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Altucher, Vonnegut, Clear, Eguaras, Berkun, Pratchett. Recortes de la semana.

marzo 13, 2015 — by Gabriella2

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¡Menuda semana!

Creo que no sé ni por dónde empezar.

Así que empecemos por la videoconferencia que di ayer para la Librería Gigamesh. Fue genial ver allí a un buen puñado de asistentes interesados, incluso a alguna cara conocida, como Hugo Camacho, de Orciny Press, esa editorial que ya os he recomendado de sobra. También participaron de todo el embrollo mis amigos de El libro de escritor, gente maja donde la haya, de quienes os hablaré ahora un poquito más. Por supuesto quedo muy agradecida a la Librería Gigamesh y, en concreto, al gran Zeta, mi HQHQLCO ( (Hombre Que Hace Que Las Cosas Ocurran) particular.

Cómo enfrentarse a la hoja en blanco

Toda la conferencia, centrada en técnicas y maneras de superar a la página en blanco y crear el hábito de escritura, se grabó al canal de Youtube de la librería. Si os quedáis con ganas de ampliar conocimientos sobre el tema de la productividad, os recuerdo que en su momento traduje un artículo absolutamente genial de Niall Doherty con una lista de 69 métodos para ser más productivo. Aquí os dejo la charlita. La habitación tan rosa y bonica que se ve al fondo se la robé a mis padres, para que nadie tenga que soportar el fondo de desbarajuste y locura que es mi despacho. Es la primera vez que hago algo así por videoconferencia, y he aprendido cosas tan importantes como que si no se te ven las manos la gente no se da cuenta de que estás gesticulando y lo que parece es que te meneas de atrás adelante como si fueras una loca en camisa de fuerza en una peli mala:

Altucher y la importancia de la pausa

Del artículo de James AltucherThe Ultimate Guide to Changing Your Life:

James Altucher

G) VE MÁS LENTO

Cuando encuentres tu voz, ve más despacio. No hay prisa. De seis billones de personas, tú eres el único con tu voz, tus experiencias, tus ideas, tu sabiduría. No hay competencia para ser tú.

Alguien le hizo un cumplido una vez a Arthur Rubinstein sobre lo bien que tocaba el piano. Él dijo: “No es tocar el piano. No llevo mejor las notas que cualquier otra persona. Son las pausas: ahí es donde reside el arte“.

Cuando empecé a dedicarme a la corrección de una forma periódica, también comencé a darme cuenta de algo que creo que pocos escritores terminan de asimilar del todo: dentro del ritmo de lo escrito, de la música del texto, los reyes son las pausas. En la corrección de estilo estás muy pendiente de las construcciones, del movimiento, y la enunciación se vuelve protagonista. Todas las pausas: las que se producen en los signos de puntuación, los que se esconden detrás de las aliteraciones o junto a un verbo poderoso, los silencios que vienen de tomar aire cuando ocurre algo maravilloso, inspirador… todas esas pausas construyen el texto. Creo que si aprendemos a dominar esos vacíos, a darle al lector momentos para reflexionar, sentir, escuchar nuestra música, habremos dado con una voz realmente propia; con una fluidez magistral.

Vonnegut, Jockers y el hombre en el agujero

Por si no lo sabéis, un científico llamado Matthew L. Jockers está analizando los que él (y sus programas informáticos) consideran que son los seis arquetipos de trama dentro de la narración. Analiza los data points que constituyen una trama y de ahí extrae patrones; parece ser que hay solo seis o, como mucho, siete (para ello asocia acciones y emociones o tensión dramática). Para todo esto partió del famoso gráfico del escritor Kurt Vonnegut, conocido como man in hole, que explica que las historias populares funcionan de la siguiente manera:

