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10 maneras de enfrentarse a proyectos imposibles

Octubre 14, 2014 — by Gabriella6

descargaHoy iba a hacer mi actualización habitual de Beeminder, pero al final me he decidido a hablaros de otra cosa, aunque íntimamente relacionada. Y es que esta mañana me senté delante del ordenador a trabajar en mi novela, como todas las mañanas desde hace un par de años. Me cuesta ahora detenerme a cuidar de la forma, a preocuparme por las pequeñas cosas y los detalles de coherencia, cuando veo el final tan próximo.

El final del primer borrador, claro (si no contamos ese borrador inicial que deseché el año pasado, ups). Solo de pensar en lo que me queda por delante de corrección me dan ganas de abandonar la escritura. Y luego hay que buscar editorial, y ya sabéis lo fácil que está eso.

Luego está el miedo. Madre mía el miedo. Cuando conozco a escritores felices y orgullosos de su trabajo siempre los miro con sospecha, desconfianza y un poco de odio. Yo sufro del pánico a que nadie quiera publicarlo y se quede en el cajón el resto de mis días. ¡Tanto trabajo para nada! (Y sí, ya sé que en teoría sirve para algo, para aprender, pero ya me entendéis). O, mucho peor, ¿y si lo publican y es una mierda y a nadie le gusta y ya nadie confía en mí para publicarme nada nunca más? Es mi primera novela en solitario. Tiene sentido que sea deficiente, aún me queda muchísimo por aprender.

Por todo esto, he llegado a la conclusión de que mi novela es un proyecto imposible. Lo cual no quita que yo siga adelante. Quitemos lo de imposible y dejémoslo en suicida.

¿Cómo se enfrenta uno a un proyecto suicida? No tiene por qué ser una novela. Hay muchos tipos de proyectos imposibles. Pregunté a mis amigos de Facebook cuál era su proyecto infernal. Las respuestas fueron muchas y muy variadas. Algunas coincidían, claro. Tesis doctorales, sobre todo (mis contactos de Facebook son personas muy inteligentes). La UNED parece ser otro gran enemigo. Y novelas, cuántas novelas. Somos demasiados escritores. Más que lectores, sospecho.

Así que ahí va, para todos vosotros, mi lista de pequeños secretos que no son nada secretos. Pasos simples pero a la vez muy difíciles de seguir. Con este método he conseguido terminar dos novelas a cuatro manos y avanzar bastante con una propia; voy perfeccionando el proceso sobre la marcha, pero parece que funciona. No dejéis de compartir en comentarios vuestras opiniones, sugerencias y experiencias personales al respecto:

1. Hay que ir paso a paso: Esto parece de lógica, pero solemos pasarlo por alto. Cuando empezamos con un proyecto estamos motivados, con ganas, pero enseguida llega el aburrimiento. O puede que sea un proyecto que no nos apetece ni al comienzo;  pensamos y pensamos en la grandeza del proyecto, y es inevitable el agobio. Ya sea para escribir una novela o correr una maratón, el secreto está en estar pendiente solo en el trabajo de hoy, no en el de dentro de tres meses. Para ello solo hay que…

2. Empezar: Y con esto no me refiero a hacerlo todo, sino esa temida palabra: ponerse. Para ello es muy útil utilizar herramientas como el pomodoro (ya sabéis que soy devota). Si sabes que solo tienes que trabajar durante 25 minutos (eso sí, con concentración absoluta, nada de email ni redes sociales), todo cuesta bastante menos. Lo de ponerse exige disciplina, y hay dos cosas fundamentales que debemos saber sobre la disciplina: a) que es limitada, por lo que tenemos que buscar el mejor momento durante el día (preferiblemente por la mañana, que todavía tenemos un buen almacén de fuerza de voluntad) para hacer aquello que no nos apetece, y b) que es como un músculo. Cuanto más lo usamos menos nos cuesta (pero en cuanto dejamos de usarlo, se atrofia).

3. Fijar metas. Fundamental. Si nos fijamos pequeños objetivos, será mucho más sencillo tener una sensación de progreso, lo cual es indispensable para no perder la motivación. Pueden ser metas diminutas, como las correspondientes a cada pomodoro terminado, pero conviene además meter otras un poco más grandes (como el trabajo de una semana, o el capítulo de una novela). En este sentido es importante tener bien planificados los objetivos del proyecto. Lo realmente complicado de un proyecto largo es que no tenemos la satisfacción casi inmediata de terminar algo, ese premio mental que nos producen los proyectos pequeños. Así que tenemos que dividirlo en cachos pequeños para que el efecto sea el mismo.

4. Evitar distracciones. Otra que parece de cajón, pero que ignoramos a menudo. Hay aplicaciones para bloquear webs que no debemos visitar (agujeros de tiempo como Facebook, Tumblr, Pinterest y similares), o incluso podemos probar a desconectar internet. Parece inconcebible, pero no lo es. Aquí tenéis diez programitas que os ayudarán.

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Persona con perro

5. Modificar el entorno. No solo nos distrae internet, también nos distraen otras personas, el gato (o perro, que por lo visto es un animal que algunas personas tienen en sus casas), el ruido y mil cosas más. Hay artículos y libros interminables dentro de las ciencias del comportamiento sobre la modificación del entorno para alcanzar nuestros objetivos, pero el muy breve resumen es este: si dejas tus zapatillas al lado de la cama por la noche, por la mañana te dará menos pereza ponértelas y salir a correr; si la comida más alta en calorías está en la balda más alta, te dará más pereza cogerla cuando estás a dieta; si encerramos al gato en la cocina mientras estemos trabajando, no nos molestará. Bueno, la última es mentira, pero vais pillando el concepto.

6. Recompensas. Hay personas que funcionan mejor mediante recompensas, otras actúan de forma más efectiva si hay una amenaza o posible castigo. Prueba con las dos opciones. Cada vez que alcances una de las metas de tu proyecto, recompénsate con algo que te apetezca. Cómprate una falda, ve un capítulo de una serie de televisión, come chocolate, juega un rato al Candy Crush, fornica alegremente con la vecina. Lo que a ti te motive.

