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#leoautoresespañoles, Ciotti, Wendig, Magie, Bohr, Pressfield. Recortes de la semana

abril 10, 2015 — by Gabriella11

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recortes literarios

Creí que el viernes no llegaría nunca.

No ha estado mal. Ha sido una semana de pesquisas editoriales, de correcciones, de nadar mucho y de colgarme boca abajo de un columpio.

Arranquemos, pues, con los mejores recortes de esta semana de desquiciamiento mental y físico:

Parente y #leoautoresespañoles

Si no lo conocéis ya, deberíais. Hablo de la iniciativa que surgió de la autora Iria G. Parente para promocionar la lectura de autores nacionales. Aunque llevamos ya un tiempo llenando Twitter con recomendaciones gracias al hashtag #leoautoresespañoles, será el día 18 (el sábado que viene) cuando llegue la celebración definitiva: por todo el territorio nacional escritores españoles liberaremos ejemplares de nuestros libros en nuestras ciudades. Yo soltaré por Málaga un ejemplar o dos de El fin de los sueños, así que estad atentos a este espacio: habrá foto de su ubicación y tal vez alguna pista. Quien lo encuentre, se lo queda.

¿Quién puede participar en esta iniciativa?

Como es evidente, cualquier escritor nacional que quiera promocionar su obra; además pueden sumarse lectores, librerías y medios de comunicación. Toda la información está en la página web. Os dejo aquí el tráiler, que es obra del incombustible David Gambero:

Ciotti y la escritura no egoísta

Cuando hablamos de escribir con frecuencia hablamos de evitar la parafernalia, los fuegos artificiales, el excedente con el que creemos que demostramos ser autores de alto nivel. Gregory Ciotti resume el problema muy bien, a mi entender, en este párrafo:

Gregory Ciotti

Escribe para expresar, no para impresionar

La comunicación es una mezcla de visión y conversación. Has notado algo interesante y ahora buscas dirigir la atención del lector para que pueda verlo con sus propios ojos. Lo que eliges escribir es para el uso de otra persona. Elige siempre de forma no egoísta.

Esto es aplicable, sobre todo, a la comunicación que exige de claridad absoluta: artículos informativos, datos científicos, instrucciones de cualquier tipo, etc. Pero es también fundamental al escribir ficción. Podemos oscurecer y enturbiar la lengua para crear un efecto estético, y sin duda de eso viven los recursos estilísticos. Pero nunca hasta el punto de que significado y significante se separen por completo. Nunca porque sí, para aparentar que somos grandes. Los grandes se expresan con la belleza que suele acompañar a la precisión y a la comunicación eficiente.

Así, el truco está en escribir para el lector. No al principio, claro. Yo abogo por hacer del primer borrador un ejercicio narcisista de despliegue creativo. Pero luego, en la reescritura y la revisión del texto, pensemos en las necesidades del lector: en una comunicación clara, libre de rimbombancias presumidas. Pienso, como Ciotti, que la escritura es un ejercicio que debería estar libre de vanidad. O intentarlo, al menos.

Wendig y contar o no contar palabras

De forma periódica, como una primavera florida o una alergia desagradable, surge en las redes sociales la discusión de siempre: ¿debemos contar las palabras que escribimos?

Tiende a comenzar de la siguiente forma:

@tíocabreadoconmuchotiempolibre: “Qué harto estoy de ver a todos los escritores poniendo todos los p***s días lo que han escrito. Un verdadero escritor simplemente escribe, no se lo cuenta a todo el mundo”.

Es verdad verdadera que pueden hacerse cansinos estos escritores que nos llenan Facebook con mensajes tipo “hoy he escrito esto o aquello”. Pero cuando uno está pasando por una situación similar, empieza a entender la necesidad que puede surgir no solo de contabilizar lo escrito, sino de intentar obtener alguna respuesta de apoyo por parte de conocidos y amigos. Escribir es una tarea muy solitaria, que puede tardar meses o años en recibir cualquier tipo de feedback (que además puede ser negativo). Contar palabras es una medición tangible de un esfuerzo que es difícil de explicar y contabilizar en general. Nos permite crearnos pequeñas metas. Cumplidas x palabras, hemos superado una pequeña meta; y si escribes textos largos, que parece que no acabarán nunca (novelas, tesis doctorales, diccionarios de la Real Academia), necesitas esa sensación de que terminas algo, de que has saltado un obstáculo. Creo que aquí Chuck Wendig dice cosas sabias, como ya viene siendo costumbre en este señor:

wendig

Es más, contar palabras tiene valor en el sentido de que mide el esfuerzo.

A veces, escribir puede parecerse más a cavar una zanja que a crear una obra de arte, y eso significa que una mera palada de tierra, no importa qué calidad tenga la tierra o cuán hermoso sea el agujero, no completará el trabajo. Tienes que excavar mucha tierra para hacer la zanja, así que mides el esfuerzo (cantidad) en vez del resultado inmediato (calidad). Sobre todo porque la calidad de las palabras contadas en un primer borrador puede oscilar entre:

ESTO NO ESTÁ DEMASIADO MAL

y

ESTO ES UN ABORTO DEL LENGUAJE Y PODRÍA IR CONTRA LA CONVENCIÓN DE GINEBRA.

Así que, la próxima vez que alguno de vuestros amigos escritores ponga cuántas palabras ha escrito hoy, no lo miréis con odio y frustración, sino con pena, mucha pena. Y pensad, siempre podría ser peor: podría estar compartiendo el texto que ha escrito cada día con vosotros. Y, siguiendo aquella revelación de Sturgeon de que el 90% de todo es mierda, hay un 90% de posibilidades de que os encontraríais a diario frente a frente con esa mierda.

Dejad que escriba y cuente palabras. Se acercará más al 10%.

Elizabeth Magie y las jugadas del capitalismo

Seguramente no os sonará para nada el nombre de Elizabeth Magie, pero seguro que sí os suena el juego Monopoly. Magie fue la creadora de este juego de mesa, aunque fue luego Charles Darrow quien le copió la idea y vendió el proyecto a Parker Brothers, quienes lo convirtieron en el juego de éxito que hoy conocemos. Mary Pilon escribió un artículo sobre Magie para el New York Times, y nos dice de ella:

Elizabeth Magie

Magie vivió una vida muy poco corriente. A diferencia de la mayoría de las mujeres de su tiempo, era autosuficiente y no se casó hasta la avanzada edad de 44 años. Además de trabajar como taquígrafa y como secretaria, escribió poesía y relatos y hacía representaciones cómicas sobre el escenario. También dedicó su tiempo de ocio a crear un juego de tablero que era una expresión de sus creencias políticas.

Ahí está la gracia (o no) del asunto: Magie inventó el juego como protesta contra el monopolio de las empresas de su tiempo. Sí, fue concebido como una crítica al sistema capitalista. Creó un juego con dos tipos de reglas: uno que fomentaba la creación de un monopolio por parte del ganador, quien vencía destruyendo la economía de sus enemigos; y otro que demostraba que un acercamiento cooperativo entre jugadores era más productivo y beneficioso para todos. Adivinad qué sistema de reglas fue más popular.

Niels Bohr y la importancia del error

Sospecho que nunca sabré todo lo que implica la aportación de Niels Bohr, ganador del Premio Nobel de Física en 1922, al estudio del átomo y de la mecánica cuántica. Pero sí soy consciente de la sabiduría que salía, con cierta frecuencia, de su boca. Ya he hablado alguna vez en el blog de la perspectiva del fracaso como proceso científico, y Bohr lo explica muy bien en esta frase:

Niels Bohr

Un experto es una persona que ha averiguado, por su propia dolorosa experiencia, todos los errores que uno puede cometer en un campo muy estrecho.

Pensad en lo siguiente: cuantos más concursos no ganéis, cuantas más veces os rechacen un manuscrito, cuantas más veces os critiquen vuestros textos, más cerca estaréis de ser expertos. No sé si en escribir o en fracasar, pero la cosa es que seréis expertos.

Es broma. Expertos en fracasar creo que ya somos casi todos. Es gracias a los errores, fracaso tras glorioso fracaso, que podemos ir descartando todo lo que está mal, todo lo que no nos sirve, hasta quedarnos con la brillante solución victoriosa.

Y lo de “campo estrecho” no es gratuito. Cuanto más enfoquemos, cuanto más evitemos la multitarea, más podremos avanzar en un área. Lo cual no quita que el estudio y acercamiento a otras áreas nos sirvan para ofrecerle perspectivas originales y productivas al campo original.

PRESSFIELD, el bloqueo y la resistencia

Leí hace poco este artículo, que habla de los diez tipos de bloqueo del escritor. Hay artículos como este a montones. Hablan del miedo al fracaso, del crítico interno y de problemas técnicos. Ni ahí ni en la mayoría de artículos sobre este tema se habla de otro tipo de bloqueo: el bloqueo personal, aquel que ni siquiera sabemos que tenemos.

En una entrevista reciente que le hizo Joanna Penn a Steven Pressfield, él apuntó hacia eso mismo, hacia los miedos muy concretos que nos hacen formar resistencia. Penn le preguntó acerca de su último libro, donde trata la guerra de los Seis Días:

pressfield

Así que, para mí, meterme de lleno en este libro, sabiendo que iba a entrevistar a setenta personas y viviendo allí y todo, pensé: “Esto me va a obligar a enfrentarme a mis propias emociones acerca de ser judío y ser un judío seglar: ¿debería mudarme a Israel, debería empezar a estudiar hebreo; es mi vida una mentira, porque yo nunca…”, ya sabes, todo ese tipo de cosas. Así que esa es la razón por la que he estado evitando escribir este libro, a lo largo de los años.

Es fácil atribuir el síndrome de la hoja en blanco a pereza, falta de talento, mala planificación o a mil posibilidades muy lógicas dentro de nuestra cabeza. Pero escribir, cuando se trata de hacerlo bien, puede ser una expulsión de vísceras, ¿y quién quiere expulsar vísceras? Hay cosas de las que no queremos hablar. A veces se trata de tabúes culturales o sociales (no queremos hablar de algo que se considera repugnante o de mal gusto), otras veces se trata de una vulnerabilidad personal. Como la mayoría de las personas tienen un acuerdo tácito acerca de no mencionar lo prohibido a nivel cultural, lo que realmente suelen paralizarnos son los tabúes personales.

Escribir se ha convertido para mí en el máximo ejercicio en esta búsqueda del tabú propio. Es una práctica donde se inserta todo lo cognitivo, toda la estética de la que es capaz el cerebro, inmerso a la vez en el conglomerado social que lo impulsa a crear, no solo para él mismo, sino para compartir y comunicarse. Pero escribir también es un medio para analizar y romper (si esto es necesario y positivo, claro) nuestras barreras personales.

Los autores hablan de lo que les ha costado matar a tal o cual personaje. Entiendo que da pena matarlos. Les has cogido cariño. Pero pocas veces hablan de cómo les temblaba la mano al escribir la palabra lengua, al describir una herida sanguinolenta, al contar ese momento en que los dedos del padre se detienen demasiado tiempo en el hombro del niño. Cada uno de nosotros tiene sus miedos y sus manías, y lo que es aburrido y cotidiano para unos es sobrenatural para otros. Un autor probablemente no te cuente la escena que en realidad le costó escribir, porque estaría mostrándote sus debilidades. Y muchos autores todavía no han llegado a identificar sus resistencias y bloqueos, mucho menos superarlos.

No se me había ocurrido lo unificados que están, para este tipo de cosas, cuerpo y mente. Por razones también culturales, religiosas o lo que sea, tendemos a separarlos, como si fueran entidades completamente independientes. De una forma subrepticia, recibimos mensajes constantes de separación: belleza física contra inteligencia; fuerza muscular contra fuerza moral; disciplina física contra fuerza de voluntad.

Cuando me colgué boca abajo de aquel columpio (algún día, cuando tengamos más confianza, os contaré cómo y por qué esto fue importante) sentí algo muy parecido a cuando hablé de deseo por primera vez en un poema. Cuando siento el agua alrededor, cuando floto en la piscina, todo me envuelve y nada más existe, como cuando dos personajes se dan cuenta de que nunca más se volverán a ver. Cuando rompo un bloqueo físico, cuando supero el miedo, estoy aprendiendo a hacer lo mismo frente a la hoja en blanco. Taladrar la resistencia, saltar la zanja.

No es mens sana in corpore sano. No se trata de estar en forma, de llevar una vida saludable (aunque eso ayuda). Se trata de que escribir puede ir más allá de la obsesión. Puede convertirse en una entidad compleja que bebe no solo de nuestra percepción mental, sino de nuestras experiencias físicas. Aquellos que dicen que para escribir bien tienes que haber vivido no se refieren a que tienes que haber viajado mucho y haberte tirado de cabeza al Niágara. Sí se refieren a que has tenido que haber recibido impactos emocionales y físicos (y sí, algunos buscados a propósito) que luego te permitan liberarte frente al papel (o la pantalla).

Escribir, comunicarse con belleza y claridad, es mucho más que colocar una palabra detrás de otra. Eso ya lo sabíamos. Pero a veces llega esa realidad y te azota en la cara. Tu personaje protagonista se gira, te guiña el ojo y te dice: “Hoy has comido bien, has descansado, acabas de superar un tremendo desafío personal y además tienes agujetas. Está bien, podemos empezar”.

O tal vez solo me pasa a mí. Después de todo, mi protagonista es una descarada.

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10 cosas que nunca debemos hacer los escritores

febrero 4, 2015 — by Gabriella17

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Ah, la dura vida del artista. La dura vida del escritor. Nos gusta lamentarnos, es cierto. Pero puede ser divertido.

Hace poco encontré, a través del tumblr de Austin Kleon, un texto de la artista Keri Smith llamado How to Feel Miserable as an Artist. Aunque la traducción sería algo así como Cómo deprimirse si eres artista, la propia Keri explica que más bien es lo que no deberíamos hacer bajo ningún concepto. Aunque ella habla de los artistas en general, yo creo que se aplica muy bien a la escritura en particular. Le pedí permiso para traducirlo y me lo concedió. Así que si os veis reflejados en alguno de estos puntos, ya sabéis: subrayadlos con tinta roja (no en la pantalla, claro, a ver si luego no lo vais a poder limpiar) y dejad de hacerlo, ya, de inmediato.

Ahí van las diez maneras de sentirse fatal como escritor, o las diez cosas que nunca deberíamos hacer (los mandamientos son de Keri, todos los comentarios son míos):

cosas que nunca debemos hacer los escritores

Las 10 cosas que no debes hacer

si quieres ser un escritor feliz:

(o por lo menos no demasiado triste)

1. Compararte constantemente con otros

Aunque compararse es bueno, hasta cierto punto (¿si no nos comparamos con los grandes, cómo aprenderemos?), comparar nuestro éxito o fracaso con el éxito o fracaso de otros no solo es injusto, sino que no tiene sentido. No estamos todos en la misma regla de medidas, ni tenemos las mismas características. Y, como bien sabemos, los éxitos o fracasos rara vez son como se cuentan en Facebook o en Instagram (ese pastel no está tan rico como parece en la foto; ese perro con pinta adorable realmente es un desastre que no hace más que comerse el sofá; esas vacaciones de aspecto idílico en Hawai fueron el detonante del posterior divorcio).

Recordemos también que esos supuestos éxitos “de la noche a la mañana” rara vez lo son. Los que escriben libros buenos que parecen salir de la nada, sin aparente esfuerzo, tienen horas y días y semanas y años de trabajo y frustración detrás.

2. Hablar con tu familia sobre aquello a lo que te dedicas y esperar que te animen

Hay excepciones, pero en la mayoría de los casos simplemente no va a ocurrir, no. Nuestras familias (en teoría) quieren lo mejor para nosotros. Y lo mejor para nosotros, por lo menos a sus ojos, no es morirnos de hambre mientras los miramos suplicantes y pobres con la forma de las teclas marcada en la frente de tanto pegarnos cabezazos contra el teclado.

Además, los escritores podemos ser muy pesados y aburridos con tanta obsesión y tanta inseguridad. Comprendedlos. Es normal que se aburran y nos manden a paseo.

El camino del escritor es solitario. Asúmelo. Solo te comprenderán otros escritores, pero no te estarán escuchando mientras hablas de tu obra, porque estarán pensando en la suya propia.

3. Basar el éxito de tu carrera en un solo proyecto

Esto podría ser también “basar el fracaso de tu carrera en un solo proyecto”. Si algo sale mal, horriblemente mal, y la gente te tira fruta podrida apenas te asomas a la ventana, qué le vamos a hacer. No eres un fracaso. Tal vez ese libro sí lo sea (o, tiempo al tiempo, ¡reconocerán lo bueno que era cuando hayas muerto!), pero tú no. Ponte ya a escribir otro libro mejor. De la misma manera, porque tengas un libro/relato/poema/ensayo que goce de una gran aceptación, no significa que puedas retirarte a vivir de las regalías, satisfecho de haber alcanzado los laureles del autor vitoreado. Sigue trabajando. Puedes hacerlo mejor.

4. Conformarte con lo que ya sabes

Esto es: no salgas de tu zona de confort, no pruebes nada nuevo, no te esfuerces. ¡Mal! La única forma de progresar es atreviéndote con aquello que desconoces. Muchos profesores de talleres literarios te dirán: “Habla de lo que sabes”. Y no es mal consejo, para empezar. Pero llegará el momento en que, para avanzar, necesitarás salir de tu agujerito y explorar mundo.

Yo lo hago constantemente. Escribo cosas raras, cosas que no me salen, que tengo que forzar. Por poneros un ejemplo: ¡el otro día conseguí escribir una escena de sexo heterosexual!

Bueno, bah. Lo confieso, es mentira. Pero algún día lo conseguiré, os lo prometo.

5. Quitarle importancia a tu experiencia

Si llevas ocho años escribiendo y currándotelo, tío, ¡que llevas ocho años escribiendo y currándotelo! ¡Que has publicado cuatro libros! No te comportes como si solo hubieras publicado un poema en la revista del colegio.

Creo que esto es más fácil de decir que hacer, lo sé. Por un lado, muchos tenemos el síndrome del impostor. Y no están las cosas como para ponerse a exigir lo que realmente merecemos, tal y como está el mercado. Pero creo que este es un consejo que puede aplicarse a muchos ámbitos, no solo al de negociar contratos con editoriales. Dale valor a tu trabajo. Si llevas diez años trabajando, si has progresado, si has avanzado, deja de hacer las cosas gratis, para empezar. Y si las haces gratis, que sea por algo que realmente te ayude a avanzar, o que te produzca felicidad.

Y sí, esto también va por determinados grandes medios con ánimo de lucro (mucho lucro) que utilizan a escritores experimentados y blogueros profesionales para crear sus contenidos sin que estos vean un duro, por aquello de darles una “plataforma” y “exposición”. Exposición es lo que tienes cuando te da el sol durante el día, no cuando consigues un seguidor en Twitter cada tres meses.

A ver si entre todos podemos conseguir que el oficio de escribir (sea en el género y formato que sea) valore un poco más la experiencia, especialización y profesionalización. No digo que cualquiera pueda escribir dos palabras escritas y sentarse a esperar que le paguen, pero sí que se empiece a valorar el trabajo de aquellos que lo merecen. Por lo menos, pidamos. Que nos lo den o no es otra cosa, pero vamos a pedir. A veces te llevas sorpresas agradables.

6. Dejar que el dinero dicte lo que haces

Pues claro que necesitamos dinero para vivir: para comer, pagar un alquiler o una hipoteca, sobrevivir a las ofertas de Steam… todas esas cosas fundamentales para la supervivencia del humano medio. Pero siempre está el peligro de que nuestras ganas de conseguir dinero nos hagan olvidarnos de lo que realmente nos gusta. Sí que es cierto que cierto tipo de novelas de romántica venden mucho mejor que la fantasía oscura, por ejemplo, pero el día en que yo escriba “cada vez que veo su tableta de chocolate me estremezco por dentro”, por favor, venid personalmente a mi casa y dadme una bofetada tan fuerte que se me reordenen las neuronas y se me quite la tontería de golpe.

Y no me entendáis mal: no hay absolutamente NADA de malo en escribir tres páginas hablando de los abdominales de un tipo sudoroso. Es solo que a mí no me dibujaron así. Yo soy más de orgías desenfrenadas entre androides y magos de fuego. Orgías en las que muere gente y su sangre crea un portal mágico a otro mundo, por el que se cuelan monstruos primigenios.

¿Qué?

7. Someterte a la presión social

Lo mismo. ¿Creéis que a la gente le parece bien lo de los androides y los magos de fuego? Pues habrá a quien no le guste, del mismo modo que a mí no me interesa lo de la tableta de chocolate ni las novelas donde se usan tres capítulos para describir con pelos y señales una batalla naval en el siglo XVII. Si intentas complacer a todo el mundo, no conseguirás nada. Peor: conseguirás un texto blandurrio completamente igual que todos los textos blandurrios. Por lo menos Crepúsculo innovó en el terreno de la comedia.

(Creo que con ese último comentario tampoco he complacido a todo el mundo. ¡Eh, solo estoy intentando seguir los consejos de Keri!).

8. Trabajar solo en aquello que le encantará a tu familia

El otro día le pedí a mi padre, que es informático, si podía echarle un ojo a mi nueva novela corta, un texto con aires ciberpunk, para asegurarme de que no había ninguna metedura de pata técnica de las gordas.

Luego me acordé de que el protagonista es un programador de videojuegos pansexual que se pasa media novela fantaseando con las tetas de una chica que ha conocido en un programa virtual.

Igual ya no se lo dejo.

La cosa es que si te limitas a escribir aquello que crees que será aceptable para tus seres queridos, estás dejándote fuera una parte muy importante de ti mismo. Todos tenemos demonios, y la escritura es una forma genial de exorcizarlos. Y no tiene que ser algo tan extremo como la vida sexual de un hombre futurista, simplemente hablar de ciertos temas delicados puede echarnos atrás en muchas instancias. Es difícil, pero a veces hay que hacerlo.

9. Hacer todo lo que pida el cliente

El cliente podría ser aquí el editor, por ejemplo, si escribes narrativa. Claro que hay que hacer caso de los editores, pero no hasta el punto de que destruyan aquello que te es importante. Y si escribes por encargo… bueno, ahí sí tienes que hacer lo que pide el cliente, pero intenta siempre añadirle un toque personal, algo que lo identifique solo como tuyo. Eso es lo que realmente te hará destacar por encima de los demás.

10. Ponerte metas inalcanzables/estresantes que tengas que alcanzar mañana mismo

De esto hemos hablado ya. Las metas buenas son las que se plantean a largo plazo y que se van alcanzando muy poco a poco, haciendo algo pequeño pero seguro todos los días.

Ponerse mil metas a la vez y esperar alcanzarlas ya mismo no solo es poco realista, sino que destruye tu autoestima y la confianza en tu habilidad para alcanzar cualquier objetivo.

Poco a poco, despacito y con buena letra.

Con muy buena letra.


¿Qué opináis vosotros? ¿Qué añadiríais a la lista de Keri? Creo que todo lo que se me ocurre ahora mismo podría encajar dentro de alguno de sus puntos. Tal vez habría que añadir: “rendirse”. Tal vez ese sea el peor error que podemos cometer. Rendirse a veces es necesario, sobre todo si estás viviendo bajo un puente y te han ofrecido un trabajo con un sueldo digno, haciendo algo que no sea nada artístico; pero aun en esas circunstancias puede llegar el ansia de crear, la necesidad de seguir escribiendo de madrugada, antes de entrar a currar, o en el descanso, con el bocadillo en la mano. Pero sigamos un poco más. Intentémoslo otra vez.

Las recompensas están ahí. Son insuficientes, y tardan más que un autobús cuando tienes prisa, pero están ahí. Además, todos los demás se rinden. Al final solo quedas tú.

 


Esta parte ya os la sabéis, pero la voy a decir otra vez, porque vuestro dinero es lo que me permite comprar plumillas. Y tengo un problema con las plumillas:

Mi librito de corrección básica para escritores ya está disponible en papel. Si quieres tenerlo en tus manitas, para subrayarlo y guarrearlo como debe ser, tienes dos opciones:

a) Comprarlo directamente en Amazon aquí: http://mybook.to/70trucos o…

b) Escribir a gabriella@gabriellaliteraria.com si quieres comprarlo dedicado y caligrafiado.

¡OS PROMETO QUE HA QUEDADO MONÍSIMO! Hasta tiene un unicornio en la contraportada, lo cual imagino que no os sorprenderá en absoluto:

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9 maneras de conseguir algo cuando no tienes fuerza de voluntad

enero 27, 2015 — by Gabriella25

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Disciplina. Voluntad. Motivación.

