Tengo una historia en mi cabeza. Una historia sobre una chica que acaba quedándose ciega de tanto fijar la vista dibujando cuadraditos en una caja de cartón. La chica ha abandonado a todos sus amigos y familia, no sale de su casa (todo lo pide online) y su vida social es exclusivamente virtual (si la tiene, no lo he decidido, ya que chatear, por ejemplo, implicaría dejar de dibujar cuadraditos).

Me parece que podría llegar a convertirme en esa chica. Mi naturaleza obsesiva empieza a dominarme. Creo que estoy en un estado regresivo, volviendo a una infancia en la que las personas no me interesaban y el mundo de dentro de mi cerebro era un extraordinario universo sin límites, repleto de ideas creativas ligeramente delirantes. Ese mundo de no salir de mi habitación, porque todo lo que quiero y necesito ahora mismo está aquí. A lo mejor fue el alcohol lo que me convirtió en un ser sociable, y realmente no lo soy. Bueno, sí soy sociable. Con los conejos púrpura, los corazones atravesados por tornillos y las paredes circulares soy tremendamente amigable.