7. Castigos. Lo mismo, pero juega con tus propios miedos. Hay gente que esto lo lleva al extremo, y hay incluso quien come comida de gato si fracasa (tendréis que fiaros de mí, ya que no encuentro el enlace correspondiente). El bloguero financiero Maneesh Sethi contrató a una mujer para que le pegara cada vez que entraba en Facebook (true story). No tienes que ser tan exagerado, hay castigos pequeños que además pueden ser positivos a largo plazo, como tener que echar dinero en una hucha cada vez que falles, dinero que luego puedes donar a una ONG o utilizar para comprarle un regalo a alguien. La gracia está, claro, en que eso también sea un castigo, que esa ONG sea una que odies o de la que desconfíes, y que ese alguien sea tu peor enemigo. Beeminder funciona bien en este sentido; si fallas, tienes que pagar.

8. Comparte tus intenciones con los demás y tenlos al tanto de tu progreso. Esto es tremendamente útil. Prueba a decirle a todos tus contactos de Facebook y Twitter (no MIENTRAS trabajas;  volvamos al punto 4) que para tal día vas a tener hecho X, y pídeles que ese día te pregunten por ese X. Trabajarás como un loco solo para no quedar mal delante de todos tus conocidos. Cuanto más valor le des a la opinión de una persona sobre ti, mejor será esa persona para hablarle de tus metas. Y sí, esta es la razón por la que os doy a todos tanta tabarra en las redes sociales y en el blog. Os utilizo para vencer a la pereza, que en mí es grande y mandona.

9. Lee algo que te motive. Esto no es recomendable hacerlo siempre, o acaba por convertirse en una forma más de aplazar el trabajo de verdad, además de perder su impacto. Pero a mí me ha sacado de más de un atolladero. Para esos días de bajona, desidia y cansancio, nada como zamparme unos cuantos artículos sobre productividad para ponerme las pilas. Tengo en marcadores a unos cuantos blogs para esto, y recibo boletines semanales de otros tantos. No leo todo lo que me llega; lo pongo en Instapaper y lo guardo para días de necesidad. No todos son al 100% aprovechables, pero siempre hay buenas ideas.

10. Plantéate la importancia de tu proyecto. Sí, por supuesto que este tendría que haber sido el primer punto. Pero  permitidme un poco de maldad ocasional. Además, cuando empezamos un proyecto lo cogemos con unas ganas que nos impiden ver el esfuerzo que nos queda por delante. A veces hace falta estar a mitad de un proyecto, odiándolo con todas nuestras fuerzas, para preguntarnos si realmente es eso lo que queremos estar haciendo con nuestro tiempo.

Ayuda mucho si el trabajo relacionado con el proyecto se convierte en un hábito diario, ya que dicho trabajo acaba por automatizarse. Os recuerdo además que tengo un artículo muy largo con 69 trucos estupendos para mejorar la productividadY si todo lo demás falla, habladme de vuestro proyecto y me comprometo a mandaros un email diario preguntándoos con dulce insistencia por vuestro progreso. Y cuando digo dulce insistencia quiero decir pesadez con muchos emoticonos. Vais a acabar currando solo por no ver la bandeja de email llena de mierdecitas del Whatssap.

P.D.: Todo esto parte de la base de que tu proyecto es individual. Si es un trabajo en equipo, enhorabuena, acabas de desperdiciar diez minutos muy valiosos de tu tiempo leyendo este artículo.

P.P.D.: ¿Alguien sabe qué caracteres hay que utilizar para hacer el iconito de la mierdecilla del Whatssap? Gracias.

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El método Eisenhower. Cómo elegir lo que es realmente importante.

Abril 30, 2014 — by Gabriella0

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Hace poco estaba leyendo, para variar, a James Clear (podéis leer un artículo suyo que traduje aquí, o ir directamente a su blog aquí), en un artículo en el que hablaba del método Eisenhower. Este es un modo de productividad que, si bien se inspiró en la metodología del presidente americano (imaginad la necesidad de productividad de una persona como Eisenhower, con la que le cayó a ese hombre encima), fue adaptado luego por gurúes de la productividad como Steve Covey (de hecho se menciona este método de pasada en el artículo que le traduje a Niall Doherty, con 69 técnicas de productividad).

Clear insiste en la efectividad de este método para ahorrar tiempo y ser más productivo, pero a mí lo que me llama la atención de esta técnica es su forma brutal de obligarte a elegir entre lo que es y lo que no es prioritario.

El método consiste en crear un cuadro de cuatro cajas, ordenadas por urgencia e importancia. En una va lo urgente e importante, en otra lo urgente pero no importante, en otro va lo importante pero no urgente, y en la última va lo que no es urgente ni importante. A partir de esta división de tareas se efectuarán las cuatro “D”:

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-Do (hacer): En el cuadro de las tareas importantes y urgentes (cuadro 1 del diagrama) solo cabe una acción: hacer, llevarlas a cabo.

-Delegate (delegar): En el cuadro de las tareas que son urgentes pero no importantes (3), uno debe intentar delegar (conseguir que otros hagan estas tareas). Esto es útil, imagino, en un entorno empresarial; para los freelancers se sugiere recurrir al outsourcing, que consiste en pagarle a alguien para que lo haga por ti. En España esto es algo que no es demasiado común, pero tened en cuenta que en EEUU es relativamente común en el mundo de los negocios pagarle a alguien en India para que actúe como asistente virtual. Para el caso de personas con muchísimo email o con tareas repetitivas pero relativamente sencillas, este tipo de asistente puede ahorrarles muchos quebraderos de cabeza.

-Defer (retrasar): Es el cuadro de las tareas importantes pero no urgentes (estas suelen ser tareas relacionadas con metas a largo plazo). Deberemos otorgarles un espacio de cumplimiento, una fecha y hora (o varias, si se trata de tareas grandes) para llevarlas a cabo (2).

