notas de lectura

Mil otoños, de David Mitchell

noviembre 11, 2017 — by Gabriella2

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notas de lectura

Mil otoños, de David Mitchell

noviembre 11, 2017 — by Gabriella2

Terminé de leer Mil otoños  hace un par de semanas, con pena y alegría.

Alegría porque terminar un libro de 560 páginas siempre me proporciona un orgullo infantil. Alegría porque fue un viaje estupendo.

Pena, porque se acababa.

Y pena porque el final, en lo que sospecho podría ser habitual en Mitchell, no está a la altura de las circunstancias. No obstante, como pronto veréis, eso tampoco es muy importante.

Mil otoños es la historia de mercaderes, funcionarios y otras variables humanas procedentes del mundo occidental de finales del siglo XVIII, viviendo (o malviviendo) en Dejima, puerto comercial con Nagasaki. ¿Y qué ocurre cuando pones a unos cuantos neerlandeses y asociados en una isla artificial pegada al sagrado territorio japonés en esta época? Un montón de cosas divertidas: eso es lo que ocurre.

Así que vamos con las notas de lectura. Ya sabéis que soy incapaz de leer como las personas normales, así que mezclo mis observaciones analíticas con aquello que considero que es de interés para mí, como escritora, y para vosotros, como lectores.

Un apunte: El título original es The Thousand Autumns of Jacob de Zoet. Me parece interesante que se omitiera el nombre de Jacob en la traducción del título y creo que es acertado. En realidad, De Zoet no es el protagonista absoluto de la historia, aunque Mitchell lo use como vehículo principal. De Zoet puede ser el meollo de la cuestión, pero no es la cuestión en sí.

mil otoñosMi edición de Sceptre junto a la edición traducida de Duomo Ediciones

Realicé la lectura en su idioma original, así que todas mis observaciones están basadas en la prosa inglesa. Desconozco la calidad de la traducción a nuestro idioma. Dicho todo esto, vamos a lo que vamos. Ventajas ventajosas de este libro:

Ventajas

  • Los mil otoños arrancan con una escena que poco tiene que ver con el ya mencionado Jacob. En este primerísimo capítulo, asistimos a un parto complicado y algo explícito. No, esto no es para estómagos delicados (pero los partos, en general, no lo son). Daba la casualidad de que justo en ese momento yo también estaba escribiendo un parto, para otra historia, así que me sentí hermanada con el autor de un modo arrogante y ridículo. Ridículo porque tal vez algún día, dentro de 324,5 vidas, llegue a un punto en el que mi prosa pueda parecerse a la de Mitchell.
  • Y es que Mitchell tiene tantos recursos formales metidos en la manga que da como cierta vergüenza seguir escribiendo después de leer un párrafo suyo. Uno de mis recursos favoritos es ese en el que alterna líneas de diálogo con líneas descriptivas. Por ejemplo: intercala una línea descriptiva del presente (donde nos ofrece detalle tras detalle de animales conservados en formol y expuestos en una habitación) con una de diálogo en flashback (donde reproduce la conversación mantenida entre Jacob y el padre de su prometida).
  • Como copiar a mano el ejemplo entero me da pereza y mi móvil saca muy malas fotos, os pongo un ejemplo de este tipo de intercalado inventado por servidora y muy simple:

—Tienes que volver a casa —le dijo Piruleta—. Aquí no estás a salvo.

Dos osos bailaban en el cuadro junto a la cama. La colcha era rosa fucsia.

—No me iré sin darte un lamentón antes —le aseguré—. Tienes una pinta deliciosa.

El reloj sonaba, insistente. En el piso superior, alguien pisaba con tacones de aguja. El gato masticaba su pienso arcoíris.

—Devórame entera, pues —me rogó—. Quiero que descubras de qué color es mi corazón de caramelo.

(De nada).

  • Mitchell es un maestro de mostrar sentimientos y emociones en vez de contarlos. Esto encaja muy bien en la cultura y ambientación de los personajes japoneses que, frente a unos europeos más viscerales y vitriólicos, esconden sus reacciones bajo capas y capas de condicionamiento y educación. Todos los gestos, los diálogos y las descripciones casi impresionistas, realizados con pinceladas de metáfora, color, personificación y contraposición, expresan algo. Es este un texto de niveles: uno sobre otro sobre otro; significado sobre significado.
  • Porque el entorno es uno de los personajes más de Mitchell: la ambientación se forja a golpe de contraposición, detalle y sutileza. Nadie nos dice que hace frío: un personaje sopla sus manos para calentarse; si un diálogo es estratégico, como una partida de go, se estará desarrollando, al mismo tiempo, una partida de go de fondo, y cada intervención en el diálogo se corresponderá con una intervención sonora en el juego; si un personaje está drogado o bajo una presión emocional intensa, el entorno se moverá y describirá con términos oníricos y delirantes.
  • Maneja también de forma fenomenal el in medias res, ese modo tan suyo de meternos de golpe y porrazo en el pasado o en el presente, no solo a principio de capítulo, sino de escena y de lo que le dé la gana.
  • Hay un componente de fantasía, aunque menor. No deja de ser levemente sobrenatural y místico, pero para mis gustos personales eso siempre suma puntos.
  • Y, hablando de componentes fantásticos: a Mitchell le gusta cambiar de tono (y casi de género) de forma abrupta en mitad de sus novelas (que se lo digan al Atlas de las nubes). A mitad de la obra, el texto se transforma de estudio históricocostumbrista a una suerte de Nunca me abandones fascinante, con toques de surrealismo.
  • Cambiamos, también, de un entorno y registro masculino a uno enteramente femenino, muy diferente pero igualmente atractivo. De hecho, yo diría que las secciones donde la perspectiva pertenece a Orito Aibagawa son las mejores o, por lo menos, las más emocionantes.
  • El libro engancha MUCHO. Me temo, no obstante, que ocurre solo cuando realmente estás totalmente sumergido en el mundo creado, que es cuando empiezan a pasar cosas relevantes. No es que lo demás no sea relevante: es que no se te revela como tal hasta que llevas un buen cacho de libro a cuestas.
  • La documentación es espeluznantemente buena.
  • Sin dar spoilers, aviso que hay un diálogo entre los protagonistas y un grupo de traductores japoneses por el que ya merece la pena leer todo el libro. Mitchell juega no solo con el lenguaje, sino que examina y estudia todo lo que decimos a medias (y cómo lo hacemos), para transmitir mensajes que parecen secundarios pero que, en realidad, son el objetivo de la comunicación.
  • Mitchell crea verdaderos héroes. Exhibe tanto al héroe clásico, dispuesto a arriesgar su vida y la de su familia por el bien de otros, como al héroe que vemos menos en los libros: ese que día a día toma una serie de decisiones contra viento y marea, decisiones que arrojan luz y esperanza en mundo corruptos y deprimentes. Por supuesto, para crear a estos héroes necesita crear ese mundo corrupto, plagado de seres que confabulan en nombre de la injusticia.

Desventajas (0: no hagáis esto en casa)

  • Del mismo modo que el principio engancha y emociona, las siguientes cien páginas dejan algo que desear. Sí, todo tarda mucho en arrancar, y se nos presentan montones de personajes de golpe, por lo que tendremos que realizar cierto esfuerzo mental para seguir el hilo narrativo. La prosa descriptiva de Mitchell no tiene nada de sencilla, lo que complica aún más la identificación de dichos personajes. Prometo que hubo un par de momentos en que pensé: “no sé quién es este personaje y tampoco me importa”. No suelo durar más de 30 páginas con estas circunstancias, pero aguanté porque… bueno, porque era Mitchell. Y me alegro. Vaya que si me alegro.
  • Por si esto fuera poco, volvemos a tener exactamente el mismo problema ya en el tercer tercio del libro, cuando, en el momento más álgido de la narración, Mitchell crea un nuevo comienzo con un nuevo elenco de personajes con un montón de información intrascendente.
  • Hay un componente fantástico… que se queda muy corto. No se nos revela, en realidad, hasta qué punto ciertos actos son mágicos o no. Esto podría ser algo positivo, pero esa intriga no termina de mostrarse como algo coherente en la historia y no me convence. Y esto es porque…
  • Mitchell incluye elementos que realmente no aportan mucho a la historia: no hacen que avance. Una cosa es crear escenario y trasfondo, y otra diferente es meter escenas completas que no ofrecen nada a la trama ni a la ambientación ni al lector. Como ejemplo, insisto en esa aparición ya mencionada de nuevos personajes y escenario, muy avanzada ya la trama principal.
  • Esto último afecta al ritmo. Sí, sí, el ritmo de la obra es muy desigual. Este es el tipo de problema que suele resolverse en la edición, pero bien porque estos cambios de ritmo son propios de la esencia mitchelliana o bien porque ningún editor se atreve a tocarle nada, no ha sido así.
  • Cae en la tentación de insertar valores contemporáneos en los personajes que quiere que nos caigan bien y me temo que ahí cae en cierta manipulación evidente. No me gusta que se vean los hilos de una narración, y entiendo que es muy atractivo hacer que nuestros protagonistas sean nobles tal y como entendemos la nobleza hoy en día, sobre todo si esa nobleza acarrea consecuencias terribles para los personajes y es una muestra de valentía. No obstante, que los personajes dorados del autor sean los que ofrezcan valores como el rechazo a la esclavitud o al sexismo propios de su época me resulta un poco irritante. Incluso los “buenos” de una historia deben tener grados de gris que correspondan a su tiempo: no parecer viajeros temporales que parten desde nuestro siglo. Su definición de qué hace héroes a sus protagonistas es más que suficiente: no es necesario cargarlos de virtudes contemporáneas también.
  • La documentación es espeluznantemente buena. Demasiado. No necesitamos saber TODOS los detalles, señor autor.

Recomendado para:

  • Lectores asiduos de Mitchell.
  • Amantes de la novela histórica.
  • Lectores con buena memoria para nombres y caras. Si pudiste leerte Juego de tronos, El silmarillion o Las luminarias sin duda alguna sobre quién era quién en cada momento, eres el lector ideal de este libro.
  • Cualquier persona que disfrute de un estilo magistral.
  • Bah. Cualquier persona a la que le guste leer y punto.

Valoración final:

Mil otoños no es un paseíto feliz y sencillo, pero sí una lectura admirable, y tan hermosa que este mísero artículo jamás podrá hacerle justicia. Por esto, este libro cuenta con la aprobación de Lechuguita*:

mil otoños

Adelante, leedlo.

 


*MUY PRONTO, NUEVO VÍDEO DE LECHUGUITA.

-Y si quieres fantasía pura y dura, bastante más oscura, también puedes aparcar un ratito a Mitchell (¡solo un ratito!) y leer El cielo roto, la primera entrega de nuestra obra apocalíptica Crónicas del fin.

-Si te gustan mis artículos y quieres más, ayúdame donando una cantidad minúscula de dinero al mes a través de mi Patreon.

 

2 comments

  • torpeyvago

    noviembre 13, 2017 at 4:25 pm

    Pues muchas gracias por presentarnos a este libro. Y a este autor, lo reconozco, del que no había oído hablar en mi vida.
    Sobre todo por la pasión con la que lo has hecho para presentar lo bueno y lo regular.

    Reply

  • lidiamailgifter

    noviembre 16, 2017 at 7:31 am

    Hola Gabriela, hace tiempo que no entraba en tu blog, me ha encantado este tipo de artículo donde analizas el libro. Muy interesantes comentarios. Y mas interesante ver la conexión que hay entre los diferentes puntos que comentas. Es que escribir una novela atando bien todo no debe ser tarea fácil. Resumiendo: muy útil el artículo, muchas gracias!

    Saludos para lechuguita

    Lídia M.Martínez

    Reply

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