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No puedo vs. no quiero

septiembre 4, 2012 — by Gabriella0

Una de las cosas más importantes que he aprendido realmente en este último par de años es que existe una diferencia muy grande entre el “no puedo” y el “no quiero”. A primera vista la diferencia está muy clara, pero solo hace poco tiempo que he aprendido a realmente asumir la distancia tan grande que hay entre una cosa y otra.

“No puedo” solía ser mi excusa favorita. No puedo perder peso, mi metabolismo es lento y mierdoso (que lo es, pero ya veis que eso no ha sido impedimento suficiente). Con frecuencia tendía a asociar los obstáculos grandes con la imposibilidad. Esto implica demasiado esfuerzo, ergo no es posible. Mi metabolismo es lento y mierdoso, ergo no puedo perder peso.

Como dicen los ingleses, caca de vaca. Tengo más difícil que otras personas perder peso, sí. Con las calorías que ingiero un alto porcentaje de la población habría perdido el doble de peso que yo. Hasta me han hecho pruebas por si tenía problemas de tiroides (¡pero no!). Mi metabolismo está tan hartico de tanta dieta milagrosa y cambios repentinos de alimentación que ya no se fía, y cada caloría que entra la hace durar, la guarda con recelo por si vienen nuevos tiempos de carestía. Cada atracón es grasa que hay que acumular para cuando llegue la dieta estricta de nuevo. Mi cuerpo no piensa en estar esbelto, piensa en no morirse de hambre, y guarda todo lo que puede. No digo que esta sea una explicación científica fiable al 100%, pero es una teoría que utilizan algunos dietistas para explicar las dificultades que tienen algunos para adelgazar cuando llevan muchos años cambiando de peso y de alimentación de manera continua. No sé si será cierta pero me parece muy divertida.

En cualquier caso, no es que no pudiera perder peso. Es que no me daba la gana. No quería sacrificarme, cambiar mis hábitos, tener que pararme a pensar en otras maneras de aliviar el estrés y la ansiedad que no fuera comiendo a mansalva. Porque esa es otra, si aparte de modificar nuestros hábitos de alimentación tenemos que pararnos a pensar en toda la carga emocional que hay detrás de lo que comemos, mejor apaga y vámonos, que tenemos para escribir varios libros.

Con el alcohol, más de lo mismo. No puedo dejar de beber. Claro que puedes, lo que pasa es que no quieres. En el fondo lo disfrutas demasiado, te niegas a dejarlo ir. Darme cuenta de eso fue bastante duro, os lo aseguro. Es más fácil pensar que tienes un problema, una condición, a que eres una inútil sin fuerza de voluntad.

Aplíquese a cualquier faceta de tu vida. No puedo decirle esto a esa persona, aunque es necesario (claro que puedes, lo que pasa es que estás acojonada y eres una cobarde). No puedo decirle que no a este proyecto aunque lo odie y me esté asfixiando (claro que puedes, lo que pasa es que consideras que necesitas el dinero y no quieres). No puedo dejar Facebook y Twitter de lado para aprovechar mi día (esta es complicada, lo sé, pero es posible si tiras de programas que bloquean determinadas webs en los horarios que les marques, como hace Chrome Nanny). No puedo deshacerme de todas estas cosas que no me hacen falta porque… ¿y si me hacen falta? Con frecuencia la distancia entre la potencia y la acción es tan inmensa que parece inabarcable. Pero ya hay bastantes límites, bastantes cortapisas a nuestro alrededor para todo para que encima pongamos también los nuestros. A veces es como si quisiéramos que el poco control que tenemos sobre nuestra vida fuera entregado a fuerzas etéreas y poderosas, para que sean ellas las que se responsabilicen de nuestras acciones. No puedo ir al cine hoy porque Pinkie Pie me lo impide. ¿A que suena ridículo? Hmm.

Hay que ser realista, claro. No puedo tirarme de un decimoctavo piso y sobrevivir. Eso ya no es cuestión de querer, es que hay leyes físicas y tal. Pero conforme le vas cogiendo el truco es sorprendente la cantidad de veces en que te das cuenta que puedes sustituir ese “no puedo” por “no quiero”. Y oye, decir de vez en cuando “no es que no pueda, es que no me apetece nada” tampoco tiene nada de malo, siempre que no sea algo habitual (y no hablemos ya del “no es que no pueda, es que no me interesa”, que obtiene puntos dobles por sinceridad y por clutterfuck emocional; ni del “no debo”, que ya es otro tema completamente distinto). Por lo menos estás reconociendo que la limitación es tuya. Y si los obstáculos grandes pueden cambiarse por otros pequeños, es recomendable hacerlo. Ante todo, conciencia y responsabilidad. Menos excusas. Hazlo ahora. Hazlo ya. Porque puedes.

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Imagen por cortesía de wakefielddavid en Flickr mediante licencia Creative Commons.

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De regreso y clutterfuck días 23 y 24. Reflexiones sobre el próximo reto.

septiembre 3, 2012 — by Gabriella2

Actualizo solo para haceros saber que ya estoy de regreso y que todo vuelve a su rutina habitual. Este viaje ha sido bastante más tranquilo y mi peso vuelve a estar de nuevo bien encarrilado. A ver si este mes puedo empezar a perder de nuevo (en los días prerregla es difícil saberlo ya que se aumenta algo de peso por retención de líquidos, pero todo parece indicar que sí).

En cuanto al clutterfuck, lo retomo donde lo dejé. Para los días 23 y 24 del desafío le tocó su turno a una camiseta que está hecha polvo pero que me resistía a abandonar, y un neceser que me sobraba y que había estado guardando por alguna razón extraña que solo conocerá mi subconsciente:

En lo que se refiere al desafío siguiente, ya que me queda menos de una semana para terminar éste, le he estado dando bastantes vueltas. Tengo ganas de concentrarme en el tema del ejercicio, pero tengo algunos problemas de salud que tengo que resolver antes de poder comprometerme a fondo con algo diario a nivel físico. Estos problemas se resumen en una astenia que llevo arrastrando desde la primavera, que hace que mínimo tres de cada siete días me los pase con la energía en negativo, incapaz de moverme ni de hacer casi nada. Es increíblemente frustrante y ya lo he probado todo: cambio de patrones de sueño, de alimentación, etc., etc., etc. Durante un tiempo funcionan, pero al cabo de poco vuelvo a recaer en esta ausencia de energía absoluta. Mi médico, cuya respuesta para todo es que soy muy rara (y sí, sigo con fantosmia también, aunque ya solo de manera ocasional) me hizo un análisis de sangre pero los resultados daban que tengo una salud estupendísima y envidiable y me mandó de vuelta a casa sin molestarse en hacer nada más al respecto. Así que una de mis metas más importantes de esta semana es cambiarme de médico e intentar obtener mejor ayuda profesional. Estar horriblemente cansada la mitad del tiempo no tiene gracia ninguna, sobre todo cuando quieres hacer tanto.