-Delete (eliminar): Según este método, las cosas que no son ni urgentes ni importantes deben eliminarse (4). Esta es la parte que impresiona, porque nos hace ser conscientes de la cantidad de tareas que llevamos a cabo por obligación, por costumbre o por alguna visión idealizada de nosotros mismos.

Para dividir nuestras tareas en estas cuatro cajas es importante tener claro cuáles son nuestros objetivos a corto y largo plazo. También nos obliga a decidir qué cosas no son realmente necesarias, para evitar perder el tiempo con esa sensación de que estamos ocupados cuando realmente solo estamos llevando a cabo tareas que no nos aportan gran cosa y que nos quitan tiempo para lo realmente importante. Por tanto, creo que este es un método tremendamente útil para establecer prioridades. Uno podría pensar que lavar la ropa, por ejemplo, no es ni útil ni importante, pero intentar eliminarla de la lista nos probaría lo opuesto: necesitamos ropa limpia (ergo esta tarea no es urgente pero sí importante). También podría parecer que ir a tomar café con un amigo no es urgente ni importante, pero si nuestra vida se reduce a trabajar y necesitamos relajarnos con una vida social más activa, esta tarea es, desde una perspectiva a largo plazo, muy importante. No obstante, jugar al Angry Birds no es urgente ni importante, y a no ser que seas un desarrollador de juegos probando a la competencia, no tiene mucha justificación a largo plazo.

Implementar el método lleva tiempo. Lleva tiempo decidir qué es importante y qué no. Los profesionales aseguran que este tipo de sistema, bien implementado, puede ocuparte hasta una hora diaria, pero que los resultados ofrecen una recuperación de esa inversión más que sobrada, con pingües beneficios.

¿Qué opináis? ¿Es este un método que consideraríais probar? Si lo hacéis, no dejéis de contarme qué tal os ha funcionado.


Otra forma de aprovechar el tiempo es sacarle el máximo rendimiento a la corrección y revisión de tu libro. Si quieres un montón de  trucos e ideas para ello, ya sabes que tengo un libro que solo cuesta 2,99 € en Amazon 😉

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¿Es realmente posible alcanzar una meta si le dedicas el tiempo y el trabajo suficiente?

Febrero 7, 2014 — by Gabriella3

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Hace poco más de un año tomé la decisión, seria y algo acojonada, de escribir. Había escrito antes, claro, toda mi vida, pero de una forma insegura, intermitente, valiéndome solo de las musas y la inspiración. La disciplina la dejaba para la edición, que fue, al fin y al cabo, a lo que me dediqué durante casi toda mi vida anterior.

No me lanzaba a la piscina desde el vacío, desde la nada. Siempre he leído bastante, ya fuera por ocio o trabajo, y he pasado muchísimo tiempo trabajando textos ajenos, tanto desde un punto de vista académico como profesional. Corregí, maqueté, valoré, analicé, y casi todo lo que se puede hacer con un texto destinado al público. Me di cuenta de que estaba ocupándome casi por completo, de una manera u otra, del proceso editorial, y eso estaba bien. Estaba ayudando a otros escritores a mejorar su obra, a presentarla de la mejor forma que yo supiera ofrecerles. Una forma que, si bien no era perfecta, era mucho mejor que el manuscrito inicial. Creía (y sigo creyendo) que tenía un pequeño don para sacar lo mejor de un autor. Esto es algo que sigo desarrollando a través de la corrección de estilo, y que me mete en más de un lío, ya que me resulta muy difícil separar mi labor de simple correctora de mi antigua labor de edición: si me encuentro con un texto con agujeros argumentales o incoherencias narrativas, por ejemplo, necesito trabajarlo con el autor, aunque sepa que eso va a complicar y alargar mi trabajo de forma innecesaria.

Todo ese bagaje era importantísimo para comenzar una labor seria como escritora, no solo por la formación que me proporcionaba, sino por todos los contactos que realicé en mi fase de editora, y por todo lo que aprendí de otros profesionales del mundo de la edición, gente a la que aún admiro y a la que ocasionalmente acudo. Creo que hice lo que tenía que hacer, pero por otro lado lamento no haber tenido una meta más específica. El mundo de la edición te exige estar en muchos frentes a la vez, y yo tiendo a la multitarea y al pluriempleo. Hace un año me di cuenta, ya de forma definitiva, de que eso tenía que cambiar. Necesitaba un objetivo claro.

La importancia del trabajo diario

Ya he hablado varias veces en el blog de las 10000 horas, las que se supone que necesitas para dominar una habilidad. No se trata solo de echarle 10000 horas a algo: deben ser horas realmente útiles para tu habilidad, horas de aprendizaje puro, y también hay muchos otros factores que deben cultivarse: redes sociales (no me refiero a Facebook, que también, sino a redes de interacción en general con otras personas de las que puedes aprender). Cerca de esta teoría está la de los 7 años, que es que necesitas 7 años para llegar a algo en algún campo; también está el llamado compromiso de los cinco años, del que leí por primera vez en un artículo de Steve Pavlina, pero que tiene variantes de todo tipo por todas partes.

El compromiso de los cinco años es interesante porque te hace plantearte en serio si lo que estás haciendo es útil para ti. Si tomas una dirección, profesional o personal, ayuda mucho preguntarte: ¿voy a comprometerme a seguir haciendo esto dentro de cinco años? ¿En serio? ¿Pase lo que pase? ¿Todos los días? Son preguntas importantes, si tenemos en cuenta que esos cinco años son lo mínimo que hacen falta para obtener algo de importancia en cualquier campo. Uno no puede rendirse, opinar que todo ha salido mal, cuando solo lleva seis meses haciendo algo. Y muchos argumentarán que interviene la suerte, que hay quien es descubierto de la noche a la mañana, por ejemplo. Pero si uno investiga un poco, descubre que la mayoría de esas personas que han tenido éxito en algún campo, de manera aparentemente afortunada y casual, llevaban ya años desarrollando determinadas habilidades, y que el hecho de que estuvieran en el sitio adecuado en el momento adecuado se debe en gran medida al desarrollo de esas habilidades. La suerte existe, sí, pero es un factor mucho menos determinante de lo que podría parecer.