Man in holeLo que en el colegio se nos enseña como exposición, nudo y desenlace para Vonnegut sería algo así: exposición (todo va bien, como, por ejemplo: voy andando por el campo), nudo (ocurre algo malo, como, por ejemplo: caerme dentro de un agujero) y desenlace (salgo del agujero). El buen Kurt sugería que las historias que seguían este patrón eran las que mejor se vendían y gustaban al público (aunque no necesariamente son las mejores, como nos demuestra su análisis de los arcos argumentales de Hamlet y La metamorfosis). Ya sabéis. ¿Dinero? Man in hole. ¿Originalidad, autosuperación y la posibilidad de subsistir dentro del canon literario? Tal vez no man in hole, pero, según Jockers, vas a entrar dentro de esos seis (o siete) tramas arquetípicas lo quieras o no.

James Clear y la importancia de practicar

En su artículo Stop Thinking and Start Doing: The Power of Practicing More, James Clear dice lo siguiente:

James Clear

2. Practicar es aprender, pero aprender no es practicar

El aprendizaje pasivo no es una forma de práctica, ya que, aunque adquieres nuevos conocimientos, no estás descubriendo cómo aplicar dichos conocimientos. La práctica activa, sin embargo, es una de las mejores formas de aprender, porque los errores que cometes al practicar te proporcionarán revelaciones importantes.

Y por esto, aunque sea de mucha ayuda leer libros sobre escritura, acudir a talleres literarios o incluso leer artículos como los de este blog (ejem), lo que más ayuda a aprender a escribir es, curiosamente, escribir. Mucho. Muchísimo. Y cuanto más la cagues, mejor. Piensa que, como diría Sturgeon, el 90% de lo que produzcas será mierda. Más te vale ponerte a escribir para quitarte toda esa mierda de encima y llegar al 10% absolumente glorioso.

Mariana Eguaras y la diferencia entre editar y publicar

No es solo una distinción terminológica, es toda una diferencia de intenciones, como nos explica Mariana:

Mariana EguarasTambién habló del problema de libros publicados sin edición la autora de fantasía Virginia Pérez de la Puente, en un artículo donde analiza la diferencia entre autopublicar y autoeditar.

Scott Berkun y el networking para autores

En una entrevista reciente, el autor y conferenciante Scott Berkun insistió en la importancia de las redes de contactos para los escritores:

Scott Berkun

Cualquier red social, profesional o personal, es esencial para los autores. Significa que la gente conoce tu nombre (esperemos que con connotaciones positivas), y que responderá cuando lo solicites. Muchos libros se venden sobre todo por la red y visibilidad que tiene el autor. A los escritores les apena oír esto, pero una persona famosa puede escribir un libro horrible y que venda bien, mientras que un desconocido puede escribir un libro alucinante y apenas vender una docena de ejemplares. El negocio del libro no depende tanto de la buena escritura como a todos nos gustaría.

Lo decimos siempre: ¿cómo puede vender tanto Belén Esteban cuando mi libro ultrafabuloso solo lo han comprado tres personas de mi familia? La diferencia es esa: mal que nos pese, la Esteban tiene establecida una red inmensa, donde los receptores de su “llamada” responden mediante una lealtad apabullante y consumen todos los productos que ofrece, y tu libro solo establece contacto con las tres personas que te admiran y quieren: miembros de tu familia.

Es injusto, pero a la vez sencillo. ¿Cómo puede alguien comprobar la ineludible genialidad de tu obra si no ha oído hablar de ella? Por desgracia, el boca a boca no es suficiente, o un par de personas que yo me sé, alabadísimas por la crítica y sus lectores más fieles, estarían bañándose en fuentes de oro y champán. La red debe ampliarse.

Berkun dice más cosas interesantes sobre la promoción para escritores:

Scott Berkun

Muchos autores me preguntan cuál es el equilibrio adecuado entre promocionar tus obras ya publicadas y producir obras nuevas. Por ejemplo: hay un grupo de autores que dicen que no hay mejor mercadotecnia y promoción que sacar un libro nuevo, y yo estoy más de acuerdo que en desacuerdo con eso, siempre que asumamos que el libro nuevo es una obra de calidad.