Como tengo que aparcar parcialmente lo del ejercicio por ahora (sigo haciendo la tabla de la que os hablé, pero menos de lo que querría, del mismo modo que mi actividad física en general se ha visto bastante reducida)., estoy evaluando otras opciones para el siguiente desafío. Muchas veces la falta de energía es un síntoma de ansiedad, y sí que es cierto que desde que dejé la meditación a un lado la ansiedad se está convirtiendo de nuevo en un bicho poco manejable. Así que volver a los 30 días de meditación que me propuse en su momento pero que no conseguí me parece una opción muy atractiva. Por otro lado, hay otro reto que me llama mucho y que, por razones variadas, me convenía hacer este mes, y es el de escribir los sueños. Necesito bastante material para una narración de carácter onírico, y no hay mejor sitio donde encontrarlo que en la oniria propia. Lo de apuntar lo soñado es algo que me gusta, y que he hecho alguna vez, por muchos motivos (entre ellos, disfruto reconociendo patrones o incluso identificando representaciones subconscientes). No creo que sea buena idea hacer dos retos a la vez, y en principio creo que la meditación tiene más relevancia ahora mismo. Así que creo que a partir del lunes 10 de septiembre será en lo que me concentraré. Si alguien está interesado en apuntarse para hacerlo juntos (ya sabéis, seguirnos por internet, animarnos mutuamente y todas esas cosas) que me lo diga. Yo utilizo una meditación muy básica, pero a partir del 11 de septiembre hay una serie de meditaciones guiadas disponibles de manera gratuita en Internet, así que es posible que pruebe alguna (ojo, están en inglés. Me han llamado la atención porque son de estilos y formas de pensar muy distintas entre sí y las meditaciones guiadas pueden ser muuuy relajantes. Ya os comentaré qué tal están). Si alguien se presta a hacer el reto de 30 días conmigo está claro que podrá llevarlo a cabo como él o ella quiera, con la duración diaria que desee y el método que prefiera.

Para aquellos que desconfíen de la meditación en general, yo lo veo simplemente como una manera de relajar cuerpo y mente, algo que a mí personalmente me resulta muy necesario. Prefiero la práctica simple y básica, en este artículo hablé de cómo lo llevo a cabo y por qué me resulta beneficioso.

También tengo otra meta personal para este mes de septiembre que empieza. Durante el verano no he podido hacer gran cosa de Miss Cristal, sobre todo he estado centrándome en los encargos, pero lamentablemente estos son poco rentables, debido al tiempo que inviertes en comunicación con el cliente, fotografía de muestras, buscar los materiales necesarios, etc. Tengo poco stock gracias a unas cuantas ventas grandes que hice antes del verano. Así que este mes quiero concentrarme en llenar otra vez la tienda y en vender todo lo que pueda. Quiero ver cuánto puedo conseguir a lo largo del mes.

Editando clutterfucks ajenos: Ropa que no se usa, revistas viejas de cocina y decoración.
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Imagen: FreeDigitalPhotos.net

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Cómo reiniciar tu aburrida existencia en 7 sencillos pasos: el diagrama de tu vida.

agosto 3, 2012 — by Gabriella2

DISCLAIMER: He dudado mucho sobre si publicar o no este post. Quería compartir un ejercicio analítico que a mí me ha sido de mucho ayuda y me ha venido bien, seriamente, para espabilar, analizar mi vida y desarrollar planes de acción que están resultando, por ahora, bastante eficientes. No pretendo guiar a nadie ni dar lecciones de nada. Solo quiero compartir algo que considero que puede ser de utilidad. Si hay alguna persona por ahí que está igual de desamparada y perdida como yo lo estuve en su momento, tal vez esto pueda servir de motivación.

AVISO: Para que este método funcione se exige una honestidad absoluta con uno mismo. Si esto significa que entre paso y paso tienes que tomarte un buen rato para reflexionar sobre lo que realmente buscas y quieres, tómatelo. Por otro lado, es posible que no le funcione a todo el mundo, pero creo que puede ser un buen ejercicio de base para averiguar más sobre uno mismo.

Si bien me he inspirado en numerosos blogs, manuales y chorradas varias para elaborar esta enumeración (en cuanto a la actitud y forma de ver las cosas y analizarlas), la estructura y proceso del diagrama sale de mi cabecita desordenada. Lo cual no quiere decir que no se les haya podido ocurrir a otros también, claro, al fin y al cabo es muy sencillo. En mi experiencia personal, dediqué bastante tiempo a concentrarme solo en algunos sectores de este diagrama, sin orden, e hice las cosas un poco a lo loco, lo cual no está mal pero acaba siendo poco eficiente. Yo diría que lo que mejor funciona es concentrarse en las áreas más problemáticas e ir microtarea por microtarea, reelaborando el diagrama cada cierto tiempo, ya que nuestra forma de ver las cosas va cambiando. A mí este esquema me ha venido de perlas y es al que acudo siempre que me encuentro un tanto perdida.

1. Dibuja varios círculos con los “sectores” más importantes de tu vida. Podrías poner, por ejemplo, “vida social”, “vida laboral” y “salud”.

2. Haz salir de cada círculo una flecha que apunte a otro círculo más pequeño con subsectores. Por ejemplo, en vida social podrían estar amigos, familia y amantes. En vida laboral, trabajo y dinero. En salud, dieta y ejercicio. Por supuesto cada caso es único y los subsectores pueden variar según lo que sea más importante para ti (a lo mejor en salud tendrías un subsector especial si padeces alguna enfermedad crónica, por ejemplo). Intenta generalizar lo más posible, ya llegaremos a lo específico.

3. De nuevo, haz salir de cada subsector una flecha que apunte a un sub-subsector. Por ejemplo, dentro del subsector “dinero” podrías poner “deudas”, “ingresos” y “gastos”. Aquí os dejo un ejemplo de qué pinta tendría el gráfico (por supuesto los datos los elegís vosotros, esta es solo una idea):

4. Repite de nuevo el proceso, si es necesario, creando más subconjuntos en otro nivel vertical. Si crees que con el paso 3 lo tienes todo cubierto, párate ahí.

5. Ahora viene lo más entretenido. A cada sub-subsector le tienes que poner nota, del 0 al 10, siendo 0 un descontento absoluto con tu vida actual en ese sector y 10 una satisfacción absoluta. Nadie va a leer este diagrama así que puedes ser completamente sincero, hasta contigo mismo.

Si tienes un 10 en algún apartado, enhorabuena, hay una sección de tu vida que te llena como persona. Esta sección es tu fuerza principal, es posible que ya acudas a ella en momentos difíciles o desconcertantes (y si no lo haces, pruébalo. Ayuda).