Primeros resultados

Tras el primer año realmente dirigido, de esos cinco a los que me he comprometido, puedo decir que los resultados han sido favorables: tengo un libro a las puertas (El fin de los sueños, junto con José Antonio Cotrina, que saldrá publicado el 20 de marzo con Plataforma Neo); tengo otra obra finalizada, en proceso de corrección, que pronto empezará a hacer la ronda por editoriales; y escribí 90000 palabras de una novela que, por muchas razones, me he visto obligada a reiniciar por completo, pero que espero poder terminar antes de que acabe el 2014. Pero todo esto no viene solo de sentarse a escribir a diario: si yo no hubiera pasado ocho años de mi vida de congreso en congreso, de convención en convención, hablando con escritores y editores, nunca habría conocido a las personas adecuadas para aprender a navegar en el complejísimo mundo de la edición. Si no me hubiera hecho un currículo, publicado otras cosas, nadie habría creído en mis posibilidades. Si no hubiera tenido cierta habilidad mínima para empezar, mi coautor no habría considerado compartir portada conmigo (y os puedo asegurar que es una persona tremendamente exigente y meticulosa). Así, repetimos: esas 10000 horas no son solo de escribir, leer, corregir y escribir de nuevo. También son de socializar con gente del gremio, de estar en todas partes, de dar y asistir a charlas y conferencias que de primeras podrían parecer inconsecuentes (todas estas acciones que, para una persona de naturaleza introvertida como yo, son agotadoras). Incluso son de escribir cientos y cientos de artículos sobre literatura para una página web. Todo está relacionado.

Contra viento y marea

Todo esto ha exigido una reestructuración mental muy grande por mi parte. Para empezar, decidí dirigirme a un nicho de mercado más productivo, que antes no había considerado: la literatura juvenil. He intentado tragarme la timidez y atreverme con ciertas cosas a pesar del miedo. He aceptado la disciplina diaria de escribir, y no he fallado ni un solo día. Escribir se ha convertido en una prioridad absoluta, por encima de comer, dormir o incluso pasar tiempo con mi familia o mi pareja. Todo esto compaginado con horas y horas de otros trabajos para intentar obtener algún ingreso. No soy muy fan de Almudena Grandes, por ejemplo, pero sí soy muy fan del hecho de que durante años se levantara a las cinco de la mañana para poder escribir, antes de llevar a los niños al colegio o ponerse a trabajar. Esas son las cosas que nunca nos cuentan de la glamurosa vida del escritor.

Hay muchos días que me levanto desalentada y me pregunto si algo de esto merece la pena. Los ingresos, tanto por mi trabajo como escritora como por mis demás ocupaciones laborales, son ínfimos (hace un par de años volví a casa de mis padres porque ya no podía permitirme alquilar un piso y pagar las facturas. Sigo sin poder permitírmelo). Trabajo mucho, e intento hacerlo lo mejor posible. Pero desde hace un tiempo siento que, a pesar de la ocasional desesperación, mi vida está llena de cosas maravillosas, de experiencias alucinantes y de posibilidades mágicas. Y tengo algo que mucha gente no tiene: un compromiso para cinco años. No puedo esperar a ver qué me deparan los cuatro siguientes.

Conclusión

Todo esto nos lleva a una única pregunta: ¿Es verdad lo que nos venden? ¿Es posible entonces desarrollar una habilidad y llegar a algún sitio con ella en el espacio de cinco años de trabajo constante y teledirigido?

No lo sé, pero pienso averiguarlo.

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Por qué los propósitos de año nuevo no funcionan

Enero 2, 2013 — by Gabriella3

Todos los años, lo mismo. Nos hacemos mil propósitos, los cumplimos durante un par de semanas y luego los abandonamos, hasta el año que viene. ¿Y esto por qué? ¿Por qué nos duran tan poco estas buenas intenciones, estos New Year resolutions famosos? Pues resulta que hay bastantes motivos, pero yo los resumiría en tres:

Porque no son realistas: Por alguna extraña razón tendemos a pensar que la llegada de un nuevo año lo cambiará todo; que seremos mejores: más fuertes, más disciplinados, más organizados. Caemos en la trampa del calendario, le otorgamos propiedades mágicas. Pero la realidad del asunto es que si intentaste dejar de fumar en septiembre de 2012 y no lo conseguiste, es muy probable que en enero del 2013 tampoco lo hagas, máxime si sigues el mismo método (que suele consistir en confiar en tu fuerza de voluntad, sin tener en cuenta que tu fuerza de voluntad puede fallar y que, en el momento en que falla, sueles rendirte).

Porque no son concretos: Somos ambiciosos, y abstractos. “Quiero comer sano”, por ejemplo. ¿En qué sentido? ¿Cómo va a cambiar tu dieta, qué alimentos vas a comprar, qué recetas vas a utilizar? ¿Cuál es tu plan diario? Si nos guiamos por un acercamiento genérico de “ya veré lo que hago”, hay muchas más posibilidades de fracaso: olvidaremos enseguida nuestra meta y con que surja el más mínimo inconveniente abandonaremos nuestros buenos propósitos.

Porque pensamos a corto plazo: Lo queremos todo YA. Si nuestro propósito es perder peso, o ponernos en forma, por ejemplo, nos imaginamos al cabo de dos semanas con el cuerpo de nuestros sueños. Cuando la realidad del asunto aparece (que conseguir ese objetivo lleva muchísimo tiempo y esfuerzo), nos desanimamos y nos rendimos.

¿Cómo solucionarlo? 

