe nada.

No conozco a un solo escritor que haya triunfado dejándolo todo de golpe para escribir (los habrá, seguro, pero no he oído hablar de ellos). En los casos que sí conozco, tuvieron que volver a su trabajo “de día” al cabo de un tiempo. Eso desanima a cualquiera. Alguno hasta dejó de escribir (o, por lo menos, dejó de escribir en serio).

Sí que sé de varias personas que compaginaron su trabajo “oficial” con su arte, y que cada vez robaron más horas a sus tareas obligatorias y banales para dedicarse a sus proyectos creativos. Y que consiguieron vivir de esos proyectos. Dice MacLeod que cuanto antes acepta el artista la necesidad de los trabajos aburridos, cargantes, antes llega a la meta imaginada de hacer dinero con su pasión.

Hablo y trabajo con muchos escritores, y cada vez tengo más claro que la cantidad de autores (o de aspirantes a autor) que entienden el sacrificio que representa la vida del escritor emprendedor es mínima.

No es fácil, te esperan elecciones muy duras* y a lo mejor ni lo consigues. A veces creo que puedo orientar un poco a la gente, echar una mano con algunas dudas puntuales, decirles qué sección de su blog podrían mejorar o qué día de la semana es mejor para lanzar un libro en Amazon, pero otras veces quiero decirles que si la escritura no es su obsesión, su prioridad absoluta, es muy posible que no, que no alcancen su sueño dorado, sea el que sea. Y que todo esto lo tienen que compaginar con su vida diaria. Con el curro, con los niños, con hacer la cama.

Ya está, ya lo he dicho.

También creo que en cualquier trabajo o proyecto, por muy aburrido o pesado que sea, hay posibilidad de lo creativo. Me gusta pensar que en mi caso se unen sexo y dinero (aunque, claro, prefiero mil veces los proyectos que hago por amor). Me gustaría dedicarme solo a la parte chula y apasionante, pero sé que pasará mucho tiempo más antes de poder hacer eso.

Escribir por placer es maravilloso. Tal vez deberíamos limitarnos a eso. ¿Por qué no nos limitamos a eso?

Porque si quieres vivir de escribir, ya puedes ir poniendo el despertador para las cinco de la mañana.

Te toca hacer corrección, escritura y marketing antes de marcharte a ese empleo que odias.

 


*Si aquí te has reído porque has leído “erecciones muy duras”, enhorabuena: eres tan infantil como yo.

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Deja de buscar tu voz (y otras maneras de escribir con personalidad)

noviembre 10, 2016 — by Gabriella27

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Hay frases que suenan fabulosas pero que, cuando te pones a pensarlas, no tienen mucho sentido.

Hay consejos que hacen más mal que bien, si realmente los analizas, y oraciones que quedan preciosas sobre fondos de puestas de sol, pero que no quedan tan preciosas bajo un filtro crítico de esos que no vienen en Instagram.

Sin ir más lejos, Umberto Eco (sí, otra vez Eco) afirma que algunos aforismos reconocidos son en realidad “enfermedades del ingenio”*: son aquellas máximas que pueden invertirse sin que la frase pierda lógica.

Esperad, esperad, que os lo explico con ejemplos. Este que pone Eco me divierte:

La gente sería feliz si los reyes filosofasen y los filósofos reinasen.

(Plutarco).

Tiene sentido, ¿verdad? ¡Necesitamos gobernantes inteligentes, gente que piense!

El día que quiera castigar a una provincia, haré que la gobierne un filósofo.

(Federico II).

¡Es que esto también parece cierto! Para llevar a cabo la tarea de gobierno no basta con pensar y especular. ¡Hay que decidir con rapidez! ¡Hay que actuar y conseguir que los problemas se solucionen de inmediato!

Como veis, son dos frases que en principio parecen tener razón. Y sin embargo son contrarias, porque ambas son reducciones simplistas de una realidad compleja.

El mundo está lleno de mitos, conceptos complicados que intentamos simplificar y palabras como bizarro, que no significa lo que crees.

(Solo que ahora resulta que sí significa lo que crees).

Como aquello de que para ser escritor de verdad tienes que “buscar tu voz”.

La leyenda de la voz mágica que unge al escritor

Aquí dejo otras variaciones:

  • “Tienes que encontrar tu voz”.
  • “La voz es lo que te define”.
  • “El verdadero escritor conoce su voz”.
  • “Busca una voz única, original”.

Generalmente son frases que acompañan a otras como:

  • “Si haces lo que amas, no trabajarás un solo día de tu vida” (imagino que esto se refiere a que estarás en el paro).
  • “Para triunfar como escritor lo único que tienes que hacer es escribir” (y sin embargo hay gente ahí fuera con veinte novelas en Amazon de los que nunca hemos oído hablar).
  • “Si deseas algo con mucha fuerza, el universo conspira para concedértelo” (lo sé, me repito. Cualquiera que visite mi blog sabe que esta es una de mis frases favoritas ever).

Y me imagino a hordas de autores con redes de esas cazamariposas y un buen machete, atravesando la selva de la escritura pura, artística y pasional, en busca de esa voz tan elusiva, inspirados por la llamada irrefrenable de la motivación.

buscar tu vozDe pequeños, antes de que sus padres les den permiso para visitar el Amazonas, los verdaderos escritores buscan su voz en la jungla urbana.

A Eco le gustan más las paradojas que los aforismos que encierran verdades a medias y reconozco que a mí también. La paradoja expresa ideas contrarias, pero a la paradoja no se le puede dar la vuelta. Es una manera fantástica de concebir la realidad tan complicada y sutil que nos rodea.

Propongo hoy una paradoja. Habrá filósofos en la sala (perdonadme el ejemplo anterior, seguro que gobernaríais de maravilla) y podréis corregirme, pero esta es mi propuesta. Igual, más que una paradoja, es un juego de palabras que encierra, también, una realidad complicada:

Suele ocurrir que cuando buscas tu voz no la encuentras y que la encuentras cuando menos la estás buscando.

(O, por lo menos, cuando no estás buscándola de manera consciente).

Yo también he creído en sentencias absolutas y verdades universales, con el dichoso cazamariposas o como se llame (ya veis, me considero escritora y no sé cómo se llaman las cosas) y me encantaría volver atrás en el tiempo y darme un par de bofetadas (o cachetes en el culo, pero esa es otra historia y por favor no me preguntéis nunca por ella).

Lo primero que me gritaría, creo, es: “¡Deja de jugar tanto al WoW!”.

buscar tu voz¿Quién necesita una vida pudiendo ser un orco gigante con pectorales, pelazo y un gran... hacha?
 

Aunque tampoco me haría mucho caso. Mi orca molaba. Y mi tauren. Y mi no muerta. A lo mejor mi yo pasado haría más caso a mi yo futuro si me hablara de la música.

¿Qué tiene que ver la música con la voz del escritor?

Desde que recuerdo, para mí la escritura ha sido algo musical. Siempre me ha interesado más la forma de contar las cosas que lo que se cuenta (aunque esto es muy importante, claro). A veces leía textos que sonaban como música en mi cabeza y que me producían una especie de relámpago de placer. Y siempre he buscado reproducir esa música en lo que hago. Supongo que por eso empecé con la poesía, por su carácter rítmico y melódico.

Esa es mi experiencia, para vosotros la plasmación de la experiencia artística será otra.

No me extraña que se idealice tanto la noción de la voz. Porque hay algo mágico, místico y sobrenatural en el momento en que todo se coloca en su sitio, el cerebro se reajusta y hace un chasquido peculiar y de repente todo se coordina con la música. Pero por una vez es tu música, de nadie más.

Y es ahí donde creo que está el error: esa voz no es solo tuya, es la de todo el mundo. Proviene de todo lo que has bebido, leído, consumido, escuchado, solo que ahora de repente funciona, significa algo. Estás subido/a a hombros de gigantes y de repente tu culo está cómodo, se ha hecho hueco y las vistas son… wow (no confundir con WoW, que me engancho de nuevo), las vistas son brutales.

Una compañera del grupo de asesoría me comentaba hace poco que tenía el problema de que cuando leía, la forma de escribir del autor al que leía se le metía en su propia escritura. Yo creo que eso no es malo. De forma consciente o inconsciente, imitamos a otros mil veces antes de tener el bagaje suficiente de voces, estilos y experiencias como para que de ello salga algo conjunto, propio, que pueda identificarse como nuestro.

Cuando eso por fin sucede, sí, es mágico.

Pero no porque te inspiren las musas ni porque te hayas drogado ni rezado muy fuerte a ese universo conspirador, sino porque has escrito tanto y leído tanto que has encontrado una manera de expresarte tú, sin censura ni bloqueos. Has compuesto por fin esa canción que lleva siglos sonando en tu cabeza.

Deja de buscar tu voz y deja de preocuparte por ella. Vendrá, cuando tus horas infinitas de lectura y escritura cristalicen en algo que alguien lea y diga: “Esto lo ha escrito Juancho Pérez, ese de los libros de vampirismo romántico-gore. Es imposible que lo haya escrito otra persona”.

Maneras indirectas de acelerar tu encontronazo mágico con esa voz de la que tanto hablan

Todo esto no quita que haya algunos métodos para que tu escritura cada vez esté más definida.

Aviso: Ninguno es sencillo ni puede realizarse en cinco minutos. Si buscáis soluciones fáciles, tenéis mi permiso expreso para salir de esta página:

buscar tu vozTodos los teclados deberían venir con este botón incorporado.

Sí, la red está llena de trucos y hacks que os darán todo lo que deseáis y más (¿qué estamos haciendo que no somos todos ya millonarios ociosos, viviendo en las Seychelles?). Seguro que habéis oído hablar de otra web bastante más interesante y popular que la mía. Os dejo ahí el enlace, por si acaso:

www.google.com

Para los que tengáis ganas de trabajar, ya sabéis cómo se resume esto: en leer y escribir mucho. Pero no de cualquier manera.

1. Asegúrate de que tus lecturas son variadas y de diferentes sectores

¿Qué voz propia vas a desarrollar si solo lees novelas de Agatha Christie? Tu voz será la de Agatha Christie, y bastante escribió ya la mujer para que vengas con tu remake (más políticamente correcto, eso sí) de Diez negritos. Cuantas más cosas diferentes leas, más variada será tu influencia, más las voces que te marquen y más compleja tu propia expresión.

 2. Aprende a hacer lo básico antes de ser megaoriginal

Creo que todos escribimos nuestras primeras novelas queriendo hacer algo diferente y revolucionario, original. Y lo gracioso es que no sabemos ni contar una historia facilona, ¿cómo vamos a contar una difícil? Antes de escribir una pentalogía de novelas río, aprende a escribir un relato. Antes de saltarnos reglas de ortografía y gramática, aprendamos cómo funcionan.

3. Dale al blogging

Sé que quita mucho tiempo y puede ser muy frustrante si no tienes interacción ni seguidores, pero creo que es una de las mejores prácticas que existe para un autor, escriba lo que escriba. Un blog que funciona tiene que saber cómo enganchar a su público (igual que una historia de ficción), y la escritura continua de artículos acaba por darte una perspectiva muy especial sobre cómo manejar el ritmo dentro de diferentes formatos. Creo que mis grandes momentos de “clic”, de descubrimiento y encaje en mi escritura de ficción, han sido cuando más activa estaba con el blog.

Algunos escritores hacen lo mismo con Wattpad: utilizan una creación persistente con retroalimentación constante para reconocerse, para definirse. Tengo sentimientos encontrados con Wattpad (no me gusta enseñar algo que no esté por lo menos un poquito pulido, y el feedback de plataformas de ese tipo no es siempre útil), pero imagino que sus efectos a largo plazo, si se combina con otro tipo de escritura, podrían ser útiles. Me encantaría saber vuestra opinión respecto a esto.

4. Escribe con otra persona

Para encontrarse a uno mismo a veces hay que perderse. Y nada hay como escribir a cuatro manos para aprender a limar un estilo, a destruir el ego en busca de un estilo uniforme. En el fondo, estás buscando otra voz: una voz conjunta, pero esta te ayuda a eliminar asperezas y a reconocer con más claridad tu propia melodía. Desde que escribo con José Antonio noto que mis textos en solitario tienen mucha más personalidad, como si quisiera resarcirme, liberada.

Para mí, estas cuatro cosas me han traído la voz envuelta en papel de celofán y con un lazo, aunque sé que cambiará, que evolucionará (eso es algo que tampoco te cuentan: que la voz no es estática. Si lo es, hay peligro de estancamiento). Mis lectores dicen que me oyen, que reconocen un texto como mío, y sé que por mucho que yo aprenda y cambie (que me queda mucho mucho por aprender), seguirán haciéndolo.

O tal vez me engañan, y eso no sea más que un sueño, una quimera, otro aforismo reversible de enfermedad ingeniosa e ingenio enfermo.

 


*(Porque Eco era brillante pero también tenía se ponía un poco chulito a veces).

**La imagen del orco es fanart de Lucas Salcedo. CC BY-SA 3.0, via Wikimedia Commons.


¡EXTRA! Puedes elegir cómo sigue este artículo. ¡Así es, puedes elegir tu próxima aventura!

  1. Si a ti lo que realmente te preocupa no es la escritura, sino la corrección, ve a la página 42, que te dará la respuesta para todo.
  2. Si lo que quieres es dejarte de preocupaciones de autor y divertirte con una aventura posapocalípica monstruosa, ve a la página 5.
  3. Si eres un lector muy fantástico y buscas fantasiosamente un libro de fantasía fantástica a un precio mínimo, elige mi Lectores aéreos en la página 83.
  4. Si tienes un retoño de más de 10 años (o tú tienes alma de retoño de más de 10 años) al que le gusten los chistes malos, los dragones y las cucarachas gigantes, ve a la página 33.
  5. Si con el blog no tienes bastante y quieres más (como, por ejemplo, artículos que en esta web no salen), ve a la página 7 o a la 28.
  6. Hagas lo que hagas, jamás vayas a la página 100.

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¿Quieres triunfar como escritor? Busca 100 rechazos

noviembre 4, 2016 — by Gabriella31

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Conozco pocas profesiones que debiliten tanto el ego como esta de escribir.

¿Te imaginas que estuvieras sacando sangre a un paciente y ocho personas entrasen en la sala, enfurecidas, a exigirte que les devuelvas su sangre porque “tu aguja es demasiado larga”, “no me convence el color de tu bata” o “yo creía que esto era una hamburguesería”? ¿Y si le dieras un formulario a un cliente para que lo rellenara y te dijera que, por desgracia, no puede, porque “su boli no está aceptando ese tipo de formularios en ese momento”? ¿O porque “es un formulario con mucho potencial, pero ¿qué te parece si el boli lo pagamos a medias?“.

rechazoEh, tú, sí, tú, el bombero. Ese apagón de fuego nos ha enganchado mucho menos que el que hiciste la semana pasada. 
Deja de lloriquear y a ver si espabilas, que estás tomándonos el pelo a tus rescatados.

No sé si es porque nos educan para ser más o menos competitivos, o porque en algún lugar comenzaron a vender la noción de que las cosas fantásticas se consiguen de golpe, de la noche a la mañana, pero tenemos muy asumido que somos estrellitas especiales y brillantes del firmamento y que todo lo que hacemos es diferente, único, con piruletas de purpurina. Que nuestros textos han llegado para cambiar el mundo literario, forever.

Y sin embargo hay todo un universo ahí fuera que se empeña en decirnos lo contrario.

100 rechazosNo me cansaré nunca de citar a Coelho.

Escribir, sobre todo cuando tiras por la vía de la publicación tradicional, es como estar en el paro siempre. Siempre estás buscando un trabajo: vas de entrevista en entrevista. Y, si tienes suerte, alguno de tus entrevistadores se dignará a contestarte en menos de un año y, con más suerte aún, te dirá por qué no conseguiste el trabajo.

Y llega el momento en que no lo aguantas más y dejas de ir a entrevistas.

Con la vía de la autoedición por lo menos te evitas a esos gatekeepers, esos guardianes de las puertas del maravilloso planeta de felicidad y prestigio que dicen que es publicar. Puede que te canses de las entrevistas de trabajo y te lo montes de tal modo que sean otros los que vengan a ofrecerte trabajo a ti. Aun así, no te libras de reseñas ni de opiniones sobre tu obra. De hecho, si no tienes reseñas ni opiniones sobre tu obra, es que estás haciendo algo mal. Todos sabemos que lo único peor que una mala reseña es ninguna reseña.

100 rechazosO el fin del mundo. El fin del mundo es peor que una mala reseña. Por poco, pero lo es.

Todo esto es terrible, te vapulea. ¿Otra negativa editorial? ¿Otra opinión que te destroza? ¿Otro concurso del que no fuiste ni finalista? ¿Un libro tuyo que han comprado exactamente tres personas (y dos eran de tu familia)?

No, no, no. Siempre te dicen que no. Cuán horribilis.

En esos momentos, piensas que eres un pobre incomprendido o, peor, un inútil.

¿Y si te dijera que, en realidad, es lo mejor que te puede pasar?

Sobre el rechazo útil

En su libro The Successful Author Mindset, Joanna Penn habla de tres tipos de rechazo útil:

  1. El rechazo de un editor o agente. Esto te hará plantearte si estás mandando tu texto a los sitios adecuados, te hará afinar tu puntería. Para algunos, el continuo rechazo editorial puede llevar a la autoedición y a convertirse en escritor emprendedor. Lo cual es muy duro, pero también es fantástico y tiene tropecientas ventajas. No te cierres a un tipo concreto de publicación: en estos momentos creo que lo mejor que puede hacer un escritor es ser híbrido (mezclar autoedición con edición tradicional), y quedarse con las opciones que más interesan en cada momento.
  2. La crítica constructiva de un profesional. Muchas veces no recurrimos a lectores profesionales, editores y correctores por miedo a qué dirán de nuestro libro. Y es que hay que cambiar la perspectiva: les pagas precisamente para que te digan qué puedes mejorar en tu libro. Contar con un buen profesional siempre es una experiencia acelerada de aprendizaje.
  3. Las reseñas de una o dos estrellas en Amazon. Y quien dice Amazon dice Goodreads o cualquier otra plataforma de valoración. Pero en Amazon sobre todo puedes ver si estás enfocando tu libro al público que necesitas y lo estás promocionando de forma correcta (muchas veces las valoraciones muy negativas provienen de expectativas frustradas: ¡imagínate que un lector de terror duro leyera tu libro de romántica! ¿Cuál sería su reacción?). Por otro lado, por mucho que duelan, esas reseñas tan negativas también pueden tener contenido útil.

(Aunque, reconozcámoslo, las reseñas de una estrella nos suelen dejar más perplejos que otra cosa, porque tienden a ser reacciones viscerales. Admito que me cuesta dar con reseñas de una estrella que me indiquen algo de utilidad real sobre un libro, mío o ajeno. A no ser que todas tus reseñas sean negativas porque tu libro tenga fallos realmente garrafales, yo prestaría atención sobre todo a las de tres: al “está bien, pero…”).

Si hacemos caso a la Penn, que sabe mucho de todo esto, asumimos que no todo rechazo es malvado.

¿Pero y si vamos más allá? ¿Y si no nos limitamos a aceptar el rechazo? ¿Y si lo buscamos con todas nuestras fuerzas?

La búsqueda activa del rechazo

Hace poco leí la anécdota de Kim Liao, una autora que un día decidió buscar activamente el rechazo. Ahora, Kim se presenta a todos los concursos que puede, a todas las convocatorias, envía su currículo y manuscritos a todas partes en busca de premios, publicaciones y becas (sí, en Estados Unidos tienen ayudas muy curiosas para escritores). ¿Por qué lo hace? ¿Por qué exponerse a una humillación y decepción constante? Esta es su razón:

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A finales de 2011, una amiga escritora me estaba contando su experiencia de meses de tiempo ininterrumpido para escribir, gracias a sus becas en Millay Colony, Ragdale y Yaddo. Me impresionó el nivel tan alto de aceptación que había tenido. Probablemente tengas tú también alguna amistad así (ya sabes de lo que hablo, ese amigo que es un escritor fantástico, pero que además parece ganarlo todo). Apenas podía creerme que tuviera narices de presentarse a tantas becas y patrocinios (y mucho menos, conseguirlos), incluyendo una beca universitaria de prestigio, y a publicaciones en revistas de las que hasta había oído hablar.

Le pregunté cuál era su secreto y dijo algo que cambiaría mi vida como escritora: “Colecciona rechazos. Ponte metas de rechazo. Conozco a alguien que aspira a conseguir cien rechazos en un año, porque si trabajas lo suficiente como para conseguir tantos rechazos, también te llevarás algún sí”.

Kim le hizo caso a su amiga:

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El año pasado, fui rechazada 43 veces por revistas literarias, patrocinios y becas. Es mi mejor récord después de empezar a buscar cien rechazos al año. Es más duro de lo que suena, pero también más gratificante.

¡Esos son muchos rechazos, qué dolor! Pero de algo le ha debido de servir. Para empezar, publica su artículo en LitHub, una de las webs literarias más conocidas de EEUU. Hizo contactos incontables y recibió cartas de rechazo amables y con contenido útil, incluso con sugerencias de otras publicaciones donde su texto podría encajar mejor (¡y encajó!). Los editores comenzaron a reconocer su nombre, y los rechazos comenzaron a acompañarse de invitaciones a enviar más textos.

El año pasado, Kim fue rechazada 43 veces por revistas literarias, patrocinios y becas. Pero fue aceptada por cinco personas: de ahí obtuvo una beca, una serie de lecturas y tres publicaciones en sitios de prestigio. Que jamás habría conseguido de no haber buscado activamente la negativa.

Cuando el porcentaje de aceptación depende del volumen de tu rechazo, tal vez va siendo hora de dejar de huir. De mandar más, de buscar activamente el no (dando nuestro mejor esfuerzo, claro), de empapelar nuestras paredes, como decía Bradbury, de cartas que atacan a nuestro ego.

Ya sabéis que hace algún tiempo dediqué un año de mi vida a presentar un relato al mes a algún concurso. No gané ninguno, pero acabé con un montón de relatos entre los que elegir. Entre el primero y el último, como os podéis imaginar, hay una gran diferencia. Algo similar ha ocurrido con todos mis libros. Y con todas las publicaciones de blog que nadie leía. Al final, si practicas y aprendes lo suficiente, te leerán.

Para cuando la habitación entera esté empapelada de rechazo, tú y yo seremos verdaderos escritores.


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*La foto utilizada para mi imagen de Paulo Coelho es de Paul Macleod – http://www.mynewsdesk.com/no/bazar-forlag/images/paulo-coelho-210626, CC BY 3.0, Link


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¿Qué aporta tu libro al mundo?

noviembre 2, 2016 — by Gabriella9

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Hablamos siempre del enfrentamiento entre sistema y arte; del encontronazo entre verdad, belleza y dinero. Y cuando mencionamos la palabra valor, parece que es que si nuestra obra no revoluciona el mundo literario, trayendo un apocalipsis de renovación y destrucción de todo lo que conocíamos hasta ahora, no tiene derecho a existir en las estanterías.

Últimamente reflexiono mucho sobre eso, porque resulta que hay muchos libros que para mí no funcionan, que sin embargo son objetos mágicos de deseo para muchísimas personas.

¿Tengo yo más razón que el resto? Desde un punto puramente técnico, es posible que pueda tener algo más de razón que alguien que no haya dedicado tantas horas de su vida a estudiar y analizar textos literarios (y tampoco tengo absoluta seguridad sobre eso). ¿Pero es eso realmente importante si una obra proporciona un valor positivo e innegable a tantas personas? Puede que reduzca la media de calidad de libros que se publican y eso sí es digno de tener en cuenta. Pero ¿tenemos realmente derecho a decirle a alguien: “ese valor no es real”?

Sospechamos algunos que nada es tan sencillo, que no hay que hacerle mucho caso a los defensores del blanco y del negro. Los libros, creo, entran en los grises. Pero incluso dentro de esos grises, un libro sí debe aportar algo para llegar a ser leído, aunque sea por la razón más frívola y banal (como los programas de televisión que se traga mi madre porque se aburre por las tardes).

El valor es algo sutil. Según Seth Godin, surge en esta escala. Como veis, en la venta de productos, todo sigue la siguiente dinámica: función-conexión-estilo-ahora:

aporta tu libro

 

Godin pone algunos ejemplos, pero yo voy a aplicar esta escala a preguntas sobre nuestra obra. ¿Somos capaces de contestar a ellas?

  • ¿Cuál es la función de tu libro? ¿Para qué sirve? (¿Y sirve para algo que no sea inflar tu propio ego?).
  • ¿Cómo conecta tu libro con la gente? ¿Lo asocian contigo? ¿Se crea complicidad con otros lectores? (Reconozco que esta es mi parte favorita).
  • ¿Es tu libro un objeto de estilo, un diseño deseado? ¿Es algo hermoso, que otros quieren adquirir porque los hace sentirse más inteligentes, con mejor gusto, más interesantes?
  • ¿Tiene inmediatez tu obra, urgencia? Es decir, ¿hay alguna oferta o situación que haga que tus compradores lo deseen ahora mismo, en este instante, antes de que sea tarde?

Godin dice que tenemos que cumplir una o varias de esas condiciones para que nuestra obra funcione, para que sea leída.

Hasta que llegue, claro, alguien que cambie lo más básico: la propia función. Que llegue alguien que redefina cómo funciona un libro (como hizo el eBook en su momento). Como hacen aquellos que redefinen los géneros y las modas. Esos trendsetters o bellwethers (si no habéis leído Oveja mansa, de Connie Willis, hacedlo), que se desvían en el punto justo del camino para que todos los antecedentes se pongan en marcha y todos tiremos en una dirección diferente.

No todos seremos ese alguien revolucionario (aunque sí podemos ser antecedentes, influencias, partícipes en la revolución).

Pero si partimos de lo más importante, la función de nuestra obra (aunque esta solo sea divertir, agradar, proporcionar ocio) y desarrollamos la jerarquía de valor, ofreciendo conexión para con los demás (y entre ellos mismos) y estilazo del bueno, si aumentamos el deseo hacia nuestro libro ofreciéndole una sensación de urgencia (una oferta especial que caduca, una edición limitada, una serie firmada…) llegaremos a vender un objeto mágico.

¿Vuestro libro es, también, un objeto de valor?

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7 maneras menos conocidas de promocionar tu contenido

octubre 31, 2016 — by Gabriella9

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Hace años yo pensaba que la escritura de verdad era una cosa y la creación de contenidos era otra. Que había un Parnaso especial donde iban a inspirarse los bendecidos por los dioses del talento y buen gusto, y un lago Estigia donde se ahogaban los productores de información, esas subentidades que no sabrían lo que es una metáfora aunque viniera a mearles en la cara.

(Aunque, pensándolo bien, no importa mucho que te meen en la cara si ya te estás ahogando en un lago donde va a morir la gente).

El tiempo te hace sabio, o por lo menos más humilde y menos idiota, si le pones ganas. Me di cuenta de que todo es contenido, al fin y al cabo. Escritura, datos, información. Algunas personas se leen el Marca o la Cuore con el mismo ansia arrebatada con la que otros (muchos menos) analizan a Joyce.

Y luego llegó la estrategia de contenidos y ya se me terminaron de cruzar los cables.

¿Qué es la estrategia de contenidos?“, me preguntas, mientras clavas en mi pupila tu pupila azul y yo me quejo amargamente, porque siempre duele que te claven algo y tú tienes unas pupilas de lo más afiladas. Para empezar, es una manera de que un escritor se dé a conocer utilizando información de interés en una web, blog o conjunción astral de redes sociales mágicas.

Aunque son las empresas y los blogueros de nicho quienes supieron sacarle más provecho a esta estrategia, a los escritores también puede funcionarnos. Parte de la base de que no hemos venido a hablar solo de nuestro libro, sino a ofrecer algo lo bastante atractivo como para que nuestros lectores también se interesen por nuestras obras.

Como cualquier estrategia, la de contenidos está saturada. ¿Cómo hacemos para que nuestras propias publicaciones, observaciones ingeniosas y creaciones magistrales lleguen al humilde vulgo?

Creo que hay unas 10000 técnicas, y Google estará más que dispuesta a enseñártelas. Las más comunes (y productivas) residen en las redes sociales, en el guestposting (publicar para otras entidades con mayor público que tú) y el SEO (optimización de motores de búsqueda). Y los tres caminos llevan tiempo, camino y esfuerzo. Por suerte, hay algunos senderitos secundarios, con resultados menos notables pero productivos a largo plazo, a los que también podemos recurrir.

Core DNA y otras tácticas para promocionar tus contenidos

Estas en concreto son algunas de las más recomendadas por la web Coredna, pero las puedes encontrar en muchos sitios. Casi todos en inglés, que es la razón por la que vengo aquí a compartir y explicar (o por lo menos intentarlo):

Listas de enlaces

¿Quieres conseguir enlaces hacia tu web (los famosos backlinks) y que te encuentre más gente? Aquí el arte está en tu relación amorosa con Google y similares. Sí, se trata de realizar una buena búsqueda. Se trata de encontrar blogs o páginas web que compartan de manera periódica recomendaciones de enlaces. Pueden ser sitios como la lista de correo de Ana González Duque, la Escribiduría de Iván lasso o cualquier página de Facebook con  estrategia de contenidos, como la de Mariana Eguaras o Corrección Textos Español. Busca en Google los temás que tú tratas y mira qué páginas comparten enlaces similares al contenido que tú creas.

Cuidado con el método de contacto. No se trata de ponerse pesado, solo de enviar emails cortos y cordiales sugiriendo un artículo en particular de tu blog o web. Es muy importante no hacer spam ni mandar emails a destajo a una lista larga de objetivos, sino crear un correo breve y personalizado para cada persona (os recuerdo que detrás de las webs hay personas, no robots ni androides enviados desde el pasado para intentar evitar el terrible fin de la humanidad. Casi siempre). Asegúrate además de que compartes público objetivo con tu destinatario y de que tu material encaje en su web o lista. Yo suelo compartir enlaces que me mandan si considero que el contenido es muy bueno y que encajan con mi contenido programado y con los intereses de mis seguidores, pero no me mandes vídeo, por ejemplo. Si sigues mis redes sabrás que no suelo publicar vídeos ajenos, por la sencilla razón de que tendría que verlos enteros para saber si funcionarían en mi estrategia de contenidos (los textos puedo ojearlos mucho más deprisa).

Del mismo modo, si haces una búsqueda de palabras como “recursos para escritores”, “blogs para escritores” o “ciencia ficción para amantes del esquí” puedes encontrar webs que ofrecen secciones de recursos (que son, al fin y al cabo, más listas de enlaces). Este es otro sitio donde podría encajar tu web o blog, un sitio donde podrías colocar un enlace más.

Quora

Quora ya está disponible en nuestro idioma, para horrible desgracia mía, y si llega a crecer como ha hecho en EEUU, los primeros que lleguen jugarán con ventaja para posicionarse como expertos en su sector. Permitidme aquí que no siga mi propio consejo, aunque reconozco sus posibilidades, ya que bastante tiempo pierdo ya leyendo la versión anglosajona. Quora es altamente adictiva y requiere de un temperamento poco dado a entrar en debate y pedanterías. Esta es la misma razón por la que no suelo entrar en foros, aunque me consta que a algunos escritores les funciona muy bien.

Otras comunidades

Y ya que mencionamos los foros, sí, pueden servir, sobre todo si en vez de colocar un enlace a tu libro en Amazon y largarte te quedas y ayudas a la comunidad. Lo importante, ante todo, es que ayudes a los tuyos. Para esto también están las comunidades de Google, los grupos de LinkedIn y los de Facebook. También puedes hacer búsquedas en Twitter e intentar contestar a preguntas que surjan (y participar en diálogos de interés).

Y no, pasarte por mi página de Facebook a hablar de tu libro y ya está ni sirve de nada (ni me hace ninguna gracia). En Gabriella Literaria a veces hablo de mis libros porque, diantres, para eso es mi página y porque me he currado ese derecho a base de compartir contenidos cuidadosamente seleccionados escritos por otras personas, con mis seguidores en mente. ¿Qué has hecho tú por mí y por mis seguidores para colarte en mi espacio virtual, dejar un copypaste con una sinopsis mal redactada de tu novela y largarte?

Pues eso.

Alertas Google

Cuando publiques en tu web o blog, crea alertas para frases y palabras clave relacionadas con tu texto. Te ayudarán a encontrar otras publicaciones en las que podrás comentar e incluso ofrecer un enlace a tu aportación. (Pero por favor no comentes con exactamente lo mismo en todos los sitios que visites. No sabéis lo triste que es sentirme especial con vuestros cumplidos y aportaciones hasta ver, con el corazón partido, que le decís lo mismo a todas las demás chic… digo, a todos los demás blogueros).

Enlaza y avisa

Si enlazas a otros escritores y/o blogueros,  no te olvide de mandarles un mensaje o mención para que puedan verlo y compartirlo si les interesa. Muchas veces veo que me han mencionado o enlazado a través de las estadísticas de WordPress, pero no las miro a diario. Generalmente me entero porque alguien me avisa de ello por email. Y si el contenido es bueno y de interés para mis lectores, probablemente lo comparta.

Os recuerdo que dentro de la expresión “si el contenido es bueno” incluyo el concepto “si no contiene muchas faltas de ortografía”. Todos metemos la pata, pero no sabéis la cantidad de artículos con contenido interesante que no he compartido porque su autor jamás había tenido una incursión privada e íntima en el maravilloso y sensual mundo de las comas.

También tiendo a incluir otros conceptos como “original”, “diferente” y “sin fondos negros ni cursores de purpurina”.

Recicla

Una buena manera de promocionar tu contenido es reciclarlo. No nos llenes las redes de repetición tras repetición del último artículo que has sacado. Entendemos que quieres llegar a todos tus seguidores, pero a los que ya has llegado puede resultarles pesado. Comparte contenido antiguo, pero recíclalo mediante recortes, extractos e imágenes distintas.

También puedes probar a cambiar el formato. Por ejemplo, coger una publicación de texto y rehacerla en vídeo o podcast ayuda a abrir ese mismo contenido a otro tipo de público.

Comenta

Pero no de cualquier modo. Busca webs con movimiento y visibilidad, visita con cierta frecuencia y aporta algo, no te limites al “¡este artículo está muy bien, visita mi blog!”.

Los comentarios a un artículo no tienen por qué limitarse a las webs en sí. También puedes escribir emails sobre ellos a sus autores. Pero recuerda que la intención aquí no es crear un largo debate ni escribir un correo kilométrico (cuanto más grande sea la web o blog a la que te diriges, menos tiempo libre tendrá su autor), sino expresar tu aprecio. Puede sonar a peloteo, pero personalmente no lo veo así. Si alguien realiza un buen trabajo y me ofrece información o contenidos que me encantan, creo que tiene todo el derecho del mundo a saberlo. Además, es una forma de hacer networking del sano, porque lo natural es que acabes colaborando o estrechando lazos con personas cuyo trabajo disfrutas y admiras.

Hay muchas otras formas de hacer promoción mediante el marketing de contenidos, pero me pareció interesante señalar estos siete, ya que a menudo no se tienen en cuenta. También sé que no todo escritor utiliza este tipo de estrategia para promocionarse, pero suelo recomendarla porque en mi experiencia es, a largo plazo, la más efectiva. Así que si andabais buscando inspiración para encontrar nuevos modos de relacionaros con otros escritores y lectores, espero que os haya sido de ayuda.

Termino hoy anunciando (porque seguro que no os habéis dado cuenta) que es Halloween, víspera de Todos los Santos, Samhain, noche de brujas, etc., etc., etc. Yo aproveché ayer para brindar en mi aquelarre mensual con las brujas de siempre. El siguiente encuentro será a finales de noviembre, para celebrar que he sobrevivido al mes. Si sobrevivo.

Este fue el altar del sacrificio. ¿Sangriento, verdad? Y ahí todavía no habíamos empezado con las mimosas:

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Que me gusta cruzar Sexo en Nueva York con La matanza de Texas. Que me gusta a mí la modernización de las celebraciones más antiguas y terribles, y la creación de nuevas tradiciones.

 


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¿Cómo de importante es tu diseño?

octubre 28, 2016 — by Gabriella15

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Los que seáis amantes del té como yo tal vez hayáis visto cierta gama de infusiones que parece inundar cualquier bar o restaurante que se considere medianamente digno.

Los que seáis amantes del té como yo habréis apreciado sus tazas elegantes con plato a juego, la presentación de su producto a granel en colador y la práctica tapa que sirve para evitar derrames y otros accidentes propios de gente torpe como servidora.

Por supuesto, su carta está llena de nombres que te hacen dudar de si te están vendiendo infusiones o experiencias sensoriales extremas y posiblemente ilegales.