De esto creo que hemos hablado también: de la importancia de producir mucho para promocionar lo que tienes en catálogo. Nada vende un libro antiguo como uno nuevo; nada vende uno nuevo como que haya muchos antiguos que la gente haya leído y disfrutado. Y además está la ventaja, claro, de que escribir muchísimo hace que cada vez lo hagas mejor.

Concurso de microrrelatos El libro del escritor

El libro del escritor es una plataforma que está desarrollando una serie de herramientas y aplicaciones orientadas al trabajo del escritor. Desde luego recomiendo que le echéis un vistazo a su proyecto, y en concreto al concurso de microrrelatos que han abierto, cuyos premios serán las mismas aplicaciones que están desarrollando. Me pidieron que fuera miembro del jurado del certamen, y tengo muchas ganas de ver qué se les ocurre a los concursantes. Animaos a participar. Aquí os dejo los requisitos:

  1. Ser mayor de edad y residir en España
  2. Ser seguidor de, como mínimo, una de las dos redes sociales de El Libro del Escritor: @ELDEscritores en Twitter y /ElLibrodelEscritor en Facebook.
  3. Escribir un microrrelato original, en español y de temática libre
  4. Debe contener “pluma naranja”
  5. En Facebook, se escribirá el relato en la pestaña “Tras la pluma naranja” y la extensión máxima es de 1000 caracteres incluyendo el título
  6. En Twitter, la extensión debe ser de un único tuit y debe llevar además el hashtag #AlfaELDE

Se premiarán los siete relatos más originales de cada categoría y a los dos más votados, ya sea con votos en Facebook o con retuits en Twitter.

Y la despedida

Si habéis estado viviendo bajo una piedra las últimas 24 horas, no os habréis enterado de que ha muerto uno de los grandes, sir Terry Pratchett. Pratchett demostró que uno puede escribir algo “no comercial” (lo de la fantasía cómica sí que tiene alguna tradición en el mundo anglosajón, pero no hasta el punto al que la llevó sir Terry) y convertir una literatura de tremenda calidad en un superventas. Las redes están llenas de homenajes y palabras tristes, así que de poco os sirve que os diga que era mi autor favorito, el único escritor al que le he sido fiel desde que tenía apenas 14 años. Me encantó ver como poco a poco iba siendo más conocido y respetado en España, saber que yo ya no era la única que leía esas cosas, la única que creía que la fantasía podía ser graciosa y mordiente a la vez, y la sensación de complicidad que he tenido siempre con otros lectores de su obra.

Como he dicho, ha habido muchos homenajes, de escritores grandes y pequeños; palabras de despedida de fans, admiradores, lectores. Pero para mí el mejor adiós (aparte del de la cuenta del mismo Terry, con esos estremecedores tuits póstumos), ha sido el que le ha dedicado mi amigo Enrique Pedraza, dibujante, periodista, y fan de Terry como yo. Le regalé un boli-pincel hace unos años, y lo usó para realizar este dibujo:

Terry Pratchett

Goodbye, dear Terry, travel well.

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¿Apesta tu personaje femenino? 4 maneras de comprobarlo

marzo 10, 2015 — by Gabriella45

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personaje femenino

Uno de los temas que siempre me han intrigado es si hay realmente una diferencia al escribir un personaje del sexo contrario al nuestro. Está claro que ser hombre o mujer implica experiencias culturales y biológicas diferentes. ¿Puedo yo, como mujer, narrar correctamente la perspectiva de un hombre, si su experiencia es, en muchas ocasiones, diferente a la mía?

