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Ya en preventa El día del dragón

septiembre 28, 2016 — by Gabriella12

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José Antonio Cotrina y servidora nos enorgullecemos de presentar a nuestro nuevo retoño, parido con la inestimable asistencia de Lola Rodríguez y Naufragio de Letras:

¡EL DÍA DEL DRAGÓN!

¡Fantasía cómica para cualquier humano o entidad sobrenatural de más de once años! ¡Con dragones y magos! ¡Con ratas revolucionarias y cucarachas gigantes! ¡Con robots aún más gigantes! ¡Y un pingüino!

Podéis comprarlo ya en preventa en la web de la editorial: os lo lleváis con descuento y lo recibiréis en casita entre el 10 y 18 de octubre (estará en librerías a partir del 10 de octubre):

el día del dragón

Como os podéis imaginar, estamos emocionados. Es este sin duda el libro que más nos ha encantado escribir y está lleno de tontería, de imaginación y de chistes muy muy malos. Después de unas cuantas vueltas, cayó en las cálidas manos de Naufragio de letras y tuvimos además el privilegio de trabajar con la gran Lola Rodríguez, que ha realizado tanto la cubierta como las ilustraciones de interior.

Aunque el libro se califica como middle grade (puede leerse a partir de 10-11 años), nos ha sorprendido que entre nuestros primeros lectores haya habido adultos entusiasmados. Nos hemos inspirado en autores tan queridos para nosotros como Pratchett o Dahl, y hemos intentado crear algo que sea divertido tanto para chicos como mayores.

Vosotros diréis si lo hemos conseguido 😉

(Y si además podéis hacer correr la voz compartiendo esta publicación o cualquiera de las que tenemos en Facebook o Twitter, os lo agradeceremos eternamente. ¡Que para poder seguir escribiendo tenemos que comer!).


Podéis leer GRATIS los primeros dos capítulos aquí.

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La Pila del Mal: 20 lectores se enfrentan a sus libros pendientes

septiembre 15, 2016 — by Gabriella14

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Siempre que hablo de la Pila lo hago con mayúscula.

No porque sea correcto (no lo es, para nada, y si estuviera corrigiendo un texto ajeno le colocaría una p tan minúscula que apenas podríamos verla).

Pero reconozco que la Pila impone. Es un monstruo que se merece nombre propio, de ahí la mayúscula. ¿Sentís su mirada juiciosa, su futuro incumplido?

La Pila es esa bestia que nos espera en la mesilla de noche, en la estantería, encima de la nevera: oculta tal vez a nuestros ojos pero nunca a nuestro cerebro. La Pila es la representación lectora del FOMO (Fear of missing out). Sí, es una representación física de nuestro miedo a quedarnos atrás.

O también podría ser algo maravilloso, una gloriosa acumulación de libros que todavía no hemos tenido el privilegio de conocer. Yo prefiero mirar así a la bestia: de frente y con cariño.

Quería enseñaros mi Pila. No tiene nada de especial, pero quería enseñárosla. Antes, claro, quiero enseñaros las de otras personas. Escritores, lectores, traductores y demás fauna literaria me han mandado sus imágenes. No he incluido eBooks, porque las listas que me enviaban se alargaban hasta el infinito y más allá.

Quedaos, sacad el papel y lápiz listos para apuntar aquellos títulos que os llamen la atención, para que vuestra propia Pila crezca y se eleve sobre vosotros, amenazante, hermosa, siempre objeto de deseo.

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Los 10 mejores libros de mi 2015

diciembre 29, 2015 — by Gabriella34

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No sé muy bien cómo ha ocurrido. Os prometo que no ha sido a propósito. Pero resulta que el trabajo de los últimos años se ha ido juntando y se dispone a saltar a los brazos de posibles lectores tooodo a la vez, más o menos: todo en la primera mitad del 2016.

Del primer libro que saldrá este año entrante hablaré en el próximo envío a mi lista de correo (ya sabéis que es una lista donde envío artículos cada par de semanas, que escribo solo para mis suscriptores y que no aparecen publicados en el blog). Puedo adelantaros que no será un libro de ficción, sino un libro especial para escritores, una ampliación trabajada de un tema que he tratado en cierta medida en el blog. Y el año traerá muchas más sorpresas que me muero de ganas de contaros.

Pero dejemos el futuro y los buenos propósitos, y centrémonos un rato en el pasado. Vengo a compartir con vosotros mis lecturas recomendadas, los libros que más me han gustado del 2015. Si queréis ver todas mis lecturas de este año, podéis verlas en mi perfil de Goodreads.

Ahí van, mis 10 favoritos, mis libros de 2015. No son libros publicados en 2015 necesariamente, sino obras que leí a lo largo de este año. Tal vez no sean de vuestro gusto (y ya sabéis que el mío es un tanto peculiar), pero todos tienen algo extraordinario que ofrecer. También quiero saber cuáles han sido vuestras lecturas preferidas; acordaos de decírmelo en los comentarios.

Mobymelville, de Daniel Pérez Navarro

mobymelvillePérez Navarro ha sido uno de mis descubrimientos del 2015 y tengo muchas ganas de tener en mis manos alguna otra obra suya. Mobymelville es un ejercicio formal fabuloso inspirado, cómo no, en la obra de Herman Melville, con un estilo casi impecable. Pero lo mejor es el trasfondo de homenaje literario, cultural y filosófico. El final, aunque más abierto que las entrañas de un delfín devorado por la terrible criatura de Pérez Navarro, me parece brillante. Dije esto en Goodreads, y lo mantengo:

No apto para amantes de lo fácil. Esta no es literatura para pasar el rato.

Mobymelville es como Loki, Coyote o cualquier divinidad traviesa, a veces maléfica. Y la combinación que hace Pérez Navarro de lo mitológico, onírico y clásico con elementos de ciencia ficción es fascinante.

Aviso para navegantes: No leáis este libro como una narración lineal. No esperéis un principio ni un fin. Todo es una persecución, una trampa tras otra devorada por un agujero negro.

Creo que tendré resaca unos días mientras mi cabeza bulle con todas estas capas de información. Es muy divertido, por cierto, leer las interpretaciones del texto por parte de otros lectores y reseñadores. Yo tengo la mía, claro, pero creo que a esta obra hay que llegar virgen, sin saber lo que te esperas.

Si Mobymelville fuera una película, saldríamos todos del cine con un WTF en los labios y risas entusiasmadas durante el camino de vuelta mientras debatimos sobre todos sus significados.

 

American Gods, de Neil Gaiman

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Sí, todos lo habíais leído ya, pero yo no. Mi primera lectura de Gaiman fue Buenos presagios, uno de mis libros favoritos desde entonces, seguido al poco por The Sandman, uno de mis cómics favoritos. Pero no conseguí terminar de conciliarme con el Gaiman novelista a solas. Los hijos de Anansi me divirtió, pero Stardust me dio sueño. Me hice fan de nuevo con esta maravilla de la fantasía moderna y mítica que es American Gods.