Esos tres santos griales de cualquier persona que busque conseguir algo, ser productiva, progresar. Los tres santos griales de los que trabajamos desde casa. Santísimos para los que nos dedicamos, además, a tareas creativas.

He llegado a la conclusión de que esas tres palabras son contraproducentes. Mentirosas, incluso. Nos han vendido desde niños que podemos hacer las cosas si queremos. Podemos evitar la tentación con fuerza de voluntad. Podemos progresar con disciplina y trabajo duro.

¿Pero qué ocurre cuando esa voluntad se te escapa entre los dedos? Sigues intentando una y otra vez hacer lo mismo, tener disciplina, y cuando fallas te sientes culpable. Te sientes inútil.

Hace un tiempo leí una entrevista a la escritora Julie Fast, que había sacado un libro llamado Get It Done When You’re Depressed (Cómo hacer las cosas cuando estás deprimido). Tal vez la depresión sea un ejemplo extremo, pero los que hayáis pasado por ahí sabéis lo imposible que parece todo. La escritura, en concreto, es una de las profesiones más asociadas a este problema. Pero yo diría que todo el mundo tiene momentos de bajona, momentos en los que cuesta salir de la cama por la mañana. ¿Cómo conseguimos alcanzar nuestras metas, sobrevivir al día, en esas circunstancias?

Julie admite que se pasa deprimida el 75% del tiempo. Y sin embargo es una escritora productiva. ¿Cómo es posible?

No puede ser una cuestión de tener fuerza de voluntad. Uno no tiene de eso cuando está deprimido.

Bebiendo de las experiencias de Julie, de las mías propias y de todo lo que he podido encontrar, yo diría que tiene poco que ver con la voluntad y la disciplina, y tiene todo que ver con el sistema, con la planificación.

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10 pasos productivos para hacer en un día el trabajo de una semana

enero 21, 2015 — by Gabriella11

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Todos queremos trabajar más en menos tiempo.

Bueno, todos no.

Si trabajas para una empresa desagradecida que se está alimentando de tu alma a pequeños y terribles mordiscos, probablemente quieras trabajar lo menos posible en las diez horas diarias, siete días a la semana, que esperan de ti tus superiores descerebrados.

En ese caso, este artículo no es para ti. Huye, vete. ¡Busca vídeos de gatitos!

Pero si eres, como yo, una persona con aspiraciones artísticas que intenta labrarse un camino en un mundo tan complejo como puede ser la literatura/pintura/música/tuneo de motos para perros, al mismo tiempo que intentas obtener algún ingreso para la vida “real” mediante un trabajo “real”, lo más seguro es que estés rezando a todos los dioses de Asgard para que te manden por Seur una máquina alargadora de penes* horas.

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Las 10 necesidades básicas del escritor

enero 19, 2015 — by Gabriella22

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A veces recibo mensajes de gente que empieza a escribir. Gente que a lo mejor ha ganado algún concurso de relatos local y se plantea, tal vez, tomarse esto un poco más en serio. O que disfruta mucho escribiendo y quiere saber si merece la pena profesionalizarse (si es que eso existe). Me piden recomendaciones de libros para mejorar, consejos sobre cómo empezar a publicar, cosas así. Así que decidí escribir un artículo que intentara responder a algunas de estas cuestiones, tal y como las veo en estos momentos.

(Puede que el año que viene haya cambiado de idea. Hablo desde mi experiencia presente, y como siempre espero que deis vuestro punto de vista en los comentarios).

Yo no sé demasiado, la verdad. No tengo Las Respuestas. Aunque siempre he escrito, solo llevo unos años tomándome esto de la escritura como algo primordial. Sí que he trabajado mucho tiempo en el sector editorial. Puedo deciros, dentro de lo que he aprendido, cuáles creo que son las diez necesidades básicas del escritor. Puedes comprarte todos los libros que quieras sobre cómo construir un argumento que enganche o cómo pasar tu documento .doc a .mobi, pero si te fallan estos diez principios es muy posible que tropieces por el camino.

No digo que no puedas prescindir de alguno de ellos (conozco a buenos escritores que no tienen un sitio propio para escribir, por ejemplo), pero yo diría que todo te será bastante más complicado.

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Los 4 secretos del éxito (que no son nada secretos)

enero 6, 2015 — by Gabriella1

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3941048713_1acf5ee1eb (1)¿Sabéis eso que dicen: “alcanzar el éxito es sencillo, pero no fácil”?

Esto lo he escuchado respecto a todo tipo de objetivos. Por ejemplo, el proceso para dejar de fumar es sencillo. Simplemente no fumas. ¿Es fácil? Pregúntale a millones de fumadores. Aplíquese lo mismo a cualquier otra adicción: alcohol, azúcar, heroína, cafeína, Facebook, Juego de tronos, lo que quieras. El proceso, sobre el papel, no puede ser más sencillo: no consumas. Y qué difícil llevarlo a cabo.

Ocurre lo mismo con otro de nuestros propósitos favoritos de año nuevo: perder peso. A no ser que tengas determinados problemas de metabolismo u otras complicaciones de salud, sobre el papel no puede ser más sencillo: más ejercicio, comer mejor. Mayor salida de calorías, menor entrada. Luego nos complicamos mucho. Que si mejor proteína que hidratos de carbono, que si grasas animales o vegetales, que si lácteos sí o no, que si ejercicio aeróbico o anaeróbico… Nos hacemos planes complejísimos y necesitamos estructuras rígidas para desarrollar hábitos, porque por muy fácil que sea en apariencia (menos consumir calorías, más quemar calorías), en la práctica se nos resiste una y otra vez.

Claro que hay planes más complicados. Decir “alcanzar el éxito” puede significar cualquier cosa. Puede significar sacar un libro y que venda tropecientas mil billones (europeos) de unidades. Puede significar tener un millón de euros. Puede significar doctorarse y encontrar trabajo en España (aunque ni siquiera sé si eso es humanamente posible). Pero creo que hay algunos puntos en común: queremos alcanzar una meta. Y hay algunas directrices que tienden a ponernos en el buen camino.

Me hizo ilusión recibir un email reciente en el que el creador de AppSumo, Noah Kagan, hablaba de cómo habían llegado este año a un billón (americano) de personas. No sé si conocéis AppSumo. Básicamente es un servicio (que funciona sobre todo por lista de correo) de promoción y descuento de apps, un poco a lo Groupon pero para software. Pero no para cualquier software; se especializan en aplicaciones dirigidas a emprendedores y diseñadores (también hacen alguna cosilla para escritores, de hecho la primera vez que escuché hablar de Scrivener fue en uno de sus emails). Aparte de que ofrecen descuentos siempre muy fenomenales, regalan una pechá de cosas útiles de su propia cosecha, sobre todo para blogueros y usuarios de WordPress. Está claro que esta dinámica de cuidar a sus usuarios les ha funcionado muy bien; su crecimiento ha sido espectacular.

¿Por qué os cuento esto? No porque AppSumo me pague una comisión ni porque esté afiliada a ellos de ningún modo. Igual mañana me entero de que en realidad son unos capullos sin ética ninguna y que esos tacos de los que tanto hablan en realidad están aderezados de sangre de gatito. Pero en el email en el que hablaban de su astronómico progreso, su fundador mencionó los cuatro puntos que él cree que son los que los han llevado a la cima, sus cuatro secretos del éxito. Me gustaría compartirlos con vosotros, porque desde luego son aplicables a cualquier meta o propósito:

1. Un objetivo claro. El objetivo de AppSumo parecía una locura: querían llegar a mil millones de visitas a su página web. Pero decidieron partir este gran objetivo en metas pequeñitas: objetivos de tráfico mensual y semanal, para no perder el entusiasmo ni la constancia. La lección que aprendemos es la siguiente: concéntrate en alcanzar un solo objetivo (aunque sea una locura) y te sorprenderá todo lo que puedes conseguir. Además, por experiencia puedo atestiguar que, aunque no lo consigas, te sorprenderá lo lejos que has llegado.

2. Elimina las distracciones. Todo lo que no ayude a que alcances tu objetivo debe eliminarse. A la hora de enfrentarte a un nuevo proyecto, hazte LA PREGUNTA: ¿ayuda esto a alcanzar mi objetivo? Si la respuesta es no, adiós y muy buenas, nuevo proyecto. Y quien dice proyecto dice, me temo, personas, aficiones y todo lo demás. Es lo que tienen los objetivos, que son exigentes. Con esto quiero decir que si lo que quieres es dejar de fumar, no es buena idea rodearte de fumadores, por ejemplo. (Este tipo de eliminación también ayuda a ver hasta qué punto queremos/necesitamos/estamos dispuestos a sacrificarnos por el objetivo). Lo cual nos lleva al siguiente punto:

3. Rodéate de los mejores. El éxito no está en los grupos grandes de personas, sino en los grupos bien coordinados de personas de talento. Esto es verdad en el mundo empresarial y es verdad en el día a día. Supongo que estaréis de acuerdo conmigo en que es mejor tener un grupo pequeño de amistades alucinantes que os inspiran, apoyan y os dan una patada en el culo cuando sois cobardes o vagos (y que son capaces de identificar cuándo estáis siendo cobardes o vagos), que tener muchísimos conocidos que no hacen más que deprimiros y/o fomentar las actitudes y vicios que os llevan al estancamiento. Como dice Noah, “si quieres hacer cosas extraordinarias no puedes rodearte de personas ordinarias”.

4. Diviértete. Este es el que siempre se me olvida, y que últimamente estoy recuperando. A veces te obsesionas tanto con tus metas que te olvidas de disfrutar. Había olvidado lo divertido que podía ser escribir. Había olvidado lo divertido que podía ser trabajar con clientes geniales (sabéis muy bien quiénes sois) y con gente genial (yo creo que hago las entrevistas relámpago solo como excusa para interactuar con escritores interesantes). Claro que todo no va a ser fácil y emocionante, pero está bien acordarse de las cosas chulas (Desigual ha estropeado ya esta palabra para mí para siempre) que nos encantan y disfrutar de ellas.

¿Qué añadiríais a estos cuatro puntos? Yo echo en falta algo que es de cajón: la persistencia. El trabajo diario, sin falta. Considero que es indispensable para todo. Y tomemos buena nota del detalle de las metas mensuales y semanales, no solo nos ayuda a tener mejor perspectiva de lo que queremos, sino que para proyectos largos como puede ser la escritura de una novela (ejem), son necesarias para tener la sensación de haber conseguido algo a un plazo más corto, y no volverse loco de desesperación.

Y hablando de metas y progreso…

NOVEDADES

(o de cómo me aprovecho de que os acabáis de leer este artículo sobre temas interesantes que trata gente interesante para contaros cosas mías):

-Después del desafío Beeminder de invierno, que terminé con éxito relativo (hubo un par de cosillas en las que fracasé, qué le vamos a hacer, pero con todo lo demás estoy muy contenta), ya os dije que este 2015 me iba a concentrar en lo más importante: leer y escribir. He sido tremendamente productiva este mes, y espero que en unas semanas pueda ya ofreceros por fin en ebook mi libro de relatos. Se han producido algunos cambios: pasa a llamarse Lectores aéreos y, como no terminaba de convencerme la portada que había diseñado, he preferido recurrir a otro tipo de cubierta (en concreto: adquirí una cubierta prediseñada. Os hablaré pronto de esta opción, que me parece muy válida para el mundo del ebook, debido a su bajo precio y aspecto profesional). Os la enseñaré muy pronto, a mí me encanta y espero que a vosotros también.

-El libro es una compilación de relatos: incluye algunos de los relatos cortos que publiqué aquí en el blog, pero en su mayoría son relatos largos e inéditos. En principio solo tengo previsto sacarlo en ebook.

-Si no estáis apuntados ya a la lista de correo, id corriendo al cuadrito que tenéis para ello en el menú a vuestra derecha y hacedlo, porque voy a hacer una promoción del libro que creo que os interesará bastante (spoiler: habrá un número limitado de ejemplares gratuitos). También anunciaré pronto los libros de otros autores que se sortearán este mes: si todo va bien os adelanto que habrá algo de juvenil y algo de ciencia-ficción/fantasía muy bien escrita y un tanto inclasificable. En resumen: si queréis estar al tanto de todo lo relacionado con el libro nuevo y con los sorteos en general, apuntaos a la lista. Solo os llegará un correo de vez en cuando, no soy nada pesada (y os podéis “desapuntar” cuando queráis).

-Del mismo modo, si eres reseñador o bloguero y te gustaría reservar una copia de prensa para hablar de mi libro de relatos en tu web, puedes enviarme un email a gabriellavc(arroba)yahoo.es Una nota: este texto no es juvenil, o por lo menos una editorial al uso no lo clasificaría como tal, debido al contenido sexual y en ocasiones violento.

¿Y qué hay de tus otros proyectos, Gabriella?

¡Pensé que nunca me lo preguntarías, Gabriella!

-La novela de siempre sigue corrigiéndose a paso lento pero seguro. También estoy escribiendo una novela corta ambientada en el mismo universo.

-Por otro lado, he escrito una novela corta de ciencia ficción. Hay muchas drogas y tetas. Me lo he pasado como una niña pequeña (si las niñas pequeñas hablaran de drogas y tetas).

-Hay otros proyectos en manos de editoriales. Mis dedos siguen cruzados y todas esas cosas.

Que parece que no, pero madre mía todo lo que he escrito este año.

 

Feliz día de Reyes a todos. Espero que os hayan traído todo lo que vuestro corazoncito podría desear.

 

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¿Cuáles son los tres lectores para los que escribes?

diciembre 22, 2014 — by Gabriella11

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Propongo un ejercicio mental. Bueno, podemos hacerlo físico, si quieres. Abre un documento de texto, o coge un papel y un boli, y escribe los nombres de las tres personas en las que piensas cuando escribes. No te pares a pensarlo demasiado.

¿Ya?

Este ejercicio es más complicado de lo que parece, porque rara vez somos sinceros al realizarlo. Seguramente has puesto los nombres de tres personas a las que quieres, tres personas allegadas, esas tres personas a las que visualizas boli (o teclado) en mano. Cuando me paré a analizar a los que yo había puesto, me fui dando cuenta de que no estaba siendo del todo honesta.

Y es que, en el fondo, creo que a la mayoría de los que escribimos nos importan las opiniones de tres receptores. O más bien de tres tipos de receptores.

El lector crítico

download (1)Decimos que no nos importa, que no escribimos para el crítico. Pero no es del todo cierto. Sobre todo al principio, antes de publicar medio en serio (es decir, antes de que las ventas realmente cuenten), yo diría que este es el lector fundamental. Puede ser alguien cercano, alguien a quien admiras y cuya opinión estimas por encima de todas las cosas. O puede ser ese reseñista medio conocido que te ha destrozado el libro/relato/artículo con cuatro palabras crueles, un ad hominem sin sentido y ese tonillo burlón sobrado que todavía te está resonando en las orejas. Alguien que decimos que no nos importa, pero que nos acaba de retorcer las entrañas y que nos hace creer que nunca, nunca, conseguiremos escribir algo decente.

Por lo general todos escribimos con este lector en mente. Es el que nos hace tener más cuidado que nunca con la forma, el que queremos que nos avale con su sello de calidad. Pensar mucho en este tipo de lector puede paralizarnos, y no es del todo recomendable. Debe servirnos como un incentivo para hacerlo lo mejor posible, pero no debemos dejarlo entrar en nuestra cabeza mientras escribimos, o no avanzaremos nunca.

Cuándo hay que hacerle caso al lector crítico:

  1. Una crítica válida nunca contendrá elementos de trolleo. Es decir, no habrá ataques (ni referencias) personales y la crítica tendrá más de análisis técnico que de opinión personal. Para bien o para mal, ya sea “¡me ha encantado!” o “¡esta es la mayor mierda jamás escrita!” (¡patada al estómago!), lo subjetivo vale de poco a la hora de aplicar en nuestro trabajo las consideraciones de los demás. Busca más bien apreciaciones sobre los personajes, el ritmo, el lenguaje, la coherencia interna…
  2. Así, una crítica constructiva y útil es concreta. No sirve de mucho que te digan “he tenido la sensación de que había momentos aburridos”, pero sí es muy útil que te digan “en el capítulo 8 realmente no pasa nada” o “el libro tarda en arrancar”, ya que te permite analizar qué es lo que has hecho mal para producir estas sensaciones en el lector.
  3. Fíjate solo en lo que se repite. Muchos escritores profesionales que trabajan con un buen puñado de lectores cero dicen lo mismo: solo aplican las sugerencias de dichos lectores si ven que estas se repiten de un lector a otro. Cada lector es un mundo y puede tener percepciones distintas, pero si coinciden todos en algo en concreto, lo más probable es que tengan razón en ese algo.
  4. Pero a la vez… ¡cuidado con las repeticiones! He llegado a ver críticas tan similares entre sí que llegan a ser sospechosas. Como lectores, nos condiciona mucho lo que opinan las personas que nos rodean (y no todos somos capaces de cargarnos la espiral del silencio a la hora de emitir una opinión). Si las primeras reseñas de un libro son buenas, hay más probabilidades de que las personas que conocen a esos reseñadores y que trabajan en el gremio acaben condicionadas y realicen también reseñas buenas (excepto en el caso de reseñas demasiado entusiastas, por las que puede producirse un efecto rebote y de exceso de expectativas que acabe en reseñas negativas). Del mismo modo, si son malas, los demás críticos leerán la obra con determinados prejuicios.

El lector consumidor

adult-18844_640El auténtico rey del baile. Podemos volvernos locos con ideas de calidad, de autoexigencia, de miedo a la crítica especializada. Pero si hemos entrado en el ciclo del libro como producto, al final es el consumidor el que nos acaba validando. Es posible que a E. L. James le duelan un poco las críticas exacerbadas de la academia contra su novela erótica de calidad cuestionable (eso le acaba de doler, fijo. Lo siento, E. L.). Pero las lágrimas le correrán por las mejillas de camino al banco a ingresar otro buen mogollón de pasta.

¿Qué más le da a E. L. James que unos cuantos critiquen su novela? Tiene el cariño y el agradecimiento (y el dinero) de miles y miles y miles de personas. ¿Y cuántos autores publicados y agasajados por la crítica pueden decir lo mismo? En el momento en que nuestra obra comienza a distribuirse se abre el círculo de recepción; ya no solo vale la opinión de nuestra familia y amigos; ya no solo vale la opinión de tres blogs de reseñas; la opinión del consumidor, ese número (casi siempre triste) de las liquidaciones es el que está validando (o no) si el público nos quiere.

Y lo cierto es que conozco pocos autores que no estén buscando amor y aceptación a través de sus letras.

Por desgracia, este tipo de lector/consumidor también puede ser una trampa mortal. Si nos obsesionamos demasiado con lo que quiere el gran público, corremos el riesgo de perder nuestra voz, de perder aquello que nos hace únicos.

Cuándo hay que hacerle caso al lector consumidor

  1. No hay que “venderse” para darle al público un poco de lo que quiere. Emoción, aventura, suspense, amor… Estos son componentes que hacen sentir al lector, que lo hacen querer seguir leyendo. No hay que cambiar mucho un libro para inyectarle algo de vida, meterle algo de intriga o romance, de acción o tragedia. Nadie dice que tengas que pegarte a una plantilla superventas, pero pensar un poco en lo que busca el lector medio puede ser un ejercicio interesante.
  2. Tener en cuenta al consumidor al escribir te ayudará a eliminar lo innecesario. Te empujará a arreglar oraciones demasiado largas y complejas, a acortar los párrafos y capítulos. Querrás entregar un texto más limpio, con una lectura más fluida y cómoda. Aquí salís ganando los dos: tú, porque aprendes a escribir con mayor elegancia, y el lector, que no tiene que tragarse cuatro esdrújulas seguidas montadas sobre ocho subordinadas.
  3. Si tienes la inmensa suerte de que tus lectores te escriban comentándote sus impresiones, no las descartes por no ser profesionales. Al igual que en el apartado anterior, si hay algo que a todos parece gustarle, enhorabuena, usa más de eso. Si hay una queja recurrente, tal vez va siendo hora de investigarla.

Y finalmente nos quedamos con el tercer lector. Para mí es, desde luego, el más importante.

El tercer lector es uno mismo

JTardé un poco en darme cuenta de esto, o por lo menos en asimilarlo del todo. A veces te preocupas tanto por los lectores de los apartados anteriores que lo olvidas. Pero ¿os acordáis de ese consejo, el de “escribe el libro que querrías leer”? Creo que es un buen consejo.

Además, nos puede ayudar a reencontrarnos con algo que a veces dejamos de lado, que es que escribir puede ser divertido (me gusta la frase de Terry Pratchett: “Escribir es lo más divertido que puede hacer uno a solas”. Sospecho que miles de chavalillos púberes podrían no estar de acuerdo, pero es un buen recordatorio para cuando nos dejamos llevar por la duda y la ansiedad del qué dirán).

Ya habrá tiempo de editar, de corregir, de pensar en los otros dos lectores.

Pero ahora, boli, pluma, pantalla, lápiz o Scrivener por delante, es hora de pensar solo en ti.


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70 trucos para sacarle brillo a tu novela70 trucos para sacarle brillo a tu novela: Corrección básica para escritores. ¿Has escrito una novela o un relato y no sabes cómo enfrentarte a la revisión? ¡Yo te ayudo! Disponible en Amazon.

Lectores aéreos gabriella campbellLectores aéreos (relatos con toques de fantasía tenebrosa): Disponible en Amazon y Lektu (¡solo 2,99 €!). También en papel aquí.

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  • Puedes leer reseñas aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí y aquí. Y hasta en 20 Minutos, aquí.
  • Si tienes un blog o web de reseñas y te apetece leer y reseñar este libro, puedes pedirme un ejemplar de cortesía en gabriella(arroba)gabriellaliteraria.com.

Y hay más libros míos aquí.

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El único consejo que realmente necesitas para escribir

diciembre 2, 2014 — by Gabriella24

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Muchos recordaréis mi lista interminable de consejos para escritores. Incluí más de 100 consejos de muchas fuentes diferentes y podría haber incluido muchos más.

Todos estos consejos son útiles. Pero 100 consejos son muchos consejos, ¿por dónde empezar siquiera?

Podría deciros que tenéis que analizar seriamente vuestros objetivos y prioridades. ¿Escribís por placer? ¿Escribís para mejorar? ¿Escribís para vender?

Y probablemente eso ayude bastante.

Pero tras mucho leer e investigar al respecto, veo que hay una opinión que se repite entre expertos. El único consejo indispensable para que crezcas como escritor es el siguiente:

autosuperaciónbeeminderdesafío de otoñoleerlifehackingpersonalsuperación personal

Actualización del desafío de otoño (día 58): La verdad no está ahí fuera

octubre 27, 2014 — by Gabriella2

luna_de_locos_892_34q3ubFVAntes de empezar con la actualización de hoy tengo que recordaros algo importante:

Id corriendo a comprar Luna de locos, de (cómo no) José Antonio Cotrina. Es una novela corta de ciencia ficción con el habitual toque genial-fantástico del caballero. Está en Lektu y tirado de precio.

¿Ya lo habéis comprado? Vale, seguimos.

Hoy voy a hablar de la verdad.

Una de las cosas a las que llevo dándole muchas vueltas estas últimas semanas es a lo que entendemos por verdad. Es decir, hechos incontestables.

Por ejemplo, si decimos que el agua hierve a 100 grados centígrados, sabemos que es verdad. Podemos poner a hervir agua, medir la temperatura, y ver que eso es incontestable. Es lo que conocemos como una verdad universal. Aquello que sabemos que es cierto, porque se ha probado. Porque es ciencia.

No obstante, casi todo lo demás es bastante más complicado de discernir. Eso es algo que llevo años asimilando, pero últimamente me ha pegado de lleno. Y es que tuve la terrible idea de leer las primeras entradas de mi blog.

No debí hacerlo. Había algunas entradas muy tristes. Algunas hasta las he borrado, como quien quema fotos que le traen recuerdos dolorosos. Sentí una mezcla de vergüenza y pena por la persona que escribió esas entradas. Espero no sentir eso dentro de ocho años, cuando relea esta entrada. O tal vez sí. Si siento vergüenza de esta entrada dentro de ocho años, será porque he progresado. Así que, sí, hola, Gabriella, si estás leyendo esto: si este artículo te parece lamentable, es que estás haciendo algo bien.

Llevo blogueando desde… no sé. Aunque este blog ha importado las entradas de mi blog anterior, Y el exhibicionismo, ya antes de ese existió otro blog primero, que creo que mantuve desde el 2001 o así. Los blogs son como diarios, miras atrás y te redescubres, y tal vez no te gusta lo que redescubres, como si lees poemas horribles que escribías con quince años o cartas de amor gilipollas que le escribiste a alguien que desde luego no merecía la pena (aunque yo nunca he hecho eso. No. Nunca). Soy consciente de que tuve algunos años malos, pero creo que hasta leer esas entradas no he entendido del todo hasta qué punto estaba deprimida. La depresión no solo tiene todos esos síntomas tan nefastos que muchos conocemos, sino que además puede convertirte en un ególatra y un arrogante de mucho cuidado. Yo ya era ambas cosas, así que todo empeoró. Y lo odiaba todo. Todo me parecía mal. No entendía por qué no me salía nada bien, por qué iba dando bandazos, y por qué otros que, a mi entender, no lo merecían, se cubrían de éxito. Me burlaba de lo que yo consideraba que era estúpido. Pensaba que conocía la verdad.

Me gustaría pensar que ahora soy un poco más compasiva y equilibrada. Desde luego tengo muy claro que no conozco la verdad. Muchas de las cosas que pensaba que eran incontestables resultaron no serlo. Mucho de lo que creía que era cierto resultó solo serlo a medias.truth-166853_640

Y a lo mejor llega mañana una civilización alienígena muy avanzada y nos dice que el agua no hierve a 100 grados centígrados, que lo estamos midiendo mal, o que el calor es una percepción subjetiva que no entenderemos nunca. Tal vez el agua ni siquiera exista, y todo esto sea un sueño de Antonio Resines.

Por si acaso, le doy a todo el beneficio de la duda.

Me gustaría no pronunciar sentencias, no afirmar nada; lo intento, aunque es difícil, y con frecuencia se me olvida y eso me hace sentirme mal, porque sé que solo me conduce a la cabezonería y al egocentrismo de nuevo. Por mucho que investigue y me documente sobre algo, es posible, muy posible, que me equivoque. Busco a personas que sepan mucho de algo, las escucho y leo e intento asimilar y aprender de ellas, en vez de sentir envidia y rencor como antes. Antes solo me preocupaba de enseñar, de compartir mi limitada verdad. Todavía lo hago, es una costumbre que cuesta quitarse. Me gustaría no juzgar a otros (¿qué sé yo, en el fondo, sobre sus decisiones y experiencias?) y eso también es muy difícil. Basándome en lo aprendido, intento tomar decisiones. Y eso es lo más difícil de todo. Pero decir, como Sócrates, que solo sabes que no sabes nada es tremendamente liberador. 

Así que cosas como Beeminder y las metas a largo plazo ayudan. Porque una vez tomadas las decisiones de lo que quieres y necesitas hacer, no tienes que seguir gastando energía mental en su realización diaria, (lo que, en el fondo, puede ser otra forma de procrastinación, y siempre es agotador).

Vamos con lo que ha estado pasando en las últimas semanas:

1. Escribir mi novela. Como pudisteis leer aquí en el blog y por todos lados, HE TERMINADO LA NOVELA. Bueno, queda corregir, así que ahora estoy contando las palabras corregidas para asegurarme de que me pongo a ello, que corregir mis propios escritos siempre me da mucha pereza (ES MUY DIFÍSIL).
-Palabras escritas y corregidas desde el 1 de junio (cuando empecé el desafío anterior): 97690 palabras.
-Palabras por corregir antes del 1 de diciembre: 27310 palabras.

2. Hacer ejercicio. He vuelto a la piscina y sigo nadando y nadando y nadando. Voy haciendo pocos largos y sumando de forma paulatina, para evitar el típico ataque de dolor de rodillas, tobillos, loquesea que luego me deja fuera de combate, y parece por ahora que eso funciona.

-Minutos desde el 1 de junio: 3955.

-Minutos por hacer antes del 1 de diciembre: 55.


3. Enviar a concursos. Al final terminé el relato nuevo y ha quedado mejor de lo que esperaba. Falta revisarlo y enviarlo, que con suerte conseguiré hacer hoy mismo.


4. Leer. Sigo leyendo, aunque menos que antes. En mi horario actual tienen menos cabida las lecturas al sol de la mañana, así que estoy intentando encontrar otros huecos.

Minutos leídos: 2685 minutos.

Por leer: 315 minutos

5. Actualizar blog. Aquí me tenéis, de nuevo. Cada vez estoy más convencida de que compensan más los artículos largos y currados (como el de la semana pasada sobre cómo corregir tu propio libro, que funcionó muy bien) que hacer varias entradas cortas sobre mí misma, mi mismidad y mis metas. Sé que algunos seguís mi progreso y os lo agradezco, pero seguramente seguiré reduciendo las actualizaciones personales en favor de entradas más “útiles”, enfocadas sobre todo a escritores y lectores, y a personas interesadas en productividad en general. Vamos, que seguiréis viendo por aquí los gráficos de Beeminder, pero con menos frecuencia.

Actualizaciones hasta la fecha (desde el 1 de junio de 2014): 58

Faltan (antes del 1 de diciembre): 14

Metas nuevas:

Y ahí van todas las demás:

a) No usar Facebook ni Twitter fuera de horario

b) Acordarme de apuntar mis gastos e ingresos conformen suceden, para evitar luego quebraderos de cabeza intentando cuadrarlo todo.

c) No beber en casa.

d) Nuevo proyecto de escritura compartido.

Y aquí os dejo los enlaces que más me han llamado la atención de este último par de semanas:

  1. Una interesante explicación a por qué no vemos nuestras propias erratas, de Isaac Belmar en Hoja en Blanco.
  2. Una maravillosa entrada de James Clear sobre qué es el sisu y cómo podemos aplicarlo a nuestra propia vida. A mí me ha emocionado (en inglés).
  3. No había visto esta entrevista de una de las editoras de Fata Libelli a China Miéville, centrada en los misterios de la traducción.
  4. Recursos para escritores que ni se me habrían ocurrido: Canal Nostalgia nos enlaza bancos de imágenes donde encontrar inspiración para nuestros personajes.
  5. Tatuajes que os dejarán con la boca abierta: El arte de Elvin Tattoo. Impresionante.

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Diez trucos para levantarse temprano

octubre 20, 2014 — by Gabriella22

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“El secreto del éxito es levantarse temprano, trabajar hasta tarde y encontrar petróleo” (cita de John D. Rockefeller en The Economist).

Suena el despertador.

Abres los ojos, sales de un maravilloso sueño sobre flores y mariposas y pezones y champán (eh, no juzguéis mis sueños), con el cuerpo muerto y el cerebro lleno de pensamientos homicidas hacia ese terror que es tu móvil/alarma/gato/lo que sea.

Y te preguntas, una vez más, por qué no puedes ser como tu amigo X, que se levanta de un salto con felicidad y energía, porque tú tienes el síndrome de la fase del sueño retrasada o cualquier cosa parecida y tu mente no empieza a despertarse hasta mediodía.

Bienvenidos a mi vida. O más bien a lo que era mi vida.

Es algo contra lo que he combatido siempre. Daba igual que fuera para ir a clase, a trabajar, donde fuera: era incapaz de levantarme a la hora necesaria. Siempre desperdiciaba la mañana, o llegaba tarde o cosas peores. Hasta ahora, claro.

Ahora, un 70% de las veces me levanto antes de las 8 de la mañana. El 30% restante ocurre cuando salgo, o me acuesto tarde, o estoy de viaje y vuelvo a las viejas costumbres y acabo levantándome a las once o peor. Pero para mí ese 70% ya es un gran logro. Y ese 30% me deja muy claro que lo de levantarse temprano es, más que nada, un hábito que se une a otros hábitos. Vamos, que si hago algo fuera de lo normal (salir, beber por la noche, acostarme tarde, ir de viaje, dormir con otra persona, beber cafeína después de la hora de comer), es inevitable que recaiga en las malas costumbres.

¿Y cómo he llegado a ese maravilloso 70%? Siguiendo estos trucos. Cuando no los sigo, me levanto a las mil y me siento culpable, poco productiva y, ante todo, cansada. Espero que os sirvan de alguna ayuda, para mí han sido utilísimos, y son fruto de años y años de prueba y error. Muchos los habréis escuchado y visto por ahí miles de veces, pero estos son los que veo que realmente funcionan:

1. Haz algo que te guste a primera hora

Esta no la encuentro nunca en las recomendaciones para madrugar, y para mí es el consejo definitivo. Me di cuenta de que me levantaba tarde porque la idea de levantarme y enfrentarme a un nuevo día era mucho menos apetecible que quedarme en la cama soñando calentita. Así que busqué algo que me apeteciera mucho y era lo primero que hacía por la mañana. OJO: Esto sirve para crear el hábito de levantarse temprano. No es recomendable seguir utilizándolo a largo plazo, porque no es muy productivo; pueden ir cambiándose las actividades una vez se establezca el vínculo mental de levantarse=placer. Si te pones a hacer algo que te gusta, caes en el peligro de quedarte demasiado tiempo haciendo ese algo que te guste, y dejas de lado otras tareas. La idea es dar con algo que no solo te guste, sino que te espabile, como leer en el exterior (la luz del sol te activa) o hacer algo de ejercicio que disfrutes (dar un paseo, hacer yoga, etc.). En mi caso, empecé jugando a algún videojuego, de ahí pasé a leer al aire libre y, ahora que me levanto aún más temprano y el sol todavía no ha asomado, me pongo a escribir en cuanto puedo. Eso sí, con una taza de mi té favorito. Lo importante es que con lo de los videojuegos establecí el hábito, uní la idea de levantarme con la de hacer algo que me gustase.

2. Pon el teléfono o reloj muy lejos

Este seguramente lo habréis escuchado ya, pero es que funciona. Tener que levantarte para apagar el despertador te espabila, y hay menos posibilidades de que vuelvas a acostarte. Eso sí, si regresas a la cama, es fundamental que no te lleves el móvil o la alarma porque entonces acabarás dándole al…

3. Snooze

Ese botón de “avísame de nuevo en 5 minutos”. NO. NUNCA. Es el mal. Si crees que esta es tarea imposible, tengo una buena noticia: puedes practicar hasta conseguirlo. Como por las mañanas no regimos y hacemos las cosas de forma automática, le damos a ese botoncito sin pensar siquiera. Pero puedes ensayar mediante siestas de media hora justo después de comer, que sientan fenomenal. Después de media hora todavía no estamos tan dormidos como nos ocurre a primera hora de la mañana, así que podemos “practicar” a despertarnos y a levantarnos de un salto, sin que haya botoncito que valga.

4. Antes de dormir, piensa en lo que quieres hacer al día siguiente

Puedes incluso escribir una lista. Esto es útil para quitarte preocupaciones por la noche y dormir mejor, y le mandas un mensaje a tu cerebro de que al día siguiente tiene que estar alerta. Por la mañana somos muertos vivientes, pero tu cerebro tenderá a obedecer esa “orden” previa de forma automática si no haces nada consciente por detenerlo (como volverte a la cama).

5. Duerme suficiente

Parece una obviedad, pero hay montones de estudios y estadísticas que demuestran que la mayoría de la gente no duerme tanto como necesita. Algunas personas tienen suficiente con 6 horas, otras con 9 (varía según el día, el nivel de actividad física, emocional y mental, etc.). Seguramente ya sabes cuánto tiempo necesitas para levantarte despejado. Respeta tu hora de acostarte y pide a los demás que hagan lo mismo.

6. No uses el ordenador/tablet/móvil antes de irte a la cama

Esto me cuesta, pero siempre noto la diferencia. Si he estado viendo alguna serie antes de dormir no consigo conciliar el sueño, y cuando lo consigo la calidad de mi sueño es inferior. Me levanto zombi perdida. Nuestro cerebro interpreta la luz de una pantalla como si fuera luz de día, y cree que todavía no es hora de irse a dormir. Cuesta más dormir, se tarda más en entrar en las fases adecuadas de descanso, y por tanto cuesta más despertarse. Editando: me comentan por Facebook que existen programas que modulan la luz de las pantallas para adaptarse al ritmo lumínico natural. Para Windows/Mac/ios el más conocido es Flux https://justgetflux.com/ y para Android, Twilight https://play.google.com/store/apps/details. Gracias a Moisés Cabello por el soplo.

Recuerda, amiga, la cama es solo para dormir y para posar desnuda con querubines.
Recuerda, amiga, la cama es solo para dormir y para posar desnuda con querubines.

7. Usa la cama solo para dormir y para sexo

Esto también lo había oído por ahí, y nunca le había hecho mucho caso, pero hace poco se nos quedó una habitación libre en casa y la uso solo para dormir (mi dormitorio es también mi oficina y salón, básicamente, así que la diferencia ha sido impresionante). Es preferible intentar usar otras habitaciones para trabajar, ocio y etc., y dejar el dormitorio solo para actividades relajantes.

8. Los consejos de siempre

Cena ligero y temprano, no bebas agua justo antes de dormir, no tomes alcohol (te ayuda a quedarte dormido pero reduce la calidad del sueño), no te eches siestas largas, etc. Todas esas cosas que nos han dicho desde niños pero a las que no solemos hacer mucho caso. Funcionan, sobre todo si se unen a las recomendaciones anteriores.

9. No le pongas un sonido horrible a tu alarma

Si usas tu móvil, busca algún tono suave que vaya en aumento o pon una canción que te guste. Es mucho más efectivo despertarte con un sonido que te agrade que odiar ese chirrido insoportable (aunque el primer par de veces ni oigas el despertador). Por no hablar del susto si estás en sueño profundo. Alguien que yo me sé usa la banda sonora de Juego de tronos a todo volumen y lo de levantarme con el corazón saliendo por la boca no es algo que me agrade, en absoluto.

10. Empieza a definirte como una persona que madruga

Deja de compartir fotos graciosas de Garfield con cara de asco por la mañana. Deja de decir que odias levantarte temprano. No haces más que decirle a tu cerebro que no eres capaz de madrugar y tu cerebro acaba creyéndote. Empieza a tomarte en serio tu higiene de sueño. Al fin y al cabo, es a lo que nos dedicamos durante un porcentaje inmenso de nuestras vidas.

Hay personas que abogan por seguir su propio ritmo biológico, levantarse y acostarse con el sol y etc., y pasar del despertador. No digo que esto no le funcione a algunos, pero también está el peligro de que al cuerpo le encanta dormir, y cuanto más sueño le des más sueño te va a pedir. Y dormir 14 horas diarias tampoco es bueno. Sí que es cierto que, una vez instalados hábitos profundos de sueño, uno se despierta sin necesitar del despertador. Lamentablemente yo todavía no he alcanzado ese nirvana del madrugador, seguramente por ese maldito 30% que todavía me persigue.

¿Os han servido de algo estos puntos? ¿Cuáles son vuestros trucos para madrugar y aprovechar la mañana? No dejéis de contármelo en los comentarios.


Editando a 17/06/15: Siguiendo todos estos trucos, diría que ahora mi porcentaje ha subido al 80% o más (aunque siempre se va a tomar por saco cuando viajo, por las razones comentadas en este artículo). Recomiendo también que le echéis un vistazo al artículo sobre el tema de Gananci, que da un par de puntos más con los que estoy muy de acuerdo.

Cada vez estoy más convencida de las ventajas que me aporta levantarme temprano. Si no hago las cosas importantes por la mañana, por la tarde hay menos posibilidades de que las complete, ya que mi fuerza de voluntad es muy inferior (por ese fenómeno llamado ego depletion, por el que nuestras reservas de voluntad se van agotando a lo largo del día). A primera hora leo, escribo, hago ejercicio y hago las tareas que implican mayor esfuerzo y concentración.

Madrugar para mí significa siempre una multiplicación bestia de productividad, aunque me lleve horas despertarme por completo. Mis mejores días son aquellos en los que me levanto a las seis de la mañana. No tenéis que ser tan brutos como yo, pero considerad qué podríais ganarle al día levantándoos un poco antes. Para aquellos que trabajamos desde casa y no contamos con estructuras rígidas de trabajo impuestas desde el exterior, la disciplina y aprovechar el tiempo que tenemos es fundamental.

Cada persona es un mundo y tiene sus ritmos. Sí, es posible que madrugar no sea para todo el mundo ni ofrezca a todos las mismas ventajas. Pero yo diría que merece la pena probarlo un par de meses. Siempre había pensado que era de esas personas que nunca podría levantarse temprano (ni querría), pero me di cuenta de que solo era cuestión de paciencia y tesón. Puedo decir que, como escritora, es uno de los mejores hábitos que he podido desarrollar.

Recomiendo acompañar este artículo de las reflexiones de Michael Nobbs sobre el tiempo para escribir y tomar una taza de té. Madrugar me ofrece tranquilidad, no tener que andar con prisa para llegar a algún lado o entregar algún encargo. Para mí, ese par de horas para las tareas más importantes del día, cuando todo está callado y el mundo duerme, son un verdadero regalo.

 


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