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Soy muy mayor para empezar a escribir

Mayo 3, 2016 — by Gabriella56

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“Soy muy mayor para empezar a escribir”.

Yo lo pensé cuando cumplí los treinta. Eh, con treinta años se supone que ya tendrías que tener tu vida algo encaminada, ¿no? Yo me dedicaba a otras cosas (ninguna de las cuales, por cierto, me gustaba especialmente). Sabía que era imposible ganarse la vida escribiendo. Tendría que haber empezado mucho antes.

“Soy muy mayor para empezar a escribir”.

Se lo oí decir hace poco a una chica de 24 años. Supongo que es que si no eres joven, muy joven, un prodigio de 12 años, a nadie le interesa lo que tienes que enseñar.

Nos rendimos antes de empezar, creo. Subestimamos el poder de la acumulación, de la repetición, de la resistencia. De la experiencia

Después de todo, ya llevamos años de vida encima. ¿Será tarde para convertirnos en buenos artistas?

Carmen Herrera tiene 100 años. Sigue pintando. Ha sido en los últimos 12 años cuando ha sido (re)conocida, aunque lleva pintando 81. Necesita un poco de ayuda para los brochazos grandes y para mover sus lienzos enormes. Para ello tiene a su asistente, Manuel Belduma, al que contrató por su ausencia de conocimientos artísticos. Así, sigue con exactitud las instrucciones de Herrera, sin modificaciones ni molestas sugerencias.

mayor para escribir(Póster del documental de Alison Klayman sobre la pintora cubana)

Lleva desarrollando un estilo consistente, reconocible, toda su vida. Lo suyo no ha sido una maratón, ha sido un doble Iron Man cruzado con ocho triatlones y una semana de crossfit con Kaito de Bola de dragón. Lo suyo es expresionismo geométrico, abstracto, a dos colores. Su obra se ha simplificado, como si con el paso del tiempo hubiese ido eliminando todo lo superfluo, hasta quedarse con lo esencial.

Una vez terminado un cuadro, Belduma lo cuelga en la pared y Herrera lo contempla largo rato, a veces durante días. Si no le convence y considera que no tiene arreglo, toca empezar de nuevo. Como todas las novelas, cuentos y poemas que no salen bien.

Vivió en París durante la Segunda Guerra Mundial. Cuando no había lienzos, pintaba sobre arpillera.

“Cuando no tienes gran cosa —dice Herrera—, cualquier cosa sirve”,

Para pintar durante 81 años solo hace falta empezar y ver hasta dónde llegas.

¿Eres muy mayor para crear?


 

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Cómo planificar tu libro usando el “braindumping” (y otros recortes literarios)

Septiembre 18, 2015 — by Gabriella20

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Lo sé, lo sé. Hoy llego tarde. Es lo que tiene vivir en el risco octavo del monte Parnaso y que la electricidad y la luz vayan y vengan como quieran.

Hoy vengo a hablaros del braindumping, del mindmapping y de más cosas en idioma bárbaro que me tendréis que perdonar porque no se me ocurre ahora mismo cómo traducirlas con una mínima elegancia. “Descarga cerebral” y “mapeo mental” no suenan igual de sexis, sorry.

Hemos estado hablando de libros muy útiles estos días. Os traigo otro título con miga: el Book Launch de Chandler Bolt.

En primer lugar, si crees en la dedicación completa al Arte (con mayúscula), en emplear toda tu vida a escribir una gran obra maestra y en que el sucio dinero nunca debe mezclarse con la sagrada experiencia de crear, probablemente esta obra no sea para ti. Sin duda es una obra muy enfocada a la comercialización de un libro, sobre todo a la de un libro de no ficción.

Pero no temáis, muchos de los consejos y guías que se dan aquí sí que pueden aplicarse sin problema a los libros de ficción. Uno de los capítulos que me resultó más interesante fue aquel en el que Bolt explicaba un método destinado a realizar la planificación de un libro desde cero, de la manera más útil y productiva posible. Es un método que será difícil de aplicar a textos con estructuras más experimentales, pero si tu novela es del tipo clásico, con una estructura normal de capítulos y exposición-nudo-desarrollo, este método podría serte de gran ayuda.

Vamos allá. Detenedme si voy demasiado deprisa y paradme si veis que me paso de las 3000 palabras, que vamos con retraso y no tenemos todo el día.

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Los 10 temas de los que nunca hablamos los escritores

Febrero 18, 2015 — by Gabriella40

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¿Qué es aquello de lo que nunca hablas?

¿Qué es lo que nunca comentas, lo que es tabú, secreto?

¿Qué es aquello que se considera de mal gusto mencionar en tu entorno?

Como en cualquier arte, oficio o profesión, los escritores tenemos temas que, sin ser prohibidos, simplemente no surgen al hablar en público. No hablamos de ellos con nuestros lectores, no hablamos de ellos en nuestros blogs, ni en las presentaciones de nuestros libros. Son temas que solo tratamos con nuestros colegas de sufrimiento, con nuestra familia y amigos más cercanos, o tal vez ni con ellos, tal vez ni con nosotros mismos.

En este artículo voy a intentar desvelar, de una vez por todas, algunos de estos grandes secretos.

Que tal vez no sean tan secretos.

Pero de los que no solemos hablar. Por lo menos no con vosotros.

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10 cosas que nunca debemos hacer los escritores

Febrero 4, 2015 — by Gabriella17

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Ah, la dura vida del artista. La dura vida del escritor. Nos gusta lamentarnos, es cierto. Pero puede ser divertido.

Hace poco encontré, a través del tumblr de Austin Kleon, un texto de la artista Keri Smith llamado How to Feel Miserable as an Artist. Aunque la traducción sería algo así como Cómo deprimirse si eres artista, la propia Keri explica que más bien es lo que no deberíamos hacer bajo ningún concepto. Aunque ella habla de los artistas en general, yo creo que se aplica muy bien a la escritura en particular. Le pedí permiso para traducirlo y me lo concedió. Así que si os veis reflejados en alguno de estos puntos, ya sabéis: subrayadlos con tinta roja (no en la pantalla, claro, a ver si luego no lo vais a poder limpiar) y dejad de hacerlo, ya, de inmediato.

Ahí van las diez maneras de sentirse fatal como escritor, o las diez cosas que nunca deberíamos hacer (los mandamientos son de Keri, todos los comentarios son míos):

cosas que nunca debemos hacer los escritores

Las 10 cosas que no debes hacer

si quieres ser un escritor feliz:

(o por lo menos no demasiado triste)

1. Compararte constantemente con otros

Aunque compararse es bueno, hasta cierto punto (¿si no nos comparamos con los grandes, cómo aprenderemos?), comparar nuestro éxito o fracaso con el éxito o fracaso de otros no solo es injusto, sino que no tiene sentido. No estamos todos en la misma regla de medidas, ni tenemos las mismas características. Y, como bien sabemos, los éxitos o fracasos rara vez son como se cuentan en Facebook o en Instagram (ese pastel no está tan rico como parece en la foto; ese perro con pinta adorable realmente es un desastre que no hace más que comerse el sofá; esas vacaciones de aspecto idílico en Hawai fueron el detonante del posterior divorcio).

Recordemos también que esos supuestos éxitos “de la noche a la mañana” rara vez lo son. Los que escriben libros buenos que parecen salir de la nada, sin aparente esfuerzo, tienen horas y días y semanas y años de trabajo y frustración detrás.

2. Hablar con tu familia sobre aquello a lo que te dedicas y esperar que te animen

Hay excepciones, pero en la mayoría de los casos simplemente no va a ocurrir, no. Nuestras familias (en teoría) quieren lo mejor para nosotros. Y lo mejor para nosotros, por lo menos a sus ojos, no es morirnos de hambre mientras los miramos suplicantes y pobres con la forma de las teclas marcada en la frente de tanto pegarnos cabezazos contra el teclado.

Además, los escritores podemos ser muy pesados y aburridos con tanta obsesión y tanta inseguridad. Comprendedlos. Es normal que se aburran y nos manden a paseo.

El camino del escritor es solitario. Asúmelo. Solo te comprenderán otros escritores, pero no te estarán escuchando mientras hablas de tu obra, porque estarán pensando en la suya propia.

3. Basar el éxito de tu carrera en un solo proyecto

Esto podría ser también “basar el fracaso de tu carrera en un solo proyecto”. Si algo sale mal, horriblemente mal, y la gente te tira fruta podrida apenas te asomas a la ventana, qué le vamos a hacer. No eres un fracaso. Tal vez ese libro sí lo sea (o, tiempo al tiempo, ¡reconocerán lo bueno que era cuando hayas muerto!), pero tú no. Ponte ya a escribir otro libro mejor. De la misma manera, porque tengas un libro/relato/poema/ensayo que goce de una gran aceptación, no significa que puedas retirarte a vivir de las regalías, satisfecho de haber alcanzado los laureles del autor vitoreado. Sigue trabajando. Puedes hacerlo mejor.

4. Conformarte con lo que ya sabes

Esto es: no salgas de tu zona de confort, no pruebes nada nuevo, no te esfuerces. ¡Mal! La única forma de progresar es atreviéndote con aquello que desconoces. Muchos profesores de talleres literarios te dirán: “Habla de lo que sabes”. Y no es mal consejo, para empezar. Pero llegará el momento en que, para avanzar, necesitarás salir de tu agujerito y explorar mundo.

Yo lo hago constantemente. Escribo cosas raras, cosas que no me salen, que tengo que forzar. Por poneros un ejemplo: ¡el otro día conseguí escribir una escena de sexo heterosexual!

Bueno, bah. Lo confieso, es mentira. Pero algún día lo conseguiré, os lo prometo.

5. Quitarle importancia a tu experiencia

Si llevas ocho años escribiendo y currándotelo, tío, ¡que llevas ocho años escribiendo y currándotelo! ¡Que has publicado cuatro libros! No te comportes como si solo hubieras publicado un poema en la revista del colegio.

Creo que esto es más fácil de decir que hacer, lo sé. Por un lado, muchos tenemos el síndrome del impostor. Y no están las cosas como para ponerse a exigir lo que realmente merecemos, tal y como está el mercado. Pero creo que este es un consejo que puede aplicarse a muchos ámbitos, no solo al de negociar contratos con editoriales. Dale valor a tu trabajo. Si llevas diez años trabajando, si has progresado, si has avanzado, deja de hacer las cosas gratis, para empezar. Y si las haces gratis, que sea por algo que realmente te ayude a avanzar, o que te produzca felicidad.

Y sí, esto también va por determinados grandes medios con ánimo de lucro (mucho lucro) que utilizan a escritores experimentados y blogueros profesionales para crear sus contenidos sin que estos vean un duro, por aquello de darles una “plataforma” y “exposición”. Exposición es lo que tienes cuando te da el sol durante el día, no cuando consigues un seguidor en Twitter cada tres meses.

A ver si entre todos podemos conseguir que el oficio de escribir (sea en el género y formato que sea) valore un poco más la experiencia, especialización y profesionalización. No digo que cualquiera pueda escribir dos palabras escritas y sentarse a esperar que le paguen, pero sí que se empiece a valorar el trabajo de aquellos que lo merecen. Por lo menos, pidamos. Que nos lo den o no es otra cosa, pero vamos a pedir. A veces te llevas sorpresas agradables.

6. Dejar que el dinero dicte lo que haces

Pues claro que necesitamos dinero para vivir: para comer, pagar un alquiler o una hipoteca, sobrevivir a las ofertas de Steam… todas esas cosas fundamentales para la supervivencia del humano medio. Pero siempre está el peligro de que nuestras ganas de conseguir dinero nos hagan olvidarnos de lo que realmente nos gusta. Sí que es cierto que cierto tipo de novelas de romántica venden mucho mejor que la fantasía oscura, por ejemplo, pero el día en que yo escriba “cada vez que veo su tableta de chocolate me estremezco por dentro”, por favor, venid personalmente a mi casa y dadme una bofetada tan fuerte que se me reordenen las neuronas y se me quite la tontería de golpe.

Y no me entendáis mal: no hay absolutamente NADA de malo en escribir tres páginas hablando de los abdominales de un tipo sudoroso. Es solo que a mí no me dibujaron así. Yo soy más de orgías desenfrenadas entre androides y magos de fuego. Orgías en las que muere gente y su sangre crea un portal mágico a otro mundo, por el que se cuelan monstruos primigenios.

¿Qué?

7. Someterte a la presión social

Lo mismo. ¿Creéis que a la gente le parece bien lo de los androides y los magos de fuego? Pues habrá a quien no le guste, del mismo modo que a mí no me interesa lo de la tableta de chocolate ni las novelas donde se usan tres capítulos para describir con pelos y señales una batalla naval en el siglo XVII. Si intentas complacer a todo el mundo, no conseguirás nada. Peor: conseguirás un texto blandurrio completamente igual que todos los textos blandurrios. Por lo menos Crepúsculo innovó en el terreno de la comedia.

(Creo que con ese último comentario tampoco he complacido a todo el mundo. ¡Eh, solo estoy intentando seguir los consejos de Keri!).

8. Trabajar solo en aquello que le encantará a tu familia

El otro día le pedí a mi padre, que es informático, si podía echarle un ojo a mi nueva novela corta, un texto con aires ciberpunk, para asegurarme de que no había ninguna metedura de pata técnica de las gordas.

Luego me acordé de que el protagonista es un programador de videojuegos pansexual que se pasa media novela fantaseando con las tetas de una chica que ha conocido en un programa virtual.

Igual ya no se lo dejo.

La cosa es que si te limitas a escribir aquello que crees que será aceptable para tus seres queridos, estás dejándote fuera una parte muy importante de ti mismo. Todos tenemos demonios, y la escritura es una forma genial de exorcizarlos. Y no tiene que ser algo tan extremo como la vida sexual de un hombre futurista, simplemente hablar de ciertos temas delicados puede echarnos atrás en muchas instancias. Es difícil, pero a veces hay que hacerlo.

9. Hacer todo lo que pida el cliente

El cliente podría ser aquí el editor, por ejemplo, si escribes narrativa. Claro que hay que hacer caso de los editores, pero no hasta el punto de que destruyan aquello que te es importante. Y si escribes por encargo… bueno, ahí sí tienes que hacer lo que pide el cliente, pero intenta siempre añadirle un toque personal, algo que lo identifique solo como tuyo. Eso es lo que realmente te hará destacar por encima de los demás.

10. Ponerte metas inalcanzables/estresantes que tengas que alcanzar mañana mismo

De esto hemos hablado ya. Las metas buenas son las que se plantean a largo plazo y que se van alcanzando muy poco a poco, haciendo algo pequeño pero seguro todos los días.

Ponerse mil metas a la vez y esperar alcanzarlas ya mismo no solo es poco realista, sino que destruye tu autoestima y la confianza en tu habilidad para alcanzar cualquier objetivo.

Poco a poco, despacito y con buena letra.

Con muy buena letra.


¿Qué opináis vosotros? ¿Qué añadiríais a la lista de Keri? Creo que todo lo que se me ocurre ahora mismo podría encajar dentro de alguno de sus puntos. Tal vez habría que añadir: “rendirse”. Tal vez ese sea el peor error que podemos cometer. Rendirse a veces es necesario, sobre todo si estás viviendo bajo un puente y te han ofrecido un trabajo con un sueldo digno, haciendo algo que no sea nada artístico; pero aun en esas circunstancias puede llegar el ansia de crear, la necesidad de seguir escribiendo de madrugada, antes de entrar a currar, o en el descanso, con el bocadillo en la mano. Pero sigamos un poco más. Intentémoslo otra vez.

Las recompensas están ahí. Son insuficientes, y tardan más que un autobús cuando tienes prisa, pero están ahí. Además, todos los demás se rinden. Al final solo quedas tú.


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¿Dónde y cómo escribimos? 18 autores nos dan su respuesta en imágenes

Diciembre 9, 2014 — by Gabriella16

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Creo que no soy la única a la que le obsesionan los procesos de creación de los demás.

He hablado en alguna ocasión del mío, sobre todo en lo que se refiere a mi afición a dibujar mis textos. Aunque no es naaada productivo, a mí me encanta escribir a mano, y últimamente casi todos mis textos cortos (relatos y poesía) salen de un cuaderno. Algunos autores se lo toman como un reto experimental, como Isaac Belmar, que se pasó un mes escribiendo a mano y contó sus sensaciones y conclusiones al respecto en su blog. Para otros es parte del proceso de construcción: para apuntes, esquemas y escaletas. Otros, sin embargo, son profesionales del Scrivener y de otros programas de escritura especializados.

Así que me puse a preguntar a conocidos, amigos y contactos en las redes sociales acerca de cómo escribimos. Al principio solo había cri-cris de grillos, luego llegaron un par de respuestas de escritores que me ofrecían ayuda, y de repente, todo un aluvión de imágenes y comentarios. Por supuesto, estoy muy agradecida a todos los que se han prestado a participar, que son muchos más de los que me esperaba, y ya veréis qué experiencias tan variadas y dispares. No solo aparecen los formatos de escritura en sí, sino lugares de trabajo que dicen mucho de la personalidad de cada autor.

1. Una de mis favoritas en este sentido es Carlota Echevarría, ya que es arquitecta y siempre me cuenta anécdotas interesantes acerca de cómo aplica parte de su interés por el diseño y lo matemático a sus libros de la serie infantil Princesas al ataque (podéis ver además una entrevista relámpago que le hice aquí, en el blog). Ella dice: “Cuando estoy empezando un libro, hago los esquemas y escribo los argumentos en papel, pero siempre uso el ordenador para redactar (¡a mano no escribo tan deprisa!). Construyo las historias por capas: la primera idea ocupa una línea o dos, luego hago un breve resumen, una línea del tiempo, fichas de personajes, otro resumen, esta vez de varias páginas… y finalmente me lanzo a escribir el primer borrador, al que sé que todavía le daré varias vueltas más”.

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2. También me mandó fotos Iria G. Parente, que se define como “estudiante de Literatura General y Comparada, apasionada del mundo de la edición y juntaletras”, y que es autora junto a Selene M. Pascual de Cuentos de la luna llena. Iria me dice: “Te envío estas tres, que resumen muy bien mi proceso de escritura en general: algo de planificación previa, escritura con una buena taza de té y música al lado, y por último mucha pero mucha corrección”:

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Proceso2

Proceso3

3. Victoria Álvarez, autora de Tu nombre después de la lluvia, comparte mi fijación por los cuadernos PaperBlanks, y cuenta lo siguiente: “(…) Tengo docenas de ellos repartidos por toda la casa y me paso horas mirándolos y ordenándolos. Normalmente, cuando surge la idea de una nueva novela, corro a comprar un cuaderno, que queda inmediatamente asignado a esa historia. Suelo empezar a trabajar en ella apuntando a mano las primeras cosas (datos cronológicos, orden de las subtramas, árboles genealógicos, mapas improvisados), y solo meses más tarde, cuando ya me he hecho con la historia, comienzo a trabajar con el ordenador. En algunos casos estos cuadernos me sirven para varios proyectos a la vez; por ejemplo, el de la Esmeralda de Mucha, en el que apunto todos los nombres curiosos que encuentro para futuros bautismos. Y otras veces, simplemente, ¡no puedo resistirme a comprarlos cuando los veo!”:

Victoria Alvarez

4. Francisco Jota-Pérez, autor de Aceldama, al que también entrevisté aquí en el blog, me dice: “El proceso varía muchísimo dependiendo de la obra, del medio y demás. Para relatos y novelas, por lo general, tomo apuntes a partir de la idea de partida, luego hago esquemas y, a continuación, me arremango a escribir; aunque, en ocasiones, empiezo a redactar ya a partir de los apuntes y voy haciendo los esquemas sobre la marcha, o empiezo con la idea y los apuntes no son necesarios… Como he dicho, depende. Lo que no se ve en las fotos (y quizá debería haber incorporado de algún modo) son el puñado de libretas que llevo siempre encima, para tomar apuntes en cualquier momento (en el metro, en el bar…). En cuanto a la dependencia del medio, cuando estoy guionizando un cómic o un película, en el escritorio tengo siempre o bien una libreta grande para dibujar el storyboard con el esquema de páginas y viñetas, o el iPad para ver videoclips, escenas de otros films y etcétera para obligarme a pensar en secuencias y cortes de imagen, y buscar ideas sobre transiciones y escenas. Otra cosa bastante importante en mi escritorio, sobre todo durante la redacción de mis últimas dos novelas, es la bola de cristal de roca que tengo ahí siempre, y que uso durante los “descansos” en el proceso de redacción como elemento de alteración sensorial leve, para meterme en el subconsciente y “desatascar” ideas o momentos concretos, o simplemente “perderme” un rato en otro plano, lejos de la pantalla”:

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5. Cristian Cano es otro de mis favoritos, ya que me manda fotos de escritura en hoteles, algo que a mí me ha tocado más de una vez (y más de diez). Me dice por email: “Escribo ficción, y cuando estoy en casa siempre lo hago en un laptop. También uso el pc en algún café. Pero cuando tengo que salir de Bahía Blanca me llevo unos cuadernitos espiralados que son muy útiles. Lo hago un poco como para caer en ese tiempo hermoso que existe en escribir a mano. No hay que olvidarse de eso”.

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6. Carlos G. de Marcos, escritor y anfitrión de la legendaria Casa de Atrás, nos envía el caos (sic) que va en su cartera:

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7. Virginia Pérez de la Puente, autora de obras como El sueño de los muertos, me manda tres fotos de lo más interesantes (perdóname por citar directamente de nuestros emails personales, querida): “Te paso un trío: la de mi mesa, una de “escritora con pelos congelada en invierno”, y la que he subido de la maquetación, por si te sirve, aunque es una chorrada, pero para ilustrar el estado Juan Palomo De Escritor Que Tiene Que Aprender A Hacérselo Él Mismo…”:

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8. Otra de las habituales en mis entrevistas y menciones, la simpar Susana Vallejo, tiende a compartir imágenes de su entorno y proceso en Facebook, por lo que no me resistí a pedirle unas cuantas. He tenido la suerte de visitar su casa estos días en Barcelona, aprovechando la MiRCon, y puedo decir que es una mezcla de friquerío, bohemia y espacio que debe de ser absolutamente genial para escribir:

Susana Vallejo

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Susana Vallejo3

9. Ana Campoy, que fue además la flamante ganadora del sorteo de mi lista de correo el mes pasado, tiene un sistema bastante llamativo: “Muchos guionistas usan tarjetas. Yo uso post-it. Así, si una escena cambia de orden la puedo variar sin problema. Los voy pegando en hojas de folio. De esa manera puedo transportar las escenas ordenadas donde yo quiero. Cada libro me sale por unas 6 o 7 hojas de folio con escenas (la foto que te mando la hice para una charla sobre cómo estructurar novelas de misterio y corresponde a las tres primeras hojas de El pianista que sabía demasiado, la cuarta aventura de Alfred y Agatha). Después de los post-it redacto la escaleta (unas 5 hojas). Y de ahí me pongo a escribir”.

Ana Campoy

10. Meritxell Terrón Paz es una escritora, doctorando de Comunicación, a la que tuve el placer de conocer en la Wizard Con y con la que pude hablar de nuevo este finde en Montcada. Junto a su socio lleva un proyecto muy chulo, El libro del escritor, que se lanzará en breve y que creo que nos va a interesar mucho a todos los que escribimos. Fue una de las primeras en contestar a mi petición y me envió esta muestra de su trabajo con su novela El suicidio del escorpión:

Meritxell Terron Paz

11. A Paty C. Marín también la conocí en la WizardCon (podéis seguirla en Twitter como @patycmarin), y me llamó muchísimo la atención el libro en el que estaba trabajando: un librojuego erótico. Nos enseña cómo funciona su proceso: “El esquema de un librojuego es muy simple, en cada tarjeta se escribe una sinopsis de la escena en cuestión y se señalan con un número las escenas en las que se divide (por ejemplo, si voy por la puerta derecha, pongo 1; si voy por la izquierda, pongo 2). En las siguientes tarjetas se escribe el número de la escena que se corresponde y se escribe una nueva sinopsis, volviendo a marcar con números las escenas en las que se dividen y así con cada escena nueva. Luego se marca el camino sobre el corcho con la chincheta del color correspondiente (que puede ir desde dos colores hasta cinco porque no tengo más). En realidad es como ir formando un árbol ya que cada escena se divide en nuevas escenas y todo crece de manera exponencial. Llega un momento en que las escenas convergen hacia el mismo final o hacia el mismo desenlace, basta con señalarla con dos chinchetas con los colores necesarios”:

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12. Con José Puente estuve hablando de los lugares para escribir. Escribe en la cama, así que me preguntó si podía mandarme una foto de su cama. Cómo no. No creo que sea el único que escriba allí. Como él mismo dice: “Escribir y borrar y volver a escribir y volver a borrar y volver a escribir hasta conseguir un muro más o menos recto o una figura reconociblemente humana. La cama como sinónimo de lugar seguro para”.

José Puente

13. Fernando Alcalá, autor de Carlos, Paula y compañía, me dice:Aquí te envío el esquema a medias y muy recién comenzado del proyecto que tengo ahora entre manos”. Para ello usa Scapple, “es de los creadores de Scrivener. Es super sencillito y tampoco tiene mucho, pero a mí siempre me es muy útil”:

Fer Alcalá

14. Gerardo Guaza, poeta, me envía una foto de su cuaderno. Gerardo también se apunta a la escritura hecha a mano:

Gerardo Guaza

15. Alejandro Castroguer, uno de nuestros “autores Z” por excelencia, me envía unas imágenes geniales de sus apuntes en agenda. Alejandro, como yo, compagina la escritura a mano y a ordenador dependiendo de la velocidad de la inspiración. Me dice: “Son dos capítulos, el Dos y el Veinticuatro de la novela en la que he estado trabajando este año. Como verás usé una agenda con portadas de viejos elepés”.

Alejandro Castroguer

Alejandro Castroguer2

16. Gloria T. Dauden, a la que también entrevisté en el blog (qué de entrevistas hago), es también una aficionada a los cuadernos bonitos:Notas manuscritas para novela en libretas bonitas, taza de té y un entorno agradable”:

Gloria T Dauden

Gloria T Dauden2

17. José Luis Zárate, a quien todos conoceréis por sus geniales microcuentos, me envía una imagen de sus dinosaurios. Si os fijáis con atención, veréis que en la pantalla de su ordenador se ve reflejada la pizarra que tiene detrás, con apuntes y órdenes para el día (cosas como “no entrar en Facebook”, uno de los grandes mandamientos del escritor actual):

Jose Luis Zarate

18. Y por último os dejo con la imagen de un auténtico tecnófilo, Luis Ángel Cofiño, autor de culto de ciencia ficción y amante apasionado de Linux:

Luis Ángel Cofiño

 ¿Y vosotros, dónde y cómo escribís?

Así es como INTENTO yo escribir después de volver de viaje:

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Puedes ver la segunda parte de este artículo aquí.


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Queremos siempre lo mismo: las razones por las que todas las portadas son iguales

Octubre 3, 2014 — by Gabriella9

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Hace tiempo leí un ensayo que explicaba por qué triunfa la música pop. Por lo visto, al cerebro le encanta adelantarse a patrones. Si sabemos cómo va a ir un estribillo, eso (a la mayoría) nos produce una sensación de placer. Es como si le dijéramos al cerebro que es inteligente, que es listo y por tanto sabe lo que va a pasar. Por la misma razón, los spoilers de películas o libros no son tan malos como nos creemos; por esa razón nos suele gustar la música reconocible, la que podemos identificar con rapidez; por esa razón nos gusta que las portadas de los libros sean todas iguales. O por lo menos eso le pasa a la mayoría. A algunos pocos, a los que nos llama lo diferente, lo alternativo, nos debe de funcionar el cerebro de una forma muy distinta, pero en estos momentos no voy a entrar en la razón de eso (si es genético, si se produce por una mayor asimilación de patrones distintos, si se debe a una mayor capacidad de aprendizaje, si simplemente estamos enfermos o etc.). Y aun nosotros estamos, queramos o no, atrapados por la igualdad del sistema, de una forma u otra. No hay más remedio si queremos movernos dentro de él. Podemos escribir en cuneiforme, por ejemplo, pero eso sería, como he comentado en otros artículos, el Arte por el Arte y etc.

Si no me creéis con lo de las portadas, bueno… Yo tampoco lo creía. No tiene sentido. Si en una estantería todos los libros son azules, va a destacar por narices el que tenga la portada roja, ¿no? Pues parece ser que no.

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Todo lo que nos dejamos en el camino: El difícil arte de decidir qué hacer con nuestras vidas

Junio 11, 2014 — by Gabriella2

ID-10082769Este fin de semana pasado, como sabéis ya requetebién, he estado en la Feria del Libro de Madrid. Este año iba a promocionar el libro que tengo a medias con José Antonio Cotrina, El fin de los sueños, lo cual sabéis también. Solo teníamos una firma: dos horas en la caseta de la editorial, lo cual nos hacía suponer que habría más gente a la espera que si tuviéramos varias firmas dispersas; por otra parte, la firma coincidía con la Blogger Lit Con, un encuentro masivo entre blogueros  y aficionados a la literatura juvenil (este año han superado los 400 asistentes), y sabíamos que muchos tenían nuestro libro, así que esperábamos que se pasaran unos cuantos a que les firmásemos.

El resultado final fue mucho más de lo que habríamos podido esperar. Las firmas estaban programadas para empezar a las seis y media y terminar a las ocho y media; desde las cinco y media hubo gente haciendo cola, y no terminamos hasta cerca de las diez. Os podéis imaginar la impresión que le produce esto a una persona que, como mucho, habrá firmado quince libros seguidos en alguna presentación. Es una mezcla de asombro, incredulidad y maravilla. También era un poco agobiante, ya que tanto a José Antonio y a mí nos gusta dedicarle tiempo a cada firma, a cada persona. Nos encanta escribirles dedicatorias, hacerles dibujos y charlar sobre lo que el libro ha significado para ellos. Y cuando tienes una cola larga a la espera y eres consciente de que la gente lleva dos horas esperando, te planteas hacer algo más aséptico y rápido. Pero eso es imposible. Cada una de esas personas se ha leído tu libro, o planea hacerlo. Esa persona se merece, como mínimo, un poco de atención.

El dedicar un espacio de tiempo breve a cada lector tiene consecuencias curiosas. Debes meter en apenas cinco o diez minutos toda la conversación que te gustaría tener con cada uno. Y muchos son muy conscientes de esto. No se limitan a hablar del tiempo, oh no. Ellos van directo a lo que importa. Te preguntan cosas profundas, importantes. Quieren tu opinión sobre temas fundamentales para ellos (¿mi opinión, en serio?). Y tú tienes que proporcionarles respuestas válidas en un tiempo récord, cuando tu cabeza está funcionando a medias porque llevas tres horas de pie dibujando sin gafas (por supuestísimo me las dejé en el hotel) y el subidón de adrenalina que tienes te ha dejado bastante atontada.

Entre estas preguntas, hubo una que se repitió y que me llamó muchísimo la atención, porque es una pregunta que yo misma me he hecho en múltiples ocasiones. Me la hacían personas de menos de 20 años, cuando yo, que tengo 32, he tardado años y años en empezar siquiera a responderla.

La pregunta, aunque se formulaba de muchas maneras, venía a ser la siguiente:

¿Cómo sé a qué dedicarme si me gustan muchas cosas?

Cuando tienes 17 o 18 años y estás considerando estudiar una carrera, esta es una pregunta muy importante. De lo que muchos no se dan cuenta es de que esa pregunta seguirá presente en su vida, con bastante seguridad, muchísimos años más. Muy pocos se despiertan un día diciendo: “ya lo sé, voy a ser ingeniera termonuclear sexadora de pollos”, porque la vida no funciona de esa manera. No es como en las películas, cuando una niña sabe desde los tres años que quiere ser analista de sistemas, o un niño de cinco tiene clarísimo que lo suyo es la repostería vanguardista. Con suerte, la niña sabrá que le gustan los ordenadores, y el niño que lo de mancharse las manos amasando pan es divertido.

Creo que lo único que podemos hacer es sentarnos a considerar las opciones y elegir aquella sin la cual no podríamos vivir. A mí me gusta dibujar, me gusta hacer bisutería y me gusta (bueno, creo, nuestra relación amor-odio todavía no se ha definido del todo) escribir. Pero podría vivir sin dibujar, mal que me pesara. Podría vivir sin Miss Cristal (de hecho, por desgracia, estoy teniendo que hacerlo). Pero no podría vivir sin expresarme por escrito. Y al final uno ha de elegir aquello que va a tener que hacer cada día de su vida, por lo menos durante un periodo suficientemente largo como para alcanzar cierto grado de maestría. Y seguramente tendrá que conformarse con trabajos remunerados relacionados (edición, corrección, redacción, etc.), porque, atención atención, sorpresa sorpresa, escribir no da de comer (corregir y redactar tampoco, pero esa es otra historia).

Es muy difícil decirle a una chica de diecisiete años que tiene que buscarse una carrera con salidas, o por lo menos una variante de lo que le gusta que le permita pagar un alquiler y tres comidas diarias. Es descorazonador a veces ser práctico y realista. Pero también creo que es perjudicial este idealismo barato que nos venden, este “persigue tu sueño y se cumplirá”. Porque los sueños muchas veces no se cumplen, sobre todo si son abstractos y no tenemos muy claros exactamente cuáles son ni el camino que hace falta para llegar hasta ellos, que suele ser largo y repleto de obstáculos desagradables. Van contra las leyes de la estadística, simplemente. Todos los escritores no pueden ser superventas, no hay suficientes lectores para ello. Todos los ilustradores no pueden ser megafamosos dibujantes de cómics, porque no hay suficientes compradores de cómics diferentes. Los sueños están muy bien, pero al mercado le importan poco. Creo que tenemos que intentar ser inteligentes, perseguir nuestros objetivos sin dejar de lado los fríos y terribles datos, la fría y terrible realidad. Y la industria editorial, por alguna razón que desconozco, ha promocionado desde siempre la noción romántica de escribir, la visión glamurosa del autor de éxito. Ha vendido escribir como algo bonito. Muchos estaréis en desacuerdo conmigo (sé que hay personas que disfrutan escribiendo y de todo lo que el acto implica), pero si tuviera que definir con una sola palabra el hecho de escribir, bonito sería la última que utilizaría. Bonito es hablar con lectores en una caseta de la feria del libro. Pero antes de eso (y después) hay un proceso tortuoso del que muchos no son conscientes.

Esto es lo que me habría gustado decirles a las personas que me preguntaron aquel sábado en la caseta 168 de la Feria del Libro. Probablemente dije alguna chorrada sin mucho sentido y estoy segura de que sabrán perdonarme. Sea como sea, espero que disfruten de El fin de los sueños. Porque va siendo hora de dejar atrás los sueños y empezar a pelear como locos porque la realidad nos ceda un pequeño espacio propio, un espacio donde podamos conseguir lo que nos propongamos de una manera justa, donde podamos llevar con orgullo las medallas de lo que hemos tenido que sacrificar para llegar hasta donde estamos, donde nos demos cuenta de que lo importante es el proceso, no la meta en sí.

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Imagen por cortesía de Ventrilock / FreeDigitalPhotos.net

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La delgada línea entre promoción y pesadez

Mayo 28, 2014 — by Gabriella8

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Una vez superado el obstáculo de la publicación (ya sea mediante edición tradicional, coedición o autoedición), llega ese nuevo gran monstruo, esa bestia que determina el auténtico éxito de tu libro, más allá incluso de la propia calidad de la obra. ¿Cómo conseguir que tu libro llegue al mayor público posible?

Durante mis años como editora, me di cuenta de lo poco que sabe realmente el escritor de cómo funciona el mercado editorial, la cantidad de nubes y películas bonitas y bandas sonoras épicas que se cogen de la mano en la mente del aficionado, quien, inocente, nunca ha tenido que lidiar con el mundo ultracompetitivo del producto artístico. Sí, hay blogs y webs muy informativas al respecto, pero pocos se molestan en leerlos, y por otro lado estamos rodeados de información idealista o incluso mentirosa.

¡Magia!
¡Magia!

Esto es lógico. La información que proporcionan los editores está condicionada por sus propios intereses (nuestros libros venden fenomenal, todo va perfecto, todos nos quieren), y la de los escritores a menudo está tocada por la vergüenza (¿quién quiere admitir lo realmente poco que ha vendido su libro?).

Uno de los aspectos que los escritores dan por sentado es el de la promoción. Hay una fantasía común de que un libro, por simple virtud de estar en librerías, de tener una distribución más o menos maja, va a vender como churros calientes a la salida de una feria a las seis de la mañana. Y es que ese es el problema.

¿Por qué venden los churros calientes a la salida de una feria a las seis de la mañana? Porque los que salen de una feria a esa hora están borrachos, o incluso ya salen de la euforia alcohólica y entran en el peligroso terreno de la resaca. Necesitan grasa, necesitan comer. Y el vendedor de churros, o de hamburguesas o de kebabs, está ahí para ellos, para darles justo lo que necesitan justo cuando y donde lo necesitan. Un nicho de mercado satisfecho, oiga usted. Mercadotecnia fabulosa.

Por desgracia, un libro no es un churro (bueno, los hay que sí, pero en eso mejor entramos en otro momento). Y tiene que competir con muuuchos otros libros. Y el comprador medio no compra lo que le parece más bonito y mejor escrito en una librería, sino lo que le han recomendado, lo que le suena, algo que pertenece a un género muy concreto que le atrae, o algo de alguien a quien ya ha leído y de quien ya sabe qué esperar.

Cuando el escritor se hace consciente por fin de este fenómeno, cuando se da cuenta de que solo colocar un libro en librerías (bastante difícil de por sí) no es suficiente, es cuando comienza a plantearse lo de la promoción. En este sentido, la autoedición y la edición tradicional tienen sus ventajas y desventajas: una gran editorial tiene un poder de promoción que no tiene un autoeditado; pero el autoeditado tiene control absoluto sobre su sistema de promoción (por no hablar de que los porcentajes de ingreso por cada venta son muy superiores). El punto intermedio puede estar en la coedición y en las editoriales tradicionales pequeñas, donde la relación con el autor tiende a ser más personal y colaboradora.

Y es aquí, amigos míos, donde el que escribe se encuentra con la desagradable realidad de que tiene que definirse, de que tiene que tomar decisiones que no sabía que tendría que tomar. Y todo se reduce a la siguiente pregunta:

¿Soy un escritor puro, un artista, o soy un despreciable vendedor, un elemento más de este mercado capitalista?

Rara vez puede uno salir ganando en ambos aspectos. Si elige lo primero, si se atiene a sus principios más sagrados, deberá responsabilizarse del resultado. Es decir, su libro no será un producto, sino una obra de arte. Las ventas serán ínfimas, pero este no es un problema, ya que las intenciones no eran monetarias, ¿verdad? Eran puras y nobles como rayos de sol por la mañana.

Si eliges este camino, eres un héroe. En serio. Yo también he estado ahí. Pero por favor no te dediques luego a lloriquear sobre la pobre vida del escritor. Es tu elección. Has decidido crear algo diferente, algo bueno, algo que esté a la altura de tu exigencia contigo mismo y con tu experiencia artística. Eso es maravilloso y tú eres la base del sistema. Tú eres quien inspirará a los demás, quien atacará a lo establecido con toda la saña de un brillante perro rabioso. Tú eres mi héroe.

Si, por otra parte, eres un artista que desea monetizar su creación, y eres honesto contigo mismo, eso tampoco tiene nada de malo. Al contrario, ¿no debería poder vivir de algo el artista? ¿No se merece algo más que mendigar, que vivir en la calle, que tener que compaginar su creación con un trabajo que le dé de comer, hasta el punto de apenas dormir cinco horas diarias? No me parece justo demonizar a este artista. Lo que sí me parece justo es demonizar al artista que lleva la promoción hasta sus niveles más… ¿cuál es la palabra? Ah, sí, coñazo.

¿Hay caminos intermedios? Los hay. Hay libros de gran calidad que han sabido colarse en el mercado y convertirse en churros hechos con harina de calidad superior. Pero son pocos, pocos. Y demasiados queremos ese pedazo minúsculo del pastel: el amor de la crítica, el amor de los lectores y el amor que uno siente al poder comer tres veces al día y pagar el alquiler.

Los consejos más frecuentes de las webs para escritores se concentran en medios de promoción o bien obsoletos o bien poco eficientes. Redes sociales, sí. Facebook y Twitter. Pero a no ser que lleves un año o más trabajándote una buena plataforma, una red grande dirigida hacia tu nicho lector, no vas a llegar más que a tus amigos y familia, a la gente que ya te conoce y quiere. Y a lo mejor tienes más contactos, contactos a los que ahora te dedicas a bombardear con publicidad de tu obra. Pero si ellos ya reciben publicidad de ese tipo por todas partes, si no tienen una relación personal contigo, ¿por qué habrían de hacerte caso?

Yo no tengo ni idea de promoción. Pero sí llevo unos años viendo lo que NO funciona. Las presentaciones de libros están bien para reafirmar lazos con conocidos y a lo mejor vender un buen puñado de ejemplares en una librería (y si tienes suerte, crear presencia en una cadena), pero las que realmente funcionan son las que tienen una buena lista de contactos de prensa y ofrecen incentivos atractivos a los asistentes (canapés, bebida, etc.), o que disponen de un público fiel a la editorial. Por supuesto esto cuesta dinero y tiempo, una inversión que solo compensará a algunas editoriales o autores. Las entrevistas en medios han perdido bastante: ahora muchos lectores se mueven por internet, y una extrema digitalización y una falta de concentración absoluta hacen muy difícil que el que se mencione tu nombre en radio o televisión vaya a proporcionarte más ventas, a no ser que consigas salir en Sálvame. Las reseñas y las críticas están muy bien, pero no tienen el poder de convocatoria que uno podría pensar. He visto libros vapuleados que han vendido de forma obscena y libros adorados por todos que acumulan polvo en los almacenes de las distribuidoras.