Por cierto, si podéis, haceos un favor y leedlo en inglés. Sé que hay dos traducciones ahí fuera a nuestro idioma y que ambas dejan mucho que desear.

Clara y la penumbra, de José Carlos Somoza

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Cualquiera que me conozca un poco sabe lo insoportable que puedo llegar a ser con el estilo. Creo en la sencillez, en la elegancia, y me pongo de mala leche si veo adjetivos por doquier, gerundios y metáforas a cascoporro. Somoza es de los pocos que consigue recargar un texto, llenarlo de color y forma, y no perder esa sensación de belleza y habilidad que se encuentra en tan pocos escritores actuales. Clara y la penumbra te deja con una horrible impresión de vacío y frialdad, porque refleja un mundo terrible, carente de piedad. La trama detectivesca en sí no es la más original ni la menos predecible del mundo, pero eso da bastante igual porque el libro no va de asesinatos ni de asesinos en serie, sino de un mundo tan impersonal que puede confundir los conceptos de lo humano y del arte.

El final del duelo, de Alejandro Marcos Ortega

el final del duelo

En su momento dije esto de la novela de Alejandro, pero podéis leer más sobre lectura aquí, y una entrevista al autor aquí:

Original, dinámico, adictivo.

+1000 puntos por imágenes como los ciervos lanudos o la ciudad suspendida en el lateral de una montaña; por el uso de la segunda persona epistolar; por esa genial combinación entre lo épico y detectivesco; por la inserción de los hechizos de combate en un mundo extrañamente atemporal; por la ruptura casual de lo heteronormativo; por la melancólica tristeza del narrador.

Aunque a nivel formal la novela tiene instantes de tropiezo (reconozco que algunas comas mal puestas y leísmos interrumpieron mi experiencia de lectora pedante, y hay algunas repeticiones que podrían haberse recortado), es imposible no sumergirse en la historia de Saúl y Jero. Por lo general se agradece la simplicidad y frescura del texto, frente a la abundancia actual de obras de fantasía clásica, cargadas de adjetivos y metáforas cansadas.

Me encanta que esta sea la primera novela del autor: significa que tenemos mucho más por delante (o eso espero).

Distancia de rescate, de Samanta Schweblin y El secreto del orfebre, de elia barceló

el sueño del orfebre distancia de rescate

Meto en una sola entrada los libros de Schweblin y de Barceló, ya que ambos son relatos largos (o novelas muy cortas, según se mire) que leí más o menos del tirón.

Distancia de rescate no es un libro perfecto, a mi juicio. Pero ha sido una experiencia que promete, un algo casi perfecto que me hace querer devorar más obras de esta autora, y que también ofrece un estilo limpio, refrescante:

Aunque creo que la resolución de la historia deja que desear (y la contraposición del elemento paranormal/mágico con el fondo realista me resulta algo forzada), sumo muchos puntos en la valoración de este libro debido al maravilloso estilo, elegantísimo e intrigante, de Schweblin. Su capacidad para enganchar al lector y crear suspense es envidiable: me comí este relato de una sola sentada.

También con un estilo bien cuidado y una atmósfera muy conseguida cayó este año El secreto del orfebre, de Elia Barceló, que considero muy digno de mención:

El ritmo formal de Elia es peculiar y atractivo, hipnótico en ocasiones. La historia que cuenta tiene su punto predecible, pero no por ello emociona menos. Las piezas encajan, como un reloj exacto o una creación avanzada de joyería.

Es la primera obra que leo de la autora y me ha convencido. Voy a mi lista de deseos para añadir alguna novela suya, que me he quedado con ganas de algo más largo (y más reciente, que tengo curiosidad por ver cómo ha evolucionado su estilo).

The Good, the Bad and the Furry, de Tom Cox

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Este libro no está disponible en nuestro idioma y me parece mal, fatal, porque Cox debería estar traducido a todos los idiomas. El mundo necesita más escritores así, a lo Pratchett, capaces de conseguir que en una página llores de la risa y a la siguiente de tristeza. No sé, tal vez soy yo. Tal vez es porque esta es la historia de un periodista y escritor que vive en una casa que se cae a cachos en el campo, con tres gatos (más todos los de la zona que poco a poco se le van pegando). Si conocéis la cuenta de Twitter @mysadcat, conoceréis el sentido del humor inteligente y absurdo de Cox, si no…

tom cox

Aviso: Es posible que tengan que gustarte los gatos para disfrutar de este libro como yo lo he disfrutado.

The Better Angels of Our Nature, de Stephen Pinker

stephen pinker

Traducido como Los ángeles que llevamos dentro. Creo que estuve cuatro o cinco meses con este libro. Leía veinte o treinta páginas, lo dejaba y lo cogía otra vez. Y es que este no es un libro para leer de golpe. Cada página contiene una cantidad inmensa de información. Pinker intenta demostrar a lo largo de su obra por qué esta época en la que vivimos es, de hecho, la menos violenta de la historia de la humanidad. Su perspectiva cubre todo tipo de campos, desde estadística a psicología o feminismo, y es una lectura realmente apasionante.

Ya conocía al Pinker lingüista de mis días de facultad, pero es que este señor puede con lo que le echen. Espero que el 2016 me traiga alguna otra obra suya.

The Art of Social Media, de Guy Kawasaki y Peg Fitzpatrick

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Kawasaki y Fitzpatrick son un equipo imbatible en lo que se refiere al uso de las redes sociales para realizar una promoción amena y útil de tu producto. A los escritores nos hace falta aprender mucho de esto, sí, pero no os preocupéis: ni siquiera tenéis que leer este libro, porque os resumí lo mejor y más provechoso en este artículo.

Manual indispensable y práctico de social media. Impresionante la cantidad de conocimiento que se ha concentrado en este librito. Especialmente indicado para escritores y otros creadores que buscan darse a conocer.

No le doy más estrellas porque Goodreads no me deja.

Crossing to Safety, de Wallace Stegner

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Traducido como En lugar seguro. Otro gran descubrimiento: Stegner es un maestro a la hora de construir personajes y de mostrarte escenarios y momentos en los que, en realidad, nunca ocurre nada (pero no importa, porque lo están disfrutando tanto que ni te das cuenta). Y ya lo dije junto a mis cinco estrellas de Goodreads:

Stegner consigue lo imposible: hacer una obra maestra donde apenas pasa nada, solo la amistad, la impresionante belleza del paisaje y los buenos diálogos.

Las puertas del infinito, de José Antonio Cotrina y Víctor Conde

las puertas del infinito

Sí, estoy haciendo hype y nepotismo en un solo post. Estoy hablando de mi coitor coautor y de un escritor al que publiqué cuando era editora.

Así que no sé muy bien qué decir para convenceros.
Fui lectora cero de esta obra, que sale en febrero 2016 al mundo, de la mano de Penguin Random House. Tuve el privilegio de trabajar con los autores sobre la obra. Y ha sido una de las mejores lecturas que realicé en 2015, por no decir una de las mejores lecturas que he hecho nunca.

Es un libro raro, eso no voy a ocultarlo. Probablemente no sea para todos los gustos. Pero sí es para mi gusto. Hay personajes geniales, monstruos fenomenales, viajes interdimensionales, explosiones, tripas (muchas tripas) y una morsa que habla.

Tendréis que leerlo, aunque solo sea por la morsa.


Y también quería dar las gracias.

Ha sido un buen año.

Gracias a todos los que me acompañasteis a lo largo de este año: a los que leísteis, a los que comentasteis y compartisteis; a los que me escribisteis y a los que comprasteis y/o reseñasteis mis libros (¡a vosotros sabéis que os quiero más que a nadie!).

No sé qué le deparará al blog el 2016. Esperemos que sean muchos buenos ratos más y que podamos seguir todos aprendiendo juntos sobre el arte de la escritura. Espero seguir viéndoos a todos por aquí.

Voy a tomarme una semanita de descanso del blog para poder rematar otros proyectos, y para beber y comer (más) con mi familia. Si todo va según lo programado, para el viernes 8 tendréis el primer artículo del nuevo año.

Por una vez no voy a terminar un artículo diciéndoos que os pongáis a escribir. Ya habrá tiempo de hacer buenos propósitos y de ver cómo cumplirlos. Mientras, celebrad estos días como merecen. Al fin y al cabo, hemos conseguido sobrevivir 365 días más y eso es digno de fiesta.

Salud, dinero, amor y muchos libros más para todos. Feliz final de 2015.

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Escribir es bueno para tu salud (y otros recortes literarios)

octubre 9, 2015 — by Gabriella21

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En Nueva Zelanda cogieron a un grupo de 49 personas y les hicieron escribir a diario unos 20 minutos, durante tres días seguidos. Escritura expresiva, lo llaman. Debían escribir sobre hechos o actividades diarias que les molestaban y estresaban. Dos semanas después, se les practicó una biopsia.

No es que se les practicara una biopsia como parte del experimento. Ya se la iban a hacer de todos modos, lo prometo.

Once días después, un 76% del grupo que había escrito esos tres días concretos tenían su lesión totalmente curada, frente al 42% del grupo de control.

Conocemos muchísimas ventajas de la lectura. Pero sí, escribir es bueno, también.

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¿Eres un escritor pasivo o agresivo? (Y otros recortes literarios)

julio 24, 2015 — by Gabriella23

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La mayoría de la gente que conozco es muy de enfrentamientos.

No es gente violenta, por lo menos no a nivel físico. Es solo que a los humanos nos encanta agarrarnos a opiniones extremas, sentencias indiscutibles, y enfrentarlas a otras. Somos dualistas y duelistas. Es más fácil que intentar entender, qué sé yo, la teoría de los polisistemas o la gestalt expresada por Ted Chiang en su relato Understand,  o el tao o cualquier filosofía integradora.

Los que escribimos también somos muy de enfrentamientos. Entre nosotros, entre nosotros y el establishment, entre nosotros y nuestra metodología.

Cuantos más artículos y libros leo sobre la escritura, más me parece intuir una diferenciación entre dos escuelas de pensamiento.

Los escritores, como tantos artistas, tenemos opiniones muy claras y enfáticas acerca del hecho de escribir. Blanco o negro, parece ser. Enemigos de unos procedimientos; mejores amigos de otros. Esto está bien, porque solo mediante nuestra propia experiencia podemos saber qué funciona para nosotros y qué no. Lo malo es cuando intentamos aplicar nuestras propias experiencias a todos los demás.

Probablemente yo también lo haga y por ello pido disculpas. Probablemente seguiré haciéndolo, porque soy muy despistada y se me va a olvidar enseguida que ese no es mi cometido.

Mi cometido, por lo menos hoy, es hablaros de algunos asuntos que espero que os produzcan tantas chispas en el cerebro como a mí.

Altucher, la escritura pasiva y la escritura agresiva

Las dos escuelas de pensamiento de las que hablaba, y que veo reflejadas no solo en artículos y libros y en reflexiones directas, sino en todos los comentarios que veo en redes sociales, foros y grupos de escritura, las expresa muy bien James Altucher aquí.

james altucher

Hay dos maneras de aprender: pasiva y agresivamente.

Pasivamente es cuando analizas tus errores, lees la historia de aquello que estás estudiando, te relacionas con otros del sector, encuentras tu “tribu”, buscas un mentor, etc.

Agresivamente es cuando estás metido de lleno. Estás hasta el cuello, y te llega la pelota de frente: ¿qué vas a hacer?

Pasivamente está en tu cabeza. Agresivamente es notarlo AHORA MISMO y actuar.

Lo que ocurre en tu cabeza es importante. Pero es la ACCIÓN la que crea héroes.

Altucher no habla aquí de escribir, habla de cualquier habilidad que requiere de un proceso de aprendizaje, pero creo que podemos aplicarnos el cuento (nunca mejor dicho. Qué ingeniosa soy).

¿Eres un escritor pasivo? ¿Consideras que la mejor forma de aprender es leyendo y estudiando todo lo que hay que saber sobre la escritura?

¿O eres un escritor agresivo? ¿Crees que solo se puede aprender escribiendo y que todos esos estudios son una pérdida de tiempo?

Si habéis respondido que sí a una de las dos preguntas, es posible que os estéis perdiendo buenas oportunidades en vuestro camino.

En todo el tiempo que he trabajado con escritores, he observado que estos dos tipos, en un estado más o menos puro, progresan a un ritmo lento. Hay escritores que dedican tanto tiempo a estudiar su oficio que este estudio se convierte en procrastinación, en una forma de pereza y cobardía. Y hasta que no apliques los conocimientos a la práctica, hasta que no te hinches de escribir, de poco te servirán esos conocimientos.

Sin embargo, también hay escritores que, con cinco, ocho o veintitrés libros a cuestas, siguen produciendo obras muy mejorables. ¿Por qué? Porque no se han molestado en aprender de los posibles errores que están cometiendo, y por tanto siguen cometiéndolos, una y otra vez.

Dicen que necesitamos 10000 horas de práctica para ser los mejores, 1000 para hacer un trabajo decente. Pero no sirven de nada si no se acompañan de horas de análisis, de deliberación, de conocimiento de nuestro arte. Como dice David Burkus, en un artículo para Forbes:

david burkus

Así que, ¿estás desperdiciando tus 10000 horas? Depende. Aunque el número exacto de horas necesitado para alcanzar un rendimiento experto es algo sobre lo que se sigue debatiendo, lo que nunca se ha debatido es el papel de la práctica deliberada. ¿Estás dedicando tu tiempo a rutinas que ya conoces o experimentas con nuevas técnicas y estudias para desarrollar nuevas habilidades? ¿Estás jugando dentro de tu zona de confort o diseñas ejercicios y proyectos que te impulsan a crecer? Si no estás comprometido con una práctica reflexiva, entonces, con casi toda seguridad, estás desperdiciando tus 10000 horas.

Habrá excepciones, por supuesto. Habrá personas que dediquen toda su vida a estudiar y luego produzcan la obra de arte perfecta. Habrá quienes solo actúen y por intuición vayan desarrollando un estilo perfecto. Pero esto es lo que yo he observado. Considero que uno no debe ser un escritor pasivo ni un escritor agresivo. Considero que uno debe ser esa mediocritas dorada aristotélica y saber integrar ambas facetas en su proceso de aprendizaje, en sus 10000 horas o más. Ya sabéis que ese proceso no acaba nunca.

Además, hay otra parte del proceso que con frecuencia se nos olvida: fuera de la actividad de escribir, y fuera del conocimiento sobre el tema, hay otro elemento importante: desarrollar una mirada de artista y saber darle buen uso.

Penn, Van Gogh y la importancia de saber mirar (y anotar)

Anoche, dando vueltas en la cama, tuve una idea brillante sobre cómo empezar el artículo de hoy. Era ocurrente, inteligente y divertida, o al menos a mí me lo parecía (seguro que también vosotros habéis tenido alguna vez esa sensación, efímera pero seductora —y taaaan mentirosa— de que moláis). Era tan buena mi idea que sabía que era imposible que la olvidara.

Por supuesto, cuando me desperté esta mañana no conseguía recordarla.

Apuntad todas vuestras ideas.

Ya lo dice Joanna Penn:
 joanna penn
 
No creo en el bloqueo del escritor. Creo que es un síntoma de haber dejado que el pozo de las ideas se seque. Ve a llenarlo, emociónate de nuevo y luego regresa a la página.
Muchas de nuestras ideas nacen del estudio, de la lectura y de la reflexión. Algunas son diminutas explosiones, susurros de musa en el mundo exterior, cuando caminamos y recibimos lo que la vida tiene que ofrecernos. ¿Y si pudiéramos desarrollar la habilidad de mirar, de buscar esos susurros de manera intencionada?
 
Leí hace poco una reseña que realizó Julian Barnes (si no habéis leído El sentido de un final, os lo recomiendo con todas mis ganas) sobre un par de libros que analizaban la figura de Van Gogh. Barnes siempre es una lectura más que agradable, pero hubo un texto que comentó, un extracto de los papeles del pintor (que escribía, y mucho, entre cartas, diarios y demás), que me llamó especialmente la atención:

van gogh
 
La gente de aquí lleva, por instinto, el azul más hermoso que he visto nunca. Es un lino tosco que tejen ellos mismos, urdimbre negra, trama azul, que crea un patrón de rayas negras y azules. Cuando pierde intensidad por el viento y el clima, es un tono infinitamente apacible, sutil, que hace resaltar los colores carne. En resumen, lo bastante azul como para reaccionar con todos los colores donde haya tonos naranjas ocultos y lo bastante apagado como para no desentonar.
 
El texto muestra no solo la sensibilidad del artista, su obsesión por sus materiales de trabajo (los colores), sino la habilidad de un escritor. Si queremos transmitir a los demás, tenemos que aprender a ver mejor que nadie, a mirar con ojos distintos. Van Gogh habla de colores, pero es nuestra responsabilidad asimilar con los cinco sentidos, para poder luego saber cómo expresar todas esas sensaciones y crear textos de gran riqueza.
 
Es además curioso cómo no hace falta utilizar todo lo que percibimos para transmitir esa riqueza al lector: no tenemos que hablar de absolutamente todos los olores que nos rodean; con expresar algunos en particular ofrecemos detalles que ayudan al lector a reconstruir todo lo demás; escribimos con mayor confianza y seguridad en el entorno que estamos creando. Esto se relaciona con teorías como la del iceberg de Hemingway, por la que no tenemos que compartir todos los detalles de una historia, pero sí debemos conocerlos nosotros, para crear esa multiplicación de sentido que suele encontrarse en los textos realmente buenos.
 
Es difícil eso de mirar. A mí me cuesta muchísimo. Tengo la cabeza siempre tan llena de cosas que no me fijo en lo que me rodea. Ayuda practicar alguna actividad que nos obligue a centrarnos en el momento, desde actividades chorras como apuntar todas las cosas azules que vemos yendo de paseo, hasta las prácticas de más largo alcance, como la meditación o el ejercicio físico, que nos obliga a centrarnos en el silencio, en el ahora de nuestra mente o cuerpo.
 
Hagáis lo que hagáis, no olvidéis llevar vuestra libreta/app de notas.
 
No seáis como yo. No dejéis escapar la idea perfecta.
 
Y recordad que esa mirada de artista tenéis que llevarla a todas partes. Incluso a la lectura. Porque leer es abrir los cerrojos de la mente, como explica Tim Parks.
 

Parks y la lectura como cerradura y llave

En un artículo reciente del siempre elocuente Tim Parks para el New York Review of Books, presenta una metáfora muy reveladora sobre el acto de leer. Leer es la llave para abrir una nueva cerradura en que se ha convertido nuestro cerebro. Mirad:
 
tim parks
 
Cuando percibimos algo por primera vez no llegamos realmente a percibirlo, porque carecemos de la estructura apropiada que nos permite hacerlo. Nuestro cerebro es como un artesano de cerraduras que crea una cerradura cuando decide que una llave es lo bastante interesante para ello. Pero cuando encontramos una llave por primera vez (por ejemplo, un poema nuevo, o una especie animal nueva), no existe una cerradura lista todavía para tal llave. O, para ser precisos, la llave no es siquiera una llave, ya que todavía no abre nada. Es una llave en potencia. No obstante, el encuentro entre el cerebro y esta llave potencial hace que comience la creación de una cerradura. La siguiente vez en que nos encontremos o percibamos el objeto/llave, abrirá la cerradura preparada a tal efecto en el cerebro.
Esta teoría es del filósofo y psicólogo Riccardo Manzotti, pero Parks la aplica a la lectura de un tipo de libro nuevo, revolucionario. Por eso es tan importante la relectura: solo una vez que se ha fabricado la cerradura, puede la llave abrirnos la puerta a un mundo desconocido de sensaciones e ideas. Con la música ocurre también: pensad en vuestra canción favorita. Es probable que la primera vez no os entusiasmara. A lo mejor pensasteis que era bonita, poco más. Sin saberlo, vuestro cerebro estaba ya creando la cerradura. A la siguiente escucha (o a la siguiente, o a la siguiente), la llave hizo clic, dio vuelta en su agujero y el placer llegó a inundaros.
 
Así, también, son las buenas lecturas. Nadie puede apreciar en toda su belleza la poesía de Lorca en una primera lectura (a mí me llevó años, mucho odio y unos cuantos cursos especializados). Nadie puede apreciar en todo su sentido el extravagante mareo sensorial y semiótico de Solaris, de Lem. Las buenas lecturas están hechas para rehacerse. No por ansia de control, por manía pedante, por obsesión por desentrañar los misterios de la escritura (así era un poco Nabokov, dice Parks), sino para poder, finalmente, capturar todo lo que no estábamos preparados para capturar.
 
Lo cual me recuerda que tengo que volver a leer Solaris.
 
Pero antes quiero hablaros de Derakhshan.
 

Derakhshan y la internet que tenemos que salvar

Creo que el artículo de Hossein Derakhshan, un bloguero que estuvo años en una cárcel iraní debido, en gran medida, a expresarse libremente en su página web, es de lo mejor que he leído en los últimos tiempos. Su texto es demoledor: tras seis años sin conexión, de repente se ve sumergido en un nuevo mundo virtual que no conoce: un mundo de Facebook y Twitter, donde la expresión escrita se ha vuelto cada vez más visual y más rápida. Seis años no son muchos, pero lo son cuando los ves desde la óptica de un hombre que alcanzó notoriedad ayudando a todo tipo de blogueros iraníes desde su web, cuyas palabras eran leídas y comentadas por personas incontables, y que ahora se lamenta de apenas poder conseguir cuatro o cinco “me gusta” desde su página de Facebook.
 
A raíz de algunos comentarios y sugerencias, estas últimas semanas he estado pensando en recortar un poco mis artículos. A veces han llegado a superar las 4000 palabras. Esas son muchas palabras para leer por internet.
 
Pero ¿lo son? ¿O es que estamos tan acostumbrados al formato rápido, a la lectura por encima, al clickbait, al SEO que ofrece frases básicas, casi sin sentido, que cualquier narrativa que nos obligue a dedicar más de dos minutos de nuestro tiempo nos resulta insoportable?
 
En las webs culturales anglosajonas noto cada vez más preferencia por el longform, por el artículo largo largo, como en un ataque meditado contra la velocidad del crecimiento del culo de Kim Kardashian y los extractos veloces, llenos de gifs animados, de Grey. Aquí, en España, algo vemos, pero incluso los grandes suplementos de cultura parecen querer restringirse a ese consumo limitado, a las-1000-palabras-ya-son-muchas. Más de una vez he leído un artículo de revistas supuestamente de alta vanguardia y he pensado: “Qué buenas ideas; lástima que parece que le ha costado hasta rellenar 500 palabras”.
 
Y, sí, 500 palabras cuestan cuando hablas del pijama de Belén Esteban. ¿Pero qué pasó con el análisis, con querer ir más allá de lo superficial? Lo sé: al ritmo que hay que publicar contenidos (¡y las tarifas a las que se pagan!), parece que no queda más remedio. Y hay que ofrecer contenidos que no cansen al pobre lector, a ese pobre lector saturado de información y estímulo.
 
Abogo por decir: “No”. Quiero contenidos de calidad, que se metan en materia. Quiero artículos como el de Derakhshan, como el de Parks, como el de Barnes, como los de Popova o Manson. El truco no es tanto la longitud (se pueden decir grandes verdades con brevedad, que se lo digan a Gracián), sino el no tener miedo a profundizar, a pensar, a analizar y a intentar presentar ideas que sean algo más que un copypaste de lo que están gritando en todas las demás redes de tu sector.
 
La brevedad es buena y necesaria. Es entretenida. Los artículos cortos, bien hechos, son perfectos para determinadas necesidades y tiempos. Pero démosle también nuestra atención a otro tipo de lectura. El entretenimiento y la inmediatez son elementos que nos distraen también de lo importante, de lo profundo, como diría Morozov (o Bradbury). Vamos a detenernos, a consumir despacio, sin prisa. Recuperemos la internet de antes. Recuperemos los blogs de antes. Decidamos a qué le dedicaremos nuestra lectura en diagonal y a qué le daremos atención plena y lenta. Sobre ello reflexiona Derakhshan:
 

hossein derakhshan

A veces pienso que igual me estoy haciendo demasiado estricto conforme pasan los años. Puede que esto sea todo una evolución natural de nuestra tecnología. Pero no puedo cerrar los ojos ante lo que está pasando: una pérdida de poder intelectual y de diversidad y todo lo que eso podría significar para estos tiempos tumultuosos. En el pasado, la red era lo bastante poderosa y seria como para que acabaras en la cárcel. Hoy no parece mucho más que entretenimiento. Tanto que incluso Irán no se toma algunas redes lo bastante en serio (Instagram, por ejemplo) como para bloquearlas.

Echo de menos la época en que la gente podía estar expuesta a diferentes opiniones, cuando se molestaban en leer más de un párrafo o 140 caracteres. Echo de menos los días en los que podía escribir algo en mi blog, publicarlo en mi propio dominio, sin tener que tomarme el mismo tiempo para promocionarlo en numerosas redes sociales; cuando a nadie le importaba lo del “me gusta” o “compartir”.

Esa es la red que recuerdo de antes de ir a la cárcel. Esa es la red que tenemos que salvar.

Y, ya que estamos, salvémonos también del leer por leer, de las acumulaciones de títulos leídos porque sí, de las lecturas obligatorias:

Varios autores y los grandes libros que no han leído

En un ejercicio cuyo objetivo se me escapa, un buen puñado de autores de renombre confesaron qué grandes libros nunca se habían leído. Y digo confesaron porque los mencionaban con una especie de culpa que no termino de entender:

libros no leídos

O, para ponerlo de forma más clara: somos nosotros, no él. No es culpa del autor o del texto; es culpa del lector. Alexander Chee comentó que se había mantenido alejado de otro clásico de (Gabriel García) Márquez en parte por su popularidad, que es la misma razón por la que uno de nosotros evita libros recientes que tienen cuentas de Twitter y de los que se habla en el mundillo literario; a veces, es simplemente mejor esperar a que los cumplidos disminuyan, para que el libro pueda leerse en el silencio de los pensamientos de uno.

Estoy de acuerdo con lo de los libros populares. Como ocurre con cualquier elemento mainstream, a veces se nos quitan las ganas de leer un libro precisamente porque todo el mundo habla de él. Pero comprendo las autoacusaciones: “He de confesar que no he leído…”, “me avergúenza decir que…”. Los propios redactores del artículo parecen enorgullecerse de que algunos grandes escritores sean tan humanos como ellos: ¡tampoco se han leído Cómo matar a un ruiseñor! Puede que este artículo sea el equivalente literario a ver que esa modelo o actriz perfecta que tanto envidiamos acaba de salir en la portada de Cuore con las tetas caídas y los muslos llenos de celulitis.

Creo que algunas obras son importantes; leer obras importantes es necesario en nuestro desarrollo como escritores y lectores. Pero si leyéramos todos los grandes libros, no tendríamos tiempo para leer los libros pequeños, aquellos que nos proporcionan el placer de lectura que nos impulsa a seguir abriendo libros. J. K. Rowling y Laura Gallego no pasarán a los anales de la historia como las mejores escritoras de nuestra generación, pero considero que han hecho más por la lectura en general que muchos de los integrados en el canon de Bloom, en el canon de cualquiera que se crea con derecho a decirnos qué debe permanecer en nuestro inconsciente cultural y qué no.

Si estabas leyendo a Harry Potter en vez de a Harper Lee, bien por ti. Bien por todos nosotros. No dejes la buena lectura de lado, ni la que está oficialmente reconocida como tal ni la que no lo está.

Hay que leer a los grandes. En ellos descubrimos lo más espléndido y lo más terrible del espíritu humano. Pero, por favor, que se acabe esta vergüenza por los libros que no hemos leído y las películas que no hemos visto y los discos que no hemos escuchado, como si la vida fuera una lista que hubiera que ir tachando para quedar bien en nuestros círculos habituales.

Así que hoy vamos a enfocarlo de otra forma:

¿Qué supuestos grandes libros no habéis leído y no sentís la más mínima culpa por ello?


Si te ha gustado este artículo, acuérdate de compartirlo. Y si te gusta el contenido del blog en general, prueba a leer alguno de mis libros:

Lectores aéreos gabriella campbellLectores aéreos (relatos con toques de fantasía tenebrosa): Disponible en Amazon y Lektu (¡solo 2,99 €!). Puedes leer un avance gratuito (para ver si te gusta el estilo y tipo de relato) aquí.

 

el fin de los sueñosEl fin de los sueños (novela postapocalíptica de ci-fi/fantasía juvenil): Disponible en digital y en papel en la página de la editorial (y puede pedirse en cualquier librería).

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Lectores aéreos ya en preventa

mayo 25, 2015 — by Gabriella10

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Lectores aéreos gabriella campbell

Os prometo que ha habido momentos en que pensé que no llegaría este día.

Casas encantadas, drogadictos surrealistas, mantícoras asesinas, videntes con muy mala leche. Corazones de cristal, magos enamorados, reencarnaciones malditas, amantes en universos paralelos.

Todo está aquí, en Lectores aéreos.

Este eBook ya está en preventa a la venta en Amazon. ¡Y solo cuesta 2,99 €!

EDITANDO: En preventa A la venta ahora también en LEKTU (en formato tanto .epub como .mobi).


Nota: Si tienes un blog de reseñas y crees que este eBook podría ser interesante para tus lectores, puedes solicitar un ejemplar de prensa en gabriella(arroba)gabriellaliteraria.com

Y si quieres leer un cachito del libro para ver si puede ser de tu gusto o no, aquí te dejo un pequeño .pdf de avance:

Lectores aéreos avance

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Las bibliotecas más raras del mundo (y otros recortes de la semana)

mayo 22, 2015 — by Gabriella11

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Los anglosajones, con ese amor por la palabra compuesta, nueva, sensorial (a veces extrema) dicen cosas como book porn, y he de admitir que pornografía de libros no me termina de convencer. Así que, hasta que Fundeu no se pronuncie al respecto, voy a hablaros del book porn y de su máximo exponente: la fotografía de bibliotecas.

Oh, sí. Podéis poner todas las fotos que queráis en Instagram de vuestras colecciones monas de libros, de vuestras Billy de IKEA cargadas de tomos enciclopédicos y de novelas antiguas hasta los topes. No podéis competir con una buena biblioteca.

Por eso me encantó el artículo de Allison Meier para Hyperallergic, donde habla de un libro muy especial: el Improbable Libraries de Alex Johnson. Lo único mejor que una estantería sexy es una biblioteca improbable. Aquí os dejo con algunos de mis ejemplos favoritos:

Johnson y las bibliotecas más extrañas

Muchos habéis oído hablar de Alfa y Beto, los biblioburros que recorren Magdalena (Colombia) con libros en sus alforjas. Pero seguro que no conocíais al señor Dashdondog Jamba, que ha viajado por todas las provincias de Mongolia para llevarle libros a los niños. Jamba es escritor, traductor, editor y bibliotecario. Muchos de los libros que presta son suyos, otros son libros que ha traducido e impreso él mismo. Jamba no obtiene beneficios de su labor: aunque es un autor reconocido en su país, todo el dinero que proviene de la venta de sus libros se invierte en la creación de más obras que poder llevar a los sitios más remotos:

Jamba Dashdondog

No es el único, claro. A ciertas aldeas de Laos se va en elefante, como demuestran los participantes del proyecto Big Brother Mouse, que cuentan con Boom Boom entre sus empleados. Boom Boom significa libro en el idioma laosiano:

big brother mouse

Johnson no solo llena sus páginas de animales, también trae otras rarezas y maravillas como el Arma de Instrucción Masiva de Buenos Aires, una escultura itinerante diseñada para poder repartir 2500 libros:

Arma de instrucción masiva

Pero las bibliotecas extraordinarias no se crean solo para llegar a los medios rurales, a los pueblos perdidos. También pueden traer felicidad a los sitios donde, de hecho, más apetece leer un libro. Como a la playa. Esta sí que es una estantería de IKEA que merece la pena (en Bondi Beach, Sídney, Australia):

librería sydney ikea

Si queréis más imágenes de las bibliotecas más raras del mundo, echadle un vistazo al artículo de Meier o, mejor aún, comprad el libro original.

Orwell y la definición del buen escritor

Encontré esta cita de George Orwell en el libro Los ángeles que llevamos dentro, de Stephen Pinker, en un capítulo sobre el desdoblamiento de nuestra conciencia entre la realidad objetiva y el autoengaño. Orwell se refiere en la cita (sacada de 1984) a lo que hace a un buen gobernante, pero yo creo que es aplicable a lo que hace a un buen escritor. El escritor tiene también ese extraño desdoblamiento: por un lado, una parte de nosotros nos dice cuál es la realidad objetiva (eres bueno, eres malo, avanzas pero necesitas mejorar, etc.); por otra, nuestro cerebro intenta convencernos de algo muy diferente, ya sea por sobrestimar (eres la hostia en vinagre y todos los hombres y mujeres de esta habitación quieren tener sexo salvaje contigo; te conviene pensar esto porque así no tendrás que enfrentarte a la incómoda noción de que te queda mucho trabajo por delante) o por subestimar (eres una mierda y todos los hombres y mujeres de esta habitación quieren patearte la cabeza; es más fácil pensar esto y que luego no te lleves ninguna desilusión; es más fácil pensar esto para tener una excusa para no hacer el trabajo necesario para mejorar). Muchos pasamos de una perspectiva a otra de manera constante; otros se quedan en una o en otra, anclados en el autoengaño. Para ser realmente buenos escritores, para llegar a un punto perfecto de aprendizaje, progreso y confianza, hagamos caso de lo que decía el tito George:

george orwell 1984

(…) El secreto para gobernar es combinar una creencia en la propia infalibilidad con el poder de aprender de los errores del pasado.

¿Os imagináis eso? ¿Y si nos creyéramos infalibles? Es decir, ¿y si creyéramos que no podemos fallar, y si tuviéramos toda esa confianza? Eso sí, sería una confianza inteligente, una seguridad fruto de todo lo que hemos aprendido de los errores de nuestro pasado. Y cada vez que fallásemos, no importaría. Volveríamos a creernos infalibles, porque esta vez hemos aprendido; esta vez lo vamos a hacer bien, con todo el conocimiento del que disponemos gracias al fracaso.

Sería un autoengaño maravilloso. Adiós temores, adiós dudas incapacitadoras. Solo seguridad con cada nueva andanza.

Roy Peter Clark y el poder de las partes

Roy Peter Clark, escritor y profesor de escritores, dice que los autores profesionales suelen aprovechar solo un 10% de su material inicial. Todo eso con lo que empezamos (notas, apuntes, imágenes, ideas, esquemas) acabará en gran parte tirado a la basura. No se ha desaprovechado, todo ha sido parte de nuestro proceso mental. Para llegar a las ideas buenas hemos tenido que producir ese 90%. Clark habla de esa recopilación de ideas y material como un proceso muy personal, nada lineal, y no puedo estar más de acuerdo. Conozco escritores que se sientan a hacer un esquema sencillo de exposición-nudo-desenlace y preparan un borrador-esqueleto que luego van desarrollando. Yo lo he hecho en algunos proyectos menores y, sí, puede ser recomendable. Pero ahora mismo me veo sumergida en un caos extraordinario de fragmentos. Me encuentro inmersa en un bucle fabuloso que es la novela en la que estoy trabajando, una suerte de enciclopedia de minutiae cuyas partes crecen, se desarrollan y desaparecen. Es una locura. Es lento, alocado y poco recomendable. Es un montruo, pero estoy enamorada de este monstruo.

Clark dice esto hablando de ensayo y periodismo, pero me he sentido muy identificada como escritora de ficción:

roy peter clark

Este no es un proceso lineal. Para describirlo correctamente, necesitaría unos ciclos rotatorios o de doble hélice. Si no consigo seleccionar nada del material que tengo, me digo: “A lo mejor es que me falta el enfoque”. Si no encuentro el enfoque, me digo: “Tal vez no he reunido suficiente material”. Está siempre como retornando, en ciclo.

Ciclo de eterno retorno, como diría Nietzsche. Apunto, recojo, reflexiono. Enfoco, escribo. Apunto, recojo, reflexiono. Repetir hasta que la novela explote o, en su defecto, llegue el momento de la revisión profunda.

Lo dicho: no hagáis esto en casa.

Sobre todo si acabáis de empezar. Porque es mejor empezar por lo pequeñito, con los bichitos. Primero microrrelatos, tal vez poemas. Luego cuentos cortos. Cada vez irán saliendo más largos. Llegaréis al relato y os sonreírá con su boca descarnada, os morderá con toda su fiereza egoísta y os veréis atrapados por la novela corta. Y luego, grande y hambrienta, llegará la novela, tal vez, a reírse de vosotros. A señalar con su dedo índice alargado e imposible y a exigiros sacrificios de sangre.

Para entonces ya estáis perdidos.

Yo misma y Lectores aéreos

(por fin)

Por suerte para todos, aunque yo ya estoy secuestrada por un dinosaurio ominoso, hubo una época en la que fui sensata y escribí relatos. Escribí bastantes y elegí los que más me gustaban. Los desnudé y destripé, les quité gran parte de esa galantería artificiosa que acompaña siempre a los textos del pasado y los reuní en un libro.

Ese libro sale en preventa en Amazon el lunes.

Se llama Lectores aéreos y quiere que lo compréis y lo leáis. Es la única razón de su existencia. Hay magia, edificios vivos, reencarnaciones criminales, predicciones imposibles, viajeros en el tiempo, amores condenados y un pobre escritor plagiado.

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Y nada más que decir por hoy (bueno, sí, mucho más, pero los artículos han de terminar por algún sitio). Hasta el lunes, hasta el lunes, disfrutad del fin de semana.

Escribid, leed y fornicad salvajemente sobre el sofá de vuestros vecinos. No sé, por proponer algo un poco especial. Que luego acabamos haciendo siempre lo mismo.


 

*Nota: Gracias a Vladimir Vásquez por descubrirme la maravilla que es el recopilatorio online de la Fundación Nieman de Periodismo.

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Anima tu diálogo con la sexposición y una tortilla (y otros recortes literarios)

abril 17, 2015 — by Gabriella0

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Como todos los viernes, tengo mucho que contaros. Así que vamos directos a lo que vamos. A los mejores recortes de esta semana.

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¿Por qué lo llaman fantasía cuando quieren decir Tolkien? Cuatro medias verdades sobre el género fantástico

marzo 24, 2015 — by Gabriella29

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Hace no demasiado, escuché a un señor muy ilustre decir que no le gustaba la fantasía.

Se levantaron oes y aes entre los asistentes a su discurso (que no eran muchos, como en tantos discursos relacionados con lo fantástico), y exabruptos variados ante tal atrevimiento (algunos míos, lo reconozco). Con media sonrisa sabia, lo repitió: «No, a mí no me gusta la fantasía. Todos esos elfos y dragones y todo eso. No, a mí lo que me gusta es ese tipo de literatura que parece realista, donde puede llevarse todo hasta el límite, donde ocurren cosas maravillosas y extraordinarias». No fueron sus palabras exactas (mi memoria no es tan buena, y ese día todavía no había instalado Evernote en el móvil1), pero nos puso algún ejemplo y diríase que estaba hablando, sin saberlo, de la fantasía urbana. Podría también haberse referido al surrealismo, al realismo mágico o al slipstream en general, pero lo que me quedó cristalino es que confundía un apartado de la fantasía, la fantasía épica, con todas las variantes que pueden incluirse dentro del género.

Y no es rara esta confusión, desde luego. Siempre he escuchado a profesionales y expertos del género hablar de las diferencias entre ciencia ficción y fantasía (o entre fantasía y cualquier otra cosa), argumentando, una vez más, lo de los elfos, los mundos inventados, la magia y etc. Como si la fantasía se redujera a eso, o como si no existieran pasos entre los dos, puentes e híbridos. También hay debates interminables acerca de si es más fácil escribir fantasía o ci-fi. Yo diría que depende de cómo escribas y, ante todo, del tipo de fantasía o de ci-fi que escribas.

Tolkien es un referente imprescindible. Pero también ha hecho mucho daño. Él tampoco escribía de cero: tomaba temas y aspectos que se habían tratado antes, pero supo crear un mundo realmente inspirador. Tras él llegó una cola de imitadores dispuesta a seguir proporcionándonos historias de magos y héroes y enanos y trols. En un país y en una época en los que no era fácil encontrar fantasía que se apartara de esa cola, muchos crecimos asumiendo que Tigana era lo más raro que íbamos a leer dentro de ese género. Había honrosas excepciones (Ende se mantenía fijo en las estanterías de todos con Momo y La historia interminable, pero se le consideraba más un autor de “libros para niños” que un excepcional autor de fantástico). Por lo menos, creo que fue esa la experiencia de muchos de los que dependíamos de centros comerciales y de la paga semanal que nos daban nuestros padres para comprar libros.

Hice lo que muchos y recurrí a lo que se publicaba en esos momentos en otros países. Por suerte, yo era una chavala privilegiaba; mi padre viajaba mucho y me traía libros (¿recordáis aquellos tiempos preAmazon, preBookDepository, prePaypal?). Leer a Diana Wynne Jones cambió mi noción de lo que era fantasía (y lo que era juvenil) para siempre. Y luego le robé libros de Clive Barker a mi tía, conseguí convencer a mis padres de que los libros de Anne Rice no contenían sexo (¡no, para nada!), y de ahí me fui de perdida al río. Al final, tras libro tras libro de Dragonlance, la mayoría acabamos por cansarnos de los elfos, los enanos y las espadas y los conjuros, y decidimos cambiarnos de bando.

Fenómenos más recientes como Harry Potter han ayudado a deshacer, en parte, este daño de cara a la mayoría, esta percepción limitada de lo fantástico. ¡Una escuela de magos también puede ser fantasía! Pero Rowling no nos ha descubierto nada nuevo, en realidad; ahí estaba antes la ya mencionada Wynne Jones haciendo lo mismo con Witch Week y similares, o Jill Murphy con The Worst Witch. Pratchett empezó a copar las listas de superventas con algo casi inconcebible para el lector medio (¡fantasía cómica!), seguido al poco por Robert Rankin o Tom Holt, todos en la estela del maestro Douglas Adams.

Muchos lectores, del mismo modo que no asocian 1984 o Un mundo feliz con el término ciencia-ficción, no asocian Harry Potter con fantasía. Son libros para niños, para jóvenes. Fantasía son elfos, y espadas, y señores viejos de barba blanca que van con bastón, aunque no lo necesiten para caminar.

«Es que en el mundo hispanohablante no hay tradición de fantasía», he escuchado argumentar. Desde El Quijote hasta Cortázar, pasando por Borges y Bécquer, yo diría que tenemos una tradición fantástica fantástica, valga la redundancia. Tenemos también tradición épica: ahí tenéis el Cid, que no era precisamente realista. Pero seguimos pensando en elfos y magos y enanos.

Así, llegamos a esas sentencias que muchos, como yo, habréis oído en más de una ocasión, expuestas de una manera u otra. Los que seáis habituales del género no aprenderéis nada nuevo con este artículo, sin duda, pero os sorprendería (o no) descubrir la cantidad de lectores mainstream que creen lo siguiente a pies juntillas:

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Sorteo de libros de marzo: Reyes de aire y agua, y El color de la magia

marzo 23, 2015 — by Gabriella2

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Como ya sabéis, durante los últimos meses he estado sorteando libros en la lista de correo, generalmente ebooks escritos por autores españoles. Mas el sorteo de este mes no será como el de otros meses. Por razones, circunstancias y porque me viene bien y me apetece, este mes sortearé dos libros en papel. Y uno de ellos no será de un autor hispanohablante.

¿Cómo participar en el sorteo? Es muy sencillo. Solo tenéis que estar apuntados a mi lista de correo. Pinchad en este enlace, meted vuestro email y hala, facilísimo. Y si ya estabais apuntados, entráis automáticamente en el sorteo, no tenéis que hacer nada de nada.

Ahí van los dos títulos de este mes:

Reyes de aire y aguaReyes de aire y agua, de Jesús Fernández. He tenido una experiencia peculiar con este libro. De hecho, solo he leído la mitad. Este recopilatorio de relatos de Fernández es una muestra preciosa de cuentos de hadas y leyendas, todos con el toque muy personal de su autor.

La cosa es que últimamente no me apetece nada leer este tipo de fantasía. Me pasó con Stardust, de Neil Gaiman. Me parece un gran libro, pero me costó acabarlo. A veces que un libro sea bueno no es suficiente, tiene que apetecerte la temática.

Estuve dudando acerca de si sortear esta obra. ¿Cómo podía recomendar un libro que no he terminado? Pero creo que porque a alguien no le tire o guste un libro no significa que sea un mal libro. Todos los libros no son para todas las personas, y el trabajo de un lector profesional es saber analizar una obra independientemente de sus gustos y preferencias personales. Y en mi análisis yo diría que este es un libro excelente. (Y he de añadir: no sé a vosotros, pero la ilustración de Olga Esther para la portada me parece preciosa).

La prosa de Fernández es lírica sin ostentación, fluida y con un ritmo propio, casi melódico, perfecta para los temas que trata. Los relatos juguetean entre los límites de la fábula (Wendy de los gatos), la leyenda (Rafensthalf) y el cuento de hadas tradicional (El rey que no podía dormir). No son cuentos solo para niños, aunque estoy segura de que los niños los disfrutarán muchísimo, sino para cualquier lector amante de la fantasía popular, de la imaginación, de las historias narradas a la luz de la lumbre. En resumen, quiero sortear este libro para que llegue a las manos de alguien que aprecie toda la belleza y sentido de la maravilla que tiene que ofrecer. Y la editorial Cápside ha sido tan amable como para ofrecerme un ejemplar en papel. Así que el ganador o ganadora del sorteo recibirá en su domicilio un ejemplar físico tanto de este libro como de…

El color de la magiaEl color de la magia, de Terry Pratchett: Tras la muerte de sir Terry, muchos usamos un hashtag (#miprimerPratchett) para decir cuál había sido el primer libro de este autor que habíamos disfrutado. A mí me gustaría hacerle un pequeño homenaje a uno de mis escritores favoritos (o el favorito, directamente) regalando el primer Pratchett que leí: El color de la magia. Aunque por orden cronológico es el primer libro del Mundodisco, no sé si es el mejor para empezar, ya que la prosa es un poco más densa y el humor todavía no había encontrado su ritmo pratchettiano particular. Para mi gusto particular, Pratchett tardó un par de libros más en encontrar su voz (la diferencia de estilo entre La luz fantástica y Ritos iguales ya es apreciable, y a partir de ahí se desarrolló hasta llegar a algunos de sus libros más representativos, como Mort o Brujas de viaje). El color de la magia no es mi libro favorito del Mundodisco (eso se lo reservo a Regimiento monstruoso, pero mira que cuesta elegir), pero sí fue el primero que leí, atraída por la extravagante portada de Josh Kirby. Así que querría compartirlo con vosotros.

Si ya sois fans de Terry y ya habéis leído El color de la magia, ayudadme a difundir la Palabra. Si te toca el libro y ya lo tienes, regálalo a alguien que sabes que lo disfrutará.

Ahí los tenéis. Quien gane el sorteo se llevará estos dos libros muy mágicos. A final de mes recibiréis un correo con el resultado.

Y ahora os dejo, que ya sabéis lo que cuesta ponerse al día con todo tras el fin de semana.

¡Feliz lunes!