Por alguna razón últimamente la sensación de haber hecho un buen día de trabajo no me produce la misma satisfacción que antes. A lo mejor simplemente estoy pasando una mala racha, o a lo mejor me estoy empezando a quemar más de lo normal de la edición. Una migraña en el día de hoy no me ha ayudado a apreciar un oficio donde se me antoja que todo es trabajo y vivir al límite, siempre con deudas, gastos imprevistos y escasos ingresos. No es que desee hacerme rica (si esa fuera mi intención no habría estudiado lo que estudié), sino que me gustaría vivir un poco más desahogada, sin tener siempre las mismas preocupaciones económicas. Hubo un tiempo en que pensaba que no me importaría siempre que pudiera seguir haciendo lo que me gusta, pero no sé si lo que hago ahora realmente me gusta; de hecho es probable que no me guste demasiado. Por lo menos tengo el consuelo de que no tengo que tratar con jefes ni superiores imbéciles.

Mis periodos de apatía suelen inducirme a cambios. Pero últimamente ha habido muchos cambios (no deseados, claro), y no han ayudado mucho. Ayer me descubrí pensando en que me agradaría largarme a un monasterio lama y desaparecer del mundanal ruido. Esto es lo más contrario a mi esencia que podría ocurrírseme, así que es obvio que es sintomático de algo más profundo. Y por otro lado no tengo fuerzas para empezar de nuevo. Durante el último año o dos siento que tener algo de energía es algo que está reservado para el resto de mortales. Mi vida ondula entre tener sueño y no poder dormir. Intento imponerme una disciplina, pero enseguida el cansancio anímico y físico se apodera de ella. Hasta mi libido está muerta, y eso para la creación poética es Muy Malo. Desde el punto de vista de la salud, sé a qué se deben estos problemas, pero ahora mismo no puedo hacer nada al respecto.