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¿Qué hábitos podrían cambiarte la vida?

Mayo 17, 2014 — by Gabriella0

No he encontrado ninguna imagen buena para este artículo, así que ahí tenéis a una chica mona y feliz en un spa.
No he encontrado ninguna imagen buena para este artículo, así que ahí tenéis a una chica mona y feliz en un spa.

He hablado hasta la saciedad del sistema de los treinta días para adquirir un nuevo hábito (o deshacerse de uno que no interesa). De hecho, probablemente os esté dando sueño solo por leer esa última frase. Ya sabéis: elegir un nuevo hábito; empezar con algo minúsculo, demasiado fácil; planear en qué momento del día lo vas a llevar a cabo (siempre el mismo) y realizarlo durante 30 días. Después, durante 30 más. Y así ad infinitum.

Pero a veces lo más difícil es el primer paso, elegir ese hábito. Normalmente tenemos una larga lista de cosas que queremos cambiar sobre nosotros mismos. Queremos que nuestra vida sea mejor YA, no levemente mejor dentro de tres meses. Lo sé bien. Tiendo a emocionarme y a intentar mejorar cinco cosas a la vez. Ahí es cuando fracaso. Hay hábitos que sé que son importantes, pero que no son muy divertidos ni glamurosos. En el caso de la meditación, por ejemplo, sé que a largo plazo puede proporcionarme grandes beneficios que son indispensables para mi vida. Sufro de ansiedad y tengo más que comprobado que la meditación y el ejercicio físico me ayudan bastante. Así que, a largo plazo, si quiero estar sana mental y físicamente, la meditación y el ejercicio son primordiales. No son nada emocionantes, ni divertidos, pero son mucho más importantes que otros hábitos más atractivos.

Creo que la mejor forma de decidir en qué hábito debemos concentrarnos es analizar el impacto de este a largo plazo. De este modo, se valora su importancia de forma realista. Por ejemplo, el hábito del ejercicio es fundamental porque a largo plazo ofrece un cuerpo más sano. El hábito de escribir es fundamental si quiero obtener una meta a largo plazo como una novela. El hábito de practicar con un instrumento a diario es fundamental para la meta a largo plazo de saber tocarlo con maestría. Y así.

Todo esto responde a una pregunta fundamental: ¿cómo quieres que sea tu vida dentro de cinco años? Ya respondí a esta pregunta en mi artículo sobre escribir, ya que en ese hábito principal entran mis metas para los próximos cinco años. Pero también quiero estar sana y encontrarme bien, por lo que he invertido tiempo y ganas en el hábito del ejercicio; y por lo que no me rindo con lo de la meditación e intento, una vez más, implementarlo en mi vida diaria. Claro que hay muchas otras cosas que quiero para dentro de cinco años, pero tengo más que comprobado que las prisas y la multitarea no llevan a ninguna parte.

¿Cuál es el hábito que más creéis que cambiaría vuestras vidas? ¿Cuál creéis que tendría un mayor impacto a largo plazo? ¿Qué es lo más importante para vosotros? Aquí dejo una lista de los que se me ocurren, pero cuento con vosotros para que aportéis más ideas en los comentarios.

  1. Dejar de fumar. Bueno sí, esto es de lo más evidente. A largo plazo es, junto con reducir la ingesta de alcohol, probablemente lo mejor que puedas hacerle a tu cuerpo. Además de…
  2. Hacer ejercicio. Como ya he mencionado, lo más eficiente es hacerlo todos los días (por lo menos los primeros meses, hasta que el hábito se haya asumido) y en cantidades muuuy pequeñas. De todos los grupos y foros de ejercicio que he visto, aquellos que de primeras se emocionan con planes complejos y tablas largas, o con seis clases de zumba a la semana, tienden al fracaso.
  3. Escribir una nota/email al día para amigos, familiares y conocidos (tal vez incluso desconocidos) diciéndole a alguien lo que te gusta de él/ella: Este es peculiar y lo encontré hace poco por internet. La idea es que hagas enfoque en lo positivo que te rodea y menos en lo negativo (además de hacer feliz durante un rato a alguien que se lo merece, que no es moco de pavo). He puesto este hábito como un método cualquiera (hay muchos) para insertar algo de afecto en el día a día.

Este hábito podría sustituirse por cualquier costumbre que rompa un poco con la espiral de pensamientos autocríticos y destructivos en la que entramos a veces. Modificar patrones de pensamiento es muy útil, y tendemos a abrigar sentimientos de rencor, odio y envidia que se alimentan entre sí. Introducir a propósito sentimientos de afecto, gratitud y admiración pueden aliviar bastante y aportar mayor paz mental.

  1. Leer. Yo ya he hablado miles de miles de veces sobre los beneficios de la lectura. Es un hábito que merece la pena cultivar en todos los sentidos. No tiene que ser nada largo, un capítulo al día, o diez minutos, o un relato breve (enlace de autopromoción desvergonzada). Recomiendo leer ficción, por lo que nos ofrece de evasión, entretenimiento y empatía, pero si preferís artículos y etc., adelante. Cualquier cosa que no sea trabajo, sino ocio.
  2. Hacer una cosa a la vez. Para mí este hábito ha sido fundamental para ser más productiva. Siempre había sido muy multitarea, y cuando era más joven pensaba que eso me funcionaba bien. Pero con el tiempo me di cuenta de que estaba dedicando horas a hacer muchas cosas a la vez, y que al final nunca terminaba ni avanzaba en ninguna de ellas. Además, también me volví muy distraída y poco disciplinada. He recuperado el elevado nivel de concentración que tenía en la facultad gracias a esta sencilla costumbre. Para esto funcionan muy bien los pomodoros (bloques de veinticinco minutos que dedicas solo a realizar una tarea), que pueden combinarse con programas como Freedom para bloquear internet y evitar distracciones innecesarias. Para implementar este hábito es además fundamental identificar objetivos a largo plazo y seleccionar los más importantes: es más fácil conseguir resultados si no tienes mil proyectos en juego.
  3. Encontrar un patrón positivo de sueño y mantenerlo. Otro que para mí es imprescindible. Siempre he tenido unos hábitos de sueño atroces y he vivido más bien de noche (creo que es muy posible que tenga SFSR). Estoy cansada por las mañanas, no termino de despertarme hasta el mediodía, y luego no puedo dormir por las noches. Esto influye de forma poderosa en mi ánimo y estado físico. Hay tratamientos específicos para este tipo de trastornos, pero por lo general encuentro que estoy mucho mejor cuando me levanto temprano, siempre a la misma hora, y consigo dormir mis 7-8 horas (cuando viajo y no puedo mantener esta disciplina acabo reventada). Es un poco más complicado que eso, y tengo pendiente entrar en más detalle en este tema, pero recordad que internet es vuestro amigo y hay mucha información al respecto. Lo bueno de madrugar, de levantarse antes que los demás, es ese par de horas en que todo está en silencio y tienes tooodo el día por delante. Es en esas dos horas en las que hago el grueso del trabajo del día, las cosas más difíciles y que exigen más concentración e imaginación. Aunque soy un zombi a esa hora, y además suelo estar de bastante mal humor, soy tremendamente productiva.
  4. Comer mejor. En este saco cabe de todo. ¿Cuál es la mejor dieta? No hablamos de dietas milagro para perder peso, sino de una forma de comer que se adecúe a tus necesidades, a tu rutina y a tu cuerpo. Por lo general, es positivo reducir la ingesta de carne grasa y aumentar el consumo de pescado, verduras y fruta, por ejemplo. Este podría ser un buen punto de partida para una forma de comer más saludable. Y si quieres volverte loco y contar macronutrientes y calorías y lo que quieras, puedes usar un programa como MyFitnessPal (no sé si está también en español, pero su base de datos incluye muchísimas marcas españolas).

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Por qué los propósitos de año nuevo no funcionan

Enero 2, 2013 — by Gabriella3

Todos los años, lo mismo. Nos hacemos mil propósitos, los cumplimos durante un par de semanas y luego los abandonamos, hasta el año que viene. ¿Y esto por qué? ¿Por qué nos duran tan poco estas buenas intenciones, estos New Year resolutions famosos? Pues resulta que hay bastantes motivos, pero yo los resumiría en tres:

Porque no son realistas: Por alguna extraña razón tendemos a pensar que la llegada de un nuevo año lo cambiará todo; que seremos mejores: más fuertes, más disciplinados, más organizados. Caemos en la trampa del calendario, le otorgamos propiedades mágicas. Pero la realidad del asunto es que si intentaste dejar de fumar en septiembre de 2012 y no lo conseguiste, es muy probable que en enero del 2013 tampoco lo hagas, máxime si sigues el mismo método (que suele consistir en confiar en tu fuerza de voluntad, sin tener en cuenta que tu fuerza de voluntad puede fallar y que, en el momento en que falla, sueles rendirte).

Porque no son concretos: Somos ambiciosos, y abstractos. “Quiero comer sano”, por ejemplo. ¿En qué sentido? ¿Cómo va a cambiar tu dieta, qué alimentos vas a comprar, qué recetas vas a utilizar? ¿Cuál es tu plan diario? Si nos guiamos por un acercamiento genérico de “ya veré lo que hago”, hay muchas más posibilidades de fracaso: olvidaremos enseguida nuestra meta y con que surja el más mínimo inconveniente abandonaremos nuestros buenos propósitos.

Porque pensamos a corto plazo: Lo queremos todo YA. Si nuestro propósito es perder peso, o ponernos en forma, por ejemplo, nos imaginamos al cabo de dos semanas con el cuerpo de nuestros sueños. Cuando la realidad del asunto aparece (que conseguir ese objetivo lleva muchísimo tiempo y esfuerzo), nos desanimamos y nos rendimos.

¿Cómo solucionarlo? 

  • No te concentres en metas genéricas y abstractas, tipo “tengo que hacer más ejercicio”. Tienes que desarrollar un plan de acción que sea sencillo, y ante todo práctico. Piensa en qué acciones puedes llevar a cabo todos los días que te acerquen a tu meta. Y piensa en cómo llevarías a cabo esas acciones en tus peores días, esos en los que no te apetece nada. Piensa siempre en tu momento más bajo, más vago, más ocupado, etc. Las acciones que planifiques deberías poder realizarlas incluso en esos momentos, sin un gran esfuerzo. Así, tendrás garantizado el éxito. Un ejemplo muy claro de esto es el proyecto 1 push up (una flexión). Al autor de ese blog se le ocurrió que iba a hacer una flexión al día, todos los días, sin excusa. Una flexión no cuesta nada. Claro que a la hora de ponerse a hacerla por lo general hacía bastante más… muchísimo más. Pero el saber que tu mínimo es algo casi ridículo, facilísimo, hace que te animes a llevarlo a cabo incluso en los días en los que menos te apetece (la misma filosofía es la que me ha permitido escribir todos los días, sin excusa, durante los últimos 33 días**). No pienses en lo que puedes hacer en tu momento óptimo, piensa en lo que puedes hacer en tu peor momento, en la peor de las situaciones.
  • Si ya has probado mil veces a conseguir lo mismo (ya sea dejar de fumar, de beber, adelgazar, hacer ejercicio…), va siendo hora de intentar enfocarlo de otro modo y cambiar de método. Es hora de identificar los patrones. Todos los años, desde que tenía unos 20, mi propósito para año nuevo era perder peso. No soportaba la idea de que al finalizar el año siguiente me viera con más peso que el anterior. Y todos los años, ocurría. Conseguía perder algo de peso durante el año, gracias a alguna dieta ridícula, y al final del año (sobre todo gracias a las fiestas navideñas), no solo lo había recuperado, sino que había aumentado. La única excepción a este patrón fue el par de años que perdí muchísimo peso por temas de salud. Esa no es una buena razón para perder peso, y lo pasé tan mal en aquel tiempo que ni siquiera tuve tiempo de alegrarme por el peso perdido. No tardé nada en recuperarlo en cuanto empecé a encontrarme mejor. Lo extraordinario es que, aunque me considero una persona inteligente, reincidía. Una vez tras otra, probaba cosas que sabía que no iban a funcionar. ¿Por qué esta vez iba a tener más fuerza de voluntad que otras? Por mucho que me deprimiera engordar cada año, era incapaz de salir de ese ciclo de eterno retorno.

¿Qué fue lo que cambió?

Un día decidí que iba a dejar de caer en la trampa de las metas a corto plazo. Si algo te importa lo suficiente, tienes que pensar en ello no solo con vistas a dos semanas, sino a cinco años. Tienes que aceptar que los resultados no serán rápidos. Así, empecé poco a poco a cambiar los hábitos, a modificar esas cosas que hacían que cogiera peso. Paso a paso, nada de hacerlo todo de golpe. ¿Lo primero? Disminuí de forma radical mi ingesta de alcohol (desarrollé hábitos y reglas para cuándo beber y cuándo no, y me funciona a las mil maravillas). Luego llegó la reducción del tamaño de mis porciones (de cualquier forma, descubrí que al dejar de beber mi relación con la comida también cambió bastante), y me concentré en diferentes formas de reducir la ansiedad que me impulsaba a comer de manera compulsiva. A eso le fui añadiendo el ejercicio, primero de forma mínima y luego ya más en serio. Y últimamente estoy descubriendo algo muy útil, llamado mindful eating* (alimentación consciente), de lo que hablaré más adelante con más tranquilidad.

Estas Navidades, peso unos 13 kilos menos que las Navidades pasadas. A pesar de las celebraciones, he seguido aplicando mis reglas y hábitos (con excepciones planificadas y contadas: Nochebuena, Navidad, Nochevieja y Año Nuevo. Y aun en esos días todo ha sido bastante tranquilo, ya que ya no siento la necesidad de ponerme hasta arriba de comida y bebida). ¿El truco? Dejé de obsesionarme por cuánto quería perder y me concentré en la manera de perderlo. Antes, habría querido perder esos 13 kilos en apenas unos meses; ahora, no tengo prisa. Lo importante es disfrutar de la comida, darme pequeños caprichos de forma organizada y mantener los hábitos saludables. Ya no me aterra recuperar ese peso; sé que mientras siga con ciertas costumbres positivas, no tiene que pasar lo de antes: perdía y recuperaba, con más kilos que cuando empezaba. Lo que nos lleva a uno de los puntos más importantes:

  • No tengas prisa: Ya llegará. No pienses en lo que quieres para mañana, sino para el 2020. Trabaja, a diario, para conseguirlo. Ponte metas pequeñitas, que alcances con facilidad (perder un kilo en un mes no es complicado, y cuando lo consigas te sentirás orgulloso de ti mismo. Esa sensación de satisfacción hará que el mes siguiente sea más fácil. Y kilo a kilo se pierden muchos kilos, como puedo atestiguar).

¿Qué otras cosas creéis que nos influyen para no cumplir nuestros propósitos de año nuevo? ¿Qué creéis que debemos hacer para que nos duren? Si queréis una lista de propósitos de año nuevo un poco diferentes, sugiero estos buenos propósitos informáticos de Softonic. No obstante, considero que algunos, como el número 4, son irrealizables. O también podéis crear propósitos literarios, como sugiero en este artículo que escribí para Lecturalia.

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*Si tenéis enlaces a artículos en condiciones (más o menos serios, nada de palabrería New Age) sobre este tema que estén en español, pasádmelos y los incluiré también.
**Actualizado a 27/03/14: Básicamente he perdido la cuenta de cuántos días llevo escribiendo. Pero no he parado ni un día desde que empecé, allá por diciembre del 2012).

Imagen tomada de Cuánta razón. Si sabéis de quién es originalmente vendría bien saberlo para enlazarle.

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35 días de meditación: Una odisea mental

Octubre 15, 2012 — by Gabriella1

Cuando decidí, como desafío de 30 días para el mes de septiembre, dedicar un rato diario a la meditación, imaginaba que sería como las demás veces que había meditado, con los efectos habituales de sosiego y relajación.

Me sorprendió (y frustró) ver que no terminaba de llegar a ese estado de tranquilidad que solía otorgarme la meditación. Estaba en un momento algo complicado por muchas razones (o tal vez por ninguna en particular, simplemente porque sí), y me encontraba estresada, muy nerviosa, con los consiguientes síntomas físicos de la ansiedad (dificultad para respirar, dolor de cabeza, cansancio, etc.). La idea de tener que pararme durante por lo menos cinco minutos al día a meditar me estresaba aún más. No conseguía concentrarme, y cuando lo conseguía, me limitaba a intentar expulsar a la fuerza los pensamientos que me reconcomían.

Un poco de ayuda del pilates

Pilates: le mola hasta a los delfines

En este sentido el pilates, que comencé a principios de septiembre, fue mucho más efectivo que la meditación. Someter al cuerpo a determinados esfuerzos, y sobre todo ponerlo en posturas en las que lo estiras absolutamente todo, significa una descarga física y mental muy bruta. Es imposible preocuparte por una fecha de entrega o por una bronca estúpida si tu cabeza está demasiado ocupada gritando de una manera muy extraña: algo así como el consabido y pornográfico “me duele pero me gusta”. Era una sensación que hasta ahora desconocía y he de decir que he descubierto que la necesito (la de pilates, no la pornográfica. Esa ya la conocía). Esa hora y media, al principio dos veces a la semana (ahora he añadido otra hora los viernes) es horrible. Hace que me sienta torpe y avergonzada, además de que no suelo aguantar la hora y media sin tener que pararme a descansar, pero cuando supero el ridículo y la angustia de no poder realizar algún ejercicio la liberación física es asombrosa. Tras las primeras clases acuñé la frase “en pilates, si no te duele es que no lo estás haciendo bien”. Ahora que llevo más de un mes creo que lo cambiaré por “si te resulta fácil es que no lo estás haciendo bien”, ahora que mis músculos empiezan a acostumbrarse al esfuerzo. No duele tanto (a veces), pero sigue siendo condenadamente difícil, y a la vez de lo más relajante. En este sentido tengo que agradecerle su buen hacer a la profesora, que consigue mantener un ritmo lento, maneja bien los aspectos meditativos del ejercicio, además del tiempo que dedica a corregirnos a todos personalmente y asegurarse de que estamos utilizando los músculos y respiración adecuados. He tenido alguna clase con profesores diferentes, y su actitud más rápida, más de entrenamiento, implica menos esfuerzo y concentración. Cuando haces bien un ejercicio de pilates, hacer dos repeticiones es mucho más cansado (y efectivo) que hacer diez si el ejercicio está mal hecho y con prisa. Por otro lado, acababa tan agotada y con las endorfinas tan a tope que me daba todo igual: fechas de entrega, peleas, problemas, el fin del mundo… nada conseguía alterar mi paz mental.

Al comparar el pilates con la meditación, he llegado a la conclusión de que ambos consiguen resultados en el mismo terreno pero utilizan métodos muy diferentes. El pilates funciona gracias a la concentración, del mismo modo que muchos al meditar utilizan un foco para no perderse en sus pensamientos: su respiración, una vela, una imagen, etc. Como resultado se ignoran todos los demás pensamientos y se obtiene un sosiego, una calma.

Un paso más allá

Pero esto ya no era suficiente para mí. Quería volver a llegar hasta ese sentimiento de jhana que me producía euforia, calma absoluta, sensación de unidad con mi entorno, y un Amor de esos con mayúsculas que te dan ganas de ir a buscar a tu peor enemigo y darle un abrazo. Es el estado al que antes podía llegar con relativa facilidad, justo después de las flores y las mariposas y todas esas imágenes mentales extrañas que me solían asediar. Creo que la sensación de plenitud y felicidad llegaba como consecuencia de experimentar imágenes tan fabulosas, un poco como cuando tienes un sueño que va a explotar de color y figuras y no quieres despertarte nunca. Esas sensaciones no son, ni de lejos, un estado avanzado de la meditación, pero sí que hacen que tengas más ganas de llevar a cabo la práctica, y surgen al llegar a una concentración total, generalmente en un objeto o estado. Para mí, el foco de la concentración es mi propia mente. Por lo que he leído, si bien no lo he probado, el yoga sería el ejercicio más adecuado para este tipo de abstracción.

