Siguiendo con las 80 ideas para diarios y blogs de Tom Slatin, se nos presenta un tema que, personalmente, podría tirarme horas contestando. Hay muchas cosas que me habría gustado saber cuando era más joven, sobre todo antes de los 15 años, y que creo que me habrían hecho, si no más feliz, un poco menos desgraciada. Y es que yo era una adolescente bastante tristona y perdida que hasta los 15 no comenzó a darse cuenta de algunas verdades fundamentales, como las siguientes:

-Olvídate de estudiar tanto, en el fondo no te va a servir de gran cosa. En teoría me podría haber dado cierta disciplina, pero como era más bien una estudiante de esas que lo dejaba todo para el último momento, confiando en mi excelente memoria, tampoco sirvió para ello. Sólo sirvió para hacerme complaciente, obediente, y crear una distancia insalvable con compañeros de estudio. Creo que de haber dejado de lado un poco los estudios impuestos y haber dedicado ese tiempo a otro tipo de actividades intelectuales, el provecho sería bastante mayor.

-No desprecies a nadie por ser menos inteligente que tú. Aunque culpaba a muchos de los que me rodeaban por dejarme de lado (por ser diferente, por no gustarme las mismas cosas), es posible que parte de ese rechazo proviniera de mi propia arrogancia. O tal vez al revés, tal vez esa arrogancia era un método de defensa. Sea como sea es algo que me digo hoy en día y que tendría que haberme dicho en aquella época: no seas tan snob. Este conocimiento viene de encontrarme con gente mucho más inteligente que yo, ver su comportamiento de capullos integrales, y darme cuenta de cómo me comporto yo misma a veces.

-No te preocupes tanto por ser como los demás, por integrarte. Al final, la gente te respetará por ser diferente. Esto ya me lo decía mi madre, pero con cierta edad en la que lo más importante es formar parte del grupo, puede ser difícil de creer. La primera vez que escogí mi propia ropa, la primera vez que me teñí el pelo, la primera vez que me compré un disco que no salía en los 40 Principales, la primera vez que me hice un piercing, la primera vez que realicé algún acto sexual que nadie de mi entorno hubiese llevado a cabo: primeras veces emocionantes y espléndidas.

-Masturbarse no te mandará de cabeza al infierno. Y ya que estás, cámbiate a un colegio laico.

-Aprende a meditar y a combatir el estrés, porque poco a poco se va a acumular y te va a joder total y absolutamente la salud dentro de unos años. Ah, y la depresión es una enfermedad. No esperes ocho años para tratártela.

Optaría también por “hagas lo que hagas no montes una editorial”, pero supongo que ese es un error que habría cometido tarde o temprano fuera como fuera. Lo curioso es que revisando mi pasado me doy cuenta de que hay muchas más cosas que me enorgullezco de haber hecho que cosas que creo que debería haber hecho de otra manera; y que las que cambiaría, a su vez, han servido para traerme hasta aquí. Así que, en el fondo, mejor no tentar a la suerte, y “Virgencica, que me quede como estoy”.