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Cómo aprovechar tus 10000 horas de escritura

abril 6, 2016 — by Gabriella39

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Gladwell. Outliers. 10000 horas.

Si no te suena, es posible que esta sea tu primera visita a mi blog, porque hablo mucho de eso de las 10000 horas. Demasiado, tal vez. Es un concepto hermoso.

No todos los conceptos hermosos son realistas. La belleza no equivale a verdad, por mucho que se empeñaran algunos griegos hace mucho, mucho tiempo. Malcolm Gladwell explicó que hacen falta 10000 horas para llegar a ser realmente bueno en algo. Eso tiene su discusión, claro. Escribir la palabra pene durante 10000 horas no te convierte ni en escritor ni en pornógrafo. Y, por supuesto, si tienes una habilidad natural, llegarás a la maestría mucho antes que alguien que no la tiene.

Pero quedémonos con lo que nos sirve del concepto y expliquémoslo un poco mejor. Hablamos de 10000 horas de práctica consciente, deliberada. De una práctica que sabe muy bien hacia dónde va (tiene una hoja de ruta), que ha analizado sus opciones para optimizarse de la manera más… bueno… óptima, y que siempre está en ese punto ideal de leve presión, ese punto donde hacemos algo que es levemente difícil para que podamos aprender algo (y para que podamos entrar en estado de flow). Esa práctica donde hacemos todo lo necesario para intentar ser los mejores en lo que hacemos.

Me he encontrado con escritores que me han dicho que han hecho más de 10000 horas de escritura a lo largo de su vida y que siguen sin ver resultados.

He pensado que tal vez podría hacer una lista de cosas que considero fundamentales para progresar como escritor (tanto a nivel artístico como comercial), y ya cada uno podrá hacer examen de conciencia.

10000 horasLa musa es en realidad una especie de parásito cerebral poco conocido, que inyecta sustancias químicas casi mágicas en nuestro flujo sanguíneo para poder alimentarse de nuestras neuronas la mayor cantidad de tiempo posible. 
Es por esto por lo que, de media, los escritores vivimos más. Debido a la rapidez inaudita de este parásito, ningún científico ha dado todavía con una imagen plausible de su forma. Mientras, ahí tenéis un ácaro.

Yo estoy condicionada por mi experiencia pasada y presente. Mi conocimiento es limitado y solo hablo de lo que sé. Algunos de estos puntos os parecerán evidentes, pero os pido que lo penséis muy bien: a veces damos por sentado que hacemos ciertas acciones que realmente no hacemos (como cuando nos pregunta el médico si hacemos ejercicio y decimos que sí, aunque hace tres meses que no nos hemos puesto las zapatillas de deporte y el sofá tiene un hueco ajustado a las medidas exactas, al milímetro, de nuestro culo).

Allá van. Todas las cosas que deberíamos estar haciendo durante nuestras 10000 horas de escritura. Que no son solo escribir. Aun así…

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Guía avanzada del enfoque (o cómo las distracciones se están cargando tu escritura)

abril 23, 2019 — by Gabriella9

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Estás escribiendo.

Estás en ese momento inspirado de flow en el que las musas te han besado con lengua y lo que estás creando tú aquí no lo iguala ni el zombi de Quevedo puesto de mezcal y coca.

Y entonces… ¡plin! Suena una notificación en tu móvil.

Te enfadas, porque te ha distraído. Te ha distraído y sabes que volverás a tardar en pillar ese estado de absoluta euforia zen inspirada. Y te sientes mal por ello.

Miras de soslayo el móvil.

¿Y si es algo importante? Pulsas en la pantalla y es un mensaje de tu primo. Te envía un enlace que demuestra, ¡sin lugar para la duda!, que lo de la catedral de París fue una conspiración de inmigrantes musulmanes terraesferistas que viven en España sin pagar impuestos.

Una hora más tarde, estás viendo un vídeo en el que un gato boxea con un periquito y no tienes muy claro cómo has llegado hasta allí.

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Por qué no progresas en tu escritura

febrero 11, 2019 — by Gabriella20

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Que yo no digo que a la escritura haya que tratarla como un proceso frío y científico.

Tampoco entiendo por qué lo científico tiene que ser frío. Lo científico puede ser apasionante.

A mí me produce pasión (de esa escalofriante y gustosa) todo lo que estamos descubriendo en los campos del aprendizaje. Se habla de una nueva “ciencia de la pericia” (science of expertise), pero no veo que se aplique demasiado al campo de la escritura.

Sospecho que es por el halo.

No el de Beyoncé, el otro.

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Tres métodos para hacer una maratón de escritura

septiembre 21, 2017 — by Gabriella16

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Podrías escribir 10000 palabras en un día. Eso es lo que yo llamo una maratón de escritura.

Podrías escribir 8000, 5000 o 3000 o 500. En realidad, cualquier sesión (o conjunto de sesiones) donde escribas cantidades mayores a lo que acostumbras podría considerarse una maratón.

Ayer (o casi ayer) hablábamos de la posibilidad de escribir 10000 palabras AL DÍA, lo cual, como todos hemos acordado en comentarios, redes sociales y demás, es una barbaridad santísima.

Pero la opción de dedicar un solo día (o varios días a la semana) a aparcar el culo y vomitar una cantidad tremenda de palabras no es una barbaridad tan santa. Es decir: es posible y puede que hasta recomendable.

Ayer (o casi ayer), hablábamos de rutinas y sistemas de alta productividad. Hoy hablaremos de dolores puntuales de culo.

Metámonos en tarea. Caben unas preguntas de rigor. Por ejemplo: ¿una maratón de escritura es recomendable para ti, que me lees ahora?

Para quién recomiendo las maratones de escritura

  • Para personas que no tengan ningún problema de disciplina con su escritura, que tengan ya bien implementado el hábito de escribir.
  • Sirve también para personas con curiosidad por ver qué tipo de cosas pueden escribir cuando dejan suelto a su cerebro durante más de una hora. Os aseguro que no son las mismas que cuando lo tienes con una historia durante solo 20 minutos.
  • Para autores que por trabajo, familia y ocupaciones diversas no pueden dedicarle a su escritura una cantidad fija de tiempo a diario.
maratón de escrituraAlgunos oficios no son fáciles de compaginar con la escritura.

Para quién no recomiendo las maratones de escritura

  • Para personas que todavía no tengan implementado un hábito de escritura. Si te acostumbras a escribir solo en maratones, dependes demasiado de tu fuerza de voluntad para aparcar ese ya mencionado y hermoso culete. Empieza primero escribiendo un poco todos los días, que es la mejor manera de construirte el hábito de escribir, y más adelante, cuando ese hábito ya esté bien afianzado, puedes calcular si esto de las maratones te compensa.
  • Para personas con problemas de espalda y/o de trasero (lo de levantarte cada media hora a estirar las piernas corta el rollo). Aun así, pueden plantearse otras opciones (hay quien escribe de pie y James Joyce escribía tumbado. No era el único).

Solucionado este primer dilema, ahora analizaremos diferentes métodos que utilizan diferentes escritores para enfrentar una maratón. Pero si te planteas probar alguno de ellos, aún nos queda una segunda pregunta importante:

¿Para qué estás haciendo esto?

En una conversación en Twitter sobre el tema este de las 10000 palabras, Elia Barceló me hizo una pregunta: ¿para qué es necesario escribir tantísimas palabras? Algunas cosas son largas de explicar en Twitter, así que me gustaría ofrecer aquí algunas ventajas, que afectarán sobre todo a escritores autopublicados o híbridos:

Ventajas de escribir mucho
  • La que ya hemos mencionado: te permite avanzar mucho de golpe si solo tienes días específicos en los que puedes escribir.
  • Mayor cantidad de obras es igual a mayor catálogo, la base de tu trabajo (¡e ingresos!) como escritor. Si escribes, además, para sectores con demanda alta como la romántica, la erótica o el thriller, sabrás que tus lectores consumen tan rápido como tú puedes publicar. Una persona que escribe romántica tiene un mercado que exige de una producción muy superior que la que pueda tener alguien que escriba ficción al uso.
  • La práctica hace la perfección y solo se aprende a escribir escribiendo. Cuantas más palabras escribes, más practicas. Eso sí: es importantísimo que complementes esta práctica con la teoría (¡y con la lectura!). Ya lo he comentado en algunas ocasiones, pero he visto a autores con libros incontables en Amazon cuyas obras más recientes contienen los mismos problemas de forma, contenido y estructura que las primeras. Aprende estudiando, también, y acude cuando puedas a lectores cero, tanto informales como profesionales.

Esto no quiere decir que tengas que producir tres novelas al mes. Esto quiere decir que, dentro de tus capacidades, tengas una práctica habitual que te permita crear borradores con relativa velocidad. Que no te atasques con ese perfeccionismo que te lleva a dedicar quince años de tu vida a una sola novela, porque tu progreso no será el mismo.

maratón de escrituraEste es Manolo, viendo pasar las horas que ya no recuperará, pensando todavía si usar el verbo yacer o el verbo copular en el noveno capítulo de su primer libro. No seas como Manolo.

Ya te tocará luego el trabajazo chachi de la reescritura, corrección y demás. Ánimo.

Y estas son solo algunas ventajas generales. Lo fundamental es que te preguntes para qué lo estás haciendo TÚ. ¿Por qué estás sentado delante de tu folio o pantalla con intención de dedicarle varias horas seguidas de tu vida, cuando podrías estar comiendo/bebiendo/jugando al rol/en la playa/practicando actos indecibles y muy acrobáticos en la alcoba?

Puedes hacer una maratón como experimento, por supuesto, pero tendrá más sentido si tienes muy claro 1) por qué escribes (así en general: no es una pregunta fácil) y 2) para qué estás haciendo esta maratón. Ambas cosas serán las que te impulsen cuando lleves 8000 palabras y te duela todo y tu pareja esté ahí fuera en la playa, comiendo, bebiendo y jugando al rol erótico con cuatro escandinavas de excelente ver.

Y un último aviso:

Recuerda que tienes que editar

Ups. Sí, nos habíamos olvidado de esto.

Romper bloqueos y crear borradores soltando 10000 palabras de golpe está muy bien, pero ten mucho cuidado con el efecto embudo. Te emocionas escribiendo, acumulas montañas gigantescas de palabras y luego tienes que enfrentarte a la realidad pesadillesca que son la reescritura y la corrección. Así que procrastinas y sigues produciendo más palabras de borrador.

Cuando te quieres dar cuenta, tienes tres novelas cortas, una saga nórdica de ciencia ficción con mujeres que odian a las avispas y una enciclopedia marina.

Y NI UNA CORREGIDA.

No digas que no te avisé.

Llegamos al corazón del artículo.

tres métodos para hacer una maratón de escritura

Antes de nada diré que te ayudará leer los consejos de Rachel Aaron para escribir mejor y más deprisa, que puedes ver aquí (y si quieres conocer su método completo, aparece en su libro). También te ayudará esta serie de preguntas que puedas hacerte antes, después y durante tu sesión de escritura.

Vamos con los métodos:

1. Cait, del blog PaperFury

Aparte de leerse unos 200 libros al año (what?), Cait escribe a velocidades endemoniadas. Es una jovenzuela aprendiz de escribiente: todavía no ha publicado nada, pero tiene ya en su haber 25 manuscritos.

maratón de escrituraHe aquí un antepasado especialmente atractivo de Cait, que también fue la pesadilla de todos los editores de su país natal.

Estos son sus secretos:

1.1. Reserva un día entero solo para tu maratón

Esto puede parecer muy evidente y lógico y de cajón, pero sentarse a hacer una maratón para que te interrumpan cada media hora no tiene mucho sentido.

Lo he dicho muchas veces, pero voy a repetirlo: cada vez que algo o alguien te distrae, tu cerebro tarda MUCHO en volver a concentrarse del todo (¡según este estudio, una media de 23 minutos y 15 segundos!).

Esa notificación de Facebook te ha costado 23 minutos y 15 segundos. Ese perro que te trae la pelota para que se la tires, otros 23 minutos y 15 segundos. Ese telefonazo de tu amigo que quiere quedar para contarte su vida amorosa te ha costado otros 23 minutos y 15 segundos.

Sí, cierto es que todo es culpa tuya por dejar encendido Facebook, tener perro y juntarte con personas que protagonizan culebrones que ni Topacio, pero ponte a sumar tiempo de distracción. Es tiempo que ya no recuperarás, perdido en el olvido y en el pasado de “debí escribir más palabras”.

1.2. márcate miniobjetivos

No es lo mismo decir “hoy voy a escribir 10000 palabras” que “en las próximas dos horas voy a escribir 3000 palabras”.

Así que márcate objetivos pequeños. Cuando vimos lo que hacía Nicolas Cole a diario, observamos que separaba sus objetivos de palabras por etapas: por la mañana, después de comer, por la noche. Cait también planifica así su día: quiere escribir 3300 palabras por la mañana, 3300 palabras después de comer y 3400 palabras después de la cena.

Tu experiencia será otra: tendrás otros horarios y costumbres. Pero prueba a dividir tu día en etapas manejables. 3300 palabras parecen bastante más fáciles de alcanzar que 10000, ¿verdad?

Cuando Cait alcanza cada objetivo, se permite ciertas recompensas.

1.3. Date un premio

Es fácil recompensarse con premios pequeñitos. Procura que no sean recompensas que no compensen (jajaja, qué ingeniosa soy). Cait da algunos ejemplos de recompensas que sí se da… y de algunas que no le parecen buena idea:

  • Recompensas buenas: Buscar inspiración en Pinterest, dar un paseo, comer (¡nada de almorzar hasta que termines esas 3300 palabras, ay!), algo de beber que te guste (té, café, batido…), ver Youtube o la tele (pero con una alarma para que no se te pase el tiempo de descanso).
  • Recompensas malas: Leer, jugar a videojuegos (o cualquier cosa que te resulte difícil abandonar cuando toque escribir de nuevo), escribir otras cosas (Cait aconseja “descansar esos deditos” entre sesiones).
Un inciso sobre la lectura y su función mientras escribes

Cait dice que leer a otros hace que sienta inseguridad para con su propia escritura. Esto puede debatirse: acordaos de que Cole usaba la lectura como medio de inspiración y forma de encontrar la voz que necesitaba para lo que le tocaba escribir (y yo estoy con Cole en esto).

Creo que la inseguridad que una buena lectura le produce a Cait mientras está escribiendo es un problema sobre todo para autores que no llevan ya varios años desarrollando su arte: con el tiempo esto cada vez te da más igual. De hecho, cuando aprendes a dejar atrás la “comparacionitis”, verás que leer en los descansos entre sesiones de escritura lo que hace es inspirarte… mucho.

Con la experiencia, dejamos de leer como competidores y empezamos a leer como colaboradores: descubrimos todo tipo de herramientas, trucos e ideas en las obras ajenas.

1.4. No pienses. solo escribe

Estás con tu borrador, ¿no? Pues no edites en tu cabeza. No te pares. Escribe mal, escribe porquería. Ya reescribirás después. Vuélvete locuelo, sé salvaje, haz lo que quieras. Por cada frase que te pares a meter cosas bonitas y preciosas y profesionales, estás perdiendo fluidez, estás perdiendo creatividad, te estás censurando y estás dejando un resquicio de puerta abierta a la inseguridad y al bloqueo.

Durante años tuve problemas de bloqueo por inseguridad y perfeccionismo. Las maratones me ayudaron a acabar con esto de golpe y me recordaron que escribir, además de elevado y cultureta y blablablá, era divertido. Corre el rumor de que las primeras veces usé alcohol para cargarme todas mis inhibiciones.

Por supuesto que no recomiendo el uso de ninguna droga, legal o ilegal, para ayudarte en tu escritura. Ese rumor, seguramente, es falso.

1.5. Busca aliados

Pensamos en la figura clásica del escritor y pensamos en un ser huraño y solitario, antisocial, encerrado en su mundo privado de creación, hablando solo mientras aporrea una máquina de escribir vieja. No entiendo por qué seguimos empeñados en aporrear máquinas de escribir viejas, con lo cómodos que son los teclados modernos.

Y sí, escribir es una actividad solitaria. Incluso los que escribimos con otra persona tenemos que pasar en soledad esos momentos en que el capítulo nos toca a nosotros.

Eso no significa que tengamos que hacerlo TODO solos. Tener una comunidad de apoyo puede hacernos la vida muuucho más fácil. He aquí algunas ideas que da Cait para aprovechar que hay otras personas en tu vida (física o virtual) que pueden animarte para superar esta maratón del demonio:

  • Busca una pareja escritora, algún amigo al que tengas que escribirle de manera periódica para decirle cómo vas.
  • Recurre a las redes sociales. Si escribiste una frase graciosa o ingeniosa que te produce calorcito por dentro, guárdala y ponla en Twitter, Facebook o donde sea durante uno de tus descansos. Las palabras de ánimo de tus seguidores te darán energía para seguir escribiendo; si alguien te critica, tienes combustible para ponerle su nombre a uno de tus personajes y someterlo a todo tipo de vejaciones.
  • Si perteneces a algún grupo de escritores, háblales de tu progreso. Hasta puedes intentar convencer a alguien de que haga una maratón contigo.

En resumen

Creo que todos estos son buenos consejos para superar una maratón. Cait menciona 10000 palabras en un día, pero ese no tiene que ser tu objetivo. Aspira a escribir 5000, por ejemplo, y a ver dónde acabas. Puedes ir subiendo la meta cada vez que hagas otra locura de estas.

Por cierto, cuando terminé de leer el artículo de Cait le eché un ojo a los comentarios y vi una conversación donde se revelaba que, un año después, Cait había subido sus 10ooo palabras de maratón a 27ooo. Sí.

maratón de escrituraGracias a una avanzada labor de espionaje, hemos conseguido fotos exclusivas y actuales del hogar de Cait.

Lo bueno de las maratones es que cada vez son más eficientes. Cada vez escribes más rápido.

Aun así… 27000 palabras en un día. Tiemblo solo de escribirlo.

Vayamos con el segundo método.

2. El método de j.b.north

Las 10000 palabras de J.B.North se consiguen de formas muy similares a las de Cait. La diferencia es que J.B. tiene más experiencia a sus espaldas y unos cuantos libros publicados. Su sistema es interesante: en un día normal escribe unas 2300 palabras, pero intenta reservar un solo día a la semana para una maratón especial.

Sus bloques de tiempo son más cortos que los de Cait, más planificados al detalle, con más descansos; también se levanta y se acuesta más tarde que los típicos escritores madrugadores. También me llama la atención que utilice espacios de “preparación”: pronto veremos por qué.

2.1. Un día a la semana para 10000 palabras

Echadle un vistazo a su agenda de maratón:

  • 10:00am – Levantarse, prepararse, etc.
  • 11:00am – Desayuno tardío.
  • 11:45am – Prepararse para escribir.
  • 12:00pm – Escribir.
  • 1:30pm – Descanso, estirar, recoger la casa.
  • 2:00pm – Prepararse para escribir.
  • 2:15pm – Escribir.
  • 3:45pm – Descanso, hacer ejercicio, comer algo.
  • 4:15pm – Prepararse para escribir
  • 4:30pm – Escribir
  • 6:00pm – Descanso, preparar la cena, comer y recoger
  • 7:30pm – Prepararse para escribir
  • 7:45pm – Escribir
  • 9:15pm – Descanso, estirar.
  • 9:45pm – Prepararse para escribir.
  • 10:00pm – Escribir.
  • 11:30pm – Terminar y tiempo libre.
  • 2:00am – Dormir.

2.2. Todo planificado de antemano

Antes de empezar una jornada maratoniana, J.B. ya ha hecho su trabajo de planificación. Para ello, tiene siete documentos distintos para sus novelas:

  • Argumento
  • Personajes
  • Mundo/Ambientación
  • Poderes de los personajes
  • Esquemas de capítulos
  • Notas
  • Libro en sí

Esto está pensado para gente que tiene editores de texto normales de gente normal. Para personas con superpoderes Scrivener, todo podrá integrarse en archivos y subdocumentos del mismo proyecto.

El proceso de estructurar la novela y llenar estos documentos al empezar una novela suele llevarle una semana, más o menos. No te lances a tu novela a ciegas; entenderás que hay que planificar algunas cosas antes, para no perderse por el camino.

2.3. La importancia de prepararse

Esto es lo que hace J.B. en esos huecos que ha denominado prepararse para escribir:

  • Tener algo de beber cerca (té, agua, café, lo que te plazca).
  • Tener cerca algo de picoteo si es necesario (escribir con hambre es Muy Duro, dice ella. Personalmente, no apruebo esto en absoluto. A no ser que tengas bajonas de azúcar o algo similar, incorporar el picoteo en tu rutina de escritura me parece que fomenta un hábito poco saludable, sobre todo si son cosas de consumo rápido y poco sano. Pero yo soy yo y tú eres tú y por eso el mundo es interesante).
  • Eliminar ruidos (sugiere usar cascos o auriculares; algunas personas ponen ruido blanco o marrón de fondo).
  • Lanzar el móvil a la otra punta de la habitación.
  • Apagar Internet.
  • Tener a mano una libreta de notas y un lápiz.
  • Dedicar unos momentos a revisar lo escrito en la sesión más reciente.
  • Apuntar con rapidez un plan de qué vas a escribir en la sesión que comienza.
  • Prepararse mentalmente para una máxima concentración durante un periodo largo de tiempo. Yo recomiendo unos minutos de meditación si tienes problemas para enfocar tu atención.

2.4. Consejos principales

En esto se resume el resto del método de J. B.:

  • Ponte un temporizador. Ya sabéis que yo soy muy fan del pomodoro. Suele tratarse de bloques de tiempo de 25 minutos, pero últimamente me gusta trabajar con bloques de 45. Uso Moosti, pero hay mil programas y apps ahí fuera para lo mismo. Querrás adelantarte a la alarma, así que…
  • Escribe lo más rápido que puedas. Corre, corre mucho. No te detengas. Ve más rápido que tu editor interno, porque…
  • No hay crítico que valga. ¿Que estás escribiendo mierda? ¡No importa! Tu borrador solo tiene que servir para una cosa. Y por eso…
  • No tengas miedo de saltarte cosas. ¿Aburrido/a con una escena, o te has atascado? ¡Sáltatela! Deja una nota para luego y pasa a lo siguiente. Y por una vez…
  • No tengas miedo de cometer faltas de ortografía. ¡No te pares a corregir! Eso lo harás en otro momento. Orrorízate i deha fayos askerosos para ke las encuentré tú llo de manyana y yore. Lo fundamental es…
  • Practica, practica, practica. No vas a llegar a los 10000 en tu primera maratón, como ya hemos dicho. Pero cada vez que lo hagas, será más fácil. Cada vez escribirás más y mejor y más deprisa.

¡Hecho!

¿Todavía por aquí? ¿Has aguantado las ganas de salir corriendo a soltar miles de palabras de golpe mientras bebes té con tequila, describes poderes de personajes, estiras los codos e internautas el apagado? ¡Bien!

maratón de escrituraTe mereces un descanso. Venga, ve a Facebook, te doy permiso. Cuando vuelvas, verás con otros ojos el remanso de paz, cordialidad y buen rollo que es mi página, donde nadie ha intentado todavía convencerte de las bondades anticancerígenas y endulzantes del zumo homeopático de lima.

Vayamos con el último método. Más que un método, es una herramienta.

3. Entrena a un dragón

Todo esto de lo que he hablado, todo esto de los métodos para escribir a velocidades supersónicas, cuenta con el hecho de que sabes teclear deprisa. Si no es así, tienes dos opciones: aprender a mecanografiar como un profesional o recurrir al reconocimiento de voz.

Lo del reconocimiento de voz no es moco de pavo*. Usando el programa Dragon, el escritor Scott Baker produce unos diez libros al año. Sí, tal cual. Tiene 70 libros publicados desde 2010 (algunas son novelas cortas, eso sí). Escribe tanto ficción como no ficción. ¿Su secreto? Producir borradores de forma rapidísima gracias a su conocimiento de este programa (hasta tiene un libro al respecto). Si os lleváis bien con el inglés, podéis leer o escuchar la entrevista que le hizo Joanna Penn: no tiene desperdicio.

Chris Fox también plantea la posibilidad de acelerar a niveles estratoféricos la velocidad de escritura en su libro. Cada vez leo y oigo de más casos de autores que utilizan diferentes programas de reconocimiento de voz para poder crear de manera más eficiente. Nos encontramos con más y más escritores capaces de producir cantidades enormes de contenido en un espacio muy reducido de tiempo.

Eso no es garantía de calidad, claro, pero es un comienzo.

maratón de escrituraAprovecho este pequeño hueco en el artículo para recordar que, al contrario de lo que nos aseguran siempre las imágenes de stock, el resultado inmediato tras terminar un borrador no es este.

Dictado se ha hecho siempre, si bien había que contar con largas horas de transcripción. Programas como Dragon nos llevan a otros niveles. Yo me pregunto si este no será el futuro de la escritura. Es cierto que hay una conexión especial que se produce en nuestro cerebro al transmitir palabras desde el tecleo (y otra diferente cuando lo hacemos mediante la escritura manual), pero tal vez se formen nuevas conexiones al utilizar simplemente nuestra voz. Baker asegura que sus diálogos, por ejemplo, ahora son mucho más naturales. Yo misma recomiendo siempre leer un texto en voz alta al corregirlo, para pillar errores y buscar mayor fluidez y naturalidad.

Me gusta la idea de poder escribir dando vueltas por la habitación (Dragon te permite hacer grabaciones y luego subirlas al programa: no tienes que estar dictando delante del ordenador). Aunque hago ejercicio, estar largos ratos sentada me mata. ¡Pero necesito estar largos ratos sentada para no interrumpir mi flow!

El mayor inconveniente de programas como Dragon (aparte de que te sientas un poco idiota hablándole a la nada) es que exigen una inversión de tiempo. Tienes que aprender a “entrenarlos” (enseñarles a reconocer tu forma de hablar, configurarlos a tu manera, etc.). Tal vez, más adelante, sea para mí. Por ahora, me plantearé comprar un escritorio de pie o algo así, y seguiré dándole al Pilot V5 (la nuestra es una larga historia de amor, ay) y a mi teclado Logitech.

Siempre he sido muy de dragones, pero hay algo satisfactorio, muy satisfactorio, en el roce del boli contra el papel, en el sonido de las teclas de un teclado que te resulta cómodo y rápido.

No lo sé, no lo sé.

Ese dragón me incita. Me está mirando con ojos ámbar y lascivos.

Ya sabéis que en mis cuentos pasan cosas inapropiadas con dragones.

No sé cuánto tiempo podré seguir resistiendo.

 


*Nunca he entendido esta expresión. Claro que no es moco de pavo. El moco de pavo es lo único que es moco de pavo. Y solo cuando el pavo está resfriado.


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Créditos:

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Cómo escribir 10000 palabras al día

septiembre 13, 2017 — by Gabriella30

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Voy a escribir dos frases casi iguales:

  • Cómo escribir 10000 palabras al día.
  • Cómo escribir 10000 palabras en un día.

Si eres escritor de cualquier tipo (novelista, poeta, copywriter, bloguero, redactor de esquelas o columnista de cotilleo interdimensional), sabrás que esas dos frases no significan lo mismo.

Si buscas en Google, verás que hay una cantidad asombrosa de personas que aparecen hablando de esto de las 10000 palabras; me pregunto por qué esa cantidad nos obsesiona tanto. La mayoría de esas personas hablan de casos puntuales (maratones) o de rachas de trabajo intenso.

Por ejemplo: la escritora Kameron Hurley abandonó su costumbre de escribir en ratos cortos a diario, para dedicar un día a la semana a conseguir esas ansiadas 10000 palabras. Sabéis que yo hago apología de la implementación del hábito de escribir mediante una escritura diaria progresiva, pero las maratones pueden ser necesarias para los que intentan compaginar una vida familiar y laboral (no literaria) con la búsqueda de una carrera como autor, sobre todo si no tienen problemas de disciplina o bloqueo (o si ya tienen el hábito de la escritura bien formado).

10000 palabrasEspera, cariño, que dicte mis doscientas palabras de hoy al teléfono mientras olvido convenientemente ponerle el cinturón de seguridad a nuestros hijos.

10000 palabras en un solo día (pero no todos los días)

Escribir 10000 palabras en un solo día es posible. Complicado, pero posible. Solo necesitas muchas horas, cafeína (y posiblemente algún otro tipo de sustancia adictiva), alguna herramienta de escritura y un sitio donde sentarte (o quedarte de pie, si tienes un atril o escritorio alto de esos).

Eso es lo que yo llamo una maratón.

Algunas personas escriben mejor en maratones. Otras escriben mejor en sprints cortos. En mi experiencia, ambos tipos de escritura son válidos y producen resultados diferentes. Yo siempre he sido más de sprints, por muchas razones, pero últimamente he estado experimentando de nuevo con fases un poco más largas de escritura ininterrumpida. Ambos procesos tienen sus ventajas y desventajas. Creo que lo más que escribí del tirón, hace ya un par de años, fueron 8000 y pico palabras.

He reflexionado ya en este blog sobre cómo escribir más y más rápido. Más adelante hablaré más sobre eso. De cómo escribir 10000 palabras, por ejemplo, en un día*. Pero vayamos ahora a la segunda frase de marras.

10000 palabras al día (sí, todos los días)

Hace poco encontré por casualidad un artículo de Nicolas Cole donde explicaba cómo escribe 10000 palabras al día. No en una maratón puntual, no. Al día. Como rutina, como trabajo.

Me iba a explotar la cabeza. Quiero decir: yo escribo bastante al día. No cuento las palabras, pero creo que rondará las 3000 palabras entre ficción y no ficción, en una jornada buena de trabajo. Todos sabemos que esto no es tan fácil como decir un número de palabras: hay documentación, planificación, corrección, etc. Hay interrupciones inesperadas, como la afición de mi gato de andar por el teclado. Yo prefiero contar la escritura en tiempo invertido (y aprovechado).

Entre sus libros y artículos (para su blog, Quora y para clientes), Nicolas Cole asegura que produce 10000 palabras.

Repito: cabeza reventada solo de pensarlo. Una vez limpié los restos de sesos y sangre del suelo y las paredes, me puse a buscar si había más gente por ahí que lo consiguiera, que llegara a escribir cantidades obscenas de palabras a diario. Cuando digo a diario, me refiero de manera diaria durante la semana, como en cualquier actividad laboral de oficina. Asumo que Cole sí descansa los fines de semana. Lo asumo, porque si no en realidad no es un ser humano, sino algún tipo de robot consciente y avanzadísimo, y tengo un amigo que se dedica a eso y dice que ese tipo de inteligencia artificial todavía nos pilla un poco lejos.

(Aunque luego pensé: ¿y si mi amigo en realidad es un robot? ¡Claro que diría eso!)

10000 palabrasPor ahora no desvelaré su secreto: alguien tiene que defendernos de Cthulhu cuando venga.

En mi búsqueda, encontré varios ejemplos de escritores que producían 10000 palabras al día (¡o más!) en épocas de creación de borrador, durante semanas o incluso meses. Pensad en un NaNoWriMo con esteroides.

¿Qué es lo que hace que Cole sea diferente? ¿Cómo se ha convertido esto para él en un estilo de vida?

Tenemos que diferenciar, para todo este debate, entre escritura de ficción y de no ficción. Cole apenas escribe ficción: produce ensayo (y, de vez en cuando, poesía). No por ello son menos válidas sus palabras, pero considero que esta producción es más inmediata. Un artículo de 800 palabras puede escupirse, revisarse y publicarse/enviarse sobre la marcha (en teoría; si eres como yo, necesitarás más tiempo de reposo y edición). Un relato necesita respirar, estar en barbecho. Necesita de una reescritura y de cuatro o cinco correcciones, por lo general. Y no hablemos de la revisión, modificación y planificación necesarias para una novela.

Los que creamos ficción siempre necesitamos parte de nuestro tiempo de escritura para el trabajo que no es estrictamente producción de palabras. Cuando me reservo bloques de escritura, suelo poner por un lado los bloques de escritura propiamente dicha, por otro lado los bloques de reescritura y revisión. Aparte quedan los bloques de blogging, marketing y correo electrónico. Todos esos cubos en los que vamos almacenando y soltando. Como mis artículos son tan largos,tienen su tiempo de planificación, reescritura, edición y revisión, igual que me ocurre con la ficción.

(Por no hablar del tiempo dedicado a buscar imágenes absurdas con las que [intentar] deleitaros. ¡Horas, os digo, horas!),

En el próximo artículo, si queréis, me centraré en las maneras diversas que tienen otros escritores de escribir ficción en maratones o rachas de 10000. Ahora voy a centrarme en el caso de Cole. Aunque esté alejado de nuestra experiencia por muchas razones, creo que podemos extraer conclusiones, enseñanzas y bastante motivación.

O no. A mí es que me motiva un montón leer sobre gente que escribe a destajo. Es pornográfico. Porno de la motivación, sí. Ya os dije que tenía una personalidad adictiva.

¿Preparados?

señores que escriben 10000 palabras al día: la película

Si esto fuera una película, comenzaría como tantas películas y como tantos libros: suena el despertador y nuestro protagonista se levanta.

No sé a qué hora se levanta, pero debe de ser temprano, porque empieza a trabajar en serio a las 7. Siempre a la misma hora, más o menos. Esto es porque Nicolas sabe muy bien cuáles son sus mejores horas de trabajo.

Nicolas especifica algo que me parece crucial: sus horas ideales para escribir son entre las 7 y las 11 de la mañana, y entre las 7 y las 11 de la tarde.

Pequeño irse por las ramas acerca de la importancia de conocer tus horarios

¿Por qué es crucial que Nicolas sepa esto? Porque es muy, muy efectivo. Entender cuáles son tus momentos más creativos (y cuáles son los más productivos) puede llevar tiempo. Merece la pena hacer pruebas: intentar escribir a diferentes horas y ver cuáles ofrecen mejores resultados: ver cuáles producen más (cantidad) y mejor (calidad). Cuidado, porque no tienen por qué corresponderse exactamente unas con otras.

En este momento muchos asentís con cara sabia y me decís: que sí, que sí, Gabriella. Yo ya sé qué horas se me dan mejor para escribir.

No lo deis tan por sentado.

Durante años yo me resistía a escribir nada más levantarme, porque soy un zombi hasta mediodía. Leí no sé qué artículo sobre cómo el cansancio nos hace más creativos. Descubrí que, para primeros borradores, la mañana imposible (esas horas en las que todavía están poniendo las calles) es mi mejor momento del día: el sueño me hace más creativa, al cargarse los típicos filtros del perfeccionismo. Y escribir es una actividad que hace que mi cerebro espabile: es más eficiente que otras actividades como leer, corregir o saludar al mundo con un polvo mañanero.

10000 horas¡Quitar el polvo! ¡Quería decir quitar el polvo! Y es que se cuela por todas partes, hasta por las rendijas del sofá.

Tras años de ensayo y error, he descubierto que mis mejores horas para escribir ficción están entre las 6 y las 10 de la mañana (medio dormida, pero creativa), y que mis mejores horas para escribir artículos están entre las 5 y 8 de la tarde (muy despierta, menos creativa pero más productiva).

Como veis, no son horas que de entrada me parecerían lógicas, yo que siempre he sido una de esas personas búho que creen que hacen las cosas mejor a las tres de la mañana. Lo aprendí tras mucho experimentar.

ReGreso al quid de la cuestión

Nicolas insiste en dos cosas, una y otra vez: primero, necesitas descansos entre bloque y bloque de trabajo.

Últimamente he estado leyendo mucho sobre lo que Miyazaki llama el ma, o respiro narrativo. Es ese momento en que la acción se detiene y podemos descansar un poco. Estos reposos entre la acción desenfrenada son los que nos permiten entender bien el sentido de lo ocurrido hasta ahora: son lo que nos permite asimilar lo importante.

Otro día hablaremos más de eso, si queréis, porque como escritores tenemos que aprender a utilizarlo. Pero creo que es una buena metáfora también para nuestras rutinas de trabajo diario. Para que el trabajo se aposente bien, también necesitamos nuestro ma, nuestro momento de reflexión callada, de meditación y reinicio.

Lo segundo en que insiste Cole (y creo que esto es fundamental): él puede crear contenidos de calidad aceptable y editarlos en tiempo récord porque lleva más de diez años trabajando en ello. Esta experiencia le permite, por ejemplo, crear tres artículos profesionales de unas 800 palabras en menos de dos horas.

Evidentemente, si tú acabas de empezar a escribir, no vas a obtener los mismos resultados. Pero es una manera interesante de ver que conforme desarrollamos una habilidad, cada vez realizamos las tareas asociadas con mayor rapidez y eficiencia.

Hablemos ahora del horario habitual de Nicolas.

Mañana: 3500 palabras

¿Qué?

Sí, suelta 3500 palabras del ala en ese horario óptimo (de 7 a 11 AM). Nicolas se levanta, se lava los dientes, se ducha, se prepara el desayuno y apaga el teléfono. Al final de este artículo os preguntaréis si tiene vida: he de decir que antes de apagar el teléfono le manda un mensaje a su novia. No sé si el mensaje es amoroso o si va más en la línea de “adiós, querida, parto raudo, una mañana más, a derrotar a los dragones de la resistencia, pereza y la ignorancia”.

Ese es el tipo de cosa que me dice a mí mi partenaire por Whatsapp. Y a mí me gusta imaginarme a Nicolas así, dispuesto a su odisea, a su guerra, espada en ristre. Mientras piensa en su novia.

Lo de apagar el teléfono es importante. Para hacerte 3500 palabras del tirón necesitas concentración. ¡Más que concentración! Necesitas flow***. Y el flow no se consigue si Facebook te está interrumpiendo cada cinco minutos. Me cabrea eso de que a mi cerebro le lleve un buen rato volver a enfocar toda su atención después de una distracción, por leve que sea.

10000 palabrasYa te lo advirtieron tus padres: las notificaciones matan.

Para Cole, el estado de flow es sagrado y lo mantiene mediante descansos muy específicos, casi meditativos: espacios de tiempo en los que no interviene información externa que afecte a su caudal de pensamiento. Nada de redes sociales, nada de teléfono, nada de tontear por Internet. Tras una sesión larga de escritura, hace todo lo posible para mantener su cabeza “limpia”.

Un ejemplo de este estado sería el acto de prepararse la comida, con el enfoque puesto en ese proceso y nada más. Cole come, lava los platos y se sienta para la siguiente ronda.

Tras el almuerzo: 2500 palabras.

Este es el momento más difícil y ahí estoy con Cole, ay. A mí me ayuda una siesta de media hora para reiniciar un poco el día, pero este señor todoterreno se pone inmediatamente después de comer, para no perder el ritmo. No es su mejor momento (ni el mío) pero son horas que pueden aprovecharse. Como dice él: por mucho que me gustaría descansar y decir “ahora mismo no me apetece escribir”, sabemos que no es una opción.

Pequeño irse por las ramas sobre las siestas

Sobre el tema de las siestas podríamos hablar largo y tendido. Solo he empezado a dominarlas recientemente, gracias a una higiene de sueño muy estricta (mis amigos deben de pensar que ahora soy la persona más aburrida del mundo) y el uso de la aplicación Sleep as Android, que me ha ayudado a no despertarme en un estado tan zombi como el ya mencionado más arriba.

No estoy afiliada con esa app ni nada por el estilo. No sé qué ciencia (o seudociencia) hay detrás, pero por ahora me funciona muy bien.

Y volvemos a(l) Cole

A nuestro héroe las tardes le cuestan, le cuestan mucho. Dice que es aquí donde agradece sus años de competición profesional como jugador de World of Warcraft (¿veis como era un héroe?) y sus años de ir al gimnasio. Cosas así dan disciplina y determinación. Yo al WoW he jugado mucho, pero no de esa manera, y soy alérgica a los gimnasios.

10000 palabrasPERO POR QUÉ SONRÍEN.

Aun así, estos años recientes de escritura me han espabilado mucho. Descubrí que, como no tengo disciplina, tengo que recurrir a otros métodos. Hay días en los que no quieres escribir. Pero no se trata de lo que te apetece en el momento: se trata de una acumulación de acciones diarias que te llevan hasta tu objetivo.

Toca teclear, queramos o no, en esta etapa de posalmuerzo adormilado. Para media tarde, Cole ya está agotado y toca un nuevo descanso.

Descanso mental, claro. Es aquí donde se marcha a levantar pesas o a nadar. Asegura que el ejercicio físico es lo mejor que puedes hacer después de tantas horas de concentración. Tened en cuenta que a estas alturas de la película llevamos ya 5000 palabras.

5000 palabras es una barbaridad, hasta para escritores aguerridos.

De vuelta del gimnasio o de la piscina, Cole se prepara algo de comer, responde a mensajes urgentes y se dedica a la lectura.

Pequeño irse por las ramas sobre la lectura

Todos los que escribimos necesitamos leer. Cole también escribe poesía, y entre eso y los artículos que escribe para otros, y lo que escribe para su propio blog y libros de no ficción, necesita poder cambiar de “voz” (forma de narrar, perspectiva) para cada bloque de trabajo. Una forma de conseguir esto es leer antes algo en el estilo en que te interesa escribir.

Creo que es importante recurrir en esta instancia a lecturas muy muy buenas. Siempre está el riesgo de sentirte malo y decidir que no sirves para la escritura y tirar tu portátil por la ventana, pero creo que es un riesgo que un escritor bien protegido, amante de sí mismo y constante cruzado contra el síndrome del impostor, puede conseguir sin pestañear.

Además, yo no tengo mucho dinero y no me puedo permitir tirar mi portátil por ningún lado.

Tras la cena: 4000+ palabras

Terminada la cena y la lectura, toca repetir la rutina de la mañana.

Cole apaga el teléfono de nuevo y se pone a currar. Ya está en otro periodo de creatividad, productivo, y la sesión bien puede durar cuatro horas o más. Incluye artículos, edición, emails y otras tareas asociadas.

Ya ha llegado a las 10000 palabras, y todavía le queda un encargo que terminar.

Por supuesto, Cole describe en su artículo su día ideal. Él mismo asegura que no todos los días salen así de perfectos. Habrá eventos inesperados, viajes, sorpresas, interrupciones que escapan a su control. Conforme avanza el día perdemos voluntad y enfoque, y es más fácil que nos distraigan tareas inoportunas, llamadas, correos, etc. Por eso, Cole produce menos por la tarde. Por la noche, de nuevo puede apagar el universo y entregarse plenamente a su trabajo.

Argumentos a favor y en contra de la superproducción

Ya sé lo que estáis pensando.

Más de 10000 palabras. Todas esas horas de trabajo, completamente enfocadas en la escritura. ¡Eso es una barbaridad!

¿Pero lo es? No estoy muy segura.

¿A cuántas personas conocéis que trabajan en hostelería, seis días a la semana, diez horas al día? A lo mejor es porque vivo en una zona turística, pero yo sé de más de una (y de diez).

¿Y cuántas personas conocéis que trabajan, supuestamente, cinco días a la semana, ocho horas al día, pero que entre horas extra, trabajo no solicitado y “deberes” y problemas para casa acaban currando mucho más?

¿Qué decimos de aquellos cuyas supuestas ocho horas diarias de trabajo se dividen en tres horas de trabajo real y cinco horas de petardeo por Facebook?

10000 palabrasTras varias horas de esfuerzo ininterrumpido, he ganado el debate "tortilla: ¿con o sin cebolla?". Trescientos niños en Uganda se quedaron sin sus envíos de alimento y medicamentos, y probablemente han muerto, pero este día quedará marcado para la posteridad.

Sí, es una barbaridad, porque es un trabajo de concentración absoluta durante largos periodos de tiempo. Creo que también nos parece una barbaridad porque es escribir, y seguimos asociando el escribir a algo que se hace con un fundido en negro o mucho bourbon o tiempo acelerado en las películas de Hollywood. Es algo que se hace solo un par de días, en los que te tiras 48 horas sin dormir para escribir una novela (creo que eso lo vi en Californication, posiblemente la peor representación que he visto de la vida de alguien que se dedica a la escritura).

No lo concebimos como un trabajo absoluto, completo.

El problema del trabajo artístico

Cualquiera podría argumentar que los ejemplos que yo he puesto no son válidos: son ejemplos de personas que trabajan para subsistir, y que quien busca vivir de la escritura lo hace porque es su pasión. Como si tu pasión no tuviera trabajico. La escritura (sobre todo la escritura creativa) es un sector donde la oferta supera ampliamente a la demanda, por lo que la remuneración, de haberla, es muy baja. Solo la veo rentable en casos de a) producción a lo bestia o b) producción especializada en nichos de demanda alta. Pero incluso una producción especializada exige de experiencia y habilidad, que se consigue… ah, sí, practicando mucho.

Puede haber excepciones, pero, no sé por qué, cada aspirante a escritor que conozco considera que es esa excepción mencionada. Que encerrado en su guarida escribirá una primera obra perfecta que revolucionará el mundo. Matemáticamente, todos no podemos ser esa excepción, ¿no?

También olvidamos que hay formas de escritura más rentables que otras. ¿Qué hacen los copywriters, los redactores profesionales, los “negros”, los creadores de contenido? ¿Dibujar y bailar, largarse a retiros de yoga mientras piensan en conceptos publicitarios avanzados a lo Mad Men? Escribir no es solo ficción. No es solo esa idea romántica que tenemos de ser el próximo superventas y vivir en una mansión rodeados de señores y señoras con poca ropa y un mayordomo de acento británico que se parece sospechosamente a Stephen Fry.

conclusiones

He hablado de este tema con otros escritores y sospecho que, al igual que ellos, mis lectores tendrán dos reacciones principales. Una será de rechazo (¡ese tío está loco! ¡Eso es imposible!) y otra será de admiración (¡si él puede, yo también puedo! Mañana mismo, a escribir 10000 palabras. Pero ahora no, que estoy viendo Netflix).

Me gustaría decir que son reacciones extremas, en mi opinión. Creo que podríamos quedarnos con cierta dosis conveniente de realismo: de un día a otro no vamos a pasar de 500 a 10000 palabras diarias, incluyan o no incluyan reescritura, revisión, planificación y todo lo demás. Y menos si no podemos permitirnos el lujo de dedicar todas las horas del día a escribir como ocupación principal. También hay que contraponer el mercado angloparlante para el que escribe Cole con el nuestro.

10000 palabrasUn día cualquiera en la vida del escritor estadounidense.

Pero también debemos tener en cuenta que Cole no empezó escribiendo todo el día. Esa es una situación a la que ha llegado gracias a años de trabajo constante, haciéndose un nombre en el sector de la creación de contenidos. Sí hay redactores, copywriters, creadores de contenido en nuestro mercado que viven de lo que escriben. También hay escritores de ficción con una producción brutal que hacen su dinero. Todos han llegado a ese punto tras mucho tiempo de optimización de su trabajo: no solo se trata de escribir mucho, sino de escribir bien y de conocer a tu público.

Y creo que es fácil decir que vivir de la escritura es imposible cuando producimos doscientas palabras al día (o cuando nos quedamos atrapados en un sector o forma de publicación que no es rentable). Hablo aquí de dinero, solo de sucio dinero, por la sencilla razón de que dicho dinero es lo que permite que alguien pueda pasarse diez horas diarias dándole a la tecla.

Conclusión de las conclusiones

Así que propongo que dejemos de lado nuestras diferencias, opiniones, críticas y recelo y nos quedemos con el mensaje que a mí me gusta de todo esto:

Escribir 10000 palabras al día es posible. Pero no tenemos que escribir 10000 palabras al día.

Lo que podemos hacer es aprender de lo que Cole hace bien (una rutina efectiva, respeto por su propia concentración y descanso, entrega y disciplina para conseguir sus objetivos).

Ya están los bares llenos del tipo de autor desalentado que solo hablará de lo que Cole hace mal.

Como si a Cole eso le importase.

Y si estás en ese bar, quejándote, te recuerdo que no estás en casa, escribiendo.

 


*Si os interesa que mi próximo artículo sea sobre este tema, por favor decidlo en los comentarios. En caso de demanda, lo haré; si no, me centraré en alguno de los demás 1553 temas que tengo pendientes.

**Sé que existe una palabra en español para esto. Pero tendréis que perdonarme. Cada vez que escribo flujo me río como la niñata idiota que sigo siendo a veces.


¡ATENCIÓN!

He podido crear este artículo y publicarlo gracias a la amable generosidad y belleza espléndida de mis mecenas. Entre ellos, va un gracias especial a Jorge del Oro, Carlos S. BaosAna González Duque, May Quilez, Eduardo Norte y Carla Campos por sus contribuciones. Si tú también quieres ayudarme a seguir creando publicaciones como esta, por favor considera pinchar aquí y echarle un vistazo a mi Patreon. Puedes ser mecenas por menos de un euro, apoyar mi proyecto y además recibir recompensas divertidas 😉

O también puedes cotillear mis libros. Después de todo, los escribí para ti.


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Cómo mejorar tu escritura con la regla de tres (y otros recortes literarios)

agosto 28, 2015 — by Gabriella36

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No, no estoy hablando de una operación matemática, ese truco que nos enseñaron en el colegio y que sigo utilizando a día de hoy para calcular qué porcentajes me llevo por libro vendido, cuánto me debe una editorial y qué cantidad de dinero me queda del presupuesto de este mes para comprar tomos de Hellblazer  (la respuesta a todas estas preguntas siempre es la misma: insuficiente).

Llevo leyendo sobre la regla de tres para escritores ya desde hace tiempo y creo que ha llegado el momento de hablaros de esta herramienta.

La regla de tres puede ser la diferencia entre un ritmo narrativo bueno o uno malo. Creo que estaréis de acuerdo en que una herramienta así merece toda nuestra atención.

No es un concepto que suela ver en las webs para escritores o en los talleres de escritura en nuestro idioma. Tal vez es una regla que funciona mejor en inglés, no lo sé. Tal vez todo el mundo sabe de ella y soy yo la que ha llegado tarde a la fiesta. Pero los ritmos de nuestras lenguas se parecen; la musicalidad de lo que está bien escrito funciona tanto en una como en otra. Y yo creo que es una regla fundamental para aquellos que sufren de “infraescritura” (escribir demasiado poco, saltarse los detalles) y “sobreescritura” (agredir al lector con un repertorio interminable de subordinadas, adjetivos y detalles que no importan absolutamente a nadie).

Como cualquier “regla” para escribir, no es en realidad una regla, sino más bien una guía. No ha de aplicarse siempre, eso sería absurdo. Pero puede ser, como la propia palabra indica, una buena regla de medir, una manera de saber cuándo nos pasamos. Creo que solo hay dos reglas realmente sólidas en el mundo de la escritura: escribe mucho y lee mucho. Sospecho que esas dos son innegociables.

¿Pero qué es la regla de tres?

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10000 horas, o cómo aprender a escribir

diciembre 27, 2012 — by Gabriella8

Desde hace unos meses he estado recibiendo mensajes, algunos de personas a las que conozco bien, otros de personas a quienes apenas conozco, que me preguntan si puedo darles alguna recomendación para empezar a escribir.

Soy una persona que ha dedicado toda su vida, de una forma u otra, a lo literario: desde lo académico a lo profesional, pasando por mis aficiones personales. De primeras, recibir este tipo de mensaje me halaga, claro, porque implica que estas personas creen que tengo mayor conocimiento que ellas a la hora de escribir. Lo cual puede ser cierto, en casos concretos, si lo medimos según conocimientos teóricos o experiencia práctica; pero la realidad del asunto es que ante una hoja de papel en blanco yo soy tan pequeño saltamontes y me acojono tanto como ellos (o más, porque tengo mayor conocimiento de lo muchísimo que puedo cagarla). Y, tal vez, precisamente por eso, le he dado tantas vueltas a las respuestas que he ido proporcionando. Muchos me pedían referencias de algún blog, libro o taller de escritura. No soy muy amiga de estos, lo reconozco. En los cursos de escritura uno puede verse supeditado al criterio de determinado tipo de profesor/escritor que considera tener la última palabra, conocer La Verdad, o disponer del Método para producir best-sellers o para realizarse como artista (diría que cualquiera de estas dos opciones es un tanto peligrosa, por no hablar de que a veces da la impresión de que cualquiera que tenga un libro publicado puede cobrar por impartir enseñanzas de índole literaria). Me gustaría tener un blog concreto donde compartir con todo el mundo ideas y conceptos que considero que resultan útiles para aquellos que escriben, pero como ahora mismo no dispongo de tiempo para ello, me limito a publicar alguna cosilla en este, de forma ocasional, sobre el tema. Sea como sea, creo que este artículo en concreto es mi intento de responder a esas preguntas que recibo de vez en cuando: ¿cómo puedo aprender a escribir? ¿Cómo puedo mejorar? ¿Por dónde empiezo?

El mundo de la escritura sufre, a mi juicio, de un problema fundamental: hay demasiados escritores. Al igual que otros sistemas de producción, a su nivel más básico es muy fácil de llevar a cabo. Lo mismo ocurre con el mundo handmade: es muy sencillo colgar una pieza prefabricada de una cadena, por lo que cualquiera puede dedicarse a la venta de productos hechos a mano; o con el mundo del arte: cualquiera puede dibujar dos palitos y definirlo como una representación profunda del ansia existencial que inunda nuestro tiempo.

En el colegio nos enseñan a escribir, aprendemos a comunicarnos de manera escrita. Hasta cierto punto podemos describir con facilidad situaciones y objetos, podemos narrar un evento o podemos reproducir una conversación. Y cuando una persona disfruta de cierta habilidad algo superior a la media para llevar a cabo cualquiera de estas acciones, de inmediato se le alaba por ello: “Mirad qué poesía tan bonita ha escrito la niña; mirad qué casa tan preciosa ha dibujado el niño; mirad qué pasada de cajita de macarrones ha hecho el vecino”.

Muchas de estas personas dan por sentado que tienen talento, que disponen de una varita mágica que les permitirá, de una sentada, escribir una obra maestra, pintar un lienzo espléndido o componer la banda sonora de la última película de Disney. Y es cierto que existen personas que gozan de un talento inconmensurable que les permite, en efecto, alcanzar la genialidad con escaso esfuerzo. Pero son muchísimas menos de lo que pensamos. El talento ayuda, el genio produce atajos en el largo camino que es la realización en algún ámbito; pero existe una regla que se cumple con bastante rigor, y es la regla de las 10000 horas.

Según este concepto, 10000 horas de dedicación a alguna práctica serían las necesarias para llegar a un punto que podría considerarse de maestría. El ejemplo perfecto es el de aprender a tocar un instrumento, pero realmente puede aplicarse a muchísimas más cosas, y yo diría que la escritura es otro ejemplo clásico.

Y no hablamos solo de practicar, sin pensar, sin cabeza. Conozco personas que escriben hasta la saciedad, todos los días, como locos, y que sin embargo no avanzan, no muestran ninguna mejora. La razón es sencilla: no leen, que es la mejor forma de asimilar técnicas, ritmos, estética; se enfrentan con indignación a cualquier crítica constructiva; se niegan a salir de su percepción de lo que debe ser la escritura y la producción literaria. Además, no muestran ningún respeto por los materiales con los que trabajan: la sintaxis, la gramática, la ortografía. Desconocen por completo cómo funciona la narrativa, la poesía, el teatro o cualquier género con el que quieran trabajar. Esas 10000 horas no son solo de escribir, sino de estudiar, de leer, de entender, de irritarse, de pelearse con otros, de dudar de la capacidad de uno mismo, de tirar todo lo escrito a la basura. Como decía un amigo mío, que además es un poeta excelente, “la escritura es papelera, papelera y papelera”.

Aprender a escribir no es abrir la hoja del procesador de texto cada vez que nos viene la musa o nos hemos pimplado media botella de vodka. Aprender a escribir es pasarse el día entero leyendo, corrigiendo, estudiando, analizando y, por supuesto, escribiendo. Aprender a escribir es odiar con furia todo lo que escribes, porque sabes que puedes hacerlo mejor. Aprender a escribir es dedicarle esas puñeteras diez mil horas, y que valgan.

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Image courtesy of papitchaya / FreeDigitalPhotos.net

Nota: No es la primera vez que hablo de algo y luego descubro que Sergio Parra ya lo ha hecho. Para saber más acerca de la regla de las 10000 horas, podéis leer su artículo en Xataka Ciencia.

Artículos ampliados

enero 29, 2016 — by Gabriella

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¿No tienes suficiente con lo que te ofrezco en el blog?

¡No te preocupes, tengo algo más para ti!

Por solo 0,99 €, puedes tener un .pdf optimizado para leer en cualquier dispositivo, donde entro en (mucha) materia.

He cogido algunos de mis artículos más prácticos y populares y los he ampliado. La versión extendida responde a un modelo freemium, esto es:

-Puedes leer una versión reducida, gratis, en la web o

-Puedes pagar 0,99€ y leer la versión extendida (con el doble de contenido que la versión gratuita).

Ahí te van los que llevo publicados hasta la fecha:

1. Cómo aprovechar tus 10000 horas de escritura:

10000 horas de escrituraVersión gratuita en web.

Versión extendida: 0,99 € en Lektu.

¿Estás cansado/a de trabajar sin ver progreso? Si eres escritor/a (o quieres serlo), vas a tener que organizar muy bien tu tiempo para alcanzar tus objetivos.

Malcolm Gladwell enunció la teoría de que hacen falta 10000 horas de práctica para llegar a dominar cualquier habilidad. Por supuesto esto es discutible, pero sí puede darnos una idea del esfuerzo y perseverancia necesarios para avanzar en el arte de la escritura.

El talento no lo es todo. Vas a necesitar tener muy claro qué esperas de tu arte y cómo conseguirlo. Espero que este artículo pueda ayudarte.

2. Las 20 mejores maneras de promocionar un blog:

promocionar un blogVersión gratuita en web.

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La principal razón de que los blogs se abandonen es que nadie los lee. Necesitas la motivación de un público para entregar el tiempo y esfuerzo que necesita un blog medio decente.

En este artículo ampliado ofrezco 20 estrategias que te ayudarán a promocionar tu blog de escritor.

Un blog no es un punto de venta directa (aunque puede serlo), sino una plataforma donde crear confianza con tus lectores, donde crear una relación a largo plazo con aquellos que pueden convertirse en tu público más fiel. Es también un punto de partida excelente para ofrecer servicios asociados a tu escritura. Pero es cierto que es difícil dar a conocer tu plataforma entre tanto blog, web y cuenta social de escritores que hay ahí fuera.

Con este librito intento ayudar al escritor con blog a sacarle el máximo partido a su trabajo.

 

escriturapersonal

Las 8 verdades terribles del panda de la decepción

octubre 17, 2018 — by Gabriella11

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Ayer vino a visitarme el panda de la decepción e insistió en que os hablara de él.

El panda de la decepción me acobarda bastante, así que tuve que hacerle caso.

Este oso blanco y negro tan poco simpático no es una creación mía, sino del bloguero y autor Mark Manson, y lo descubrí en su libro El sutil arte de que (casi) todo te importe una mierda. Escuché el audiolibro en inglés y otro día ya hablaré de la obra en sí. Libertad Delgado tiene un vídeo sobre el tema que podéis meter en marcadores: no vayáis a verlo AHORA, que os estáis leyendo mi artículo.

NO LA MIRÉIS. QUE NO OS DISTRAIGA DE MI SAPIENCIA.

No os dejéis amedrentar por el subtítulo que le han puesto al libro de Manson en cristiano:Un enfoque rompedor para alcanzar la felicidad y el éxito“. No es una buena traducción del subtítulo original (A Counterintuitive Approach to Living a Good Life), y de hecho parece proclamar justo lo contrario de lo que proclama el libro (que tanta búsqueda de felicidad y éxito nos está, de muchas maneras, destrozando). Cosas del Marketing del Lado Oscuro.

Pero hablaba del panda, no de traducciones ni de Mark.

El panda de la decepción es lo mejor que te puede pasar

El panda de la decepción es un superhéroe. No el superhéroe que queremos, sino el que necesitamos. La función de este osito adorable con capa y antifaz es ir de puerta en puerta diciéndole a cada persona esa gran verdad que lleva negando toda su vida. Por ejemplo, el panda podría decirte que tu novia está buscando algún modo de cortar contigo. Lo sabes, pero crees que si lo ignoras, ese problema desaparecerá. Podría decirte que diez minutos de vez en cuando en fin de semana no te van a servir para escribir una novela. Podría decirte que tu poesía es mala. O que otra copa más sí te va a hacer daño. Cualquier cosa tremendamente obvia que tú, sin embargo, eres incapaz de ver.

El panda de la decepción es brutal, pero tal vez es lo mejor que nos podría pasar. Porque el panda no busca humillarnos ni hacer que nos sintamos mal. Tampoco busca, como un trol de internet cualquiera, tocarse un poco pensando en como nos ha hecho llorar. El panda es sabio y verdadero; el panda conoce aquello que nos hará libres. Es difícil diferenciar al panda de la decepción de mentira del auténtico, porque todos llevan capas y antifaz.

A mí me ha visitado el panda alguna vez y el tipo es un cabroncete de cuidado. ¡Qué daño hace! Pero es daño del que sana, del que hace que a la larga todo sea mejor.

Yo también he intentado ser panda a veces, siempre con mucho cuidado.

De cómo Gabriella se convirtió en un panda

(con un 10% de chistes sobre su peso y orondez voluptuosidad)

Solo soy panda si estoy convencida de que tengo, aunque sea, parte de razón, basándome en experiencias que no solo he vivido, sino que he observado de manera constante en otros, con datos verificables al respecto. Busco ahorrar a la otra persona esa desgracia que veo venir hacia ella, como un camión a 250 por hora.

No me ha ido muy bien.

panda de la decepciónParezco adorable, pero vengo a destruir tu realidad.

Nadie quiere oír que lleva haciendo algo de forma equivocada los últimos cinco/diez/veinte años de su vida (yo tampoco, por cierto). He perdido clientes por negarme a formar parte de su visión chiripitifláutica de la realidad. Si quieres que alguien te diga que vas a vender cien mil libros echándole un par de horas a la semana y solo llevando a cabo tareas que te gustan, mejor búscate a otra panda… digo asesora.

Por supuesto hay gente que sí escucha (y actúa en consecuencia). Hay algunos casos de éxito que me hacen sonreír. No son muchos. Como dijo Steve Scott, uno de los autores que más ha vendido como autopublicado en los últimos años: cualquiera puede hacer lo que él hizo, pero la mayoría de la gente no está dispuesta a trabajar tanto como él.

Tiene algo de razón: Scott analiza problemas cotidianos de la gente, se documenta a saco, y publica libritos cortos y baratos con soluciones. Tiene libros sobre todo tipo de cosas, desde cómo implementar el hábito del ejercicio a cómo utilizar Evernote de forma eficiente. Lleva haciendo eso desde hace más de diez años. No todos estamos dispuestos a invertir las horas diarias que invierte Scott durante más de diez años. Y es que, como él asegura:

Cosas como la ley de la atracción, El secreto y la idea de que “todo lo que tengo que hacer es pensar de forma positiva y todo será genial” están limitando nuestra capacidad para vivir mejor.

Todos asentimos, serios, y pensamos que a nosotros nos encantaría un panda de esos, que nos dijera la cruda realidad, porque es muy difícil reconocerla. Pero no somos conscientes de nuestro propio estado de negación.

Dicho esto, y con todos los disclaimers por delante de que en realidad no sé una patata, que solo suelto por aquí cosas que me habría gustado que me dijeran a mí en su momento (porque me habría ahorrado mucho tiempo y energía), me gustaría intentar ser panda de la decepción un ratito, si me dais permiso. No porque me guste (bueno, un poquito sí me gusta), ni porque tenga hechura moral para ello, sino porque es práctico para mí. Cada vez que alguien me mande un email lleno de “si lo visualizo mucho y sigo mis sueños, seré millonario”, podré ponerle este enlace.

Confieso también que esta es una suerte de catársis. Porque estas ocho cosas me las vino a contar el panda. Con su lindura blanquinegra y su sonrisa afable e insufrible.

Y su imbecilidad, porque hay que ser tontico para alimentarse solo de bambú, por cierto.

Cómo odio a ese maldito panda.

Vamos allá.

1. No, tu libro no venderá por sí mismo

*Coge aire*

El boca a boca es un mito creado por la industria editorial para que creas que ese libro que está en todas las estanterías de todas las librerías en primera plana está ahí porque “se ha vendido por recomendaciones personales y por tanto es independiente y buenísimo”.

*Suelta aire*

A las empresas de coedición y a muchos editores tradicionales (y me incluyo, que yo también lo fui) nos interesa que creáis en ese sueño, en el sueño del libro que se vende solo, porque seréis menos exigentes en vuestros contratos y no os pondréis pesados con el tema de la promoción. Para muchas grandes editoriales las ventas son una cuestión de estadística: se trata de publicar muchos libros porque hay una probabilidad X de que uno sea un superventas. Y muchos están todavía viviendo en una era donde los libros los vendían los periódicos y la radio.

Sí, periódicos y radio. ¿Sabéis cuántos libros vendí cuando salí en medios conocidísimos de alcance nacional?

Pista: bastantes menos que en el festival Celsius, que sí está orientado a mi público.

Eres una estrellita especial, pero el público y sus hábitos de compra no van a cambiar por ti. Necesitas aprender a promocionarte y necesitas entender qué quiere tu público. Y necesitas entender que tu público NO es el 100% de la población.

El daño de fenómenos como Harry Potter o Canción de hielo y fuego es que nos hacen creer que nosotros también podemos gustar a casi todo el mundo. Y eso es tremendamente engañoso, porque a) probablemente no cuentes con las habilidades narrativas que Martin ha desarrollado tras una vida entera creando historias y b) estos fenómenos son tan llamativos porque son, precisamente, el porcentaje mínimo, la gran excepción. Esto es como decir que vas a jugar todos los días al Euromillón porque está claro que en algún momento te va a tocar.

Robert Rankin definió en sus libros de ficción a la lotería nacional como el mayor timo llevado a cabo por el hombre. Y, sin embargo, seguimos creyendo en la probabilidad ínfima. Eso siempre me asusta un poco, porque si creo que me va a tocar el Euromillón o que voy a ser superventas internacional, también tendría que creer que me va a partir un rayo en cuanto salga a la calle o que no debería subirme a un avión, jamás.

panda de la decepciónEstá claro que no sé de lo que hablo. 
Este caballero recibió un email de un banquero nigeriano diciéndole que había ganado la lotería irlandesa por ser el visitante un millón de una página de fans de Coehlo, y miradlo ahora.

No digo que el boca a boca no funcione. Pero es que no funciona de la manera que crees.

2. No hay una respuesta sencilla

No puedo explicarte en una sesión de una hora cómo hacerte millonario vendiendo tus libros. Tendría muchos más clientes si lo hiciera (y cobraría mis sesiones mucho más caras), pero a la larga me reventaría en la cara, porque habría montones de escritores aporreando mi puerta echándome la culpa de haber dejado su trabajo, hipotecado a sus niños y abandonado a sus marsopas.

No hay una cantidad de tiempo exacta que necesitarás para vivir de tu escritura ni un proceso infalible por el que te convertirás en un autor de prestigio. Conocemos mecanismos, estrategias a largo plazo que han funcionado a otras personas, pero ni siquiera eso es una garantía de que te funcione a ti. Si alguien te vende lo contrario… entiendo que la tentación es grande. Pero pregúntate por qué esa persona no está en su mansión echando la siesta en vez de estar creando libros o cursos que te aseguran una riqueza futura a cambio de un desembolso insignificante.

panda de la decepciónNo busques mi nombre en Google, soy demasiado triunfador como para salir en ese motor de búsqueda para no iniciados.

Del mismo modo, no puedes ir a un taller de escritura durante una semana y esperar que tu escritura esté a nivel nobel de literatura, ni escribir tres cuentos y enfadarte porque nadie te los publica. Aprender a escribir debe de ser uno de los procesos más complicados que existen, ya que, tras un aprendizaje larguísimo a nivel técnico de forma y fondo, seguirás peleando por conseguir ese yo-no-sé-qué que hace que tus lectores secuestren a tu familia para tenerlos como rehenes hasta que escribas la continuación de tu serie más reciente de dinoporno yaoi BDSM con embarazo.

(Que, por cierto, Matilde, estaría bien que me devolvieras a mi hermano. Con todos sus dedos, preferiblemente).

3. Lo que a ti te gusta no le interesa, necesariamente, a los demás

Una cosa que nos cuesta mucho aceptar como escritores es que porque nosotros tengamos un estándar dorado de lo que es LITERATURA (así, todo en mayúsculas), millones de personas no tienen que estar de acuerdo con nosotros. Qué narices, es posible que ni cien personas estén de acuerdo con nosotros. No puedes molestarte porque a nadie le interese tu poemario dadá de flamenco-gore. Y entiendo que es muy cansino ver que otros autores que descuidan más su trabajo venden mucho más que nosotros, porque nos desconcierta que nuestra exigencia personal no sea la de los demás.

Esto nos lleva a otro punto importante:

4. Tu comportamiento como consumidor no es el mismo que el de tu lector ideal

Es crucial tener una idea de qué tipo de persona compra nuestros libros, no solo porque así podemos adecuar nuestra oferta, sino porque así sabemos dónde se mueven y cómo consumen, y podemos llegar a ellos.

Reconozco que esto a mí me tuvo atrapada bastante tiempo: pensaba que mis hábitos de lectura, compra y consumo eran iguales que los de los demás, y resulta que no es así. Que yo odie ver vídeos no significa que mi público ideal también lo odie. De aquí a que yo me haga booktuber sigue habiendo un tiempecico, pero sí que estoy intentando salir de mis costumbres anquilosadas y experimentar con otras formas más audiovisuales de llegar a mi gente, al igual que cada vez creo más contenidos para mi público (no escritor) de fantasía. El hecho de que leas, por ejemplo, Crónicas del fin, no implica que leas blogs para escritores, ni mucho menos.

panda de la decepciónPero deberías leerlo, por Angie. ¿Habías visto alguna vez un chico araña tan adorable?

Es difícil partir de experiencias de compra ajenas para formular la estrategia de promoción de tu libro. Y por eso tanta gente no vende.

Otra gran verdad del panda de la decepción, que nos dicen una y otra vez, pero que no parece calarnos: nadie dijo que esto fuera fácil. Lo que nos lleva a…

5. El mundo es injusto

Ese autor de mierda que escribe fatal acaba de vender tres millones de libros en 18 idiomas y tú este mes le has vendido uno a tu prima. Sí, el mundo es injusto y también la terrible industria editorial y blablabla.

Por favor, ahórrate tu activismo de lamento en redes sociales y sal ahí fuera y haz algo para cambiar el mundo. Monta tu propia editorial, invierte tu propio dinero, cambia el sistema desde dentro o desde fuera. Si no, cállate y aguanta. Analiza qué hace ese autor para vender tantos libros y decide si tus principios te permiten hacer algo similar. Si no es así, volvemos a la frase anterior: ahórrate tu activismo de lamento en redes sociales y sal ahí fuera y haz algo para cambiar el mundo.

No hay un karma divino y ordenado con una justicia perfecta. De haber de eso, yo estaría ahora mismo en mi piscina en forma de dragón gigante rodeada de modelos de todos los sexos (¡todos!) bebiendo cava y zampando pizza sin engordar un gramo. Y la pizza tendría gluten.

panda de la decepciónEn España nadie lee, porque hay más escritores que lectores y toda la industria editorial es una conspiración judeomasónica de Pérez Reverte. 
Y SÓLO VA CON TILDE CUANDO ES ADVERBIO.

Pero estoy aquí, en mi butaca maltrecha del Carrefour, con mi batita de flores y mi tripa adorable, escribiendo para vosotros.

6. Lo que estás haciendo no funciona

Esta tal vez sea una verdad muy complicada, porque hay un punto muy difícil de definir en el que debemos abandonar algo que no nos está funcionando (Seth Godin lo definía como “el abismo”). Por un lado, se nos dice que si perseveramos, alcanzaremos nuestros sueños, pero conozco autores que llevan treinta años escribiendo y no han alcanzado nada. Perseverar solo tiene sentido si lo hacemos de manera inteligente y deliberada. Escribir todos los días no es muy eficiente si no se acompaña de conocimientos teóricos; estudiar mil libros de escritura no sirve de nada si no escribes de forma periódica.

Y así se crean dos situaciones igualmente frustrantes:

a) Te acomodas en lo que sabes hacer, sin plantearte si está sirviendo de algo, si funciona.

b) Cambias de tácticas cada dos por tres, sin darle tiempo suficiente a cada una para aprender y progresar.

Creo que la virtud puede estar en el punto medio, como siempre. Prueba tácticas, dales unos meses y asegúrate de estar llevándolas a cabo de la mejor forma posible:

  1. Analiza la curva de aprendizaje de la táctica o método que vas a implementar (por ejemplo: ten en cuenta que no dominarás Facebook Ads en un par de semanas).
  2. Analiza cuánto tiempo suelen exigir para producir resultados. Por ejemplo, un blog muy bien llevado y enfocado a su público suele empezar a dar resultados al cabo de un año, aunque hay quien tarda menos. No pretendas ver un pico enorme de ventas si llevas dos semanas en la blogosfera.
  3. Decide cuál será la conversión que necesitas: ¿buscas más ventas, más suscriptores, más seguidores en redes sociales…?
  4. Es crucial hacer un seguimiento de cada resultado.
  5. Si no ves crecimiento (una mayor conversión), busca por qué. ¿Hay algo que podrías hacer mejor?
  6. Si realmente consideras que has hecho todo lo que tenías que hacer y la táctica no resulta, abandona con frialdad. No caigas en la falacia del costo hundido.
panda de la decepciónHe invertido ya 10000 euros en mi escuela de vuelo para gallinas, no voy a detenerme ahora.

Ese punto 6 es muy, muy, muy complicado. Si has dedicado varios años de tu vida a un proyecto, es muy difícil decirle adiós, aun cuando no da resultados. Esto le ocurre a muchos autores con su primer libro. Les cuesta lidiar con el hecho de que un primer libro rara vez es bueno. Y cuando no obtiene ventas o si se lleva malas reseñas, se desesperan y se frustran, y siguen empeñados en promocionar ese libro, en invertir en él tiempo y esfuerzo, cuando les vendría mejor escribir otro y aprender de sus errores.

7. No puedes hacerlo todo tú

A lo mejor tú eras, como yo, esa persona que en los proyectos en grupo del cole acababa haciendo todo el trabajo. Los demás o bien no cumplían con su parte o entregaban textos realmente malos, con la confianza de que vendría la idiota de Gabriella a arreglarlo todo.

O tal vez has tenido malos compañeros de equipo en tu entorno laboral. Tal vez has contratado a un corrector para tu libro que era un desastre o un portadista que daba vergüenza ajena.

el panda de la decepciónSon 1000 euros, gracias. Sé que parece algo caro, pero con algo tengo que alimentar a mis gallinas voladoras.

El problema de estas situaciones es que acabas desarrollando una fobia tremenda a delegar y quieres hacerlo todo tú.

Tampoco ayuda nuestra mentalidad de principiante, que nos lleva a pensar que invertir dinero en profesionales para que nuestro libro salga mejor es un desperdicio. Y a veces simplemente no puedes permitirte la ayuda de otros. Pero con el paso de los años he aprendido a apreciar la colaboración de gente estupenda que me ha hecho la vida mucho más fácil. A veces puedo pagarlo, otras veces recurro a mis propias habilidades para intercambiar servicios.

Sobre todo esto de delegar, vi este artículo de authority.pub y he adaptado sus listas a las mías propias:

He aquí algunas cosas de las que NO debería ocuparse un autor:
  • Su cubierta (a no ser que sea ilustrador profesional, claro).
  • La valoración de su propia obra (para eso están los lectores cero y los lectores profesionales).
  • La corrección (a no ser que sea corrector profesional, y aun en ese caso aconsejo recurrir, por lo menos, a otros lectores avispados para pillar erratas).
Ahí van cosas que recomiendo muy mucho que se deleguen:
  • La maquetación y el diseño del libro.
  • La creación y diseño de una página web.
  • Creación de materiales audiovisuales y gráficos (aquí incluyo booktrailers y audiolibros).
ahí van algunas cosas que podemos delegar si queremos, para hacernos la vida un poco más sencilla:
  • Redes sociales (pero solo si tu marca no es muy personal o si tu community manager la entiende perfectamente).
  • Investigación de palabras clave y categorías para Amazon.
  • SEO en web.
  • Creación y gestión de anuncios.
Y aquí van algunas cosas que creo que deben quedar en manos del autor:
  • Tu estrategia de crecimiento.
  • La creación y gestión de tu plataforma.
  • La relación con tus seguidores.
  • La relación con otros autores y profesionales del gremio (el famoso networking).
  • Entrevistas.
  • Conferencias, mesas redondas, convenciones… todo lo que sea hablar en público.
  • ¡Publicar más libros!
  • El desarrollo de productos asociados a ti, como cursos online o talleres presenciales.

8. Te vas a comer toda la mierda del mundo, así que elige qué mierda vas a comer más a gusto

Sí, sí, terminamos con esta, porque tal vez sea la más importante. En nuestro viaje como escritores empezamos siempre diciendo que lo que queremos es escribir, pero poco a poco nos vamos dando cuenta de que esto implica mucho más que soltar novelas.

No solo está nuestra plataforma y promoción: acabamos haciendo cosas que no nos gustan porque hay que comer y esto es así. Si creéis que la vida escritora es todo aviones privados y fiestas con directores de Hollywood y piscinas en forma de dragon, es posible que os equivoquéis. Vamos a tener que devorar porquería a paladas, a montañas. Habrá cosas que no te apetezca hacer y tendrás que hacerlas.

Pero sí tenemos el poder de decidir qué tipo de porquería queremos devorar. Prefiero corregir novelas (nota: ODIO CORREGIR) a triunfar en Amazon vendiendo libros sobre cómo triunfar en Amazon. Todos tomamos decisiones de ese tipo a diario. Cada día aprendo mejor a decir que no a las cosas que no se alinean con mis valores personales y que no me ayudan a salir adelante.

No creas que tú te librarás de tener que hacer cosas que no te gustan. Me temo que no tienes esa decisión si quieres alcanzar tus metas (a no ser que tus padres sean millonarios y tus metas sean quedarte en casa en el sofá viendo HBO y Netflix).

Pero sí puedes elegir el tipo de basura en el que te toca meter el morro.

Ya lo dijo un poco más arriba el panda de la decepción: nadie dijo que esto fuera fácil.

Antes de que entre todos nos arranquemos el pelo y nos convirtamos en nihilistas a lo feo, a lo Schopenhauer, os confesaré que hubo algunas verdades que el panda se olvidó de contarme. No me dijo que esta sería una experiencia de crecimiento personal increíble, que vería satisfechas gran parte de mis tendencias narcisistas, que descubriría a un montón de gente alucinante o que habría personas humanas ahí fuera que querrían leer mis libros.

Para eso está el Hada de los Floripondios y la Purpurina. Viste de morado, canta YMCA a pleno pulmón y cada vez que menea la pata izquierda caga moneditas de oro y tirillas de piedras preciosas.

Por desgracia, esa solo toca a mi puerta muy de vez en cuando.

Yo le tengo un altar siempre puesto: con un tótem de peluche, un librico colocado y una botella de champán del bueno.

Por si acaso.

panda de la decepción



Créditos de imágenes:

escrituraherramientas para escritores

9 técnicas para que tus lectores se estremezcan de emoción

enero 22, 2018 — by Gabriella32

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Vikram Seth tardó unos diez años en escribir Un buen partido y yo me lo leí en una semana.

Cuán ingrata la labor laboriosa y labrada del autor.

Como lectores, damos por sentado ese trabajo, damos por sentado mucho de lo que nos encontramos en un libro. Podemos fijarnos con facilidad en lo que no nos gusta, pero cuando encontramos un libro que nos apasiona, que nos engancha, no nos preguntamos el porqué. Creemos que eso ocurre por arte de magia, como resultado de una escena de esas de sitcom o de comedia romántica en la que los protagonistas limpian la casa en apenas un batir de pestañas, con una banda sonora chachi de bailoteo de fondo. El autor empieza a escribir y sus dedos hechizados vuelan sobre su teclado chiripitufláutico*.

Damos por sentado lo bueno, lo que no se ve. No somos tan inconscientes con lo malo, con la basura que alguien ha barrido bajo la alfombra. Contra eso no hay música chachi de bailoteo que valga.

¿Alguna vez os habéis preguntado por qué os irrita tanto encontrar cosas que no os convencen, que están mal hechas, en un libro? No hay más que ver las críticas de lectores a un libro que no les parece bueno: son rabiosas, son muy… personales.

emocionar lectoresHe encontrado un gerundio de posteridad en tu libro y ahora necesito averiguar dónde vives para prenderle fuego a tu casa.

Mi teoría es que es por culpa del sueño de ficción. En cualquier texto narrativo, sea una novela, una película, una serie de televisión o un relato ilustrado, entramos en un pacto. Sí, hacemos un pacto con el escritor que viene a ser el siguiente: voy a creerme todo lo que me cuentes a partir de ahora, pero a cambio tú tienes que sumergirme en un estado casi de trance, hipnótico, por el que yo me veré completamente inmerso en el mundo que has creado.

Como en cualquier pacto, si una parte no cumple con lo prometido, la otra se siente traicionada. Y, por desgracia, a los escritores no se nos permite enfadarnos si un lector no ha entrado en nuestro sueño, porque gracias a esa maravilla llamada ley de la oferta y la demanda, es el lector quien tiene todo el poder.

Como escritores, es nuestra obligación inevitable que el pacto funcione. Esto implica dos cosas: 1) no cagarla (o, por lo menos, no cagarla lo bastante como para sacar al lector demasiado de ese trance) y 2) crear el trance, para empezar. Como escritores, en nuestro oficio está entender cómo crear esa magia que los lectores disfrutan igual que un buen truco de prestidigitación. Ellos disfrutan del sentido de la maravilla, pero somos nosotros quienes tenemos que currarnos el truco.

Cuando alguien empieza a escribir, cree que los grandes trucos de magia se realizan con habilidad (¡talento!). No es consciente de las horas de práctica y estudio que hacen falta para que el lector realmente se crea que el conejo ha salido de la chistera o que hemos cortado de verdad de la buena a esa señorita por la mitad, sí, a la del biquini y tacones en dorado y lentejuelas.

Una de las mejores formas para que el lector se crea todo eso de la chistera y las lentejuelas es creando un tono, una ambientación emocional.

Cómo crear un tono emocional

El tono o ambientación emocional es una de esas cosas que se considera que debemos saber hacer de manera intuitiva. Pese a esto, en los años que he trabajado como lectora profesional, correctora y editora, solo he encontrado a un puñadito de escritores que supieran crear el tono necesario para que el lector realmente entrase por completo en la emotividad buscada por el autor. Incluso los autores más experimentados pueden tener problemas con esto.

No hablo solo de crear una respuesta emocional en el lector, que sienta lo que sienten tus personajes: se trata de que cada escena (y la obra en total) sea coherente con el tipo de emoción que pretendemos suscitar.

Por ejemplo: piensa en la última vez que leíste algo que te dio miedo. Algo no da miedo porque de repente salte un monstruo de debajo de la cama. Da miedo porque el monstruo salta en un momento que el autor ha preparado con celo. Da miedo porque a lo largo de toda la obra sabemos que va a ocurrir algo terrible, algo amenazador. No sabemos muy bien por qué: nadie nos lo ha dicho de forma explícita. Estamos en tensión y, cuando el monstruo aparece, saltamos de miedo. Esta es una de las razones por las que Stephen King tiene tanto éxito: sus monstruos no aparecen de repente en una comunidad feliz y relajada; aparecen en un entorno que ya conocemos como enfermizo, turbado. Es la razón por la que siempre que se habla de Clive Barker se habla de un terror perverso, erótico, aunque en realidad en sus novelas no hay un gran contenido sexual al uso: todo en su lenguaje, en su prosa, está teñido de obscenidad.

Esta ambientación y anticipación no se reducen a un famoso fusil de Chéjov. No hemos colgado el arma de un clavo de la pared y punto. Hay un trabajo que va mucho más allá. En lo que he podido comprobar y analizar, depende sobre todo de estos recursos: