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¿Quieres triunfar como escritor? Busca 100 rechazos

noviembre 4, 2016 — by Gabriella31

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Conozco pocas profesiones que debiliten tanto el ego como esta de escribir.

¿Te imaginas que estuvieras sacando sangre a un paciente y ocho personas entrasen en la sala, enfurecidas, a exigirte que les devuelvas su sangre porque “tu aguja es demasiado larga”, “no me convence el color de tu bata” o “yo creía que esto era una hamburguesería”? ¿Y si le dieras un formulario a un cliente para que lo rellenara y te dijera que, por desgracia, no puede, porque “su boli no está aceptando ese tipo de formularios en ese momento”? ¿O porque “es un formulario con mucho potencial, pero ¿qué te parece si el boli lo pagamos a medias?“.

rechazoEh, tú, sí, tú, el bombero. Ese apagón de fuego nos ha enganchado mucho menos que el que hiciste la semana pasada. 
Deja de lloriquear y a ver si espabilas, que estás tomándonos el pelo a tus rescatados.

No sé si es porque nos educan para ser más o menos competitivos, o porque en algún lugar comenzaron a vender la noción de que las cosas fantásticas se consiguen de golpe, de la noche a la mañana, pero tenemos muy asumido que somos estrellitas especiales y brillantes del firmamento y que todo lo que hacemos es diferente, único, con piruletas de purpurina. Que nuestros textos han llegado para cambiar el mundo literario, forever.

Y sin embargo hay todo un universo ahí fuera que se empeña en decirnos lo contrario.

100 rechazosNo me cansaré nunca de citar a Coelho.

Escribir, sobre todo cuando tiras por la vía de la publicación tradicional, es como estar en el paro siempre. Siempre estás buscando un trabajo: vas de entrevista en entrevista. Y, si tienes suerte, alguno de tus entrevistadores se dignará a contestarte en menos de un año y, con más suerte aún, te dirá por qué no conseguiste el trabajo.

Y llega el momento en que no lo aguantas más y dejas de ir a entrevistas.

Con la vía de la autoedición por lo menos te evitas a esos gatekeepers, esos guardianes de las puertas del maravilloso planeta de felicidad y prestigio que dicen que es publicar. Puede que te canses de las entrevistas de trabajo y te lo montes de tal modo que sean otros los que vengan a ofrecerte trabajo a ti. Aun así, no te libras de reseñas ni de opiniones sobre tu obra. De hecho, si no tienes reseñas ni opiniones sobre tu obra, es que estás haciendo algo mal. Todos sabemos que lo único peor que una mala reseña es ninguna reseña.

100 rechazosO el fin del mundo. El fin del mundo es peor que una mala reseña. Por poco, pero lo es.

Todo esto es terrible, te vapulea. ¿Otra negativa editorial? ¿Otra opinión que te destroza? ¿Otro concurso del que no fuiste ni finalista? ¿Un libro tuyo que han comprado exactamente tres personas (y dos eran de tu familia)?

No, no, no. Siempre te dicen que no. Cuán horribilis.

En esos momentos, piensas que eres un pobre incomprendido o, peor, un inútil.

¿Y si te dijera que, en realidad, es lo mejor que te puede pasar?

Sobre el rechazo útil

En su libro The Successful Author Mindset, Joanna Penn habla de tres tipos de rechazo útil:

  1. El rechazo de un editor o agente. Esto te hará plantearte si estás mandando tu texto a los sitios adecuados, te hará afinar tu puntería. Para algunos, el continuo rechazo editorial puede llevar a la autoedición y a convertirse en escritor emprendedor. Lo cual es muy duro, pero también es fantástico y tiene tropecientas ventajas. No te cierres a un tipo concreto de publicación: en estos momentos creo que lo mejor que puede hacer un escritor es ser híbrido (mezclar autoedición con edición tradicional), y quedarse con las opciones que más interesan en cada momento.
  2. La crítica constructiva de un profesional. Muchas veces no recurrimos a lectores profesionales, editores y correctores por miedo a qué dirán de nuestro libro. Y es que hay que cambiar la perspectiva: les pagas precisamente para que te digan qué puedes mejorar en tu libro. Contar con un buen profesional siempre es una experiencia acelerada de aprendizaje.
  3. Las reseñas de una o dos estrellas en Amazon. Y quien dice Amazon dice Goodreads o cualquier otra plataforma de valoración. Pero en Amazon sobre todo puedes ver si estás enfocando tu libro al público que necesitas y lo estás promocionando de forma correcta (muchas veces las valoraciones muy negativas provienen de expectativas frustradas: ¡imagínate que un lector de terror duro leyera tu libro de romántica! ¿Cuál sería su reacción?). Por otro lado, por mucho que duelan, esas reseñas tan negativas también pueden tener contenido útil.

(Aunque, reconozcámoslo, las reseñas de una estrella nos suelen dejar más perplejos que otra cosa, porque tienden a ser reacciones viscerales. Admito que me cuesta dar con reseñas de una estrella que me indiquen algo de utilidad real sobre un libro, mío o ajeno. A no ser que todas tus reseñas sean negativas porque tu libro tenga fallos realmente garrafales, yo prestaría atención sobre todo a las de tres: al “está bien, pero…”).

Si hacemos caso a la Penn, que sabe mucho de todo esto, asumimos que no todo rechazo es malvado.

¿Pero y si vamos más allá? ¿Y si no nos limitamos a aceptar el rechazo? ¿Y si lo buscamos con todas nuestras fuerzas?

La búsqueda activa del rechazo

Hace poco leí la anécdota de Kim Liao, una autora que un día decidió buscar activamente el rechazo. Ahora, Kim se presenta a todos los concursos que puede, a todas las convocatorias, envía su currículo y manuscritos a todas partes en busca de premios, publicaciones y becas (sí, en Estados Unidos tienen ayudas muy curiosas para escritores). ¿Por qué lo hace? ¿Por qué exponerse a una humillación y decepción constante? Esta es su razón:

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A finales de 2011, una amiga escritora me estaba contando su experiencia de meses de tiempo ininterrumpido para escribir, gracias a sus becas en Millay Colony, Ragdale y Yaddo. Me impresionó el nivel tan alto de aceptación que había tenido. Probablemente tengas tú también alguna amistad así (ya sabes de lo que hablo, ese amigo que es un escritor fantástico, pero que además parece ganarlo todo). Apenas podía creerme que tuviera narices de presentarse a tantas becas y patrocinios (y mucho menos, conseguirlos), incluyendo una beca universitaria de prestigio, y a publicaciones en revistas de las que hasta había oído hablar.

Le pregunté cuál era su secreto y dijo algo que cambiaría mi vida como escritora: “Colecciona rechazos. Ponte metas de rechazo. Conozco a alguien que aspira a conseguir cien rechazos en un año, porque si trabajas lo suficiente como para conseguir tantos rechazos, también te llevarás algún sí”.

Kim le hizo caso a su amiga:

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El año pasado, fui rechazada 43 veces por revistas literarias, patrocinios y becas. Es mi mejor récord después de empezar a buscar cien rechazos al año. Es más duro de lo que suena, pero también más gratificante.

¡Esos son muchos rechazos, qué dolor! Pero de algo le ha debido de servir. Para empezar, publica su artículo en LitHub, una de las webs literarias más conocidas de EEUU. Hizo contactos incontables y recibió cartas de rechazo amables y con contenido útil, incluso con sugerencias de otras publicaciones donde su texto podría encajar mejor (¡y encajó!). Los editores comenzaron a reconocer su nombre, y los rechazos comenzaron a acompañarse de invitaciones a enviar más textos.

El año pasado, Kim fue rechazada 43 veces por revistas literarias, patrocinios y becas. Pero fue aceptada por cinco personas: de ahí obtuvo una beca, una serie de lecturas y tres publicaciones en sitios de prestigio. Que jamás habría conseguido de no haber buscado activamente la negativa.

Cuando el porcentaje de aceptación depende del volumen de tu rechazo, tal vez va siendo hora de dejar de huir. De mandar más, de buscar activamente el no (dando nuestro mejor esfuerzo, claro), de empapelar nuestras paredes, como decía Bradbury, de cartas que atacan a nuestro ego.

Ya sabéis que hace algún tiempo dediqué un año de mi vida a presentar un relato al mes a algún concurso. No gané ninguno, pero acabé con un montón de relatos entre los que elegir. Entre el primero y el último, como os podéis imaginar, hay una gran diferencia. Algo similar ha ocurrido con todos mis libros. Y con todas las publicaciones de blog que nadie leía. Al final, si practicas y aprendes lo suficiente, te leerán.

Para cuando la habitación entera esté empapelada de rechazo, tú y yo seremos verdaderos escritores.


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*La foto utilizada para mi imagen de Paulo Coelho es de Paul Macleod – http://www.mynewsdesk.com/no/bazar-forlag/images/paulo-coelho-210626, CC BY 3.0, Link


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¿Qué aporta tu libro al mundo?

noviembre 2, 2016 — by Gabriella9

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Hablamos siempre del enfrentamiento entre sistema y arte; del encontronazo entre verdad, belleza y dinero. Y cuando mencionamos la palabra valor, parece que es que si nuestra obra no revoluciona el mundo literario, trayendo un apocalipsis de renovación y destrucción de todo lo que conocíamos hasta ahora, no tiene derecho a existir en las estanterías.

Últimamente reflexiono mucho sobre eso, porque resulta que hay muchos libros que para mí no funcionan, que sin embargo son objetos mágicos de deseo para muchísimas personas.

¿Tengo yo más razón que el resto? Desde un punto puramente técnico, es posible que pueda tener algo más de razón que alguien que no haya dedicado tantas horas de su vida a estudiar y analizar textos literarios (y tampoco tengo absoluta seguridad sobre eso). ¿Pero es eso realmente importante si una obra proporciona un valor positivo e innegable a tantas personas? Puede que reduzca la media de calidad de libros que se publican y eso sí es digno de tener en cuenta. Pero ¿tenemos realmente derecho a decirle a alguien: “ese valor no es real”?

Sospechamos algunos que nada es tan sencillo, que no hay que hacerle mucho caso a los defensores del blanco y del negro. Los libros, creo, entran en los grises. Pero incluso dentro de esos grises, un libro sí debe aportar algo para llegar a ser leído, aunque sea por la razón más frívola y banal (como los programas de televisión que se traga mi madre porque se aburre por las tardes).

El valor es algo sutil. Según Seth Godin, surge en esta escala. Como veis, en la venta de productos, todo sigue la siguiente dinámica: función-conexión-estilo-ahora:

aporta tu libro

 

Godin pone algunos ejemplos, pero yo voy a aplicar esta escala a preguntas sobre nuestra obra. ¿Somos capaces de contestar a ellas?

  • ¿Cuál es la función de tu libro? ¿Para qué sirve? (¿Y sirve para algo que no sea inflar tu propio ego?).
  • ¿Cómo conecta tu libro con la gente? ¿Lo asocian contigo? ¿Se crea complicidad con otros lectores? (Reconozco que esta es mi parte favorita).
  • ¿Es tu libro un objeto de estilo, un diseño deseado? ¿Es algo hermoso, que otros quieren adquirir porque los hace sentirse más inteligentes, con mejor gusto, más interesantes?
  • ¿Tiene inmediatez tu obra, urgencia? Es decir, ¿hay alguna oferta o situación que haga que tus compradores lo deseen ahora mismo, en este instante, antes de que sea tarde?

Godin dice que tenemos que cumplir una o varias de esas condiciones para que nuestra obra funcione, para que sea leída.

Hasta que llegue, claro, alguien que cambie lo más básico: la propia función. Que llegue alguien que redefina cómo funciona un libro (como hizo el eBook en su momento). Como hacen aquellos que redefinen los géneros y las modas. Esos trendsetters o bellwethers (si no habéis leído Oveja mansa, de Connie Willis, hacedlo), que se desvían en el punto justo del camino para que todos los antecedentes se pongan en marcha y todos tiremos en una dirección diferente.

No todos seremos ese alguien revolucionario (aunque sí podemos ser antecedentes, influencias, partícipes en la revolución).

Pero si partimos de lo más importante, la función de nuestra obra (aunque esta solo sea divertir, agradar, proporcionar ocio) y desarrollamos la jerarquía de valor, ofreciendo conexión para con los demás (y entre ellos mismos) y estilazo del bueno, si aumentamos el deseo hacia nuestro libro ofreciéndole una sensación de urgencia (una oferta especial que caduca, una edición limitada, una serie firmada…) llegaremos a vender un objeto mágico.

¿Vuestro libro es, también, un objeto de valor?

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Guía rápida de Facebook para escritores

marzo 9, 2016 — by Gabriella48

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Facebook es un tira y afloja de amor y odio.

No solo es un agujero negro devoraproductividad. Es un punto de encuentro de debates estériles, del malentendido, del “no tienes ni idea, pero yo sí”. Y no hablemos ya de los problemas de privacidad, del dichoso edgerank, de la publicidad de pago mal enfocada, etc., etc., etc.

facebook para escritoresFacebook: devorando materia (sobre todo gris) desde 2007 d. C.

Sí, tiene cosas buenas, pero ha habido un par de ocasiones en las que he considerado dejar Facebook. Sé que no soy la única.

Luego me di cuenta de que lo estaba usando mal.

Mucha gente ve Facebook como un escaparate donde vomitar sus pensamientos más o menos profundos, sus preocupaciones, quejas y, sí, ese “compra mi libro” que tanto toca la moral. Desde fuera, solo vemos ese líquido pardo lleno de tropezones que se ha quedado pegado al cristal. Solo eso.

Pero Facebook podría ser tu mayor fuente de visitas y, a la larga (¡si lo haces bien!), de conversión a ventas. Yo no tengo una página inmensa (me acerco a los 2000 seguidores, que en comparación con otras páginas “profesionales”, no es demasiado), pero es la mayor fuente de tráfico y seguimiento para mi blog. Me quita mucho menos tiempo que otros recursos, como Twitter o esta web (sobre todo cuando escribo artículos interminables como este). Junto a mi lista de correo, es mi mayor punto de partida para entender lo que preocupa a mis lectores. Su rentabilidad, en este sentido, me parece óptima.

Porque en Facebook no se trata de cuántas personas te siguen, sino de quién te sigue y por qué. Coleccionar seguidores porque sí no sirve de nada. He visto páginas de más de 10000 seguidores sin seguimiento activo, sin sentido ni porqué.

Mucha gente ve Facebook como un escaparate para proyectar su voz. Creo que esto es un error. Cuando entendí esto, mi manera de relacionarme con Facebook cambió de forma determinante.

Tenemos que dejar de pensar en Facebook como un sitio donde lanzar cualquier cosa y empezar a pensar en Facebook como un sitio donde conversar y, sobre todo, escuchar. Bien usado, Facebook puede ser la mayor herramienta de marketing que has tenido y tendrás (sospecho que todavía andará por aquí dentro de unos años). Para ello, para sacarle el máximo rendimiento como escritor/a (y aprender y divertirte en el proceso) me gustaría hacer las siguientes sugerencias.

facebook para escritores¡Atención! Este artículo no es longform, es kilometricform. Sí, lo de "guía rápida" era mentira. Vamos, que es largo de narices (¡y aun así no hago más que arañar la superficie de este monstruo!). Haceos un café, un té, cogeos la botella de tequila y poneos otro cojín bajo el culo.