Hace poco tuve una experiencia muy curiosa. Casi siempre he escrito desde la perspectiva de personajes femeninos, por lo menos en mis textos más largos. Realmente no me había planteado por qué ni le había dado más vueltas. Y un día empecé a escribir una historia (sí, aquella novela corta ciberpunk que corregiré antes de la llegada de los jinetes del apocalipsis, lo prometo) donde, por razones argumentales, el texto me pedía un protagonista masculino. En primera persona, además.

Fue toda una revelación. ¿Por qué era tan distinto escribir como China, el aguerrido programador informático pansexual? ¿Por qué era tan… liberador?

Frente a personajes más o menos pasivos, a los que les ocurrían cosas, China era activo. China no paraba, no se detenía a considerar, él hacía. Muchos de mis personajes femeninos intentaban resolver conflictos mediante diálogo o manipulación; China se metía en embrollos sin planteárselo siquiera. China no se cortaba al narrarle al lector su fijación con el culo o los pies (sí, ¿qué pasa?) de algún personaje de buen ver. Tal vez mi personaje masculino era cliché, tal vez me estaba centrando en la visión que yo tenía de lo que suelen ser los personajes masculinos. Y si escribes ciencia ficción o fantasía, géneros que, tal y como los conocemos, son relativamente jóvenes, es inevitable llenarte la cabeza de ciertas convenciones. Aun así, ¿por qué me resultaba tan difícil proporcionarle comportamientos más activos a mis personajes femeninos? ¿Por qué ellas se cortaban tanto a la hora de tomar decisiones, de actuar, de desear?

Me di cuenta, horrorizada, de las restricciones que les había estado imponiendo. No estoy segura de si esto tenía que ver con el sexo de mis protagonistas o si, simplemente, China era un personaje extravagante, el resultado de práctica y práctica y práctica y la ruptura de algunas de mis barreras como narradora. Me pregunté por qué no podía hacer lo mismo con un personaje femenino, y así nació Monna.

Llevé a Monna a límites mucho más lejanos que a China. Monna es un personaje caótico, tal vez sociópata. Observé que determinados comportamientos que para China eran naturales y apenas tenían consecuencias, para Monna estaban cargados de desaprobación social. Me planteé la paradoja de que, para crear a un personaje femenino verdaderamente libre, había tenido que hacerla amoral (un recurso que no es nuevo; ahí tenemos a la terrible femme fatale de toda la vida, esa mujer vampiresa-diablo que seducía y montaba una gorda hasta que era castigada). Monna no es ni una mujer seductora ni es castigada por sus acciones; por lo menos ahí he avanzado algo. Pero con ella tal vez estoy entrando también en el dilema de la libertad individual frente a la coacción social y esa es otra historia. Lo que me interesa comunicaros, más allá de reflexiones sobre el papel cultural de la mujer, es la siguiente revelación: yo, que soy mujer, y que creo en la igualdad de derechos para hombres y mujeres, no era consciente de las limitaciones que estaba imponiéndoles a mis personajes femeninos.

¿Pero cómo sabe uno si está construyendo un personaje femenino realmente válido? Tened en cuenta que no todos vuestros lectores son hombres, ¡también leemos las mujeres! Y nada nos atrae más en un libro que un personaje femenino potente, complejo, que escapa de los tópicos. A veces es tentador resolver este conflicto creando mujeres agresivas y físicamente poderosas, luchadoras, pero no se trata solo de eso. Un personaje femenino puede ser redondo sin necesidad de dar una sola patada, y puede ser completamente plano aunque sea una ninja nivel experto-máster-superguay.

Encontré este artículo de Chuck Wendig, porque, como sabéis, soy un poco fan de su blog y de sus artículos sobre cómo escribir sin pantalones. Wendig propone tres pruebas de fuego para saber si tu personaje femenino es molón o si da más repelús que una figurita de superheroína de cómic en los 90. Ya conocía dos de estas tres pruebas, así que aprovecho para presentároslas. Añado una última al final, más que nada porque es de sentido común y sirve para todo.

