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80 ideas para un lognostalgia

11. Busca una entrada de tu blog o diario de hace un año. ¿Qué ha cambiado desde entonces? ¿Qué sigue igual?

junio 21, 2011 — by Gabriella0

Esta propuesta ha sido de lo más interesante. Busqué el mes de junio de 2010 en mis archivos, y sólo había una entrada. Se titulaba “Caos” y decía lo siguiente:

Ni… un… segundo… libre. Muchos cambios, mucho revuelo y muchas cosas. Intentaré contarlas lo antes posible.

Es decir, hace exactamente un año estaba más o menos en la misma situación que ahora, por lo menos a nivel emocional. Si mal no recuerdo, el caos se debía a que ya no podía afrontar el pago del alquiler donde estaba viviendo y no tenía más remedio que volverme a casa de mis padres. Un año más tarde, sigo en la misma casa paterna, pero me voy liberando poco a poco de las obligaciones económicas que me estaban desquiciando. El tiempo transcurre asombrosamente rápido, y por otro lado sospecho que ciertas épocas del año traen momentos de decisión y de cambio. Generalmente, junio para mí ha sido un momento de cierres, de finales, y julio y agosto suelen ser tiempo de nuevos comienzos, de viaje y descubrimiento.


Tengo muchas ganas de que llegue julio, a pesar de este horrible calor. El 6 de agosto cumplo, además, 30 años, y me tocará hacer balance. O no, carpe diem y a otra cosa, mariposa.


Como curiosidad, alrededor de junio del año pasado comencé a maquinar el Proyecto Poema. No me puedo creer que un año haya pasado a tal velocidad de vértigo. Todavía recuerdo estar sentada con V. en la terraza del Tahití, exponiéndole la idea mientras nos tomábamos una San Miguel bien fresquita. Había mucho caos en aquellos tiempos, pero también había momentos magníficos.

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10. ¿Cuál es tu recuerdo favorito de infancia?

junio 17, 2011 — by Gabriella0

Tengo muchos recuerdos favoritos, y es difícil elegir, pero creo que siempre que intento evocar algún recuerdo en concreto, algún momento en que me sintiera muy muy feliz, acabo volviendo al mismo momento de mi vida.

No recuerdo si es exactamente de infancia o de adolescencia, a lo mejor para entonces ya tenía 13 ó 14 años, pero eso no importa. Estaba en Londres, con mis padres, y era mi cumpleaños. Para celebrarlo habíamos ido a la city para recorrer tiendas y comer fuera. Tampoco recuerdo si a esas alturas yo empezaba a estar ya fascinada por las tiendas de ropa discotequeras londinenses, en un tiempo en que en la Costa del Sol no existía ni un miserable Zara. Lo importante es que recuerdo con gran nitidez pararnos a cruzar una calle, en la zona de teatros de Londres. Mi padre señaló hacia un cartel gigante que anunciaba a bombo y platillo el musical Grease. Yo era muy fan de la película, y comenzaba a perfeccionar el bailecito que hace Olivia Newton-John al final cuando le canta a John Travolta aquello de “You betta shape up…”. Viendo mi cara de fascinación, mi padre comenzó a hablar de lo popular que era el musical, y de lo imposible que era conseguir cualquier tipo de entrada, de lo caras que eran y etc. Siguió así durante lo que a mí me pareció un rato interminable (creo que ya habían cambiado las luces del semáforo y me preguntaba por qué no cruzábamos la calle), y finalmente terminó con un suspiro y un acelerado “así que menos mal que fui previsor y tengo las entradas compradas desde hace meses”.

Esa tarde vi Grease en un teatro londinense. No recuerdo qué ropa llevaba, ni cuál era el nombre del teatro. En años posteriores lo del musical se convirtió en un lujo que a veces nos dábamos, y vi Starlight Express, Jesucristo Superstar y We Will Rock You. Ninguno de ellos podía compararse ni de lejos con la emoción de asistir a aquel primer espectáculo mágico, con la emoción de saber que alguien había conseguido mantener durante tanto tiempo el secreto de haber comprado esas entradas, sólo para darle a una chavalilla preadolescente uno de los mejores días de su vida.

¿Cuál es tu recuerdo favorito?

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9. ¿Quién fue la primera persona que te gustó y qué era lo que la hacía especial?

junio 15, 2011 — by Gabriella0

No estoy muy segura de cómo responder a esta pregunta. No recuerdo quién fue la primera persona que me gustó, más allá de alguna celebridad cinematográfica o del mundo de la moda. Incluso en lo que concierne a mis primeros novietes y líos preadolescentes, no recuerdo que ninguno me gustase en serio, que realmente pensase demasiado en el tema, por lo menos hasta los 17 años o así. Pero era inevitable, mi cabeza estaba llena de X.

Llamémosla X. por respeto a la intimidad, pero la realidad del asunto es que yo estaba completa y atolondradamente enamorada de X., casi desde el día en que nos conocimos. Lo tenía todo, era guapa (pero de una manera particular, nada acorde al canon del momento), avispada y despierta, con un encanto personal que hacía que todo el mundo se rindiera a sus pies. Si alguno de vosotros ve Cómo conocí a vuestra madre, recordaréis un capítulo en el que Ted habla de “la ventana”, en referencia a una chica tan perfecta que nunca pasaba más de unas horas soltera, horas que sus admiradores denominaban “la ventana”, la muy escasa posibilidad de conseguir su atención. Pues X. tenía su propia ventana, y todo el mundo, chicos y chicas por igual (X. provocaba el efecto Angelina Jolie, aquel por el que una mujer heterosexual decide que hay una mujer en el mundo por quien se cambiaría gustosamente de acera) intentaban colarse por ella. La única diferencia entre el resto del mundo y yo era que yo era su mejor amiga, con sus consiguientes ventajas y desventajas. ¿Ventajas? Obviamente, la cercanía, y poder disfrutar a diario de la presencia de una criatura que se me antojaba celestial. ¿Desventajas? Tener que ver, una y otra vez, a todos los bichos simiescos y desagradables (por lo menos lo eran a mis ojos) que intentaban meterle mano (y que de vez en cuando lo conseguían), mientras yo me veía reducida al hombro puro y casto sobre el que llorar.

Está claro que no era una situación muy recomendable, y aunque me agarré a ésta como una garrapata moribunda, con el tiempo no tuve más remedio que dejarla ir. Los años sanan todas las heridas y también hacen lo impensable, cambian a las personas. La X. que conozco ahora sigue siendo una persona maravillosa pero que, afortunadamente, no despierta en mí los mismos sentimientos, y que poco se parece a la chica que conocí hace tantos años. Claro que también mis exigencias, expectativas y esperanzas respecto a lo que busco en una pareja también han cambiado significativamente. Lo cual es un alivio porque, sinceramente, el amor no correspondido es una mierda enorme y tiene la mala tendencia a envenenar las relaciones que puedas tener con personas a las que les importas realmente y a las que, sorprendentemente, les encantaría violarte salvajemente contra la puerta de la cocina. Lo del hombro casto y puro dejémoslo para las monjas y los asexuales.

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8. En lo que se refiere a comida, ¿cuál fue tu último antojo y qué se te antojó exactamente?

junio 14, 2011 — by Gabriella3

Una pregunta curiosa, y no estoy muy segura de cuál es la respuesta. Generalmente mis antojos se refieren más bien a tipos de bebidas alcohólicas (la palabra “champán” despierta en mí todo tipo de reacciones), pero de vez en cuando surge El Antojo. Y El Antojo sólo aparece una vez cada tres o cuatro meses, y está dedicado, exclusivamente, a la hamburguesa New York Crispy de McDonalds, preferiblemente con patatas Deluxe. No soy una gran consumidora de comida rápida, pero en el caso de McDonalds, asocio el hecho de comer allí a algo especial y familiar. De pequeña sólo comíamos en McDonalds en ocasiones muy escasas y específicas, así que siempre he pensado, a pesar de mi desdén por una comida que realmente no aporta nada a nivel nutritivo, que es un sitio donde de vez en cuando me gusta pararme a comer algo, aderezado por vete a saber qué mierdas que lo convierten en totalmente adictivo. Por supuesto, luego me arrepiento, tanto a nivel personal como físico. Pero el gustazo de asesinar ese antojo no me lo quita nadie. De vez en cuando surgen Variantes Del Antojo, que se traducen en hamburguesas de Burger King, pollo rebozado KFC y pizzas en general (por no hablar de lasañas precocinadas). Es la necesidad ocasional de consumir grandes cantidades de hidratos de carbono, azúcares variados y una muy saludable dosis de cocaína (sospecho, porque si no no me lo explico). Afortunadamente, como ya he dicho, es sólo ocasional, y rara vez cedo. Tal vez es precisamente por eso por lo que lo disfruto tanto.

El Antojo es lo que generalmente llamo Un Placer Culpable. Otros placeres culpables, por lo menos en mi caso, incluyen leer a Robin McKinley o a Marian Keyes (la única escritora de chick-lit que me hace sentir que el género tiene algún sentido), beber Hendricks con Fever Tree o realizar una legendaria tirada de trastos (y no me refiero a vaciar el garaje, sino a flirtear sin vergüenza ni consulo). Afortunadamente para mi salud física y mental, éstos son placeres que, al igual que la NYC de McDonalds, sólo me permito muy de vez en cuando.

EDITANDO: El otro día descubrí que la NYC ya no existe. Recquiescat in pace.

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7. ¿Cuáles son tus creencias religiosas? ¿Han cambiado con el tiempo o siempre han sido las mismas?

junio 13, 2011 — by Gabriella4

Este tema no me gusta, y no es algo de lo que hablaría por decisión propia. Pero como cualquier ejercicio de escritura de este tipo, precisamente en la dificultad está lo interesante.

No me gusta hablar de religión por varias razones. La primera es la misma por la que generalmente no me gusta hablar de política. La religión es algo que nos atañe de manera muy personal y es algo respecto a lo que nos sentimos afectados de manera intensa. Por esto, muchas conversaciones acerca del tema son campos de minas encubiertas, sobre todo con personas con creencias muy arraigadas. No es lo mismo hablar con un agnóstico, o con un creyente de mente abierta, que con un ateo intolerante o con un creyente radical.

Soy atea, en el sentido clásico del término. No considero la posibilidad de la existencia de un ser superior o deidad. Dentro de mi funcionamiento lógico, me resulta imposible. Por supuesto que no puedo probar la no existencia de una deidad en el sentido clásico, judeocristiano, del término. Pero tampoco puedo probar la no existencia de enanos roba-calzoncillos, y a mi juicio son bastante más plausibles que un señor de barba blanca que exige amor y devoción mientras reparte, como diría alguien que yo me sé, “panes como hostias”.

Por supuesto hablo de deidades en el sentido tradicional de la palabra. Sí que tengo algunas sospechas personales acerca de conceptos como la conciencia colectiva o universal, algo con lo que, sin llegar a creer, puedo simpatizar. No creo que toda esta energía, toda esta pasión, venga de y se dirija hacia la nada. Y si es así, tampoco me importa. En el momento en que uno no tiene fundamentos trascendentes impuestos es libre de crear su propia forma de vida.

Y no, esto no siempre ha sido así. Después de todo, recibí una educación religiosa muy conservadora. Afortunadamente, mi hogar siempre ha sido agnóstico. Mi padre se crió en la Irlanda ultracatólica donde una relación entre un católico y una protestante, por ejemplo, era algo inaudito (y muy peligroso), y ha conocido lo más desagradable de las religiones organizadas (hablando de minas, mi abuela tenía que ir sorteando antipersonales para cruzar al otro lado de la ciudad). Tampoco puedo decir que mi experiencia en un colegio simpatizante con el Opus Dei haya hecho mucho por ponerme a favor de éstas. Sin embargo, confieso que mi mayor motivo, siendo adolescente, para huir de cualquier tipo de fe tradicional, fue el tipo visceral de odio que predica hacia la homosexualidad, considerada poco menos que una enfermedad degenerativa. Es algo que a día de hoy sigo sin entender, al igual que su intolerable machismo y actitud represiva hacia el sexo. O tal vez es que, como aficionada a la historia, a la psicología y al estudio sociológico, lo entiendo demasiado bien, y encontrarse ante una campaña tan tremendamente eficaz e interesada de manipulación a veces desconcierta.

Esto, obviamente, no quiere decir que no respete las creencias ajenas. Muy al contrario. Lo único que pido es que, al igual que no intento convencer a nadie de mi postura frente a lo religioso, me dejen también a mí tranquila.

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6. Si pudieras cambiar una cosa de ti mismo, ¿qué cambiarías? ¿Y qué harías luego si cambiases de parecer?

junio 10, 2011 — by Gabriella7

No me queda muy claro si la pregunta hace referencia a algo físico o a algo psicológico. Si fuera lo segundo lo tengo muy claro, me añadiría unos cuantos numeritos más al CI para dedicar más potencial a desentresijar (?) los secretos del universo, me regularía la serotonina a lo burro y me haría inmune a las críticas, o por lo menos no tan sumamente susceptible. Si cambiase de parecer, usaría mi superior intelecto para encontrar una solución.

Respecto a lo físico, no creo que cambiara nada, más que nada porque todo lo que tengo es parte de mí y con el tiempo le vas cogiendo cariño. Si realmente tuviera que cambiar algo, estaría bien no tener casi vello corporal como le pasa a algunas personas, más que nada para evitarme el coñazo de la depilación. Pero supongo que en ese caso el pelo de la cabeza sería más fino y escaso, y me gusta mi pelo tal como está.

Si pudiera realizar un cambio de manera temporal, tendría pene. Siempre he querido saber qué se siente exactamente al penetrar a otra persona. Pero sólo un par de días, oiga.

Leyendo: The Mill on the Floss (El molino del Floss), de George Eliot
Escuchando: The Flying Club Cup, de Beirut, una y otra vez.

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5. Enumera tus malos hábitos o adicciones y todo lo que has hecho para librarte de ellos.

junio 9, 2011 — by Gabriella2

Tengo muchos malos hábitos y alguna que otra adicción. Algunos malos hábitos los he ido solucionando poco a poco, otros sólo consigo identificarlos a medias. Tengo el muy mal hábito de que me importe lo que piensen otros de mí. Tengo el miserable hábito de preocuparme siempre por todo. Soy adicta al amor de los demás (y un poco al alcohol).
Son cosas en las que he trabajado durante años y creo que he conseguido por lo menos suavizarlas. Controlar la dinámica de pensamiento de uno mismo es complicado, y mantenerme a flote sobre un sinfín de ideas negativas y pesimistas es bastante cansado. A veces me rindo un poco y me sumerjo en la autocomplacencia. Y eso es realmente peligroso porque la autocomplacencia sólo arrastra a la autocompasión y al lloriqueo en general, y como el mundo no se va a parar sobre su eje para ofrecerte consuelo, te vas hundiendo más y más, en una espiral autodestructiva de ay-qué-penita-me-doy. Y de ahí cada vez es más difícil salir. Cuando te quieres dar cuenta, abres los ojos y han pasado días, semanas, meses o años de hacerte la vida realmente imposible a ti misma y a los que te rodean, de aceptar toda la mierda que te caiga encima de manera pasiva y perezosa. Las grandes bestias, la inseguridad, el nihilismo negativo, la ansiedad, la dependencia, atacan con fuerzas renovadas.
Pero si hay algo que he aprendido es que nadie va a solucionar esto por ti. El universo no se va a acercar a decirte al oído lo maravillosa, guapísima, importante y talentosa que eres, principalmente porque tú tampoco es que hagas gran cosa por el universo en tu estúpido estado lamentable de auto-odio.

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4. Si se hiciera una película sobre tu vida, ¿qué álbum sería la banda sonora?

junio 8, 2011 — by Gabriella9

Con la música hemos topado, oh sí.

Elegir un solo álbum es complicado, ya que todas las vidas están llenas de variaciones y grandes cambios, por lo que casi deberíamos hablar más de un recopilatorio de temas que de un álbum de un solo artista. También, en cada momento hay un grupo o cantante que es más importante para ti, que significa más. Aunque en un principio he pensado en Radiohead, no me gustaría pensar que mi vida entera va a ser un parangón de sufrimiento intelectualoide y desesperado, devorado por nuevas y terribles tecnologías. Así que voy a hacer trampa.

Voy a elegir un disco doble, lleno de todo tipo de música que refleja todo tipo de momentos y situaciones que han sido importantes para mí. Es un disco lleno de día y de noche, de tristeza y de esperanza, de pasión y de ternura. Así es, me quedo con el Mellon Collie and The Infinite Sadness, de The Smashing Pumpkins, aunque espero, sinceramente, que mi tristeza no sea eterna.

¿Cuál es la banda sonora de TU vida?

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3. Háblanos de una pertenencia completamente inútil, y de cómo la conseguiste

junio 7, 2011 — by Gabriella9

¿Una? ¿En serio, sólo una?

Muchos estudios psicológicas nos enseñan que cómo interactuamos con nuestro entorno dice mucho de nosotros. Así, generalmente un entorno ordenado, limpio, organizado, es una representación de un cerebro también ordenado, limpio y organizado (por ello dicen que el acto de ordenar y clasificar tiene un efecto de limpieza en el cerebro, llegando a ser una especie de meditación). Mi entorno es casi siempre representación de mi estado mental: desordenado, un poco sucio y repleto de cosas inútiles.

Tener muchas cosas puede ser, además, un síntoma de que nos agarramos demasiado al pasado y al futuro. Al pasado, porque tememos dejar atrás muchos de nuestros recuerdos, y del futuro porque pensamos que seguramente todas esas posesiones nos harán falta en el futuro. En mi caso, la mayor muestra del segundo aspecto está en mi ropa. Conservo toneladas de ropa que no puedo ponerme ya que me queda pequeña, pero que conservo porque insisto que algún día podré volver a ponérmela (¿os resulta familiar, mujeres del mundo?). Deshacerme de ella implicaría rendirme y aceptar el hecho de que nunca voy a perder esa cantidad de peso. Con todo, en mi defensa diré que mi peso fluctúa bastante y generalmente acabo necesitando esa ropa guardada. Lo que no quita, por supuesto, que guardar toda esa ropa ocupa mucho espacio del que no dispongo y demuestra cierta reticencia a aceptar el presente y, ante todo, mi propio cuerpo. Incluso cuando me asomaban las costillas había ropa que guardaba aunque me quedaba pequeña. Mi fetichismo hacia la ropa me impulsa a adquirir prendas que no son de mi talla, simplemente porque son hermosas o porque tienen un precio ridículamente bajo.

Tengo también en contra mi profesión y mis aficiones. Tengo montañas de libros, pero ya sabéis aquello de que los libros nunca son inútiles; y montañas de cuentas y abalorios y alambres y pintura, que tampoco son inútiles en ningún sentido Y mis zapatos… ¿cómo puede ser inútil un par de zapatos de tacón? No sé qué sería del mundo sin ellos.

Por otro lado, llevo un tiempo de limpieza, en el que procuro tirar o regalar una pertenencia de manera más o menos periódica, para evitar la acumulación innecesaria. Pero… ¿inútil? No veo nada inútil, ¿o tal vez es que le busco utilidad a las cosas para evitar deshacerme de ellas? Lo único que se me ocurre en estos momentos es una cajita de nácar que de alguna manera ha llegado hasta mi habitación desde la de mis padres. En ella están los dientes de leche tanto míos como de mi hermano, aquellos que dejábamos bajo la almohada. Completa y totalmente inútil.

Y obviamente no tengo que explicar de dónde vinieron ni cómo los conseguí.

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2. ¿Qué 5 páginas web visitas con frecuencia y por qué?

junio 6, 2011 — by Gabriella9

Siguiendo con la lista de 80 ideas para un diario, hoy toca hablar de páginas web. Seguro que ya lo he hecho en alguna ocasión por aquí, pero el tema manda. Es un tema que no da mucho de sí, ya que probablemente las 5 webs que más uso son de las más usadas del planeta: Facebook, Yahoo (esto no tiene perdón, lo sé, todavía uso esta miserable bandeja de correo), Spotify (aunque tal vez cuente más como aplicación), Twitter y Etsy. En cuanto a webs que frecuento fuera del ámbito  lo-usa-todo-el-mundo, visito bastante a menudo Tumblr (como expositor de arte y fotografía es de lo mejor que hay, siempre que a los usuarios no se les vaya la mano editando la plantilla a lo MySpace), Mangafox, la siempre hilarante Regretsy y cientos de páginas más que amenazan a) con acabar con mi equilibrio psíquico, y b) sobrecargar mi lista de marcadores.

También frecuento, claro, Lecturalia, y algunos otros blogs de literatura, como el Aburreovejas o Prospectiva, y el fabuloso The Book Bench del New Yorker, pero reconozco que debo limitar el tiempo que paso de blog en blog, por aquello de que me gusta tener tiempo para hacer otras cosas. Los blogs son un invento del diablo para quitarnos tiempo de comer, beber y dormir, una especie de Farmville para mentes curiosas.

Y hablando de mentes curiosas, un día de éstos la mía va a reventar. El exceso de información y, lo reconozco, una pequeña necesidad de “estar al tanto” de todo, a veces crea cortocircuitos. Afortunadamente, siempre me quedará la meditación y mis momentos de destierro racional en los que mantengo conversaciones bizarras con mi gato. Y mi hermandad del World of Warcraft, claro, que suele ser responsable de que muchas veces no me vaya a la cama a una hora razonable como la niña buena que todo el mundo sabe que soy.

En otro hilo de eventos, pero volviendo al tema de los blogs y en concreto al Aburreovejas, Nacho Illarregui ha escrito un artículo sobre la cancelación/publicación de la tercera parte de La cosecha de Samhein, de José Antonio Cotrina. V. también ha escrito uno sobre el mismo tema para Lecturalia, que se publicará en breve y que enlazaré en cuanto esté en línea.