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Escribir es como jugar al Tetris

agosto 23, 2017 — by Gabriella21

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Tengo una personalidad adictiva.

Esto no significa que tenga una personalidad que produzca adicción en otras personas.

(¿Qué haces aquí, leyendo, pequeño/a drogadicto/a de mi corazón?).

Quiero decir que me cuesta aficionarme a algo, pero cuando me aficiono, me aficiono EN SERIO. Algunas de las peores cosas que le han pasado a mi vida han sido Civilization, Los Sims y World of Warcraft. Tuve que dejarlas, cortar nuestra relación de cuajo. Nada de jugar solo una hora al día, no. O lo dejaba del todo o me enfrentaba a otras doce horas de mi existencia que desaparecían de golpe, sin saber por qué.

tetrisBlizzard todavía me escribe a veces. Cuando está borracho. Mirad qué porte.

(También estoy considerando desinstalar Netflix).

Tal vez el primer videojuego al que fui adicta fue Tetris. Eso no es tan malo como yo pensaba, porque hay algo en psicología que se llama efecto Tetris. Lo descubrió un señor que dedicó demasiadas horas de su vida a jugar al… sí, al Tetris.

El efecto Tetris es lo que explica que cuando no estás jugando estás pensando en alinear mesas, edificios o gatos; es lo que explica que cuando cierras los ojos ves bloques de colorines que caen. Obviamente esto no se reduce al Tetris. Ocurre con otros videojuegos. Les ocurre a muchos matemáticos, que empiezan a ver números y fórmulas por todas partes, que sueñan con ecuaciones. Seguro que os ha pasado con otras cosas también.

El Tetris está, directamente, cambiando tu cerebro y tu manera de pensar. Parece ser que mejora tu percepción espacial y que además podría incluso aumentar tu materia gris. No es el único ejercicio mental que tiene ese efecto. En este artículo de Wired lo explican bien:

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El efecto Tetris es una metáfora bioquímica y reduccionista, si os parece, para la curiosidad, la invención, el impulso de crear. Encajar bloques es organizar, construir, negociar, arreglar, entender, doblar sábanas. Todas nuestras actividades mentales son análogas, cada una tan adictiva como la siguiente.

¿Se te ocurre qué otros actos creativos podrían dar beneficios similares? ¿Te imaginas cómo sería si escribieras lo suficiente como para que el acto de crear cambiara tu forma de pensar?

La sensación de flow ocurre al escribir, al igual que cuando juegas al Tetris. Al igual que con Tetris, hay un estímulo visual (texto), una serie de acciones no terminadas (oraciones, párrafos, capítulos) y, si practicas durante horas, la propia automatización de las acciones lo convierte en algo propio de ti, un hábito.

Solo que ahora, en vez de ver cuadraditos, rectánculos y zetas raras por el rabillo del ojo, verás palabras que ni sabías que existían, estructuras narrativas extraordinarias, significado donde antes no lo había. Verás poesía y belleza en las cosas cotidianas. Nacerá en ti el famoso sentido de la maravilla.

Ser adicto al Tetris tiene un lado negativo: te quita tiempo y no creas nada, en realidad. No aportas nada al mundo, aunque tu memoria, tu forma de enfocar y pensar sí mejoren en algunos aspectos.

Ser adicto a escribir también quita tiempo. Pero hace que progreses en tu escritura y que produzcas textos cada vez más espléndidos. Cuanto más escribes, menor es el esfuerzo de tu cerebro para escribir (y más percibirás y entenderás todo lo relacionado con tu hábito en tu entorno diario).

¿Y quién no quiere cosas hermosas, espléndidas, en el mundo?

A veces, escribir es como jugar al Tetris.

Pero siempre, siempre es mejor.

 


Notas:

  • Y ahora, marcho a jugar al Candy Crush un rato.
  • Por desgacia, la idea de comparar Tetris con escritura no es mía. Gracias a Niklas Goeke por la inspiración con esta fantástica respuesta en Quora que da más información sobre el efecto Tetris y el flow creativo.
  • Imagen estilo Tetris de cabecera por wacomka en Shutterstock.
  • Imagen de señor con colmillacos de World of Warcraft de Anton_Ivanov en Shutterstock.
  • Si te ha gustado este artículo, por favor ayúdame a seguir dedicando mi tiempo a estudiar, analizar y comentar asuntos relacionados con el aprendizaje de la escritura y de lo literario. Solo con adquirir y leer alguna de mis obras ya estás marcando la diferencia. ¡Hay de todo, desde tan solo 0,99 €!

