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Nos da miedo decir que somos escritores

Diciembre 16, 2016 — by Gabriella27

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¿A ti no te da cosita? ¿No arrugas el entrecejo cuando te preguntan a qué te dedicas?

Si la respuesta es “no”, es que realmente no te tomas en serio lo de hacer libros (¡tachán! ¡Acusación dogmática!) o igual vives en otro planeta. Me encanta saber que mi blog se lee en otros planetas.

Si no me crees, tengo testimonios.

(Testimonios sobre lo de arrugar el entrecejo al decir que eres escritor, no sobre lo de que mi blog se lee en otros planetas. Es problemático traducir desde el plutoniano. La llegada no tiene ni idea de cuánto).

Recordaréis (o no, con eso de que tenéis vidas maravillosas y perfectas y muy ocupadas en las que mis artículos son la última tarea de vuestro bullet journal) que hace poco convoqué un concurso en el que os pedía que me contarais la reacción que obteníais cuando le contabais a cualquier civil de a pie que erais escritores.

Lo pedí en Facebook (ven a mi página, tenemos caramelos, alcohol y fiestas), en Twitter y, sobre todo, en mi lista de correo. Si no estás apuntado/a, te estás perdiendo muchísimas palabras íntimas y personales en las que hago un poco el canelo, pero allá tú.

Abrí ese correo en particular con está anécdota de Joanna Penn:

“Así que estoy en una fiesta, en una esquina, agarrando mi copa de vino, a la espera de que el alcohol ayude con mis tendencias introvertidas. Se acerca la amiga de una amiga:

—Me han contado que eres escritora  —dice—. ¿Y qué escribes?

Thrillers  —le contesto—. Y algo de ensayo.

—Ooh, ¿eres famosa? ¿He oído hablar de ti?

—Hmm, lo dudo, si te soy sincera. Solo hay algunas grandes marcas de las que todo el mundo ha oído hablar, como  J.K. Rowling o Stephen King.

—Ah, vale. —Le pega un sorbo a su pinot grigio—. Entonces, ¿podría encontrar tu libro en una librería?

—Sí, puedes encontrar mis libros en las librerías online más grandes del mundo: Amazon, iBooks, Kobo.

Ella frunce el ceño.

—Me refería a una librería física, aquí al lado.

—Bueno, no. Las librerías físicas solo tienen espacio para un número limitado de libros.

—¿Y qué editorial te publica?

—Hoy en día los autores pueden publicarse ellos mismos. Soy una artista independiente, como un músico indie sin discográfica, o un cineasta independiente.

—Vale. —Vuelve a fruncir el ceño, claramente confusa—. De hecho, yo siempre he querido escribir una novela —me dice—. Tal vez algún día, cuando tenga tiempo. —Se acerca a mí y me susurra, conspiradora—: Pero tengo una idea buenísima. Si te la cuento, podrías escribirla tú y nos repartimos los beneficios”.

¿A alguien le suena?

A mí esto me suena más que un estribillo particularmente irritante, a medio camino entre el Nyan Cat, el Call Me Maybe* y Somebody That I Used to Know.

Miento: me sigue encantando Somebody That I Used to Know. Por lo menos esta versión.

Y el Nyan Cat es nuestra canción (pero no se lo digáis a nadie).

El concurso y las anécdotas

Sí, hice un concurso donde dije que regalaría libros de Apache (de cuando estuvimos en Valladolid y llegó el editor de Apache y me cargó de libros y me dijo que eran para mis seguidores, porque José** lo mola todo, como si no tuviera bastante con tener pelazo de nativo americano), y os pedí que me contarais vuestras propias anécdotas sobre este tema. El resultado no se hizo esperar, lo cual demuestra que estar apuntado a mi lista te da un +100 a carisma, belleza e inteligencia).

Maite (España), por ejemplo, va a puerta fría vendiendo sus libros.

Yo salgo cada día y visito pueblos y ciudades, presentando mi novela a todo el que me quiera escuchar. Sí, curioso, sí, raro… pero es mi manera de vivir de ello. Presento mi novela así, a pie de calle, en tiendas de todo tipo (desde una charcutería hasta una asesoría: en todas partes puede haber un lector).

¿Sabes que en cierta ocasión me escoltaron hasta la calle? Cuando llegué a cierta oficina de una empresa de nomeacuerdoquépueblo, y les dije que era escritora, y que estaba presentando mi obra, una de las que me atendió me miró como las vacas al tren, y me dijo: “¿Y a ti qué te importa lo que yo lea?”… ¿Mande…? “Es más, te pienso acompañar a la calle, y voy a cerrar las puerta para que no entres más.”. Y te juro que me escoltó, tal cual, ¡como si fuera una delincuente! Esto fue muy muy desagradable, pero la respuesta más «rara» que me han dado ha sido hace poco: “Ya tengo unos asesores que me dicen qué leer”.

Lo curioso es que cuando te presentas como escritora (…) la gente automáticamente piensa que escribir y publicar es algo que puede hacer cualquiera, y que su vida es la más interesante de todas las vidas, como para escribir sobre ella, y si no lo hacen es sólo por falta de tiempo. Ellos “también” escriben.  Una vez cierto individuo me dijo: “Ah, ¿escribes? Yo no soy quién para opinar… pero, vamos, que si un autor no tiene éxito en el primer mes, será porque no tiene talento, porque el que de verdad tiene talento, enseguida destaca y se come el mercado”.

Está claro que si en un mes no te conviertes en superventas, estás perdiendo el tiempo. ¡Largaos todos: si lleváis más de diez años escribiendo está claro que sois unos inútiles! También está claro que ser escritor es más o menos el equivalente a atracar un banco.

O ganar la lotería.

O montar una peluquería canina.

Como escritora tendría que ser capaz de crear símiles con mayor profundidad y coherencia.

Pero pasemos a la siguiente complicación.

El problema de la erótica

Creo que todas las que somos mujeres y escribimos nos hemos encontrado en algún momento con algún listillo que lo utiliza para hacerse el interesante. Por ejemplo, Mar Hernández (de España, pero en la actualidad viaja por Japón) lo ha vivido (más como artista que como escritora, pero ahí queda eso):

Yo tendría unos 22 años. Después de cenar fuera un sábado por la noche, un amigo me acompañó a coger un taxi para volver a mi casa.

El taxi llega rápido, yo me despido de mi acompañante con dos besos en las mejillas y entro en el coche. Le doy la dirección al conductor mientras mi amigo se queda en la acera sonriendo.

—¿Es tu novio? —me pregunta el taxista de repente.

Entonces reparo en el conductor. Es más joven de lo que me esperaba, aunque tiene unos cuantos años más que yo.

—Eh, no. Es un amigo —le respondo, un poco molesta por esa pregunta tan personal.

Nos quedamos en silencio hasta que él hace un par de comentarios insustanciales. Prefiero que se calle a que diga tonterías.

—¿Estudias o trabajas? —No, ahora quiere entablar una conversación.

—Estudio.

—¿Qué estudias?

No me apetece responder y sin embargo lo hago, por educación.:

Estudio Bellas Artes.

El taxista se echa a reír y yo lo miro por el espejo retrovisor ¿De qué va este tío?

—¿Bellas Artes? No, no puede ser que estudies esa chorrada de pintar cuadros y eso.

—Bellas Artes no es ninguna chorrada y hay muchas más disciplinas aparte de pintar cuadros. —Me estoy enfadando.

—¿Pero eso da para ganarse la vida? —La pregunta tiene cierto retintín.

—Por supuesto —Mi tono es seco, no se merece otra cosa—. No todo es pintar, también usamos ordenadores para crear cosas.

Quiero llegar ya a mi casa. Este tipo es un completo ignorante. Abre la boca para hablar, pero no le doy tiempo:

—Puedes dejarme aquí —le digo en la esquina de mi calle.

Él para el coche y le doy el dinero que tenía preparado desde que empezó a hacer las preguntas que no debía.  Cuando me devuelve el cambio, sonriendo como un idiota, me da también una tarjeta.

Aquí tienes mi número de teléfono por si necesitas de mi servicios o por si quieres quedar para salir a cenar o algo.

—Gra… gracias –no me esperaba esto, me ha pillado por sorpresa—. Claro, no te preocupes. Ya te llamaré.

¡Ni aunque fueras el último hombre sobre la tierra quedaría contigo!

Bajo del taxi y corro hasta llegar al portal de mi casa. En el ascensor todavía sigo dándole vueltas a lo que ha pasado y no puedo creérmelo. El mundo está lleno de gilipollas.

También le ha pasado a Poli Impelli (Argentina):

En un casamiento, un amigo del novio intentaba flirtear y para sentirse importante me dijo: “Yo siempre quise escribir algo, un libro corto, no sé…” (ya sabes, TODO el mundo siempre quiso escribir un libro). Hizo una leve pausa ante mi silencio, y agregó: “Buena pareja haríamos nosotros…” (guiño de ojo con copa de vino en su mano).

Sonreí como sonrío normalmente en una foto carné para renovar mi licencia de conducir. “Ya lo creo” —dije—, “ya vuelvo”.

(…)

Yo soy demasiado reservada y tímida para este oficio, y esa es la parte que me cuesta. Pero sé que es mal de muchos, y publicar es la forma de salir a la luz y exponerse.

Escribiendo he aprendido a valorar a quien escribe, y cada libro que llega a mis manos, aunque no sea el mejor que leo ni me guste en particular, siento que detrás hubo alguien sudando lágrimas, tiempo y energía. Y eso merece todo mi respeto.

Todo esto no se aleja de la realidad de muchas artistas… y escritoras. ¿Os habéis preguntado cómo es escribir erótica? Tiene su lado divertido. Y otro que no lo es tanto, como explica Leonor Basallote (España):

No llevo mucho tiempo haciendo público que escribo, pero, en estos dos años, la pregunta que me ha hecho dudar más veces si contestaba afirmativamente es: “¿Qué contento debe estar tu marido con esa imaginación?“. Quizás deba aclarar que escribo romántica/erótica y, parece ser que en este campo la imaginación no debe ser indispensable.

Explicar que puedes tener muchas ideas, de la misma forma que alguien que escribe thriller no tiene porqué practicar asesinando, ha terminado por agotarme.

somos escritoresCosas que te salen solas en cuanto escribes tu primera escena de sexo.

Imagínate si a eso se une que escribes sobre identidad de género, como le ocurre a Pablo Vergara (Escocia):

Como muchos autores, yo llevo una triple vida.

De día trabajo de dependiente en una tienda, cobrando el salario mínimo como un inmigrante más, y por la tarde intento sacarme unas perrillas extra en una tiendecita online que tengo montada desde hace algunos años. Por la tarde estudio derecho y escribo cosas muy sesudas sobre derechos humanos e identidad de género. Ya he escrito un libro sobre el tema y tengo un segundo libro en mente. De noche, cuando nadie se entera, escribo relatos eróticos bajo pseudónimo, porque la temática de los derechos de las personas transexuales no vende mucho, pero la erótica sí, y yo no quiero pasarme toda la vida trabajando de dependiente. Me gustaría poder pagar facturas trabajando como escritor.

Pero, al igual que cualquiera que trabaje en la creación y distribución de productos sexuales, hablar del tema con desconocidos es como colgarte un cartel que diga “soy un salido que solo piensa en sexo”, y abrir la puerta a un montón de preguntas inapropiadas. Y ya si lo mezclamos con mi otra actividad de escribir sobre derechos humanos e identidad de género (lo que suele ir acompañado de “bueno, yo es que soy transexual”)… es que ni se me ocurre. Así que si alguien me pregunta a qué me dedico, explico que soy dependiente en una tienda en la que compran muchas señoras mayores y no digo nada más.

Nunca me habría imaginado que los escritores también tienen que salir del armario…

Elevator pitch a la fuerza

También parece que hay una obsesión por que sepamos vender sobre la marcha nuestro producto, como cuenta Laura Tárraga (España):

“Maldito autobús”, me repito mientras subo las escaleras del edificio que me lleva a clase. Me he vuelto a marear en el trayecto, tengo ganas de vomitar, el estómago revuelto y la cabeza palpitando. Llego a la puerta de clase, a la espera de que nos abran y enfrentarme a las eternas cinco horas que se avecinan. Mi amiga me espera allí, impaciente. Ya me ha comentado que quería hablarme de uno de los capítulos de mi libro: sonrío, pues me encanta su entusiasmo. El estómago parece que se asienta.

—¡Me encanta! ¡De verdad! ¡Ese personaje me parece tan profundo y maduro! —dice mientras trato de no ruborizarme más de la cuenta.

Entreveo por el rabillo del ojo cómo otro compañero de clase está atento a nuestra conversación. Mi compañera, emocionada, agita mi libro por los aires mientras comenta unas cuantas cosas más del capítulo recién leído.

Yo sonrío y le comento mis opiniones e impresiones, lo que me costó escribir esa escena y lo bien realizada que me sentí al hacerlo.

Finalmente, el chico no soporta más la curiosidad y pregunta.

¿Lo has escrito tú?

Asiento, temerosa por la siguiente pregunta.

—¿Y de qué va?

Contesto que de viajes en el tiempo, el chico parece interesado. “Bien —pienso—, un posible lector”. Pero me equivoco.

¿Y cómo me lo venderías?

Intento no poner cara de desespero, pues lo último que me apetece en ese momento es hablar de lo magnífica que es mi obra, pues está claro que lo que es este chico quiere es cotillear y no adquirir un ejemplar.

—Tiene de todo, ya sabes: romance, historia, misterio…

—Como el Ministerio del Tiempo —concluye.

Alzo una ceja.

—Ojalá tuviera su nivel. Mi historia tiene más romance y tal.

El chico asiente, fingiendo interés. Ya viene. La pregunta estrella.

—¿Y puedo comprarlo en librerías? —dice sin llegar a creerse que yo sea la autora del ejemplar que mi amiga tiene en mano.

—En alguna está. Pero prefiero venderlo por mi web.

—Vamos, que no eres escritora de verdad.

Me levanto, decidida a no intercambiar más palabras con él. Escucho cómo le pregunta a mi amiga si me he enfadado. Ella responde con un simple:

—No te jode.

Porque cualquiera puede hacer tu trabajo

Esto nos lo cuenta con un ejemplo práctico Adelaida (España):

El año pasado conocí a un chico que sabe que escribo y tengo una novela publicada. Me pregunta qué estoy haciendo ahora y hasta ahí todo bien. Entonces le cuento que hay un tema sobre el que intento escribir una dramaturgia y él, que escribe mails, informes en su trabajo y actualizaciones del Facebook, se ofrece a ayudarme.

Me hace un poco de gracia, pero le digo que muy bien, que gracias.

Al día siguiente me manda un mail con la supuesta dramaturgia: diálogos a lo loco para ser dichos por personajes simples y el tema que me interesaba tratado superficialmente.

En un primer momento pensé que qué suerte tiene la gente que elabora un trabajo con tanta rapidez, pero cambié de idea cuando, en la tercera página, decidí que no tenía tiempo de acabar de leer aquello.

Copio y pego el mail de respuesta:

“Muchas gracias por el esfuerzo, pero la verdad es que no me ha ayudado. Precisamente me estaba costando desarrollar la idea porque me parece más compleja de lo que muestra tu propuesta. Además, los personajes son estereotipos y, no sé, igual has hecho una obra digna de un Max, pero no tiene nada que ver con lo que a mi me interesa”.

somos escritoresEy, chicos, cuando terminéis pasaos por mi despacho, que tengo ocho capítulos de una novela yaoi slipstream futurista que seguro que me rematáis en un periquete.

Cuando tu género es… friqui

Yo sé muy bien lo que es escribir fantasía (fantásico, ci-fi, weird, dreampunk, whatever). Eso también presenta complicaciones. Como dice Aydim Dagam (España):

Yo suelo decir que estoy escribiendo una novela. Y sí, hay un miasma de condescendencia en el interlocutor, un “ah, sí, ¿cuéntame más?” o un “vaya, un amigo mío (o incluso él mismo) también está escribiendo uno”.

También es cierto que escribir un libro es sangrar. y se dice fácil y rápido. Pero es duro. y desagradecido. Si escribir es sangrar, promocionarlo como toca, y colocarlo en las librerías (aunque sea lo mínimo) es un desmembramiento puro y duro (…).

Otra cosa que me da bastante vergüenza —será cosa mía— es el género. Llega la ineludible pregunta: “¿Y de qué va?” (sí, sí, con esa mirada infame de condescendencia), que lleva a decir: “Bueno, es de fantasía. Aunque en realidad es un thriller, va de personas”. Y cambio de tema.

Algo similar le pasa a Lorena (Argentina):

Si digo que escribo cuentos, automáticamente la gente dice “ah, para chicos” . Claro, porque se ve que nadie se enteró de lo que escribía Borges, de quien acá todos se vanaglorian, o Cortázar… Y si digo que escribo fantasía, claro, es que es como Harry Potter.

Creo que lo que más me molesta es que los demás creen que es una pavada lo que haces. “Ah si, yo también escribía, eso lo podes hacer en cualquier lado”. Eso me lo dijo una compañera cuando rechacé un trabajo con viajes frecuentes.

Cuando no te consideras escritor

Porque una cosa es escribir y otra es proclamarte como autor. Lo dice TPStorm (España):

Soy demasiado introvertida (o asocial, como me autodefino). Esto me ha hecho pasar malos momentos, pero también me ha ayudado a descubrir a la verdadera yo, a la yo que ama escribir. No creo ser la mejor del mundo escribiendo, pero es lo único que me ayuda a expresarme, a interpretar lo que siento y, muchas veces, incluso a entenderme. No me gusta hablar de mis sentimientos, por eso escribo y, sí, vale, publico lo que escribo, pero lo hago siempre bajo seudónimo, porque, al escribir, dejo al descubierto más de lo que quiero, pero todo lo que necesito.

Necesito sentir que soy buena en algo, y eso de dejar que la gente me lea por lo que escribo y no por quien soy me hace sentirme bien conmigo misma.

(…)

Soy anónima, pero espero que algún día alguien se acerque a mí con un libro en la mano y no tener que decir que soy escritora.

A Cristina Ruiz le pasa algo muy parecido:

Soy bastante introvertida y creo que mi poesía es mejor que mi prosa. De hecho, me estoy poniendo a escribir microrrelatos, pero siento que la narrativa es para mí, muy amanerada: si no hay conflicto, no hay historia; si no hay tensión, el lector se aburre; si hablas de violencia de género, eso es demasiado directo y vulgar.

Como soy muy dada a la reflexión, si comienzo a hacer digresiones, hay muy poca acción y la gente igualmente se aburre. ¡Qué sé yo! A mí me gusta escribir, pero con libertad: plasmar mis pensamientos, mis sentimientos, relajarme y disfrutar haciéndolo.

Como además soy única en mi entorno, en mi casa y entre mis amigos, siento que no encajo lo suficiente y me da hasta vergüenza publicar.

Y a José de Cádiz (México):

El día que asistí a mi primer taller de narrativa,  el profesor me preguntó:

—¿Eres escritor?

Tragué saliva, y contesté:

—N… no.

Me dio vergüenza presentarme como tal.  Por extensión vendría la siguiente pregunta: “¿Cuántos libros has escrito?”. iba a quedar en el más apremiante ridículo.  Pero el tallerista, sin inmutarse, acotó:

—Pues, todos los que ves aquí somos escritores.

—¡Ah!, encantado.  Me gustaría serlo algún día.

El profesor sonrió de buena gana. Yo llevaba algunos cuentitos en una carpeta que tuvieron la suerte de ser publicados en El sol de Acapulco.  También algunos poemas.  Escuché detenidamente la ponencia y al final el perspicaz tallerista volvió a preguntarme:

—¿Te gustaría leernos algún texto?

—No traigo nada, lo siento.  Son documentos de trabajo.

El astuto mentor quería ver lo que yo escribía. Si había talento,  imaginación o estilo.  Pero ¿cómo leer mis garabatos ante quince experimentados escritores? Todos observándome como ratón cazando una zorra. Nunca me sentí más acomplejado.

Imaginé que ellos tendrían por lo menos cinco libros publicados por prestigiosas editoriales. ¡Y mis textos, con numerosas faltas de ortografía! ¡Pamplinas! Yo no me iba a exhibir como novato. Me sentí en franca desventaja.

Ignoraba que ninguno de esos compañeros tenía obra publicada. Todos bisoños, como calabacitas, pero aspirantes al premio Nobel. Con ganas de comerse al mundo convertidos en fenómenos de las letras. Nunca comprendí por qué llamarnos escritores si únicamente editamos una antología colectiva.

Sigo sin entender por qué comportarnos como tales sin tener un solo libro en una vitrina.

Algunos lo cuentan con poesía

Por ejemplo, Concepción Rodríguez (España):

LE DIJE QUE A ESCRIBIR ME DEDICABA

 

Le dije que a escribir me dedicaba

y ella me preguntó con picardía

si acostumbro a comer cada tres días

o si con agua fría me aseaba.

 

Yo pensé: ¡Pues menuda mala baba!

aunque acaso alguna razón tenía

pues si alguna factura hoy venía

a poderla pagar no me alcanzaba.

 

Pero quise confesarle sin rubor

aunque pudo sonar  algo pedante

que quizás el oficio de escritor

 

es como ser un caballero andante.

Y tal vez solo escribes por amor

sin pensar que quizás te mueras de hambre.

somos escritoresDeja de rescatarme e invítate a una pinta de hidromiel y una tostada de pan de harina sin refinar o algo. Que soy escritora.

Y Flor Intheflowerland (Argentina) me recuerda que lo hacía también Susana Thénon:

Te detiene alguien que te conoce pero no puede recordar tu nombre (Susana Thénon)

 

– ¿vos qué era lo que hacías?

– yo poesía

– no

ya sé

lo que quiero decir

yo me refiero a lo que hacés

a lo que hacés realmente

– y         ¿yo?

yo

poesía

– no

vos no me entendiste

ya sé que hacés poesía

pero hablo de otra cosa

porque supongo que no estarás las veinticuatro horas

escribiendo poesía sin comer sin beber sin trabajar

sin en fin sin todo lo otro que hace toda la gente

¿no?  ¿vos trabajás? ¿ahorrás?  ¿de qué vivís?

– actualmente

me repongo de un surménage

debido al exceso de trabajo

con un poema

– ¿y al menos te pagaron?

– que se va a publicar o no

tal vez un día

o una noche

o durante un rosado atardecer

o una aurora boreal

o pronto nunca

o nunca siempre

– en definitiva

lo que me estás diciendo

es que no te pagaron

¿y cómo hacés?

¿y cómo te arreglás?

con vos hay algo raro ¿sabés?

– a mí me gustan los conejos

la paz

el sándalo

y el guiso de lentejas

igual que a todo el mundo

no veo lo raro

– pero ¿qué hacés?

al final no me dijiste

– eso es cierto

al final no te lo dije.

Cuando los que te rodean ni tienen claro lo que es la escritura

Nos ofrece un ejemplo Cat (España):

Cuando en el instituto comenté que escribía, muchos se extrañaron.

¿Pero qué escribes? ¿Los comentarios de texto en Lengua Castellana y Lengua Catalana?

A lo que yo respondía que no. Que escribía según me sintiera en ese momento, o en textos improvisados.

—Ah… ¿Pero eso no sigue siendo comentarios en las dos lenguas?

Ahí decidía callar, porque está claro que cuando lo comentas o te dicen eso, o te lo infravaloran.

Otro nos viene de Anna:

Mi más reciente anécdota sería hace unos días que estoy con una compañera y me pregunta “¿Ya sabes qué quieres estudiar?”.

Y pues le digo que me gustaría estudiar letras y literatura, y tal vez idiomas, y lo primero que me dice es si quiero ser profesora de castellano, pero, a pesar de que me gusta explicar matemática y física a mis compañeros, no tengo en mente dar clases, a lo que le respondo que no, que quiero ser escritora o trabajar en alguna editorial. Y me pasó como describes: *Insertar voz con la que se habla a un perro* “Ohhh, que genial”.

Y cambio de tema.

O también está el caso de José Manuel González (España):

Estando con un compañero entrenador de fútbol, le conté a qué otra cosa me quiero dedicar el resto de mi vida. La conversación fue tal que así:

—José, ¿Y tú que has estudiado?
—Biblioteconomía y Documentación.
Mi compañero arquea la ceja.
—¿Eso es para ser bibliotecario no?
—Y para muchas otras cosas —respondo yo—. Cualquier cosa relacionada con los libros y cualquier tipo de documento en general.
Nuevo arqueo de ceja.
—Am. ¿Entonces te gusta leer?
—Sí claro, y escribir también.
—¿Ah sí? ¿Cómo mola. no? ¡Que guay!
Yo pienso: “Pues mira no, no es guay, porque es un oficio que lleva tiempo y que da cero beneficio ahora mismo”, pero lo que respondo es algo así como:
—Sí, te lo pasas bien.
—¿Y has publicado algo ya?
—Pues aún no he terminado de escribir una novela que tengo en proceso.
—Ah, bueno, entonces no eres escritor aún, está en proceso. —Se ríe mientras yo me quedo con cara de tonto—. Bueno, que tengas suerte, a ver si convences a alguno para que te publique.

Yo decido, después de lo de “no eres escritor”, no seguir a conversación. Podría haberme rebelado y haber dicho:
—Pues mira, sí, soy escritor, igual que hay músicos que no sacan discos, igual que hay gente que tiene carrera y no trabaja, y sin embargo sí son abogados o administrativos.

Pero, como siempre, no digo nada.

Y termino este apartado con el caso de Marcelo:

(…) Metido en mi preocupación, saqué mi celular y revisaba mi correo, mi trabajo había quedado en stand by para después de unos días, no quería ni pensar que por estar trabajando algo le sucediera a mi madre y yo metido en mis cosas sin pasar los ultimos momentos con ella. Andrés, que así se llama el muchacho, miró mi celular; yo, por reflejo atávico, cerré el correo para que no lo viera, así que quedó en la pantalla el dibujo de la portada de mi libro que tengo como protector. Lo miró con curiosidad y me preguntó:

—¿Qué es ese dibujo?

—Es la portada de mi libro.

Me miró desconcertado, como si no entendiera de lo que le estaba hablando.

—¿Un libro?, ¿cómo un libro?.

Ahora el desconcertado era yo, hasta que entendí que no creía que este vejete que trabaja en un taller de blindaje de automóviles pudiera escribir un libro, así que me reí de la situación.

—Jajaja, sí. un libro, de esos que se leen.

—¿Pero qué?… Tú escribiste un libro.

—Sí, yo escribí un libro.

—Yaaaaaaa, ¿Y de qué?

Como suelo explayarme demasiado cuando explico de qué se trata mi libro, evadí la respuesta evitando entrar en detalles.

—Es de fantasía épica, como El señor de los anillos, no tan bueno pero más entretenido.

—Yaaaaaaa.

Su mirada de extrañeza lo decía todo, me miraba y no podía ajustar en su cabeza la imagen de mi persona y un escritor, así que decidió por la lógica.

Mentira… me estás viendo la cara de tonto.

—No, te juro que es mi libro, yo lo escribí.

En ese momento mi cuñado llegaba.

—Este loco dice que escribió un libro.

—Sí, tiene uno en internet.

Ahora la cara era de más extrañeza, pensaba que mi cuñado y yo estábamos de acuerdo en querer verle la cara de bobo.

—¿Cómo se llama este loco?

Mi cuñado le dio mi nombre y el compadre empezó su revisión en internet buscando mi libro y por supuesto, el autor.

—¿Cómo se llama el libro?.

Le di el nombre de mi libro.

Cuando lo encontró fue como si hubiera descubierto el secreto mas guardado de la Tierra, me miraba y miraba su celular, al pobre no le cuadraba, al final tuvo que rendirse ante la evidencia.

—Oye, si, este loco escribió un libro, qué increíble, ¿está en las librerías?

—No, solo en internet como ebook.

-¿Y cómo así?

—Las editoriales no aceptan autores nuevos, solo editan a autores conocidos  que saben les traerán ganancias inmediatas.

—Aaaaaaah, ¿pero no me explico como este loco escribió un libro? Qué increíble.

El problema de la familia

La familia no siempre está para apoyarnos. Ellos lo intentan, pero tampoco tienen demasiado claro lo que hacemos. Como cuenta R. R. López (España):

Debemos retrotraernos unos veinte años atrás.

Cuando era estudiante y vivía en el hogar familiar, comencé a escribir los relatos que posteriormente conformarían mi primer libro publicado, Historias que no contaría a mi madre.

Como supongo que hacemos todos, aunque los había leído y corregido un amigo que es escritor profesional, se los di a leer también a gente de mi entorno más cercano.

El libro, aunque de ficción absurda, tiene mucho de realismo sucio, por lo que su temática es harto irreverente y plagada de lenguaje vulgar, escatología y algún que otro chiste subido de tono.

Uno de los lectores cero fue mi padre, al que escogí porque es un lector voraz con mucho bagaje cultural y una biblioteca personal que quita el hipo.

Aún recuerdo el día que entré en la cocina. Él estaba sentado con el manuscrito en la mano, había subrayado algunas partes para hacerme ver mis errores (que no eran tales, pues ya habían sido revisados por mi amigo el escritor).

Cuando entré levantó la vista del manuscrito y, con mirada severa, me espetó:

Como sigas escribiendo cosas como estas vas a acabar en la cárcel.

 

Debo decir que el pobre todavía se arrepiente a día de hoy al ver que ya voy por los cuatro libros, y siempre me apoya en lo que puede y me anima de corazón.

(He de decir que esa es una de mis anécdotas favoritas y que, de haber seleccionado finalistas, sin duda estaría entre ellos).

Poco estás trabajando

Una y otra vez me llegaron también anécdotas sobre la percepción tan extraña que tienen otros sobre lo que es trabajar como escritor. Megumi (Colombia) lo ha sufrido en sus carnes:

A veces digo que escribo y a veces no. Depende del estado de ánimo en el que me encuentre, de con quién esté hablando, y de cuánto tiempo tenga para explicar que escribir implica mucho más que el mero acto físico de poner palabras sobre el papel o teclear durante horas.

Una de mis anécdotas más recientes fue con una muchacha que al saber que escribía me preguntó:

¿Y cuántos libros sacas al mes?“. Yo pensé, indignada: “¡No estoy haciendo churros, sino novelas!”; pero lo que hice fue calmarme y responderle: “Un libro lleva más de un mes en estar listo. No es solo escribirlo, hay muchas más cosas implicadas”, pero lo dejé ahí. Total: su atención ya se estaba dispersando y yo tenía cosas qué hacer.

Gerard Cardona (España) también tiene muy claro que el tiempo dedicado a la escritura no suele apreciarse: es como un espacio gratuito y fácil de ocio.

Me hacen gracia aquellos que preguntan sobre el tiempo: “¿De dónde sacas tiempo para escribir?”. Yo respondo con otra pregunta: “¿De dónde sacas tiempo para comer?”.

Cuando les digo que antes de acostarme siempre tengo mis 30 minutos obligatorios de escritura me salen con otra excusa: “Uff, a esas horas estoy demasiado cansado“. Jo, ¿y yo no? ¿Todo el día trabajando practicando deporte a diario, haciéndome las comidas y a ello súmandole las tareas de la casa? Yo a las once de la noche estoy fresquísimo, ¿no te jode? Le digo: “Amigo, simplemente, no eres escritor”.

Escribir pese a todo

Alba Porta (España), ilustradora, tiene una relación de pasión oculta con la escritura:

Al escribir me pasa algo que no me ocurre al dibujar: el lienzo el blanco, la hoja, la libreta, me intimida. Siento un cosquilleo de amor muy especial al escribir que no siento cuando dibujo, o no siempre al menos, es como cuando te gusta un chico (o chica, o… bueno, *suspiro*) y estás nervioso, consciente de la posibilidad de meter la pata, con un nudo en la garganta, pero emocionado, y al final, muy a menudo, decides mantener la boca cerrada para no cagarla. Te arrepientes, pero la magia continúa.

Mi relación con la escritura es una magia cruel que adoro y me aterra a partes iguales. ¿El auténtico motivo, la raíz? Lo desconozco. No creo ser una nulidad, de modo que, pese a que reconozco que tengo fallos a montones (***) descarto la idea de quedar en ridículo. Peeeero…. me falta el arrojo, el hervor, el valor, el sentimiento de ”me da todo igual, VOY a escribir”. Y me gustaría que se me pasase rápido esa especial edad del pavo porque, demonios, tengo una historia que contar y quiero contarla.

Tú no tienes edad para ser escritor

Ya sabéis aquello de que nunca es uno demasiado mayor para escribir, pero eso no quita que te encuentres unos cuantos problemas por no ser el típico poeta sexi de veintipocos. Como dice Luis López Sanz (España):

   Antes, por otras razones, escribía con seudónimo, ahora no. Cuando me preguntan que ahora que estoy jubilado a qué me dedico y digo que escribo, generalmente desvío  la conversación porque pienso que lo primero que otros se creen es que soy el clásico jubilado que escribe sus batallitas; lo majos que son sus nietos (en mi caso me los tendría que inventar) y lo mal que está ahora el mundo y lo bien que se lo pasó en la “mili”. Ay, Dios mío, si supiesen los problemas que me ha traído el rollo literario.

  En fin, mi anécdota es que en una ocasión, después de la dichosa presentación, una señora me dijo: “Así que escribes, pues entonces tú has de ser inteligente, ¿no?”. Sin esperar la necesaria respuesta idiota por mi parte, siguió: “Pues yo también tengo un hijo que escribe, pero es que  él va para premio nobel, en la línea de Quim Monzó. Y yo también escribo, no creas, a veces envío ‘cartas al director’ de los periódicos”.

Para Laura Antolín (España), sin embargo, eso de la edad tiene sus ventajas:

(…) yo tampoco voy diciéndole a nadie eso de que soy escritora, más allá de las redes (…), aunque, pensándolo bien, no deja de ser por mi parte una actitud un tanto acomplejada y absurda, pues ¿acaso yo me cuestiono el oficio de los demás en virtud de si son malos, buenos o regulares ejerciéndolo? No, nada de eso, yo me los creo a pie juntillas, como cuando me contaban cómo delinquían o cómo se prostituían; nunca se me ocurrió preguntarles si pertenecían a banda armada o nomás eran cuatro pelados, si las controlaba un chulo o se lo montaban solas en el polígono. Me quedaba con la copla y, ya dije, no sabía luego qué hacer con el relato de sus tenebrosas vidas, hasta que me puse a escribir, y dejaron de irme con cuentos.

Por eso yo tampoco le voy a nadie con los míos. Suerte tengo de tener ya una edad, que antes decían respetable, pero solo es una edad en la que ya nadie te pregunta nada, ni la hora, mucho menos a qué dedicas tu tiempo libre, o ese tiempo que ya corre hacia atrás, cuando lo normal es que te lo pases viendo la tele o rumiando: ¿con qué cara voy y les digo que me lo paso escribiendo?

Otras profesiones también sufren

La escritura a veces es una segunda ocupación para personas que, para bien o para mal, sufren de prejuicios artísticos en su ocupación principal. Por ejemplo, Logan R. Kyle nos deja unas cuantas anécdotas sobre su labor como fotógrafa:

—¿Así que eres fotógrafa? —me pregunta un fulano con una cerveza en la mano, durante un concierto de rock cualquiera.

—Sí.

—¿Y dónde tienes la cámara? —dice desternillándose de risa—. ¡Muy mal, eh!

***

—He visto fotografías tuyas en las redes sociales. ¡Qué chulas están!

—Muchas gracias.

—Pero bueno, es todo Photoshop, claro.

***

—He visto las fotos que le hiciste a Mengana. ¡Son muy bonitas! —dijo Fulanita, amiga de una amiga.

—¡Me alegro de que te gusten!

Algún día puede que te deje que me hagas fotos —añadió Fulanita Schiffer.

Otra de mis anécdotas favoritas es esta, de Desirée Bressend (España). Porque, por lo visto, ser guionista no es escribir:

—¿Y tú a qué te dedicas?

—A escribir (ya ni siquiera digo lo de “ser escritora”, para no cortocircuitar demasiado).

—Ah, yo soy X, trabajo de Y (póngase un empleo común y entendible para los mortales). ¿Y cómo es ser escritor? Tiene que ser aburrido, porque claro ya no lee nadie… (insértese reflexión de lo poco práctico que es ser escritor). Llega nuestro amigo común y anfritrión de la fiesta.

—Bueno, X. ¿No te ha contado Desirée que es guionista?

—¿Pero no era escritora? —La mente de X a estas alturas parece que va a explotar.

—Sí, sí. Escribe para tele.

—Aaaaahh —X se ve de pronto muy agradecido de que esté en la fiesta—. ¡Qué molón! Ah, quién pudiera.

Ser escritor también sirve como punto de partida en una conversación (y para ligar, claro), como comenta Cerdo Venusiano (México):

Una de las situaciones con las que disfruto siendo “amateur” es qué todavía cuento con la capacidad de decir:

—Soy escritor e ingeniero ambiental.

Obviamente la segunda opción es tan aburrida como un trámite fiscal, así que la gente me dice cosas como:

—¿Y qué escribes? ¿Manuales?  Porque no me imagino a uno como tú haciendo poesía o escribiendo novelas, bueno, a lo mejor policiacas…

Ahora imagina que el principal motivo por el que he comenzado a publicar es añadir escritor a mi perfil de Tinder (lo cual aumentó mi numero de citas en un 38%) y un montón de desconocidas llegan esperando que les regales una copia física de tu libro.

Así que antes de que salgáis corriendo a añadir escritor a vuestro perfil de Tinder, Meetic o EHarmony, os dejo con mi anécdota favorita, que se lleva los libros de premio. Así es: aquí tenéis al ganador de este concurso, a Rubén Berrueco (España).

Para comprender mejor lo que te voy a contar, tengo que empezar explicando que soy pediatra. O, dicho de otro modo, mi formación académica y profesional comenzó por la pediatría. Lo de escribir lo hago de siempre, claro, pero ¿quién se gana la vida como escritor? (…).

 

Me apasiona lo que hago, (la medicina, me refiero). Por dejarlo claro, nada más. Ya te puedes imaginar. Todo el día con críos la mar de graciosos que me llenan el día de anécdotas.

 

Pues no. También tiene partes malas, como todo, pero no te voy a hablar de mocos, llantos y pánico a la bata blanca. Si te escribo es para contarte que la vida no es menos cruel con nuestro colectivo que con el resto de profesiones. Querida Gabriella Literaria, ¿Te quejas de que la gente se mofa de ti cuando se defines como escritora autónoma? ¿De verdad? Porque yo no le deseo ni al peor de mis enemigos que en una fiesta llena de mamás y papás de niños de todas las edades alguien te señale desde la lejanía y exclame: “Ese de allá, el de la pajarita, sí. Ese. Ese, es PEDIATRA”. Así, sin anestesia y en mayúsculas, porque es así como suena, o como resuena en mi cabeza durante los siguientes segundos.

Y ¡zas! Se me acabó la fiesta. Se terminó disfrutar del piscolabis y de Raffaella Carrá sonando de fondo. De repente, y sin previo aviso, te ves rodeado por una marabunta de mamis que (y esto es cierto como que estoy escribiendo estas líneas) le bajan los pantalones al nene para que le mires la fimosis que, fíjese usted, le tiene muy preocupada a la señora. ¡Señora! ¡Por el amor de Dios, que estamos en medio de una boda! O peor, se descalzan para enseñarte los juanetes porque han confundido pediatra con podólogo y mire usted lo que me duele la dureza esta que me ha salido.

 

Sí, hija mía, sí. Elegí una profesión llena de contratiempos. Por eso, ahora, cuando alguien con cara de haber sido padre reciente me pregunta que a qué me dedico, yo les miro con una enorme sonrisa y les digo:

 

Yo soy ESCRITOR. Y he publicado una novela.

No me digáis que no es maravillosa esta vuelta de tuerca 😉

 


*Si te acabo de arruinar la noche, tal vez quieras leer sobre el efecto Zeigarnik para solucionarlo. Si no, ahí va otra canción pegajosa. Y otra. Y otra.

**Esto se llama name-dropping (soltar nombres sin mucho sentido, solo para presumir de que conoces a alguien) y está muy feo. No lo hagáis. Por ejemplo, a MI AMIGA Cristina Macía no le haría ninguna gracia que la mencionara aquí, sin venir a cuento.

(Por esa última ha muerto gente).


¿Te ha gustado este artículo?

a) No. Es una mierda –> Vaya, lo siento. Intentaré hacerlo mejor la próxima vez.

b) Sí, me has alegrado el día. Te amo –> ¡Gracias! Que sepas que hay cinco cosas que tú puedes hacer por mí:

  1. Compartir este artículo.
  2. Comprar alguno de mis libros.
  3. Adquirir por un precio ridículamente simbólico alguno de mis artículos ampliados.
  4. Apuntarte a mi lista de correo, donde seguiré dándote la tabarra con artículos que no salen en el blog.
  5. Conseguir, gracias a los puntos 2-4, mi agradecimiento más sincero y mantenerme bien abastecida de vino, alimentos y manuales exhaustivos de análisis de patrones narrativos en el dinoporno.

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11 excusas para no escribir (y cómo demolerlas)

Marzo 18, 2016 — by Gabriella55

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Hoy no haré un artículo de recortes normal, como los de viernes normal.

Tal vez este tema de hoy sea un único y gran recorte (gran por lo de extenso; la calidad ya la juzgáis vosotros).

Viene de un artículo que leí hace poco de Yolanda González Mesa, donde reflexionaba sobre los espacios que usamos para crear y de las excusas que utilizamos para procrastinar un poco más. Nos podemos atar tanto a nuestras manías y rituales que nos decimos que sin ellos no podemos trabajar: olvidamos que son herramientas, no razones. Nos mentimos. Es más fácil decir que no tienes el despacho perfecto que decir que no te apetece, que te da miedo, que estás cansado/a y que no ves futuro para este laberinto de dieciocho mil salidas en falso en que te has metido por mucho que tu madre te pregunte por qué. Por qué, hija, por qué.

(Gracias, a todo esto, mamá, por nunca hacer esa pregunta en alto).

El artículo de Yolanda se llama No uses la falta de espacio como excusa.

Hay muchas otras cosas que usamos como excusa. Mi bandeja de correo y mi memoria están llenas de personas que me cuentan, semana tras semana, por qué lo tienen tan difícil para escribir.

Eh, yo no voy a juzgar a nadie. En muchos sentidos, lo tengo más fácil que otras personas. Y muchas de esas “excusas” que damos son excusas reales, razones de imposibilidad, de peso muy pesado.

excusas para no escribirAlgunas excusas son perfectamente válidas. "Mi pelo ha tomado conciencia de sí mismo y me he levantado que parezco el tipo ese de Hellraiser" es una de mis favoritas.

Muchas otras veces no lo son. Y la falta de sinceridad que tenemos para con nosotros mismos (sí, claro que me incluyo) nunca deja de sorprenderme.

He enumerado las once excusas que creo que son más comunes, las que más escucho, y ofrezco algunas sugerencias para analizar si son excusas reales o falsas, para intentar demolerlas de una vez por todas.

Empezamos con aquella que inspiró este artículo: la falta de un espacio adecuado.

escritoresescrituramarketingredes sociales

Guía rápida de Facebook para escritores

Marzo 9, 2016 — by Gabriella43

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Facebook es un tira y afloja de amor y odio.

No solo es un agujero negro devoraproductividad. Es un punto de encuentro de debates estériles, del malentendido, del “no tienes ni idea, pero yo sí”. Y no hablemos ya de los problemas de privacidad, del dichoso edgerank, de la publicidad de pago mal enfocada, etc., etc., etc.

facebook para escritoresFacebook: devorando materia (sobre todo gris) desde 2007 d. C.

Sí, tiene cosas buenas, pero ha habido un par de ocasiones en las que he considerado dejar Facebook. Sé que no soy la única.

Luego me di cuenta de que lo estaba usando mal.

Mucha gente ve Facebook como un escaparate donde vomitar sus pensamientos más o menos profundos, sus preocupaciones, quejas y, sí, ese “compra mi libro” que tanto toca la moral. Desde fuera, solo vemos ese líquido pardo lleno de tropezones que se ha quedado pegado al cristal. Solo eso.

Pero Facebook podría ser tu mayor fuente de visitas y, a la larga (¡si lo haces bien!), de conversión a ventas. Yo no tengo una página inmensa (me acerco a los 2000 seguidores, que en comparación con otras páginas “profesionales”, no es demasiado), pero es la mayor fuente de tráfico y seguimiento para mi blog. Me quita mucho menos tiempo que otros recursos, como Twitter o esta web (sobre todo cuando escribo artículos interminables como este). Junto a mi lista de correo, es mi mayor punto de partida para entender lo que preocupa a mis lectores. Su rentabilidad, en este sentido, me parece óptima.

Porque en Facebook no se trata de cuántas personas te siguen, sino de quién te sigue y por qué. Coleccionar seguidores porque sí no sirve de nada. He visto páginas de más de 10000 seguidores sin seguimiento activo, sin sentido ni porqué.

Mucha gente ve Facebook como un escaparate para proyectar su voz. Creo que esto es un error. Cuando entendí esto, mi manera de relacionarme con Facebook cambió de forma determinante.

Tenemos que dejar de pensar en Facebook como un sitio donde lanzar cualquier cosa y empezar a pensar en Facebook como un sitio donde conversar y, sobre todo, escuchar. Bien usado, Facebook puede ser la mayor herramienta de marketing que has tenido y tendrás (sospecho que todavía andará por aquí dentro de unos años). Para ello, para sacarle el máximo rendimiento como escritor/a (y aprender y divertirte en el proceso) me gustaría hacer las siguientes sugerencias.

facebook para escritores¡Atención! Este artículo no es longform, es kilometricform. Sí, lo de "guía rápida" era mentira. Vamos, que es largo de narices (¡y aun así no hago más que arañar la superficie de este monstruo!). Haceos un café, un té, cogeos la botella de tequila y poneos otro cojín bajo el culo.

¿Listos? Lo primero y más importante:

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Entrevistas relámpago a escritores (57): Juan Cuadra Pérez

Diciembre 17, 2015 — by Gabriella6

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Hay ocasiones en las que me pregunto por qué mis invitados acceden a que los entreviste. Bueno, no todos acceden. Algunos no contestan a mis emails, dejan la conversación a medias o piden órdenes de alejamiento. Pero no importa, yo lo entiendo.

Creo que a la mayoría de los escritores nos gusta que nos entrevisten. Ya no es que nos concedan el placer supremo, que es hablar de nuestro libro, sino que además nos dejan hablar de nosotros mismos. Y sí, claro que muchos escritores somos introvertidos, o tímidos o muy protectores de nuestra intimidad, pero otros tantos tenemos un punto de vanidad inevitable. Queremos que nos lean, ¡claro que somos vanidosos! Creemos que lo que escribimos es lo bastante bueno como para enriquecer la vida de otros, ni más ni menos.

Lo que no nos gusta, supongo, es que nos hagan perder mucho tiempo. Y tampoco nos gusta que nos pregunten lo mismo una y otra vez (creo que haré un artículo en el blog sobre la experiencia de escribir a cuatro manos, así solo tendré que poner el enlace cuando me lo pregunten de nuevo). No te importa contestar, y es normal que ciertas cosas despierten más interés que otras, pero llegado a cierto punto sí que tienes la tentación de recurrir al copypega.

Supongo que de ahí nació la idea de estas entrevistas. Quería algo que fuera rápido de contestar y que fuera entretenido para los entrevistados, que se lo pasaran bien respondiendo. Y que por una vez les preguntaran por cosas que no son solo su libro, sus mecanismos de escritura y sus consejos para gente que empieza (aunque reconozco que esa última sí sale en la lista completa de preguntas).

Además, soy una enamorada de lo aleatorio. Obtengo un placer peculiar en hacer cosas en un orden decidido por el azar. Siempre tengo Spotify en modo aleatorio, a veces hasta paso por random.org mis listas de tareas. Y me gusta ver qué le toca a cada entrevistado.

Me gustaría pensar que ser entrevistado aquí es una experiencia más o menos agradable. Lo único es que, a cambio, el invitado tiene que aguantar mis chorradas y observaciones completamente intrascendentes.

Como cuando digo que mi entrevistado de hoy, Juan Cuadra, tiene el mejor pelo del fandom*. O que tiene un gusto excelente en animales de compañía.

Y en libros, un gusto excelente en libros. Chiang es uno de mis escritores de relato favoritos y, si viniera Barker a Málaga, llevaría a Juan hasta allí a rastras. Por la coleta. De ese pelo maravilloso.

Si queréis saber de qué diantres estoy hablando, leed la entrevista:

¿Qué era esto de las entrevistas relámpago? Tengo una lista muy larga de preguntas cortas (ahora mismo va por 94 preguntas y subiendo). De allí, usando random.org, selecciono una secuencia de quince preguntas aleatorias, que le entrego al entrevistado o entrevistada. Este (o esta) elige diez de esas preguntas y responde con frases también breves. Al final, hay una pregunta extra que podrá aprovechar para hablar un poco más de sí mismo/a o para vengarse de la entrevistadora (es lo justo). Hace unas semanas entrevisté a Alejandro Gamero y podéis ver todas las entrevistas publicadas hasta ahora en este enlace.  O si vais con prisa y queréis ver unos cuantos extractos rápidos, podéis ver el recopilatorio que hice de las primeras 47 entrevistas.

Dice Juan de sí mismo que es todo lo siguiente:

Profesor de Lengua que habla de feminismo en clase y está más tiempo en la biblioteca que en la sala de profesores. Escritor de horror definido a menudo como “achuchable” por personas que no comprenden que eso rompe todo el halo de oscuridad que debe rodear a un buen escritor chungo. Papi que decidió que tenía que escribir cosas que no fueran horror para que las pudiera leer su peque antes de cumplir los dieciséis. Aspirante a Zorro del Principito. Podéis leer El Libro de Ivo y El Libro de Sombra (Ed. Fantascy, PRH) y decidir vosotros mismos si soy un mal tipo o no.

Tengo la gran suerte de que Juan no vive muy lejos de mí, así que he podido compartir un par de experiencias de esas típicas de escritores, como ir a alguna de sus presentaciones o dejar libros desperdigados entre monumentos, plazas y columnas rodeadas de extranjeros con cara de susto.

Espero que después de salir en mi blog siga queriendo quedar conmigo.

ENTREVISTA relámpago A juan cuadra pérez

juan cuadra

1. ¿Con qué música escribes (si escribes con música)?

Cada libro va creando su propia banda sonora, en algunos casos antes de empezar a escribir, y normalmente durante el proceso. Lo voy organizando todo en listas de Spotify, así que toda la música con la que escribo está disponible para el que quiera cotillear, e incluso intentar adivinar hacia dónde van las cosas. Y si tengo que quedarme con algunos grupos que casi siempre están presentes, diría que Lyriel, Apocalyptica, Toundra y, en los últimos tiempos, mucho piano.

2. ¿Te has enamorado alguna vez de un personaje?

De personajes ajenos no, soy más de ser fan que de enamorarme (y soy muy fan de Hermione Granger). De los propios, decía Virginie Despentes que los novelistas (hombres) sólo imaginan mujeres con las que querrían acostarse. Y yo leí a Despentes y empecé a preocuparme por mantener alejado el machismo de mis textos después de haber escrito mis primeras dos novelas, con lo cual no voy a seguir avanzando por este tema pero te puedes hacer una idea. No obstante, para salvar la pregunta de un modo más digno, diré que no me he enamorado de ningún personaje, pero que las personas a las que he amado habitan mis textos de un modo u otro.

3. ¿Perros o gatos?

Gatos, evidentemente. No tengo paciencia ni para sacar a pasear, ni para recibimientos entusiastas, ni para lametones. Pero me gusta compartir piso con un bicho peludo y a menudo indiferente, y tratar de hacerle ver que no soy su esclavo por mucho que insista. Gatos.

4. ¿Has conocido en persona a alguno de tus héroes?

No soy nada mitómano, así que en realidad no tengo héroes, hasta el punto que no me atrae especialmente la idea de conocer ni siquiera a mis escritores de referencia. Me dicen que viene Clive Barker a Málaga y, si no puedo ir a verlo, tampoco me voy a deprimir. ¿Y si al conocerlo me cae fatal? Prefiero mantener las distancias y seguir disfrutando de sus creaciones.

5. Si escribieras una novela romántica, ¿de qué iría?

Iría de un joven universitario que conoce a una mujer madura e inician una intensa historia de amor, condenada al fracaso por las inseguridades que produce en ella una educación muy conservadora y por una inesperada enfermedad congénita que le descubren. Negaré cualquier rumor de que escribí cien páginas de eso hace muchos años.

6. Menciona un libro con el que hayas llorado

Lloro mucho con los libros. También con las películas, pero con los libros más. Destacando uno, toda la segunda mitad de Harry Potter y las Reliquias de la Muerte me la pasé llorando, de hecho llorando y escondido porque me lo leí en inglés y la gente de mi entorno, que esperaba a que saliese en español, no quería saber nada de lo que me estaba pareciendo.

7. ¿Cuál fue el último libro que te dejó resaca lectora?

La historia de tu vida, de Ted Chiang. Aún no me he recuperado, porque fue entre resaca y mazazo, la certeza de haber leído algo que siempre estará más allá de mi alcance escribir. Porque una cosa es escribir bien y otra tener ideas geniales, y yo no tengo paciencia para esperar a que lleguen las ideas geniales, en cuanto tengo una buena necesito ponerme a escribirla.

8. ¿Es posible vivir de la literatura?el libro de sombra

Con el buen rollito que llevábamos, ahora una pregunta de bajón… En España yo diría que no. Fuera, no tengo datos pero me encantaría que me tradujesen y descubrirlo. Pero, aunque no pueda vivir de la literatura (y afortunadamente no necesito intentar hacerlo), no puedo vivir sin escribir, así que es una pregunta en realidad intrascendente. Escribir es parte de lo que soy.

9. Qué es lo más ridículo que has hecho por amor?

¿Pero esto no era una entrevista literaria? Hay muchas preguntas trampa por aquí 😉

No creo que haya cosas ridículas por amor, salvo que consideres que el amor en sí es ridículo. Dicho esto, toca confesar que yo soy una persona pasional y sosa al mismo tiempo, así que me temo que no hay nada vergonzoso ni extraño que decir en este ámbito.

10. ¿Lápiz, portaminas, bolígrafo o pluma?

Contando que soy zurdo y escribo raro y emborronando, la pluma queda descartada. En mi juventud yo era muy de portaminas, pero después me he ido decantando por el bolígrafo negro. Y el rojo cuando toca corregir exámenes, claro (juas, juas, juas, risa malvada).

Pregunta extra (seleccionar opción y contestar):

a) El entrevistado se inventa una pregunta, la hace y se responde a sí mismo.

b) La pregunta la hace el entrevistado a la entrevistadora.

c) Ya he terminado, deja que me vaya a mi casa. Por favor.

Juan escoge la b) y me pregunta:

Teniendo en cuenta que has sacado hace poquito Lectores aéreos, que es un libro de relatos, y que a mí me cuesta mucho escribir relatos porque todas mis historias tienden a ampliarse y ramificarse, la pregunta es la siguiente: ¿Cómo planteas los relatos? ¿Surgen ya siendo ideas de relato o son semillas de historias que después descubres que no necesitan más extensión?

Lo que me gusta de los relatos es que, por lo general, no necesito planificarlos como la novela, y puedo permitirme ser de brújula, embarcarme en un viaje y ver dónde me lleva. Algunas ideas te piden poco, otras, sin embargo, tiran y tiran del hilo y cuando te quieres dar cuenta son novela corta y toca reestructurar. Generalmente mi enfrentamiento con la novela es muy distinto: no tengo una idea concreta, sino una especie de entorno en mente; un mundo borroso, clavado en la cabeza, que me apetece desarrollar.

Sé que hay autores que son incapaces de escribir menos de 5000 palabras para una idea, e imagino que necesitarán planificarse si quieren escribir un texto corto. En mi caso el relato es una aventura: se me ocurre, no sé, pensar en cuánto cagará una mantícora (sí, ese es el tipo de cosas que me pregunto) y acabo escribiendo sobre circos interplanetarios cargados de animales mitológicos y lo que le acaba pasando a una de las personas que se dedica a su mantenimiento. Otro día pienso en un betatester de videojuegos de realidad aumentada y me pongo a escribir y el hombre acaba envuelto en una terrible conspiración mundial de la que solo puede salvarlo un templo de porno en vivo. A veces el camino es corto, otras es mucho más largo. En la novela tienes que tener el control o se desbocará y te quedará una bestia desmadejada. Es lo que me encanta del cuento: es él el que manda.


Muchas gracias a Juan por sus respuestas. ¡No os perdáis la próxima entrevista!

*En realidad el mejor pelo del fandom es el mapache de Neil Gaiman, ingeniosamente imitado por José Antonio Cotrina. Pero a ellos los miro con amor y deseo y no puedo ser objetiva en mi meticuloso cuadro de puntuaciones.

**Fotografía de Mara Bermejo.


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Lectores aéreos gabriella campbellLectores aéreos (relatos con toques de fantasía tenebrosa): Disponible en Amazon y Lektu (¡solo 2,99 €!).

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7 tipos de blogs que sí funcionan para escritores

Diciembre 15, 2015 — by Gabriella68

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Como hablo mucho de blogs (por aquello de que le dedico al mío una cantidad obscena de horas, una parte exagerada de mi vida y, probablemente, mi hijo primogénito varón) hay una pregunta que me hacen los lectores una y otra vez.

Es una pregunta que nos tiene a todos muy inquietos.

¿De qué debería hablar en mi blog?

Esta pregunta suele asociarse a otras como: ¿cómo uso mi blog para que la gente compre mis libros?, ¿cuál es la periodicidad/extensión de artículo/color de fondo/cursor de estrellitas ideal para que la gente visite mi blog? o ¿podrías leer mi novela de fanfiction de 300000 palabras en Wattpad?

(La respuesta a las tres preguntas es: “No”).

Es curioso que muchos autores cuyos blogs apenas reciben visitas crean que eso puede resolverse por arte de magia si escriben artículos de exactamente 563,4 palabras*. No voy a entrar ahora en qué hace que un blog atraiga visitas y mantenga el interés de sus lectores, eso ya lo hemos hablado. Además, hay tres factores secretísimos que te garantizan el éxito. No los vayáis contando por ahí, que me robáis las visitas:

blog de escritorDevastación espectacular sufrida por un pueblo que se atrevió a robarme las visitas.

Estos tres secretos son:

  1. Tener el tipo de blog adecuado para tus objetivos
  2. Escribir el tipo de artículo adecuado para tus objetivos.
  3. Tener unos títulos atractivos y saber compartirlos para obtener el máximo rendimiento.

Digo que son secretos, porque, a pesar de su obviedad, los ignoramos una y otra vez, así que deben de estar escritos en tinta invisible o algún idioma lovecraftiano e impronunciable que el cerebro humano es incapaz de asimilar.

Para el número 3 no tenéis que quedaros en este artículo. De títulos ha hablado Ana González Duque y por supuesto, el insuperable Jon Morrow (su .pdf de análisis de títulos eficientes revolucionó mi blog, os lo aseguro). Respecto a saber compartir, para eso están las redes sociales y el artículo que escribí para que pudiéramos aprender a sacarles partido.

Del 1 y del 2 nos vamos a ocupar hoy.

¿Os habéis puesto el cinturón de seguridad? El viaje del escritor aspirante a blogger es duro y tiene algún que otro tropiezo. Veamos cuáles son los siete tipos de blogs que sí funcionan para escritores.

blogs que sí funcionan

1. El blog de escritores para escritores

Seguro que se os ocurren unos cuantos ejemplos. Algunos son más técnicos, como el de Mariana Eguaras; otros se meten en lo más profundo de la narrativa, como el de Victor Selles o el de Ana Bolox; otros se concentran en aspectos concretos como marketing, como hace EBook Hermanos; o le dan un giro original, como el de psicología aplicada a ficción de Lecturonauta. Algunos se concentran en los aspectos personales de la escritura y publicación, como Hoja en Blanco. Otros van cubriendo todo tipo de aspectos relacionados con el universo del escritor, como este mismo o el de ciertas empresas y talleres literarios, como Literautas o Sinjania. Todos analizamos y comentamos diferentes aspectos del mundo de la escritura, desde cómo escribir una sinopsis a cómo presentar un manuscrito o sobrellevar el peso de ser un creador maldito que escribe sobrio y edita borracho. Cosas así.

Ventajas para escritores: Aunque hay muchos blogs de este tipo, también suele haber una camaradería agradable, por lo que estas webs tienden más a promocionarse y ayudarse entre sí que a competir a lo Battle Royale, dejando atrás cadáveres sin cabeza mientras Takeshi Kitano ríe de forma histérica**. Al final, estamos todos en el mismo barco, y hemos aprendido que colaborando aprendemos más y mejor. Son además ideales para escritores que ofrecen servicios para otros escritores: informes de lectura, correcciones, asesoría, terapia de grupo…

Desventajas para escritores: Tu público son otros escritores, no necesariamente tus lectores objetivos. Si escribes ficción, te va a costar ver una buena conversión a ventas. No obstante, a traves del networking que proporciona este tipo de blog, cuando se hace bien, conocerás a muchas personas en tu sector, lo que puede procurarte buenos contactos a la hora de considerar una publicación tradicional.

Por supuesto, para escritores que escriben libros para escritores, este sería el blog óptimo.

2. El blog de opinión

Probablemente sea este el más común de los blogs, ya que se mezcla en muchos sentidos con la bitácora de toda la vida: el blog personal.

El blog personal tuvo su época de éxito hace tiempo, antes de Facebook o Instagram, cuando todavía nos interesaba lo que hacía una persona con su vida  (y cuando no existían los periódicos online para poder llenarlos de comentarios políticos). Hoy en día, si quieres que tu blog personal tenga cierto seguimiento, más te vale que sea de opinión y que tus opiniones sean interesantes (y contundentes). Algunos ejemplos de blogs personales y de opinión con salero son el de Begoña Oro y el de César Mallorquí.

Ventajas para escritores: Bien hecho, un blog de este tipo puede crear una conexión poderosa con tus lectores. Puede que tu blog no tenga unas visitas tremendas, pero habrá fieles que regresarán una y otra vez, porque les gusta tu voz y tu estilo. Este blog funciona sobre todo para autores que tienen ya cierta posición consolidada, como canal de comunicación con su público. O, si lo que quieres son visitas, sean del tipo que sean, siempre puedes dedicarte a opinar sobre temas de actualidad, compartir en redes sociales y esperar a que entren hordas de cuñados profesionales.

Desventajas para escritores: Siempre cabe la posibilidad de que 1) a nadie le interese tu vida y 2) a nadie le interese tu opinión. Además, que sí les interese tampoco te garantiza que quieran comprar tu libro. Este tipo de blogs, repito, son más interesantes para autores ya con cierto seguimiento consolidado. De nuevo, si tu público objetivo no es lector de ficción, sino de libros sobre temas de actualidad, esta es otra forma de enfocarlo.

3. El blog de nicho

Este es el blog que obtiene una mayor conversión a ventas, ya que su objetivo, de primeras, es ofrecer información muy concreta para un público muy concreto. Pongo de nuevo el ejemplo de Ana González Duque, que para algo es experta en mercadeo y entiende muy bien cómo encontrar a sus lectores. Cuando escribía chick-lit, tenía un blog enfocado a este género; desde que escribe fantasía, habla de fantasía. ¿Significa esto que es una persona fría y calculadora que viene a acabar con la literatura y todo lo que es bello en el mundo? No (o al menos espero que no, porque eso implicaría que es una actriz realmente convincente y que debería dejar la literatura y largarse a Hollywood). Significa que su interés gira alrededor de la fantasía y por ello gusta de compartir lo que a ella también le interesa. De paso, conecta con un público al que le gusta la fantasía y que ve que tiene un libro de fantasía a la venta.

El blog de nicho es el que mejor ha funcionado siempre a cualquier persona que quiera vender un producto (o hacer dinero vendiendo o anunciando los productos de otros). Funciona porque se desarrolla en ámbitos que no están sobrexplotados, por lo que tienes poca competencia y un público loco por obtener contenidos de calidad.

Ventajas para escritores: Todas. Vas a vender más libros, vas a hablar de cosas que te gustan, vas a obtener interacción con una comunidad muy interesada en lo que tienes que decir, siempre que lo digas bien y de forma interesante y que no los deje ciegos (por favor, por favor, dejad los fondos negros con letras fluorescentes).

Desventajas para escritores: Puede que acabes hasta las narices de tu nicho y que mandes a freír espárragos todo el trabajo acumulado para dedicarte a algo totalmente diferente. Además, cuanto más concreto sea dicho segmento, más cercano estará el momento en que simplemente te quedes sin cosas de las que hablar. También corres el peligro de elegir un nicho que sencillamente no tenga un público lo bastante grande como para hacer ventas en condiciones. Ya sé que a ti te gustan, pero los libros de humor negro ambientados en la revolución de los marsupiales en Tasmania entre el año 1567 y 1569 no son para todos los gustos.

4. El blog de reseñas

El blog de reseñas puede tomar muchas formas, es sin duda flexible como un yogi profesional o como la lista de cosas que un escritor nunca haría por dinero. Hay muchas formas de opinar sobre libros: desde el podcast hasta el booktube, pasando por el blog escrito con el que nos hemos criado.

Sin duda los reyes de la reseña y la valoración son, en estos momentos, los jóvenes. El juvenil es el género rey en redes y webs, en Youtube y en Blogspot. Y no son pocos los casos de jóvenes autores que han conseguido un seguimiento brutal a raíz de su actividad como críticos y lectores (ahí tenéis a Mike Lightwood, por ejemplo). Y qué deciros de fenómenos del BookTube como pueden ser Uka, Sebas G. Mouret o Javier Ruescas. En sus canales no solo realizan valoraciones de libro, sino que organizan todo tipo de actividades y juegos relacionados con la lectura.

¿Significa esto que debas ir corriendo a reseñar todo lo que pase por tus manos? Depende. Veamos los pros, contras y demás advertencias:

Ventajas para escritores: Muchas. Si lees bastante y lees rápido, ¿por qué no dar tu opinión sobre lo que has leído en un blog? Si te concentras, además, en reseñar a autores con buena presencia online, y ellos enlazan a tu reseña desde sus redes, conseguirás un puñadito majo de visitas y atención. O puedes concentrarte en buscar libros que estén muy de moda e intentar ofrecer puntos de vista un poco diferentes sobre ellos (por ejemplo, este artículo que escribió Iria G. Parente sobre After). Puedes jugar con SEO, SMO y cualquier acrónimo que no sepas lo que signifique pero que huela a tráfico. Si te lo curras lo bastante y el blog empieza a ser conocido, puedes incluso solicitar ejemplares de cortesía para reseñas (por ejemplo: ¿sabías que regalo Lectores aéreos a cualquiera que se comprometa a reseñarlo en su blog?): ¡libros gratis! Y las relaciones con editoriales pueden acabar siendo muuuy productivas para ti como escritor/a.

Además, tener que publicar reseñas con frecuencia te obliga a devorar libros y a expresar tus análisis de forma coherente. Analizar otros libros es, posiblemente, la mejor manera de aprender como escritor.

Eso sí, recuerda que los blogs de reseñas tienen sus propias reglas y recomendaciones, y que si quieres que se te conozca como reseñador/a, el blog debe ser, por lo menos, de un 75% de reseñas. No vale comentar un libro un día y al siguiente hablar de tus películas favoritas y al siguiente dar recomendaciones sobre cómo hablar con sirenas a las que la bruja mala del fondo del mar les ha arrancado la lengua. Aunque yo leería ese artículo.

Hans Cristian Andersen, inspirando grandes artículos de blog y bares modernistas desde 1830. Año más, año menos.

Desventajas para escritores: Aunque puede ser un trampolín excelente para darte a conocer como autor, no tiene por qué haber una buena conversión a ventas (a no ser que combines esta opción con la del blog de nicho y consigas que te hagan caso todos tus lectores objetivos). También está el problema de la competencia, que en este sector es inmensa, y de la edad y del género (como ya he comentado, los blogs de este tipo que mejor funcionan son los de juvenil creados por y destinados a un público joven, debido a que cubren un vacío de prescripción en relación a este género tan en demanda).

5. El blog de humor

En mi último encuentro con escritores en Madrid, G. G. Lapresa me preguntó qué opinaba de los blogs de humor. Es una pregunta interesante viniendo de alguien que pone un gato con monóculo montando en unicornio como cabecera en Twitter. Mi respuesta, obviamente, es que molan. Yo amo Cracked desde que lo descubrí y me di cuenta de que no debía volver a entrar jamás si quería hacer algo de provecho con mi vida.

¿Qué ocurre? Todo el mundo tiene alguien ahí fuera que encontrará muy divertidos sus chistes, pero eso no significa que a todo el mundo le gusten tus chistes (ahí tenéis una gran sentencia y epigrama sin sentido). Para mí el humor fue una liberación, cuando descubrí que era mucho mejor dejar de quejarme y lamentarme como una niña chica y que, para mi enorme sorpresa, podía hacer chistes horrorosamente malos sin que la gente me apedreara (aunque habrá gente que quiera hacerlo. Por suerte no saben dónde vivo).

Que alguien se ría con tus tonterías es adictivo, hace que te sientas estrella de rock. Tengo la sospecha de que muchos cómicos son realmente narcisistas inseguros, buscando con desesperación el afecto de otros. Los que no servimos como modelos de Instagram tenemos que buscar la aprobación social de otro modo, qué queréis.

El humor crea una conexión especial con los lectores, y ha habido blogs muy populares que lo han usado como medio comunicativo con gran éxito. Por desgracia para mí (porque soy muy empática y lo paso mal cuando la gente es cruel con otros escritores), también tienden a funcionar blogs cuyo sentido del humor está relacionado con la burla o incluso el insulto. Si sois lo suficientemente críticos y cáusticos y tenéis talento para ello, podéis obtener así a un público entregado (pero tampoco os quejéis por las broncas montadas en los comentarios). Y recordad: hay una fina línea entre una crítica necesaria, usar el humor como protesta, y el ataque gratuito.

Al usar el humor para hablar de temas literarios y de libros, intento seguir la siguiente regla: vale meterse con libros, pero no con las personas detrás (autores y lectores), a no ser que hacerlo sea un acto revolucionario y necesario, que aporte algo positivo a la sociedad. En serio, no os riáis. Bueno, vale, reíd si queréis, ya sabéis que lo necesito.

Ventajas para escritores: Como ya he comentado, una conexión más íntima y directa con los lectores que disfruten de tu mismo sentido del humor. Y si tus libros también son humorísticos, tus lectores ya saben dónde buscar más de lo que les gusta.

Desventajas para escritores: Lo malo del humor es que si es forzado, se nota. No intentes ser algo que no eres. Si te encanta hacer chascarrillos y te descojonas con tus propias gracias, adelante. Lo peor que puede pasar es que solo te hagan reír a ti (¡pero te habrás reído!). Si intentas meter gracietas porque crees que eso es lo que la gente quiere o porque le funciona a otro bloguero, te va a salir el culo por la tirata***.

Mujer joven en el parque acordándose de un chiste graciosísimo (pero a la vez profundo e inteligente) sobre gárgolas ninfómanas que leyó en mi blog. Fue un chiste natural, espontáneo, que me salió solo.

¿Cuál es el mejor consejo para un blog que pretende ser cómico? No recuerdo dónde lo leí, pero es algo que llevo aplicando desde siempre: escribe para una persona en concreto. Creo que es un buen consejo para escribir en general, no solo para comedia. Yo escribo para dos personas: para mi hermano, un informático gigante, barbudo y tatuado a quien aún puedo hacer partirse el culo con la canción de La hormiguita (no preguntéis) y para José Antonio Cotrina. Si digo cualquier tontería y en mi cabeza veo a alguna de esas personas tiradas en el suelo con un ataque de risa, ¿qué más dará lo que piensen los demás?

Lo bueno de la comedia es que sí se presta bien para mezclar con todo tipo de blogs. Hasta los blogs más serios se aderezan bien con un puntito de humor.

6. El blog comunitario

Un blog quita mucho tiempo e implica mucho esfuerzo. Si estás cruzado/a de brazos con cara de cabreo preguntándote por qué nadie visita ese blog de diseño cutre donde apenas actualizas una vez al mes, sí, tienes razón, es que el mundo es injusto y nadie sabe apreciar tu genio.

Una forma de mantener un blog medio en condiciones sin que te exija demasiado es, cómo no, repartir el trabajo. Es una manera de tener un escaparate como autor, conseguir cierto seguimiento y no tener que preocuparte de cosas como optimización de buscadores, ratio de clic por visitante y pagos de hosting. Tú aportas tu trabajo y a cambio recibes cierta tranquilidad mental. Es el caso de blogs colaborativos como La piedra de Sísifo, Ateneo Literario, Moon Magazine, Fabulantes, Fantífica, etc. (si bien es cierto que algunos ya salen un poco del concepto de blog para entrar en el de revista en línea o, directamente, web especializada).

Ventajas para escritores: Todo lo que hemos dicho. No tienes las responsabilidades de tiempo, esfuerzo y dinero de llevar tu propio blog. Y aprovechas las visitas que pueda traerte una plataforma consolidada. Si sabes cómo hacerlo (y si la plataforma te lo permite), puedes aprovechar para dirigir a tus lectores hacia tus propios libros. Cracked siempre ha sido un gran ejemplo en este sentido (¿os suena un libro [y una película] llamado John muere al final? Pues ese libro ha triunfado en gran medida gracias a la labor de su autor, David Wong, en una plataforma de éxito).

Desventajas para escritores: Que se te puede quedar cara de tonto. Hay más de una gran plataforma que considera que escribir para ellos ya es privilegio suficiente para ti, mero mortal. Sí, una plataforma así puede traerte visitas, pero está viviendo y haciendo dinero de tu trabajo, y tú no recibes nada a cambio, ninguna remuneración. En el caso de algunas de las publicaciones mencionadas más arriba, no hay ánimo de lucro, así que es un intercambio aceptable (otras sí tienen ánimo de lucro, o de publicitar su marca, pero remuneran a sus colaboradores). Pero siempre me ha dado escalofríos eso de que ciertas grandes empresas obtengan ingresos ofreciendo a cambio “exposición” y “currículo”.

No tienes por qué escribir de forma periódica en otros blogs, también puedes hacerlo de manera ocasional. Y también puedes aprovechar el guestposting para ti: puedes invitar a plumas célebres a escribir artículos para tu blog. Un consejo: si tienes un blog con cincuenta visitas diarias, pedirle a Pérez Reverte que te escriba un artículo probablemente no vaya a resultar. Busca a personas que estén un poquito por encima de tu nivel de tráfico e influencia, para que a ellos también les compense, y sé muy respetuoso de su tiempo.

7. El blog de ficción

En teoría, este tipo de blog tendría que ser el mejor blog para escritores. Al fin y al cabo, si queremos que nos lean y que compren nuestros libros para darnos la gran vida de tirarnos de cabeza a piscinas de monedas a lo Tío Gilito (eso tiene que doler) y rodearnos de grandes colgantes dorados y mujeres en bikini como en esos vídeos donde sale gente rapeando, necesitaremos enseñar lo que tenemos, ¿no?

Pues resulta que no. El blog de relatos y el blog de ficción seriada funcionaron relativamente bien al principio, en esos años 2000 iniciales donde el blog era el rey y todos nosotros, sus humildes servidores. Ya sabéis, esos días en los que conseguías 300 visitas solo con poner qué canción habías puesto en tu discman recordando a tu expareja (¡y eso sin compartirlo con filtros de colores en tu fotolog!). Hubo un buen puñado de escritores, pioneros de la autoedición, que ofrecieron historias por capítulos y consiguieron vender tropecientas mil copias en papel (por no hablar de las suscripciones) antes siquiera de que Bubok o Lulu fueran un sueño lejano en la mente de dos editores borrachos que fornicaron como salvajes en un hotel de Las Vegas tras una conferencia sobre el futuro de la industria editorial.

Tiene sentido pensar que para llamar la atención de nuestro lector objetivo no puede haber nada mejor que darle un bocadito de nuestro pastel. Pero es que ahora hay tantos pasteles brillantes y glaseados y rellenos de crema de todos los sabores que la economía de la atención puede llegar a ser una señora realmente cruel. Ya no se trata de luchar por que nos compren; solo conseguir que nos lean ya es un hito en nuestra carrera. Pero lamento decir que solo de que nos lean no vivimos, por mucho que tantísima gente nos quiera convencer de ello.

Una imagen tristemente cada vez más común en nuestros campos, antaño hermosos y ricos, y ahora plagados de escritores hambrientos

Todo esto no quita que haya blogs que hayan sabido utilizar su propia ficción para crear lectores… y consumidores. La corte de los espejos llegó a convertirse en una novela para la colección Fantascy de Penguin Random House. Pétalos de papel arrancó, creo, en un blog, y fue el pistoletazo de salida para la ya mencionada Parente y su compañera de letras, Selene. Melisa Tuya está escribiendo una novela juvenil en su blog de 20 minutos.

Ventajas para escritores: Ofreces una muestra de tus viandas, directa, sin trampa ni cartón. Comprarán tu libro aquellos que hayan disfrutado de las entradas de blog y no sean unos egoístas agarrados, es decir, los que sean muy fans.

Desventajas para escritores: Si lo que buscas es publicar por medios tradicionales, ten en cuenta que algunas editoriales siguen atrapadas en la noción de que si algo no es inédito no sirve, por lo que no querrán textos que ya hayan estado disponibles de forma gratuita. Y tienes que luchar hasta la muerte con mil blogs ahí fuera que hacen lo mismo. Peor: tienes que competir con debates de a qué representante de qué partido político le queda mejor el verde; con el culo de alguna actriz que sea trending topic por ser, no sé, culona; y con los blogs de moda.

Creedme, nadie puede competir con los blogs de moda.

No digo que sea imposible crear cierta interacción con tus lectores gracias a un blog de ficción, pero es muy difícil. Exige una gran paciencia y conocimientos de copywriting Nivel Pesadilla. Pero si lo incluyo en esta lista es porque puede llegar a funcionar, sobre todo si se usa como complemento (con extras, relatos sueltos, etc.) para libros que se promocionen y muevan con otras tácticas.

Podríamos enfocarlo de otro modo: no crees un blog con tus obras. Si metes algún relatillo o teaser de tu libro en tu blog para tentar a tus lectores, genial, pero si lo que quieres es publicar tu obra poco a poco en línea y obtener respuesta y opinión por parte de lectores potenciales, busca plataformas de ficción con un público ya participativo, como Wattpad (pero por favor no me pidas que lea tu novela de fanfiction de 300000 palabras), y conviértete en miembro activo de su comunidad. Publica en sitios donde hay gente que quiere leer. No vendas palmeritas de chocolate en verano, sin aire acondicionado, en una tienda de abonos; véndelas en un supermercado a la hora de comer.

Sí, esta última opción de blogs que os he puesto es un poco tramposa, lo sé. No tenía que haberla metido en esta lista: no es un tipo de blog que, de entrada, funcione para escritores. Funciona para algunos escritores, muy pocos, pero ya puedes tener la paciencia de una oruguita esperando a ser mariposa y el tesón de una niña rusa preparándose para las olimpiadas (por no hablar de un talento increíble para enganchar a la gente, con o sin lazos de esos tan chulos de gimnasia rítmica) si crees que podría funcionar para ti.

Y con eso espero haber contestado (un poco) a esa pregunta tan difícil de contestar: ¿cómo puedo usar un blog para mejorar como escritor y vender más libros?

Por supuesto, en todos estos tipos de blogs pueden darse híbridos respetables, a lo El lamento de Portnoy, donde la reseña se mezcla con la creación literaria y la opinión. Pero me pregunto si no será que el blog de Avilés nació en un tiempo en que los blogs crecían a pasos agigantados, y que ha sabido mantener a un público fiel. Cuando veo otros blogs que han surgido más tarde, en esta época post social media, con recursos similares, observo que no consiguen captar el mismo interés. Tal vez es que su voz es única, que en el fondo es lo que hace que los visitantes se queden a echar el té (y que regresen, que es lo más importante).

En principio, diría que el híbrido confunde al lector. Si quieres montar un blog, o tienes un blog parado, decide cuál será su función, objetivo y tono. Procura no mezclar, por lo menos no al principio. Y recuerda que hay tres cosas que hacen que los lectores se queden:

  1. Una voz diferente, algo que te haga especial.
  2. Una utilidad: ofrecer algo que tu público quiere y necesita.
  3. Saber redactar. Y enganchar a tu lector, por supuesto.

También os recuerdo que tener un blog no es obligatorio para un escritor, ni mucho menos. Si no sabes si es para ti, relee este artículo.

Para terminar, y si todavía andáis interesados en la locura de crear un blog, o seguir con un blog, o cambiar de blog o cualquier otra cosa que implique publicar cosas en internet con periodicidad y mediana coherencia, os dejo una listita resumida de los tipos de artículos que mejor funcionan para atraer visitas y conseguir que os compartan. He cogido este artículo de Aman Thakur, que me parece que lo resume bien, y he intentado adaptar sus puntos a los blogs de escritores. De nada, vosotros y gracias, Aman.

Tipos de artículos que mejor funcionan (para todo tipo de blogs):

  • Largas listas llenas de enlaces. ¿Sabéis todos esos artículos que hago colaborativos? Yo me lo paso genial haciéndolos y además enlazo a un montón de gente que con frecuencia me devuelve el favor al compartir el artículo y enlazarme de vuelta. Todos ganamos y siempre funcionan bien. Pero sirve cualquier lista muy larga de contenidos útiles. Cuanto mayor sea el número de puntos, mejor. ¿Recordáis mi lista de más de 100 consejos para escritores? Sigue siendo uno de mis artículos más visitados. Otros blogueros han hecho de este tipo de listas su know how, como Mr. Davidmore.
  • Artículos de investigación, llenos de datos. Nada atrae tanto a un lector como un artículo completo, bien documentado, repleto de datos fiables y útiles. ¿Qué os llama más, un breve comentario sin mucho sentido acerca del estado actual de la ciencia ficción y fantasía, o un estudio estadístico sobre la evolución de publicaciones en los últimos años?
  • Artículos que relatan un éxito particular. Si hay algo que se te da bien o alguna meta concreta que has alcanzado, ¿por qué no compartirlo con los demás? Lo importante, claro, es compartir cómo lo hiciste. Escribir un texto donde repites 100 veces la frase “he vendido 30000 libros en un mes en Amazon” no nos sirve de nada. Tienes que contarnos cómo lo lograste. Y tampoco tiene que ser algo tan exagerado, un título como “cómo conseguí triplicar mis visitas en un mes” también suelen llamar la atención (y si de 10 visitas has pasado a 30, eh, tampoco estabas mintiendo).
  • Incluye infográficos. Y no solo infográficos: todos los gráficos, siempre que tengan un aspecto profesional y no sean como mi explicación dibujada cutre de la semana pasada de qué es un embudo de mercadeo. Aplicaciones como Canva o Infogr.am te permiten crear tus propios infográficos (y mucho más).
  • Pide consejo a los expertos. Busca una pregunta que preocupe a tu público y pregunta a los expertos que estén ahí fuera qué respuesta proporcionarían. Publica sus respuestas (con permiso) en un solo artículo colaborativo. No solo obtienes contenido de alta calidad, también estableces relación con estas personas y obtienes el tráfico que dirigen hacia tu página al compartir tu artículo.
  • Guestposting. Buffer consiguió 100000 nuevos suscriptores en su lista de correo en solo nueve meses, mediante 150 artículos de calidad que publicó en plataformas ajenas. Sí, es ridículo y era en un mercado (el estadounidense) y sector (internet/tecnológico) que no es el nuestro, pero si sabéis dónde buscar, sabréis dónde publicar. Yo misma he publicado artículos en otros blogs, como Víctor Selles o Excentrya, para hablar del proceso de creación de Lectores aéreos. No obstante, si lo que estás buscando es arrancar y conseguir algún interés por parte de tu sector, publicar para otros puede ser una opción interesante. Si quieres entender mejor cómo funciona estos de los posts invitados, lo explica muy bien en su blog Stefania Gil.
  • Análisis de un caso concreto. Más o menos como lo que explicaba en el tercer punto de esta lista, pero en referencia a alguien que no seas tú. La idea es realizar un análisis objetivo de qué hay detrás de un éxito (¡o fracaso!) de alguna empresa/autor/libro/oferta particular.
  • Recicla y reinventa. Y no solo hablo de tus propios artículos viejos, que siempre viene bien revisarlos, volver a editarlos, actualizarlos y darles vida nueva. También puedes buscar artículos ajenos y analizarlos desde otro punto de vista (y por favor, siempre especificad vuestras fuentes y mencionad a los que os han inspirado, que si no está muy feo. Sobre cómo enfocar los artículos “homenaje”, me gusta este post de Mariana Eguaras).

Como veis, muchos de estos artículos exigen un nivel alto de trabajo y tiempo (y si quieres ofrecer datos nuevos y complejos, vas a tener que darle duro a la documentación).

Pero eso es, ahí lo tenéis, lo que puede separarte de todos los demás blogs que hay ahí fuera: tu deseo de producir algo de calidad, algo que haga que la vida de tus lectores sea un poco más fácil, interesante y/o agradable.

Justo como tus libros.

 


*Aunque esa era la media justa de extensión que tenían mis artículos en Lecturalia, uno de los blogs literarios más populares de su sector. Así que quién sabe. Que fuera un proyecto de gran calidad y que tuvieran profesionales dedicados a la promoción y optimización de artículos seguro que no tenía nada que ver.

**Si tienes menos de 25 años puedes sustituir esta referencia por Los juegos del hambre y una visión de Suzanne Collins sentada sobre una montaña de billetes. O de Jennifer Lawrence en este vestido. Lo que prefieras.

***Lo confieso, a veces solo pongo cosas así para ver si alguien me corrige, muy indignado/a, en los comentarios.


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Entrevistas relámpago a escritores (56): Alejandro Gamero

Diciembre 3, 2015 — by Gabriella15

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A veces tengo la sensación de que los escritores de ficción y no ficción viven en extraños compartimentos separados y que solo se tocan mediante la magia de algún ensayo muy literario, un poema científico o algo sobre lo que nadie se pone de acuerdo, como aquel informe de la ley agraria escrito por Jovellanos. Incluso escuchamos y leemos comentarios del tipo “pero eso no es escribir de verdad” al referirnos a un articulista, un creador de contenidos o un copywriter.

A las personas que hacen comentarios de ese tipo me gustaría darles la enhorabuena por ser doctores cum laude en teoría literaria. Por aquello de que obviamente han resuelto de manera definitiva el problema eterno de la función estética (es decir, qué convierte a un texto en literatura) y de los géneros.

También me gustaría presentarles a mi invitado de hoy, Alejandro Gamero, escritor y content creator extraordinaire.

¿Qué era esto de las entrevistas relámpago? Tengo una lista muy larga de preguntas cortas (ahora mismo va por 94 preguntas y subiendo). De allí, usando random.org, selecciono una secuencia de quince preguntas aleatorias, que le entrego al entrevistado o entrevistada. Este (o esta) elige diez de esas preguntas y responde con frases también breves. Al final, hay una pregunta extra que podrá aprovechar para hablar un poco más de sí mismo/a o para vengarse de la entrevistadora (es lo justo). Hace unas semanas entrevisté a Nuria C. Botey y podéis ver todas las entrevistas publicadas hasta ahora en este enlace.  O si vais con prisa y queréis ver unos cuantos extractos rápidos, podéis ver el recopilatorio que hice de las primeras 47 entrevistas.

Alejandro Gamero (Sevilla, 1982) es licenciado en Filología Hispánica y trabaja como profesor de Secundaria. Antes de lanzarse a publicar un libro decidió ejercitar la escritura con un blog personal llamado La piedra de Sísifo, que lleva funcionando ya más de una década, tiempo en el que este espacio ha crecido hasta convertirse en una revista de divulgación cultural que se actualiza diariamente y en la que participan más de una veintena de redactores. Además colabora con otros medios como Culturamas. Ha publicado relatos en varias revistas y en antologías (la última es La librería a la vuelta de la esquina).

Alejandro es una de mis personas favoritas de la blogosfera, y su página es, en mi opinión, de lo mejor que hay ahí fuera: mezcla curiosidades, información y análisis de manera entretenida, elegante e inteligente. Creo que publicaciones como La piedra de Sísifo demuestran que no hay que rebajar el tono para entretener, ni meter dieciocho subordinadas incomprensibles seguidas para hablar de cultura.

ENTREVISTA relámpago A alejandro gamero

alejandro gamero

1. Un truco para enfrentarse a la hoja en blanco

La lectura es la gasolina del escritor. Lee a Borges y como mínimo escribirás un relato borgiano. Por eso, cuanto más se lea y más distinto sea menos probabilidades habrá de limitarse al estilo de un único autor.

  1. Serie a la que estás enganchado:

Es difícil ceñirse a una sola serie. Me decanto por el género fantástico y de ciencia ficción, y a partir de ahí entran en el saco series como The Walking Dead, Juego de Tronos, The Strain, entre muchas otras. Que conste que dejo fuera de la lista las series que han acabado.

  1. ¿Qué es lo más ridículo que has hecho por amor?

Escribir poesía. No se me ocurre nada más ridículo.

  1. ¿Vino o cerveza?

Cerveza por descarte. No tengo paladar para el vino.

  1. ¿Podrías tener una relación sentimental con otro escritor o escritora?

En esas estamos. Funciona bastante bien porque hay comprensión mutua. De otra manera no sé si podría dedicarle varias horas al día a escribir y que no me echaran de casa. Creo que hay que romper con el tópico de que todas las parejas de escritores son como Scott y Zelda Fitzgerald.

  1. ¿Cómo te sentiste la primera vez que te publicaron algo?

Publicar (y que nos lean) es la gran meta del escritor. Creo que es una de las mayores satisfacciones que puede deparar esta locura.

  1. ¿Tienes alguna cicatriz interesante? La librería a la vuelta de la esquina

No sé si será interesante pero tengo una cicatriz en la rodilla derecha. De la segunda vez que me atropelló un coche.

  1. ¿Es posible vivir de la literatura?

Es evidente que es posible. Según muestran las estadísticas, hay un alto porcentaje de personas que leen un libro o menos al año. En mi propio entorno hay muchas personas que no leen nada. Sería muy egocéntrico pensar que por el hecho de que yo no pueda la humanidad entera no pueda.

  1. ¿Recuerdas cuál fue el primer libro que leíste?

Supongo que alguno de Barco de Vapor, aunque me aficioné a la lectura leyendo tebeos clásicos como Zipi y Zape, Superlópez, Anacleto, Carpanta y, cómo no, Mortadelo y Filemón. Tengo la colección completa y la llevo al día.

  1. ¿Cuál es tu gran punto débil como escritor?

Internet. Es al mismo tiempo una de mis principales materias primas y una de mis mayores fuentes de perdición. Tengo la esperanza de que todo el tiempo que gasto en la red al final me sirva para algo.

Pregunta extra (seleccionar opción y contestar):

a) El entrevistado se inventa una pregunta, la hace y se responde a sí mismo.

b) La pregunta la hace el entrevistado a la entrevistadora.

c) Ya he terminado, deja que me vaya a mi casa. Por favor.

Alejandro escoge la b) y me pregunta: ¿Crees que hay alguna diferencia entre ser bloguero y escritor? ¿Qué te ha aportado el hecho de tener blog en tu camino de escritora?

¡Pregunta doble!

En teoría no, no creo que haya ninguna diferencia. De hecho, muchos blogueros que conozco escriben mucho más que muchos escritores que conozco, por aquello de que tienen una periodicidad que mantener. Decir que no son escritores solo porque publiquen en un medio más inmediato me parecería absurdo.

Como he comentado al principio, hay muchos prejuicios asociados al acto de escribir. El escritor que vive en el imaginario colectivo es el novelista, el escritor de ficción que publica libros impresos; en el momento en que te apartes de esa imagen suele producirse cierta confusión.

Considero que soy escritora, porque escribo a diario, como oficio, y porque obtengo alguna remuneración por lo que hago, por pequeña que sea. Publicar en un blog es solo una faceta más de lo que hago. Otros tendrán otra idea muy distinta de qué significa ser escritor. No creo que haya diferencia entre ser bloguero y ser escritor en sí: creo que ser bloguero es ser un tipo concreto de escritor.

Respecto a tu segunda pregunta, merecería un artículo largo, me temo. Resumiendo muchísimo, diría que el blog me ha dado muy buenos contactos (y amigos) en el sector editorial; me ha ayudado a desarrollar una disciplina de trabajo; me ha servido para desarrollar mi escritura y entender qué es lo que interesa, qué hace que el lector siga leyendo y, sobre todo, me ha enseñado a relacionarme con ese lector mediante marketing y derivados.

También creo que me ha empujado a encontrar una voz un poco más mía, que ni sabía que estaba ahí.


Muchas gracias a Alejandro por sus respuestas. ¡No os perdáis la próxima entrevista!


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14 lecciones que he aprendido en 1095 días de escritura

Diciembre 1, 2015 — by Gabriella34

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Hoy es 1 de diciembre de 2015 y hace exactamente 1095 días que empecé a escribir.

En realidad miento un poco. Escribía desde mucho antes. Lo preciso sería decir que hace 1095 días que empecé a escribir a diario. A tomarme en serio esto de juntar letras. Tres años de hábito.

El otro día leí un esquema que hizo James Altucher basado en todas las personas que había entrevistado en su podcast. Según Altucher, estas personas, todas ellas muy destacadas en sus campos, tenían un camino en común, un camino entregado a un enfoque, a una meta, en el que solía darse este proceso (que he adaptado aquí para nosotros los escritores):

  • Año 1: El primer año. Es tiempo de leer mucho sobre tu oficio y de experimentar con plataformas, de escribir y aprender.
  • Año 2: Practicas a diario, sacas tiempo de donde no lo hay para escribir, leer y comunicarte con otros. Empiezas a reconocer qué personas son influyentes en las esferas que te interesan y a cuáles admiras. Empiezas a hacer contactos y a entender cómo funciona realmente el negocio (para bien o para mal, y es importante aceptar la parte mala).
  • Año 3: Empiezas a ser bueno en lo tuyo. Si has sido persistente y tienes metas claras en mente, aquí ya tienes un seguimiento bola de nieve y tienes ya algún libro o publicación en el mercado. Probablemente es malo y vende poco. No importa.
  • Año 4: Ya obtienes ingresos de aquello que estás haciendo o de actividades relacionadas. Sigues escribiendo, publicando y relacionándote con personas de todas las esferas (insistamos aquí en la importancia de los sistemas abiertos).
  • Año 5: Aquí ya tendrías que haber alcanzado alguna de tus metas importantes.

Obviamente este esquema no es universal y varía mucho según el sector. Pero creo que es interesante para hacernos una idea de cómo aquellos a los que admiramos o aquellos que tienen éxito en su sector pueden llegar a coincidir en mapas de este tipo. Y que es raro que algo de verdadera importancia se consiga en menos de cinco años.

Creo que estoy en ese segundo año, intentando poner un pie en el tercero. Llevo tres años sin parar de escribir, pero solo dos con una obcecación malsana, con la vista puesta en el premio, saliendo constantemente de mi comodidad personal, de mi área de conocimiento y tolerancia, para intentar meter la patita en el siguiente nivel de este gran juego que podríamos llamar The Writing Life: Special Edition.

¿Pero por qué empecé este desafío?

El primer par de años escribía un mínimo de 200 palabras de ficción. Luego fui subiendo las cantidades y me encontré con un efecto embudo: muchas palabras escritas y sin tiempo para corregirlas. Así que reduje esas 200. Ya no hay mínimo, siempre que escriba. Mi condición, simplemente, es escribir antes de que empiece el nuevo día. El miedo a romper la racha es grande.

Empecé porque quería demostrarme a mí misma que podía hacerlo. No hacía más que empezar proyectos, desafíos y dejarlos a medias. Sabía que si podía con esto, podría con otras cosas. Escribir 200 palabras de ficción al día suena fácil, pero cuando llegan las once de la noche y acabas de terminar de trabajar, lo último que te apetece es ponerte a largar cuento, novela o poesía.

Empecé porque quería enfocar, concentrarme, dejar de dar saltos de un lado a otro y seguir con algo durante el suficiente tiempo como para ver si era lo mío.

Las condiciones cambian. Durante dos años fueron 200 palabras de ficción. Luego fueron menos palabras, para intentar compatibilizarlas con todas las que escribía para el blog, pero seguían siendo de ficción. Ahora que estaré metida en un proyecto de ensayo un par de meses más, sospecho que tendré que concentrarme en palabras de no ficción. Pero seguiré escribiendo todos los días. No me imagino cómo sería no hacerlo.

Lo cual me lleva a la primera lección aprendida, la primera en esta lista que os presento.

Estas son las cosas que yo he aprendido del acto de escribir todos los días durante tres años, sin faltar una sola vez a la cita. Probablemente vosotros no necesitéis enfocar vuestra escritura de esa manera, y seguramente vuestras experiencias serán muy diferentes, pero tal vez esto puede empezar a expresar por qué una acción tan sencilla ha cambiado mi vida entera.

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Entrevistas relámpago a escritores (55): Nuria C. Botey

Noviembre 12, 2015 — by Gabriella5

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Es jueves relámpago o jueves de entrevista o jueves de solo-falta-día-y-medio-para-el-finde y al pinchar en este artículo sabéis bien lo que os espera: rapidez, inmediatez y alguna que otra perla de sabiduría de mis ilustres invitados.

Hoy, además, os traigo a una escritora con la que he tenido contacto desde hace años, desde que tuve el placer de publicarle algo en alguna revista, o algo así. Me falla la memoria, tal vez la revestí de algo en una pública. Quién sabe.

Sea como sea, creo que Nuria era de las pocas mujeres que conocía por aquel entonces, además de Conchi Regueiro, que se atreviera a escribir (y publicar) textos de ciencia ficción. Tal vez sea un falso recuerdo; sé que Nuria ha escrito ci-fi, no sé si por aquel entonces ya la escribía o si era más bien de fantasía oscura. No importa.

Había más ciencia-ficcioneras, claro, y luego las fui descubriendo, pero os hablo de mi reducto del fándom, el que yo conocía por aquel entonces. Seguimos siendo muy pocas las que hemos metido el pie en ese género, sobre todo si hay que hacer caso de la polémica desatada con el famoso artículo de ABC que habla de tendencias actuales en la ci-fi de nuestro país. Por un lado me enorgullece decir que a varios de los nombrados en dicho artículo los he entrevistado aquí en el blog (a un par de ellos hasta los llamaría amigos); no me enorgullece tanto no ver ningún nombre femenino, por muchas razones. No hablo tanto del cupo, de meter a una mujer porque sí, sino de la lástima de que en España no haya ninguna mujer que le salte de inmediato a la cabeza a quien se adentre un poco en el ámbito de la ficción especulativa (más allá de la gran Elia Barceló, claro, token woman en tantas listas y manuales del género). Porque creo que eso es lo que ha ocurrido: se ha escrito una lista de los nombres que “están surgiendo”, los que más van sonando. Si se hiciera una búsqueda estadística de menciones a escritores en tendencia en la ci-fi, probablemente estos serían los ganadores, aunque algunos no sean escritores de ci-fi tal y como solemos concebirla. Ahí había buenos nombres, pero por desgracia ninguna mujer ha tenido la trascendencia (ni la visibilidad) suficiente para colarse en ese hueco.

Me resulta curioso que las mujeres cuyos nombres fui oyendo en la ci-fi durante los años en que empecé a moverme en el mundillo tuvieran ciertas obsesiones en común conmigo. Queríamos hablar de identidad, de transhumanismo, de transgénero, queríamos hablar del queer y del weird, por todo lo que tenía, aún entonces, de silenciado, de mágico, cuando muchos de nuestros compañeros parecían más interesados en naves espaciales. Ellos querían salir de ellos mismos y encontrar vida en otros planetas: nosotras queríamos entrar en nosotras mismas y encontrar allí una vida nueva, diferente. ¿Casualidad? No lo sé. Solo sé que descubrir que yo no era la única fue importante.

También, sinceramente, creo que todo está cambiando. Muchos nombres de mujer que serán grandes dentro de diez años ahora se desenvuelven con relatos y novelas en editoriales pequeñas. Vamos poco a poco, pero vamos. Alucinadas vende, se va a traducir al inglés y creo que es un buen punto de referencia. El que algunos hayan puesto el grito en el cielo porque en esa lista no hubiera mujeres me parece esperanzador, tengan o no tengan razón. Significa que queremos ver nombres de mujeres en esas listas.

Y tal vez algún día veamos el de Nuria. De hecho, en esta lista de Jack Moreno ya sale.

Y regreso al núcleo, al objetivo de todo este discurso de opinión. La entrevista.

¿Qué era esto de las entrevistas relámpago? Tengo una lista muy larga de preguntas cortas (ahora mismo va por 94 preguntas y subiendo). De allí, usando random.org, selecciono una secuencia de quince preguntas aleatorias, que le entrego al entrevistado o entrevistada. Este (o esta) elige diez de esas preguntas y responde con frases también breves. Al final, hay una pregunta extra que podrá aprovechar para hablar un poco más de sí mismo/a o para vengarse de la entrevistadora (es lo justo). Hace dos semanas entrevisté a Elena Martínez Blanco y podéis ver todas las entrevistas publicadas hasta ahora en este enlace.  O si vais con prisa y queréis ver unos cuantos extractos rápidos, podéis ver el recopilatorio que hice de las primeras 47 entrevistas.

Nuria C. Botey (Madrid, 1977) es doctora en Psicología, profesora universitaria, lectora impenitente y escritora sin etiquetas, única mujer en ganar el Premio Rido de Literatura Fantástica (2003) y Premio Nocte a la Mejor Antología Nacional (2013). Ha publicado novelas homoeróticas, relatos de terror y fantasía oscura o microrrelatos de difícil clasificación. Podéis leer más sobre ella en www.nuriacbotey.es, en http://elblogdenuriaescritora.blogspot.com.es/ o a través de Twitter como @nuriacbotey

ENTREVISTA relámpago A NURIA C. BOTEY

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1. ¿Escribes de noche o de día?

Normalmente de noche, pero aprovecho el día para tomar notas o inventar un microrrelato. Los atascos y los programas de grabación de voz son grandes aliados de la escritora urbana.

2. ¿Has conocido en persona a alguno de tus héroes?

Seh, a John Connolly y a Montero Glez. Dos seductores, cada uno a su manera. Connolly, cercano y sonriente. Montero, canalla bajo el sombrero.

3. El mejor consejo que te han dado como escritora.

“Lee mucho y escribe mucho”. Juan José Millás en Cadena Ser, cuando tenía quince años. Cuando yo tenía quince años, él ya llevaba algunos más encima.

4. ¿Qué cosa te gusta que a nadie más parece gustarle?

Escribir apretando la punta del bolígrafo contra el papel hasta traspasarlo. Comer casquería. Mordisquear repollo crudo… Mejor lo dejamos, ¿verdad?

5. ¿Recuerdas cuál fue el primer libro que leíste?

Por mí misma, El fantasma de palacio de Mira Lobe, en la colección blanca de Barco de Vapor. Pero antes me habían leído muchísimos.

7. Un libro muy sobrevalorado

El guardián entre el centeno. Quizá me pilló mayor, pero menudo pescozón le hubiera dado a Holden Caulfield.

8. El mejor regalo que te pueden hacer.mosquitos en tu alcoba

Tiempo libre para leer y escribir.

9. El nombre de tu némesis.

Pablo Castro. Mantenemos una relación de amor-odio.

10. Lo primero que haces por las mañanas.

Ponerme las gafas. Sin cristales graduados no hay paraíso.

10. ¿Te has enamorado alguna vez de un personaje?

Uff, ya lo creo, tanto en calidad de lectora como de escritora. Lo bueno de esos amores es que siempre puedes volver a ellos, sin rencores ni malentendidos.

Pregunta extra (seleccionar opción y contestar):

a) La entrevistada se inventa una pregunta, la hace y se responde a sí misma.

b) La pregunta la hace la entrevistada a la entrevistadora.

c) Ya he terminado, deja que me vaya a mi casa. Por favor.

Nuria escoge la b) y me pregunta: ¿Qué inseguridad te sientes más satisfecha de haber superado?

Esta pregunta es buena. Tan buena que te la robo para añadirla a la lista de preguntas relámpago.

Creo que la inseguridad que más alegría me produce haber superado es el miedo a publicar. Y no es que la haya superado del todo, ni de lejos, pero sí lo suficiente como para que no me detenga.

Durante años me resistí a terminar proyectos, a escribir, incluso, por temor a las críticas que pudieran recibir mis textos, por miedo a que no estuviesen a la altura. Es algo que mucha gente no entiende; siempre he sido muy sensible y muy perfeccionista, dos defectos muy problemáticos para un escritor. Con el tiempo me llegó la revelación: o escribes y publicas ahora o no lo harás nunca. Exponerse, experimentar, exhibirse, es la única forma de progresar, por lo menos para mí. A veces el mundo te puede y estás con la cabeza más gacha, como más apagada, pero sigues echando tus horas y dándole al botón de compartir, de una forma u otra.

El blog ayuda mucho, creo. Para mí, desde luego, ha sido liberador. Me ha permitido abrirme, descubrir partes de mí misma que desconocía, entender que hecho es mejor que perfecto, y en ese sentido es algo que recomiendo a cualquiera que escriba con miedo.


Muchas gracias a Nuria por sus respuestas. ¡No os perdáis la próxima entrevista!

Si te ha gustado esta entrevista, acuérdate de compartirla. También puedes apuntarte a mi lista de correo (envío contenidos exclusivos a mis suscriptores, solo dos veces al mes). Y si te gusta el contenido del blog en general y quieres leer más cosas mías (o simplemente echarme una mano), prueba a hojear alguno de mis libros:

Lectores aéreos gabriella campbellLectores aéreos (relatos con toques de fantasía tenebrosa): Disponible en Amazon y Lektu (¡solo 2,99 €!).

  • Puedes leer un avance gratuito aquí.
  • Puedes leer reseñas aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí y aquí. Y hasta en 20 Minutos, aquí.
  • Y sí, si tienes un blog o web de reseñas y te apetece leer y reseñar este libro, puedes pedirme un ejemplar de cortesía en gabriella(arroba)gabriellaliteraria.com.

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¿Qué escuchas cuando escribes? 23 autores nos dan su respuesta

Noviembre 10, 2015 — by Gabriella59

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La música es algo sobre lo que los escritores no suelen ponerse de acuerdo. Más allá de las discrepancias normales de gusto, suele haber dos divisiones evidentes.

Por un lado está el bando de los melómanos inspirados, de aquellos que gustan de acompañar sus sesiones de escritura con algo de música de fondo.

Por otro lado están los de despiste fácil, como servidora, a los que la música nos distrae.

Aunque alguna vez he puesto determinadas canciones para entrar en cierto estado de ánimo (sobre todo al escribir poesía), tengo bastante claro que la escritura en sí no puedo combinarla con ningún tipo de distracción. Y es algo frustrante, porque la música me acompaña en todo lo demás: música para prepararme para salir, música para acallar la mente, música para disfrutar de voces que despiertan una extraña sensibilidad; música para quitarme un cabreo o incluso suavizar una migraña (el primer disco de Birdy tiene un efecto extrañamente tranquilizador sobre mi persona). Y no hablemos ya del poder evocador de algunas canciones, de cómo detonan una retahíla de recuerdos. La música para mí es emoción y memoria.

Tal vez por esa emotividad y por esa afición al recuerdo, la música me resulte una distracción demasiado poderosa. Pero eso no quita que me llene de curiosidad saber qué escuchan aquellos que sí escuchan música mientras escriben. Y espero que a vosotros también, porque se han prestado, ni más ni menos, 23 autores a compartirla con nosotros.

A todos les he pedido un enlace a la canción que más utilizan para escribir y una imagen de alguno de sus textos manuscritos. He de decir que algunos escritores son muy independientes y se lo montan por su cuenta, como Jesús Fernández.

Respecto a todos los demás, aquí los tenéis. Que aproveche:

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Entrevistas relámpago a escritores (54): Elena Martínez Blanco

Octubre 29, 2015 — by Gabriella2

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Se acerca el frío. Llegan las migrañas, los resfriados y las prisas editoriales por sacar libro antes de que cierre 2015. Se acercan los ponchos feos en los escaparates de las franquicias de moda y los tacones imposibles con los que resbalarnos y rompernos un tobillo en los días de lluvia. Se acerca también Samhain, con sus trajes de poliéster barato y sus pelucas de colores imposibles.

(Se acerca también el cuento de todos los años de Rocavarancolia, pero ese es otro cuento muy distinto, donde las pelucas son de colores chulos, nadie lleva poliéster y salen dragones).

Acercaos a la chimenea de este humilde blog y calentaos ante su fuego. Hoy vengo a contaros una historia: una historia de preguntas y respuestas, de relampagueantes y aleatorias indiscreciones.

Porque hoy entrevisto a Elena Martínez Blanco.

¿Qué era esto de las entrevistas relámpago? Tengo una lista muy larga de preguntas cortas (ahora mismo va por 94 preguntas y subiendo). De allí, usando random.org, selecciono una secuencia de quince preguntas aleatorias, que le entrego al entrevistado o entrevistada. Este (o esta) elige diez de esas preguntas y responde con frases también breves. Al final, hay una pregunta extra que podrá aprovechar para hablar un poco más de sí mismo/a o para vengarse de la entrevistadora (es lo justo). Hace dos semanas entrevisté a José C. Vales y podéis ver todas las entrevistas publicadas hasta ahora en este enlace.  O si vais con prisa y queréis ver lo mejor de las entrevistas, podéis ver el recopilatorio que hice de las primeras 47 entrevistas. Y ahora, vamos a hablar un poco de la entrevistada de hoy.

Elena Martínez Blanco, además de escritora, es profesora, agente literaria y gestora cultural. Conocida por muchos como Miss Tiramisú o Elena Tiramisú por ser la presidenta de la Asociación Cultural Tiramisú Entre Libros, dedica muchas de las horas que roba al sueño a idear formas de fomentar la lectura y conseguir que se lea mucho más de lo que se hace, especialmente entre niños y jóvenes. Acaba de publicar su primera novela juvenil, Bajo el paraguas azul, con la editorial Nowevolution, que trata sobre el ciberacoso en secundaria,  y publicó también una novela para adultos, Aventuras y desventuras de Mari Loli Baker en el ciberespacio, de la que acaba de recuperar los derechos y espera volver a publicar en unos meses con su nombre original: Quién fuera una mosca en tu pared.

Como veis, Elena es otra de esas personas que se ha ido moviendo en el mundo de lo literario de mil maneras: organizando encuentros de lectura y presentaciones, lidiando con todo tipo de proyectos culturales y, ahora, participando en la gestión y representación literaria a través de Laetus Cultura. Y además acaba de sacar una novela juvenil. Así que era inevitable que nos encontrásemos una y otra vez; Elena es otra cara amiga dentro del maremagno de eventos culturales en el que nos toca participar a los que somos, de un modo u otro, mercenarios de las letras.

Está bien, lo confieso. En realidad siempre me acuerdo de Elena porque nos conocimos en una gran fiesta de disfraces y llevábamos el mismo corsé.

No el mismo mismo. El mismo modelo. Imagínate compartir corsé: todo el rato corriendo al cuarto de baño para darle el cambiazo, a lo sitcom de los noventa. Con lo que cuesta abrocharse un corsé.

Mejor os dejo con ella.

ENTREVISTA relámpago A elena martínez blanco

Elena Martínez Blanco

1. Si solo pudieras darle un consejo a un escritor que empieza, ¿cuál sería?

Lee. Si no lees, no conduzcas, digo, no escribas…En serio, un escritor debería tener como primera obligación, si desea considerarse como tal, el ser lector. Nunca se deja de aprender, hasta de los libros malísimos se aprende qué no debes hacer en una novela. Lee de todo, empápate de lo desconocido, disfruta de cada escrito, ya sea un novelón o las instrucciones de un mueble de Ikea: ¿quién te dice que tu próximo personaje no se llamará Lack, o Henvik?

2. ¿Tienes alguna “droga” para escribir (tabaco, café, pastelitos de nata…)?

Té, en concreto chai (el típico té indo-pakistaní: té negro con especias y leche). Me hago litros y litros de ese té yo misma, que el comprado está bien, pero hecho en casa está la mar de bueno. Si hay chuches, no puedo evitar comerlas, por eso intento no comprarlas nunca (pero vaya, me acaba de tocar en Twitter un cajón lleno de chuches… ¿quién me mandaría participar en el concurso?).

3. ¿Con qué animal te compararías?

Quizá con un búho. Además de que la palabra búho me encanta, no me preguntes por qué, es que soy un animal nocturno. Escribo y trabajo en temas relacionados con la literatura por la noche, disfruto el silencio de la noche para leer, vuelo por la noche en mi escoba de bruja. Ups, eso no debería haberlo confesado…

4. ¿Qué libro te habría gustado escribir?

La casa de los espíritus, de Isabel Allende. No solo por el exitazo del libro con peli incluida, que también, para qué vamos a engañarnos, sino porque es muy como yo: una mezcla de vida real con locuras fantasmales que forman parte de la vida cotidiana como si tal cosa. Me gustaría poder escribir de tal manera que enganchase tanto por lo real como por los elementos fantásticos que incluye, vamos, realismo mágico de toda la vida.

5. Música que escuchas al escribir:

Depende del tipo de novela que escriba. En mi último libro, que era sobre ciberacoso, canciones que hablaban de querernos como somos, con mensajes de esperanza, etc: Christina Aguilera con Beautiful, P!nk! con F*cking Perfect o la que se convirtió en la banda sonora del libro, Me haces respirar de Davinia Pastor. Para otro libro que estoy escribiendo, mucha música india, lo que hace muy difícil quedarme quieta en la silla, porque me pongo a bailar.

6. ¿Harías (o has hecho alguna vez) de negro para otros?

¿Cuenta escribir las redacciones y poesías de compañeros de cole? Esas han sido las únicas ocasiones en que he hecho algo así, la verdad. Si me lo pagan, ¿por qué no? Es un trabajo tan bueno como cualquier otro y posiblemente más común de lo que la gente piensa.

7. ¿Tienes alguna cicatriz interesante?

Tengo varias, algunas visibles y otras que no lo son pero están ahí. La visible en el cuello. A los niños les digo que me peleé con un león y me dio un zarpazo antes de rendirse. A los mayores, que tuve una tiroidectomía (vamos que me rajaron el cuello para sacarme parte del tiroides y unos aliens cabrones que vivían en él). De las invisibles hablo en mis libros, siempre una parte de ellas pulula entre mis páginas.

8. Si escribieras una novela romántica, ¿de qué iría?

¡Ya la he escrito! Trata de una treintañera que confía en el anonimato de la red para desahogarse y descubre demasiado tarde que la vida real y la virtual a veces se unen de manera insospechada. Es muy divertida, por cierto. El horrible título que le puso la editorial era: Aventuras y desventuras de Mari Loli Baker en el ciberespacio. Por suerte, acabo de recuperar los derechos y de aquí a unos meses volveré a publicarla con el nombre original…bajo el paraguas azul

9. ¿Alguna vez escribir te ha ayudado a ligar?

¿Eso ocurre de verdad? ¿No es un mito? Creo que con esa pregunta te respondo… la verdad es que no ligo ni escribiendo ni sin escribir, lo que hago es inventarme en mis historias los líos que me gustaría tener, algo es algo, ¿no?

10. ¿Has escrito alguna vez desnuda?

Pues claro que sí, ¿qué escritor no lo ha hecho? Lo bueno de trabajar desde casa es que escribes a cualquier hora y como te da la gana y en verano en Madrid hace mucho calor, así que a falta de aire acondicionado…

Pregunta extra (seleccionar opción y contestar):

a) La entrevistada se inventa una pregunta, la hace y se responde a sí misma.

b) La pregunta la hace la entrevistada a la entrevistadora.

c) Ya he terminado, deja que me vaya a mi casa. Por favor.

Elena escoge la b) y me pregunta: Como profesora, me interesa mucho encontrar métodos de fomento de la lectura que atrapen a mis alumnos. ¿Qué se te ocurre que podría mejorarse en las escuelas a la hora de conseguir que los niños no dejen de leer con la adolescencia?

¡Qué difícil, Elena!

Primero, me disculpo por adelantado, porque sospecho que mi respuesta no va a ser nada relámpago.

En realidad no debería contestar a esa pregunta, ya que no soy profesora e imagino que cualquier cosa que se me pueda ocurrir a mí se le habrá ocurrido ya mil veces a los que enseñan a niños y adolescentes todos los días. Como escritora, me encantaría conseguir dar en la tecla con algún libro que hiciera que un niño de doce años siguiera leyendo (y que de allí pasara a la narrativa juvenil o a lo que le diera la gana), y es algo que estoy intentando con los proyectos que tengo de middle-grade.

Luego está lo que me parece que no debemos hacer. Ya lo he comentado alguna vez, pero me irrita escuchar voces de desprecio hacia lo que leen los adolescentes, por ejemplo. Un lector de quince años no es un lector de cuarenta, tiene experiencias y necesidades distintas. Que un adulto se crea con derecho a reírse de un booktuber, de un bloguero, de un chico o chica que escriba fanfiction o de un lector de Los juegos del hambre me parece terrible. Claro que todas las lecturas no son iguales y claro que algunas lecturas son problemáticas (libros como After, por ejemplo, me parecen dignos aquí de mención) y de calidad cuanto menos dudosa. Pero cuanto más hablo con profesores más veo lo desesperados que están por que un adolescente lea cualquier cosa, sea lo que sea.

Siempre recomiendo este artículo en lo que se refiere a este tema, donde se habla de cómo puede cambiar nuestro gusto conforme leemos. Sé que el lector de juvenil muchas veces acaba convirtiéndose en no lector, pero tengo la esperanza de que poco a poco el New Adult se amplíe y transforme para cubrir ese puente entre el joven y el adulto. No hablo del New Adult tal y como lo conocemos ahora, más cercano a la romántica, sino del que está ganando cada vez más adeptos en el mundo anglosajón: ese juvenil “avanzado” de gente como Chuck Wendig, Delilah S. Dawson y similares, con una buena carga de aventura, pero sin miedo a tratar temas complejos y conflictivos, más adultos. Del mismo modo, creo que cada vez hay una fluidez mayor (también en el mundo anglosajón) entre la literatura infantil y juvenil, más libros que saltan esa barrera; tengo la esperanza de que en España también aumente el número de productos más acordes con su inteligencia y necesidad de estímulo. Creo que ya está ocurriendo y espero, desde luego, que vaya a más.

También, creo yo, hay que plantearse un enfoque muy distinto de mercadeo. No se pueden seguir vendiendo libros de juvenil e infantil como se venden libros adultos. Las campañas tendrán que ser muy diferentes por parte de las editoriales. Todo lo que implique colaboración directa entre estas y los centros educativos está muy bien, pero una imagen menos anquilosada y “bonita”, una imagen más actual y en sintonía con las edades a las que se dirigen, podría ayudar a que el concepto de libro cambie radicalmente.

Como decía John Waters, we have to make books cool again. Aunque nos duela, tal vez tendríamos que concebir el libro para esas edades como producto, para entender qué necesita nuestro público y cómo proporcionárselo. Algunos escritores de juvenil han entendido esto y están convirtiendo sus libros en superventas gracias a ello. Y si pudieras hacer un Roald Dahl o un Diana Wynne Jones, es decir, conseguir unir ese entendimiento con un producto de alta calidad, ¿no sería maravilloso?

Madre mía. Para no tener ni idea del tema, menuda parrafada he soltado, ¿verdad?

 


Muchas gracias a Elena por sus respuestas. ¡No os perdáis la próxima entrevista!

Si te ha gustado esta entrevista, acuérdate de compartirla. También puedes apuntarte a mi lista de correo (envío contenidos exclusivos a mis suscriptores, solo dos veces al mes). Y si te gusta el contenido del blog en general y quieres leer más cosas mías (o simplemente echarme una mano), prueba a hojear alguno de mis libros:

Lectores aéreos gabriella campbellLectores aéreos (relatos con toques de fantasía tenebrosa): Disponible en Amazon y Lektu (¡solo 2,99 €!).

  • Puedes leer un avance gratuito aquí.
  • Puedes leer reseñas aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí y aquí. Y hasta en 20 Minutos, aquí.
  • Y sí, si tienes un blog o web de reseñas y te apetece leer y reseñar este libro, puedes pedirme un ejemplar de cortesía en gabriella(arroba)gabriellaliteraria.com.

el fin de los sueñosEl fin de los sueños (novela posapocalíptica de ci-fi/fantasía juvenil): Disponible en digital y en papel en la página de la editorial (y puede pedirse en cualquier librería).