¿Por qué, entonces, me costaba ahora tanto llegar a ese estado? Al terminar los 30 días propuestos, decidí seguir durante otro mes, más por cabezonería que por otra cosa. Y parece que todo se ha confabulado para lanzarme mensajes, de todas partes, acerca de este tema. He estado leyendo acerca del zen, acerca de la meditación, y acerca de nuevas técnicas que van un poco más allá de la programación neurolingüística y otro tipo de técnicas que me llamaban bastante la atención. Y creo que he dado con una clave importante.

Del mismo modo que en pilates, hasta ahora mi actitud era expulsar la tensión, expulsar los pensamientos negativos y estresantes. Pero estos seguían ahí, tal vez no en forma de pensamientos pero sí de emociones, de angustia y ansiedad. Pero a lo mejor hay que enfrentarse a ello de otra forma, como en la meditación: no se trata, realmente, de eliminar las distracciones, sino aceptarlas, prestarles atención, y entonces despedirse de ellas. Y lo mismo con los pensamientos negativos, las emociones destructivas. Hay que aceptarlas, reconocer que están ahí, y entonces darles permiso para que se larguen.

En busca de una conciencia más atenta

Por ahora los resultados son muy positivos, y solo llevo unos días aplicando esta nueva actitud. En cuanto lo relacioné con el tema de la meditación, me di cuenta de exactamente por qué meditaba. La meditación me estaba entrenando para llevar esto a cabo, es una práctica donde las distracciones y los pensamientos se observan, como desde una segunda mente superior, que toma la decisión de si hacerles caso o no. Ha sido un descubrimiento muy interesante, y pienso seguir experimentando con él durante los próximos días. Ya os haré saber qué conclusiones saco a la larga. De primeras, he de decir que estoy descubriendo cosas sobre mí misma que no era muy consciente de que estaban ahí, tal vez porque prefería ignorarlas. He descubierto que soy horriblemente celosa (no me refiero a las relaciones de pareja, donde soy bastante segura, sino de todo lo demás) y competitiva; rencorosa e insegura. Lo sabía, hasta cierto punto, pero no me daba cuenta de la cantidad de emoción que le dedicaba a estas características, de lo destructivas que eran. Es extraordinario pensar que estás agobiada simplemente por un tema, aparentemente absurdo, de trabajo, y de repente darte cuenta de todo lo demás que hay involucrado. Poco a poco, descubres qué es lo que está pasando realmente, por qué te sientes tan mierda ante algo que ni siquiera tiene importancia.

Esto es solo la punta del iceberg. Han sido 35 días de meditación que de primeras han sido poco efectivos, que en la superficie no me han aportado nada. Pero ahora que de repente empiezan a llegar tantos datos, tanta información acerca de mí misma y de mi forma de reflexionar, empiezo a pensar si tal vez este desafío habrá ido mucho más allá de lo que pensaba.

Seguiré informando. Por ahora os dejo con una foto de mi jardín trasero, hace un par de días. No hay un incendio, no, es simplemente un amanecer de esos radiantes:

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Imagen del delfín de Flickr, por cortesía Creative Commons de post406.

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Septiembre: Una actualización

Octubre 1, 2012 — by Gabriella0

Creo que una de las mejores recomendaciones que he leído por ahí, y a la que menos caso le he hecho, ha sido la de hacer solo una cosa a la vez. Desde luego es un principio importante a la hora de crear y probar nuevos hábitos. Pero resulta que este mes ha sido una vorágine de novedades y todo se replantea y transforma día a día, lo cual no sé si ha sido bueno o malo para las diferentes metas que me he propuesto. Sea como sea, hacedme caso cuando os digo que siempre es mejor empezar por una sola cosa pequeña y fácil y concentrarse solo en eso.

Solo que, claro, la vida se mete por medio, con sus consiguientes obligaciones, y tampoco ayuda el que yo sea una persona a la que le interesan demasiadas cosas (¿es adecuado usar ahí el modificador “demasiadas”? ¿Te pueden interesar demasiadas cosas? ¿Es nefasto el exceso de ansia por aprender y emprender?). A veces parece que lo único que supera a mi lista de proyectos en marcha es mi lista de proyectos por empezar.

Como todo ha sido, repito, caótico en ese sentido, ha sido un mes repleto de una extraña angustia y cierta sensación de premonición negativa, como si siempre pendiera sobre mi cabeza un hacha a punto de caer. Es una sensación que llega a veces, dura determinado periodo de tiempo y se marcha, generalmente sin que ocurra nada especialmente terrible, pero que aun así no contribuye a tranquilizar mi ya agitado ánimo. Uno podría pensar que el desafío que empecé el día 10, el de la meditación diaria, sería positivo para este estado, pero no sé muy bien si ha sido así. Casi todas las meditaciones, por lo menos hasta hace un par de días, fueron poco productivas, y no conseguía alcanzar la mentalidad de paz y abandono que necesitaba. Mi mente estaba demasiado activa, ya fuera con planes, preocupaciones o cualquier otro inquilino deseado o sin desear. En este sentido creo que el ejercicio físico, sobre todo el pilates, ha sido mucho más eficiente. La meditación se convertía en una obligación más, una tarea más que tenía que recordar hacer (y de hecho, en dos ocasiones la olvidé).

El día 10 completaré el proceso del desafío, si bien no puedo decir que lo haya realizado al pie de la letra, ya que hubo dos ocasiones, como he mencionado, en las que se me olvidó por completo. El día 10 decidiré y explicaré mis conclusiones, aunque creo que todavía será pronto para abandonar, ya que acabo de empezar, como ya he dicho, a poder realizar meditaciones medio en condiciones.  Aunque el ejercicio me ofrece una forma de meditación muy distinta, creo que no son excluyentes sino complementarias, y me gustaría darme otros 30 días de prueba para ver cómo evoluciona la cosa.

Por otro lado, sigo con mi elaborado proceso de organizarme, con el clutterfuck emocional del que ya os he hablado, y tal vez por eso estoy tan susceptible, nerviosa e irritable, tanto que en varias ocasiones he abierto el editor del blog para agregar una nueva entrada y he preferido borrar el post, ya que cada vez estoy más convencida de que si no tengo nada positivo que decir, es mejor callarme. Considero que ya hay blogs de sobra que ejercen de muro de las lamentaciones. Tienen su función, pero preferiría que el mío ofreciese una nota más esperanzadora y positiva.

He tenido que marcar prioridades que, con toda sinceridad, no me han gustado nada, ya que implican dejar de lado aspectos de mi vida que disfruto mucho. Y me amarga más el hecho de que esas prioridades las marca el dinero. Estoy trabajando con tablas muy ajustadas para poder analizar de manera exacta la rentabilidad de cada proyecto, a nivel de tiempo, esfuerzo y economía, y por ahora no me está gustando mucho el resultado. Pero me niego a rendirme. Encontraré la manera.

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Image courtesy of Anusorn P Nachol / FreeDigitalPhotos.net

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Adiós, clutterfuck y hola, meditación

Septiembre 9, 2012 — by Gabriella0

Hoy se cumple el último día del desafío de 30 días Clutterfuck. Los días 29 y 30 no los he fotografiado ni voy a exponerlos ya que se han tratado de objetos recibidos como regalos. Aunque creo que ninguna de las personas involucradas lee este blog, preferiría no publicar dichos objetos por si acaso. Son cosas a las que les tengo cariño pero que llevo ya un tiempo sin usar y que están en muy buenas condiciones; cosas que podrán ser aprovechadas y queridas por otros. A continuación os dejo mi resumen de lo que ha significado este desafío:

¿De qué trataba el desafío y cuál era su objetivo?
Durante 30 días me he deshecho, de manera diaria, de un objeto que ya no usaba, un objeto que sobraba. En el caso de cosas ya muy avejentadas o rotas, las he tirado; las nuevas las he donado a Cudeca o a amigos que me las han pedido. El objetivo era valorar de nuevo los objetos materiales, darles la importancia que merecen, y considerar qué necesito realmente y qué está simplemente ocupando espacio y molestando en mi entorno. Mi esperanza era que este comportamiento además me ayudara a hacer un poco de clutterfuck mental y laboral.

¿Cómo ha sido de difícil?
Relativamente fácil, si bien ha llevado más tiempo los días que tenía que reorganizar y ordenar cosas, por no hablar de subir mis progresos al blog y realizar fotografías. En general ha sido bastante sencillo, pero me alegro de haber terminado y no tener que seguir haciéndolo a diario.

¿Prueba superada?
Sí, lo he hecho a lo largo de 30 días, deshaciéndome de algo a diario. ¡Conseguido!

¿Ha funcionado?
Pues sí, ha funcionado. Tengo menos cosas (aunque todavía me quedan muchísimas más que deberían ir por el mismo camino), menos bulto a mi alrededor. Y no solo eso, empiezo a tener cierto estado mental que me ha ayudado en mi vida laboral también. He conseguido reorganizar algunos proyectos, quitarme carga de trabajo en otros (he recortado en algunas cosas que me satisfacían a nivel personal y profesional: prefiero hacer menos y de mejor calidad) y dejar algo de tiempo para encargos ocasionales, tanto de Miss Cristal como relacionados con las letras, que me entran y que siempre producen un caos total en una rutina que estaba llena de obligaciones que me saturaban. Un tiempo que además me ha venido estupendo para poder echarle más horas a esto de hacer ejercicio (he empezado a ir a un gimnasio, aprovechando que mi hermano se ha apuntado y puede acercarme en coche). Sobre todo me ha ayudado a ver qué es esencial y qué no, si bien queda claro que este es un proceso que no ha hecho más que comenzar. Sospecho que en los próximos meses me veréis ir cortando con algunos otros proyectos que tengo por ahí sin terminar, languideciendo, y que ya no me aportan nada. Me está enseñando a ser más realista y a enfocar, a concentrarme en lo importante y fundamental. Sobre todo, se me está quitando el apego tonto a cosas que no lo necesitan. El afecto es limitado, creo que voy a distribuirlo mejor a partir de ahora.

¿Vas a seguir haciéndolo?
No a diario, desde luego, ya que implica un gasto de tiempo y energía que necesito para probar otros retos. Pero a partir de ahora dedicaré un día fijo, cada dos meses, para hacer un clutterfuck masivo en mi espacio vital, tanto mental como físico. Será muy útil para actualizar prioridades y hacer limpieza en todos los sentidos. También me he adjudicado una nueva regla, muy sencilla: Nada entra sin que algo salga, es decir, cualquier compra, regalo, etc., implicará que tendrá que salir de mi espacio otro objeto que ya no sea esencial. Para empezar, el día 9 de octubre haré el primer clutterfuck masivo y me comprometo a mostrarlo en el blog, sois todos testigos 😉

¿Cuál es el siguiente reto?
Mañana empieza el siguiente desafío de 30 días, el de meditación. Como ya os comenté, la primera semana se tratará de meditación guiada, aprovechando la oferta de Meditationfest (lamentablemente, en inglés), de siete sesiones distintas gratuitas, más que nada por probar diferentes formas y perspectivas frente a la meditación. Después, volveré a mi meditación habitual, que está explicada aquí, y que consiste en poner en blanco la mente hasta entrar en un estado en el que puedes dejar simplemente fluir los pensamientos sin agarrarte a ellos. Si alguien quiere apuntarse al reto pero no sabe ni por dónde empezar porque jamás ha meditado, aconsejo el siguiente proceso para empezar:

  • Busca una posición cómoda (pero no tan cómoda que te vayas a quedar dormido). Yo uso medio loto, con las manos abiertas en forma de pinza sobre las rodillas (así, si te duermes, te despiertan tus propias manos al cerrarse. En la imagen veréis a lo que me refiero). Pero te puedes sentar en una silla normal, o donde estés a gusto. Lo importante es que la espalda esté recta y no estés tumbado/a.
  • Cierra los ojos y concéntrate en respirar. Si sabes realizar respiración abdominal o diafragmática, esta es la buena. Si no, limítate a inspirar y espirar como siempre, pero de manera mucho más lento y profunda.
  • Cuando te sientas ya algo más relajado, no pienses en nada. Es decir, lo que venga córtalo de forma abrupta. Cualquier pensamiento elimínalo tan pronto aparezca, hasta que no estés pensando en nada. Esto al principio es bastante más complicado de lo que podría parecer.
  • Una vez has conseguido esto, empieza a dejar pasar los pensamientos. Pero no reflexiones ni te pares con ellos, déjalos fluir y pasar. No los cortes pero tampoco les prestes atención. Simplemente observa. Se trata de conseguir una especie de “mente tras la mente”, o testigo de tu propio pensar. Este es el estado ideal al que queremos llegar.

Personalmente me gusta reflexionar un poco antes de empezar a meditar, para quitarme preocupaciones o cosas interesantes que podrían distraerme demasiado durante la meditación. Del mismo modo, suelo quedarme reflexionando un rato después de meditar, ya que pueden haber surgido pensamientos interesantes sobre los que me gustaría profundizar pero que por la naturaleza de la meditación tuve que dejar fluir en vez de pararme lo necesario. A veces apunto cosas. Como método de inspiración es inigualable, desde luego. Lo idóneo es empezar con un tiempo fijo, ponerse el despertador, por ejemplo, y realizar unos cinco minutos, para ir ampliando el tiempo según vamos haciendo sesiones. En mi caso, mi objetivo es llegar a cierto estado de paz y gusto que suelo alcanzar pasados unos 10-15 minutos*, por lo que para mí una sesión exitosa rondará los 20 minutos. Hay días que tardo mucho más, porque estoy preocupada, estresada, etc., y días en los que llego en nada. De cualquier forma cada persona es un mundo y veréis cómo, después de un tiempo de práctica, vosotros también daréis con la cantidad de tiempo idónea para que cada sesión sea fructífera, es decir, que os ayude a vaciar la mente, limpiaros un poco las ideas y os proporcione una relajación fabulosa.

Si alguien quiere hacerme alguna pregunta, sentíos libres de hacerlo por los comentarios o escribiéndome a gabriellavc(arroba)yahoo.es

*Yo lo defino como “el estado de las florecillas y las mariposas”, porque suele ir acompañado de imágenes mentales de flores que crecen de mis manos, con mariposas que revolotean alrededor. Sí, WTF. No me preguntéis de dónde sale eso ni por qué. Pero sí que es cierto que en las épocas en las que he meditado más a menudo cada vez tenía imágenes mentales más vívidas durante la sesión. Algunas en concreto acaban asociándose a cierto estado mental, como en el caso de las florecillas en cuestión.
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Imagen por cortesía de: FreeDigitalPhotos.net

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De regreso y clutterfuck días 23 y 24. Reflexiones sobre el próximo reto.

Septiembre 3, 2012 — by Gabriella2

Actualizo solo para haceros saber que ya estoy de regreso y que todo vuelve a su rutina habitual. Este viaje ha sido bastante más tranquilo y mi peso vuelve a estar de nuevo bien encarrilado. A ver si este mes puedo empezar a perder de nuevo (en los días prerregla es difícil saberlo ya que se aumenta algo de peso por retención de líquidos, pero todo parece indicar que sí).

En cuanto al clutterfuck, lo retomo donde lo dejé. Para los días 23 y 24 del desafío le tocó su turno a una camiseta que está hecha polvo pero que me resistía a abandonar, y un neceser que me sobraba y que había estado guardando por alguna razón extraña que solo conocerá mi subconsciente:

En lo que se refiere al desafío siguiente, ya que me queda menos de una semana para terminar éste, le he estado dando bastantes vueltas. Tengo ganas de concentrarme en el tema del ejercicio, pero tengo algunos problemas de salud que tengo que resolver antes de poder comprometerme a fondo con algo diario a nivel físico. Estos problemas se resumen en una astenia que llevo arrastrando desde la primavera, que hace que mínimo tres de cada siete días me los pase con la energía en negativo, incapaz de moverme ni de hacer casi nada. Es increíblemente frustrante y ya lo he probado todo: cambio de patrones de sueño, de alimentación, etc., etc., etc. Durante un tiempo funcionan, pero al cabo de poco vuelvo a recaer en esta ausencia de energía absoluta. Mi médico, cuya respuesta para todo es que soy muy rara (y sí, sigo con fantosmia también, aunque ya solo de manera ocasional) me hizo un análisis de sangre pero los resultados daban que tengo una salud estupendísima y envidiable y me mandó de vuelta a casa sin molestarse en hacer nada más al respecto. Así que una de mis metas más importantes de esta semana es cambiarme de médico e intentar obtener mejor ayuda profesional. Estar horriblemente cansada la mitad del tiempo no tiene gracia ninguna, sobre todo cuando quieres hacer tanto.

Como tengo que aparcar parcialmente lo del ejercicio por ahora (sigo haciendo la tabla de la que os hablé, pero menos de lo que querría, del mismo modo que mi actividad física en general se ha visto bastante reducida)., estoy evaluando otras opciones para el siguiente desafío. Muchas veces la falta de energía es un síntoma de ansiedad, y sí que es cierto que desde que dejé la meditación a un lado la ansiedad se está convirtiendo de nuevo en un bicho poco manejable. Así que volver a los 30 días de meditación que me propuse en su momento pero que no conseguí me parece una opción muy atractiva. Por otro lado, hay otro reto que me llama mucho y que, por razones variadas, me convenía hacer este mes, y es el de escribir los sueños. Necesito bastante material para una narración de carácter onírico, y no hay mejor sitio donde encontrarlo que en la oniria propia. Lo de apuntar lo soñado es algo que me gusta, y que he hecho alguna vez, por muchos motivos (entre ellos, disfruto reconociendo patrones o incluso identificando representaciones subconscientes). No creo que sea buena idea hacer dos retos a la vez, y en principio creo que la meditación tiene más relevancia ahora mismo. Así que creo que a partir del lunes 10 de septiembre será en lo que me concentraré. Si alguien está interesado en apuntarse para hacerlo juntos (ya sabéis, seguirnos por internet, animarnos mutuamente y todas esas cosas) que me lo diga. Yo utilizo una meditación muy básica, pero a partir del 11 de septiembre hay una serie de meditaciones guiadas disponibles de manera gratuita en Internet, así que es posible que pruebe alguna (ojo, están en inglés. Me han llamado la atención porque son de estilos y formas de pensar muy distintas entre sí y las meditaciones guiadas pueden ser muuuy relajantes. Ya os comentaré qué tal están). Si alguien se presta a hacer el reto de 30 días conmigo está claro que podrá llevarlo a cabo como él o ella quiera, con la duración diaria que desee y el método que prefiera.

Para aquellos que desconfíen de la meditación en general, yo lo veo simplemente como una manera de relajar cuerpo y mente, algo que a mí personalmente me resulta muy necesario. Prefiero la práctica simple y básica, en este artículo hablé de cómo lo llevo a cabo y por qué me resulta beneficioso.

También tengo otra meta personal para este mes de septiembre que empieza. Durante el verano no he podido hacer gran cosa de Miss Cristal, sobre todo he estado centrándome en los encargos, pero lamentablemente estos son poco rentables, debido al tiempo que inviertes en comunicación con el cliente, fotografía de muestras, buscar los materiales necesarios, etc. Tengo poco stock gracias a unas cuantas ventas grandes que hice antes del verano. Así que este mes quiero concentrarme en llenar otra vez la tienda y en vender todo lo que pueda. Quiero ver cuánto puedo conseguir a lo largo del mes.

Editando clutterfucks ajenos: Ropa que no se usa, revistas viejas de cocina y decoración.
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Imagen: FreeDigitalPhotos.net

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Corsés y otras vainas

Enero 26, 2012 — by Gabriella7

Así que hoy es día 26 y se cumple un mes desde que me propuse dejar de beber. Como mencioné en la entrada anterior, no tenía muy claro qué haría una vez terminasen esos 30 días y sigo sin saberlo. Creo que necesito llevar más tiempo sin beber para realmente saber cómo me afecta a largo plazo.

Como reto para este mes de febrero tenía varias cosas específicas en mente, así que lo difícil es ver cuáles son mis prioridades. Por ahora seguiré sin beber, pero creo que me puede ayudar tener otro objetivo en mente para no estar todo el día dándole vueltas al hecho de que ya no estoy bebiendo (reíd si queréis pero en eso creo que he progresado, ahora sólo pienso en ello una o dos horas al día en vez de 12). Hasta marzo no hay una amenaza seria (la posibilidad de visitar de nuevo Santander, uno de esos lugares que asocio, ante todo, al buen beber y comer), así que creo que podré seguir sobria durante el mes de febrero. Creo no, empecemos por modificar el lenguaje. que puedo. Sé que lo voy a hacer.
Una cosa que siempre me había llamado la atención y que quería probar en serio es el waist-training o entrenamiento de cintura usando corsés. Me encantan los corsés, me encanta llevarlos y siempre me ha atraído la idea de modificar un poco la proporción pecho-cintura-cadera de manera permanente. Si no sabéis de lo que hablo, Wikipedia da alguna información (en inglés), pero hay bastante más por la red. No hablo de nada extremo, que además puede ser perjudicial para la salud, sólo para reducir unos centímetros de cintura y porque, qué coño, me encanta llevar corsé y me encanta sentir que, por una vez, mi espalda está bien recta (no soy la persona más derecha del mundo, me temo) y, bueno, también me gusta mucho a nivel estético. 
¿Inconvenientes? El waist-training debe realizarse llevando el corsé muchas horas al día, y para algo así, necesito un corsé específico para estar cómoda, que pueda llevar debajo, o encima de la ropa sin llamar mucho la atención. Tengo ya un corsé maravilloso, diseñado de hecho para reducción de cintura, pero es muy largo y es molesto llevarlo mucho tiempo sentada, ya que se clava la parte superior en las axilas (o bien la inferior en las caderas). Necesito un corsé corto, diseñado para reducción, y de tipo underbust, es decir, por debajo del pecho. Haberlos haylos, y puedo conseguirlos de manera relativamente barata, pero ahora mismo no puedo permitírmelo, y quiero empezar con un nuevo reto cuanto antes, por lo que desecho la idea hasta, posiblemente, el mes de marzo.
Tengo bastantes más cosas en mente, como volver a intentar los 30 días de meditación. El problema que encuentro con el tema de la meditación es que cuanto más medito, más preparada me siento mentalmente para llevar a cabo todo tipo de desafíos, y me vuelvo impaciente con el propio hecho de meditar, por lo que también creo que lo dejaré para más adelante. Así que qué es, ahora mismo, lo más importante. Pues ya que estamos con el tema de la salud, y esto de no beber y tal, debería centrarme en el ejercicio. Paso muchas horas delante del ordenador y necesito moverme más. Por lo general ya estoy haciendo bastantes cosillas, e intento, por lo menos, realizar tablas básicas de ejercicios además de andar lo más posible. Pero voy por rachas: a lo mejor estoy un par de semanas portándome fenomenal y luego, de repente, tengo una migraña, me resfrío o algo parecido, dejo de hacer ejercicio y luego tardo otra semana en volver a coger el ritmo. Lo que necesito es encontrar una manera de integrar un mínimo de ejercicio de manera diaria y llevarlo a cabo de manera constante, por lo menos durante 30 días para empezar a crear el hábito. Me gustaría volver a apuntarme a un gimnasio, pero me temo que eso también tiene su coste, así que por ahora tendrán que ser soluciones más caseras. Por ahora tengo una tabla de ejercicios bastante buena para hacer en casa que había estado haciendo a trompicones, y que va bastante bien porque exige poco tiempo y es progresiva, mi idea inicial es comprometerme a hacerla todos los días, además de volver a mi antaño saludable hábito de ir andando a todas partes (lo cual da bastante pereza cuando vives en la quinta puñeta de todo, con varios familiares con coche encantados de hacerte de servicio de taxi). Así que tocan 30 días de ejercicio mínimo, sin excusas ni pollas, y sois todos testigos. Por lo menos hasta que pueda comprarme el corsé.
Ah, en cuanto lo saque Anagrama en español, id corriendo a comprar The Sense of an Ending (o pilladlo en inglés si os atrevéis), de Julian Barnes. Una auténtica joyita.
Y más cosas… Ayer publiqué en el Facebook de Miss Cristal la pieza número 200, una pulsera con gatito. Me resulta surrealista pensar que ya he hecho 200 cosas (o más, ya que algunas fueron encargos que no llegaron a publicarse online), y que llevo ya más de dos años aprendiendo y vendiendo artesanía. La verdad es que está siendo una experiencia alucinante y espero poder seguir bastante más tiempo. También espero poder dedicarle más horas del día. Mil gracias a los que habéis comprado, promocionado y animado, y os pido fervientemente que sigáis haciéndolo. A veces es frustrante, pero también es tremendamente divertido.

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15. Háblanos de tu primer beso. ¿Fue tal como lo imaginaste, tal como lo soñabas?

Julio 16, 2011 — by Gabriella0

No creo que el primer beso sea nunca como lo soñamos, del mismo modo que el sexo no suele ser como en las fantasías. En el caso del beso, estamos demasiado influidos por los momentos romántico-pasionales y perfectos de las películas, aunque sí es cierto que con el tiempo he descubierto a un par de personas que daban besos de película. En el caso del primer beso, no tenemos nada con que comparar, y todo es un tanto confuso.