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¿Dónde y cómo escribimos? 12 autores más nos dan su respuesta en imágenes

enero 30, 2015 — by Gabriella12

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Hace un tiempo escribí (o más bien compuse, porque se trataba de juntar pedazos) un artículo sobre cómo y dónde escribían algunos escritores que conozco. Tuvieron la amabilidad de mandarme fotos y explicaciones, y todo quedó muy bonito e interesante y visual y fue muy popular, tal vez porque somos todos un poco cotillas.

Visto el éxito de la primera entrega, decidí que todavía quedaban muchos autores por descubrir, muchos autores a los que importunar y con los que colarme por la ventanita de sus vidas.

Así que hice otro llamamiento y me contestó otro buen puñado de escritores majos, dispuestos a enseñarnos dónde y cómo se dedican a eso de darle a la letra.

¿Dónde y cómo escribimos? Ahora mismo lo vais a ver:

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Cómo hackear las webs de contactos. O cómo conseguir pareja como un matemático

abril 23, 2014 — by Gabriella3

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¿Es posible hackear las webs de contactos? No me refiero al hacking ilegal, destructivo. Me refiero, más bien, al tipo de atajo ingenioso que solemos asociar al lifehacking.

No sé si habréis oído hablar de eso del lifehacking, que a mi juicio forma parte de lo que he dado en llamar autoayuda 2.0 (escribí un artículo doble sobre la evolución de la autoayuda para Lecturalia, podéis leerlo aquí). El verbo to hack suele asociarse a cosas negativas (por aquello de los hackers o piratas informáticos), pero también puede ser positivo: hack es tomar atajos, es encontrar soluciones más eficientes para un problema (también significa cargarse algo a hachazos, que de forma metafórica tiene cierto sentido).

El lifehacking intenta dar con atajos o trampas que nos faciliten las cosas del día a día. Es parte de todo un movimiento racionalista y analítico que propone aplicar muchas de las soluciones que ofrece el mundo de la programación y la informática, de la ciencia del comportamiento, del análisis de datos y de muchos otros campos. También integra teorías matemáticas y sociales en boga, como la teoría de juegos (aplicada a la mercadotecnia) y la ludificación (aplicada a la creación de hábitos y a la productividad). En resumen: cualquier teoría que tenga aplicaciones prácticas para mejorar nuestro día a día y hacérnoslo más fácil entra dentro del saco lifehacking.

¿Así que por qué no aplicar conocimientos de estadística, programación y matemáticas a algo tan subjetivo y emocional como las relaciones de pareja? Hay por lo menos dos personas que han sabido hacerlo. Uno, Chris McKinlay, para ver cifras de compatibilidad y discernir qué mujeres eran ideales para él. Otra, Amy Webb, para hacerse más atractiva para citas potenciales y encontrar al hombre ideal. Dos maneras diferentes de dar con el amor de tu vida a través de webs de citas como Meetic, EHarmony y similares.

Amy, acostumbrada al análisis de datos, aplicó su experiencia al mundo de JDate, una web de citas enfocada a la comunidad judía que es tremendamente popular en Estados Unidos. Amy tenía muy claro lo que buscaba en un hombre (quería casarse y tener hijos; quería una pareja estable, alguien responsable y con un estatus social y económico determinado), pero apenas recibía visitas a su perfil en JDate, y cuando conseguía interés de algún tipo, solía resultar en desastre. Se dio cuenta de que necesitaba una cantidad mayor de candidatos para poder tener más posibilidades de encontrar a un hombre que le gustase. Así que estudió a las mujeres más populares de la web. Se creó diez perfiles falsos con diferentes tipos de hombres e interactuó con estas mujeres para estudiar sus respuestas, sus reacciones, su lenguaje. También se fijó en las fotos y perfiles: eran muy distintos a los de Amy, cuyo perfil, larguísimo, casi parecía un currículo laboral. Uno podría pensar que las más populares eran las más guapas, pero Amy encontró otro tipo de elementos en común. Algunas de sus conclusiones fueron obvias, otras no tanto:

