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Cómo sacarle provecho a un taller literario

agosto 25, 2017 — by Gabriella6

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Como recordaréis —porque no dejo de recordároslo y por tanto es normal que lo recordéis—, hace poco más de un mes di un taller literario en el marco del muy fantástico festival Celsius de Avilés.

El taller se llenó hasta los topes (que no eran pocos) y pasamos unas horas bastante agradables (¡por lo menos para mí! ¡Y vosotros os reíais de mis chistes malos!). Hicimos una sesión por la mañana presentando conceptos básicos (como qué debe contener un contrato editorial, qué implica la autoedición, cómo escribir a editoriales, etc.) y otra por la tarde, en la que hablamos de mercadotecnia.

Cuando doy cualquier tipo de curso, charla o conferencia, me gusta repasar la experiencia y analizar los resultados para ver en qué puedo mejorar. Pero hoy se me ha ocurrido que también podría analizar en qué pueden mejorar los alumnos: es decir, de qué manera pueden sacarle el máximo rendimiento a la experiencia de un taller literario, ya sea mío o del mismísimo Stephen King.

Así que aquí van algunas ideas, que espero que os sirvan. Espero que me contéis si estáis o no de acuerdo con ellas, y si se os ocurre alguna más:

taller literario

1. Revisa tus datos

Durante el taller pedí a los asistentes que escribieran en una lista su nombre y correo electrónico. Mi intención era enviarles el guion del temario por email, para que no tuvieran que copiar a mano dicho guion mientras yo lo proyectaba (me gusta que la gente tome notas, pero si alguien intenta apuntarlo todo se encontrará con que se ha perdido gran parte de la experiencia).

Tal y como prometí, al cabo de una o dos semanas envié el guion a los emails de mi lista.

Si tienes que dar tus datos en algún momento de un curso o taller, asegúrate de que están bien, ¡revísalos! Y si tienes que escribirlos a mano, hazlo con una letra bien clara (las mayúsculas ayudan para esto). De los 66 emails que mandé, 8 nunca llegaron a su destinatario. ¡Eso es más de un 10%!

2. Si el taller es gratuito, trátalo como si fuera de pago

Voy a hacer una observación que tal vez sea algo polémica, pero dejad que me explique:

Los asistentes a talleres gratuitos tienden a aprender menos que aquellos que acuden a talleres o cursos de pago.

No me lo estoy inventando. Es algo que he ido viendo de un tiempo a esta parte. No tiene una precisión absoluta; es, ya digo, una tendencia.

¿Por qué ocurre esto?

La primera razón, y la más aparente, es que un taller gratuito ofrece menor valor y calidad que uno de pago, y por tanto los alumnos aprenden y se interesan menos. Esto puede ser cierto, pero no es una ley. En mi caso, mi esfuerzo es el mismo. No “recorto” empeño ni contenido por hacer algo de manera no remunerada.

La segunda es una simple razón psicológica: solemos tener un nivel de compromiso mayor hacia aquello en lo que hemos invertido algo, ya sea dinero, esfuerzo o tiempo.

Me refiero a que los alumnos que pagan por un servicio de enseñanza siempre lo exprimen más. Recuerdan mejor lo aprendido y buscan aplicaciones prácticas. Esto es normal: uno no quiere pensar que ha tirado el dinero. Y si soltó pasta para empezar, es porque el interés es real y apremiante, no mera curiosidad. Esto tampoco se cumple al 100%, por supuesto: hay asistentes a talleres y cursos gratuitos que le sacan muchísimo provecho y alumnos que sueltan cantidades altas de dinero para formación que luego no usan. Pero en mi experiencia esas son las excepciones.

Esto me lleva a pensar que si te estás planteando acudir a alguna actividad literaria gratuita que podría ayudarte como escritor/a, tal vez sea efectivo que te mentalices para tratarla como una actividad de pago. ¿Cómo actuarías si hubieras tenido que hacer un esfuerzo económico para asistir? ¿Qué harías de forma diferente?

taller literarioEjemplo gráfico de alumnos que sacan provecho de mis talleres.

Lo que me lleva al siguiente punto, fundamental:

3. Haz un seguimiento de lo aprendido

Entiendo que estamos en verano y que muchos están de vacaciones o descansando, pero aun así me sorprendió ver que solo un 67% había abierto el correo donde les mandaba el material. Probablemente parte acabaría en carpetas de promociones o spam, pero creo que es una buena idea insistir en que si asistes a cualquier curso o taller, te cundirá mucho más si realizas una labor de seguimiento.

¡No te limites a sentarte y escuchar! Apunta lo que te interesa y revisa tu material unas semanas después. Si no has recibido el material que correspondía, contacta con la persona encargada.

4. Busca aplicaciones prácticas

La teoría está muy bien, pero la mejor forma de aprender está en el ejercicio. La próxima vez que acudas a cualquier tipo de clase, conferencia o taller, ponte como objetivo apuntar un mínimo de tres acciones reales, tangibles, que puedes llevar a cabo en tu vida real de escritor avezado.

Y comprométete a usar esas acciones. Ponte alarmas en el calendario, metas en tu aplicación o libreta favorita, marcas con estrellitas en tu bullet journal… lo que a ti mejor te sirva.

taller literarioPepe sabía que aquel taller literario solo era el primer paso en su plan de dominación mundial.

Tu tiempo es muy importante. Si has dedicado varias horas a escuchar a alguien que (esperamos) sabe algo de lo que está hablando, no dejes que esas horas queden en la ignominia del desperdicio.

Porque para eso puedes ver una serie, por ejemplo. Te recomiendo The Young Pope.

5. ¡Habla con el profe!

En los cursos o conferencias, muchos de los asistentes buscan no solo aprender, sino un contacto personal con la persona que da el curso. Tras las charlas, suelo tener un grupo de personas que quieren conversar, preguntar dudas o simplemente presentarse. ¡Un taller también es una oportunidad de hacer conexiones molonas!

Y a mí me encanta. Para mí es el mejor momento, porque ya me puedo despreocupar del trabajo propiamente dicho y hablar con los asistentes de un modo más personal.

taller literarioMe siento así cuando habláis conmigo, palabrita.

Por alguna razón, en este último taller tuve la sensación de que muchos huían lo antes posible.

Esto puede deberse a varias razones:

  • Doy un poco de miedo (poco probable).
  • Lo hice tan mal que tenían que salir corriendo, horrorizados (posible).
  • Todos se estaban meando (bastante posible).
  • Había algo importante que empezaba justo cuando yo terminaba (muy posible, teniendo en cuenta la programación del festival Celsius).
  • Les daba vergüenza dirigirme la palabra (misteriosamente posible).

Allí había mucha gente joven. Tengo la sensación de que en esa sala ocurría lo que me ocurría a mí en la universidad: no quería ser la pelota que se acercaba a hablar con el docente al finalizar la clase.

¡No os cortéis, en serio! ¿De quién me voy a acordar, de la persona al final de la sala que desapareció misteriosamente o de alguien que vino a saludar y presentarse?

Si esto te da demasiado apuro, hay una forma muy sencilla de solucionarlo. Si vas a ir a un taller, unos días antes mándale al profesor o profesora un email. Simplemente con decir que te hace ilusión asistir, o preguntarle si tratará algún tema concreto, puedes obtener una respuesta. Y luego solo tienes que acercarte, decir que eres la persona que mandó ese email y darle las gracias por la charla. ¡Facilísimo!

6. ¡Haz preguntas!

A veces en las presentaciones, cursos y talleres, a la gente le falta tiempo para preguntar cosas. Pero otras veces se produce un silencio incómodo, mientras me quedo a la espera de que alguien diga algo. Me niego a creer que el 99% de las personas que están en una sala porque vienen a aprender sobre el tema que se está tratando no tienen ABSOLUTAMENTE ninguna duda sobre lo que habíamos hablado.

Lo entiendo. Yo soy tímida e introvertida. Pero he descubierto que quedarse con las ganas de preguntar es una tontería. Y eso que os ronda por la cabeza podría afectar a muchas más personas de la sala. No hay nada tan deprimente para alguien que habla en público (y reconozcámoslo, a todo el mundo le cuesta hablar en público) que terminar su charla, abrir ronda de preguntas y que suenen los grillos.

taller literarioConsejo: Antes de preguntar, valorad vuestro índice de deseabilidad. Muchos profesores no responderán a personas con un índice de belleza por encima del suyo. Volved a vuestras casas perfectas, gentuza.

7. Habla con otros asistentes

Esto es difícil, lo admito. Pero como dije en el taller del Celsius: los amigos que hagáis entre otros escritores son los contactos que tendréis dentro de uno, dos y quince años. Y muchos de esos contactos podrán ayudarte, al igual que tú podrás ayudarlos a ellos.

Esto tampoco quiere decir que seas pesado/a. Aprende la diferencia entre amabilidad e interrumpir conversaciones privadas, apuntarte a cosas a las que no estás invitado o escribirle a alguien todos los días porque todavía no ha contestado tu email de 8000 palabras.

8. ¡Sonríe!

Esto os parecerá la tontería del siglo, pero prometo que no es así.

Cuando alguien habla para un público, busca una respuesta a su comportamiento y actuación, para saber si está llegando a dicho público o haciendo el ridículo de su vida. Busca además un reflejo: si quien habla sonríe, encontrará sonrisas en su público, que imitan su gesto facial de manera no consciente, porque están entendiendo y disfrutando el discurso.

En todos los públicos hay gente que sonríe y gente que no sonríe. Gente que tiene una cara de palo tremenda. Es frustrante, porque a veces tienes la sensación de que no les está gustando lo que haces, que lo estás haciendo mal.

Lo sorprendente es que a veces luego esas personas tan serias te dicen lo mucho que lo han disfrutado. Y tú ahí sufriendo, agobiada, por el desastre.

Así que si te lo estás pasando bien, si estás aprendiendo, sonríe.

Si no, no sonrías.

¡Pero dejad de confundirme, c*****s!

 


Notas:

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Cosas inesperadas que los escritores podemos aprender de Steve Jobs (y otros recortes literarios)

septiembre 11, 2015 — by Gabriella22

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Antes de nada, el disclaimer necesario. No soy una fangirl de Jobs, ni me gusta Apple.

De hecho, en mi familia, Apple es una palabra prohibida. Mi padre trabajó con los primeros ordenadores en Londres, con macrosistemas que ahora nos harían llorar, con lenguajes de programación que han enloquecido a más personas que los primigenios de Lovecraft. Mi hermano es un obseso del hardware, y para trabajar con hardware y modding y con personalización absoluta, el PC es el rey.

Ya. Igual se quedaron todos un poco decepcionados cuando a mí me dio por la literatura.

Hay mucho que se discute sobre la figura de Jobs. Que si fábricas de Apple en países asiáticos con empleados a nivel esclavo, que si tenía un mal genio alucinante, que si traicionó a más de uno… Etc. Sobre eso hemos leído todos. También sabemos que de joven tenía un parecido asombroso con Ashton Kutcher.

Todo esto no quita que personas como Jobs nos fascinen, tanto por su carisma como por su obvia genialidad. ¿Pero qué es realmente lo que convirtió a Jobs en un rey de multitudes, en un referente en la industria? Bastardos (si es que era tan malvadísimo como lo pintan algunos) hay por todas partes. ¿Hay algún punto en común, alguna habilidad especial que se observe no solo en él, sino en otros emprendedores del mismo alcance, personas como Richard Branson, Elon Musk, Jeff Bezos y similares?

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8 atajos para recuperar la motivación (y otros recortes literarios)

septiembre 4, 2015 — by Gabriella6

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Aburrimiento. Indecisión. Sin metas fijas, sin ilusiones. Sin saber hacia dónde tirar. Sin motivación.

¿Te suena de algo?

La motivación no es determinante para conseguir algo: lo determinante es el trabajo diario y para eso nunca hay motivación suficiente. Aun así la perseguimos, a la busca de la nueva emoción, de ese subidón que nos da comenzar un nuevo proyecto o leer un libro que nos restaura la fe en nosotros mismos.

Hay detonantes, trucos que nos permiten volver a ponernos en el camino adecuado o, por lo menos, en el camino menos nefasto (ese que conduce a la abulia y a la desesperanza). Atajos para recuperar la ilusión.

De eso quiero hablaros hoy.

A riesgo de pisarme con mi artículo sobre cómo volver a enamorarte de la escritura, creo que merece la pena comentar los hacks para recuperar la motivación que propone Steve Pavlina. Más que nada porque no solo sirven para darle un acelerón a tu escritura, sino también a tu vida en general.

Pavlina es un ser polémico y yo misma desconfío de mucho de lo que escribe. En el último par de años se ha vuelto un poco demagógico para mi gusto y tiene salidas new age que a veces huelen a pseudociencia y a espiritualismo exacerbado. Pero eso no quita que, cuando no está hablando de talleres de crecimiento personal, de subjetivismo extremo y de su comunión con el mundo, siga proporcionando contenidos realmente buenos. Recomiendo su blog también por sus experimentos variados, desde el sueño polifásico hasta el poliamor y el BDSM. No se corta un pelo y personalmente admiro mucho su valentía a la hora de enfrentarse a supuestos fundamentos de nuestra vida diaria.

Pero vamos a lo que vamos. Hace poco publicó en su blog un artículo con atajos para volver a encender la chispa de la motivación. Aquí los traigo, calentitos:

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6 formas de acabar con la procrastinación (que realmente funcionan)

julio 14, 2015 — by Gabriella55

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Oh, la procrastinación. “Vuelva usted mañana“. Enemiga de musas, premios, resultados. Triste nombre (bueno, triste no, como palabra me parece megabonica) para definir esa sensación de inevitable aplazamiento, ese bucle infinito de “ya lo haré luego”.

A menudo la procrastinación se convierte en una entidad casi superior, en un ataque directo a nuestro poder de decisión, al igual que esa vocecilla de “eh, tienes que terminarte esa bolsa de patatas fritas, no vas a dejarlas ahí, ¿verdad?”. Es una pérdida de control, una patada al lóbulo frontal del cerebro. Uno se rinde a su destino y su destino es no terminar nunca nada (ni dejarse sin vaciar una bolsa de patatas).

Lo gracioso es que esa especie de divinidad malévola ni siquiera existe. Claro que podemos dejar sin terminar la bolsa de patatas (¿y dejarlas ahí? ¡Qué desperdicio!). Claro que podemos hacer esa tarea ahora mismo (¡pero por qué, si mañana también puedo!).

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El método de Bradbury para lidiar con el rechazo editorial (y otros recortes de la semana)

abril 24, 2015 — by Gabriella14

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Creo que para mí el mejor momento de la semana es el viernes a mediodía, cuando compongo el artículo de recortes para el blog y me tomo la primera cerveza del finde.

Es como hacer un repaso sesudo de lo más interesante que has leído en los últimos siete días, mientras te aseguras de ir mermando poco a poco tus capacidades intelectuales. Es un poco como rendirse y decir “ya está, ya lo he dado todo. Ahí tenéis todo lo que he pensado desde el lunes. Ahora ya no tengo que pensar más“.

Como todas, ha sido una semana intensa, de trabajar mucho y de realizar una serie de enfrentamientos físicos y emocionales que me han dejado exhausta. Se suponía que esto de enfrentarte a tus temores te hacía más fuerte, ¿no? A mí siempre me deja temblando. Desde hace un tiempo tengo la idea de que si algo es difícil, razón de más para hacerlo. Ya sabéis, lo que dicen en todos los libros de autoayuda. Hay otra cosa que no te dicen los libros de autoayuda: el 90% de las veces te vas a llevar la hostia. Las razones por las que tenemos miedos muchas veces son lógicas. Las cosas son difíciles porque son difíciles, si no, las haríamos sin pensar.

Pero creo que el 10% de veces que no te llevas la hostia ocurren hechos sorprendentes. Y así no me quedo nunca sin ideas para relatos y siempre tengo algo que contarle a la gente en reuniones de esas incómodas en las que pasa un ángel y nadie tiene nada interesante que decir.

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9 maneras de conseguir algo cuando no tienes fuerza de voluntad

enero 27, 2015 — by Gabriella23

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Disciplina. Voluntad. Motivación.

Esos tres santos griales de cualquier persona que busque conseguir algo, ser productiva, progresar. Los tres santos griales de los que trabajamos desde casa. Santísimos para los que nos dedicamos, además, a tareas creativas.

He llegado a la conclusión de que esas tres palabras son contraproducentes. Mentirosas, incluso. Nos han vendido desde niños que podemos hacer las cosas si queremos. Podemos evitar la tentación con fuerza de voluntad. Podemos progresar con disciplina y trabajo duro.

¿Pero qué ocurre cuando esa voluntad se te escapa entre los dedos? Sigues intentando una y otra vez hacer lo mismo, tener disciplina, y cuando fallas te sientes culpable. Te sientes inútil.

Hace un tiempo leí una entrevista a la escritora Julie Fast, que había sacado un libro llamado Get It Done When You’re Depressed (Cómo hacer las cosas cuando estás deprimido). Tal vez la depresión sea un ejemplo extremo, pero los que hayáis pasado por ahí sabéis lo imposible que parece todo. La escritura, en concreto, es una de las profesiones más asociadas a este problema. Pero yo diría que todo el mundo tiene momentos de bajona, momentos en los que cuesta salir de la cama por la mañana. ¿Cómo conseguimos alcanzar nuestras metas, sobrevivir al día, en esas circunstancias?

Julie admite que se pasa deprimida el 75% del tiempo. Y sin embargo es una escritora productiva. ¿Cómo es posible?

No puede ser una cuestión de tener fuerza de voluntad. Uno no tiene de eso cuando está deprimido.

Bebiendo de las experiencias de Julie, de las mías propias y de todo lo que he podido encontrar, yo diría que tiene poco que ver con la voluntad y la disciplina, y tiene todo que ver con el sistema, con la planificación.

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15 cosas que los escritores estamos haciendo fatal en las redes sociales

enero 9, 2015 — by Gabriella33

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Socmed_-_Flickr_-_USDAgovAh, las redes sociales. Ese otro universo virtual donde vamos a comunicarnos, promocionarnos o perdernos. Qué de moda está ahora escribir sobre etiqueta y comportamiento en el mundo de internet. Y es que parece increíble, pero ahí fuera hay bastantes personas que no saben comportarse en las redes sociales. Es posible que tampoco sepan comportarse en la vida real, porque las reglas de educación y respeto tampoco son tan distintas.

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Los 4 secretos del éxito (que no son nada secretos)

enero 6, 2015 — by Gabriella1

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3941048713_1acf5ee1eb (1)¿Sabéis eso que dicen: “alcanzar el éxito es sencillo, pero no fácil”?

Esto lo he escuchado respecto a todo tipo de objetivos. Por ejemplo, el proceso para dejar de fumar es sencillo. Simplemente no fumas. ¿Es fácil? Pregúntale a millones de fumadores. Aplíquese lo mismo a cualquier otra adicción: alcohol, azúcar, heroína, cafeína, Facebook, Juego de tronos, lo que quieras. El proceso, sobre el papel, no puede ser más sencillo: no consumas. Y qué difícil llevarlo a cabo.

Ocurre lo mismo con otro de nuestros propósitos favoritos de año nuevo: perder peso. A no ser que tengas determinados problemas de metabolismo u otras complicaciones de salud, sobre el papel no puede ser más sencillo: más ejercicio, comer mejor. Mayor salida de calorías, menor entrada. Luego nos complicamos mucho. Que si mejor proteína que hidratos de carbono, que si grasas animales o vegetales, que si lácteos sí o no, que si ejercicio aeróbico o anaeróbico… Nos hacemos planes complejísimos y necesitamos estructuras rígidas para desarrollar hábitos, porque por muy fácil que sea en apariencia (menos consumir calorías, más quemar calorías), en la práctica se nos resiste una y otra vez.

Claro que hay planes más complicados. Decir “alcanzar el éxito” puede significar cualquier cosa. Puede significar sacar un libro y que venda tropecientas mil billones (europeos) de unidades. Puede significar tener un millón de euros. Puede significar doctorarse y encontrar trabajo en España (aunque ni siquiera sé si eso es humanamente posible). Pero creo que hay algunos puntos en común: queremos alcanzar una meta. Y hay algunas directrices que tienden a ponernos en el buen camino.

Me hizo ilusión recibir un email reciente en el que el creador de AppSumo, Noah Kagan, hablaba de cómo habían llegado este año a un billón (americano) de personas. No sé si conocéis AppSumo. Básicamente es un servicio (que funciona sobre todo por lista de correo) de promoción y descuento de apps, un poco a lo Groupon pero para software. Pero no para cualquier software; se especializan en aplicaciones dirigidas a emprendedores y diseñadores (también hacen alguna cosilla para escritores, de hecho la primera vez que escuché hablar de Scrivener fue en uno de sus emails). Aparte de que ofrecen descuentos siempre muy fenomenales, regalan una pechá de cosas útiles de su propia cosecha, sobre todo para blogueros y usuarios de WordPress. Está claro que esta dinámica de cuidar a sus usuarios les ha funcionado muy bien; su crecimiento ha sido espectacular.

¿Por qué os cuento esto? No porque AppSumo me pague una comisión ni porque esté afiliada a ellos de ningún modo. Igual mañana me entero de que en realidad son unos capullos sin ética ninguna y que esos tacos de los que tanto hablan en realidad están aderezados de sangre de gatito. Pero en el email en el que hablaban de su astronómico progreso, su fundador mencionó los cuatro puntos que él cree que son los que los han llevado a la cima, sus cuatro secretos del éxito. Me gustaría compartirlos con vosotros, porque desde luego son aplicables a cualquier meta o propósito:

1. Un objetivo claro. El objetivo de AppSumo parecía una locura: querían llegar a mil millones de visitas a su página web. Pero decidieron partir este gran objetivo en metas pequeñitas: objetivos de tráfico mensual y semanal, para no perder el entusiasmo ni la constancia. La lección que aprendemos es la siguiente: concéntrate en alcanzar un solo objetivo (aunque sea una locura) y te sorprenderá todo lo que puedes conseguir. Además, por experiencia puedo atestiguar que, aunque no lo consigas, te sorprenderá lo lejos que has llegado.

2. Elimina las distracciones. Todo lo que no ayude a que alcances tu objetivo debe eliminarse. A la hora de enfrentarte a un nuevo proyecto, hazte LA PREGUNTA: ¿ayuda esto a alcanzar mi objetivo? Si la respuesta es no, adiós y muy buenas, nuevo proyecto. Y quien dice proyecto dice, me temo, personas, aficiones y todo lo demás. Es lo que tienen los objetivos, que son exigentes. Con esto quiero decir que si lo que quieres es dejar de fumar, no es buena idea rodearte de fumadores, por ejemplo. (Este tipo de eliminación también ayuda a ver hasta qué punto queremos/necesitamos/estamos dispuestos a sacrificarnos por el objetivo). Lo cual nos lleva al siguiente punto:

3. Rodéate de los mejores. El éxito no está en los grupos grandes de personas, sino en los grupos bien coordinados de personas de talento. Esto es verdad en el mundo empresarial y es verdad en el día a día. Supongo que estaréis de acuerdo conmigo en que es mejor tener un grupo pequeño de amistades alucinantes que os inspiran, apoyan y os dan una patada en el culo cuando sois cobardes o vagos (y que son capaces de identificar cuándo estáis siendo cobardes o vagos), que tener muchísimos conocidos que no hacen más que deprimiros y/o fomentar las actitudes y vicios que os llevan al estancamiento. Como dice Noah, “si quieres hacer cosas extraordinarias no puedes rodearte de personas ordinarias”.

4. Diviértete. Este es el que siempre se me olvida, y que últimamente estoy recuperando. A veces te obsesionas tanto con tus metas que te olvidas de disfrutar. Había olvidado lo divertido que podía ser escribir. Había olvidado lo divertido que podía ser trabajar con clientes geniales (sabéis muy bien quiénes sois) y con gente genial (yo creo que hago las entrevistas relámpago solo como excusa para interactuar con escritores interesantes). Claro que todo no va a ser fácil y emocionante, pero está bien acordarse de las cosas chulas (Desigual ha estropeado ya esta palabra para mí para siempre) que nos encantan y disfrutar de ellas.

¿Qué añadiríais a estos cuatro puntos? Yo echo en falta algo que es de cajón: la persistencia. El trabajo diario, sin falta. Considero que es indispensable para todo. Y tomemos buena nota del detalle de las metas mensuales y semanales, no solo nos ayuda a tener mejor perspectiva de lo que queremos, sino que para proyectos largos como puede ser la escritura de una novela (ejem), son necesarias para tener la sensación de haber conseguido algo a un plazo más corto, y no volverse loco de desesperación.

Y hablando de metas y progreso…

NOVEDADES

(o de cómo me aprovecho de que os acabáis de leer este artículo sobre temas interesantes que trata gente interesante para contaros cosas mías):

-Después del desafío Beeminder de invierno, que terminé con éxito relativo (hubo un par de cosillas en las que fracasé, qué le vamos a hacer, pero con todo lo demás estoy muy contenta), ya os dije que este 2015 me iba a concentrar en lo más importante: leer y escribir. He sido tremendamente productiva este mes, y espero que en unas semanas pueda ya ofreceros por fin en ebook mi libro de relatos. Se han producido algunos cambios: pasa a llamarse Lectores aéreos y, como no terminaba de convencerme la portada que había diseñado, he preferido recurrir a otro tipo de cubierta (en concreto: adquirí una cubierta prediseñada. Os hablaré pronto de esta opción, que me parece muy válida para el mundo del ebook, debido a su bajo precio y aspecto profesional). Os la enseñaré muy pronto, a mí me encanta y espero que a vosotros también.

-El libro es una compilación de relatos: incluye algunos de los relatos cortos que publiqué aquí en el blog, pero en su mayoría son relatos largos e inéditos. En principio solo tengo previsto sacarlo en ebook.

-Si no estáis apuntados ya a la lista de correo, id corriendo al cuadrito que tenéis para ello en el menú a vuestra derecha y hacedlo, porque voy a hacer una promoción del libro que creo que os interesará bastante (spoiler: habrá un número limitado de ejemplares gratuitos). También anunciaré pronto los libros de otros autores que se sortearán este mes: si todo va bien os adelanto que habrá algo de juvenil y algo de ciencia-ficción/fantasía muy bien escrita y un tanto inclasificable. En resumen: si queréis estar al tanto de todo lo relacionado con el libro nuevo y con los sorteos en general, apuntaos a la lista. Solo os llegará un correo de vez en cuando, no soy nada pesada (y os podéis “desapuntar” cuando queráis).

-Del mismo modo, si eres reseñador o bloguero y te gustaría reservar una copia de prensa para hablar de mi libro de relatos en tu web, puedes enviarme un email a gabriellavc(arroba)yahoo.es Una nota: este texto no es juvenil, o por lo menos una editorial al uso no lo clasificaría como tal, debido al contenido sexual y en ocasiones violento.

¿Y qué hay de tus otros proyectos, Gabriella?

¡Pensé que nunca me lo preguntarías, Gabriella!

-La novela de siempre sigue corrigiéndose a paso lento pero seguro. También estoy escribiendo una novela corta ambientada en el mismo universo.

-Por otro lado, he escrito una novela corta de ciencia ficción. Hay muchas drogas y tetas. Me lo he pasado como una niña pequeña (si las niñas pequeñas hablaran de drogas y tetas).

-Hay otros proyectos en manos de editoriales. Mis dedos siguen cruzados y todas esas cosas.

Que parece que no, pero madre mía todo lo que he escrito este año.

 

Feliz día de Reyes a todos. Espero que os hayan traído todo lo que vuestro corazoncito podría desear.

 

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Los 33 mandamientos de un lector (traducción de un artículo de Austin Kleon)

noviembre 25, 2014 — by Gabriella15

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Leer no es solo un acto que realizamos porque nos gusta, o porque nos obliguen o porque nos convenga.

Leer lleva asociado tantísimo más: es una acción cultural.

Tener un libro en las manos nos define, hace que los demás tengan expectativas acerca de nuestros intereses y conocimiento, incluso que nos juzguen.

Creo que estos 33 puntos de Austin Kleon resumen bastante bien la experiencia lectora, así que le pedí permiso para traducirlos y compartirlos con vosotros, y muy amablemente me lo concedió.

Si no sabéis quién es este señor, es el autor de uno de los libros más leídos en EEUU sobre la experiencia artística: Steal Like an Artist (Roba como un artista). Luego escribió Show Your Work (que creo que todavía no está traducido al español, pero avisadme si me equivoco). Y muchas cosas más. Es uno de los blogueros más leídos de su país. Es muy entretenido. Y creativo (sus poemas hechos con palabras de periódicos son de lo más interesantes).

La lista original se llama 33 Thoughts on Reading, pero yo creo que más que reflexiones, o notas, podrían incluso ser reglas o mandamientos para algunos de los que leemos, de ahí el título de mi post. Son los 33 mandamientos de un lector (Kleon), pero también las he hecho mías. Algunos de los enlaces son de Austin, otros son míos.

Os dejo, ahora sí, con su lista:

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Actualización del desafío de otoño (día 58): La verdad no está ahí fuera

octubre 27, 2014 — by Gabriella2

luna_de_locos_892_34q3ubFVAntes de empezar con la actualización de hoy tengo que recordaros algo importante:

Id corriendo a comprar Luna de locos, de (cómo no) José Antonio Cotrina. Es una novela corta de ciencia ficción con el habitual toque genial-fantástico del caballero. Está en Lektu y tirado de precio.

¿Ya lo habéis comprado? Vale, seguimos.

Hoy voy a hablar de la verdad.

Una de las cosas a las que llevo dándole muchas vueltas estas últimas semanas es a lo que entendemos por verdad. Es decir, hechos incontestables.

Por ejemplo, si decimos que el agua hierve a 100 grados centígrados, sabemos que es verdad. Podemos poner a hervir agua, medir la temperatura, y ver que eso es incontestable. Es lo que conocemos como una verdad universal. Aquello que sabemos que es cierto, porque se ha probado. Porque es ciencia.

No obstante, casi todo lo demás es bastante más complicado de discernir. Eso es algo que llevo años asimilando, pero últimamente me ha pegado de lleno. Y es que tuve la terrible idea de leer las primeras entradas de mi blog.

No debí hacerlo. Había algunas entradas muy tristes. Algunas hasta las he borrado, como quien quema fotos que le traen recuerdos dolorosos. Sentí una mezcla de vergüenza y pena por la persona que escribió esas entradas. Espero no sentir eso dentro de ocho años, cuando relea esta entrada. O tal vez sí. Si siento vergüenza de esta entrada dentro de ocho años, será porque he progresado. Así que, sí, hola, Gabriella, si estás leyendo esto: si este artículo te parece lamentable, es que estás haciendo algo bien.

Llevo blogueando desde… no sé. Aunque este blog ha importado las entradas de mi blog anterior, Y el exhibicionismo, ya antes de ese existió otro blog primero, que creo que mantuve desde el 2001 o así. Los blogs son como diarios, miras atrás y te redescubres, y tal vez no te gusta lo que redescubres, como si lees poemas horribles que escribías con quince años o cartas de amor gilipollas que le escribiste a alguien que desde luego no merecía la pena (aunque yo nunca he hecho eso. No. Nunca). Soy consciente de que tuve algunos años malos, pero creo que hasta leer esas entradas no he entendido del todo hasta qué punto estaba deprimida. La depresión no solo tiene todos esos síntomas tan nefastos que muchos conocemos, sino que además puede convertirte en un ególatra y un arrogante de mucho cuidado. Yo ya era ambas cosas, así que todo empeoró. Y lo odiaba todo. Todo me parecía mal. No entendía por qué no me salía nada bien, por qué iba dando bandazos, y por qué otros que, a mi entender, no lo merecían, se cubrían de éxito. Me burlaba de lo que yo consideraba que era estúpido. Pensaba que conocía la verdad.

Me gustaría pensar que ahora soy un poco más compasiva y equilibrada. Desde luego tengo muy claro que no conozco la verdad. Muchas de las cosas que pensaba que eran incontestables resultaron no serlo. Mucho de lo que creía que era cierto resultó solo serlo a medias.truth-166853_640

Y a lo mejor llega mañana una civilización alienígena muy avanzada y nos dice que el agua no hierve a 100 grados centígrados, que lo estamos midiendo mal, o que el calor es una percepción subjetiva que no entenderemos nunca. Tal vez el agua ni siquiera exista, y todo esto sea un sueño de Antonio Resines.