Mi primer beso no tuvo nada de mágico, aunque no negaré que fue interesante. No era el primer chico con el que salía. Tenía quince años y varias amigas más experimentadas me lo habían explicado todo con pelos y señales. Tras ver al chico en cuestión varias veces a lo largo de una semana, creo recordar, una noche fuimos a darnos dos besos castos de despedida y él aventuró la lengua. Ahora puedo apreciar el tipo de valentía (o despreocupación) que hace falta para hacer algo así, en su momento me pareció lo lógico (en las películas y en las historias de mis amigas siempre era el chico el que iniciaba el beso). Con el tiempo me di cuenta de que esperar cual princesa de Disney a que te den el beso es una pérdida enorme de paciencia y esfuerzo, y prefiero tomar la iniciativa (generalmente tras indagaciones educadas) para ahorrarnos a ambos bochorno y meses de gilipollesca espera; pero en su momento era lo que todas presuponíamos, y ese chico me dio mi primer beso. Fue bonito, besaba bien y era entretenido. Con todo, he de reconocer que pasó bastante tiempo, y unos cuantos chicos (y chicas) más, antes de descubrir un beso que realmente me encendiera por dentro y desatara cosas de esas que sólo sienten supuestamente los adultos.

Tampoco creo que la forma de besar sea definitiva (sobre todo teniendo en cuenta que en algunas culturas ni siquiera existe, o es considerada una práctica extraña), ya que he conocido amantes estupendos que besaban de muy mala manera, y viceversa. En cualquier caso diría que la mejor forma de besar es adaptarse a la otra persona, y evitar lengüetazos excesivos, o tal vez simplemente es la que más me gusta a mí. Estamos tan condicionados por la imagen del beso agresivo que olvidamos lo increíblemente erótico que puede ser un beso cuidadoso, lento y ligeramente travieso.

Actualizaciones varias: 

-Tras terminar el poema de Nemrod (tema: Apocalipsis), lo envié hoy por correo. Avísame por favor cuando te llegue para poder subirlo al blog.

-Hoy hago el décimo día del desafío de este mes. No hay mucha novedad respecto a mi entrada anterior, excepto que sigo encontrándolo bastante provechoso por lo general, una vez superada la fiebre y las dificultades respiratorias y etc. Para el síndrome premenstrual es mano de santo.

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A pleno desafío

Julio 12, 2011 — by Gabriella0

Cosas que he aprendido en esta última semana sobre la meditación:

Meditar con fiebre es muy difícil. Con mocos y tos, más todavía (aparte de la incomodidad, está la imposibilidad de realizar una respiración adecuada).
Meditar con niños en la piscina de la casa de al lado jugando a algo indescifrable a voz en grito es imposible.
Encontrar un sitio recomendable, tranquilo, a buena temperatura, es más complicado de lo que parece. Además, se necesita de cierta privacidad, primero por no caer en un ridículo así generalizado y segundo porque si estás tan relajada que no te das cuenta de que se te han caído los tirantes del vestido y del sujetador, no es nada agradable que te pillen en tetas (contrástese, sin embargo, con la sensación de agradable fresquito que proporciona meditar en tetas).

De los seis días que llevo meditando, sólo una de las sesiones (la de ayer por la tarde) ha sido realmente productiva. Generalmente medito por la noche, antes de dormir, pero con el patrón raro de sueño que llevo últimamente por el calor y la fiebre, intento pillar ratos en cualquier momento del día. A pesar de todo creo que la sesión de ayer compensó de sobra. Fue bastante larga (o por lo menos me lo pareció, a lo mejor fueron sólo 15 minutos) pero me dejó con un buen cuerpo que todavía hoy me dura. A veces, si la sesión es muy buena, me acaban llegando imágenes y sensaciones físicas (debe de ser por el exceso de oxígeno al cerebro, que te deja un tanto tocado), y durante un tiempo me sentí como si alguien me estuviera abrazando y besando. Fue una sensación muy intensa y tremendamente placentera, más de afecto que sexual (aunque algo de eso también había). Un poco como un sueño lúcido, supongo (y no, ayer ya no tenía fiebre, así que descartamos delirio). O a lo mejor simplemente me siento un poco sola y es mi cerebro intentando compensar y blablabla. Sea como sea, fue una experiencia muy positiva.

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Desafío de julio: 30 días meditando. Día 1

Julio 7, 2011 — by Gabriella0

Aunque tengo intención de probar diferentes técnicas a lo largo de estos 30 días de prueba, durante estos primeros días me centraré en las formas básicas, que ya expliqué en su momento en el blog, y que podéis ver aquí, pero copio y pego lo más básico:

Aparentemente es muy sencillo. Ponte en una postura cómoda (la más recomendable y sencilla es la de medio loto, sentado, con la pierna derecha cruzada sobre la izquierda, la espalda recta y las manos apoyadas en las rodillas. Habitualmente suele dejarse la mano abierta, con el pulgar casi rozando el dedo índice o el corazón: esta es la manera de darnos cuenta si nos quedamos dormidos, ya que la mano se cerrará y sentiremos el roce del pulgar contra los dedos). Asegúrate de estar en un lugar donde estés a gusto, sin ruidos ni luces molestas. Si te cuesta mantener la espalda recta, como a mí, mucho tiempo, puedes apoyarte contra una pared. Cierra los ojos y no pienses en nada. Si llega algún pensamiento, descártalo suavemente (no lo rechaces de golpe, simplemente déjalo fluir, que no permanezca; como si le dijeras “ahora mismo no eres importante, ya hablaremos luego”). Parece fácil, ¿verdad? Pues no lo es. Personalmente me resulta mucho más sencillo por la mañana, después del paseo matutino, porque no tengo gran cosa en la mente. Por la noche me resulta muy dificil.

Respecto a la respiración, los que empiezan pueden simplemente realizar una respiración normal, lenta. Para aquellos que tengáis cierta familiaridad con la respiración diafragmática o abdominal, ésta es la más recomendable, si bien yo suelo evitarla si medito a primera hora ya que me deja demasiado relajada para trabajar a pleno rendimiento. 

Para empezar no tienes que dedicarle mucho tiempo. Tres o cuatro minutos diarios serán suficientes, puedes ir alargando el tiempo de meditación conforme vayas acostumbrándote al ejercicio; algunas personas necesitan dos horas diarias, otras necesitan cinco minutos. 



Añado, respecto a la cantidad de tiempo necesaria, que tras un par de sesiones uno ya empieza a calibrar cuánto necesita dedicarle. Hay días en los que alcanzar un estado de serenidad es casi imposible, y ahí se necesitará más tiempo. En otros, sin embargo, en menos de 5 minutos ya estoy viendo florecillas y unicornios.


En cuanto a mi primera sesión de este periodo de 30 días, ha sido nefasta, me ha sido totalmente imposible concentrarme ni conseguir ningún tipo de paz. Pero es que meditar con fiebre no es la mejor de las maneras, ya que el cerebro funciona de formas extrañas y obtusas. A ver si durante el día de hoy el paracetamol se porta y puedo avanzar un poco.