  • Las mujeres populares tenían una descripción corta en su perfil, donde aparecían con frecuencia palabras como girl (chica) o fun (diversión/divertida). Ofrecían una imagen de mujer desenfadada, de espíritu joven, que no hablaba demasiado sobre sí misma, alguien con quien sería fácil conversar.
  • Las mujeres populares solían tomar la iniciativa. No daban demasiada información, solían abrir conversaciones con mensajes simples como «hola» o «qué tal».
  • Las mujeres populares no tenían más de cinco fotos (según Amy, esto se debía a que una vez que tienes más de cinco fotos, la media de belleza es más baja). Casi todas tenían el pelo liso y largo.
  • Las mujeres mienten sobre su altura, más que sobre su peso (¡!). Gran parte de las mujeres con las que interactuó Amy aseguraban ser más bajitas de lo que eran (por simple estadística, era imposible que todas fueran tan bajas; además, en muchas fotos era evidente que eran más altas de lo que afirmaban).
  • La gente no está muy interesada en tu trabajo. Es más efectivo empezar hablando en tu perfil de tus aficiones e intereses. La mayoría de los hombres parecían algo asustados de mujeres con éxito profesional.
  • Es difícil ser graciosa por escrito. Muchas personas sarcásticas o irónicas parecen antipáticas en sus perfiles.
  • Las mujeres populares contestaban a los mensajes online de forma casi inmediata, pero esperaban entre 20 y 23 horas para contestar a los primeros emails.

Con toda la información recopilada, Amy se hizo un superperfil, con las características de los perfiles y comportamiento de las mujeres populares con las que había interactuado. Empezó a recibir atención masculina de inmediato, y de entre todos los hombres que interactuaron con ella, no tuvo problema para encontrar al que ahora es su pareja.

En todo esto hay bastantes cosas que me preocupan, pero destaca una sobre las demás: ¿tenemos tan asumido que todo el mundo miente por internet que nos parece aceptable crear un perfil falso y mentirle directamente a otros seres humanos para recopilar datos?

El caso de Chris McKinlay es un poco más honesto. Al ver que era casi invisible en las webs de citas estadounidenses, Chris, un matemático de talento (ya sabéis, de esos que van a los casinos en Las Vegas y hacen dinero contando cartas), creó bots para analizar las preguntas de perfil a las que más respondía el tipo de mujer que le interesaba y crear grupos estadísticos. Como OKCupid, la web que utilizó, tiene sistemas para evitar este tipo de bots automatizados, Chris utilizó los datos de uso de un amigo suyo (velocidad de click, frecuencia de uso, etc.) para “humanizar” a sus bots. Y los resultados fueron más que efectivos. Dio con los grupos que le interesaban (un grupo de chicas más jóvenes con tendencias artísticas, y otro grupo de chicas más mayores, con profesiones creativas. Se creó dos perfiles, ambos reales y sinceros, pero con los datos ligeramente diferentes, cada uno enfocado a un grupo en particular. La idea era similar a la de presentar un currículum en una empresa: destacamos ciertos detalles y damos más información sobre determinadas experiencias según el sector en el que trabaje la empresa que nos interesa.

Chris creó otro programa que efectuaba visitas a miles de perfiles al día. Como OKCupid te avisa de visitas a tu perfil, esto despertaba el interés de muchísimas mujeres. Chris empezó a quedar con mujeres con gran frecuencia (llegó a tener más de una cita el mismo día). Pronto se dio cuenta de que conectaba mejor con el grupo B de mujeres, aquellas un poco más mayores con trabajos creativos.

A pesar de sus datos, análisis y estadística, Chris tuvo más de ochenta citas antes de dar con la mujer ideal. En cuanto la conoció supo que aquello era especial. A pesar de las compatibilidades con todas las demás, era la primera vez que realmente sentía la conexión química que necesitaba. A día de hoy, y aunque mantienen una relación a distancia, están prometidos.

Podéis leer más sobre la experiencia de Chris aquí, y de Amy aquí (en inglés). ¿Qué opináis sobre sus métodos? ¿Habéis utilizado alguna vez de este tipo de redes para buscar pareja? ¿Cuáles han sido los resultados?

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17. ¿Qué canción se te ha metido en la cabeza últimamente y qué estabas haciendo en el momento en que pensabas en ella?

julio 5, 2012 — by Gabriella2

Haciendo un repaso reciente de las entradas que llevaba basadas en las 80 ideas de Tom Slatin para un log, me di cuenta de que me había saltado dos, la 17 y la 18, así que procedo a realizarlas para luego retomar la lista por donde la dejé.

Como estoy ahora mismo escuchando música en Spotify, me resulta difícil decir qué canción he estado tarareando últimamente, pero creo recordar que la de Last Weekend de The Tiny me ha estado dando vueltas por el cerebro durante el día de hoy. ¿Que qué estaba haciendo? Pues escribiendo algún artículo o preparando un collar que me encargaron hace ya un tiempo. El mes pasado me entró un proyecto de corrección que me ha tenido bastante ocupada hasta hace muy poco, y llevo un retraso importante en lo que respecta a Miss Cristal. Entre vosotros y yo, prefiero hacer collares a corregir textos, pero está bastante mejor pagado lo segundo.

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En otro orden de cosas…

-Ya estoy de vuelta de Santander, donde fui a pasar un fin de semana largo. Mucha comida, una casa espectacular con gente espectacular y un muy necesitado regreso al contacto con seres humanos que no fueran de mi familia. Necesitaba descansar y tener algún tiempo de ocio, y ante todo escapar del calor infernal del Sur.

-No sé si habéis visto ya la serie fotográfica In the Dollhouse, de Dina Goldstein. Creo que la última es mi favorita (echadle un vistazo también al Making Of y al resto de la web, es curiosísimo ver la transformación de los modelos gracias a la magia del maquillaje), podéis ver la serie completa aquí.

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Guía básica del corsé. Mitos y tipología.

junio 18, 2012 — by Gabriella2

Cada vez que saco el tema de los corsés, o cuelgo algún enlace de alguno particularmente bonito en las redes sociales, recibo las mismas preguntas de amigas (y algún amigo), curiosas sobre cómo, dónde y qué corsé comprarse. A pesar de que es una prenda que cada vez se pone más de moda, no hay mucha información clara y coherente disponible en español. Si bien no soy ninguna experta, mi devoción por este tipo de accesorio me ha enseñado algunas cosas, que me gustaría compartir con vosotros.

En primer lugar, querría aclarar algunos mitos que me encuentro una y otra vez:

Mito 1.: El corsé es solo para chicas: No. Cada vez es más común encontrarse, sobre todo dentro de la estética gótica, a chicos que se atreven con los corsés. Claro está que sigue siendo una elección de vestuario poco convencional, pero puede tener resultados muy interesantes. Con todo, como asumo que el 90% de las personas que usan corsé son mujeres, a partir de ahora me referiré a los usuarios de éstos en femenino, por comodidad más que nada, pero eso, que sepáis que los chicos también pueden. Aquí podéis observar un corsé masculino de Dracula Clothing, con forma de chaleco.

Mito 2.: El corsé es solo para gente delgada: NO, no y no. El corsé sirve para acentuar las curvas, ya que al reducir la cintura crea esa ilusión de cuerpo de reloj de arena que resulta tan seductora, al levantar el busto y realzar las caderas y el trasero (en el caso de las chicas) y otorgarle una forma más recta y plana a los chicos (si bien hay algunos que los usan también para resaltar caderas o incluso para reducir barriga). Así que, si lo piensas, cuanta más carne tengas, más cintura hay que reducir, y mayor será el efecto de contraste.

Mito 3.: El corsé es incómodo. No. Un corsé mal hecho, con medidas que no son las tuyas, o con ballenas de mala calidad es incómodo. Un corsé fabricado a medida y de buena calidad es una prenda muy cómoda que te hará sentirte más recta y estilizada. Cierto es que no podrás doblarte por la cintura del mismo modo que si no lo llevases, pero esto es algo a lo que acostumbras enseguida. También puede resultarte incómodo si te lo pones después de darte una comilona pantagruélica, pero eso es de cajón. Todas esas historias de damas victorianas que se desmayaban hacen referencia a corsés muy específicos que dichas señoras usaban en fiestas y ocasiones especiales, siguiendo una moda absurda de ultrarreducción de la cintura. Tened en cuenta que si todos los días usas un corsé que te reduce un par de centímetros, el día que te pongas uno que te reduce 8 cms vas a estar muuuy incómoda. Por lo general las mujeres de esta sociedad usaban corsés bastante manejables con los que se movían a diario sin mayor problema.

Otra cuestión fundamental es la razón. Con esto quiero decir… ¿por qué querría alguien ponerse un corsé? Es bonito. No, en serio. Un buen corsé es una prenda muy atractiva, que sienta divinamente y que además corrige la postura. Cuanto más rectas vamos, más levantamos el culo, y más atractivas somos. No digo que ponerse un corsé sea un reclamo para ligar más (aunque lo es), pero el aspecto y postura que proporciona aumenta de manera considerable la seguridad en una misma. En resumen, nos hace más guapas y confiadas. Es una cuestión de coquetería, y afortunadamente ya no es ni de lejos un instrumento de tortura obligado, sino una creación de fantasía con resultados espectaculares.

Puede, además, reducir la cintura de modo permanente. De esto ya he hablado con el tema del waist training. Es importante utilizar un corsé de calidad que se ajuste bien y sea cómodo. Algunas personas son muy estrictas y utilizan corsés durante muchas horas al día (incluso usan corsés especiales para dormir). Yo no recomendaría esto sin supervisión médica, ya que una reducción extrema puede producir una serie de cambios en la distribución física que no terminan de convencerme (por otro lado, hay que tener cuidado con el tema de la reducción extrema si nos sobran muchos kilos, ya que la grasa puede desplazarse y tomar formas poco estéticas). Sin embargo, yo lo uso solo de vez en cuando y sí he podido apreciar una pequeña y bonita diferencia sin ningún efecto negativo. Encuentro también que si uno está a dieta e intenta reducir un poco las porciones diarias, puede ser de gran ayuda, ya que al llevarlo puesto se reduce de forma considerable el apetito y se evitan los atracones. Y todo esto, por supuesto, refiriéndome a algo que te pones durante el día o por la noche, por debajo o por encima de otras prendas, sin entrar en su uso privado. Para muchas personas tiene una función sobre todo erótica.

A continuación, expongo las clases principales de corsés, tal como he observado dentro de lo que está a la venta en general:

Tipos de corsé

Talla estándar:

-Corpiño o falso corsé: La variedad más común. Antes sólo se encontraban en tiendas de lencería, pero conforme crece la afición a los corsés, cada vez se ven más imitaciones sin ballenas, o con varillas de plástico blando. Generalmente se trata de tops de tirantes con encaje y/o formas similares a las de un corsé, pero fácilmente abrochables mediante botones o cremalleras de acceso rápido. Son baratos y sencillos de poner, pero realmente no reducen la cintura ni moldean la figura, además de que las varillas suelen deformarse con facilidad, produciendo un efecto muy antiestético e incómodo.

-Corsé de fantasía: Cada vez más fáciles de encontrar gracias a Ebay y tiendas online similares. Son corsés con bastantes varas de plástico bien reforzados. Reducen un poquito, y no se deforman con tanta facilidad como los corpiños. Suelen ser también bastante económicos, pero no se recomienda llevarlos puestos durante más de un par de horas ya que no se adaptan a la perfección y acaban resultando incómodos y apretados.

-Corsé de varas de acero: El corsé clásico. Generalmente va reforzado con entre 12 y 24 ballenas de acero. A mayor cantidad de varas, más presión puede hacerse sobre la cintura y más reducción se obtendrá. Los de 24 suelen ser para entrenamiento de cintura o waist training. Hay webs que ofrecen corsés de este tipo a precios razonables, como Corses.es. La elección del corsé debe realizarse según su función práctica: los corsés de talle largo y completos (que cubren el pecho) son muy bonitos y favorecedores pero poco cómodos para llevar más de un par de horas (sobre todo porque al sentarte se te clavan en caderas y axilas). Lo más recomendable para poder llevar puesto durante periodos de tiempo más largos son los underbust (por debajo del pecho), de talle corto (normalmente por debajo de los 28 cm de largo). A diferencia de otros corsés, que se rigen por tallas estándar, estos corsés se miden por el ancho de nuestra cintura. La mejor forma de elegir talla es medir nuestra cintura natural con una cinta métrica, y buscar en la página web o tienda en cuestión la equivalencia en talla (la mía, por ejemplo, es una talla de 30 pulgadas, pensada para personas con cinturas que rondan, sin encorsetar, los 85-90 cm). Aquí a la derecha tenéis un ejemplo de corsé de varas de acero de reducción de la fabulosa diseñadora de Barcelona conocida como Bibian Blue.

Hecho a medida:

-Corsés hechos a medida: Las auténticas estrellas del mundo del corsé. Un buen corsé debe ser hecho a medida, ya que debe adaptarse lo mejor posible a nuestra forma. No obstante, precisamente por su carácter único y el trabajo que conlleva realizar un corsé totalmente a medida, suelen ser bastante caros. Siempre llevan ballenas de acero y suelen elaborarse en todo tipo de tejidos de alta calidad. Debido a la feroz competencia con las marcas de corsés prefabricados, ahora la mayoría de fabricantes prefiere ofrecer corsés con tallas estándar con opción de fabricación personalizada por un precio significativamente mayor. Con todo, sigue habiendo marcas, como Wilde Hunt Corsetry, que con cada corsé crean una pieza de arte única (sus prendas parten de unos 400 €, hasta lo que te quieras gastar). Por otro lado, si queréis algo en vuestro idioma, sé que la marca española Sublime ofrece piezas totalmente personalizadas y a medida, pero desconozco si se trata de corsés reforzados con acero.


Y, por último, un pequeño consejo. A veces es difícil ponerse un corsé nuevo. Abre todo lo que puedas la lazada antes de ponértelo, para que te entre con comodidad, y una vez puesto preocúpate de ajustarlo (algunos vienen con lazos muy largos y resistentes de los que simplemente hay que tirar para realizar el ajuste, por lo que puedes hacerlo tú sola sin problema). Al principio te notarás rara y muy rígida, pero la segunda vez que te lo pongas verás cómo la prenda ha comenzado ya a amoldarse a tu cuerpo… cada vez que te lo pongas será más fácil y cómodo.

Y poco más. Seguro que me dejo cosas en el tintero, así que si tenéis alguna pregunta, sugerencia o corrección que hacerme no dejéis de utilizar los comentarios 😉

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Libros diferentes

junio 7, 2012 — by Gabriella1

Hay muchos más libros que nos enseñan cosas valiosísimas para nuestro día a día. Por ejemplo, cómo ser Papa. No papá, que manuales de esos hay miles, sino Papa, es decir, Padre Santísimo de la Santa Madre Iglesia. En How to Be Pope: What to Do and Where to Go Once You’re in The Vatican, Piers Merchant desvela cuál es tu título oficial, por qué debes elegir un nombre papal, quién te hace la colada, adónde tienes que ir para enviar una carta, cómo dirigirte a los líderes del mundo conocido, y algunas frases clave que necesitarás conocer en latín, entre otras muchas cosas.”


Un pequeño extracto de la segunda entrega de mi artículo Libros diferentes, publicado hace poco en Lecturalia. En serio, echadle un vistazo a esta entrega y a la anterior, hay unos cuantos libros por ahí que merecerían ensayos para ellos solos.

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Tacones de vértigo

enero 29, 2012 — by Gabriella2

Y no son de vértigo porque sean muy altos, sino porque Prada se ha inspirado en coches clásicos de los cincuenta. A mí me parecen muy originales, y muy bonitos, que es más de lo que puedo decir de las colecciones de ropa que pueden encontrarse para este 2012 en su página web (un poco como si mezclaras los estampados más horribles de los ochenta con la ropa más baratuna del armario de tu abuela). Más zapatos de esta curiosa colección aquí.


Leyendo: El nombre del viento, de Patrick Rothfuss
Escuchando: Cualquier cosa de Chopin o de Schubert.