¿Y si tiene un 8 o un 9? Pues lo mismo, hay un apartado de tu existencia que te llena de orgullo. Podrías hacer algo por mejorarlo, pero casi mejor concentrarse primero en lo malo.

A efectos prácticos, en cuanto al resto de cosas, da un poco igual que hayas puesto un 0 o un 7. Tanto el 0 como el 7 implican que hay algo que no está a tu gusto, al que no estás dándoselo todo, y que por tanto necesita mejorarse, renovarse o directamente ir a la basura.

Bueno, ya tenemos el esqueleto del método, ¿cómo llegamos a la solución?

La solución se halla en la fragmentación, en hacer cada cosa más y más pequeña hasta llegar a una tarea u objetivo con el que podamos lidiar. A veces las soluciones son grandes y evidentes (por ejemplo, en una relación de pareja donde la nota sea un 2, está claro que hace falta o bien una ruptura o bien un replanteamiento completo de la relación), otras veces necesitan de mucha microgestión para llegar a alguna parte. Por cierto que las soluciones grandes y evidentes suelen ser las que nos negamos a ver.

Os pongo otro ejemplo con el gráfico que os mostré antes. Dentro del sector “Salud”, uno de los subsectores era “general” y dentro de éste estaba “Vicios”. Imaginaos que a a “Vicios” le habéis dado un 4: es evidente que se trata de un aspecto de vuestra vida que queréis mejorar. Al desarrollar el subsector se añadió (en este gráfico de muestra que para nada se basa en mi propia vida, ejem) otro más, el del abuso de alcohol. A continuación se detallan ideas para alcanzar la meta relacionada con ese subsector, que será no beber tanto, o incluso dejar de beber. Fijaos que incluso estas ideas se podrían fragmentar (dentro de “evitar a personas y lugares” se podrían indicar personas y lugares concretos). También se asignarían periodos de tiempo durante los cuales se intentará habilitar la costumbre o hábito necesario para alcanzar la meta:

Se trata, al fin y al cabo, de desmenuzar los sectores hasta dividirlos en pasos pequeños, cada vez más concretos, que podamos llevar a cabo poco a poco. Esto no es nada fácil e implica mucho autoanálisis y reflexión. Así que ahora viene lo más complicado:

6. Analiza cada miniapartado y piensa cuáles son tus objetivos. Es importantísimo que los objetivos sean reales, que vengan de tus aspiraciones reales, no de imposiciones sociales o externas sobre cómo deberías comportarte o cómo deberías ser. Para esto ayuda mucho tener muy claro cuál es tu propósito en la vida, pero claro, esa es otra historia. Si no lo sabes, tal vez el diagrama te acabe ayudando: aquellos sectores a los que apliques verdadera pasión en intentar mejorarlos (pasión sincera, no vale querer ser millonario simplemente porque se supone que ser millonario mola) estarán íntimamente relacionados con lo que eres y a lo que aspiras.

7. Desarrolla un plan de acción para cada objetivo. Por ejemplo, imagínate que dentro del apartado “familia” tu objetivo es pasar más tiempo con los tuyos. Deberás averiguar cómo puedes quitarle tiempo a otras cosas, a lo mejor menos importantes, para poder pasar más tiempo con ellos; o a lo mejor te puedes marcar la meta de hacer una salida familiar una vez a la semana; o tal vez pretendas ser más cariñoso, para lo que te pondrás como objetivo tener algún gesto de afecto con algún familiar en concreto cada par de días. Como veis, se trata de planes de acción muy sencillos, pequeños y realistas. Esto último es fundamental, no sirve de nada marcarse como objetivo “estar más con mi familia”, porque al cabo de unos días el mundo real se habrá apoderado de ti y habrás olvidado tu propósito. Crea la meta y desarrolla un hábito. Dale 30 días, o 7, o 45. Mira a ver qué te hace sentir y piensa si merece la pena. Esto último también es muy importante porque si nos obligamos a hacer algo todos los días enseguida nos damos cuenta de si la meta nos importa lo suficiente o si es más bien alguna obligación sin sentido que nos hemos impuesto por factores externos o por algún tipo de inseguridad personal. Si no encuentras un plan de acción para un sector, sigue fragmentándolo, dividiendo en partes más manejables. Una relación de pareja jodida no se arregla con una decisión, ni con la promesa de querer más o portarse mejor, del mismo modo que dejar de fumar va un poco más allá de “venga, este es el último”.

Se llevará a cabo un miniplan de acción a la vez. Concéntrate en el sector que crees que necesita de más atención y elige tu meta. Una vez conseguida, pasa a otra (si hay alguna que no consigas de ninguna manera, piensa si has elaborado bien el plan de acción, o si has definido la meta de forma realista). Si algo sale mal, vuelve a analizar el tema y enfócalo de otra manera: vuelve a empezar. Hay que cagarla mucho para aprender y que las cosas salgan realmente bien. La paciencia en este ejercicio es fundamental.

Ten en cuenta que este diagrama cambiará a lo largo del tiempo, conforme tus prioridades cambien (y es muy posible que tengas que rehacerlo de vez en cuando, y cada vez que lo rehagas te darás cuenta de que la vez anterior no fuiste del todo sincero o realista. Darse cuenta de lo que uno quiere y necesita vs. lo que se supone que tiene que querer o necesitar es jodidamente complicado).

Este diagrama está pensado con un objetivo en mente: la felicidad, que suele acompañar a la autorrealización. Y la felicidad no estriba en conseguir todo lo que te propones. Habrá metas que no consigas. Por ejemplo, si tienes una enfermedad mortal e incurable, está claro que por muchas metas que te propongas lo más seguro es que vayas a morir igual. Pero aquí lo que falla es el enfoque. Tu meta no es no morirse, eso queda descartado. Tu meta es aprovechar al máximo el tiempo que te queda y ser lo más feliz que puedas hasta que mueras. Que es, básicamente, la misma que tenemos todos.

Queda claro que a todo esto le acompaña una voluntad de cambio. No sirve de mucho decir “estoy muy gorda” y negarse en absoluto a cambiar los hábitos diarios de comilonas hobbit y vida sedentaria. No hay soluciones milagrosas. Pero sí que hay pequeñas modificaciones que poco a poco y con mucha paciencia pueden tener resultados milagrosos. Y ante todo, mucha flexibilidad y la mente abierta. Que planear las cosas ayuda mucho pero la vida se encarga de lanzarnos sorpresas que hacen que tengamos que deshacer los planes y rehacerlos una y otra vez. En cualquier caso, yo diría que el diagrama es muy útil para lo que dice el título, para espabilar, para dejar de una vez el “lo pensaré mañana”, analizar realmente qué es lo que falla, qué es lo que nos hace infelices, y poner los medios para arreglarlo.

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Imagen via fdecomite por licencia Creative Commons.

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Un mal día

julio 13, 2012 — by Gabriella0

NOTA: Esta entrada es libre de imágenes gracias a una conexión terribilis con Telefónica. Disculpen las molestias de tanto texto junto.

Hoy ha sido un día de esos que a veces me gusta definir como “de mierda”.

A mí el calor me afecta, mucho. Me drena por completo. Será por mi genética, por mis orígenes, por mi tipo de piel (de esas pieles que pasan directamente del blanco nuclear al rojo langosta). Nunca he sido la persona más energética del mundo, pero en los últimos meses he tenido serios problemas de astenia. Mi médico, tan eficiente él, dice que es que soy rara, y tras realizarme una analítica con resultados perfectos (parece ser que estoy sanísima) me manda de vuelta a casa con una metafórica palmadita en la espalda. Yo pensaría que hay cosas que una analítica sencilla podría no detectar, pero quién soy yo para discutir. En cualquier caso no parece que tenga ninguna carencia nutricional, que era mi principal preocupación por el hecho de haber cambiado mi alimentación (si bien esta es ahora mucho más sana y completa que antes).

Conseguí solucionar el problema, por lo menos de forma temporal, metiéndome unos zumos naturales de aúpa por las mañanas, inspirándome en la moda crudivegana, que suele tener resultados muy energéticos (he reducido bastante la ingesta de carne, lácteos y de comida cocinada en general) y dejando la cafeína, que crea un círculo vicioso de subida-bajada de energía que prefiero evitar. Funciona, pero creo que el calor puede más que la fructosa y las espinacas y este último par de días me han visto arrastrándome por las esquinas en plan cortesana de la Bella Durmiente. Y con cortesana quiero decir miembro de la corte, no prostituta de altos vuelos. Si fuera prostituta de altos vuelos tampoco tendría energía para satisfacer a mis clientes, así que estaríamos en las mismas.

No tener energía para hacer todo lo que quiero hacer siempre me desanima mucho, sobre todo si son varios días seguidos. Se convierten en patrones de abulia de los que luego me cuesta desperezarme, y que me dan la sensación de que no avanzo. Pero por la mañana he ido a darme una vuelta (bajo un sol de justicia) para estirar las piernas durante una media hora, y por la tarde-noche he hecho la tabla de ejercicios de rigor. Y he trabajado, aunque no ha sido productivo en absoluto (mala conexión a internet que hacía que todo fuera a paso de tortuga; cosas de Miss Cristal que he tenido que deshacer porque no me convencían; un artículo para Lecturalia que he abandonado a medias cuando me he dado cuenta de que se trataba de un tema ya obsoleto y del que, de todas formas, sé poco o nada; una pelea ignorante con diferentes formatos de ebook; un entorno mediático de lo más deprimente donde, una vez más, la realidad tristísima del país en el que vivimos vuelve a hacerse patente… en resumen, mucho tiempo agotador que no me ha conducido a nada. Por si fuera poco me ha invadido una actitud negativa e infantil que he conseguido pagar con las personas que tengo a mi alrededor, algo que me irrita sobremanera). Por lo menos el paseo de la mañana sirvió para reorganizar mis ideas y poder escribir luego un nuevo artículo con alguna coherencia.

Hace un par de años esto sería impensable. Me habría pasado el día en la cama durmiendo o frente al ordenador con algún juego. Sabía que me era físicamente imposible hacer nada (ahora mismo, el simple hecho de teclear me resulta cansado), lo aceptaba y esperaba a que vinieran tiempos mejores. Ahora soy incapaz, debo seguir adelante aunque la gravedad amenace con aplastar a un cuerpo que se me antoja 5 veces más pesado de lo habitual. ¿Cuál es la diferencia? ¿Por qué hoy he trabajado, he hecho ejercicio, he respetado una alimentación sana en vez de darme un atracón o meterme una botella de vino autocompasiva en el cuerpo?

La respuesta está en la rutina, en el hábito. Mi cuerpo está ya tan acostumbrado a hacer ejercicio que le resulta más desasosegante la noción de no moverse, de no hacer nada, que el tener que hacer un esfuerzo superior al normal para moverse. Mi cabeza tiene ya tan asumida la idea de que tiene que avanzar, de que tiene que progresar en sus proyectos, que me resulta impensable pasarme el día metida en la cama (o en una oficina delante de una pantalla sin hacer nada de provecho). Por experiencia considero que ceder al agotamiento que proviene de la ansiedad y de la depresión solo sirve para producir más ansiedad y depresión. Por ello es fundamental mantenerse en movimiento, y no frustrarse con los pequeños fracasos, tal vez uno de los objetivos más difíciles de conseguir de entre los que me he marcado. Por no hablar de resistirse a la deliciosa botella de vino que se presentaba, tentadora, en la cocina de mi casa (¡prueba superada!). El vino, como hasta ahora: por copas escasas, con comida y fuera de mi domicilio. No hay nada como el alcohol para terminar de chuparte la energía, la alegría y las ganas de esforzarte.

En resumen: hay que aprovechar los días buenos (y los normales, y los tolerables, y los malos-pero-no-demasiado-malos) para crear hábitos que puedan llevarse a cabo durante los malos. Con esto no quiero decir que tengan que ser del todo repetitivos y llenos de reglas imperturbables. Personalmente me gusta dividir mis días en días de trabajo y días de asueto, que suelen tener una proporción 75% trabajo vs. 25% asueto. En los días de ocio soy más flexible con las reglas, sin pasarme. Durante los días de trabajo procuro adherirme a esa rutina que me permite sobrevivir a los días, como éste, de mierda. Y sí, hay días que tiro la toalla y me tumbo en la cama y no salgo de ahí excepto para comer y navegar por internet sin rumbo fijo. Pero nunca permito que sean más de uno a la vez, y cada vez son menos. Ya no hay espacio para días así.

El hábito se convierte de esta forma en un aliado en vez de en un peligroso enemigo. Sirve para todo: para comer, para trabajar, incluso para amar. Y el truco es elegir hábitos posibles, pequeños, que puedan llevarse a cabo de manera cómoda. No hace falta tirarse de cabeza a la piscina de la existencia perfecta, es suficiente con realizar pequeñas modificaciones a la rutina y al entorno.

Era de eso de lo que quería yo hablar, de los hábitos y de cómo implementarlos. Pero al final me he ido por las ramas y he acabado, como siempre, haciéndole honor al nombre del blog. Estoy segura de que sabréis perdonarme. Al fin y al cabo, he tenido un mal día.

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Rompiendo esquemas mentales

julio 9, 2012 — by Gabriella6

Hay situaciones desagradables que, si se prolongan lo suficiente, pueden llegar a parecernos normales. De este modo, creo que perpetuamos ciertas nociones en nuestra forma de pensar, ya que no concebimos que el statu quo pueda variar, que las cosas puedan ser de otro modo.

En mi caso estas nociones, como le ocurre a todo el mundo, son muchas, pero he tenido la suerte de poder identificar algunas. Dos de las más importantes eran las que se referían a mi estado de ánimo (hasta que comencé a tomar antidepresivos pensaba que estar deprimido era un estado normal, corriente) y mi aspecto físico, en el sentido de que comenzaba a resignarme a no poder perder peso nunca ni, lo que es más importante, sentirme medianamente saludable y a gusto con mi cuerpo.

En el primer caso recuerdo que a las dos semanas de tratarme mi vida dio un vuelco asombroso. Muchas personas prefieren prescindir de los antidepresivos porque les proporcionan una felicidad que consideran artificial. En mi caso particular, no fue así. Simplemente, empecé a sentirme normal. Sin ganas de llorar a todas horas. Sin ataques de ansiedad que me dejaban sin respiración por la chorrada más estúpida. Sin odio hacia absolutamente todo lo que me rodeaba, sin ganas de estrangular a conocidos, amigos y familiares. Y lo más importante, sin un absoluto desprecio hacia mí misma y mi propia existencia. No era felicidad, era ausencia de un sufrimiento que había ido creciendo cada vez más, probablemente ya desde la adolescencia. Empecé a ver con otros ojos a los demás. Ellos convivían con esta normalidad, con esta ausencia de dolor intenso, y ahora yo era como ellos. Esto era lo normal, no lo anterior. Haberlo padecido tanto tiempo me había hecho creer que era lo habitual, lo que le pasaba a todo el mundo.

Con el tiempo dejé los antidepresivos. Tenían efectos secundarios que no me gustaban y mi perspectiva ante todo había cambiado de forma radical, tanto que me sentía con fuerza suficiente como para abandonarlos poco a poco. De vez en cuando todavía aparecen días de esos feos, pero ya no son tan terribles por la sencilla razón de que sé que existe una alternativa. Sé que existe la ausencia de dolor, y eso proporciona una esperanza fundamental. Además, aunque las pastillas no me proporcionaban una falsa felicidad, sí que embotaban en cierto modo mis sensaciones. De hecho, la verdadera felicidad llegó después de dejarlas, al igual que un cúmulo de sentimientos, tanto buenos como malos, que había tenido subyugados. Y el sexo, ah, el sexo. Pocas cosas hay tan satisfactorias como follar cuando has dejado de tomar antidepresivos.

Algo parecido me ocurrió con la pérdida de peso. Creo que me había hecho ya una imagen de mí misma, bastante miserable, fea y enfermiza. Y no era porque tuviera sobrepeso, sino porque yo misma me consideraba así, en una eterna lucha entre la resignación y la negación. Culpaba al mundo por no aceptarme así, miserable, fea y enfermiza (y en cierto modo lo sigo haciendo), cuando la única culpa era mía por darme atracones de comida cada vez que algo me ponía nerviosa en vez de intentar atacar esos nervios de raíz, por beber en vez de enfrentarme a mis problemas, por dormir poco y mal para poder dedicar más tiempo a pasatiempos vacíos que no me aportaban nada, por no hacer ejercicio porque era más cómodo quedarme sentada. Desde hace poco de repente han empezado a tirarme los tejos más a menudo, me miran de otro modo por la calle. Me irrita, porque me hace pensar que antes no era así, simplemente porque no encajaba en un estúpido canon estético de delgadez. Pero cabe la posibilidad de que la responsable no sea la pérdida de kilos (que tampoco es que esté hecha una sílfide, solo con menos sobrepeso y en mejor forma), sino mi propia actitud para con mi cuerpo. Por primera vez en… no sé, tal vez nunca, hemos empezado a llevarnos bien. He empezado a cuidarlo. Le dejo dormir bastante. Le doy cosas buenas de comer. Apenas le doy alcohol (y cuando se lo doy le hago caso en cuanto empieza a quejarse). Lo muevo. Hasta he dejado de darle cafeína, y me recompensa de un modo sorprendente. Me responde con un estado de alerta mental y físico que no había tenido nunca. He dejado de usar cremas, potingues y base de maquillaje porque la piel reluce, brilla. Todos estos años echando montones de productos de belleza sobre una piel de mierda y resulta que en cuanto he empezado a comer mejor se han ido hasta las ojeras.

Por lo general nos agarramos a nuestros hábitos con una ferocidad sorprendente. Nos resistimos a los cambios que se nos antojan difíciles, que nos dan miedo, ponemos barreras para esos mismos cambios. Hay muchas nociones más que me intrigan, que quiero cuestionar, y creo que he pasado casi toda mi vida deteniéndome por el terror, por unas limitaciones que yo misma me imponía. Me quedan muchas por delante, pero creo que estoy dando pasos en la dirección adecuada. Es como si le dijera a mi entorno, a mi existencia: ¿qué otras cosas me has estado ocultando? Si he conseguido todo esto cambiando unos cuantos hábitos, ¿qué más cosas puedo conseguir? Son preguntas intrigantes y motivadoras.

Estos han sido, hasta ahora, los bloqueos mentales más importantes que he llegado a cuestionarme y (¡espero!) he empezado a desbloquear:

Es normal estar deprimido, todo el mundo lo está y nadie se queja. No es razón para quejarse y no hay nada que se pueda hacer al respecto: Está claro que no es cierto, tal como pude descubrir al tragarme mi orgullo acumulado de años y pedir ayuda médica.

La única forma de perder peso y ponerse en forma es ejercer una férrea disciplina y fuerza de voluntad (hay que ver cómo me río ahora con esta, y la de quebraderos de cabeza que me ha dado), comer poquísimo y matarse en un gimnasio todos los días: Son las acciones pequeñas, los minúsculos cambios de hábito y, ante todo, una gran paciencia los que hacen la diferencia. La disciplina flaquea; la costumbre y el hábito no.

La fuerza de voluntad es innata; algunas personas la tienen y otras no (otra de esas nociones muy extendidas. Lo más alucinante que he descubierto acerca de la fuerza de voluntad es que es un músculo más: si lo ejercitas se hace cada vez más poderoso).

El amor romántico: todos tenemos una media naranja perfecta de la que caeremos rendida y apasionadamente enamorados y que nos tendrá felices y enchochados hasta que muramos (ah, esta es buena, y daría para otro post sumamente largo en el que entraría en el conflictivo terreno del poliamor y similares). También he descubierto algo que me ha resultado muy sorprendente: que puedes seguir queriendo a alguien incluso después de terminarse una relación; que el amor no se va solo porque la relación ya no sea posible, y que además este amor (y esto me parece alucinante porque va en contra de todo lo que me han enseñado, de todo lo que exhibe la media y el acervo cultural) puedes guardarlo en tu corazón y es totalmente compatible con otro amor, grandioso, nuevo, que te devore hasta las entrañas.

Los amigos/conocidos son amigos/conocidos y hay que soportarlos: En el último par de años se podría decir que he hecho una “purga” de entorno que ha producido cambios extraordinarios. No más quejicas. No más gente negativa. No más emocionalmente mutilados. Es egoísta, tal vez. Pero yo ya he intentado ayudar y apoyar a estas personas como he podido. Solo quiero gente extraordinaria a mi alrededor, personas a quienes respeto, admiro y de quienes puedo aprender. Esta actitud me ha resultado increíblemente productiva. Por supuesto, si eres mi amigo/a y llevas tiempo sin tener contacto conmigo, lo más seguro es que sea porque soy una despistada, y un tanto obsesiva con mi trabajo y aficiones, y a veces hay que sacarme a la calle de los pelos, no porque te haya eliminado de mi vida, ejem.

Ahora toca seguir peleando contra las mencionadas y contra otras por mencionar. Hay muchos tabúes en mi cabeza. Quiero ponerme más retos físicos, ver si soy capaz de hacer cosas que antes consideraba imposibles. Quiero romper algunas barreras de timidez y de miedo. Quiero conseguir que deje de importarme tanto la visión que otros puedan tener de mí. Quiero seguir avanzando con mis proyectos personales, llegar a terminar todo lo que he empezado (o dejarlo atrás sin remordimientos). Quiero comerme el mundo. ¿Y por qué no?

Releo todo esto y me produce pavor. Es demasiado íntimo y honesto, y puede parecer, sin duda, egocéntrico. Pero por otro lado creo que si hay una sola persona ahí fuera que lo lee y piensa que realmente todo puede cambiar, que realmente puede mejorar de una forma significativa su existencia, merece muchísimo la pena. Y la timidez y el miedo a lo que piensen los demás es otra de esas cosas que quiero aprender a dejar de lado, así que por algún lado habrá que ir empezando.

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Escuchando: Tengo a Patrick Wolf con William en la cabeza.
Leyendo: Ted Chiang, Stories of your Life.
Imagen: Propia.

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Acerca de las metas. Actualización.

junio 11, 2012 — by Gabriella0

Hoy ha sido un día muy largo, de esos en los que haces mil cosas y acabas con la sensación de que apenas has conseguido avanzar nada. Esto ocurre, sobre todo, cuando tratas con la burocracia. Durante la última semana he estado inmersa en una confusión constante de Hacienda, Seguridad Social y otras barbaridades, mientras me dedicaba a corregir textos ajenos e intentar mantener al día algunos asuntos básicos, si bien algunos proyectos, como siempre, tienen que quedarse de lado. En este caso, la gran sufridora ha sido Miss Cristal, que se ha quedado sin boletín este mes, sin cosas que vender y con varios encargos paralizados, además de que he perdido la oportunidad de participar en un mercadillo al que hacía tiempo que le tenía echado el ojo. El mundo se ha puesto de acuerdo para lanzárseme de golpe este mes, y a mí me encanta.

Sólo quería dejar constancia de algunas actualizaciones personales mientras tengo oportunidad:

a) El tema del peso. A pesar de que los 10 días pasados en un apart-hotel fabuloso en la costa malagueña, con sus correspondientes salidas para hincharme de camarones, curry y tortilla de patatas (no necesariamente todo junto) incidieron, traviesos, en mi dieta, una conveniente (si es que hay tal cosa) gastroenteritis un par de semanas más tarde terminó de cargarse el pequeño aumento, que de todas formas desaparecía con rapidez conforme volvía a mi vida normal. Así que volvemos a las buenas andadas, y ya ando cerca de los 10 kilos de pérdida desde que empecé a cambiar mis hábitos de dieta y ejercicio allá por diciembre de 2011. En este momento peso unos gloriosos 73 kilos que me tienen más que contenta. Para celebrarlo, aprovechando unas rebajas locales muy generosas, me compré un par de vestidos nuevos, uno de ellos muy rojo y muy apretado. Es de esos que no puedes ponerte sin meter barriga, pero el simple hecho de tener los santos ovarios de comprármelo ya me parece muy significativo. Lo mejor es la tranquilidad de saber que ya tengo ciertas costumbres a la hora de comer, que de hecho me he habituado a porciones mucho más pequeñas (y mucho más sanas), por lo que la ocasional escapada con algún que otro pecadillo no me preocupa en absoluto. Mi peso ideal, según mi experiencia, está cerca de los 65 kgs, pero no tengo excesiva prisa. Si tengo que esperar ocho meses más para alcanzarlo, los espero, lo importante es sentir que puedo mantener esta forma de alimentarme para siempre. Cada vez tengo más claro que las dietas de pérdida rápida son menos eficientes y suelen significar después un peligroso efecto rebote, como me ha ocurrido en bastante ocasiones.

Los puntos que más me han ayudado han sido los siguientes:

-No tener en casa NADA que me aporte calorías vacías, ni el más mínimo capricho.

-Evitar las situaciones donde sé que voy a comer más de la cuenta (ir de tapas con amigos, ir a casa de familiares que suelan pasarme comida por las narices, etc.), excepto en determinados días con los que ya cuento (en mi caso, cuando estoy de viaje, no sé dónde voy a acabar comiendo y es mucho más difícil planear lo que consumo, por lo que me planifico y acepto esos días como casos perdidos).

-Evitar abrir la nevera o la despensa fuera de horarios de comida. Ni mirarla.

-Por supuesto, evitar el alcohol. Significa calorías extra (muchas) y menos fuerza de voluntad y disciplina.

-Un mínimo de ejercicio diario.

-Hacer una media real del peso (esto ya lo expliqué al hablar de la Dieta del Hacker), para no desanimarme con las subidas y bajadas de peso que no tienen sentido aparente.

-Antes de comer, respirar un poco. Gran parte de mis comilonas venían de la ansiedad, así que tranquilizarse un poco antes de comer viene bien. Y siempre me hago tres preguntas muy importantes: ¿Realmente necesito comer ahora? ¿Merecen la pena estas calorías extra? Y la más importante, ¿es bueno para mi cuerpo esto que voy a comer, o hay algo de comer por aquí que me sentaría mejor?

b) El tema del alcohol. No pensé que llegaría a decir esto nunca, pero… prueba superada. Desde hace un par de meses me tomo una copa de vino si ceno fuera, una situación que suele darse apenas un par de veces al mes. Tengo muy claro que sólo puede ser vino (empezar con la cerveza de nuevo sería mi perdición, por no hablar de los gintonics), que lo tomo por el disfrute del sabor (el efecto, de hecho, me disgusta), sólo con comida y sólo fuera de mi casa (ubicar las cosas, los hábitos, asignarles un entorno, ayuda lo indecible). Desde que hago esto ha desaparecido por completo mi obsesión por beber, mi sensación de desconsuelo por no poder hacerlo. De vez en cuando echo de menos el alcohol, sí, pero luego me imagino realmente lo que se siente, el sabor, el efecto de éste, y recuerdo que no es para tanto. Por ahora es un tema que no me preocupa en absoluto, ya que, al igual que con la pérdida de peso, sé que tengo que seguir ciertas directrices y no tengo problema. Puedo permitirme algo que echaba muchísimo de menos: disfrutar de un buen vino, simplemente por el hecho de disfrutarlo, no por el efecto del alcohol. Claro, he llegado a este punto después de unos cuantos meses de abstención (en los que tomarme una copa de vino habría significado volver a caer en los patrones de antes), que han sido muy duros.

Como considero que son los dos temas con los que llevaba lidiando más tiempo y que por fin consigo tener más o menos controlados, puedo hacer un balance más efectivo. No sé cuál será mi próximo gran reto, ya que tengo muchas pequeñas cosas en mis manos. Supongo que estará encuadrado en el marco laboral, pero  este es ahora mismo tan dispar que cuesta mucho analizarlo en su totalidad. Mientras, os seguiré llenando el blog de citas, imágenes, noticias chorras y otros asuntos. Gracias por seguir por aquí 😉

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Fotografía de báscula de Asif Akbar.
Fotografía de copa de vino de Thoursie.

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Acerca de las metas (2) y La dieta del Hacker (2)

mayo 7, 2012 — by Gabriella0

Seguimos con mi larga y tal vez inconsecuente y redundante reflexión sobre la pérdida de peso. Repito que a lo mejor estoy soltando obviedades, pero en cualquier caso son obviedades que me han resultado muy eficientes. Retomo aquí el tema sobre el que escribí hace poco, en relación a la Dieta del Hacker:

1. Decidir la meta:

Tengamos claro qué es lo que necesitamos conseguir. Y con esto quiero decir, ¿realmente tienes sobrepeso? Un porcentaje muy alto de personas que conozco que quieren perder peso no lo necesitan. Lo que necesitan es verse mejor. Para ello, se necesitaría una autoevaluación honesta. Tal vez lo necesario es cambiar la imagen de uno mismo, restaurar el autoestima, algo que no se consigue perdiendo peso. O tal vez lo que hace falta es simplemente estar más en forma, para lo que no hay que hacer dietas ni cortar calorías, sólo hacer ejercicio y comer de manera más saludable. Hay discusiones interminables sobre qué es comer de manera saludable, pero creo que la opción más común es tirar de una buena pirámide nutricional o acudir al “plato” recomendado por Harvard, que es posiblemente el que está más al día en lo que se refiere a investigación nutricional:

Como veis, el plato recomienda llenarse de “granos” integrales (pan, arroz y pasta integral), proteína saludable (pollo, pescado, marisco, frutos secos), verduras (las patatas no cuentan) y fruta, bebiendo agua, té o café y usando aceite de oliva y otras grasas saludables de manera moderada. También acepta un consumo moderado de alcohol (un vaso de vino pequeño, por ejemplo), muy recomendable para la salud, aunque tal vez no recomendable, en estos momentos, para gente como yo, que no suele (o no solía) ser capaz de tomarse sólo un vaso.

2. Ejercicio, ¿yo?

-¡Pero si a mí no me gusta hacer ejercicio!

Si eres como yo, la simple idea de hacer ejercicio te horroriza. El único deporte que me gusta es la natación, y teniendo en cuenta el dinero y tiempo que invierto al mes en mi pelo, me niego a estropear mi tinte yendo a nadar. Por no hablar de que las piscinas públicas son ruidosas, están llenas de gente (lo confieso, por lo general soy tímida y no me gustan los desconocidos) y son caras. Recuerdo con cariño un centro deportivo que descubrí en Cenes de la Vega, Granada, donde la piscina estaba casi siempre vacía y tenía un techo de cristal por donde podías observar las estrellas mientras nadabas de espalda una vez que se había puesto el sol. Maravilloso, pero era carísimo y además por aquel entonces mi pelo no era color Melisandre.

Pero resulta que, por muy vagos y apegados al ordenador que estemos, siempre habrá alguna actividad física que nos guste hacer o que por lo menos no nos desagrade del todo (y sí, el sexo cuenta pero realmente no se pierden tantas calorías como dicen, a no ser que tus relaciones sexuales sean particularmente atléticas, y sospecho que si no realizas mucho ejercicio físico no será así. Lo cual me recuerda que una de las principales ventajas de estar más en forma es que el sexo es bastante más enérgico y… flexible. Otra buena razón para hacer ejercicio). En mi caso, andar no me importa, si bien siempre llega el momento en que me aburre. Así que para mí la solución es andar, mucho, con alguien que me entretenga. Para otros será ir al gimnasio (ojo, es FUNDAMENTAL que el gimnasio os pille cerca, si no siempre surgirán excusas para no ir) o apuntarse a alguna actividad similar. Personalmente me encanta el tai-chi, que además relaja muchísimo y mejora la coordinación y la flexibilidad, pero lamentablemente en mi zona no encuentro un profesor o profesora que me guste o que me quede cerca. ¿Veis lo fácil que es encontrar razones para NO hacer ejercicio? Es por esto que es fundamental realizar alguna actividad que os resulte muy fácil de hacer a diario.

-¿Ejercicio a diario?

Sí… y no. No se trata tanto de marcar una obligación de hacer determinado ejercicio todos los días, lo importante es hacer ALGO a diario, sea salir a pasear media hora o correr una media maratón. Y es fundamental que sea siempre a la misma hora, para que el cuerpo se acostumbre y se cree un hábito. Sin embargo, perderse un día no es el fin del mundo, y a veces es hasta recomendable, siempre que se tenga MUY claro que no puede ser el inicio de un regreso a las malas costumbres. Fallar un día no debería hacernos sentirnos culpables, sino doblar nuestras ganas de regresar a las buenas costumbres al día siguiente. Lo mismo pasa con la alimentación. Pasarnos comiendo, o comer cosas poco saludables y con demasiadas calorías, puede hacerse de vez en cuando, siempre que se entienda que es algo negativo y que debe compensarse al día siguiente. Lo fundamental es no permitir que se convierta de nuevo en un hábito, es decir, uno puede fallar un día, pero jamás debe fallar dos.

En el caso del ejercicio, encuentro muy útil tener diferentes opciones. Procuro seguir la tabla de ejercicios de la que os hablé, la 5BX, pero hay días que no puedo, por una razón o por otra. Suelo compensar esta “falta” sustituyéndolo por otro tipo de actividad. Y sí, hay algún día en que no hago nada de nada, y no ocurre nada siempre que el peso de los días activos supere con creces el de los días perezosos. Es una mentalidad muy útil, ya que con planes de ejercicio anteriores, cualquier contratiempo que me impidiera hacer ejercicio (una enfermedad, por ejemplo, que me tuviera varias semanas inactiva) me desanimaba y me impulsaba a abandonar por completo mi plan. Lo importante es que hacer ejercicio sea la norma, y no hacerlo sea lo extraordinario, no al revés. Un poco como que lo normal es trabajar y lo extraordinario, el fin de semana y los festivos, sea no hacerlo.

Editando: Quiero aclarar que hacer ejercicio no hace perder peso. De hecho al transformar grasa en músculo se puede coger peso, por aquello de que el músculo pesa más. Y las calorías que se pierden no son las suficientes como para justificar una dieta hipercalórica (a no ser que entrenes de manera muy severa o seas atleta profesional). Lo que sí ayuda es a acelerar el metabolismo y a estar muuucho más sano. Y claro, a que si pierdes peso con una dieta saludable, los resultados físicos sean mucho más bonitos.

-5BX

Os hablé ya de esta tabla, y la he recomendado a varios amigos que se han mostrado muy interesados. La tabla se ha ido actualizando, si no me equivoco, hasta el 2007, ya que algunos ejercicios pueden hacerse de manera más segura y eficiente. Por ejemplo yo no recomendaría hacer los abdominales tal y como muestra la tabla clásica, ya que se ha demostrado que son menos eficientes y más proclives a producir lesiones que los abdominales “modernos”. Hay un montón de vídeos en youtube para aprender a hacer abdominales correctamente, a mí me gusta la explicación que da la web Two Hundred Sit Ups (ojo, está en inglés).

Como parece ser que el blog que daba una muy buena explicación a esta tabla en español ya no está disponible, os dejo nuevos enlaces. El .pdf puede descargarse de manera gratuita en inglés en muchos sitios, pero os dejo este enlace a Vagos.es porque en el hilo de mensajes posterior se explican muchas cosas en español al respecto. Y si me lo pide la suficiente gente, puedo hacer un post especial explicando todo lo que hay que saber y las tablas a seguir, en español, pero creo que el post de Vagos lo deja bastante clarito.

En la próxima entrega hablaré de algo que considero fundamental: identificar los demonios personales, esos malos hábitos que nos lastran, y encontrar soluciones para atajarlos.

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Acerca de las metas

mayo 7, 2012 — by Gabriella3

Cuando uno se propone cosas, metas, objetivos, el acercamiento al nuevo propósito suele ser similar a aquel famoso episodio de South Park de los Gnomos Robacalzoncillos. La política de estos gnomos era la siguiente:

-Fase 1: Robar calzoncillos
-Fase 2: …
-Fase 3: Beneficios.

Como resultado, los gnomos se pasaban la vida robando calzoncillos, a la espera de unos beneficios que, que yo recuerde, nunca aparecían. Con las metas pasa algo parecido. Decidimos, por ejemplo, que queremos dejar de fumar. Nos tiramos a ello de cabeza, pendientes sólo del resultado de la meta (no fumar, estar más sano, ahorrar dinero, etc.), y sin pensar de manera realista en la metodología. Creemos que con fuerza de voluntad será suficiente (y lo que es más peligroso, que una vez alcanzada la meta, no necesitaremos seguir tirando de esa fuerza de voluntad para mantenerla). La fuerza de voluntad funciona los primeros días, pero en el momento en que la desidia, la ansiedad o la bajona nos asedian, cae ese cigarrillo.

Yo no fumo, y nunca he sido fumadora, pero mi actitud en este sentido era siempre el mismo con dos de mis metas principales: dejar de beber y perder peso. Eran mis propósitos de año nuevo, todos los años. Y todos los años conseguía cumplirlos… durante un par de semanas. Después, bebía más y cogía más kilos.

A día de hoy, y como resultado de un proceso que comenzó a finales de diciembre de 2011, he perdido casi 9 kilos. A excepción de un par de copas de vino tinto excelente, no he tomado alcohol en más de 4 meses. Y esas copas de vino no fueron un accidente, ni una recaída, sino una decisión premeditada que obtuvo buenos resultados, del mismo modo que he tenido días en los que he comido más de lo que debía, o no he hecho el ejercicio que debería, sin que esto afectara a mis resultados.

¿Dónde está la diferencia, dónde está el truco? Está, no tengo duda, en el hábito. Si convertimos un comportamiento en algo habitual, algo aceptable para el día a día, el esfuerzo es menor, se necesita menos disciplina y fuerza de voluntad, por lo que las posibilidades de conseguirlo son mucho mayores.

Para ello hay un punto de partida fundamental: ser realista y tener muy claro lo que quieres conseguir. No vale decir “quiero perder algo de peso y estar más sano”. Tiene que ser “quiero perder doce kilos de manera saludable”. Para ello tendré que alterar mi forma de vida. Tendré que analizar qué situaciones me ponen en peligro y tendré que evitarlas. Una vez conseguido esto, una vez desarrollados nuevos hábitos, no me da miedo volver a beber demasiado ni volver a coger peso. Sé que tengo que atenerme a una serie de reglas sencillas, que son para toda la vida. Y ante todo, no se puede tener prisa. Querer perder mucho peso de golpe, por ejemplo, es uno de los grandes errores más comunes que asegura que volverás a recuperarlos aun más deprisa.

Por supuesto esta es mi experiencia, y no tiene por qué ser válida para todo el mundo. Sin embargo sí que observo ciertos patrones en otras personas con sobrepeso, que coinciden con el que yo seguía: probar dietas rápidas que prometen grandes resultados, para fracasar en cuanto me encontraba en una situación que se salía de la norma (fases de estrés o ansiedad, vacaciones, etc.) o en cuanto me fallaba la fuerza de voluntad, para entonces recuperar el peso perdido y engordar más. He caído en este patrón una y otra vez, de manera que a lo largo de quince años había cogido, en total, más de 25 kilos (aunque reconozco que comencé con un peso seguramente menor de lo recomendable, no tanto por desnutrición sino por tener un metabolismo y unos hábitos muy distintos a los que desarrollé después).

Para no alargar mucho este post, seguiré hablando de ello en entregas. Quiero analizar cómo he llegado hasta este punto, primero porque probablemente haya cosas que pueda aprovechar para otras metas personales, y segundo porque es posible que a alguno de vosotros le resulte útil. Muchas de las observaciones os parecerán de cajón, y las habréis leído mil veces, pero lo curioso es que yo también, y hasta hace relativamente poco no me había dado cuenta de lo útiles que son, y de lo que realmente implican.

Puedes seguir leyendo sobre este tema en mi siguiente post sobre alcanzar metas y perder peso. A su vez, enlaza con un artículo anterior.