  • No te concentres en metas genéricas y abstractas, tipo “tengo que hacer más ejercicio”. Tienes que desarrollar un plan de acción que sea sencillo, y ante todo práctico. Piensa en qué acciones puedes llevar a cabo todos los días que te acerquen a tu meta. Y piensa en cómo llevarías a cabo esas acciones en tus peores días, esos en los que no te apetece nada. Piensa siempre en tu momento más bajo, más vago, más ocupado, etc. Las acciones que planifiques deberías poder realizarlas incluso en esos momentos, sin un gran esfuerzo. Así, tendrás garantizado el éxito. Un ejemplo muy claro de esto es el proyecto 1 push up (una flexión). Al autor de ese blog se le ocurrió que iba a hacer una flexión al día, todos los días, sin excusa. Una flexión no cuesta nada. Claro que a la hora de ponerse a hacerla por lo general hacía bastante más… muchísimo más. Pero el saber que tu mínimo es algo casi ridículo, facilísimo, hace que te animes a llevarlo a cabo incluso en los días en los que menos te apetece (la misma filosofía es la que me ha permitido escribir todos los días, sin excusa, durante los últimos 33 días**). No pienses en lo que puedes hacer en tu momento óptimo, piensa en lo que puedes hacer en tu peor momento, en la peor de las situaciones.
  • Si ya has probado mil veces a conseguir lo mismo (ya sea dejar de fumar, de beber, adelgazar, hacer ejercicio…), va siendo hora de intentar enfocarlo de otro modo y cambiar de método. Es hora de identificar los patrones. Todos los años, desde que tenía unos 20, mi propósito para año nuevo era perder peso. No soportaba la idea de que al finalizar el año siguiente me viera con más peso que el anterior. Y todos los años, ocurría. Conseguía perder algo de peso durante el año, gracias a alguna dieta ridícula, y al final del año (sobre todo gracias a las fiestas navideñas), no solo lo había recuperado, sino que había aumentado. La única excepción a este patrón fue el par de años que perdí muchísimo peso por temas de salud. Esa no es una buena razón para perder peso, y lo pasé tan mal en aquel tiempo que ni siquiera tuve tiempo de alegrarme por el peso perdido. No tardé nada en recuperarlo en cuanto empecé a encontrarme mejor. Lo extraordinario es que, aunque me considero una persona inteligente, reincidía. Una vez tras otra, probaba cosas que sabía que no iban a funcionar. ¿Por qué esta vez iba a tener más fuerza de voluntad que otras? Por mucho que me deprimiera engordar cada año, era incapaz de salir de ese ciclo de eterno retorno.

¿Qué fue lo que cambió?

Un día decidí que iba a dejar de caer en la trampa de las metas a corto plazo. Si algo te importa lo suficiente, tienes que pensar en ello no solo con vistas a dos semanas, sino a cinco años. Tienes que aceptar que los resultados no serán rápidos. Así, empecé poco a poco a cambiar los hábitos, a modificar esas cosas que hacían que cogiera peso. Paso a paso, nada de hacerlo todo de golpe. ¿Lo primero? Disminuí de forma radical mi ingesta de alcohol (desarrollé hábitos y reglas para cuándo beber y cuándo no, y me funciona a las mil maravillas). Luego llegó la reducción del tamaño de mis porciones (de cualquier forma, descubrí que al dejar de beber mi relación con la comida también cambió bastante), y me concentré en diferentes formas de reducir la ansiedad que me impulsaba a comer de manera compulsiva. A eso le fui añadiendo el ejercicio, primero de forma mínima y luego ya más en serio. Y últimamente estoy descubriendo algo muy útil, llamado mindful eating* (alimentación consciente), de lo que hablaré más adelante con más tranquilidad.

Estas Navidades, peso unos 13 kilos menos que las Navidades pasadas. A pesar de las celebraciones, he seguido aplicando mis reglas y hábitos (con excepciones planificadas y contadas: Nochebuena, Navidad, Nochevieja y Año Nuevo. Y aun en esos días todo ha sido bastante tranquilo, ya que ya no siento la necesidad de ponerme hasta arriba de comida y bebida). ¿El truco? Dejé de obsesionarme por cuánto quería perder y me concentré en la manera de perderlo. Antes, habría querido perder esos 13 kilos en apenas unos meses; ahora, no tengo prisa. Lo importante es disfrutar de la comida, darme pequeños caprichos de forma organizada y mantener los hábitos saludables. Ya no me aterra recuperar ese peso; sé que mientras siga con ciertas costumbres positivas, no tiene que pasar lo de antes: perdía y recuperaba, con más kilos que cuando empezaba. Lo que nos lleva a uno de los puntos más importantes:

  • No tengas prisa: Ya llegará. No pienses en lo que quieres para mañana, sino para el 2020. Trabaja, a diario, para conseguirlo. Ponte metas pequeñitas, que alcances con facilidad (perder un kilo en un mes no es complicado, y cuando lo consigas te sentirás orgulloso de ti mismo. Esa sensación de satisfacción hará que el mes siguiente sea más fácil. Y kilo a kilo se pierden muchos kilos, como puedo atestiguar).

¿Qué otras cosas creéis que nos influyen para no cumplir nuestros propósitos de año nuevo? ¿Qué creéis que debemos hacer para que nos duren? Si queréis una lista de propósitos de año nuevo un poco diferentes, sugiero estos buenos propósitos informáticos de Softonic. No obstante, considero que algunos, como el número 4, son irrealizables. O también podéis crear propósitos literarios, como sugiero en este artículo que escribí para Lecturalia.

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*Si tenéis enlaces a artículos en condiciones (más o menos serios, nada de palabrería New Age) sobre este tema que estén en español, pasádmelos y los incluiré también.
**Actualizado a 27/03/14: Básicamente he perdido la cuenta de cuántos días llevo escribiendo. Pero no he parado ni un día desde que empecé, allá por diciembre del 2012).

Imagen tomada de Cuánta razón. Si sabéis de quién es originalmente vendría bien saberlo para enlazarle.