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De cómo las agencias de vuelo “low cost” tienen la culpa de mi e-reader

noviembre 13, 2011 — by Gabriella1

Sesenta euros. Sesenta euros para un viaje de una punta de la península a otra. Quién nos habría dicho hace diez años que podríamos viajar en avión por un precio tan ridículo. Una hora y media de viaje para un trayecto que en autobús rondaría las quince horas. Un vuelo con la compañía low-cost con peor fama de Europa, conocida por sus condiciones abusivas para con clientes y empleados, por su chillona página web con gastos administrativos hasta por refrescar el navegador, por su política de fastidiar a otras compañías con sus aterrizajes de emergencia y por su muy limitada mecánica de seguridad. Aun así, son sesenta euros para realizar un viaje que, de otra manera, mi ajustado bolsillo no me permitiría.
A esos sesenta euros hay que añadirles unos 43 euros más si tu cinta de medir no es totalmente eficiente y se te escapa un milímetro a la hora de utilizar una maleta de cabina. Si esa maletita o bolsa no entra “cómodamente” en la jaula, olvídate de llevarla a bordo. He cambiado mi monísima maleta resistente con estampado de vaquita por una barata bolsa de viaje que mide exactamente un centímetro menos de ancho, para no tener que ponerme demasiado nerviosa en la hora que me toca esperar para entrar al avión (nuestros asientos no van numerados, así que si quieres pillar un asiento que tenga espacio para tu bolsa en el armarito de la cabina, más te vale entrar de los primeros). La primera vez que volé con ellos, llevaba tacones. Ahora voy con deportivas. Su CEO asegura que quiere convertir la experiencia, antaño lujosa, del vuelo aéreo, en una forma de viajar más parecida al autobús o a otros medios similares. Pero para coger el autobús no tengo que esperar una hora, ni pelearme a codazos con pasajeros estresados para coger sitio, ni meter mi maletita en una jaula. Y generalmente el conductor sabe lo que se hace.
Lo malo de meter ropa y efectos personales (los de higiene y cosmética, por supuesto, en recipientes de 100 ml) en una maletita minúscula (facturar una maleta cuesta unos 30 euros más) es que no me caben libros. Adiós a mi última tapa dura de Pratchett, adiós a esa edición preciosa de Julian Barnes, adiós a mi tocho de bolsillo de George R.R. Martin. ¿Y qué me queda? Pues un cómodo, ligero y esbelto lector electrónico donde cabe exactamente lo mismo (por el mismo precio, nada de grandes rebajas por tratarse de edición digital) y del que puedo disfrutar en la hora y media de publicidad a voces que emite la compañía aérea. El e-reader es un préstamo, a pesar de su notable bajada en los últimos tiempos, la media de precio del lector electrónico sigue siendo superior al de un teléfono móvil de calidad media, un videojuego de última generación o incluso un netbook en condiciones. Y una tiene sus prioridades.
Está claro, los vuelos de bajo coste son, en gran parte, responsables de la revolución digital. Y no hay mucho que podamos hacer al respecto. La nostalgia, el olor del papel, la satisfacción de pasar las páginas a mano… poco pueden hacer ante la necesidad de un lector que acaba de adquirir un vuelo Málaga-Valencia por menos de treinta euros (sin IVA).

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Yo también quiero ser un árbol cuando muera

julio 17, 2011 — by Gabriella0

De la web de Martín Azúa

La Urna Bios es un proyecto que reintegra al hombre en el ciclo de vida natural, es un ritual laico de regeneración y vuelta a la naturaleza. Bios es una urna funeraria fabricada con materiales biodegradables: cáscara de coco, turba compactada y celulosa. En su interior contiene una semilla de un árbol que se puede sustituir por otra semilla, brote o planta adecuada al lugar elegido. Cuando la urna se planta, la semilla germina y comienza a crecer.

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¿Qué has hecho este día de Reyes?

enero 6, 2011 — by Gabriella0

Mamihlapinatapai (a veces escrita incorrectamente como mamihlapinatapei) es una palabra del idioma de los indígenas yámanas de Tierra del Fuego, listada en el Libro Guinness de los Récords como la “palabra más concisa del mundo”, y es considerada como uno de los términos más difíciles para traducir. Describe “una mirada entre dos personas, cada una de las cuales espera que la otra comience una acción que ambos desean pero que ninguno se anima a iniciar”. (Wikipedia).

Toma palabra nueva para el día de hoy. Por si no podíais dormir preguntándoos cuál es la palabra más concisa del mundo.

Y pensando en Reyes, y en regalos y todas esas cosas, hoy encontré esto:

 ¿Alguien tiene 150 € que le sobren?