No dejo de darle vueltas a este tema. A veces me encuentro con casos de libros de la misma editorial, con la misma promoción clásica, y una experiencia de venta muy diferente. ¿Cuál es la diferencia? El libro con mayor número de ventas tiene un género muy definido (generalmente un género con mayor demanda y menor oferta), para un sector muy específico. El autor de este libro tiene contacto y buena relación con muchos otros escritores de este mismo género, y no se corta en publicitar a sus colegas de profesión, lo que le suele conseguir un buen puñado de recomendaciones. Publica en redes sociales sobre muchos temas, no solo sobre su libro. En resumen, tiene más que ofrecer. Y, además, y esto odio decirlo, tiene una obra donde la funcionalidad, el atractivo del argumento, prima muy por encima de la forma. Por no hablar de una portada que se dirige al público al que se tiene que dirigir. Este libro tiene una imagen. Como cualquier producto de éxito, no vende solo el interior, sino todo un conjunto de emociones y de representaciones con las que el consumidor se identifica. ¡Vende un estilo de vida!

¿Y no deberíamos estar todos escribiendo en vez de preocuparnos tanto por la promoción?, preguntaréis muchos, como bien señaló Alfredo Álamo en este artículo de Lecturalia. Por supuesto que sí. Pero si queremos entrar en el mercado no podemos escapar de su dictadura, o por lo menos yo no veo forma de hacerlo. Y muchas veces es complicado discernir hasta qué punto estamos dispuestos a formar parte de este juego. ¿Debo escribir para un género que no me convence si ese género vende más? ¿Debo cambiar mi registro o modificar mi temática para atraer a otro tipo de lector? ¿Debo salir en un medio que ideológicamente me produce urticaria si es una posibilidad de vender mi libro (aquí recomiendo un post interesantísimo de Layla Martínez sobre por qué le dijo que no a la revista Glamour)?

Es complicado andar en el terreno que se abre entre los extremos, entre el arte por amor/obsesión y el arte comercial, cualquiera que haya creado algo alguna vez lo sabe bien. Yo intento mantenerme en el tembloroso punto medio. Y os puedo asegurar que es jodidamente difícil.

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Primera imagen por cortesía de Feelart / FreeDigitalPhotos.net

Actualizando: Unos meses después escribí este artículo, muy relacionado: 15 cosas que los escritores estamos haciendo fatal en las redes sociales.

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Sobre el bloqueo artístico

Mayo 21, 2014 — by Gabriella0

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1.Es raro. Tengo todas estas ideas con las que quiero dibujar y trabajar. ¡Y me siento inspirada! Pero…

2. Empiezo a trabajar en algo y no sale exactamente de la forma que quería. O no consigo las notas que quería. O me lleva mucho más tiempo de lo que pensaba. O pensaba que ganaría el concurso para el que lo dibujé. Y todos estos pequeños obstáculos empiezan a amontonarse.

3. Y de repente ya no quiero hacer nada. Parece fútil. Sin sentido. ¿Para quién estoy haciendo todo esto si yo ya no lo disfruto?

4. ¿Y cómo lo superas?

Sigo dibujando. No sé hacer otra cosa.

Si cambiamos en este texto dibujar por escribir, no podría estar más de acuerdo.

(Traducción de servidora; cómic original de Candi, de Starline Hodge)

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Y hablando de dar… GIVEAWAY de Miss Cristal en Not Here to Please You

Noviembre 12, 2012 — by Gabriella0

Tal como lo leéis, estoy organizando un giveaway (regalo por sorteo) a través del blog de la genial Libertad. Not Here to Please You es un rincón encantador de moda alternativa, música y un pequeño toque filosófico y político muy personal. Es uno de los blogs que más visito, más que nada porque soy una esteta incorregible y me gusta alegrarme la vista con todas las fotos que sube de ella misma con ropa monísima y un estilo casi comestible de lo delicioso que es. Si no lo conocéis, os lo recomiendo, y ya que vais por ahí acordaos de participar en el sorteo. Mirad lo que os podéis llevar…

Por lo demás, si queréis echarle un vistazo a la tienda de Miss Cristal para ir pensando en los regalos de Navidad, aquí tenéis el enlace a la tienda de Etsy, y aquí a la página de Facebook (os recomiendo que le deis a me gusta porque salen por ahí muchas novedades y ofertas que igual en Etsy no aparecen). También os recomiendo el boletín (para apuntaros solo tenéis que mandar ALTA BOLETÍN en el asunto a gabriellavc@yahoo.es) ya que siempre incluye alguna oferta o descuento exclusivo para suscritos. Por otro lado, teniendo en cuenta las nuevas políticas de Facebook, mis actualizaciones en la página de Miss Cristal en Facebook igual ni las ve ya mucha gente, por lo que el boletín es muy útil: recibes todo en un solo email una vez al mes. Como sé que todos andamos bastante justos, durante las próximas semanas intentaré ir subiendo más productos del estilo de mis últimos pendientes y pulseras, que son productos con un precio muy asequible.

Creo que en los momentos en los que estamos es muy importante que intentemos colaborar todos con los pequeños negocios locales. Intentad, si podéis, comprar vuestros regalos a artesanos y a personas que hacen productos hechos a mano (obviamente esto es en mi beneficio, pero no me refiero a Miss Cristal, sino a todo tipo de gente maravillosa con muchísimo talento, en Tentaciones artesanas me dedico a recopilar a todos los que me llaman la atención), o por lo menos a las tiendas de vuestro barrio. Muchos de los que se han quedado en paro están intentando tirar adelante con pequeños proyectos de artesanía, y del mismo modo hay montones de comercios de barrio que están pasándolo realmente mal para mantenerse en pie. Sin embargo, también hay comercios enormes que están dedicándose a dejar a sus empleados en la calle mientras hacen un outsourcing de lo más divertido a otros países en busca de empleados más baratos (hablo de empresas que no están en quiebra, ni mucho menos). ¿Qué os parece si intentemos (y me incluyo, por supuesto) ser un poco conscientes de dónde compramos en general, y a la hora de hacer los regalos de Navidad o de Reyes en particular?