Por si acaso, le doy a todo el beneficio de la duda.

Me gustaría no pronunciar sentencias, no afirmar nada; lo intento, aunque es difícil, y con frecuencia se me olvida y eso me hace sentirme mal, porque sé que solo me conduce a la cabezonería y al egocentrismo de nuevo. Por mucho que investigue y me documente sobre algo, es posible, muy posible, que me equivoque. Busco a personas que sepan mucho de algo, las escucho y leo e intento asimilar y aprender de ellas, en vez de sentir envidia y rencor como antes. Antes solo me preocupaba de enseñar, de compartir mi limitada verdad. Todavía lo hago, es una costumbre que cuesta quitarse. Me gustaría no juzgar a otros (¿qué sé yo, en el fondo, sobre sus decisiones y experiencias?) y eso también es muy difícil. Basándome en lo aprendido, intento tomar decisiones. Y eso es lo más difícil de todo. Pero decir, como Sócrates, que solo sabes que no sabes nada es tremendamente liberador. 

Así que cosas como Beeminder y las metas a largo plazo ayudan. Porque una vez tomadas las decisiones de lo que quieres y necesitas hacer, no tienes que seguir gastando energía mental en su realización diaria, (lo que, en el fondo, puede ser otra forma de procrastinación, y siempre es agotador).

Vamos con lo que ha estado pasando en las últimas semanas:

1. Escribir mi novela. Como pudisteis leer aquí en el blog y por todos lados, HE TERMINADO LA NOVELA. Bueno, queda corregir, así que ahora estoy contando las palabras corregidas para asegurarme de que me pongo a ello, que corregir mis propios escritos siempre me da mucha pereza (ES MUY DIFÍSIL).
-Palabras escritas y corregidas desde el 1 de junio (cuando empecé el desafío anterior): 97690 palabras.
-Palabras por corregir antes del 1 de diciembre: 27310 palabras.

2. Hacer ejercicio. He vuelto a la piscina y sigo nadando y nadando y nadando. Voy haciendo pocos largos y sumando de forma paulatina, para evitar el típico ataque de dolor de rodillas, tobillos, loquesea que luego me deja fuera de combate, y parece por ahora que eso funciona.

-Minutos desde el 1 de junio: 3955.

-Minutos por hacer antes del 1 de diciembre: 55.


3. Enviar a concursos. Al final terminé el relato nuevo y ha quedado mejor de lo que esperaba. Falta revisarlo y enviarlo, que con suerte conseguiré hacer hoy mismo.


4. Leer. Sigo leyendo, aunque menos que antes. En mi horario actual tienen menos cabida las lecturas al sol de la mañana, así que estoy intentando encontrar otros huecos.

Minutos leídos: 2685 minutos.

Por leer: 315 minutos

5. Actualizar blog. Aquí me tenéis, de nuevo. Cada vez estoy más convencida de que compensan más los artículos largos y currados (como el de la semana pasada sobre cómo corregir tu propio libro, que funcionó muy bien) que hacer varias entradas cortas sobre mí misma, mi mismidad y mis metas. Sé que algunos seguís mi progreso y os lo agradezco, pero seguramente seguiré reduciendo las actualizaciones personales en favor de entradas más “útiles”, enfocadas sobre todo a escritores y lectores, y a personas interesadas en productividad en general. Vamos, que seguiréis viendo por aquí los gráficos de Beeminder, pero con menos frecuencia.

Actualizaciones hasta la fecha (desde el 1 de junio de 2014): 58

Faltan (antes del 1 de diciembre): 14

Metas nuevas:

Y ahí van todas las demás:

a) No usar Facebook ni Twitter fuera de horario

b) Acordarme de apuntar mis gastos e ingresos conformen suceden, para evitar luego quebraderos de cabeza intentando cuadrarlo todo.

c) No beber en casa.

d) Nuevo proyecto de escritura compartido.

Y aquí os dejo los enlaces que más me han llamado la atención de este último par de semanas:

  1. Una interesante explicación a por qué no vemos nuestras propias erratas, de Isaac Belmar en Hoja en Blanco.
  2. Una maravillosa entrada de James Clear sobre qué es el sisu y cómo podemos aplicarlo a nuestra propia vida. A mí me ha emocionado (en inglés).
  3. No había visto esta entrevista de una de las editoras de Fata Libelli a China Miéville, centrada en los misterios de la traducción.
  4. Recursos para escritores que ni se me habrían ocurrido: Canal Nostalgia nos enlaza bancos de imágenes donde encontrar inspiración para nuestros personajes.
  5. Tatuajes que os dejarán con la boca abierta: El arte de Elvin Tattoo. Impresionante.