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Adiós, clutterfuck y hola, meditación

Septiembre 9, 2012 — by Gabriella0

Hoy se cumple el último día del desafío de 30 días Clutterfuck. Los días 29 y 30 no los he fotografiado ni voy a exponerlos ya que se han tratado de objetos recibidos como regalos. Aunque creo que ninguna de las personas involucradas lee este blog, preferiría no publicar dichos objetos por si acaso. Son cosas a las que les tengo cariño pero que llevo ya un tiempo sin usar y que están en muy buenas condiciones; cosas que podrán ser aprovechadas y queridas por otros. A continuación os dejo mi resumen de lo que ha significado este desafío:

¿De qué trataba el desafío y cuál era su objetivo?
Durante 30 días me he deshecho, de manera diaria, de un objeto que ya no usaba, un objeto que sobraba. En el caso de cosas ya muy avejentadas o rotas, las he tirado; las nuevas las he donado a Cudeca o a amigos que me las han pedido. El objetivo era valorar de nuevo los objetos materiales, darles la importancia que merecen, y considerar qué necesito realmente y qué está simplemente ocupando espacio y molestando en mi entorno. Mi esperanza era que este comportamiento además me ayudara a hacer un poco de clutterfuck mental y laboral.

¿Cómo ha sido de difícil?
Relativamente fácil, si bien ha llevado más tiempo los días que tenía que reorganizar y ordenar cosas, por no hablar de subir mis progresos al blog y realizar fotografías. En general ha sido bastante sencillo, pero me alegro de haber terminado y no tener que seguir haciéndolo a diario.

¿Prueba superada?
Sí, lo he hecho a lo largo de 30 días, deshaciéndome de algo a diario. ¡Conseguido!

¿Ha funcionado?
Pues sí, ha funcionado. Tengo menos cosas (aunque todavía me quedan muchísimas más que deberían ir por el mismo camino), menos bulto a mi alrededor. Y no solo eso, empiezo a tener cierto estado mental que me ha ayudado en mi vida laboral también. He conseguido reorganizar algunos proyectos, quitarme carga de trabajo en otros (he recortado en algunas cosas que me satisfacían a nivel personal y profesional: prefiero hacer menos y de mejor calidad) y dejar algo de tiempo para encargos ocasionales, tanto de Miss Cristal como relacionados con las letras, que me entran y que siempre producen un caos total en una rutina que estaba llena de obligaciones que me saturaban. Un tiempo que además me ha venido estupendo para poder echarle más horas a esto de hacer ejercicio (he empezado a ir a un gimnasio, aprovechando que mi hermano se ha apuntado y puede acercarme en coche). Sobre todo me ha ayudado a ver qué es esencial y qué no, si bien queda claro que este es un proceso que no ha hecho más que comenzar. Sospecho que en los próximos meses me veréis ir cortando con algunos otros proyectos que tengo por ahí sin terminar, languideciendo, y que ya no me aportan nada. Me está enseñando a ser más realista y a enfocar, a concentrarme en lo importante y fundamental. Sobre todo, se me está quitando el apego tonto a cosas que no lo necesitan. El afecto es limitado, creo que voy a distribuirlo mejor a partir de ahora.

¿Vas a seguir haciéndolo?
No a diario, desde luego, ya que implica un gasto de tiempo y energía que necesito para probar otros retos. Pero a partir de ahora dedicaré un día fijo, cada dos meses, para hacer un clutterfuck masivo en mi espacio vital, tanto mental como físico. Será muy útil para actualizar prioridades y hacer limpieza en todos los sentidos. También me he adjudicado una nueva regla, muy sencilla: Nada entra sin que algo salga, es decir, cualquier compra, regalo, etc., implicará que tendrá que salir de mi espacio otro objeto que ya no sea esencial. Para empezar, el día 9 de octubre haré el primer clutterfuck masivo y me comprometo a mostrarlo en el blog, sois todos testigos 😉

¿Cuál es el siguiente reto?
Mañana empieza el siguiente desafío de 30 días, el de meditación. Como ya os comenté, la primera semana se tratará de meditación guiada, aprovechando la oferta de Meditationfest (lamentablemente, en inglés), de siete sesiones distintas gratuitas, más que nada por probar diferentes formas y perspectivas frente a la meditación. Después, volveré a mi meditación habitual, que está explicada aquí, y que consiste en poner en blanco la mente hasta entrar en un estado en el que puedes dejar simplemente fluir los pensamientos sin agarrarte a ellos. Si alguien quiere apuntarse al reto pero no sabe ni por dónde empezar porque jamás ha meditado, aconsejo el siguiente proceso para empezar:

  • Busca una posición cómoda (pero no tan cómoda que te vayas a quedar dormido). Yo uso medio loto, con las manos abiertas en forma de pinza sobre las rodillas (así, si te duermes, te despiertan tus propias manos al cerrarse. En la imagen veréis a lo que me refiero). Pero te puedes sentar en una silla normal, o donde estés a gusto. Lo importante es que la espalda esté recta y no estés tumbado/a.
  • Cierra los ojos y concéntrate en respirar. Si sabes realizar respiración abdominal o diafragmática, esta es la buena. Si no, limítate a inspirar y espirar como siempre, pero de manera mucho más lento y profunda.
  • Cuando te sientas ya algo más relajado, no pienses en nada. Es decir, lo que venga córtalo de forma abrupta. Cualquier pensamiento elimínalo tan pronto aparezca, hasta que no estés pensando en nada. Esto al principio es bastante más complicado de lo que podría parecer.
  • Una vez has conseguido esto, empieza a dejar pasar los pensamientos. Pero no reflexiones ni te pares con ellos, déjalos fluir y pasar. No los cortes pero tampoco les prestes atención. Simplemente observa. Se trata de conseguir una especie de “mente tras la mente”, o testigo de tu propio pensar. Este es el estado ideal al que queremos llegar.

Personalmente me gusta reflexionar un poco antes de empezar a meditar, para quitarme preocupaciones o cosas interesantes que podrían distraerme demasiado durante la meditación. Del mismo modo, suelo quedarme reflexionando un rato después de meditar, ya que pueden haber surgido pensamientos interesantes sobre los que me gustaría profundizar pero que por la naturaleza de la meditación tuve que dejar fluir en vez de pararme lo necesario. A veces apunto cosas. Como método de inspiración es inigualable, desde luego. Lo idóneo es empezar con un tiempo fijo, ponerse el despertador, por ejemplo, y realizar unos cinco minutos, para ir ampliando el tiempo según vamos haciendo sesiones. En mi caso, mi objetivo es llegar a cierto estado de paz y gusto que suelo alcanzar pasados unos 10-15 minutos*, por lo que para mí una sesión exitosa rondará los 20 minutos. Hay días que tardo mucho más, porque estoy preocupada, estresada, etc., y días en los que llego en nada. De cualquier forma cada persona es un mundo y veréis cómo, después de un tiempo de práctica, vosotros también daréis con la cantidad de tiempo idónea para que cada sesión sea fructífera, es decir, que os ayude a vaciar la mente, limpiaros un poco las ideas y os proporcione una relajación fabulosa.

Si alguien quiere hacerme alguna pregunta, sentíos libres de hacerlo por los comentarios o escribiéndome a gabriellavc(arroba)yahoo.es

*Yo lo defino como “el estado de las florecillas y las mariposas”, porque suele ir acompañado de imágenes mentales de flores que crecen de mis manos, con mariposas que revolotean alrededor. Sí, WTF. No me preguntéis de dónde sale eso ni por qué. Pero sí que es cierto que en las épocas en las que he meditado más a menudo cada vez tenía imágenes mentales más vívidas durante la sesión. Algunas en concreto acaban asociándose a cierto estado mental, como en el caso de las florecillas en cuestión.
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Imagen por cortesía de: FreeDigitalPhotos.net

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Clutterfuck. Deshazte de las cosas que te sobran. Días 27 y 28.

Septiembre 7, 2012 — by Gabriella0

Y ya estamos en la recta final. Para ayer y hoy os ofrezco estas dos entregas clutterfuck. Primero, otro montoncito de ropa que estaba guardado en el fondo del armario y que se va, me temo, directo a la basura. Y segundo, un par de bolsos que están también en condiciones deplorables y que llevo años sin usar:

 La próxima y última actualización será seguramente el domingo o el propio lunes, donde tocará evaluar la experiencia y ver cuáles han sido mis impresiones acerca del desafío.

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Clutterfuck. Deshazte de las cosas que te sobran. Días 25 y 26.

Septiembre 5, 2012 — by Gabriella0

A pesar de todas las cosas de las que me he deshecho ya con este reto de 30 días de clutterfuck, tengo la sensación de que no termino nunca de quitar cosas de enmedio. Además, el tema de la ropa comienza a volverse espinoso, ya que estoy en ese momento en el que todo me queda o muy grande o muy pequeño, así que aproveché unas rebajas en Santander y compré un par de cosas en una tienda a la que le tenía echado el ojo desde hacía un tiempo. Por supuesto, por cada prenda nueva que entra tiene que salir otra, así que ahí va el clutterfuck correspondiente, con una camiseta que llevo años sin ponerme y una minifalda que me compró mi madre y que no me he puesto nunca (siempre me ha quedado pequeña y, para más inri, las cosas rosas no casan bien con el pelo rojo):

Y como clutterfuck del día 26 ahí va un buen montoncito de restos de collares viejos y fornituras que no voy a usar porque ya no utilizo enganches que no sean hipoalergénicos ni de una calidad mínima. ¡Adiós, bisutería baratuna!

Os recuerdo que este domingo 9 de septiembre hacemos 30 días, así que daré por finalizado el reto una vez publicado el último post con las últimas entregas, el día 9. Ahí hablaré de mis conclusiones al respecto del desafío en general. Y el lunes 10 empieza el siguiente reto, que será el de la meditación. Mi objetivo es practicar una meditación diaria (los 11 primeros días serán meditaciones guiadas), el resto ya veré, pero imagino que seguirán mi tónica habitual, de entre 10 y 30 minutos en postura de medio loto. En este artículo hablé de cómo suelo practicar la meditación y cómo suele beneficiarme, pero por lo general he tomado esta decisión para volver a controlar la ansiedad y marcarme el hábito de meditar a diario para mejorar mi estado mental en general. Veremos si, una vez superados los 30 días (¡esta vez lo tengo que conseguir!), decido darle continuación durante otros 30. Como dije en el clutterfuck anterior, si a alguien le interesa el tema de la meditación y cree que esto podría beneficiarle, están las puertas del blog abiertas para que participe.
Editando. Otros clutterfucks ajenos: montones de sobres y cartones de una oficina.

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De regreso y clutterfuck días 23 y 24. Reflexiones sobre el próximo reto.

Septiembre 3, 2012 — by Gabriella2

Actualizo solo para haceros saber que ya estoy de regreso y que todo vuelve a su rutina habitual. Este viaje ha sido bastante más tranquilo y mi peso vuelve a estar de nuevo bien encarrilado. A ver si este mes puedo empezar a perder de nuevo (en los días prerregla es difícil saberlo ya que se aumenta algo de peso por retención de líquidos, pero todo parece indicar que sí).

En cuanto al clutterfuck, lo retomo donde lo dejé. Para los días 23 y 24 del desafío le tocó su turno a una camiseta que está hecha polvo pero que me resistía a abandonar, y un neceser que me sobraba y que había estado guardando por alguna razón extraña que solo conocerá mi subconsciente:

En lo que se refiere al desafío siguiente, ya que me queda menos de una semana para terminar éste, le he estado dando bastantes vueltas. Tengo ganas de concentrarme en el tema del ejercicio, pero tengo algunos problemas de salud que tengo que resolver antes de poder comprometerme a fondo con algo diario a nivel físico. Estos problemas se resumen en una astenia que llevo arrastrando desde la primavera, que hace que mínimo tres de cada siete días me los pase con la energía en negativo, incapaz de moverme ni de hacer casi nada. Es increíblemente frustrante y ya lo he probado todo: cambio de patrones de sueño, de alimentación, etc., etc., etc. Durante un tiempo funcionan, pero al cabo de poco vuelvo a recaer en esta ausencia de energía absoluta. Mi médico, cuya respuesta para todo es que soy muy rara (y sí, sigo con fantosmia también, aunque ya solo de manera ocasional) me hizo un análisis de sangre pero los resultados daban que tengo una salud estupendísima y envidiable y me mandó de vuelta a casa sin molestarse en hacer nada más al respecto. Así que una de mis metas más importantes de esta semana es cambiarme de médico e intentar obtener mejor ayuda profesional. Estar horriblemente cansada la mitad del tiempo no tiene gracia ninguna, sobre todo cuando quieres hacer tanto.

Como tengo que aparcar parcialmente lo del ejercicio por ahora (sigo haciendo la tabla de la que os hablé, pero menos de lo que querría, del mismo modo que mi actividad física en general se ha visto bastante reducida)., estoy evaluando otras opciones para el siguiente desafío. Muchas veces la falta de energía es un síntoma de ansiedad, y sí que es cierto que desde que dejé la meditación a un lado la ansiedad se está convirtiendo de nuevo en un bicho poco manejable. Así que volver a los 30 días de meditación que me propuse en su momento pero que no conseguí me parece una opción muy atractiva. Por otro lado, hay otro reto que me llama mucho y que, por razones variadas, me convenía hacer este mes, y es el de escribir los sueños. Necesito bastante material para una narración de carácter onírico, y no hay mejor sitio donde encontrarlo que en la oniria propia. Lo de apuntar lo soñado es algo que me gusta, y que he hecho alguna vez, por muchos motivos (entre ellos, disfruto reconociendo patrones o incluso identificando representaciones subconscientes). No creo que sea buena idea hacer dos retos a la vez, y en principio creo que la meditación tiene más relevancia ahora mismo. Así que creo que a partir del lunes 10 de septiembre será en lo que me concentraré. Si alguien está interesado en apuntarse para hacerlo juntos (ya sabéis, seguirnos por internet, animarnos mutuamente y todas esas cosas) que me lo diga. Yo utilizo una meditación muy básica, pero a partir del 11 de septiembre hay una serie de meditaciones guiadas disponibles de manera gratuita en Internet, así que es posible que pruebe alguna (ojo, están en inglés. Me han llamado la atención porque son de estilos y formas de pensar muy distintas entre sí y las meditaciones guiadas pueden ser muuuy relajantes. Ya os comentaré qué tal están). Si alguien se presta a hacer el reto de 30 días conmigo está claro que podrá llevarlo a cabo como él o ella quiera, con la duración diaria que desee y el método que prefiera.

Para aquellos que desconfíen de la meditación en general, yo lo veo simplemente como una manera de relajar cuerpo y mente, algo que a mí personalmente me resulta muy necesario. Prefiero la práctica simple y básica, en este artículo hablé de cómo lo llevo a cabo y por qué me resulta beneficioso.

También tengo otra meta personal para este mes de septiembre que empieza. Durante el verano no he podido hacer gran cosa de Miss Cristal, sobre todo he estado centrándome en los encargos, pero lamentablemente estos son poco rentables, debido al tiempo que inviertes en comunicación con el cliente, fotografía de muestras, buscar los materiales necesarios, etc. Tengo poco stock gracias a unas cuantas ventas grandes que hice antes del verano. Así que este mes quiero concentrarme en llenar otra vez la tienda y en vender todo lo que pueda. Quiero ver cuánto puedo conseguir a lo largo del mes.

Editando clutterfucks ajenos: Ropa que no se usa, revistas viejas de cocina y decoración.
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Imagen: FreeDigitalPhotos.net

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De viaje y clutterfuck días 21 y 22

Agosto 22, 2012 — by Gabriella0

Me voy de viaje hoy y regreso el día 1 de septiembre. Dudo que me resulte posible hacer clutterfuck mientras esté fuera (no creo que a mis anfitriones les haga mucha gracia que regale o tire sus cosas), así que seguiré cuando regrese.

Por ahora os dejo con el clutterfuck de este último par de días: una bolsa llena de cables sobrantes que han ido de regreso al hogar mágico de todo lo informático (léase el taller de mi hermano), y una lámpara viejísima cubierta de polvo que estaba guardando para probar una bombilla de luz blanca para Miss Cristal (que nunca llegué a probar y de la que probablemente pasaré en los próximos meses):

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Clutterfuck. Deshazte de las cosas que te sobran. Días 18, 19 y 20.

Agosto 20, 2012 — by Gabriella0

Y seguimos recopilando cosas que se han vuelto inutilizables o simplemente ya no me hacen falta. Estos últimos tres días han sido sobre todo de ropa.

Empecé con más zapatos. Los de la izquierda los compré hace más de diez años y me los he puesto dos veces. Me encantan, son verdaderos zapatos de bruja, pero me quedan algo pequeños y nunca han sido cómodos. Los de la derecha son zapatos que me he puesto MUCHO, y que están ya en las últimas:

Luego descubrí un vestido y varios sujetadores que se me habían quedado grandes. Con estas excepciones, por ahora estoy guardando la ropa que se me ha quedado grande, ya que supongo que no termino de creerme, en el fondo, que vaya a mantener mi peso actual (tantos años de perder y recuperar peso deprisa han hecho mella). Me pregunto si debería deshacerme de toda esa ropa grande como forma de obligarme a tener mucho cuidado de no recuperar el peso perdido.

Y ya que estaba con el tema de la lencería, recuperé del armario una bolsa llena de lencería que tenía guardada porque me quedaba pequeña. Ha sido adecuadamente organizada, con cosas que se han ido directamente a la basura y otras que han regresado al cajón: