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¿Quieres triunfar como escritor? Busca 100 rechazos

noviembre 4, 2016 — by Gabriella31

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Conozco pocas profesiones que debiliten tanto el ego como esta de escribir.

¿Te imaginas que estuvieras sacando sangre a un paciente y ocho personas entrasen en la sala, enfurecidas, a exigirte que les devuelvas su sangre porque “tu aguja es demasiado larga”, “no me convence el color de tu bata” o “yo creía que esto era una hamburguesería”? ¿Y si le dieras un formulario a un cliente para que lo rellenara y te dijera que, por desgracia, no puede, porque “su boli no está aceptando ese tipo de formularios en ese momento”? ¿O porque “es un formulario con mucho potencial, pero ¿qué te parece si el boli lo pagamos a medias?“.

rechazoEh, tú, sí, tú, el bombero. Ese apagón de fuego nos ha enganchado mucho menos que el que hiciste la semana pasada. 
Deja de lloriquear y a ver si espabilas, que estás tomándonos el pelo a tus rescatados.

No sé si es porque nos educan para ser más o menos competitivos, o porque en algún lugar comenzaron a vender la noción de que las cosas fantásticas se consiguen de golpe, de la noche a la mañana, pero tenemos muy asumido que somos estrellitas especiales y brillantes del firmamento y que todo lo que hacemos es diferente, único, con piruletas de purpurina. Que nuestros textos han llegado para cambiar el mundo literario, forever.

Y sin embargo hay todo un universo ahí fuera que se empeña en decirnos lo contrario.

100 rechazosNo me cansaré nunca de citar a Coelho.

Escribir, sobre todo cuando tiras por la vía de la publicación tradicional, es como estar en el paro siempre. Siempre estás buscando un trabajo: vas de entrevista en entrevista. Y, si tienes suerte, alguno de tus entrevistadores se dignará a contestarte en menos de un año y, con más suerte aún, te dirá por qué no conseguiste el trabajo.

Y llega el momento en que no lo aguantas más y dejas de ir a entrevistas.

Con la vía de la autoedición por lo menos te evitas a esos gatekeepers, esos guardianes de las puertas del maravilloso planeta de felicidad y prestigio que dicen que es publicar. Puede que te canses de las entrevistas de trabajo y te lo montes de tal modo que sean otros los que vengan a ofrecerte trabajo a ti. Aun así, no te libras de reseñas ni de opiniones sobre tu obra. De hecho, si no tienes reseñas ni opiniones sobre tu obra, es que estás haciendo algo mal. Todos sabemos que lo único peor que una mala reseña es ninguna reseña.

100 rechazosO el fin del mundo. El fin del mundo es peor que una mala reseña. Por poco, pero lo es.

Todo esto es terrible, te vapulea. ¿Otra negativa editorial? ¿Otra opinión que te destroza? ¿Otro concurso del que no fuiste ni finalista? ¿Un libro tuyo que han comprado exactamente tres personas (y dos eran de tu familia)?

No, no, no. Siempre te dicen que no. Cuán horribilis.

En esos momentos, piensas que eres un pobre incomprendido o, peor, un inútil.

¿Y si te dijera que, en realidad, es lo mejor que te puede pasar?

Sobre el rechazo útil

En su libro The Successful Author Mindset, Joanna Penn habla de tres tipos de rechazo útil:

  1. El rechazo de un editor o agente. Esto te hará plantearte si estás mandando tu texto a los sitios adecuados, te hará afinar tu puntería. Para algunos, el continuo rechazo editorial puede llevar a la autoedición y a convertirse en escritor emprendedor. Lo cual es muy duro, pero también es fantástico y tiene tropecientas ventajas. No te cierres a un tipo concreto de publicación: en estos momentos creo que lo mejor que puede hacer un escritor es ser híbrido (mezclar autoedición con edición tradicional), y quedarse con las opciones que más interesan en cada momento.
  2. La crítica constructiva de un profesional. Muchas veces no recurrimos a lectores profesionales, editores y correctores por miedo a qué dirán de nuestro libro. Y es que hay que cambiar la perspectiva: les pagas precisamente para que te digan qué puedes mejorar en tu libro. Contar con un buen profesional siempre es una experiencia acelerada de aprendizaje.
  3. Las reseñas de una o dos estrellas en Amazon. Y quien dice Amazon dice Goodreads o cualquier otra plataforma de valoración. Pero en Amazon sobre todo puedes ver si estás enfocando tu libro al público que necesitas y lo estás promocionando de forma correcta (muchas veces las valoraciones muy negativas provienen de expectativas frustradas: ¡imagínate que un lector de terror duro leyera tu libro de romántica! ¿Cuál sería su reacción?). Por otro lado, por mucho que duelan, esas reseñas tan negativas también pueden tener contenido útil.

(Aunque, reconozcámoslo, las reseñas de una estrella nos suelen dejar más perplejos que otra cosa, porque tienden a ser reacciones viscerales. Admito que me cuesta dar con reseñas de una estrella que me indiquen algo de utilidad real sobre un libro, mío o ajeno. A no ser que todas tus reseñas sean negativas porque tu libro tenga fallos realmente garrafales, yo prestaría atención sobre todo a las de tres: al “está bien, pero…”).

Si hacemos caso a la Penn, que sabe mucho de todo esto, asumimos que no todo rechazo es malvado.

¿Pero y si vamos más allá? ¿Y si no nos limitamos a aceptar el rechazo? ¿Y si lo buscamos con todas nuestras fuerzas?

La búsqueda activa del rechazo

Hace poco leí la anécdota de Kim Liao, una autora que un día decidió buscar activamente el rechazo. Ahora, Kim se presenta a todos los concursos que puede, a todas las convocatorias, envía su currículo y manuscritos a todas partes en busca de premios, publicaciones y becas (sí, en Estados Unidos tienen ayudas muy curiosas para escritores). ¿Por qué lo hace? ¿Por qué exponerse a una humillación y decepción constante? Esta es su razón:

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A finales de 2011, una amiga escritora me estaba contando su experiencia de meses de tiempo ininterrumpido para escribir, gracias a sus becas en Millay Colony, Ragdale y Yaddo. Me impresionó el nivel tan alto de aceptación que había tenido. Probablemente tengas tú también alguna amistad así (ya sabes de lo que hablo, ese amigo que es un escritor fantástico, pero que además parece ganarlo todo). Apenas podía creerme que tuviera narices de presentarse a tantas becas y patrocinios (y mucho menos, conseguirlos), incluyendo una beca universitaria de prestigio, y a publicaciones en revistas de las que hasta había oído hablar.

Le pregunté cuál era su secreto y dijo algo que cambiaría mi vida como escritora: “Colecciona rechazos. Ponte metas de rechazo. Conozco a alguien que aspira a conseguir cien rechazos en un año, porque si trabajas lo suficiente como para conseguir tantos rechazos, también te llevarás algún sí”.

Kim le hizo caso a su amiga:

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El año pasado, fui rechazada 43 veces por revistas literarias, patrocinios y becas. Es mi mejor récord después de empezar a buscar cien rechazos al año. Es más duro de lo que suena, pero también más gratificante.

¡Esos son muchos rechazos, qué dolor! Pero de algo le ha debido de servir. Para empezar, publica su artículo en LitHub, una de las webs literarias más conocidas de EEUU. Hizo contactos incontables y recibió cartas de rechazo amables y con contenido útil, incluso con sugerencias de otras publicaciones donde su texto podría encajar mejor (¡y encajó!). Los editores comenzaron a reconocer su nombre, y los rechazos comenzaron a acompañarse de invitaciones a enviar más textos.

El año pasado, Kim fue rechazada 43 veces por revistas literarias, patrocinios y becas. Pero fue aceptada por cinco personas: de ahí obtuvo una beca, una serie de lecturas y tres publicaciones en sitios de prestigio. Que jamás habría conseguido de no haber buscado activamente la negativa.

Cuando el porcentaje de aceptación depende del volumen de tu rechazo, tal vez va siendo hora de dejar de huir. De mandar más, de buscar activamente el no (dando nuestro mejor esfuerzo, claro), de empapelar nuestras paredes, como decía Bradbury, de cartas que atacan a nuestro ego.

Ya sabéis que hace algún tiempo dediqué un año de mi vida a presentar un relato al mes a algún concurso. No gané ninguno, pero acabé con un montón de relatos entre los que elegir. Entre el primero y el último, como os podéis imaginar, hay una gran diferencia. Algo similar ha ocurrido con todos mis libros. Y con todas las publicaciones de blog que nadie leía. Al final, si practicas y aprendes lo suficiente, te leerán.

Para cuando la habitación entera esté empapelada de rechazo, tú y yo seremos verdaderos escritores.


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*La foto utilizada para mi imagen de Paulo Coelho es de Paul Macleod – http://www.mynewsdesk.com/no/bazar-forlag/images/paulo-coelho-210626, CC BY 3.0, Link


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El método de Bradbury para lidiar con el rechazo editorial (y otros recortes de la semana)

abril 24, 2015 — by Gabriella14

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Creo que para mí el mejor momento de la semana es el viernes a mediodía, cuando compongo el artículo de recortes para el blog y me tomo la primera cerveza del finde.

Es como hacer un repaso sesudo de lo más interesante que has leído en los últimos siete días, mientras te aseguras de ir mermando poco a poco tus capacidades intelectuales. Es un poco como rendirse y decir “ya está, ya lo he dado todo. Ahí tenéis todo lo que he pensado desde el lunes. Ahora ya no tengo que pensar más“.

Como todas, ha sido una semana intensa, de trabajar mucho y de realizar una serie de enfrentamientos físicos y emocionales que me han dejado exhausta. Se suponía que esto de enfrentarte a tus temores te hacía más fuerte, ¿no? A mí siempre me deja temblando. Desde hace un tiempo tengo la idea de que si algo es difícil, razón de más para hacerlo. Ya sabéis, lo que dicen en todos los libros de autoayuda. Hay otra cosa que no te dicen los libros de autoayuda: el 90% de las veces te vas a llevar la hostia. Las razones por las que tenemos miedos muchas veces son lógicas. Las cosas son difíciles porque son difíciles, si no, las haríamos sin pensar.

Pero creo que el 10% de veces que no te llevas la hostia ocurren hechos sorprendentes. Y así no me quedo nunca sin ideas para relatos y siempre tengo algo que contarle a la gente en reuniones de esas incómodas en las que pasa un ángel y nadie tiene nada interesante que decir.

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Cómo escribir mejor en mucho menos tiempo

enero 20, 2020 — by Gabriella9

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¿Os acordáis de Dilbert?

Los que nacisteis en los ochenta lo recordaréis. En España se conocía menos, pero fue todo un fenómeno en el mundo angloparlante. Dilbert era una viñeta sobre un pobre empleado explotado, en un entorno de oficina surrealista.

Dilbert fue la obra que llevó a la fama a su autor, Scott Adams. Aparte de ser una de las viñetas más conocidas del mundo, se convirtió en dibujo animado, merchandising y miles de cosas más.

Su autor además publicaba un blog con sus reflexiones, debajo de la viñeta de cada día. Era la época de la burbuja bloguera, y Adams se convirtió, también, en un ensayista de éxito, un superventas de no ficción que a día de hoy sigue arrasando… te gusten o no sus ideas.

escribir mejor en mucho menos tiempo
Unos señores cualesquiera, preparándose para acceder a la cuenta de Twitter de Adams

Adams nunca fue un gran dibujante. Sus imágenes eran sencillas y carentes de dinamismo. La popularidad de su personaje estribaba en el zeitgeist de su época (cuando tantos empleados sufrían experiencias similares a las que Adams describía), en el patetismo de sus personajes, tan incapaces de modificar su situación, y en el ingenio de su diálogo.

Adams no triunfó como dibujante (aunque su dibujo sirve bien a su escritura), sino como autor. Y me gustaría contaros cómo obtuvo su éxito, cómo pasó de ser un viñetista aficionado a un escritor triunfante, porque es una historia estupenda.

Pero primero hablemos de cómo aprendemos a escribir.

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Mis mejores lecturas de 2018

diciembre 27, 2018 — by Gabriella9

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Los mejores libros de 2018. Los gifs óptimos de gatos de 2018. Los mejores pedos públicos de políticos de 2018.

Cabe la pequeña posibilidad de que ya haya bastantes listas de lo mejor del 2018 ahí fuera.

Muchos ya seguís mis lecturas (y las de mi coautor, José Antonio Cotrina), en el boletín que ofrecemos para amantes del fantástico, Lo extraño y lo maravilloso.

Así que este artículo sobra.

Pero por alguna razón que no termino de entender, cuando hice una encuesta en Twitter y os pregunté de qué queríais que fuera mi último artículo del año, la cosa salió así:

Como veis, la disputa entre este artículo y un vídeo nuevo de Lechuguita*, asexora literaria, fue terrible y descarnada. Pero al final ganaron los libros.

Y yo mantengo mi nivel en Twitter de fiabilidad, cultura, dignidad, saber hacer e inteligencia social.

Que probablemente no sea muy alto.

Mis lecturas FAVORITAS de 2018:

lo mejor, lo interesante y lo confuso

Anotaciones

  1. Antes ponía estrellitas a los libros que leía en Goodreads. Ahora enumero los libros leídos y a veces dejo comentarios, pero no suelo poner “nota”. Prefiero hablar de lo que me apasiona y de lo que no, sin entrar en valoraciones con numerito, que, al fin y al cabo, son muy limitadas y subjetivas (y que, además, por empatía con otros escritores, me incomodan).
  2. Leo mucho en inglés, por la sencilla razón de que prefiero leer una obra que me interesa en su idioma original y, para bien o para mal, mucho de lo que me interesa sale del mercado angloparlante. Eso no quita que aquí tengamos obras magníficas y que yo haga un esfuerzo por alternar lecturas en un idioma y otro.
  3. En caso de haber leído el libro en inglés, incluyo entre paréntesis enlace a su publicación en nuestro idioma, de haberla. Todos los enlaces llevan a Amazon, porque soy afiliada, pero evidentemente sentíos libres de adquirir las obras que os interesen en vuestra librería de barrio, gran superficie o ultramarinos intergaláctico de preferencia.
  4. Sí, este año he descubierto el audiolibro y ha sido a-lu-ci-nan-te, si bien (por ahora) prefiero este formato solo para no ficción. Empecé con Audible, el servicio de Amazon, pero ahora estoy probando Storytel (bastante más barato) y no tiene mala pinta. También tengo pendiente Sonolibro, donde no es necesaria suscripción, para audiolibros en nuestro idioma.
  5. No incluyo aquí lecturas “de trabajo”. Por ejemplo, La sociedad de la libélula de Ana González Duque no está, aunque salió este año, porque trabajé con ella en el borrador y todavía no he leído la versión final.
  6. Este año he conseguido cumplir mi objetivo de leer 30 obras, pero he decidido que hablar de todas ellas sería larguísimo, aún más largo que el artículo que traigo hoy, que ya es largo, larguísimo. Además, tampoco tiene mucho sentido hablar de libros que no me han entusiasmado.
  7. Ojo: son las mejores lecturas que he disfrutado en 2018, pero eso no significa que hayan salido estos libros en el 2018.
  8. Así que ahí va mi top 20, de bueno a muy rebueno. El 1 es el más fantabuloso de todos.

Vamos a lo que vamos: ante ustedes, los libros.

20. The Quarry, de Iain Banks

mejores lecturas 2018

Banks probablemente no haya escrito nunca un mal libro, pero este no es de los mejores. Falta algo de la profundidad de sus grandes obras (y un final mejor construido) pero es ameno, está lleno de diálogos magníficos y de personajes (demasiado) redondos. Puede hacerse caduco (y localista) por sus referencias a eventos políticos de su momento, pero no creo que decaiga mucho en cuanto a presentación de escenas y protagonistas. El horror que esconde esta obra, no obstante, es evidente: Banks escribía esta obra sobre un hombre que se muere de cáncer (y la reacción de los que lo rodean) cuando se enteró de que él, también, moría de cáncer.

19. Desconocidos, de David Lozano

mejores lecturas 2018

Un thriller juvenil que te tendrá agarrado del asiento hasta el final (o del angelico que se sienta a tu lado, si lees en el autobús). La prosa de Lozano es elegante y la trama está construida con ingenio; los personajes están retratados con realismo y afecto. Este es un pasapáginas de calidad que se disfruta con avidez. Es difícil hablar de libros de amigos con objetividad, pero por suerte con David no tengo ese problema. Escribe bien, conoce a su público y sabe mantener al lector (muy) enganchado.

18. The Geek Feminist Revolution (La revolución feminista geek), de Kameron Hurley

mejores lecturas 2018

Este libro de ensayo de Hurley fue mi primera experiencia con un audiolibro y he de decir que me conquistó. La narradora que eligieron en Audible era perfecta para la lectura: su forma de hablar es curiosamente similar a la de la autora, a la que tuve el placer de entrevistar este año en el Espacio Fundación Telefónica, en el marco del festival Celsius, junto a Laura Fernández. Pero me interesa hablar de este libro en relación, sobre todo, con el siguiente de la lista:

17. Bad Feminist (Mala feminista), de Roxane Gay

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La revolución feminista geek es un comentario estupendo que nos acerca al mundo del feminismo en el entorno cultural pop de nuestro tiempo. Reflexiona sobre problemas que a todos nos suenan: la permisividad frente al comportamiento de algunos autores, el acoso que puede llegar a sufrir una mujer en internet (más si se atreve a hablar de ciertos temas), el rechazo de parte del fandom hacia la mujer geek en general… y tanto más. Mi única queja es que Hurley utiliza un tono algo simplón y repetitivo (después de todo, el compendio es de artículos de blog) y que me habría gustado un poco más de profundidad en algunos de los asuntos que trata. Por ello, fue fantástico leer después a Roxane Gay, cuyo Bad Feminist se complementa a la perfección con los ensayos de Hurley, ofreciendo un feminismo menos restrictivo, más interseccional, y una perspectiva algo más academicista.

16. Purity (Pureza), de Jonathan Franzen

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Pureza es una gran novela que tiene la desgracia de venir de la pluma de un autor que tiene novelas mucho más grandes. Podemos aprender mucho de sus logros y errores, e intento explicar eso aquí.

15. The 48 Laws of Power (Las 48 leyes del poder), de Robert Greene

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Si estás pensando en invadir un país, derrotar a tus enemigos o seducir a tu rey, este libro es para ti.

Greene ofrece una obra divertidísima (por mucho que insista al principio en que nos la debemos tomar en serio), repleta de anécdotas de la historia que muestran de qué manera determinados individuos han conseguido obtener y mantener el poder, ese objetivo máximo del humano ambicioso e inmoral. Si quieres vivir a partir de ahora con la paranoia constante de que los demás te están manipulando, seduciendo y utilizando para sus propósitos maléficos, dale una oportunidad a esta obra.

14. On Chesil Beach (Chesil Beach), de Ian McEwan

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Conoceréis a McEwan probablemente por Expiación, porque hubo peli y esas cosas que permiten que nos suene más un autor. On Chesil Beach es una novela corta, una pequeña preciosidad sobre las consecuencias de la mala comunicación, una sociedad opresiva y el resentimiento en una pareja. Muy recomendable, con un final exquisito.

13. The Subtle Art of Not Giving a F**k (El sutil arte de que [casi todo] te importe una mierda), de Mark Manson

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Siempre me río cuando veo la versión española de este libro en las tiendas, ya que le han puesto el subtítulo de Un enfoque rompedor para alcanzar la felicidad y el éxito. Será por marketing de ese absurdo, porque el libro va, precisamente, de que la vida no va de alcanzar la felicidad y el éxito, y que ese impulso nos está destrozando. Están intentando vender el libro antiautoayuda por excelencia como libro de autoayuda. No me extraña que las reseñas en nuestro país hayan sido bastante tibias.

Tiene otro problema: esta obra no es más que un extracto del contenido del blog de Manson. Realmente no sé qué puede significar para alguien que no sea seguidor de este bloguero. Yo llevo leyéndolo desde hace años y su web es de una calidad espléndida. Me decepcionó un poco el libro, porque esperaba más contenido inédito. La mayor parte la tenía ya más que leída. No obstante, solo por recompensar un poco las horas deliciosas que me han dado sus artículos, pagué por el libro muy encantada.

12. The Bird’s Nest, de Shirley Jackson

mejores lecturas 2018

Ah, qué bien escribe la Jackson y qué personajes tan esperpénticos y adorables presenta. La Shirley entra aquí en el farragoso terreno del trastorno de personalidad múltiple y, pese a un ritmo desigual, produce una historia llena de pistas, símbolos y capas (y más de un misterio). Delicioso.

11. The Stars are Legion (Las estrellas son legión), de Kameron Hurley

mejores lecturas 2018

La originalidad de Hurley es aplastante. El mundo extremadamente biopunk y weird que crea es mi mierda. Prometo que hay una escena en concreto que me recuerda muchísima a una escena de Crónicas del fin. No me enamoré demasiado de los personajes (que para mi gusto rozan a veces el melodramatismo) y la trama no me pareció muy redonda, pero da igual, porque es que no hay página en la que no aparezca algo que me haga decir OJALÁ YO HUBIESE ESCRITO ESO.

Ci-fi raruna con tecnología asquerosita. Un placer intenso.

10. Arañas de Marte, de Guillem López

lecturas 2018

No me gustó el final de Arañas de marte y me sentí algo engañada, a decir verdad. Había tantos elementos, tantas posibilidades… pero ahí está el juego. El final tiene todo el sentido que tiene que tener (pero no esperas que te satisfaga). La obra crea una experiencia que, desde el raciocinio, funciona (con complejidad y acierto), pero que sospecho no termina de crear el resultado emocional que muchos lectores necesitan/necesitamos. Me ha hecho reflexionar mucho sobre la exigencia que tenemos de que se cumplan ciertos patrones narrativos, probablemente por ese molesto efecto Zeigarnik que quiere atar todos los hilos e hilar todos los signos.

Por supuesto, sobra decir que el estilo de Guillem se mantiene a un nivel superheroico en este libro. Sobra decirlo, pero lo digo de todas maneras.

9. Hellblazer: Dangerous Habits (Hellblazer: hábitos peligrosos), de garth ennis et al.

mejores lecturas 2018

Constantine está en su mejor momento cuando se enfrenta a conflictos insondables y decide que bueno, que les den a todos, que hasta a la mismísima muerte se le puede engañar. Este tomo incluye la que probablemente sea la escena más emblemática de Hellblazer, ese momento en que consigue jugársela al mismísimo Infierno, pero yo me quedo con el instante de hundimiento total y depresión del espabilado de John.

mejores lecturas 2018

Demasiado por hacer y nada que hacer se pueda.

8. THE PAYING GUESTS (Los huéspedes de pago), Sarah Waters

lecturas favoritas 2018

El padre de Frances básicamente murió de estrés y sus hermanos perecieron en la Primera Guerra Mundial. Vive con su madre en una casa vieja, llena de deudas, así que va tocando meter a unos inquilinos en el piso de arriba, ahora vacío. Pero la pareja que ocupa dicho piso es muy especial. Sobre todo la mujer, Lilian. Desde el momento en que Frances se fija en esos gemelos bien bonitos que se ocultan bajo las medias de su nueva inquilina, sabemos que aquí hay salseo seguro.

7. Los peligros de fumar en la cama, de Mariana Enríquez

mejores lecturas 2018

Mariana ofrece algunos relatos excelentes (El carrito, El aljibe, Dónde estás corazón) con otros buenos. Estilazo tremendo el de la Enríquez: cada párrafo es un rebujito burbujeante de palabras usadas en el lugar exacto. Conseguí que me firmara este libro en el festival Celsius (no en la firma oficial, qué os creéis, sino en un bar, como debe ser), pero con los nervios admiradores se me olvidó decirle que incluyera a José Antonio en la dedicatoria y sospecho que a día de hoy no me ha perdonado. José Antonio, quiero decir. A Mariana dudo que le importe.

6. A Brief History of Seven Killings (Breve historia de siete asesinatos), de Marlon James

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No he visto la traducción de este libro al castellano ni sé quién ha afrontado tamaña odisea, pero me gustaría encontrar a esa persona, invitarla a un café y darle un abrazo, si es que a día de hoy está en condiciones mentales de abandonar su habitación.

La obra de Marlon James no es para mentes livianas. Sobra mucho, mucho del libro. Hay tanto que no aporta nada… Y sin embargo los personajes se mueven en una red compleja de caracterización que en realidad esconde a la verdadera protagonista: la ciudad de Kingston, Jamaica. Violencia, más violencia y, a veces, solo a veces, una promesa y un pequeño atisbo de esperanza. Este libro me dejó una resaca monumental.

5. Brooklyn (Brooklyn), de Colm Tóibin

mejores lecturas 2018

Brooklyn fue la aspirina perfecta para quitarme la resaca de Marlon James. Chica pobre irlandesa consigue la oportunidad de su vida: marchar al nuevo mundo y trabajar como dependienta en unos grandes almacenes. Allí conoce a un chico de familia italiana, empiezan a salir juntos y… bueno, dejémoslo en que la historia no es tan sencilla como podría parecer. El final hizo que muchos aborrecieran el libro, pero a mí me parece absolutamente perfecto.

4. Atomic Habits, de James Clear

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Ay, que amo al señor Clear. Ya os sabéis por aquí muchos mi historia: mi vida cambió cuando empecé a implementar hábitos diarios, sobre todo el de la escritura. En Atomic Habits, James Clear explica el proceso de formación del hábito y cómo utilizar los microhábitos para adquirir la disciplina que no sabías que tenías. Para los que, como yo, no tenemos fuerza de voluntad ni nada que se le parezca, todo este proceso es fabuloso.

Clear narra su propio audiolibro y no es tan bueno como Godin o Gaiman, pero su lectura es correcta y este será uno de esos libros que seguramente escucharé otra vez.

3. Las tres muertes de Fermín Salvochea, de Jesús Cañadas

lecturas de 2018

Si solo lees un libro este 2019 que llega, lee este.

A no ser, claro, que no te guste Cádiz, que no tengas sentido del humor, que no te interesen los vampiros o que desconfíes de textos escritos con maestría cañadiense.

2. This is Marketing, de Seth Godin

mejores lecturas 2018

Por favor: que traduzcan rápido este libro, que necesito que lo lean TODOS los escritores del mundo. Si el marketing te parece un invento del diablo, o si crees que hacer marketing es gritar “compra mi libro” en todos los grupos de Facebook que pillas, adquiere esta obra de arte.

Godin ha sido una de mayores influencias en mi carrera como escritora. Gracias a él entendí la importancia de diseminar las buenas ideas, la importancia de servir a un público y entender sus necesidades, y, sobre todo, lo apasionante que puede ser el marketing “bueno”, el marketing ético (sí, eso existe): el marketing de la atracción. Este libro resume lo mejor de sus conceptos, mentalidad y escritos. Esta obra es revolucionaria y he disfrutado cada palabra.

1. The View From the Cheap Seats (La vista deSDE LAS ÚLTIMAS FILAS), de Neil Gaiman

mejores lecturas 2018

Gaiman ha escrito un libro para mí. Ha escrito un libro… bueno, en realidad ha recopilado un montón de cosas que escribió para mí. Prefacios, presentaciones, conferencias y ensayos. Un buen montón de artículos dedicados a lo mejor de mi vida friqui. Sí, he llorado (como una mocosa). He reído, también. Sí, habla de Pratchett y de Diana Wynne Jones y de Clive Barker y de Douglas Adams y de tantos otros autores con los que me he criado. Con la misma pasión con la que lo haría yo, si tuviera su pluma.

Y por si eso fuera poco, este libro lo escuché en audiolibro y lo leía él mismo. Gaiman no es solo un escritor excelente, es un locutor extraordinario.

¿Sabéis qué me emociona de este libro?

Que Gaiman no sufre de comparacionitis. No hay envidia, ni crítica ni desprecio. Gaiman no habla de lo que no le gusta, habla de lo que adora y le maravilla. Transmite un afecto extraordinario por los libros y autores de los que habla. Y eso es lo que hace que este sea mi libro del año. Me recuerda que no hay nada tan alucinante (sobre todo en este mundo tan lleno de estímulo agresivo, de sesgo negativo) como la pasión por el arte, por los libros, por los buenos creadores.

Me recuerda que es muy importante hablar de lo que amamos.

¿Qué opináis?

¿Hablamos un poquito menos de lo que odiamos… y un poquito más de lo que nos entusiasma?

Menciones de honor

Me veo en la obligación moral de incluir algún libro más, pero no los incluyo en la lista general, porque estarían todos en el número 1, pugnando, y me acusaríais de nepotismo, porque son del señor Cotrina. Pero necesito hablar de ellos.

La deriva

mejores lecturas 2018

Realmente no leí este libro este año, sino que devoré el manuscrito el año pasado, pero lo meto en 2018 ya que ha sido su año de publicación. No hay mucho que pueda decir, porque sencillamente me parece una pasada. He leído algún comentario que opina que es más lento que otros libros de José Antonio y estoy de acuerdo, pero no entiendo muy bien qué tiene eso de malo: el ritmo es exactamente el que tiene que tener. Es un libro a rebosar de detalle, un estudio fantástico sobre la naturaleza humana y, por supuesto, un homenaje al sentido de la maravilla.

Y tiene uno de los finales más espeluznantes que le he leído. Su impacto no es como el de La canción secreta del mundo o El ciclo de la Luna Roja: no funciona de la misma manera. Se te mete en la cabeza y las implicaciones se van deshilando poco a poco. Es un libro que te deja incómoda, pensativa. Esta es una obra realmente especial.

El ciclo de la Luna Roja

mejores lecturas 2018

Menuda historia tengo yo con esta trilogía. Leí las primeras entregas, La cosecha de Samhein y Los hijos de las tinieblas, hace mucho tiempo, mucho antes de que José Antonio y yo fuéramos pareja. El día en que nos… ejem… hicimos pareja, le entregué mis notas sobre el manuscrito del tercer libro: La sombra de la luna. Sí, este ciclo tiene recuerdos muy emotivos asociados. Cuando recuperó los derechos de la trilogía, tras pasar por las manos de varias editoriales, decidimos reeditarlo nosotros mismos. José Antonio le dio una buena revisión e hicimos las maquetas, contando con la muy estupenda Libertad Delgado para las cubiertas. El día en que le pedimos a Libertad hacer las cubiertas de esta nueva versión, nos dijo que sí antes de que terminásemos la pregunta. Y es que es un libro importante para los tres.

Esta historia de supervivencia, de amor y de heroísmo, de tragedia y magia, es realmente sobre Rocavarancolia, una ciudad tremenda llena de portentos y monstruos, adonde llegan doce pobres adolescentes terrestres, engañados de mala manera. Se las verán y desearán para sobrevivir. Solo saben que tienen que aguantar hasta que llegue la Luna Roja, pero nadie tiene ni p******a idea de qué narices pasará entonces.

Y no, por supuesto que no todos aguantan.

Vais a llorar, os lo prometo.

La trilogía se compone de:

  1. La cosecha de Samhein
  2. Los hijos de las tinieblas
  3. La sombra de la Luna (en preventa: saldrá el 25 de enero en papel y digital)

Dentro de unos meses tendremos listo además El libro de Rocavarancolia, un cuarto libro a modo de epílogo que incluye todos los cuentos que creó el autor en años posteriores a la publicación original de la trilogía (¡y material que no se ha llegado a publicar hasta la fecha!).

(¿Os he prometido ya que vais a llorar?).

Ahora tengo que irme.

Tengo que leer más libros y escuchar más audiolibros y publicar más cosas.

(En serio, lloráis seguro).

Hola, 2019.


*Habrá vídeo nuevo pronto, ¡prometido!



Créditos:

Imagen de cabecera de Zinaida Zaiko en Shutterstock.

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Cómo superar la resaca de tu primera corrección

mayo 29, 2018 — by Gabriella32

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Este artículo iba a llamarse Tu primer libro es una caca (y eso es bueno).

Por suerte (creo) no suelo quedarme con mi primer título. Nuestras primeras ideas no son, necesariamente, las mejores ni las más convenientes. Algo parecido ocurre con nuestro primer libro, nuestro primer relato, lo primero que enseñamos al mundo. Peor aún: ocurre con lo primero que otra persona nos corrige, ese momento crucial donde somos conscientes de que somos seres imperfectos, fallidos, erróneos.

Y eso siempre duele, porque en nuestra cabeza somos todos anuncios de champú.

primera corrección
Tienes un moquito.

Creo que es en la primera novela donde nos llevamos el golpe más duro. O en nuestro primer libro de relatos o de ensayo: en la primera obra donde hemos invertido meses (¡tal vez años!) de nuestro tiempo, pobres corderitos inocentes y esperanzados que nos creemos el vástago secreto de Heminway con Le Guin.

Sobre todo este tema hemos hablado mucho en el grupo de Facebook El escritor emprendedor, donde un grupo aguerrido de autores independientes nos ayudamos (¡y consolamos!) mutuamente. Esa conversación se ha trasladado a nuestras webs y blogs, y han surgido muchos artículos al respecto en este último mes. Concretamente, Esther Magar y servidora quisimos hablar de cómo afectaba al autor recibir su primera corrección profesional.

Así que este texto que vas a leer es doble: yo hablo de la teoría e intento aportar herramientas para lidiar con todo esto, y Esther ha entrevistado a varios autores para que nos cuenten su experiencia personal. Os recomiendo de manera muy encarecida que vayáis a leer su artículo también.

Hablemos entonces de corrección, lectores/escritores míos. Y hablemos de desastre.

notas de lectura

Pureza, de Jonathan Franzen

febrero 10, 2018 — by Gabriella2

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¿No os encantan esos libros que os hacen plantearos Cosas(TM)?

En el caso de Pureza, de Franzen, no quiero decir que me plantease Cosas Tan Importantes y Trascendentales como el estado de una cultura sobrestimulada por lo digital y el datashock, ni las complicaciones del feminismo contemporáneo, ni la validez moral que pueda haber detrás de proyectos de supuesta transparencia informativa. Creo que eso es lo que el autor quería que yo me planteara.

No, Pureza me lleva a plantearme algo mucho menos importante, que es si Franzen es un gran escritor o si nos está tomando el pelo a todos. Así que en las notas de lectura de hoy, en vez de ventajas y desventajas, dividiré la sección es a) razones para pensar que Franzen es un gran escritor y b) razones para pensar que Franzen nos está tomando el pelo a todos.

Y, lo más importante, analizo cómo podemos aplicar nosotros algunas de las mayores virtudes de este señor. Apunto que he leído la versión original (Purity), así que no puedo opinar sobre el estado de la traducción. Si alguien tiene algo que decir sobre esto último, estaría muy bien que opinara al respecto en los comentarios.

Vamos allá. Sabéis que intento siempre huir del ad hominem, pero esta vez me ha resultado muy difícil. Disculpadme, por favor, mi debilidad:

Razones para pensar que Franzen es un gran escritor

  • A Franzen se le da genial eso de meter un elemento de nombre extraño. que aparezca de vez en cuando, y no revelar hasta más adelante (o no revelar del todo, nunca), de qué narices está hablando. Por ejemplo, en tu novela podrías hacer que todos los personajes hablasen de un cabragremondo y que tardemos un tiempo en saber de qué narices están hablando (¡o nunca!). Este elemento incluso puede servir como detonante para la trama y la acción, a lo macguffin. Un ejemplo cinéfilo de esto sería el famoso maletín de Pulp Fiction.
  • A Franzen se le dan genial también las frases megaingeniosas de comentario social. Tiene un sentido del humor extraordinario, tan extravagante que nunca sabes si se ríe de sí mismo y del mundo o si todo responde a un sentido demasiado dramático y serio de la realidad.
  • También es un maestro en eso de coger elementos inanimados (por ejemplo, la niebla) y dotarlos de una personalidad recurrente. Probad esto también. A mí me gusta especialmente el modo en que la serie The Killing hace esto con la lluvia de Seattle: siempre presente, siempre un tema de conversación.
  • Ay, ¡los personajes! Todos son multidimensionales y hay muy pocos autores capaz de hacer personajes tan sobradamente insoportables como Franzen. Cuando crees que ya le tienes la medida cogida a alguno, hace algo que no te esperabas, pero que encaja perfectamente en su visión del mundo. Todos parecen a un paso de la redención, pero muy pocos llegan y el camino está plagado de… sí, más personajes insoportables. Al final les coges cariño, tal vez porque nos enseñan lo peor de nosotros mismos. Es muy difícil crear personajes odiosos y simpáticos a la vez, así que recuerda que si quieres hacer a un idiota irritante, asegúrate de que tenga alguna virtud que permita un grado de empatía.
  • Suele usar narradores poco fiables. Es posible que esto se empiece a hacer demasiado común (Perdida es un buen libro, pero cuánto daño ha hecho). Por suerte, Franzen lo utiliza muy bien: la memoria nunca es exacta y el ser humano nunca lo narra todo de manera completamente coherente, así que esta no-fiabilidad rocambolesca resulta divertida y realista. Para entender muy bien cómo usar este recurso, recomiendo (sí, otra vez) a Julian Barnes con El sentido de un final o a Kazuo Ishiguro con Pálida luz en las colinas.
  • Es un experto en eso de enseñarte cómo la infancia puede fastidiar a alguien de por vida. Y los recuerdos de la infancia, esa memoria neblinosa y confusa, forman parte de esa escasa fiabilidad narrativa ya mencionada. Si quieres meter recuerdos de tu personaje para explicar un poco por qué es como es, ten en cuenta que los recuerdos nunca son 100% claros ni reales.
  • ¡Juegos lingüísticos! Me gusta cuando Franzen coge una palabra y luego juega con ella colándote sus derivadas a continuación, en un tonteo musical. Esto lo hace también muy estupendamente David Jasso en Lo que ves cuando cierras los ojos. Probad a jugar con el lenguaje, a divertiros con las palabras y su sonido.
  • Uno no puede escapar de sus guiños y metarreferencias. El parrafito donde un personaje reflexiona sobre la manera en que el mercado literario está copado de Jonathans es maravilloso. El humor paródico de Franzen también llega hasta sí mismo. Pero cuidado con esto, amigos lectores: el humor es algo muy especial, y cosas que para ti son relevantes o dignas de referencias no tienen por qué serlo para tus lectores. Hablo mucho de las referencias y la doble codificación en este artículo.
  • Me fascina la belleza con la que describe experiencias que muchos de nosotros damos por sentado, pero que son nuevas para un personaje. Por ejemplo, reconocí en la protagonista, Pip, esa emoción que yo sentía las primeras veces que iba a un hotel sola o con alguien que no era de mi familia. ¿Qué actividades realizas tú de forma común? ¿Podrías expresarlas en tu narrativa como si fuera la primera vez que las llevas a cabo? (Esto nos obliga también a una atención a la minucia que nos viene genial como escritores).
  • Nunca me cansaré del recurso literario de utilizar una palabra o expresión concreta unida a un solo personaje, para definirlo mediante pequeños detalles. Hay escritores que abusan de esto, pero bien hecho ofrece resultados estupendos. Tal vez tu personaje dice mucho enjundia, a mansalva, jopelines o anticonstitucionalmente. Tal vez se atusa demasiado el pelo. Sus palabras lo describen tanto como sus gestos. Franzen domina a la perfección esta técnica.
  • También utiliza un recurso que a mí me entusiasma: describe a un personaje, hace que diga que es de una manera X y luego hace que se comporte de manera totalmente contraria. Evidentemente, esto hay que hacerlo bien, para que se note que es una contradicción inherente a un personaje mentiroso o dudoso, no un simple despiste del autor.
  • En resumen, de nuevo; los personajes. Franzen refleja de manera realmente especial las relaciones emocionales y sexuales. Hubo momentos del libro en que pensé: “¡anda, yo hice esto!” o “jopelines, anticonstitucionalmente, yo dije algo así una vez”.
  • Refleja muy muy bien detalles que corresponden a experiencias que no suelen aparecer en novelas. Por ejemplo, narra ese momento que tenemos muchas mujeres (e imagino que algunos hombres) de sentirnos presionadas por tener una relación sexual con alguien que de entrada nos gusta pero que al mismo tiempo nos produce, sin saber por qué, cierto rechazo. Describe de una manera ambiental y sensorial (no directa) esa vocecilla en tu cabeza que te dice: “esto no va a salir bien, no lo hagas”. En general, Franzan es un retratista espectacular (aunque sí tengo problemas con su manera de representar a las mujeres en general, lo reconozco).

Razones para pensar que Franzen nos está tomando el pelo a todos

  • Ya lo he dicho: a Franzen se le dan genial las frases megaingeniosas de comentario social. A veces demasiado, tanto que se le olvida que de fondo también hay una trama. No hagáis esto en casa, chicos. Podéis experimentar todo lo que queráis, pero me temo que la trama es lo que hace que el lector siga con el libro en sus manos.
  • Que seas un escritor superventas no es excusa para no permitir que te hagan correcciones. En mi edición hay errores, repeticiones y algunas oraciones que son, directamente, flojillas y vagas. Es el tipo de cosa que nos pasa a todos pero que en una buena editorial se arregla y punto. En comparación con Las correcciones y Libertad, he tenido la sensación de que en Pureza ha habido una mano correctora menos hábil (o directamente se ha entregado el texto menos pulido).
  • Ay, las repeticiones involuntarias (ver punto anterior). Repeticiones tenemos todos, ¡repito!, pero en este libro son más llamativas (tal vez porque no son habituales en la prosa de Franzen).
  • Franzen es un experto en eso de enseñarte cómo la infancia puede fastidiar a alguien de por vida, sí. Hasta puntos algo cansinos. Os lo resumo: en Pureza, la culpa siempre es de las madres.
  • Ohmaigod: el tema del feminismo. Creo que feminista y derivados es la palabra que más se repite en el libro (y rara vez para algo positivo). Si no sabes cómo funciona, si no estás muy seguro de si te parece bien o no, si a ti lo que te gusta es describir a jovenzuelas apetecibles fornicando con señores de tu edad, si solo lo vas a representar de manera caricaturesca, déjalo estar. Y no lo digo por el feminismo: podría ser cualquier cuestión ideológica. Pocas cosas son tan irritantes como un escritor con Opiniones (sí, con mayúscula). Los personajes extremos de Franzen son muy divertidos, pero a veces se ven los hilos y el autor parece decirnos exactamente qué debemos pensar (qué es bueno y qué es malo). Resulta molesto, como un mosquito que no para de zumbar a tu alrededor mientras intentas sumergirte en la lectura.
  • Y lo mismo con sus opiniones sobre la nueva generación e internet. ¡El desastre, el fin de la cultura! (*suspiro*). Desde luego, las Opiniones de Franzen están por todas partes. A veces son meramente irritantes, otras veces son aburridas (¿recordáis las parrafadas sobre pájaros en Libertad?). Y un autor puede ser denso, pero nunca aburrido.

Os dejo con Lechuguita para la valoración (breve) final, ya que es mucho más inteligente, sabia y bella que yo. Disculpad su vocecilla, que hoy anda un poco ronca.

Valoración final de Lechuguita:

Gracias, Lechuguita, por tanto.

en general este libro está Recomendado si:

  • Eres fan de Franzen.
  • Te gusta la buena narrativa contemporánea estadounidense.
  • Quieres aprender a construir personajes dinámicos y complejos.
  • Eres escritor y te llamas Jonathan.
  • Eres un señor de cierta edad a quien le gusta fornicar con jovenzuelas apetecibles.

Notas importantes:

  1. Más cosas de Lechuguita en su canal de Youtube.
  2. Ahora tengo Instagram, como la gente popular.
  3. A mediados de mayo, Alethé publica un libro recopilatorio de las cinco entregas de Crónicas del fin. Y el 25 de este mes de febrero sale Réquiem, nuestra quinta y última entrega de la temporada. Decir que andamos ocupados es poco.
  4. Hacer estos vídeos no se paga ni con dinero, pero invitadme a unos vinos en Patreon, porfa. Porfaaaaaaaa. Otra gente fabulosa y bellísima lo hace, como Jorge del Oro, Carlos S. Baos, May Quilez, Eduardo Norte, Carla Campos, Adela Castañón, Anabel Rodríguez o Daniel Hernández Alcojor.
  5. Porfaaaaaaaaaaaaaaaa.

notas de lectura

Mil otoños, de David Mitchell

noviembre 11, 2017 — by Gabriella5

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Terminé de leer Mil otoños  hace un par de semanas, con pena y alegría.

Alegría porque terminar un libro de 560 páginas siempre me proporciona un orgullo infantil. Alegría porque fue un viaje estupendo.

Pena, porque se acababa.

Y pena porque el final, en lo que sospecho podría ser habitual en Mitchell, no está a la altura de las circunstancias. No obstante, como pronto veréis, eso tampoco es muy importante.

Mil otoños es la historia de mercaderes, funcionarios y otras variables humanas procedentes del mundo occidental de finales del siglo XVIII, viviendo (o malviviendo) en Dejima, puerto comercial con Nagasaki. ¿Y qué ocurre cuando pones a unos cuantos neerlandeses y asociados en una isla artificial pegada al sagrado territorio japonés en esta época? Un montón de cosas divertidas: eso es lo que ocurre.

Así que vamos con las notas de lectura. Ya sabéis que soy incapaz de leer como las personas normales, así que mezclo mis observaciones analíticas con aquello que considero que es de interés para mí, como escritora, y para vosotros, como lectores.

Un apunte: El título original es The Thousand Autumns of Jacob de Zoet. Me parece interesante que se omitiera el nombre de Jacob en la traducción del título y creo que es acertado. En realidad, De Zoet no es el protagonista absoluto de la historia, aunque Mitchell lo use como vehículo principal. De Zoet puede ser el meollo de la cuestión, pero no es la cuestión en sí.

mil otoñosMi edición de Sceptre junto a la edición traducida de Duomo Ediciones

Realicé la lectura en su idioma original, así que todas mis observaciones están basadas en la prosa inglesa. Desconozco la calidad de la traducción a nuestro idioma. Dicho todo esto, vamos a lo que vamos. Ventajas ventajosas de este libro:

Ventajas

  • Los mil otoños arrancan con una escena que poco tiene que ver con el ya mencionado Jacob. En este primerísimo capítulo, asistimos a un parto complicado y algo explícito. No, esto no es para estómagos delicados (pero los partos, en general, no lo son). Daba la casualidad de que justo en ese momento yo también estaba escribiendo un parto, para otra historia, así que me sentí hermanada con el autor de un modo arrogante y ridículo. Ridículo porque tal vez algún día, dentro de 324,5 vidas, llegue a un punto en el que mi prosa pueda parecerse a la de Mitchell.
  • Y es que Mitchell tiene tantos recursos formales metidos en la manga que da como cierta vergüenza seguir escribiendo después de leer un párrafo suyo. Uno de mis recursos favoritos es ese en el que alterna líneas de diálogo con líneas descriptivas. Por ejemplo: intercala una línea descriptiva del presente (donde nos ofrece detalle tras detalle de animales conservados en formol y expuestos en una habitación) con una de diálogo en flashback (donde reproduce la conversación mantenida entre Jacob y el padre de su prometida).
  • Como copiar a mano el ejemplo entero me da pereza y mi móvil saca muy malas fotos, os pongo un ejemplo de este tipo de intercalado inventado por servidora y muy simple:

—Tienes que volver a casa —le dijo Piruleta—. Aquí no estás a salvo.

Dos osos bailaban en el cuadro junto a la cama. La colcha era rosa fucsia.

—No me iré sin darte un lamentón antes —le aseguré—. Tienes una pinta deliciosa.

El reloj sonaba, insistente. En el piso superior, alguien pisaba con tacones de aguja. El gato masticaba su pienso arcoíris.

—Devórame entera, pues —me rogó—. Quiero que descubras de qué color es mi corazón de caramelo.

(De nada).

  • Mitchell es un maestro de mostrar sentimientos y emociones en vez de contarlos. Esto encaja muy bien en la cultura y ambientación de los personajes japoneses que, frente a unos europeos más viscerales y vitriólicos, esconden sus reacciones bajo capas y capas de condicionamiento y educación. Todos los gestos, los diálogos y las descripciones casi impresionistas, realizados con pinceladas de metáfora, color, personificación y contraposición, expresan algo. Es este un texto de niveles: uno sobre otro sobre otro; significado sobre significado.
  • Porque el entorno es uno de los personajes más de Mitchell: la ambientación se forja a golpe de contraposición, detalle y sutileza. Nadie nos dice que hace frío: un personaje sopla sus manos para calentarse; si un diálogo es estratégico, como una partida de go, se estará desarrollando, al mismo tiempo, una partida de go de fondo, y cada intervención en el diálogo se corresponderá con una intervención sonora en el juego; si un personaje está drogado o bajo una presión emocional intensa, el entorno se moverá y describirá con términos oníricos y delirantes.
  • Maneja también de forma fenomenal el in medias res, ese modo tan suyo de meternos de golpe y porrazo en el pasado o en el presente, no solo a principio de capítulo, sino de escena y de lo que le dé la gana.
  • Hay un componente de fantasía, aunque menor. No deja de ser levemente sobrenatural y místico, pero para mis gustos personales eso siempre suma puntos.
  • Y, hablando de componentes fantásticos: a Mitchell le gusta cambiar de tono (y casi de género) de forma abrupta en mitad de sus novelas (que se lo digan al Atlas de las nubes). A mitad de la obra, el texto se transforma de estudio históricocostumbrista a una suerte de Nunca me abandones fascinante, con toques de surrealismo.
  • Cambiamos, también, de un entorno y registro masculino a uno enteramente femenino, muy diferente pero igualmente atractivo. De hecho, yo diría que las secciones donde la perspectiva pertenece a Orito Aibagawa son las mejores o, por lo menos, las más emocionantes.
  • El libro engancha MUCHO. Me temo, no obstante, que ocurre solo cuando realmente estás totalmente sumergido en el mundo creado, que es cuando empiezan a pasar cosas relevantes. No es que lo demás no sea relevante: es que no se te revela como tal hasta que llevas un buen cacho de libro a cuestas.
  • La documentación es espeluznantemente buena.
  • Sin dar spoilers, aviso que hay un diálogo entre los protagonistas y un grupo de traductores japoneses por el que ya merece la pena leer todo el libro. Mitchell juega no solo con el lenguaje, sino que examina y estudia todo lo que decimos a medias (y cómo lo hacemos), para transmitir mensajes que parecen secundarios pero que, en realidad, son el objetivo de la comunicación.
  • Mitchell crea verdaderos héroes. Exhibe tanto al héroe clásico, dispuesto a arriesgar su vida y la de su familia por el bien de otros, como al héroe que vemos menos en los libros: ese que día a día toma una serie de decisiones contra viento y marea, decisiones que arrojan luz y esperanza en mundo corruptos y deprimentes. Por supuesto, para crear a estos héroes necesita crear ese mundo corrupto, plagado de seres que confabulan en nombre de la injusticia.

Desventajas (0: no hagáis esto en casa)

  • Del mismo modo que el principio engancha y emociona, las siguientes cien páginas dejan algo que desear. Sí, todo tarda mucho en arrancar, y se nos presentan montones de personajes de golpe, por lo que tendremos que realizar cierto esfuerzo mental para seguir el hilo narrativo. La prosa descriptiva de Mitchell no tiene nada de sencilla, lo que complica aún más la identificación de dichos personajes. Prometo que hubo un par de momentos en que pensé: “no sé quién es este personaje y tampoco me importa”. No suelo durar más de 30 páginas con estas circunstancias, pero aguanté porque… bueno, porque era Mitchell. Y me alegro. Vaya que si me alegro.
  • Por si esto fuera poco, volvemos a tener exactamente el mismo problema ya en el tercer tercio del libro, cuando, en el momento más álgido de la narración, Mitchell crea un nuevo comienzo con un nuevo elenco de personajes con un montón de información intrascendente.
  • Hay un componente fantástico… que se queda muy corto. No se nos revela, en realidad, hasta qué punto ciertos actos son mágicos o no. Esto podría ser algo positivo, pero esa intriga no termina de mostrarse como algo coherente en la historia y no me convence. Y esto es porque…
  • Mitchell incluye elementos que realmente no aportan mucho a la historia: no hacen que avance. Una cosa es crear escenario y trasfondo, y otra diferente es meter escenas completas que no ofrecen nada a la trama ni a la ambientación ni al lector. Como ejemplo, insisto en esa aparición ya mencionada de nuevos personajes y escenario, muy avanzada ya la trama principal.
  • Esto último afecta al ritmo. Sí, sí, el ritmo de la obra es muy desigual. Este es el tipo de problema que suele resolverse en la edición, pero bien porque estos cambios de ritmo son propios de la esencia mitchelliana o bien porque ningún editor se atreve a tocarle nada, no ha sido así.
  • Cae en la tentación de insertar valores contemporáneos en los personajes que quiere que nos caigan bien y me temo que ahí cae en cierta manipulación evidente. No me gusta que se vean los hilos de una narración, y entiendo que es muy atractivo hacer que nuestros protagonistas sean nobles tal y como entendemos la nobleza hoy en día, sobre todo si esa nobleza acarrea consecuencias terribles para los personajes y es una muestra de valentía. No obstante, que los personajes dorados del autor sean los que ofrezcan valores como el rechazo a la esclavitud o al sexismo propios de su época me resulta un poco irritante. Incluso los “buenos” de una historia deben tener grados de gris que correspondan a su tiempo: no parecer viajeros temporales que parten desde nuestro siglo. Su definición de qué hace héroes a sus protagonistas es más que suficiente: no es necesario cargarlos de virtudes contemporáneas también.
  • La documentación es espeluznantemente buena. Demasiado. No necesitamos saber TODOS los detalles, señor autor.

Recomendado para:

  • Lectores asiduos de Mitchell.
  • Amantes de la novela histórica.
  • Lectores con buena memoria para nombres y caras. Si pudiste leerte Juego de tronos, El silmarillion o Las luminarias sin duda alguna sobre quién era quién en cada momento, eres el lector ideal de este libro.
  • Cualquier persona que disfrute de un estilo magistral.
  • Bah. Cualquier persona a la que le guste leer y punto.

Valoración final:

Mil otoños no es un paseíto feliz y sencillo, pero sí una lectura admirable, y tan hermosa que este mísero artículo jamás podrá hacerle justicia. Por esto, este libro cuenta con la aprobación de Lechuguita*:

mil otoños

Adelante, leedlo.

 


*MUY PRONTO, NUEVO VÍDEO DE LECHUGUITA.

-Y si quieres fantasía pura y dura, bastante más oscura, también puedes aparcar un ratito a Mitchell (¡solo un ratito!) y leer Crónicas del fin, nuestra obra apocalíptica con galgo.

-Si te gustan mis artículos y quieres más, ayúdame donando una cantidad minúscula de dinero al mes a través de mi Patreon.

 

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Diez creencias que nos impiden avanzar como artistas

septiembre 28, 2017 — by Gabriella32

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Dibujar y escribir no parecen habilidades muy similares.

Hablamos de dibujar una escena o de pintar a un personaje, pero es solo metafórico. No cogemos un pincel ni empezamos a darle brochazos de color a nuestro protagonista.

No obstante, todas las habilidades creativas tienen algo grande en común: su proceso de aprendizaje. Hablo de la manera que tenemos de avanzar como artistas. La evolución de nuestra habilidad es muy similar al dibujar, tocar un instrumento o escribir.

Los mitos que rodean al aprendizaje del dibujo, por ejemplo, son casi iguales que los que rodean al aprendizaje de la escritura.

Tanto es así que, al leer el artículo de Monika Zagrobelna sobre los grandes mitos que rodean al aprendizaje del dibujante, me quedé patidifusa, atolondrada, estupefacta y, en general, de una pieza.

Eran exactamente los mismos que rodean al proceso de aprender a escribir.

Dicen los grandes maestros de dibujo, los que han trabajado con miles de alumnos a lo largo de sus vidas, que todo el mundo puede aprender a dibujar. Yo creo que todo el mundo puede aprender a escribir. Puede que tardes quince años en llegar a un punto al que alguien con mayor predisposición natural llegará en cinco. Eso es frustrante y cierto. Pero no quita que esos quince años te permitan llegar a ese sitio, a esa meta.

mentiras sobre dibujarO también podrías dedicar esos quince años a, no sé, hacer algo de mayor provecho que escribir. Como montar una guardería para elefantes.

Vamos con los mitos que dice Monika. Como asegura ella, estas nociones no solo están equivocadas; es que son perjudiciales: bloquean tu progreso.

1. Dibujar es una sola (y sencilla) habilidad

Traigámoslo a nuestro terreno: ¡escribir es una habilidad única y simple!

Sabemos que eso no es así. ¿Verdad?

Monika explica algo que a mí me encanta, que es que la mayoría de la gente piensa que la habilidad artística se divide entre dos posibilidades: sabes dibujar o no sabes dibujar. Con la escritura pasa lo mismo: dicen que o sirves o no sirves. Si no me creéis, podéis dedicar una semanita larga a leer todos los comentarios de mi blog y veréis cuántas personas se irritan conmigo y me aseguran que escribir es un talento y “vales o no vales, y punto”.

A día de hoy, no conozco a ningún escritor que sencillamente “sepa” escribir. Toda escritura de calidad lleva detrás años de formación, en un sentido u otro. Sí, hay autores que escriben primeras obras fenomenales, pero habría que preguntarles a) cuántos manuscritos tienen en el cajón y b) qué tipo de habilidades han desarrollado a lo largo de su vida que les hayan estado preparando, aun sin saberlo, para escribir genial.

mentiras sobre dibujarEs posible que no lo sepas, pero disfrazarte de algún animal irreconocible mientras sonríes con los ojos cerrados bajo la nieve es una habilidad indispensable para escribir bien.

Escribir, al igual que dibujar, no se limita a dos niveles, al sabes o no sabes. Es más bien una escala larga de progreso, que Monika divide en 10, donde 0 es falta absoluta de habilidad (ya sabéis, gente para quien la ortografía es algo extraño y lejano, que procede de universos ajenos) y 10 es ese nivel donde tu habilidad es tal que has alcanzado la perfección absoluta y eres una suerte de arquetipo irreal platónico del arte.

(Quedaos con la idea esta de la escala, porque vamos a regresar a ella con frecuencia).

La mala noticia, queridos míos (y de verdad que siento comunicar esto), es que esta curva de aprendizaje tiene el problema de siempre: es fácil y relativamente rápido pasar de 0 a 1, de 1 a 2, incluso del 2 a 3. Pero del 3 al 4 la cosa ya se va a poner bastante más difícil. Y si llegas al 9, seguramente te pasarás el resto de tu vida intentando llegar a un 10 que, en realidad, solo existe en tu cabeza. Por eso, el mundo de la escritura está lleno de autores que escriben de manera más o menos razonable, pero que tampoco sorprenden ni fascinan.

Pasar de un nivel 5, donde sabes comunicar correctamente e hilar una historia, a un nivel 6, donde ya entras en el terreno de la profesionalidad, puede ser duro, ya que hay muchas técnicas y conocimientos que superan a las típicas guías para principiantes y que entran en un terreno más a) subjetivo, b) caro y c) en manos de personas que no tienen por qué tener ganas de dedicarse a la enseñanza (están demasiado ocupadas desarrollando su propia habilidad).

Para alguien con escasos conocimientos literarios y técnicos, solo existen dos niveles. El “este libro es una caca” y el “este libro es la hostia”. En el momento en que crece el bagaje lector, nuestros gustos se refinan. Hace poco perdí demasiado tiempo intentando explicarle a un conocido por qué un autor no me gustaba. ¡Pero si escribe genial!, me decía él. Para este lector, poner montones de adjetivos y utilizar palabros era escribir bien, del mismo modo que un dibujo hiperrealista puede fascinar a muchos. Sin embargo, aquellos que han dedicado muchos años a intentar subir de un nivel a otro en esa maldita escala saben que el barroquismo no es sinónimo de calidad ni el hiperrealismo implica una habilidad superior a, digamos, un dibujo excelente de manga.

Nuestro aprendizaje nos proporciona la posibilidad de analizar una obra y entender qué procesos se han aplicado y a qué nivel de habilidad corresponden.

Proceso real de aprendizaje:

mentirasAquí podéis ver que mi habilidad para el dibujo, por ejemplo, está entre el -3 y el 0,5.

Proceso que también podría corresponderse con la realidad:

mentiras

 

Proceso en que cree la mayoría de la gente:

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Todo esto nos lleva al segundo mito, uno de los más odiosos.

2. No puedes dibujar si no naciste con talento

Ya lo he dicho muchas veces: creo que eso del talento es tremendamente dañino.

¿Existe el talento? Claro. Algunas personas nacen con el cerebro mejor preparado para ciertas habilidades. Tienen una combinación espectacular de propiedades que, de entrada, les permiten ser mejores que tú. Y si encima las disfrutan (¿y quién no disfruta haciendo algo que se le da bien?), eso se nota en su trabajo, lo cual le da un brillo o genialidad especial.

Siempre pongo el mismo ejemplo. Una vez vi en Facebook un dibujo que Enrique Corominas había hecho con quince años. Da igual cuanto dibujes o te esmeres los primeros diez años de tu vida: probablemente no vas a hacer un dibujo así.

Pero me quedo con lo que dice, a su vez, Medusa Dollmaker, quien reconoce que se enfada cuando otros le dicen que “qué envidia, ojalá yo pudiera dibujar como tú”. Como dice Medusa, ella era la que, de adolescente, no salía los fines de semana, para quedarse en casa dibujando. Sí, tienes envidia, pero ¿harías lo mismo que ella?

La genialidad existe. Pero implica dos cosas:

  • Que la genialidad por sí misma no sirve de nada si no hay una entrega y un aprendizaje.
  • Que no es necesario ser un genio para desarrollar de manera profesional y excelente una habilidad. De hecho, en algunos sentidos tienes ventaja, como explico más abajo.

Las personas “con talento” tienen una manera diferente de pensar, fijarse y relacionar ciertos conceptos, que les permite avanzar mucho más deprisa en esa escala ya mencionada. Lo alucinante es que algunas de esas maneras podemos aprenderlas.

Sí, como lo oyes. Perdón, lees.

Por otra parte, tener talento suele convertirse en un obstáculo. Funciona muy bien al principio, pero no a largo plazo, donde la resistencia y el hábito de trabajo es mucho más importante. Me recuerda a los alumnos con buena memoria que apenas tienen que estudiar en el instituto y se horrorizan cuando se dan de bruces contra la exigencia universitaria.

mentiras sobre dibujarTío, no es mi intención humillarte en público, pero tu teoría sobre las integrales pitagóricas en incremento químico exponencial es ridícula y no se sostiene por ningún lado.

Cuando tienes cierta habilidad para hacer algo, te confías. Las cosas te salen bien a la primera (o crees que te han salido bien, que esa es otra), porque tienes ciertas facilidades innatas. En el colegio exageran y te dicen que vas a ganar un Nobel. En casa aplauden cualquier mínimo esfuerzo. Todo porque tus resultados, aun mierdosos, son superiores a la media. Y todo eso hace que avances muy rápido durante esos primeros niveles de la escala.

Lo malo es que cuando llegas a cierto punto, tu talento natural ya no es suficiente. Llega el momento de la técnica, del estudio, de la lectura analítica. Y tú estás tan atrapado en tu visión de “todo ha de ser fácil y mágico” que lo rechazas. Crees que eso no es “escribir de verdad”. No obstante, tu gusto y percepción sí han avanzado también, y empiezas a ser consciente de que eso que haces no está tan bien como pensabas. Además, el mundo ha cambiado y hay gente ahí fuera mucho mejor que tú. Tus profesores ya no te alaban, te exigen. Los demás se atreven a criticar lo que haces.

Horror. No sabes. No sirves.

Y llega la desesperación. El “nunca podré mejorar”, porque crees que la escala es milagrosa y que no puedes subir mediante esfuerzo y estudio. Por eso yo apenas escribí en años y años.

Años que podría haber estado practicando y aprendiendo técnicas, libre de la máxima gilipollez de pensar que tenían que bajar las musas e inspirarme a “escribir de verdad”.

Bueno, más vale tarde que nunca, ¿no?

3. Los dibujos salen bien o no

Una vez, un señor en un bar (siempre hay un señor así en un bar) me dijo que escribir poesía era muy fácil y que él tenía mucho talento para ello. Que podía escribirme un poema sobre la marcha, en una servilleta.

Lo hizo. El poema era una caca grandiosa. Como soy de origen anglosajón y muy educada, sonreí y me alejé lentamente de la barra, con cuidado de no mantener contacto visual.

avanzar como artistasDramatización de la experiencia, donde la doble de acción de Blake Lively interpreta a servidora.

Cuando empezamos a dibujar, cuando empezamos a desarrollar habilidades de forma inconsciente (por ejemplo, la sicomotricidad que nos ayuda a producir formas y líneas de cierto modo), de vez en cuando producimos algún dibujo que nos parece la repera, y lo guardamos como oro en paño. No sabemos por qué ha surgido así, y probablemente no seríamos capaces de hacerlo de nuevo.

Con la escritura pasa igual: ¡eh, mirad qué poema tan chulo me ha salido!

Conforme avanzamos de nivel en ese proceso ya descrito, somos cada vez más conscientes de la manera en la que llegamos a producir los dibujos y los poemas buenos. Producir algo eficiente ya no se limita a la suerte y a la casualidad. Creamos algo y lo perfeccionamos, una y otra vez. Entendemos el mecanismo. Entendemos cómo funciona la rima interna, la metáfora, la sonoridad de las sibilantes. Y no nos enamoramos de ninguno de nuestros poemas, porque sabemos cómo lo hemos creado y queremos hacerlo aún mejor, porque tenemos las herramientas para ello.

Un texto no “sale” bien o “sale” mal. Aplicas tus conocimientos y obtienes resultados similares a lo que esperabas. Por supuesto que hay un factor de “suerte” (tu estado mental de ese día, una serie de ideas que han conectado mejor que otras, tu bagaje cultural para ciertos temas, tu manera de documentarte, etc.), pero esa variable no es definitiva.

El escritor que ya está bastante arriba en la escala no tiene un cariño posesivo a un texto en concreto, ya que a) produce tantísimos textos que tendrá muchos que le gusten y b) tiene las herramientas para volver a producir un texto igual de bueno. Esa es una de las razones por las que los escritores profesionales se preocupan mucho menos por el plagio que los escritores que empiezan.

Si un relato “no salió bien”, no te limites a tirarlo a la papelera. Pregúntate qué ha fallado. Y si ha salido bien, pregúntate qué has hecho ahí que puedas aplicar a relatos futuros.

4. Dibujar sirve para impresionar a otros

Ya he comentado lo de los profesores que juntan las manitas, te miran con ojos brillantes y te dicen que eres lo mejor que se ha inventado desde los auriculares inalámbricos.

Esto nos mete ya desde pequeñitos una idea muy nociva en la cabeza: dibujamos (¡y escribimos!) para recibir validación ajena.

Tanto es así, que muchos de los escritores que conozco se dividen en dos categorías:

  • Aquellos que montan en cólera a la más mínima insinuación de que su obra no es perfecta y
  • aquellos que dicen escribir solo para sí mismos, cuando en realidad lo que tienen es pánico de que alguien juzgue su obra y les haga sentir que no valen para escribir (ver punto 2 de este artículo).
mentiras sobre dibujar—Que así no se coge una cámara, Manué.
—Cállate o dejo la cinematografía para siempre.

Estas mentalidades son propias de los primeros niveles de la escala. Cuanto más asciende en ella un escritor, más consciente suele ser de que la crítica es necesaria. Uno solo no puede analizar completamente su propia obra, por la subjetividad inevitable que implica. Y os aseguro que he oído cientos de excusas para justificar esto, desde el “yo no necesito a un corrector” a “los reseñadores no tienen ni p**a idea”. Algunos de esos argumentos tienen parte de razón, pero sospecho que en algunos casos hay detrás un pánico terrible a que otra persona opine sobre nuestro trabajo. He visto errores que se repiten una y otra vez en el mismo autor simplemente porque es incapaz de escuchar cuando otros se lo señalan repetidamente.

Como dice Monika, la motivación detrás de tu trabajo no puede ser solo la validación ajena, o nunca conseguirás avanzar. Generalmente, aquellos que suben en la escala tienen todo un abanico de razones, entre las cuales destaca la propia diversión de crear y la satisfacción de terminar algo que a ellos les gusta. Por eso mismo, es posible que artistas que estén en el nivel 8-9 produzcan obras que a otros les parezcan horribles, porque están utilizando habilidades y percepciones muy superiores al resto, con resultados difíciles de comprender para el lector medio.

Esto me hace gracia, porque lleva a la consabida expresión enfurruñada del escritor principiante de “es que no saben apreciar mi talento revolucionario” cuando recibe un rechazo editorial. Confunde la simple mediocridad con la brillantez de quien lleva toda su vida desarrollando un arte.

Si quieres tomarte en serio la escritura, pregúntate cuál es tu motivación principal. Si está en la aceptación ajena, prepárate para sufrir mucho, mucho, mucho.

5. El dibujo bueno es el dibujo realista

El único género válido es el realismo. La única novela válida es la “literaria”. Solo eres un escritor de verdad si escribes ficción. Y otras idioteces por el estilo.

¿Amas la ciencia ficción, la romántica, la histórica, la epistolar?

Tú escribe y disfruta. Ningún género es superior a otro y tú eres libre de reinventar, desarrollar o perfeccionar lo que te dé la gana.

Hay que tener una habilidad excepcional para saltarse las reglas, para llegar al cubismo. Hay que tener una habilidad excepcional para saltarse las reglas en la escritura, para manipular la gramática, la sintaxis y las bases narrativas a tu antojo.

Puedes probar, claro. Experimenta tanto como quieras, saborea todos los recursos que encuentres. Pero preocúpate de conocer las bases, esas reglas ya mencionadas, porque tienes que entender por qué están ahí antes de poder retorcerlas. De nada sirve inventar una lengua si desconoces cómo funciona el código que ya utilizas.

6. Si ya lo has probado y no has tenido éxito, significa que esto no es para ti

Y regresamos a la maravillosa noción estúpida del talento. Todos hemos pasado por aquí: escribimos un relato, un poema o lo que sea, lo mandamos a un concurso o a una convocatoria editorial y no conseguimos nada. O tal vez algún reseñador feroz se enzarza con nuestro texto. Nos miramos los pies y decidimos que tanta humillación no merece la pena, que para qué seguir.

grandes mentirasEsto de escribir es un peñazo. Es hora de volver a mi carrera brillante de modelo de stock.

Ya he hablado de la importancia de considerar el rechazo como un medio de aprendizaje. He de reconocer que, aunque comprendo exactamente cómo se sienten, me irritan los escritores que me vienen llorando porque una editorial ha rechazado su manuscrito. Alma de cántaro, ¿cuántas veces creen que me han rechazado a mí? ¡Y menos mal! Si me hubiesen publicado esas primeras obras, ahora me moriría de la vergüenza.

Pasa algo similar con escritores que se lanzan a autopublicar su primera novela. Rafa de la Rosa hablaba de su pánico al respecto aquí y del temido síndrome del impostor. No sé si usaría eso de síndrome del impostor. En cierta manera, una primera novela es una impostura real: es una mera muestra de lo que conseguirás en años venideros. Es importante que no funcione, de hecho, que esté llena de fallos. Veo casos de éxito con primeras novelas que son muy peligrosos: el autor se convence de su habilidad y deja de progresar. El fracaso, sobre todo al principio de nuestra carrera, es muy necesario. Tener expectativas de que una primera novela sea la p**a en vinagre es comprensible, pero no es útil ni realista.

Dice Monika: Don’t choose drawing only because it looks easy—it isn’t. No elijas dibujar solo porque parece fácil, porque no lo es. No elijas escribir porque parezca fácil. Si te parece fácil, estás haciéndolo mal. Cuanto más ascendemos en la famosa escala, más nos damos cuenta de lo horriblemente difícil que es escribir bien.

Hay muchas otras habilidades ahí fuera, en serio. Qué manía la de todo el mundo por escribir. Tal vez porque, a diferencia de la gimnasia rítmica, de tocar el piano o del culturismo, parece muy fácil. La parte del inicio, la de juntar letras y palabras, ya nos la sabemos, ¿no?

Puedes escribir veinte libros y no avanzar ni un pasito: escribir bien implica estrujarse los sesos de mil maneras hasta dar con aquello que te hace progresar. Hay muchas formas de conseguir esto: cursos, talleres, asesoría profesional, estudio, libros, etc. Pero ninguna de ellas te librará de ese agonizante estrujar de sesos.

Si ya lo has probado y no has tenido éxito, no significa que esto no sea para ti. Significa que acabas de empezar.

7. Un buen artista puede dibujar cualquier cosa

Esto también es aplicable a la escritura. Si bien hay habilidades asociadas a la escritura que nos permiten meterle mano a otro género o formato con mayores posibilidades que los que empiezan a escribir de cero, no es lo mismo escribir una novela que un relato que un artículo que una tesis doctoral que un poema.

Hay que especializarse, no queda más remedio. Por supuesto que es importante probar otros géneros y formatos para aprender de ellos, salir de nuestra zona de confort y tener sexo de ideas satisfactorio. Pero una y otra vez veo a escritores de letras de canciones que publican libros atroces de poesía, novelistas que de repente aseguran dominar el arte del relato corto y cuentistas que se meten de cabeza en una novela sin estudiar mínimamente cómo se estructura.

La especialización tiene muchos peligros, pero también tiene una gran ventaja: aprendes mucho más rápido (y además tienes un nicho, un público objetivo mucho más definido). ¿Vendríais a mi blog si además de hablar de escritura hablase de diseño de museos, de investigación microbiológica y estrenos de Chanel para esta temporada?

Si quieres ser el mejor en todo, acabarás, como mucho, siendo aceptable en muchas cosas. Si quieres ser el mejor en tu género, sector o nicho, conseguirás, por lo menos, ser muy bueno en tu género, sector o nicho.

8. Necesitas herramientas especiales para dibujar bien

Las herramientas ayudan mucho, eso lo sabemos. Yo, que tengo la caligrafía como afición, os puedo asegurar que usar una tinta Pelikan con una plumilla de plástico, baratuna, no es para nada como usar una tinta Winsor and Newton con una Leonardt.

Lo mismo ocurre con las rutinas: nos ayudan a hacer nuestro trabajo. ¿Pero significa esto que si no tienes tu Mac con Scrivener, con un cuaderno Moleskine al lado y tu pluma Montblanc, sentado a tu escritorio a la hora exacta con un café al lado, no puedes ponerte a escribir?

Yo soy más de PaperBlanks con Pilot V5, pero ya me entendéis. Las herramientas ayudan mucho, pero lo único que necesitas, en el fondo, es escribir. Y una restricción voluntaria (probar a usar solo ciertas palabras, obligarte a usar un recurso nuevo o a escribir de un modo distinto) te ayuda a encontrar nuevas vías de creatividad.

Os lo digo yo, que escribo en aviones, bares, trenes, autobuses, hoteles, cuartos de baño y bajo una farola en la calle.

grandes mentirasOs echáis a llorar cuando en el Starbucks de vuestro pueblo no tira el wifi, pero que sepáis que ahí fuera hay gente que tiene que escribir en condiciones realmente horribles, como esta pobre mujer, condenada a estar siempre con extrañas figuras geométricas traslúcidas revoloteando alrededor de su cabeza.

Las rutinas y herramientas deben ser complementos, nunca muletas.

9. Eres demasiado mayor para empezar a dibujar

Creo que contestaré a esta enunciación tan absurda con este enlace.

Monika dice que hay dos tipos de personas que dibujan: los niños y los artistas. Esto suele deberse a que los niños reciben motivación para dibujar, al considerarse un acto de expresión creativa. Y tienen más tiempo para ello. Por eso también, muchos escribimos de niños y adolescentes, pero luego nuestro cerebro se vuelve más crítico, ya no recibimos la misma motivación, nuestras obligaciones adultas se meten por medio y dejamos de escribir.

Y cuando nos ponemos de nuevo, nos decimos “qué horror, escribo como un niño”.

Lo curioso es que, a diferencia de otras muchas habilidades (como aprender un idioma), no estamos peor capacitados que un niño para desarrollar lo que necesitamos para escribir bien. Hasta tenemos ventaja: tenemos más experiencias vitales con las que inspirarnos, mayor madurez para entender el mundo que nos rodea y mayor disciplina para avanzar en nuestro arte.

Todo el mundo empieza en algún momento y los comienzos dan resultados feos, muy feos. Si de verdad quieres escribir, cada día que no aprendes más sobre la escritura es tiempo que estás desperdiciando. Y podemos recuperar algo de la ilusión y diversión que nos daba escribir (¡y dibujar!) cuando niños.

Eso sí que motiva.

10. Dibujar y pintar son lo mismo

Dibujar y pintar requieren habilidades diferentes. Que sepas dibujar no significa que sepas pintar y viceversa.

Del mismo modo, las acciones de crear/escribir/producir un borrador no son las mismas que reescribir/corregir/revisar y requieren también de habilidades y conocimientos diferentes.

Puedes ser un escritor excelente, pero tendrás que adquirir conocimientos generales de gramática y ortografía para pulir tu texto. Deberás aprender técnicas para darles redondez a tus personajes y hacer que brille tu ambientación, actividades que tienden a realizarse en la reescritura.

Es sorprendentemente común que escritores que no tienen ningún problema para escribir cantidades ingentes de palabras de borrador tengan un bloqueo a la hora de corregir (¡y de planificar!). O que correctores profesionales, personas que tienen un dominio excelso de la lengua, sean incapaces de crear un texto interesante.

Puedes dibujar sin saber pintar. Limitarte al blanco y negro: pagarle a una serie de profesionales para que editen tu texto. Puedes pintar con un mal dibujo, pero el resultado va a ser… limitado.

Por esto, insisto en la importancia de:

  • Saber planificar, liberarte de bloqueos, generar ideas e implementar con éxito hábitos que te permitan escribir de manera periódica y
  • Aprender lo suficiente sobre tu lengua y tu arte como para hacer una reescritura eficiente y una corrección válida (aunque luego necesites otro par de ojos para asegurarte de que no se te escapa nada importante).

Y el final:

Al final de su artículo, Monika concluye que si empezamos a pensar en el dibujo como en cualquier otra habilidad (cocinar, hacer ganchillo, maquillarse, jugar al fútbol) nos liberaremos de la noción de que dependemos del talento para avanzar y por fin podremos progresar. Creo que ocurre exactamente lo mismo con la escritura. Si veis los comentarios al artículo de Monika, veréis más de un párrafo indignado, de personas que siguen insistiendo en la necesidad del talento. Tengo asumido que por aquí caerá alguno también. También asumo que habrá a quienes esta frase de Monika les anime:

Si quieres dibujar, no dejes que tu ambición te impida ser principiante.

Si quieres escribir, no dejes que tu ambición, tu perfeccionismo y tu impaciencia te impidan empezar siquiera.

Cualquiera NO puede dedicarse a escribir. Pero no por las razones que pensáis. No porque “valgas” o no valgas. No es solo una cuestión de desarrollar una habilidad. Es simplemente que no todo el mundo tiene la resistencia (y obsesión) necesaria para dedicar su vida a la escritura (y menos mal). Creo que eso debería preocuparnos tanto (o más) que nuestro supuesto talento.

Puede que haya algo de magia en aquellos que llegan a la genialidad, una combinación única de experiencia, actitud y habilidades que proporcionan un toque especial a su trabajo. Ese algo que dicen que hace que una obra trascienda (si la gente supiera la de factores que influyan en que una obra trascienda… no todos se basan en la validez del texto). Isaac, por ejemplo, opina que eso no se puede enseñar (aunque tal vez se pueda aprender). Diana también apunta a ese “algo” especial. Creo que el problema está en que son cuestiones que pertenecen a un nivel tan alto de la escala que son imposibles de explicar y transmitir a los que están más abajo. Pero existen, no son figmentos mágicos regalados por un dios injusto. Creo en la magia cuando escribo fantasía, pero no cuando alguien me habla de escritura.

Monika termina con otro asunto importante, con el que estoy muy de acuerdo.

Hasta ahora hemos hablado de cómo aprender a escribir bien. Pero es necesario añadir que no es obligatorio aprender a escribir bien. Y mucho menos aprender a escribir a secas (aunque es muy útil, para todas las facetas de nuestra vida).

Si nunca te conviertes en un artista excepcional, ni siquiera en un buen artista, no significa que has fallado. No necesitas grandes metas: necesitas ese rato de amor entre el papel (o la pantalla) y tú. Eso está bien, es hermoso.

Aprender a escribir debe ser su propio premio: si no disfrutas con tu arte, si no proporciona ningún valor a tu vida, puedes abandonar. No pasa nada.

Hay muchas otras cosas grandes y maravillosas ahí fuera.

(Dibujar, por ejemplo).

 


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Créditos:

escribirherramientas para escritoresproductividad

Cómo escribir 10000 palabras al día

septiembre 13, 2017 — by Gabriella30

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Voy a escribir dos frases casi iguales:

  • Cómo escribir 10000 palabras al día.
  • Cómo escribir 10000 palabras en un día.

Si eres escritor de cualquier tipo (novelista, poeta, copywriter, bloguero, redactor de esquelas o columnista de cotilleo interdimensional), sabrás que esas dos frases no significan lo mismo.

Si buscas en Google, verás que hay una cantidad asombrosa de personas que aparecen hablando de esto de las 10000 palabras; me pregunto por qué esa cantidad nos obsesiona tanto. La mayoría de esas personas hablan de casos puntuales (maratones) o de rachas de trabajo intenso.

Por ejemplo: la escritora Kameron Hurley abandonó su costumbre de escribir en ratos cortos a diario, para dedicar un día a la semana a conseguir esas ansiadas 10000 palabras. Sabéis que yo hago apología de la implementación del hábito de escribir mediante una escritura diaria progresiva, pero las maratones pueden ser necesarias para los que intentan compaginar una vida familiar y laboral (no literaria) con la búsqueda de una carrera como autor, sobre todo si no tienen problemas de disciplina o bloqueo (o si ya tienen el hábito de la escritura bien formado).

10000 palabrasEspera, cariño, que dicte mis doscientas palabras de hoy al teléfono mientras olvido convenientemente ponerle el cinturón de seguridad a nuestros hijos.

10000 palabras en un solo día (pero no todos los días)

Escribir 10000 palabras en un solo día es posible. Complicado, pero posible. Solo necesitas muchas horas, cafeína (y posiblemente algún otro tipo de sustancia adictiva), alguna herramienta de escritura y un sitio donde sentarte (o quedarte de pie, si tienes un atril o escritorio alto de esos).

Eso es lo que yo llamo una maratón.

Algunas personas escriben mejor en maratones. Otras escriben mejor en sprints cortos. En mi experiencia, ambos tipos de escritura son válidos y producen resultados diferentes. Yo siempre he sido más de sprints, por muchas razones, pero últimamente he estado experimentando de nuevo con fases un poco más largas de escritura ininterrumpida. Ambos procesos tienen sus ventajas y desventajas. Creo que lo más que escribí del tirón, hace ya un par de años, fueron 8000 y pico palabras.

He reflexionado ya en este blog sobre cómo escribir más y más rápido. Más adelante hablaré más sobre eso. De cómo escribir 10000 palabras, por ejemplo, en un día*. Pero vayamos ahora a la segunda frase de marras.

10000 palabras al día (sí, todos los días)

Hace poco encontré por casualidad un artículo de Nicolas Cole donde explicaba cómo escribe 10000 palabras al día. No en una maratón puntual, no. Al día. Como rutina, como trabajo.

Me iba a explotar la cabeza. Quiero decir: yo escribo bastante al día. No cuento las palabras, pero creo que rondará las 3000 palabras entre ficción y no ficción, en una jornada buena de trabajo. Todos sabemos que esto no es tan fácil como decir un número de palabras: hay documentación, planificación, corrección, etc. Hay interrupciones inesperadas, como la afición de mi gato de andar por el teclado. Yo prefiero contar la escritura en tiempo invertido (y aprovechado).

Entre sus libros y artículos (para su blog, Quora y para clientes), Nicolas Cole asegura que produce 10000 palabras.

Repito: cabeza reventada solo de pensarlo. Una vez limpié los restos de sesos y sangre del suelo y las paredes, me puse a buscar si había más gente por ahí que lo consiguiera, que llegara a escribir cantidades obscenas de palabras a diario. Cuando digo a diario, me refiero de manera diaria durante la semana, como en cualquier actividad laboral de oficina. Asumo que Cole sí descansa los fines de semana. Lo asumo, porque si no en realidad no es un ser humano, sino algún tipo de robot consciente y avanzadísimo, y tengo un amigo que se dedica a eso y dice que ese tipo de inteligencia artificial todavía nos pilla un poco lejos.

(Aunque luego pensé: ¿y si mi amigo en realidad es un robot? ¡Claro que diría eso!)

10000 palabrasPor ahora no desvelaré su secreto: alguien tiene que defendernos de Cthulhu cuando venga.

En mi búsqueda, encontré varios ejemplos de escritores que producían 10000 palabras al día (¡o más!) en épocas de creación de borrador, durante semanas o incluso meses. Pensad en un NaNoWriMo con esteroides.

¿Qué es lo que hace que Cole sea diferente? ¿Cómo se ha convertido esto para él en un estilo de vida?

Tenemos que diferenciar, para todo este debate, entre escritura de ficción y de no ficción. Cole apenas escribe ficción: produce ensayo (y, de vez en cuando, poesía). No por ello son menos válidas sus palabras, pero considero que esta producción es más inmediata. Un artículo de 800 palabras puede escupirse, revisarse y publicarse/enviarse sobre la marcha (en teoría; si eres como yo, necesitarás más tiempo de reposo y edición). Un relato necesita respirar, estar en barbecho. Necesita de una reescritura y de cuatro o cinco correcciones, por lo general. Y no hablemos de la revisión, modificación y planificación necesarias para una novela.

Los que creamos ficción siempre necesitamos parte de nuestro tiempo de escritura para el trabajo que no es estrictamente producción de palabras. Cuando me reservo bloques de escritura, suelo poner por un lado los bloques de escritura propiamente dicha, por otro lado los bloques de reescritura y revisión. Aparte quedan los bloques de blogging, marketing y correo electrónico. Todos esos cubos en los que vamos almacenando y soltando. Como mis artículos son tan largos,tienen su tiempo de planificación, reescritura, edición y revisión, igual que me ocurre con la ficción.

(Por no hablar del tiempo dedicado a buscar imágenes absurdas con las que [intentar] deleitaros. ¡Horas, os digo, horas!),

En el próximo artículo, si queréis, me centraré en las maneras diversas que tienen otros escritores de escribir ficción en maratones o rachas de 10000. Ahora voy a centrarme en el caso de Cole. Aunque esté alejado de nuestra experiencia por muchas razones, creo que podemos extraer conclusiones, enseñanzas y bastante motivación.

O no. A mí es que me motiva un montón leer sobre gente que escribe a destajo. Es pornográfico. Porno de la motivación, sí. Ya os dije que tenía una personalidad adictiva.

¿Preparados?

señores que escriben 10000 palabras al día: la película

Si esto fuera una película, comenzaría como tantas películas y como tantos libros: suena el despertador y nuestro protagonista se levanta.

No sé a qué hora se levanta, pero debe de ser temprano, porque empieza a trabajar en serio a las 7. Siempre a la misma hora, más o menos. Esto es porque Nicolas sabe muy bien cuáles son sus mejores horas de trabajo.

Nicolas especifica algo que me parece crucial: sus horas ideales para escribir son entre las 7 y las 11 de la mañana, y entre las 7 y las 11 de la tarde.

Pequeño irse por las ramas acerca de la importancia de conocer tus horarios

¿Por qué es crucial que Nicolas sepa esto? Porque es muy, muy efectivo. Entender cuáles son tus momentos más creativos (y cuáles son los más productivos) puede llevar tiempo. Merece la pena hacer pruebas: intentar escribir a diferentes horas y ver cuáles ofrecen mejores resultados: ver cuáles producen más (cantidad) y mejor (calidad). Cuidado, porque no tienen por qué corresponderse exactamente unas con otras.

En este momento muchos asentís con cara sabia y me decís: que sí, que sí, Gabriella. Yo ya sé qué horas se me dan mejor para escribir.

No lo deis tan por sentado.

Durante años yo me resistía a escribir nada más levantarme, porque soy un zombi hasta mediodía. Leí no sé qué artículo sobre cómo el cansancio nos hace más creativos. Descubrí que, para primeros borradores, la mañana imposible (esas horas en las que todavía están poniendo las calles) es mi mejor momento del día: el sueño me hace más creativa, al cargarse los típicos filtros del perfeccionismo. Y escribir es una actividad que hace que mi cerebro espabile: es más eficiente que otras actividades como leer, corregir o saludar al mundo con un polvo mañanero.

10000 horas¡Quitar el polvo! ¡Quería decir quitar el polvo! Y es que se cuela por todas partes, hasta por las rendijas del sofá.

Tras años de ensayo y error, he descubierto que mis mejores horas para escribir ficción están entre las 6 y las 10 de la mañana (medio dormida, pero creativa), y que mis mejores horas para escribir artículos están entre las 5 y 8 de la tarde (muy despierta, menos creativa pero más productiva).

Como veis, no son horas que de entrada me parecerían lógicas, yo que siempre he sido una de esas personas búho que creen que hacen las cosas mejor a las tres de la mañana. Lo aprendí tras mucho experimentar.

ReGreso al quid de la cuestión

Nicolas insiste en dos cosas, una y otra vez: primero, necesitas descansos entre bloque y bloque de trabajo.

Últimamente he estado leyendo mucho sobre lo que Miyazaki llama el ma, o respiro narrativo. Es ese momento en que la acción se detiene y podemos descansar un poco. Estos reposos entre la acción desenfrenada son los que nos permiten entender bien el sentido de lo ocurrido hasta ahora: son lo que nos permite asimilar lo importante.

Otro día hablaremos más de eso, si queréis, porque como escritores tenemos que aprender a utilizarlo. Pero creo que es una buena metáfora también para nuestras rutinas de trabajo diario. Para que el trabajo se aposente bien, también necesitamos nuestro ma, nuestro momento de reflexión callada, de meditación y reinicio.

Lo segundo en que insiste Cole (y creo que esto es fundamental): él puede crear contenidos de calidad aceptable y editarlos en tiempo récord porque lleva más de diez años trabajando en ello. Esta experiencia le permite, por ejemplo, crear tres artículos profesionales de unas 800 palabras en menos de dos horas.

Evidentemente, si tú acabas de empezar a escribir, no vas a obtener los mismos resultados. Pero es una manera interesante de ver que conforme desarrollamos una habilidad, cada vez realizamos las tareas asociadas con mayor rapidez y eficiencia.

Hablemos ahora del horario habitual de Nicolas.

Mañana: 3500 palabras

¿Qué?

Sí, suelta 3500 palabras del ala en ese horario óptimo (de 7 a 11 AM). Nicolas se levanta, se lava los dientes, se ducha, se prepara el desayuno y apaga el teléfono. Al final de este artículo os preguntaréis si tiene vida: he de decir que antes de apagar el teléfono le manda un mensaje a su novia. No sé si el mensaje es amoroso o si va más en la línea de “adiós, querida, parto raudo, una mañana más, a derrotar a los dragones de la resistencia, pereza y la ignorancia”.

Ese es el tipo de cosa que me dice a mí mi partenaire por Whatsapp. Y a mí me gusta imaginarme a Nicolas así, dispuesto a su odisea, a su guerra, espada en ristre. Mientras piensa en su novia.

Lo de apagar el teléfono es importante. Para hacerte 3500 palabras del tirón necesitas concentración. ¡Más que concentración! Necesitas flow***. Y el flow no se consigue si Facebook te está interrumpiendo cada cinco minutos. Me cabrea eso de que a mi cerebro le lleve un buen rato volver a enfocar toda su atención después de una distracción, por leve que sea.

10000 palabrasYa te lo advirtieron tus padres: las notificaciones matan.

Para Cole, el estado de flow es sagrado y lo mantiene mediante descansos muy específicos, casi meditativos: espacios de tiempo en los que no interviene información externa que afecte a su caudal de pensamiento. Nada de redes sociales, nada de teléfono, nada de tontear por Internet. Tras una sesión larga de escritura, hace todo lo posible para mantener su cabeza “limpia”.

Un ejemplo de este estado sería el acto de prepararse la comida, con el enfoque puesto en ese proceso y nada más. Cole come, lava los platos y se sienta para la siguiente ronda.

Tras el almuerzo: 2500 palabras.

Este es el momento más difícil y ahí estoy con Cole, ay. A mí me ayuda una siesta de media hora para reiniciar un poco el día, pero este señor todoterreno se pone inmediatamente después de comer, para no perder el ritmo. No es su mejor momento (ni el mío) pero son horas que pueden aprovecharse. Como dice él: por mucho que me gustaría descansar y decir “ahora mismo no me apetece escribir”, sabemos que no es una opción.

Pequeño irse por las ramas sobre las siestas

Sobre el tema de las siestas podríamos hablar largo y tendido. Solo he empezado a dominarlas recientemente, gracias a una higiene de sueño muy estricta (mis amigos deben de pensar que ahora soy la persona más aburrida del mundo) y el uso de la aplicación Sleep as Android, que me ha ayudado a no despertarme en un estado tan zombi como el ya mencionado más arriba.

No estoy afiliada con esa app ni nada por el estilo. No sé qué ciencia (o seudociencia) hay detrás, pero por ahora me funciona muy bien.

Y volvemos a(l) Cole

A nuestro héroe las tardes le cuestan, le cuestan mucho. Dice que es aquí donde agradece sus años de competición profesional como jugador de World of Warcraft (¿veis como era un héroe?) y sus años de ir al gimnasio. Cosas así dan disciplina y determinación. Yo al WoW he jugado mucho, pero no de esa manera, y soy alérgica a los gimnasios.

10000 palabrasPERO POR QUÉ SONRÍEN.

Aun así, estos años recientes de escritura me han espabilado mucho. Descubrí que, como no tengo disciplina, tengo que recurrir a otros métodos. Hay días en los que no quieres escribir. Pero no se trata de lo que te apetece en el momento: se trata de una acumulación de acciones diarias que te llevan hasta tu objetivo.

Toca teclear, queramos o no, en esta etapa de posalmuerzo adormilado. Para media tarde, Cole ya está agotado y toca un nuevo descanso.

Descanso mental, claro. Es aquí donde se marcha a levantar pesas o a nadar. Asegura que el ejercicio físico es lo mejor que puedes hacer después de tantas horas de concentración. Tened en cuenta que a estas alturas de la película llevamos ya 5000 palabras.

5000 palabras es una barbaridad, hasta para escritores aguerridos.

De vuelta del gimnasio o de la piscina, Cole se prepara algo de comer, responde a mensajes urgentes y se dedica a la lectura.

Pequeño irse por las ramas sobre la lectura

Todos los que escribimos necesitamos leer. Cole también escribe poesía, y entre eso y los artículos que escribe para otros, y lo que escribe para su propio blog y libros de no ficción, necesita poder cambiar de “voz” (forma de narrar, perspectiva) para cada bloque de trabajo. Una forma de conseguir esto es leer antes algo en el estilo en que te interesa escribir.

Creo que es importante recurrir en esta instancia a lecturas muy muy buenas. Siempre está el riesgo de sentirte malo y decidir que no sirves para la escritura y tirar tu portátil por la ventana, pero creo que es un riesgo que un escritor bien protegido, amante de sí mismo y constante cruzado contra el síndrome del impostor, puede conseguir sin pestañear.

Además, yo no tengo mucho dinero y no me puedo permitir tirar mi portátil por ningún lado.

Tras la cena: 4000+ palabras

Terminada la cena y la lectura, toca repetir la rutina de la mañana.

Cole apaga el teléfono de nuevo y se pone a currar. Ya está en otro periodo de creatividad, productivo, y la sesión bien puede durar cuatro horas o más. Incluye artículos, edición, emails y otras tareas asociadas.

Ya ha llegado a las 10000 palabras, y todavía le queda un encargo que terminar.

Por supuesto, Cole describe en su artículo su día ideal. Él mismo asegura que no todos los días salen así de perfectos. Habrá eventos inesperados, viajes, sorpresas, interrupciones que escapan a su control. Conforme avanza el día perdemos voluntad y enfoque, y es más fácil que nos distraigan tareas inoportunas, llamadas, correos, etc. Por eso, Cole produce menos por la tarde. Por la noche, de nuevo puede apagar el universo y entregarse plenamente a su trabajo.

Argumentos a favor y en contra de la superproducción

Ya sé lo que estáis pensando.

Más de 10000 palabras. Todas esas horas de trabajo, completamente enfocadas en la escritura. ¡Eso es una barbaridad!

¿Pero lo es? No estoy muy segura.

¿A cuántas personas conocéis que trabajan en hostelería, seis días a la semana, diez horas al día? A lo mejor es porque vivo en una zona turística, pero yo sé de más de una (y de diez).

¿Y cuántas personas conocéis que trabajan, supuestamente, cinco días a la semana, ocho horas al día, pero que entre horas extra, trabajo no solicitado y “deberes” y problemas para casa acaban currando mucho más?

¿Qué decimos de aquellos cuyas supuestas ocho horas diarias de trabajo se dividen en tres horas de trabajo real y cinco horas de petardeo por Facebook?

10000 palabrasTras varias horas de esfuerzo ininterrumpido, he ganado el debate "tortilla: ¿con o sin cebolla?". Trescientos niños en Uganda se quedaron sin sus envíos de alimento y medicamentos, y probablemente han muerto, pero este día quedará marcado para la posteridad.

Sí, es una barbaridad, porque es un trabajo de concentración absoluta durante largos periodos de tiempo. Creo que también nos parece una barbaridad porque es escribir, y seguimos asociando el escribir a algo que se hace con un fundido en negro o mucho bourbon o tiempo acelerado en las películas de Hollywood. Es algo que se hace solo un par de días, en los que te tiras 48 horas sin dormir para escribir una novela (creo que eso lo vi en Californication, posiblemente la peor representación que he visto de la vida de alguien que se dedica a la escritura).

No lo concebimos como un trabajo absoluto, completo.

El problema del trabajo artístico

Cualquiera podría argumentar que los ejemplos que yo he puesto no son válidos: son ejemplos de personas que trabajan para subsistir, y que quien busca vivir de la escritura lo hace porque es su pasión. Como si tu pasión no tuviera trabajico. La escritura (sobre todo la escritura creativa) es un sector donde la oferta supera ampliamente a la demanda, por lo que la remuneración, de haberla, es muy baja. Solo la veo rentable en casos de a) producción a lo bestia o b) producción especializada en nichos de demanda alta. Pero incluso una producción especializada exige de experiencia y habilidad, que se consigue… ah, sí, practicando mucho.

Puede haber excepciones, pero, no sé por qué, cada aspirante a escritor que conozco considera que es esa excepción mencionada. Que encerrado en su guarida escribirá una primera obra perfecta que revolucionará el mundo. Matemáticamente, todos no podemos ser esa excepción, ¿no?

También olvidamos que hay formas de escritura más rentables que otras. ¿Qué hacen los copywriters, los redactores profesionales, los “negros”, los creadores de contenido? ¿Dibujar y bailar, largarse a retiros de yoga mientras piensan en conceptos publicitarios avanzados a lo Mad Men? Escribir no es solo ficción. No es solo esa idea romántica que tenemos de ser el próximo superventas y vivir en una mansión rodeados de señores y señoras con poca ropa y un mayordomo de acento británico que se parece sospechosamente a Stephen Fry.

conclusiones

He hablado de este tema con otros escritores y sospecho que, al igual que ellos, mis lectores tendrán dos reacciones principales. Una será de rechazo (¡ese tío está loco! ¡Eso es imposible!) y otra será de admiración (¡si él puede, yo también puedo! Mañana mismo, a escribir 10000 palabras. Pero ahora no, que estoy viendo Netflix).

Me gustaría decir que son reacciones extremas, en mi opinión. Creo que podríamos quedarnos con cierta dosis conveniente de realismo: de un día a otro no vamos a pasar de 500 a 10000 palabras diarias, incluyan o no incluyan reescritura, revisión, planificación y todo lo demás. Y menos si no podemos permitirnos el lujo de dedicar todas las horas del día a escribir como ocupación principal. También hay que contraponer el mercado angloparlante para el que escribe Cole con el nuestro.

10000 palabrasUn día cualquiera en la vida del escritor estadounidense.

Pero también debemos tener en cuenta que Cole no empezó escribiendo todo el día. Esa es una situación a la que ha llegado gracias a años de trabajo constante, haciéndose un nombre en el sector de la creación de contenidos. Sí hay redactores, copywriters, creadores de contenido en nuestro mercado que viven de lo que escriben. También hay escritores de ficción con una producción brutal que hacen su dinero. Todos han llegado a ese punto tras mucho tiempo de optimización de su trabajo: no solo se trata de escribir mucho, sino de escribir bien y de conocer a tu público.

Y creo que es fácil decir que vivir de la escritura es imposible cuando producimos doscientas palabras al día (o cuando nos quedamos atrapados en un sector o forma de publicación que no es rentable). Hablo aquí de dinero, solo de sucio dinero, por la sencilla razón de que dicho dinero es lo que permite que alguien pueda pasarse diez horas diarias dándole a la tecla.

Conclusión de las conclusiones

Así que propongo que dejemos de lado nuestras diferencias, opiniones, críticas y recelo y nos quedemos con el mensaje que a mí me gusta de todo esto:

Escribir 10000 palabras al día es posible. Pero no tenemos que escribir 10000 palabras al día.

Lo que podemos hacer es aprender de lo que Cole hace bien (una rutina efectiva, respeto por su propia concentración y descanso, entrega y disciplina para conseguir sus objetivos).

Ya están los bares llenos del tipo de autor desalentado que solo hablará de lo que Cole hace mal.

Como si a Cole eso le importase.

Y si estás en ese bar, quejándote, te recuerdo que no estás en casa, escribiendo.

 


*Si os interesa que mi próximo artículo sea sobre este tema, por favor decidlo en los comentarios. En caso de demanda, lo haré; si no, me centraré en alguno de los demás 1553 temas que tengo pendientes.

**Sé que existe una palabra en español para esto. Pero tendréis que perdonarme. Cada vez que escribo flujo me río como la niñata idiota que sigo siendo a veces.


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Créditos de imágenes:

escribirherramientas para escritores

¿Necesitas inspiración? Acude a estas 34 fuentes y destroza tu bloqueo

mayo 4, 2017 — by Gabriella26

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Un escritor al que admiro siempre dice que, para él, escribir es 33% planificación, 33% escritura, 33% corrección y que ese 1% que queda, solo ese 1%, es inspiración.

También dice que desconfía de los ornitorrincos porque algún día dominarán el mundo, así que supongo que tampoco hay que hacerle caso en todo.

La musa visita a los que tienen el culo sobre la silla de trabajo, eso lo sabemos. O deberíamos saberlo, por mucho que vendrán unos cuantos a gritarnos que debemos vivir del aire y de nuestra pasión y solo ponernos a escribir cuando estemos inspirados.

Pero sí, por muy pragmáticos que nos pongamos, la inspiración existe (otra cosa es que su papel sea bastante menor al que nos venden en las películas, los blogs para escritores o las máquinas expendedoras de sueños prefabricados más allá de Orión). O más bien existen dos tipos de inspiración, tal y como yo lo veo:

  1. La inspiración puntual, esa idea mágica que nos llega en el momento más inoportuno y
  2. La inspiración como estado: esa racha de flow o flujo en la que estamos trabajando y/o creando y nuestro cerebro funciona a mil por hora. Del estado de flujo habla muy bien Isaac Belmar en su artículo, y yo también lo he mencionado alguna vez por aquí, en este blog. Básicamente, es un estado maravilloso que se obtiene cuando estamos enfrentados a algo que no es ni demasiado fácil ni demasiado difícil: tiene la medida justa para desafiarnos sin frustrarnos.

Las ideas vienen de miles de sitios, pero ese estado de flow solo viene cuando llevamos un tiempo metidos en una tarea: el tiempo necesario para que nuestro cerebro se concentre plenamente. Hay diferentes estados de flujo: algunos más inmediatos; otros con resultados diferentes que solo surgen después de un tiempo largo de concentración. Por eso he hablado también a menudo de las maratones de escritura: encuentro que hay ideas y experiencias de escritura que solo me ocurren cuando llevo más de una hora escribiendo. Así, sabemos que ciertos estados mentales pueden detonarse de manera voluntaria: experimentamos y vamos dando con claves externas que nos permiten alcanzar una situación de flow concreta.

¿Pero cómo podemos activar la inspiración puntual, cómo podemos encontrar las buenas ideas ocasionales?