¿Listos? Lo primero y más importante:

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Cómo escribir una descripción brillante (y otros recortes literarios)

marzo 4, 2016 — by Gabriella40

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En inglés hay unas siglas muy conocidas en el mundo laboral: TGIF.

Imagino que no os sonarán, pero las reconoceréis como símbolo internacional cuando os diga que significan Thank God It’s Friday (Gracias a Dios que es viernes).

descripción mágicaRepresentación gráfica del TGIF medio.

Nos espera un fin de semana de descanso y diversión, pero antes nos vamos a poner serios un momento, porque hoy voy a hablar de algunas herramientas sensacionales para sacarle brillo a esa parte tan complicada de la narrativa: la descripción. Las descripciones tienen una tendencia preocupante a ser aburridas, recargadas o simplemente sosas, así que saber hacer descripciones que estimulen la imaginación del lector es una habilidad que debe ser celebrada (¡y analizada!). La parte seria (y muy nostálgica) es que todo esto que os voy a contar lo he aprendido de Umberto Eco.

Esta semana voy a seguir con Eco, no porque casualmente haya muerto mientras yo hablaba sobre su trabajo, que es una de esas coincidencias dramáticas que pueden ocurrir, sino porque el semiólogo italiano es una fuente inagotable para aquellos que escribimos.

Me llama la atención. Todo el mundo se acuerda de sus novelas, incluso de la película famosa basada en una de sus novelas; algunos se acuerdan de su trabajo periodístico. Menos se acuerdan de su trabajo académico, a pesar de que el estudio de lo literario fue su ocupación principal.

Cuando hablamos de la academia, de lo universitario y especializado, podemos pensar en largas frases rimbombantes que no vienen a decir nada, en textos técnicos exclusivos de su sector. Y Eco tenía frases rimbombantes, sin duda, pero todavía no he encontrado una frase suya donde no viniera a decir nada. Es más: me impresiona la cantidad de conclusiones prácticas que podemos extraer los escritores de sus tratados teóricos.

En el artículo Les sémaphores sous la pluie (se titula así también en su versión española, no os asustéis: no voy a empezar a citar en francés) Eco da algunos apuntes fenomenales sobre el sutil arte de la descripción. Y por eso muchos estudios de Eco no terminaron de pasar al mainstream; si su artículo se hubiese titulado Diferentes tipos de descripción y cómo sacarles partido o, aun mejor, Cómo perder ocho kilos en tres días (¡incluye clasificación de tipos de descripción en narrativa!), otro gallo nos cantaría (pero sin duda sería un gallo feo y de voz rasposa).

Lo chulo de la clasificación de tipos de textos descriptivos de Eco es que incluye un concepto que es mágico para un texto: el asidero de pertinencia. Os va a encantar:

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Cómo conseguir (y sacar partido) a tus lectores cero

febrero 24, 2016 — by Gabriella35

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Mi sistema para elegir temas de los que hablar en el blog es tremendamente sofisticado, lleno de gráficas y subtítulos y ecuaciones misteriosas.

Pero como sois personas inteligentes, os lo voy a explicar y seguro que lo entendéis. Escribo sobre dos cosas:

  1. Lo que me apetece.
  2. Lo que os apetece a vosotros.

Calibrar lo que me apetece a mí es fácil: me siento y escribo. Calibrar lo que os apetece a vosotros también lo es: algunos temas se repiten en vuestros emails y comentarios en redes sociales. Y hay un tema sobre el que tenía pendiente hablar, más que nada para ahorrarme dar la misma respuesta una y otra vez a la pregunta: ¿Qué es un lector cero? ¿De dónde lo saco? ¿Y cómo funciona?

En el mundillo se usan los términos lector cero y lector beta con relativa facilidad, pero siempre habrá alguien que escuche esos nombres y piense en autómatas, betatesters de juegos o robots avanzadísimos de corrección literaria. Otros imponen un criterio filosófico: si un lector es cero, ¿acaso no existe? ¿Es un no-lector?

Paradojas y ciencia ficción aparte, volvamos a lo básico:

Un lector cero es una persona que lee tu obra y te da su opinión ANTES de que el libro se publique.

Por lo general, el lector cero lee tu obra antes siquiera de que esta se mande a editoriales. Es un probador no oficial de la calidad de tu producto.

Muchas preguntas más rodean a la figura de este misterioso y codiciado personaje. Las más comunes suelen ser:

  • ¿Dónde consigo a un lector cero? ¿A cuántos debería conseguir?
  • ¿Qué características tiene un buen lector cero?
  • ¿Cuánto caso debo hacerle a mi lector cero?
  • ¿Qué debería pedirle a mi lector cero?

Así que vamos a intentar responder a estas cuatro preguntas, con menor o mayor acierto. Repito por trigésimoenésimaquinta vez que todas estas respuestas se basan en mi experiencia personal tanto como escritora, como editora y como lectora profesional (y sí, como lectora cero). Puede que la experiencia de otros profesionales sea distinta. Pero garantizo que ninguno de estos consejos os va a venir muy mal ni va a hacer que acabéis enemistados con vuestros lectores de prueba. De hecho, este artículo está pensado para que tengáis la mejor experiencia colaborativa posible.

Empezamos por el principio: ¿dónde y cómo se consiguen lectores cero?

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Los 5 secretos de un texto sublime (y otros recortes literarios)

febrero 19, 2016 — by Gabriella28

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Hoy en día usamos sublime como los estadounidenses usan awesome.

Awesome hace referencia a algo que despierta awe, una admiración tan grande que roza la incredulidad; sobrecogimiento; pasmo. Ya lo decía Louie C.K., se ha puesto de moda usar ciertas palabras para todo: hasta lo que desayunas puede ser awesome y no tiene por qué ser digno de Instagram, ni va a venir ningún señor de Michelín (los de la comida, no los neumáticos) a investigar tu alimento con una lupa y una cámara para hacerte un documental.

Es un texto sublime, es una película sublime, es un desayuno sublime.

Si dices sublime tres veces delante de un espejo, con un libro de David Foster Wallace en una mano y un cd de Mozart en la otra, se te aparecen ocho reseñadores blogueros, diecisiete periodistas, cuatro críticos de Rolling Stone y el peluquero de tu barrio.

Pero pocos recuerdan quién puso de moda aquello de sublime y qué significaba originalmente.

Hubo un señor llamado Pseudo-Longino, no porque fuera un Longino de mentira, sino porque los historiadores literarios todavía no están muy seguros de si era él, si él había escrito el libro que lo hizo famoso y toda esa problemática que solo parece concernir a los historiadores literarios.

El libro que lo hizo pasar a la posteridad se llamaba Sobre lo sublime, Miento, en realidad se llamaba Περὶ ὕψους, por si acaso hay algún lector de griego antiguo en la sala.

Pseudo-Longino vivió (creemos) entre el siglo I y el siglo III, y en aquella tradición neoplatónica resulta que este caballero ya sabía más de crítica literaria que el 99% de nosotros. Al hablar de lo sublime, desde luego no estaba hablando de sacar fotos con filtro en sepia a tortitas con jarabe de arce y arándonos frescos. Hablaba de uno de los tres estilos literarios de su época: el más elevado, el representado por autores de la talla de Homero. Este estilo tenía su propio léxico, ritmo y usos.

Una de las cosas maravillosas que he descubierto de Longino (leí Sobre lo sublime en la facultad, hace ya varios siglos o milenios, pero ha sido Umberto Eco el que me ha recordado lo bueno que era este señor en lo suyo) es que resume en cinco puntos muy específicos qué es lo que hace que un texto sea sublime. Es decir, qué le aporta grandeza. La perspectiva de Longino se aleja mucho de esa escuela de pensamiento que considera que lo único que importa en una lectura es cómo nos hace sentir. Sí, un texto puede ser orgásmico: hacerte llorar, reír, temblar, pero lo que Longino (y Eco, y yo, y una cantidad interesante de teóricos literarios y de profesores de escritura creativa) se pregunta es: ¿qué es lo que hace que un texto te haga llorar, reír, temblar?

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¿Deberías trabajar gratis? 10 preguntas para resolver tu duda

febrero 10, 2016 — by Gabriella30

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Mi hermano, como muchos sabéis, es informático. O algo así. Solo sé que ha hecho casi de todo lo que se puede hacer relacionado con la informática y que es especialista en hardware. Hasta tiene un podcast sobre el tema. Como os imaginaréis, se le da extremadamente bien arreglar ordenadores.

Esta es su camiseta favorita:

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El problema con el trabajo técnico informático es que es de esos trabajos en los que los ignorantes en el tema subestiman el valor y el esfuerzo invertido por el especialista. Algo parecido ocurre con los médicos, esas pobres almas agotadas que tienen que soportar que les enseñen lunares con mala pinta en las bodas, uñas amoratadas en los bautizos y mocos de colores raros en la frutería de su barrio*. Y cualquiera que domine más de un idioma sabe lo que es andar traduciendo e interpretando día sí y día también para familiares, amigos, vecinos y conductores de autobús.

Con algunas profesiones no solo se considera que al profesional no le importa en absoluto atenderte en cualquier momento de su vida privada, sino que además se espera que se haga gratis, porque “no le cuesta nada”. Es más, seguro que ese profesional te ayudará con alegría, porque su trabajo es su pasión. Oh, sí. Al que se le ocurrió aquello de “elige un trabajo que ames y no trabajarás un solo día de tu vida” habría que azotarlo con paletas de Hello Kitty con tachuelas. Aunque creo que fue Confucio, así que igual llegamos tarde.

Sabéis muy bien por dónde voy. En las profesiones creativas esto puede tomar un cariz violento, porque no se aplica el mismo valor a las creaciones artísticas, por lo menos no de la manera en que puede aplicarse a profesiones como la informática, la medicina o la traducción. Si dibujas, coloreas o escribes, lo haces porque te gusta. Y si te gusta, está claro que estarás encantado/a de dedicar tu tiempo y esfuerzo a cualquiera, a cambio de nada.

Esta es una frustración con la que los autores lidiamos a diario. Ya de por sí, no es que se nos tome muy en serio (“—¿A qué te dedicas? —Soy escritora. —¿Pero a qué te dedicas?”). Pero es que la balanza de oferta y demanda es tan horrible (hay un exceso de oferta y pocos filtros de calidad realmente fiables), que muchos editores pueden permitirse hasta cobrar por publicarte. Esto hace que haya mucha gente dispuesta a tomarte un poco el pelo.

¿Significa eso que nunca debes trabajar gratis? Al fin y al cabo, nadie entraría en un restaurante y esperaría que le sirvieran un filete a cambio de buenas recomendaciones, “visibilidad” y “cosas para el currículo”. Lo lógico sería pensar que un escritor siempre debe cobrar por su trabajo.

Pues yo creo que no. Antes de que empiece la lluvia de botellas rotas, aclaro: yo creo que no siempre, que hay ocasiones en las que sí debemos trabajar gratis. Por desgracia, es difícil saber cuáles son esas ocasiones y con frecuencia acabamos haciendo el primo por miedo a perder esa “gran oportunidad” que nos han prometido.

¿Cómo saber cuándo debemos decir sí y cuándo no a esas numerosas ofertas que nos llueven para colaborar, aportar, ayudar y, en definitiva, trabajar, sin ver un céntimo a cambio?

Esto es algo con lo que llevo lidiando muchos años y aún meto la pata de vez en cuando. Suelo hacerme las siguientes preguntas, que son las que mejor me funcionan. Me sirven tanto para decidir si voy a regalar contenidos (artículos, libros) como para decidir si acepto proyectos no remunerados relacionados con servicios editoriales o de escritura:

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Cómo escribir mejor con la técnica de la envidia (y otros recortes literarios)

febrero 5, 2016 — by Gabriella25

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Una cosa que he aprendido en los últimos años es que la envidia puede ser una emoción muy positiva.

Antes de que me digáis que no, que no tiene nada de positivo odiar a tu vecino porque tiene un dormitorio más que tú, un coche más caro y una esposa más lozana, dadme una oportunidad para que me explique.

Todo empezó con un hilo de Ariadna de esos de internet. Ya sabéis, como cuando entras en Wikipedia buscando en qué fecha se publicó el Ulises y le das a un enlace y luego a otro y luego a otro y cuando te quieres dar cuenta estás interesadísimo/a en los hábitos reproductivos del joven castor canadiense (el animal, no el muchacho que se va al bosque con otros muchachos para aprender a cazar, talar árboles y zurcir un calcetín con la zurda). Yo abrí este laberinto, dominado por el gran minotauro Distracción en su centro, con un artículo de Lifehacker que me recomendó Instapaper: un artículo muy interesante de Kristin Wong sobre las cosas en las que más desperdiciamos el tiempo a lo largo de nuestra vida (spoiler: no son las redes sociales), esas cosas de las que luego nos arrepentimos al hacernos mayores.

Una de ellas era la envidia.

70 trucos para sacarle brillo a tu novelaescribirescritura

Voy a contaros un secreto

enero 26, 2016 — by Gabriella64

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Tengo buenas y malas noticias para vosotros.

Primero las malas: esta semana no habrá artículos nuevos.

Ya, ya sé que voy a medio gas con vosotros desde que empezó el año, entre fiebres y trabajo y etc.

Pero esta semana tengo una buena razón.

Y ahí va la buena noticia. No va a haber nuevos artículos de los que suelo publicar en el blog, porque vais a tener un artículo gigantesco, inmenso, enorme. En muy pocos días saldrá a la luz un proyecto en el que he estado trabajando los últimos meses: ¡un libro para escritores!

Y va de esto:

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En vez de tener un par de artículos sobre escritura, blogs, productividad y todo eso, vais a tener un ensayo enorme (más de 20000 palabras) con trucos y trampas para corregir vuestros textos. Más o menos como este artículo pero muy muy ampliado. ¿Qué os parece?

Y además lo vais a tener GRATIS.

Pero solo un par de días. Solo estará disponible como eBook en Amazon (si no tenéis lector Kindle, podéis bajaros la aplicación gratuita para PC u otros dispositivos) y solo estará gratis 2-3 días.

Si quieres que te avise por email cuando salga el libro para que no te pierdas la oportunidad de descargártelo gratis, solo tienes que apuntarte a mi lista de correo. Si no, tendrás que estar atento/a a este blog o a mi página de Facebook o a mi cuenta de Twitter.

Pasados esos primeros 2-3 días, el libro ya habrá que pagarlo 😉

Os prometo que os va a ayudar muchísimo con vuestra corrección. El libro está dirigido a escritores de todo tipo y nivel. Encontraréis cosas básicas y avanzadas, apuntes de ortografía, gramática, narrativa, trama… Se trata de un recopilatorio de soluciones para los fallos y problemas más comunes que he encontrado en manuscritos en mis años como editora, correctora y lectora profesional.

Así que recordad: suscribíos a mi lista de email para que os avise en cuanto esté disponible de forma gratuita. Y en menos de una semana estaréis trabajando en la corrección de vuestro libro.

 

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Cómo atrapar a tu lector con el efecto Zeigarnik (y otros recortes literarios)

enero 22, 2016 — by Gabriella34

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Mucho ojo con este artículo, porque en él voy a desvelaros una de las cosas más útiles que aprenderéis en vuestras vidas.

Pero empecemos por el principio, que hoy tenemos mucho de lo que hablar y todo ello destinado a convertirnos en escritores más eficientes, más talentosos, más disciplinados e incluso más guapos. Vamos a empezar por la cosa esa rara del título de este post: el efecto Zeigarnik.