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5 formas de conseguir reseñas y una reflexión desesperada

octubre 6, 2015 — by Gabriella43

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Hay una falacia ahí fuera, una mierda en la que muchos emprendedores (y escritores, y editores y cualquiera que se aventure en la oscura dimensión de vender un producto o servicio) hemos pisado.

La idea es que, en lo que a publicidad se refiere, si tiras suficiente dinero a una campaña o anuncio, venderás los suficientes productos.

Las reseñas de libros siempre han sido entidades independientes, animales curiosos y mitológicos que admiramos y tememos en la lejanía. Pero las reseñas son anuncios, también campañas de promoción (ya sea buena o mala) y, no, tirarles el suficiente dinero, o tiempo o esfuerzo, no resulta en ventas. Si fuera así, las grandes editoriales solo tendrían que apartarse un presupuesto concreto para promoción reseñística y repantigarse en sus metafóricas* butacas para ver entrar el dinero con todas las obras que sacan. Y sabemos que no es así como funciona la cosa.

He leído muchos artículos y he escuchado muchas impresiones de críticos, editores y autores que decían que no, que las reseñas no sirven para vender libros. Pero también he visto editoriales que funcionan, en gran medida, gracias a su excelente trabajo de promoción mediante las reseñas.

Lo chachipiruli de la pregunta “¿sirven las reseñas para vender libros?” es que la respuesta está determinada por muchos factores. Sí, sí, ya sabéis que todo lo que merece la pena en esta vida es complicado y oscuro y está envuelto en nieblas de incomprensión y mucha gente que grita diciendo que la única verdad es la suya. Vamos a meternos en materia, queridos lectores. Porque parte de esa complejidad es que la eficiencia de las reseñas depende (y esto seguro que no sorprende a nadie) del sector del libro reseñado.

No zampa reseñas igual un trekkie que un fan de taylor swift

Cada sector es un mundo y responde de forma diferente al tirón de las reseñas. Ahí van algunas de mis apreciaciones por lo que he podido leer y comprobar entre diferentes lectores y géneros:

Algunos sectores especializados, como la ciencia ficción, suelen tener lectores que otorgan gran valor a su criterio propio, por lo que un manojo de buenas reseñas no tienen por qué convencerles de nada (de hecho, he visto a lectores de ci-fi que han dejado de leer un libro precisamente porque las buenas reseñas les habían creado demasiadas expectativas. Nada echa atrás tanto a un lector de ci-fi como el hype).

-Por otro lado, en el sector juvenil la lectura tiene un papel inmenso de socialización. Hay una influencia determinante por parte de grandes presencias del booktube o del blog tradicional, hasta el punto de que no suele encontrarse una gran disparidad de opiniones (o por lo menos esa es mi percepción al comparar la crítica realizada en juvenil con la realizada en sectores de adulto). El consumo de libros es algo que se disfruta con pasión en este sector, pero también es un modo de acercamiento a otros compañeros lectores con intereses similares: lees sobre todo los libros que leen tus amigos, para poder compartir esa pasión con otras personas. Aquí las reseñas tienen mucho peso, sobre todo si llegan de mano de ciertos blogueros clave. No obstante, también es común un factor de seguimiento falso, por el que la blogosfera se llena de alabanzas hacia un libro que nadie está comprando, sobre todo si no tiene una gran visibilidad comercial (presencia en centros comerciales, facilidad de compra, disponibilidad presencial del autor, etc.). Mi ejemplo favorito de seguidores fantasma son todos los lectores entusiasmados y muy fans que se habían leído La canción secreta del mundo en versión digital… cuando ese libro todavía no existía en eBook.

En el sector de romántica, el lector o lectora de reseñas parece tener otro tipo de interés: me da la sensación de que no le importa tanto qué le ha parecido la obra a quien reseña, sino que prestan más atención al contenido de dicha obra, buscando saber si se adapta a sus gustos (y la romántica y la chick-lit juegan con fórmulas más que probadas: muchos lectores lo que quieren saber es si los libros siguen esas fórmulas y cómo lo hacen). De este modo, el seguimiento y conversión a ventas es muy distinto al de los sectores mencionados antes.

Rara es la vez que un libro sostiene sus ventas en reseñas (aunque en ciertos sectores, un número X de reseñas pueda asegurar un mínimo de ventas). Es algo a lo que le he estado dando muchas vueltas: ¿cómo “consumimos” las reseñas? ¿Nos empujan realmente a comprar?

¿Compramos más los libros más reseñados?

Ya he dicho que el asunto es muy complejo como para responder con un simple sí o no (tener un blog te vuelve bastante habilidosa en esto de cubrirte las espaldas, lo sé). Primero, tenemos en cuenta lo que ya he mencionado sobre el público al que se dirige una obra. Pero luego entra otro factor importantísimo, que es la visibilidad.

Un solo anuncio casi nunca te hará adquirir un producto, a no ser que sea el producto exacto que andabas buscando y que necesitabas. Lo que funciona es la exposición repetida, siempre que se haga de un modo no intrusivo (porque ahí entramos ya en el spam, lo que puede producir más rechazo que atracción). Si leemos cuatro reseñas que ponen bien un libro, que además es de un género y formato que nos interesa, y además lo vemos en primera plana en la librería que frecuentamos, las posibilidades de que lo adquiramos se multiplican por diez.

Hace algún tiempo, una lectora de juvenil me explicaba el complejíismo proceso que la llevaba a decidirse a comprar un libro: una combo de recomendaciones, reseñas, visibilidad y argumento que haría santiguarse al más veterano de los publicistas. Los adolescentes (como muchos adultos) tienen muy poco dinero para gastar en libros y pocas formas (legales) de acceder a ellos. Esto es algo que se nos olvida a los que llevamos un tiempo en el sector editorial: para nosotros los libros ya no son gastos imposibles (recibimos copias gratuitas para reseñar, ejemplares de cortesía de nuestras editoriales, nos tragamos manuscrito tras manuscrito… hasta el punto de que a veces ni nos paramos a pensar en comprarnos el libro que realmente SÍ nos apetece leer). Un adolescente puede comprar por impulso (sobre todo si se trata de un libro que leen sus amigos y quieren comentarlo con ellos), pero las obras que adquieren sin presión externa implican una elección consciente de entre cientos de títulos atractivos. Y esos cientos de títulos son los más visibles: aquellas novedades anunciadas por editoriales especializadas en libros de juvenil, que aparecen gloriosas y brillantes en montañas efímeras de libros en hipermercados, y en esa otra forma de anuncio, sí: las reseñas de blogs especializados.

Así que si eres escritor, da igual del tipo que seas, puedes dedicarle tiempo a conseguir reseñas, pero tus esfuerzos se verán multiplicados por diez si además cuentas con esa visibilidad extra. Si has publicado por la vía tradicional, más te vale tener tu obra distribuida a nivel nacional. Si eres autopublicado, más te vale haber trampeado, trasteado y muchas otras cosas terminadas en -ado, para que tu obra esté entre los más vendidos (y por tanto, visibles) de Amazon. La diferencia entre tipos de ventas es exponencial: los que venden poco no llegan a vender mucho más; los que venden mucho venden cada vez más. El efecto boca a boca, la mayor visibilidad del superventas y esa peer pressure que nos impulsa a consumir lo mismo que los demás lo harán todo.

La gracia está, claro, en que una de las maneras más comunes de llegar a la lista más visible de Amazon es tener muchísimas reseñas. No sé si habéis estado siguiendo el curioso caso de Aftermath, la nueva novela del universo Star Wars escrita por Chuck Wendig. La novela ha tenido muchísimos detractores, por una serie de razones en las que sería muy largo entrar (resumámoslo en tres palabras: estilo, canon, LGTB). Y ha sido invadida por un buen montón de indignados que se han dedicado a darle la mínima puntuación en Amazon, con la intención de bajarle la nota lo más posible y evitar que tenga más compradores.

Es desternillante, cuando lo piensas, porque tantísima nota negativa ha puesto la novela de Wendig en portada de Amazon, lo que le ha procurado muchísimas más ventas. Me imagino las lágrimas de frustración de Wendig ante tanto insulto y crítica negativa, mientras va de camino al banco a cobrar otro cheque de regalías.

¿Quiere esto decir que da igual si tus reseñas son negativas o positivas? No, claro que no. Pero sí puede ser funcional en determinados sistemas. Y, por el contrario, tener muchas reseñas de “OMG, este libro es la p**a p**a” no te garantiza ser un éxito en ventas, aunque sí puede significar que la vida útil de tu libro sea más larga que la del título medio (ya que el libro se sigue recomendando y disfrutando). Tampoco te garantiza nada aparecer reseñado/a en medios que antaño aseguraban un buen puñado de ventas, como prensa nacional, radio, televisión, etc. (a no ser que salgas en Sálvame). Ahora los prescriptores son otros, y suelen estar más en los blogs que en los diarios.

Y ya vamos (¡al fin!) a lo práctico.

conseguir reseñas

Creo que hay una conclusión clara de todo lo anterior: las reseñas son útiles cuando consigues muchas, y aun así no son tan útiles como crees (a no ser que tengas otras formas de visibilidad). Pero si quieres vender algo, si quieres que te compre alguien que no sea tu madre, vecino o profesor de guardería, las vas a necesitar.

Tras toda esta retahíla de reflexiones, he de confesar que no soy nadie para hablar. No he hecho ni de lejos todo lo que tenía que haber hecho para conseguir reseñas que le dieran visibilidad a Lectores aéreos, porque, sinceramente, aunque os parezca increíble, no me da tiempo a todo y porque sí, soy una cobarde. Me da vergüenza y miedo pedir reseñas. Con El fin de los sueños, la editorial se ocupó del tema e hizo un trabajo fantástico (Plataforma destina un número impresionante de libros a reseñas en blogs y creo que es una inversión que les compensa con creces). Pero la autoedición, como sabéis, es un monstruito muy diferente.

Para intentar compensar este pecado mortal, me he estado haciendo una lista de cómo conseguir reseñas, sacada de mi propia experiencia y de todo lo que he leído por ahí, y me gustaría compartirla con vosotros. No dejéis de añadir más ideas en los comentarios o de comentar vuestros propios resultados:

1. Pide directamente

Creo que este artículo del Libro del escritor resume muy bien el proceso ideal para solicitar reseñas de manera directa. Piensa que la búsqueda de reseñas es similar al acercamiento a un editor: debes presentar tu obra de la forma más atractiva posible y debes incluir información gancho (sinopsis, una breve presentación, etc.). Tienes que convencer al reseñador de que tu libro merece su tiempo y atención, (y todo eso sin quedar como un arrogante capullo y sin caerle mal). En términos comerciales, podríamos decir que este es un acercamiento a puerta fría. Los blogueros o críticos no te conocen y tienes que aplicar todas tus habilidades de marketing, todos tus esfuerzos por llamar su atención, para que tu libro se gane un puesto en su pila de pendientes.

El proceso del Libro del escritor es práctico: creas una lista de páginas de mayor a menor influencia, y vas tachando conforme te lleguen negativas, bajando por la lista. Obviamente, si eres autoeditado o si publicas en digital tus posibilidades son menores (hay tantísima porquería en estos sectores que los reseñadores, naturalmente, desconfían). Una buena presentación y un diseño profesional ayudarán mucho a convencer a los indecisos.

2. Sigue a reseñadores en Twitter

Esté método lo leí en Live Write Thrive. Lleva tiempo y trabajo, y no puedo abogar por los resultados a corto plazo, pero, como cualquier método que implique networking, probablemente tenga una alta rentabilidad a largo plazo.

La idea es que haces una búsqueda avanzada en Twitter de reseñadores (puedes buscar por palabras como booktuber, reseñas, blog, libros, etc.), y empiezas a seguir a los que veas que tienen un buen seguimiento (y que pertenezcan a tu sector, claro. De poco sirve seguir a un reseñador de terror si escribes infantil, a no ser que seas Santiago Eximeno). Creas una lista privada (es importante que sea privada, puede ser contraproducente que se vean en una lista llamada “gente a la que hacerle la pelota para que reseñen mi libro”), a través de la cual puedes ver lo que dicen y comentan entre ellos (para esto es recomendable usar algún programa tipo Tweetdeck). La cosa está en comunicar con ellos, entrar en sus conversaciones. Al fin y al cabo, si son de tu sector, hablarán de cosas que a ti te interesen y tendrás algo que aportar. Según Live Write Thrive, esto hará que se interesen por ti y que te pidan tu libro para reseñar.

¿Problemas con este método? Bueno, allá vamos…

Primero, no a todo el mundo le gusta que se le cuelen en las conversaciones en Twitter, sobre todo si tus habilidades sociales son nulas (acabas pareciendo un stalker peligroso). Luego, te sorprenderá descubrir que igual ni te contestan, sobre todo si son blogueros influyentes, porque si tuvieran que contestar a todos sus seguidores no tendrían tiempo para hacer todas las cosas que hacemos los bloggers, como salvar la galaxia o hacer crowdsurfing sobre las olas de nuestros fieles.

Segundo, nadie (o casi nadie) se va a interesar por tu libro solo porque hayáis conversado un poco en Twitter. Más te vale tener toda la demás parafernalia (una web profesional o un blog interesante, una cuenta de Twitter que sirva para compartir algo más que fotos de tu cocodrilo [aunque si tienes una cuenta en Twitter con fotos de tu cocodrilo, no sé qué haces perdiendo el tiempo intentando vender libros], etc.).

Hagas lo que hagas, si quieres algo, vas a tener que pedirlo. Y eso encaja con el siguiente método, que en general me parece el más útil de todos:

3. Crea una relación personal con personas influyentes

Odio la palabra influencers. En el fondo es así como se llama a personas que son nodos de redes comunicativas. Un influencer no es más que una persona que puede ampliar tu red, que puede ponerte en contacto con una cantidad mayor de personas de tu sector.

Por muy útil que sea para algunos, nunca voy a abogar por hacerse amigo de alguien para que promocione tu libro (y si lo hago, tenéis derecho a pegarme en la cabeza con un castor muerto mientras recitáis letras de Pablo Alborán. Prometo que no mencionaré ni una vez las palabras Convención de Ginebra, porque me lo habré merecido). Recordad, amigos escritores, que lo único que os distancia de los comerciales engominados de dentadura reluciente del mundo del libro es el respeto del individuo como persona, no como medio ni producto.

¿Debes buscar a reseñadores y bloggers influyentes? Puede. Puede que te caigan bien, puede que te caigan mal. Yo empecé a hacer una lista para seguir a reseñadores en Twitter y me di cuenta de que una cantidad asombrosa de ellos me dejaban indiferente. A pesar de movernos en sectores continuos, no teníamos mucho en común, y hay un límite de abreviaturas y hashtags que estoy dispuesta a tragar para que reseñen mi libro.

También me he dado cuenta, gracias a este ejercicio (y a tantos otros), de que mi público objetivo es pequeñito y delicado y fenomenal, pero no me importa. Ya el próximo libro será para un público más hambriento).

Creo que es más agradable y eficiente mirar más allá de listas de blogueros populares en Twitter. Busca a los blogueros que te caen bien, que te gustan. Cómete la vergüenza e interactúa con ellos. Y sí, llegado el momento, puedes preguntarles si considerarían reseñarte. Porque no son influencers, ni medios para un fin. Son personas cuyo trabajo admiras y compartes, y para ti sería un honor y una genialidad que leyeran tu libro. De esos ya me he encontrado unos cuantos, y estoy muy contenta por ello.

Y si dicen que no, no te enfades ni insistas. Ese contacto y esa amistad sigue mereciendo la pena.

4. Haz un llamamiento en tu lista de correo

Este es otro consejo que he leído mucho. Agarra tu lista de correo (porque te has estado currando una lista de correo, ¿verdad?) y diles a tus lectores que estarás encantada de ofrecer ejemplares de cortesía a aquellos que se comprometan a reseñar tu libro en su blog o web de reseñas. Ah, sí, también te recuerdo que vas a necesitar tener muchos ejemplares de cortesía.

También tengo sentimientos encontrados respecto a esto. Puedes acabar regalando una gran cantidad de libros (y si son ejemplares físicos, eso implica un gran gasto, ya sea para ti o para la editorial) a personas que posiblemente ni te reseñen, o que hablen de tu libro en blogs o webs con diez visitas diarias. En mi caso, mi libro es digital y, aunque tengo una lista bastante grande, recibí mensajes solo de un pequeño puñado de personas interesadas en realizar reseñas. Podría también haber ofrecido ejemplares de cortesía para reseñar en mis redes sociales, pero tampoco quería restarle valor al libro en sí ante personas dispuestas a gastarse el precio de compra (que, por cierto, es bajísimo: solo 3 euros).

5. Regala libros a mansalva

Esta táctica es eficiente sobre todo para aquellos que ya tienen unos cuantos libros en el mercado y tienen pleno control sobre sus obras (es decir, autoeditados). Puedes contactar con todos los reseñadores que encuentres y también con todos tus seguidores: regálales libros con la única condición de que te puntúen en Amazon, Goodreads y similares (pero sobre todo en Amazon). La visibilidad obtenida puede darle un buen empujón a tus demás libros, lo que en teoría resulta en mayores ventas.

¿Cuál es el problema con esta táctica? Es útil si tienes un prestigio y calidad probada, pero eso de regalar libros está tan visto ya, hay tantos libros gratis, que muchos lectores se dedican ya a descargar y descargar y no leerse ni la mitad de lo que tienen en el Kindle. Hay más probabilidades de que lean libros físicos, que todavía tienen ese peso de elemento sagrado (por muy mala que sea la portada) con el que nos hemos criado, pero el coste para ti o para tu editor será difícil de asumir. Esta estrategia, por tanto, puede funcionar para autores con cierta trayectoria, o para novatos con mucha paciencia y con la vista puesta en la meta muy lejana, autores a los que les interesa más conseguir lectores que compradores. Esta es una estrategia que deberá acompañarse de una entrega grande a dichos lectores: una presencia atractiva en redes sociales, un networking intensivo en todo tipo de convenciones y encuentros, etc., etc., etc.

Pero entonces, ¿qué nos recomiendas, Gabriella?

Ya veis, no hay una solución definitiva. Estas son cinco vías que pueden funcionar (o no). A la larga, vistos los resultados obtenidos por otros autores, considero que estas dos podrían ser las más productivas en lo que se refiere a la búsqueda de reseñadores:

  • Ofrecerles un producto muy atractivo (edición de lujo, edición física acompañada de buena presentación y sinopsis) a personas con un amplio espectro de influencia (reseñadores con muchos lectores), para conseguir pocas reseñas en lugares de gran alcance, u
  • ofrecer productos de bajo coste para ti (eBooks de cortesía, por ejemplo) a muchísimas personas, a cambio de que te realicen reseñas en Goodreads y, sobre todo, Amazon, lo que ampliará la visibilidad de tus libros. Este es un sistema que le funciona muy bien a autores como S. J. Scott, que llega a regalar TODOS sus libros a los que pertenecen a determinada lista de correo, con la petición de que valoren sus libros a cambio. Al ofrecernos estos libros a los que estábamos en su lista de correo normal, lo único que tuvimos que hacer fue decirle que nos apuntábamos a la lista exclusiva. Así, Scott sabía que somos lectores que abren y leen sus emails, y por tanto somos lectores dispuestos a interactuar y a apoyarle. La estrategia le funciona admirablemente bien.

También puedes combinar los cinco puntos enunciados: “cortejar” a reseñadores, que ya te conocen porque has interactuado con ellos en Twitter y en otros medios; a la vez regalar libros estratégicos a tus seguidores para conseguir esa visibilidad que necesitas.

¿Entendéis ahora lo que dije más arriba de que no he tenido tiempo de buscar reseñas? Lo sé. Vosotros estáis en las mismas: mantener un blog, escribir, leer y encima intentar ingresar algo de dinero con que alimentar a tus muy hambrientos gatos y novio no es para débiles.

Yo soy un poco débil y un poco cobarde. Así que si queréis leer y opinar sobre mi libro, solo tenéis que decírmelo (ahí tenéis el formulario de contacto). Si os comprometéis a puntuarlo, yo os lo regalo, en serio.

Decidme: Gabriella, tengo un blog de reseñas, o de restauración de micromachines, o no tengo blog pero luego me voy a Amazon o a Goodreads y digo cosas como “este libro apesta tanto que hasta en el Congo se están poniendo pinzas en la nariz” o “este libro está bien, salen palabras” o “este libro es lo mejor que me ha pasado en la vida desde que mi novia decidió que las mujeres también molaban”. De paso, dame el email de tu novia. Es para regalarle también mi libro y que lo valore. Para nada más, lo juro.

Pensad en la de listas y listas de tuiteros influyentes y de influencers blogueros a los que ya no tendré que enviar patas de jamón ibérico. La de tiempo que ahorraré para poder traeros más y más artículos sobre escritura, creación, productividad y cocodrilos.

Y ahora me vuelvo a mi agujero. Hay muchos de esos artículos que escribir, muchos libros sobre los que informar, muchas novelas que acabar y un escritor-novio hambriento que acaba de quitarle la comida a mi gato**.

Mirad, ahí van los dos, peleando por un palito de cangrejo falso.

 


*O no tan metafóricas. Alejo Cuervo, por ejemplo, tiene un trono de hierro hecho de espadas que pinchan. Y Cristina Macía tiene un sofá mágico hecho de la melena de pegasos multicolores y de las lágrimas de fanboys: os lo digo yo, que he estado en su casa.

**Iba a poner una foto de mi gato para rematar el chantaje emocional, pero entonces veríais que tiene una gran barriga y diríais que es mentira lo de que esté hambriento. Y sí, seguimos con el gran misterio de dónde está alimentándose este gato para tener esa barriga, que en casa come menos que el público de primera fila de la pasarela Cibeles.

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13 preguntas importantes que se hacen los escritores antes de promocionar un libro

enero 12, 2015 — by Gabriella13

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Qué complicado es esto de mezclar arte y mercado, creación y venta. Son dos mundos muy diferentes que sin embargo se acaban viendo mezclados, de forma inevitable. El arte suele llevar asociado una recepción, y en el caso de los libros, los productos expuestos se pagan. Mediante estas ventas, el autor puede hacer cosas mundanas pero necesarias como pagar la hipoteca y comer.

Bueno, esa es la teoría.

Como es un tema recurrente entre escritores (y algunos editores y lectores), he decidido pelearme de frente con el espinoso debate del marketing de una obra literaria. ¿Cuál es el enfoque ideal para promocionar un libro? Y estos son los puntos que más veo, las cuestiones de las que más hablamos entre nosotros. Aquellas que atacan el complejo nudo gordiano de la relación entre la pureza de lo artístico y la aparente “suciedad” de la comercialización.

Ahí van. Aviso: Este artículo es bastante largo, y eso que he eliminado un buen montón de paja. Es un tema sobre el que he leído y debatido bastante con colegas de profesión y sector, y aun así tengo la sensación de que no hago más que arañar la superficie. Haceos un té o algo y echadle ratico.

Primera pregunta, y la más frecuente:

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Entrevistas relámpago a escritores (20): Emilio Bueso

diciembre 11, 2014 — by Gabriella3

Llega el jueves y llega la entrevista relámpago. Yo he vuelto de Barcelona con un resfriado descomunal, pero saco fuerzas de flaqueza para traeros la entrevista de hoy, porque soy así de sacrificada y buena gente. Y es que la entrevista de hoy es a uno de vuestros favoritos: Emilio Bueso.

¿Qué era esto de las entrevistas relámpago? Tengo una lista muy larga de preguntas cortas (ahora mismo va por 85 preguntas). De allí, usando random.org, selecciono una secuencia de quince preguntas aleatorias, que le entrego al entrevistado o entrevistada. Este (o esta) elige diez de esas preguntas y responde con frases también breves. Al final, hay una pregunta extra que podrá aprovechar para hablar un poco más de sí mismo/a o para vengarse de la entrevistadora (es lo justo). La semana pasada entrevisté a Mauricio-José Schwarz, y podéis ver todas las entrevistas publicadas hasta ahora en este enlace. Y ahora, vamos a hablar un poco del entrevistado de hoy:

Emilio Bueso nació en Castellón, en 1974. Es ingeniero de sistemas y, tras haber ejercido la docencia durante siete años en una facultad de informática, trabaja como responsable de tecnología en una institución interuniversitaria. Su trayectoria como autor arranca en el realismo sucio para adentrarse en la narrativa de género. Ha publicado las novelas Noche Cerrada (Verbigracia, 2007), Diástole (Salto de Página, 2011) y la polémica Cenital (Salto de Página, 2012), obteniendo consecutivamente por los dos últimos títulos el Premio Celsius de novela fantástica de la Semana Negra de Gijón. Tras coquetear con la literatura criminal y el western en Esta noche arderá el cielo (Salto de Página, 2013), se inspira en la obra de H.P. Lovecraft para su quinta novela, Extraños Eones (Valdemar, 2014), convirtiéndose en el primer español de su generación para el sello decano en literatura de terror. Sus relatos le han valido los premios Domingo Santos y Nocte.

¿Qué se puede decir de Emilio? Emilio no es de los que se callan las cosas, lo cual, para mí, es bueno y malo. Bueno porque es refrescante que haya autores que sean completamente sinceros con el proceso editorial y muchos de los mitos y mentiras que lleva asociados; malo porque no es el invitado ideal para, qué sé yo, una fiesta de pijamas o un apocalipsis. Me lo imagino ahí apuntándonos a todos con el dedo y gritando: “¡Os lo dije!” (en el apocalipsis, no en la fiesta de pijamas). Sea como sea, al final es su obra la que habla por él, con el beneplácito de la mayoría de la crítica y la admiración ferviente de sus seguidores, algo de lo que pocos pueden presumir.

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ENTREVISTA RELÁMPAGO A EMILIO BUESO

DSC004551. ¿Cuál crees que es la mejor profesión secundaria para un escritor?

Ser escritor no es una profesión, es una maldición.

2. ¿Cómo te gustaría morir?

En paz.

3. ¿Cuál es tu récord de tiempo escribiendo sin parar?

Varios años sin escribir, he llegado a estar. Y eso sí es un record.

4. Tu restaurante favorito

Desde que todo lo que como me sienta fatal que ya no gasto de eso… Aunque todavía me entra hambre cuando miro la comida japonesa.

5. ¿Qué libro/artículo/poema te habría gustado escribir?

Casi cualquier cosa de Bukowski.

6. ¿Con qué animal te compararías?

Yo soy un ornitorrinco.

7. Si fueras una galleta, ¿qué tipo de galleta?

Una de esas para cagar. Fijo.

8. ¿A quién admiras?

Tener ídolos es peligroso, resulta mucho más sano admirar rasgos, detalles, o conceptos. Entre otras cosas, porque las personas que parecen demasiado buenas para ser de verdad siempre terminan siendo una mentira.

Intento no admirar, en general, a nadie, en concreto.download

9. ¿Recuerdas cuál fue el primer libro que leíste?

Recuerdo a menudo uno de los primeros que me marcó. La historia interminable. Era un crío, claro. Releí el libro hace unos años y aluciné con él.

10. ¿Te has enamorado alguna vez de un personaje?

Varias veces. Odio cuando me sucede eso. Es como quedarse pillado de un estudiante de intercambio.

Pregunta extra (seleccionar opción y contestar):

a) El entrevistado se inventa una pregunta, la hace y se responde a sí mismo.

b) La pregunta la hace el entrevistado a la entrevistadora.

c) Ya he terminado, deja que me vaya a mi casa. Por favor.

Emilio escoge la b) y me pregunta: ¿A ti esto de la literatura no te parece una mierda, tal como anda montado ahora mismo?

Empecé a responder a esta pregunta, a escribir y borrar y reescribir, y cuando me quise dar cuenta llevaba una hora con la dichosa respuesta. Hay mucho que me gustaría decir al respecto, pero no me parece de recibo convertir la entrevista a un invitado en un largo post con mi deriva mental. Voy a resumirlo muy brevemente, con la esperanza de poder ampliar mi respuesta más adelante en un artículo al respecto: en esto yo creo, como Sturgeon, que hay un 90% de mierda y un 10% que no lo es. El 90% es deprimente, desde luego, pero en el 10% tienen cabida la cooperación entre escritores (sí, existe, aunque en unos géneros y entornos más que en otros), los libros y autores excelentes, la lucha por modificar el modelo abusivo tradicional y la explosión que todavía está en proceso del formato digital. En ese 10% hay oportunidades y muchísima gente válida y valiente, y es por ese 10% por el que yo sigo al pie del cañón.

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Muchas gracias a Emilio por sus respuestas, ¡y no os perdáis la entrevista de la semana que viene!

Advertencia para escritores: Aunque esta ha sido desde el principio una convocatoria abierta para todos los escritores que quisieran participar, en estos momentos tengo bastantes entrevistas acumuladas, por lo que, por el momento, se cierra dicha convocatoria y no se admiten solicitudes de entrevistas. Eso, sí, sentíos libres de seguir enviando propuestas de preguntas para las entrevistas a gabriellavc(arroba)yahoo.es

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¿Cuándo tiene que cortarse el escritor de literatura juvenil? Los expertos opinan

octubre 29, 2014 — by Gabriella11

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imagesUno de los problemas con los que me encontré en El fin de los sueños, en la novela que he terminado hace poco e incluso en la que he empezado a escribir ahora, fue el de los límites del propio género. ¿Hasta dónde podemos hablar de sexo y violencia, por ejemplo? ¿Hasta dónde podemos hablar de depresión, de suicidio o de pérdida? Es algo que, en lo que respecta al juvenil, nunca he tenido nada claro. No me gusta tratar a los lectores jóvenes como si fueran pobres corderillos y soy bastante consciente de que esta generación está bastante más expuesta a la sexualidad, a la violencia y a tantas otras cosas.

En una charla sobre coherencia en los mundos de fantasía a la que asistí en el Festival de Fantasía de Fuenlabrada, el escritor Emilio Bueso dijo que a él no le gustaría que su propio hijo leyera sus libros en estos momentos; no tanto por componentes de sexo o violencia, sino por una visión tremebunda del mundo que nadie desea para alguien que todavía disfruta de cierta inocencia e idealismo. Aunque Bueso no es escritor de juvenil, ofrecía una visión que es clave para muchos autores que sí lo son. Así, hay muchos límites que rodean al género, límites que además varían según hablemos del juvenil tradicional o del más reciente New Adult, que se dirige a un público algo más mayor.

¿Cómo marcar esos límites? ¿Cuáles deben ser? Decidí que haría lo mejor que puede hacerse en estos casos, que es preguntar a los expertos. Así que reuní a un grupo excelente de autores, editores y lectores de juvenil, y les pedí su opinión. Como podréis ver, hay observaciones dispares, pero todas inteligentes y bien razonadas.

Alfredo Álamo

(escritor y coordinador de Lecturalia)

Creo que el “nivel” de ¿sordidez? debe ir acorde con la historia que estás contando y de si hay implícitos valores morales adicionales o no. Creo que lo que debe sobrar siempre es la gratuidad, algo que es aceptable en narrativas más complejas pero a nivel juvenil adulto no tienen sentido. También habría que discutir cómo de explícito puedes ser antes de caer en lo pornográfico o en el regodeo por la violencia. Yo creo que el sentido común existe, así como la coartada que te permite el arte para saltártelo, así que un equilibrio entre ambos sería lo mejor

Carlos García Miranda

(escritor y guionista):

Cuando escribí mi primera novela me salté esos límites. El libro chorreaba violencia y tenía unas cuantas páginas con sexo explícito. Lo hice porque la historia lo pedía, y porque no me parecía que fuera a escandalizar a nadie; nada de lo que había escrito era algo que no se le hubiera pasado antes por la cabeza a un lector adolescente. Pero el caso es que, al publicarse, hubo bastante revuelo… Por lo visto, había escrito sobre cosas que no solían leerse en los libros juveniles. Lo más sorprendente, al menos para mí, fue que las “protestas” las causó la parte sexual. De la violencia no dijo nadie ni mu.

No sé si me ayudó o perjudicó saltarme las normas no escritas sobre lo que debe incluir un libro YA. De lo que estoy seguro es de que volvería a hacerlo si la historia lo pide

César Mallorquí

(escritor)

En principio, creo que la literatura juvenil no debería tener ningún límite; o, mejor dicho, los mismos límites que pueda tener la literatura en general, si es que los tiene. Pero el caso es que, de hecho, sí que existen ciertos límites “sociales”; es decir, comúnmente aceptados. Personalmente he dedicado una buena parte de mi obra juvenil a explorar esos límites y comprobar hasta dónde podía transgredirlos. Por ejemplo, el lenguaje; el uso de palabras malsonantes.

En la primera novela juvenil que escribí, algunos personajes (skinheads, en concreto) usaban tacos en sus diálogos. La editorial me sugirió que los eliminara, y yo me negué, porque los consideraba necesarios para definir la personalidad de esos personajes. La novela se publicó tal cual y no pasó nada. Luego, dando charlas a jóvenes lectores, algunos se extrañaban por el uso de las palabrotas, porque no estaban acostumbrados a verlas por escrito. Pero lo entendían cuando les explicaba que, si quería describir a un skinhead verosímil, no podía hacerle exclamar “caray”, “córcholis”  o “jopé”.

El límite de la violencia en realidad no existe. En muchas de mis novelas hay escenas de violencia (en algunas de gran violencia), y nunca nadie me ha comentado nada al respecto. Hay violencia en muchísimas obras juveniles.

En cuanto al sexo, ahí sí que hay un poderoso límite social y cultural, como si los jóvenes no tuvieran sexo (cuando precisamente es uno de los asuntos que más les interesan). No obstante, ese límite va relajándose poco a poco, y ya puede hablarse de sexo en los textos juveniles… siempre y cuando no sea sexo explícito. Personalmente eso no me supone un gran problema, porque el sexo explícito, en literatura, siempre me ha parecido artificial, generalmente innecesario y, con frecuencia, un tanto ridículo. Pero el tabú del sexo sigue existiendo en la literatura juvenil, y deberíamos procurar acabar lo antes posible con él.

¿Creo que la literatura juvenil debería tener algún límite? Rotundamente no; salvo los derivados de la ética personal del autor (pero eso podría aplicarse también a todo tipo de literatura, ¿no?).

Sofía Rhei

(escritora):

Yo creo que la LIJ no es un género literario, sino un nivel lector, del mismo modo que la literatura infantil. Dentro de ella caben casi todos los géneros. 
 
Las diferencias con la literatura para adultos, son, efectivamente, las cantidades de sexo y violencia, pero también las menciones a drogas y otros temas socialmente controvertidos, el terror extremo, y desarrollos excesivamente académicos que sí pueden tratarse en libros para adultos. En general la LIJ tiene un rango de vocabulario menos extenso, pero existen numerosas excepciones a todo esto. 
 
Yo creo que las editoriales tienen una responsabilidad hacia los padres y los adolescentes cuando etiquetan un libro como apto para ellos. Por supuesto, padres, educadores y los propios adolescentes son muy libres de leer o de proponer leer lo que les venga en gana, pero la LIJ me parece una etiqueta útil para las personas que prefieren no encontrarse con sorpresas que les puedan resultar desagradables. De hecho, es el único motivo de su existencia.

Irina C. Salabert

(editora de Nocturna Ediciones):

Creo que los límites deben, en todo caso, separar lo gratuito de lo necesario. A mí no me preocupa lo más mínimo que una novela juvenil tenga sexo o violencia, siempre y cuando eso aporte algo a la historia o a los personajes. Por ejemplo, en Nocturna publicamos Cenizas, de Ilsa J. Bick, una trilogía que comparte bastantes características con The Walking Dead. Claro que tiene escenas violentas, pero sirven para ilustar el contexto, para hacer reflexionar a los protagonistas sobre hasta qué punto estarían dispuestos a sobrevivir. En El señor de las moscas, Golding describe con mucha crudeza la muerte de Piggy. Pero ¿es gratuito? En absoluto, ya que ese momento representa el fin de la civilización.
 
Lo que me resulta muy curioso de este asunto es que, ahora mismo, la violencia sea más aceptable en la literatura juvenil que el sexo. Mientras que en series como Los juegos del hambreEl corredor del laberinto Divergente pueden darse situaciones un tanto cruentas (y muchas de las propuestas que nos llegan van en la misma línea), hay un puritanismo de lo más extraño en todas las cuestiones sexuales. Y no es que me interesen las novelas que dependan del sexo a lo Cincuenta sombras de Grey ni mucho menos, pero no creo que sea lógico explotar tanto la violencia y seguir considerando el sexo un tabú. Para mí, en esta materia todo lo censurado es tan negativo como lo gratuito.

Miriam Malagrida

(editora de la colección Neo de Plataforma Editorial)

Los límites en juvenil solo puede marcarlos el lector. Para mí, como lectora y editora, un libro es juvenil cuando refleja los intereses, las inquietudes o las preocupaciones de los jóvenes, y al mismo tiempo es capaz de atraparlos y de despertar en ellos nuevas emociones y reflexiones. Y esto puede hacerse desde muchos subgéneros y tratando temas muy diversos, que van mucho más allá de la violencia o el sexo. Una novela juvenil romántica es buena cuando el autor consigue captar y transmitir la esencia del primer amor, del mismo modo que una distopía para adolescentes lo será si logra crear un escenario envolvente y creíble y despertar la conciencia social de los lectores.

Si un autor quiere escribir juvenil, solo debe pensar en su público y sobre todo alejarse de los tópicos que a veces recaen sobre este género. No es casual que los libros que normalmente menos gustan a los jóvenes son los que están infestados de clichés y no reflejan la verdadera complejidad de sus mundos y sus preocupaciones. Quizá el único límite admisible dentro del género (y seguro que en ocasiones encontraríamos motivos para transgredirlo) es que los personajes exploren cualquier tema de interés para los jóvenes, y esto es tan amplio como la vida misma…. Y tal vez por eso cada vez más adultos se confiesan lectores de literatura juvenil.

Vanesa Pérez-Sauquillo

(escritora, poeta; fue editora de Alfaguara)

La adolescencia es uno de los períodos más conflictivos de la vida, y el editor de literatura juvenil debe ser consciente de que sus lectores están todavía en una etapa de formación, muy vulnerable. Es cierto que a esas edades se leen ya libros para adultos, y grandes clásicos (sin adaptación), pero el editor especializado en juvenil tiene una responsabilidad con su público sobre los contenidos que publica. 

Siempre se discute el hecho de reducir la violencia, el sexo, las drogas… Yo creo que hay algo más importante, y es la necesidad de transmitir esperanza. No debe haber cabida para el suicidio del protagonista en un libro juvenil, ya que es precisamente en esta etapa donde se dan las estadísticas más elevadas. En la LIJ, siempre tiene que haber superación de los problemas. El lector debe confiar en que todo se resolverá en la narración, y también en su vida, como en los cuentos de hadas: si te enfrentas al peligro, podrás encontrar la salvación dentro de ti mismo (bien a través de tu ingenio o de tu buen corazón, ¡hay tanto por descubrir dentro de uno!), o gracias a algún agente externo (tal vez alguien que te dé la clave, como por arte de varita mágica).

La esperanza es un mensaje necesario para la formación del ser humano. A mi parecer, es uno de los valores claves que te pueden transmitir los libros. Montserrat Sarto escribió: “El que lee no está haciendo algo, se está haciendo alguien”. Y sobre todo durante las primeras etapas de la vida, tan hermosas, pero a la vez, tan llenas de interrogantes y de dificultades.

Y, por último, vamos a ver qué opinan los lectores:

Ruth Pérez de San Macario

(lectora y bloguera)

Hace un par de semanas me leí los dos primeros libros de una trilogía titulada Penryn and the End of Days. Está considerada como literatura YA pero el nivel de violencia y escenas/descripciones macabras es bastante alto. Personalmente me gustó, pero tal vez a alguien con un estómago más flojo no le gustaría (estoy casi segura de que los padres de un chico o una chica de 15 años dirían que no es lo adecuado). El problema de estos libros es que si le quitas la violencia, perderían la esencia de lo que es la historia en cuestión (es una distopía, lo mismo le ocurriría a Los juegos del hambre y a todas las novelas consideradas como tal).

Con esto quiero decir que dentro del género juvenil te puedes encontrar un sinfín de subgéneros que van a contener aquello que el lector está buscando. Creo que cerrarle la entrada a los libros con violencia en este ámbito de la literatura es algo ilógico porque ¿qué gracia tendría una historia apocalíptica o épica sin ella? Con esto se perdería parte de la acción y los jóvenes estamos ansiosos de encontrar escenas trepidantes en libros así.

Los lectores de YA estamos más que preparados para leer historias violentas sin sentirnos conmocionados, porque cuando elegimos un libro ya sabemos qué nos vamos a encontrar. Por lo tanto, no, no creo que los autores deban cortarse a la hora de escribir respecto a esto si el libro necesita escenas fuertes.

Por otra parte, está el asunto del sexo. Me parece que no he encontrado ninguna novela YA que se atreva a tratar el tema de forma abierta más allá de los de Federico Moccia (y no, tampoco es nada para tirar cohetes). Y creo que es algo ilógico: somos jóvenes, con plena revolución de hormonas, tenemos acceso no restringido a internet y, en ocasiones, parecemos saber más de ese asunto que algunos mayores.

Es decir: no nos asustamos fácilmente ya. Quizás en otra época el género debería ser más cerrado, ¿pero ahora? Tampoco estoy hablando de que se acepten novelas eróticas, porque no es plan, pero, de verdad, no es necesario hacer un corte radical en las escenas cuando los personajes pasan a algo más allá de los besos inocentes. Si los protagonistas son jóvenes deben actuar como jóvenes (solos, en casa, sin nada que hacer, con la tensión del momento…). Si los autores quieren que los lectores se sientan identificados no deben tratar el tema del sexo como un tabú, porque entre nosotros no lo hacemos. Los comentarios salidos de tono, las gracias con referencias sexuales y cosas parecidas no nos asustan. Es más, es precisamente eso uno de los detalles que más acercan la novela al lector porque es algo real.

En resumen, tampoco veo necesario que los escritores se comporten como mojigatos cuando escriben sus libros, a pesar de que sean juveniles. (Dentro de lo normal, obvio, no vas a meter escenas BDSM porque ahí sí que podrías conmocionar a alguien).

En mi opinión, los límites de la literatura juvenil son muy difusos. Lo más básico para poder clasificar a una novela como tal es que el lector de entre 15 y 20 años (aproximadamente, ya sabemos todos cómo es esto de los gustos literarios) se sienta identificado con los personajes, sin importar si es una distopía, una historia épica, de ciencia ficción, etc. Deben pensar como nosotros, y para ello el autor no nos puede ver como críos de 5 años con ningún tipo de preparación psicológica o intelectual para afrontar hechos “fuertes”. Somos personas inteligentes, tenemos nuestros estudios y vamos aprendiendo poco a poco cada día, vemos las noticias y estamos enterados de lo que pasa en el mundo. Los personajes deben actuar en consecuencia. Es más un límite de conceptos que de temas (por poner varios ejemplos: conocemos el funcionamiento de la justicia, pero no puede haber un montón de descripciones de leyes porque no estamos dentro de ese ámbito y eso nos aburriría; puede haber escenas de sexo pero tampoco necesitamos una descripción íntegra porque el resto nos lo imaginamos, aceptamos las muertes y heridas de los personajes sin tener que leer cómo dejan de funcionar los órganos uno a uno y por qué, ya que eso paraliza la acción del momento…).

Miguel Trujillo

(lector, traductor y bloguero):

Personalmente, opino que las editoriales en general y las españolas en particular pecan demasiado de subestimar a sus lectores en cuanto a estos dos temas en concreto. Creo también que hay cierto miedo bastante evidente en según qué editoriales, quizás a las posibles opiniones de los padres o profesores, quizás a una posible polémica; o quizás se trata simplemente de que muchas siguen tratando de aleccionar a sus lectores sin darse cuenta de que lo que venden no es literatura prescriptiva, sino literatura juvenil. 
 
Aunque en otras temáticas sí que ha habido una clara evolución, en todo lo relativo al sexo y a la violencia parece que sigamos estancados en la censura impuesta hace cincuenta años. Y eso es absurdo, porque un adolescente de hoy en día ha visto mucho más sexo y violencia que uno de hace cincuenta años. En televisión, videojuegos y periódicos se nos bombardea constantemente (no es un secreto que el sexo y la violencia venden), así pues, ¿por qué no incluir estos dos aspectos tan reales de la vida en la literatura? No se trata de hacer apología de la violencia ni mucho menos, sino todo lo contrario: normalmente, la violencia en la literatura juvenil la ocasiona algún personaje malvado o algún enemigo que hay que derrotar. ¿No sería esta una ocasión perfecta para explorar las consecuencias de la violencia, de conseguir que los lectores comprendan su innecesariedad sin resultar abiertamente aleccionadores (esto sería un error tan grande como omitirla)? Evidentemente, no estoy hablando de una violencia gráfica y desmesurada que pueda herir sensibilidades, sino de presentar una realidad sin maquillarla ni camuflarla. Los lectores no son tontos, por muy jóvenes que sean, y son los primeros que se dan cuenta de que los escritores o editores se autocensuran a la hora de narrar según qué escenas. Y esto, lógicamente, no les gusta.
 
Lo mismo pasa con el sexo. Por supuesto, no estoy hablando de llenar de escenas sexuales un libro destinado a un público de, digamos, doce años, pero sí que creo que a partir de los catorce o quince años un lector es lo bastante maduro como para comprender lo que lee. Obviamente, no creo que en un libro juvenil sea apropiado incluir escenas propias de un libro de romántica o erótica adulta, pero tampoco veo adecuado ocultar esta realidad y contribuir a que siga siendo un tabú. Después de todo, el sexo y la sexualidad son una parte importante muy de la adolescencia, y estigmatizarla no hace ningún favor a los jóvenes, más bien al contrario. Nuevamente, entramos en las innumerables posibilidades que ofrece la literatura. Con la cantidad de sexo gratuito que aparece continuamente en televisión, ¿no sería la literatura el lugar perfecto para explorar este campo, nuevamente sin caer en el error de tratar de aleccionar al lector? ¿No sería un medio perfecto para tratar de deshacer tabúes innecesarios? Pasa lo mismo con la homosexualidad, otro gran tabú en la literatura juvenil. Personalmente, me sorprende que sea mucho más fácil ver a dos hombres o a dos mujeres besándose en televisión que leer una escena de este tipo en una novela juvenil. ¿Acaso la televisión no llega a un público más amplio y, por lo tanto, es más susceptible a posibles controversias o reacciones negativas por parte de los espectadores? ¿Acaso los jóvenes no están (en general) mucho más abiertos a esto que, digamos, un público más adulto o anciano? ¿Qué sentido tiene ocultar la realidad?
 
En definitiva, yo creo que el error de las editoriales (y quizás los autores) está aquí en la poca disposición a normalizar una realidad de la que los jóvenes ya son perfectamente conscientes: nuevamente, no estamos hablando de hace cincuenta años, sino de ahora. No, no es necesario caer en el sexo y la violencia innecesarios y gratuitos, pero un error tan grave como ese es tratar de maquillar su existencia.

Pablo

(lector y bloguero):

Creo que depende de si se quiere vender como juvenil o YA, porque el público es distinto y es evidente que una persona de catorce no ve la vida igual que una de dieciocho. Pero en general creo que no hay que cortarse, hasta cierto punto, sino que hay que tratarlo desde la perspectiva de una persona de la edad a la que está enfocada el libro. 
 
Quiero decir, no hay que recrearse en esos temas, sino mostrar que son una parte de la vida de un joven de dieciséis-dieciocho años y contarlo un poco desde esa perspectiva.
¿Qué opináis vosotros, queridos lectores? ¿Dónde creéis que están los límites, de haberlos, de la literatura juvenil? Me interesan sobre todo las opiniones de los que seáis padres y/o profesores, ¡pero todas me valen!

*Nota: La pregunta exacta que se le hizo a todos los entrevistados fue la siguiente: 

Al hablar de literatura juvenil y de ponerle límites al young adult, lo primero en que piensa uno es en sexo y violencia, parámetros por los que se miden, aparentemente, cine, videojuegos y otras formas de ocio. ¿Crees que los libros de juvenil deben limitarse en este sentido (es decir, ¿deben cortarse los autores?) o crees que los límites deben ser otros?


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Siete cosas que muchos creen sobre el mundo editorial y que no son ciertas

junio 19, 2014 — by Gabriella22

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Ocurre en cualquier sector y en cualquier profesión: es difícil entender como consumidor, desde fuera, exactamente cómo se mueve todo por dentro. Los que no somos profesionales de la medicina no sabemos cómo funciona la industria médica ni cómo es exactamente el oficio del médico; los que no somos arquitectos no sabemos cómo diseñar una casa ni el trabajo que esto implica. Este desconocimiento es lógico: si quisiéramos saberlo y hacerlo todo no conseguiríamos acabar nada nunca. Y el sector de la escritura y de la edición no se libra: hay toda una serie de mitos curiosos sobre el mundo editorial que a veces me pregunto de dónde han salido. Tal vez parte de la culpa sean las películas de Hollywood, tal vez parte de la culpa sea de la propia industria, que gusta de presentar una imagen idealizada de su funcionamiento. Pero la realidad es que cuando alguien me pregunta a qué me dedico, muchas veces digo que soy correctora. ¿Y sabéis por qué? Porque si digo que soy escritora, tiendo a enfrentarme con alguno de estos puntos:

1) El autor vive de escribir:

iosphereSin duda, mi favorito. Creo que a muchos lectores les sorprendería averiguar que incluso ciertos autores que en España se considerarían “superventas” no pueden depender de los ingresos que reciben por sus libros. La mayoría de los escritores complementan su actividad con cursos, conferencias, talleres, y, ¡sí!, escribir libros para otros (los famosos negros); o bien tienen un empleo “normal” (lo que implica levantarse a las cinco de la mañana para conseguir avanzar en tu novela). Tened en cuenta que los porcentajes que reciben los escritores por cada venta son mínimos, que muchas editoriales se retrasan en los pagos (o directamente no pagan), que hay que pagar IRPF y que el mercado español simplemente no es muy grande. Hay pocos lectores, a no ser que consigas que tus obras se traduzcan y se vendan en otros países (muy difícil).

Por otra parte, la vida comercial de un libro es muy corta: después de apenas unos meses, las librerías comienzan a devolver libros no vendidos para hacer espacio para novedades, por lo que el ciclo de puesta en escena es breve, pero los contratos editoriales pueden ser para muchos años, por lo que puedes tener un libro parado, sin poder moverlo y sin que te esté proporcionando ningún ingreso, durante siete años o más. Cierto es que hay géneros que venden más y otros que venden menos, pero en cualquier caso tienes que producir muchísimo para obtener una mínima rentabilidad por un libro. Hay escritores líderes en su sector que pueden pasar más de un año sin ver un duro en regalías, entre editoriales que cierran, anticipos (muy bajos) que no se cubren y mil razones más. Menos mal que tienen además una profesión “de verdad”, ¿eh? Porque si dependieran de lo que escriben, estos señores no podrían pagar su hipoteca ni alimentar a sus hijos.

2) El autor es un artista bohemio que vive feliz por poder dedicarse a lo que le gusta:

hyena realityEste está relacionado con el punto 1. Para poder sacarle algún rendimiento a su trabajo, el escritor tiene que escribir MUCHO. Haced cuentas. Incluso si es una persona más o menos reconocida, que por lo menos tiene la suerte de tener editoriales medianamente solventes interesadas en su trabajo, no puede cubrir sus necesidades económicas anuales con un anticipo cada par de años y algún ingresillo de regalías. Debe complementar su escritura con otros empleos, como ya hemos dicho. Y este tipo de producción masiva (donde, además, tiene que mantener cierta calidad) requiere de disciplina y de una vida más o menos ordenada. Es fácil criticar a los que producen mucho (y es verdad que la calidad de las obras de los escritores muy prolíficos se ve afectada por esta falta de tiempo para cada producto, como es obvio), pero si eres un artista inspirado que conversa con las musas entre efluvios de alcohol y LSD probablemente veas afectada tu velocidad de producción (con la notable excepción de la generación beat estadounidense, Hemingway, y tal vez Edgar Allan Poe).

Y sí, utilizo palabras como producción y disciplina, que son horriblemente comerciales y frías, y necesarias para sobrevivir para el escritor medio. Por otro lado, el progreso no se obtiene sentándose a esperar a que vengan a visitarte las divinidades de la inspiración, sino currando como una mala bestia.

3) El autor es un robot sin sentimientos

1No deja de sorprenderme que, pese al punto anterior, pese a esa imagen de bohemio artista ultrasensible, el lector tenga a la vez una percepción del escritor como un ente elevado, robótico, más allá de los sentimientos y emociones que aquejan al más común de los mortales. Cuando un escritor tiene una rabieta por una mala crítica, por ejemplo, los lectores se indignan. ¡Tenemos libertad de expresión! ¡Qué derecho tiene este a enfadarse si digo que su obra es una gran montaña de mierda humeante! ¡Yo soy el lector, el consumidor, su único objetivo es complacerme! Del mismo modo, los lectores se sienten con derecho a expresar todo tipo de barbaridades, a opinar sobre la vida privada y las intenciones de los autores, sin que se les pase por la cabeza ni por un segundo que los escritores, como seres humanos particularmente vanidosos, se buscan en Google.

Ah, sí, habéis leído bien. Todos lo hacen. Y algunos, los particularmente sensibles, en vez de lanzarse a su piscina de oro a lo Tío Gilito mientras se ríen de esos pobres que creen que saben de literatura, se van a llorar a una esquina, con las luces apagadas.

Menos yo, claro. Yo dejo las luces encendidas, que soy una valiente.

4) Escribir es fácil

2Cuando leo que alguien tiene “una prosa sencilla”, siempre que no hablemos de prosa simplona, me llama la atención. ¿Sabéis lo difícil que es escribir bien con una prosa sencilla? Cuando somos jóvenes e incautos, todos queremos sorprender al lector con nuestra retórica amplia y extravagante, con nuestro dominio arcaico del lenguaje. Barroquismo y retruécanos, calambures y fuegos artificiales. Y acabamos con un montón de palabrería insulsa que realmente no dice nada.

Describir algo de forma precisa y fluida es difícil, j*****mente difícil. Muchas veces el exceso y el rococó son cortinas de humo para ocultar una ausencia. Esa prosa fácil de leer, amena y grácil, probablemente tenga un gran trabajo detrás (por no hablar de una buena maquetación). Del mismo modo, ciertos géneros menospreciados por ser, en apariencia, facilones, tienen toda una ciencia. La “alta literatura” siempre ha arrugado la nariz ante la space opera, por ejemplo, al considerarla simple evasión sin calidad literaria. Pero me gustaría a mí ver a alguno de esos autores de alta literatura escribir un párrafo sobre motores de taquiones, viaje hiperespacial y el ciclo reproductivo de determinadas razas alienígenas. Y lo mismo ocurre con el infantil, con el policíaco y, sí, hasta con el romántico (aunque todavía no se me ocurre ninguna excusa para lo de 50 sombras de Grey).

Por otra parte, hay una muy curiosa tendencia a pensar que una novela superventas de doscientas mil palabras se escribe sin experiencia previa, en un par de noches insomnes, con una botella de alcohol, una cafetera y un cenicero lleno de colillas. Gracias otra vez, Hollywood.

5) Los libros buenos se venden solos:

3Si un libro es bueno, los lectores se lo recomendarán entre sí y venderá a un ritmo desenfrenado. Por desgracia, no es así. Como ya hemos hablado por aquí, hay libros muy buenos que no llegan a los mil ejemplares en ventas, y libros catastróficos que venden como si con cada compra te regalasen un chalé en la playa. Detrás de los libros hay grandes (y minúsculos) esfuerzos de promoción, distribución y etc. No es casualidad que los libros de grandes editoriales vendan más que los libros de editoriales pequeñas. ¿Significa esto que los libros de las grandes son mejores? De hecho, no. Es solo que a) una marca reconocible le ofrece mayor confianza al consumidor, b) la promoción hace que el título sea reconocible y c) una gran tirada y una gran distribución consiguen que un libro llegue a más puntos de venta. Claro que hay libros buenos que venden mucho más de lo esperado, y libros que superan esa vida tan corta de la que hablábamos y se convierten en productos de largo recorrido que ofrecen ingresos a largo plazo.  Pero son minoría. Si escucháis (otra vez) la frase “es un libro que ha arrasado sin publicidad ninguna”, es muy probable que esa frase sea, precisamente, el eslogan publicitario para ese libro, ideado por una editorial de peso. Todo esto, por supuesto, está cambiando en cierta medida con el libro digital y el mercado de la autoedición vía Amazon, pero yo diría que es pronto para saber hasta qué punto.

6) Los libros son caros:

ID-100228277En España los libros son muy caros” es una frase que he escuchado una y otra vez. En cierto modo este es un círculo vicioso, ya que la gente no compra libros con la excusa de que son caros y, al no haber demanda, hay pocas ventas, se producen tiradas más bajas y el producto se encarece. En un mercado como el británico, donde el libro es barato, se produce el efecto contrario: los lectores compran libros tirados de precio en grandes superficies que se hacen la competencia de forma atroz y consumen este tipo de ocio a una escala mucho mayor, por lo que las editoriales producen tiradas más grandes y los ejemplares son más baratos. Claro que hay muchísimos factores más (personalmente sospecho que el mal clima de Inglaterra hace que tengas más ganas de quedarte en casa leyendo en vez de salir a la calle a echarte una tapa con tus amigos, por ejemplo), y el mercado del libro en el Reino Unido ya no es el que era, pero es un ejemplo interesante.

Imaginad un libro que cuesta 20 euros. De esos 20 euros, una parte se va a impuestos, otra se va al autor, otra se va a la editorial, otra se va a la distribuidora y otra al punto de venta. Dentro del porcentaje de la editorial, esta debe pagar a lectores, editores, traductores, correctores, maquetadores, portadistas, diseñadores e imprenta. Solo entre distribuidora y punto de venta se está yendo entre un 40% y un 65% de esa venta. Una editorial media hará una tirada, con suerte, de 2000-3000 unidades, que rara vez se venderá completa (y que en ocasiones puede ser un fracaso total y vender menos de 500 ejemplares).

¿Os sigue pareciendo igual de caro ese libro de 20 euros?

De nuevo, el proceso cambia con el formato digital. Pero si quieres que tu libro esté bien visible, le estás dando más de la mitad de tu ingreso a la plataforma de venta. Vale, no tienes que pagar a una distribuidora ni a una imprenta, pero los demás profesionales intermediarios siguen ahí, siempre que quieras un producto con una calidad y estética aceptables. Es posible que si tu libro esté a 1,99 euros en Amazon vendas más ejemplares, pero también es muy posible que no, por falta de visibilidad y porque, ahí estamos otra vez, el mercado español es pequeño. Incluso un superventas del digital estará obteniendo unos ingresos escasos.

7) Las editoriales son ONG

ID-10013130Lo cual nos lleva al último punto. Si habéis hecho cálculos, habréis podido comprobar que las editoriales tampoco se están haciendo de oro con este negocio. Muchas editoriales sobreviven gracias al ocasional bombazo, a esa gallina de los huevos de oro que explota y alimenta el resto de sus inversiones durante varios años. Otras se especializan en formatos y géneros que les son rentables en ese momento (libros de texto, manuales técnicos, coleccionables, libros de viajes, etc.). También hay (había) un buen puñado de editoriales modestas que podían permitirse hacer un trabajo de lujo con títulos de baja rentabilidad comercial (poesía, relato, literatura experimental, mixed media, etc.) gracias a subvenciones. Constantemente cierran editoriales y sin embargo siguen fundándose editoriales nuevas, fruto del amor de unos cuantos por un trabajo que puede ser, seamos sinceros, bastante chulo. Las editoriales no son las malas de toda esta historia. Son empresas y, como tales, buscan beneficio (o por lo menos sobrevivir), hasta el punto de que con frecuencia tienen que rechazar obras realmente interesantes porque consideran que no serán rentables. Este comportamiento de empresa no excusa determinadas prácticas (de la misma forma que no son excusables en cualquier otro tipo de compañía), pero tampoco son el gran demonio que nos venden a veces. Es solo que entre autor y editorial suele producirse un enfrentamiento inevitable, ya que uno es el poseedor de una obra con la que tiene una vinculación emocional profunda, y para otro es, al fin y al cabo, un producto que tiene que proporcionarles ingresos (más allá del afecto que pueda sentir por este). El desencuentro es, cómo no, problemático.

¿Qué opináis? ¿Estáis de acuerdo con estos puntos? ¿Hay alguna otra creencia generalizada respecto al oficio de escribir y el mundo editorial que os toque especialmente las narices? No dejéis de comentar y/o compartir el artículo.


Editando a 1 de junio de 2015 (¡escribiendo desde el futuro!): Desde que escribí este artículo hace ya casi un año, y mis experiencias y percepción han cambiado en algunos aspectos y se han reforzado en otros.

Respecto al punto 1), he conocido, para mi sorpresa, autores que sí viven de escribir. Pero también os puedo decir que son muy pocos, que dependen de determinadas circunstancias (como, por ejemplo, colocar libros como ventas obligatorias en colegios e institutos o vender derechos al extranjero) y que con el estado actual del sector sus ingresos (tanto en ventas como en anticipos) son cada vez más bajos. Lo más común sigue siendo que dichos escritores complementen las regalías con trabajo de asesoría, docencia, edición, redacción y mil actividades más.

Por otro lado, he visto muy reforzadas mis impresiones del punto 5). He visto un caso concreto de un libro con un boca a boca brutal (comentarios, opiniones y reseñas extremadamente positivas por toda internet, recomendaciones de editores y profesionales del sector, etc.), que sin embargo no se ha traducido en las ventas que cabría esperar de dicho movimiento. No sé si esto se debe a la piratería (sé que muchos de los lectores entusiastas, paradójicamente, recurrían a versiones digitales de baja calidad descargadas de internet) o a que el seguimiento de un sector no tiene por qué realizar conversión en ventas, pero la conclusión, para mí, es que son raros los fenómenos donde un libro se mueva exclusivamente por el boca a boca. Para realizar las ventas necesarias hace falta el respaldo potente de una buena promoción, distribución y mil factores más.


Imágenes por cortesía de iosphere, hyena reality, Simon Howden,  photostock, jannoon028, renjith krishnan, Michal Marcol / FreeDigitalPhotos.net

 

editorial

Atendiendo al cliente

octubre 20, 2009 — by Gabriella3

A veces el mundo parece dividirse entre los que estamos a un lado del teléfono y los que están al otro. Como ya curtida telefonista, creo que me irrita el doble que a los demás la mala atención al cliente, al igual que me irrita más que a la media un libro mal escrito o mal traducido. Curiosamente puedo identificarme con el cliente y con el que atiende al cliente, lo que me convierte en observadora privilegiada.

Mis familiares, amigos y clientes dicen que soy encantadora al teléfono, y que tengo una voz dulce y estupenda. Agradezco de veras que sean tan amables (la locución por radio y dar conferencias y charlas a diestro y siniestro ayudan a tratar con los demás de manera pública), pero a veces debería ser antipática y desagradable, o por lo menos un poco más cortante. Una actitud amable puede incitar al cliente a aprovecharse, a tomarse determinadas confianzas; pero por otro lado también puede granjearte estupendas amistades. Supongo que todo es cuestión de saber dónde están los límites con cada interlocutor.

Tal vez precisamente por esto no entiendo la falta de educación, claridad y honestidad de los empleados en atención al cliente. Lo de la honestidad, claro está, no depende de ellos, sino de las políticas más o menos sinceras de sus empresas. También comprendo que el estar muy mal pagado, a base de comisiones ridículas y soportando a un jefe del infierno tiene que ponerte de mala hostia como mínimo. Últimamente la virtud que más aprecio en un asesor telefónico es la claridad y la precisión, la habilidad de ahorrarme tiempo innecesario repitiendo y explicando cosas de manera enrevesada y absurda. Y confieso, para mi vergüenza, que empiezo a encontrar un oscuro placer sádico al colgarle el teléfono o contestar de mala manera a un telefonista impertinente.

editorial

Tonta del culo

octubre 30, 2008 — by Gabriella0

Estoy harta de que la gente me tome por imbécil. Lo digo en serio. Transcripción de una conversación real:

-Entonces su presupuesto sería, sin IVA, de X euros.
-Pues lo siento señorita, pero eso es muy caro.
-Bueno, es que tiene que entender que su libro tiene muchas páginas, y eso es lo que eleva el coste de la edición e impresión.
-Pero es que hay unas editoriales en Madrid que me lo hacen mucho más barato.
-Ajá.
-Sí, y además me hacen distribución.
-¿Y cómo se llaman estas editoriales? Lo digo por curiosidad, ya que hemos hecho un estudio de mercado bastante extenso y no hemos encontrado ninguna editorial que ofrezca este servicio por menos que nosotros (comento mientras repaso las míseras cifras que he citado a este señor, de las que nosotros sacamos una comisión aún más mísera).
-Son unas editoriales de Madrid, que ya he trabajado con ellos pero me interesaban uds. porque me los habían recomendado y además me pillan más cerca.
-Sí, entiendo, pero, ¿qué editoriales exactamente?
-Unas de Madrid que me lo dejan mucho más barato y además me llevan la distribución.
-A ver, lo entiendo, pero me gustaría saber qué editoriales son, por curiosidad.
-Pues editoriales de autoedición.
-¿Pero se anuncian como editoriales de autoedición?
-Eeeh. Claro,
-¿Y cómo se llaman?
-Ay, que se me corta el teléfono. Bip. Bip. Bip.

Lo dicho. Debo de tener voz de idiota de campeonato. Porque además me lo hacen como mínimo unas tres veces al mes.

editorial

Presentación de El teatro secreto en Librería Gigamesh

octubre 1, 2008 — by Gabriella3

(Y a ver si blogger me deja subir la imagen promocional sin cambiar los colores. Por ahora os dejo con los datos del libro)


Pues eso, que mañana a las 19:00 en la Librería Gigamesh presenta Víctor Conde el último libro de Vórtice. Si andáis por Barcelona, ya sabéis…

TÍTULO: El teatro secreto
AUTOR: Víctor Conde
ISBN: 978-84-96662-44-5
Edición rústica, con solapas; 228 págs.; 22×14 cms, 14,95 €
COLECCIÓN VÓRTICE, EDICIONES PARNASO
(http://vortice.elparnaso.com)
SINOPSIS:
Los Umbrales, puertas que conectan el mundo real con Aradise, el país de las hadas, se han abierto. Un monstruo de cuento ha pasado a este lado aprovechando la situación, y los guardianes de la realidad se ponen en marcha para detenerlo. Luna, una joven que ha vivido desde niña influenciada por la magia, se ve envuelta en una telaraña de misterios que la conducirá a conocer al amor de su vida, los secretos que se ocultan tras el Velo… y grandes revelaciones sobre nuestro mundo que ella hubiese preferido desconocer.

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No basado en hechos reales (¡lo juro!)

enero 11, 2008 — by Gabriella9

El manual del escritor: Capítulo 348,7

Hola a todos, soy Manolito Virgilio de los Palotes, escritor/autor/artista/POETA. Hoy voy a regalaros una entrega de mi azarosa vida artística. Quiero compartir con vosotros mi sabiduría y demostraros todo lo que he aprendido en mi larga relación con este mundillo literario en el que nos movemos todos los amantes de la literatura (sic.) y de esta bellísima y agradabilísima forma de vida (nunca afición, ojo, para el verdadero escritor esto es una ocupación a tiempo completo, ¡la poesía se come y se respira!) que es la escritura. Ante todo es muy importante que tengáis en cuenta la siguiente máxima: TODAS LAS EDITORIALES SON UNAS HIJAS DE PUTA.Porque todos sabemos que en este mundillo sólo se publica a los amiguetes y al cuñado sobrino del primo tercero de los peces gordos, y aún así sus obras se las escriben negros. Está clarísimo, ya que se están forrando a costa de los compradores (todos sabemos que los editores son millonarios, hay una tal Charlotte por ahí que tiene cuatro yates, tres Mercedes y un perrito como el de Paris Hilton), se llevan rollaltis de esos cuando sale la película, y además no hacen caso ni se arriesgan por los escritores que merecen la pena, es decir, yo.

Así que, aunque jamás he publicado nada por el ostracismo al que me tienen sujeto los editores (y tal vez por las cartas bomba, las dieciocho llamadas al día y las amenazas de muerte a sus familiares más cercanos), paso a relataros las cosas más importantes que tenéis que tener en cuenta cuando tratéis con esta raza que es lo más bajo, pura inmundicia de la especie humana:

1.Ante todo, es muy importante que al dirigiros a un editor citéis vuestra importancia y le dejéis bien claro los contactos y premios tan famosos que tenéis, como el accésit ese que os llevasteis en Villarrubia del Cogote. Una buena forma de demostrar vuestra valía es proponerle que escriba vuestro nombre en el Google y vea cuántas entradas salen.

2. Si es mujer, ignoradla completamente y exigid hablar con su superior masculino. Las mujeres no pueden ser editoras, son demasiado incompetentes/endebles mentales/dan sustito. Si no tenéis más remedio que tratar con ellas, insistid en ser muy condescendientes y, de ser posible, dedicarle algún piropo y algún consejillo (podéis probar también a preguntarle de qué color lleva la ropa interior). Eso les gusta.

3. Antes siquiera de que os digan cuáles son las condiciones de valoración de vuestro manuscrito, enviadle el tocho por correo a todas las editoriales que podáis, independientemente del gasto en papel, sellos y tiempo. Va bien con mandar los folios en papel reciclado, sueltos y sin numerar, preferiblemente escrito a mano. Procurad que en el primer párrafo haya un mínimo de 8 faltas de ortografía y/o gramática. Si os dicen a priori que no les interesa vuestro manuscrito por la razón que sea (por ejemplo, porque no publican recetas internacionales de carne guisada), mandádsela de todos modos, e insistid llamándoles, por e-mail, etc, en que os acusen recibo desde incluso antes de mandar el manuscrito.

4.Una vez enviado, llamad y enviad e-mails (podéis probar también a plantaros en su oficina) todos los días hasta que os respondan informáandoos del estado de vuestro manuscrito. Si todavía no han podido valorarlo, enfadaos y reiterad el punto 1. Exigid hablar con sus superiores. Enumerad a todos aquellos escritores de fama mundial cuyos primeros manuscritos fueron rechazados por editoriales ignorantes, como Dan Brown o Boris Izaguirre. En todas las conversaciones con editores es importante recordar que les encantan las citas de autores famosos y que su interlocutor hable en rima.

5.En caso de recibir una valoración numérica, posteadla en todos los foros literarios del país, para que todos puedan ver lo injusta que ha sido dicha editorial por no daros la nota que os merecéis, pues al fin y al cabo en MySpace os siguen más de diez personas, y todos vuestros amigos y familiares comentan en vuestro blog.

6. Ante todo, no desfallezcáis. Pensad que, aunque vuestra ortografía y gramática sean terribles, no distingáis un argumento de una camioneta, vuestros personajes sean más planos que el encefalograma del político medio y vuestra prosa/poesía esté parcialmente copiada de un libro de Bécquer, escribís de corazón, con los sentimientos. Y eso es lo que importa, ¿no?

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Ya somos tienda

abril 10, 2007 — by Gabriella27

Mi silencio de los últimos días se debe, sobre todo, a la frenética actividad producida por la apertura de un nuevo local en Mijas Costa, Málaga, donde Parnaso tiene su huequecito para atender a sus clientes. Aquí os dejo un par de fotos hechas con el móvil, borrosas y movidas, pero por lo menos os hacéis una idea. La primera foto es la vista desde la entrada y la segunda el espacio que no se ve desde ésta. Aparte, detrás de la cortina hay una trastienda enorme. La tienda es de servicios informáticos y tuning de ordenadores.