Primera prueba: El test de Bechdel

La creadora de cómics Alison Bechdel inventó esta prueba para películas, pero yo diría que puede aplicarse a cualquier texto narrativo más o menos largo (más que nada porque en un microrrelato pocos personajes vas a desarrollar). Parte de una premisa muy sencilla. Para aprobar el examen de Bechdel, en tu libro debe haber por lo menos dos personajes femeninos; estos personajes deben hablar entre sí; y en algún momento deben hablar sobre algo que no sea un hombre.

Parece fácil, ¿verdad? Haced la prueba. Os sorprendería la cantidad de películas y novelas que no aprueban ni de lejos.

¿Por qué es importante el test de Bechdel? Da cuerpo a tus personajes. Si tus personajes femeninos no tienen la madurez emocional suficiente como para relacionarse de forma positiva con otras mujeres, ni son capaces de pensar en algo que no sea un hombre… igual no estás retratando a una mujer, sino a una muñeca hinchable. O a una lámpara sexy. Lo cual nos lleva a…

Segunda prueba: El test de la lámpara sexy

Creado por la guionista y editora de cómics Kelly Sue DeConnick. No es casualidad que muchas de estas quejas e ideas provengan de lectoras aficionadas al cómic de superhéroes, donde hay una curiosa tendencia a pensar que las tetas de una mujer son más grandes que su cabeza. El test de DeConnick es también muy sencillo: si puedes sustituir a tu personaje femenino por una lámpara sexy sin alterar por ello los elementos básicos de la narración, igual es que tu personaje femenino está más vacío que… que algo muy vacío.

Ojo: Es posible fallar el test de Bechdel, pero aprobar el de la lámpara sexy. En ocasiones esto puede tener sentido. Encontré por internet el ejemplo de Los Vengadores: ya que es una película sobre todo de acción, hay escasa interacción y conversación entre los personajes femeninos potentes; sin embargo, estos son fundamentales para el curso de los acontecimientos (sin sus acciones no podría haber resolución). Así que mal por no mostrarnos algo de estas chicas más allá de sus impresionantes trajes ceñidos, pero bien por hacerlas fundamentales para la narración.

Tercera prueba: El test de la mujer en la nevera

Este también viene del cómic, de la mano de la mismísima Gail Simone. Proviene de una escena emblemática del mundo de la viñeta, cuando Linterna Verde regresa a su apartamento para encontrarse con que su novia ha sido asesinada por su enemigo y metida en un frigorífico.

La queja de Simone, y de muchas lectoras habituales de cómic, es que es incontable el número de personajes femeninos que solo sirven como detonante de la acción del héroe. Ya pueden ser las princesas a las que hay que salvar, o las princesas que ya han muerto: su tragedia incita al héroe a tomar justa venganza, o a desarrollar sus superpoderes, o a cualquier otra forma de avance narrativo brutal. Los pobres personajes femeninos, mientras, siguen metidos en la nevera (y quien dice nevera dice bajo tierra, violadas, torturadas o humilladas de cualquier forma). Esto es tan común que, de hecho, en El fin de los sueños intentamos jugar con ello, utilizando a una chica atractiva como incentivo para poner en marcha a los héroes; una chica atractiva que luego no es para nada lo que parece, y que les puede a todos y más.

El test de la mujer en la nevera es tal vez el más complicado, pero a la vez el más eficiente: ¿sirve tu personaje femenino solo como contrapunto para el masculino, como excusa para que este haga algo? Si es así, te estás perdiendo la gran oportunidad de crear a un personaje redondo, poderoso.

¿Y cuál es el cuarto test?

Este es, para mí, el test comodín, el que me saca de todos los apuros, no solo al escribir, sino de dudas respecto al sexismo en general. Si alguna vez te preguntas “¿es sexista esto que estoy haciendo/escribiendo?”, solo tienes que cambiarle el sexo al personaje involucrado. ¿Queda raro, artificial, no termina de encajar? Entonces sí, probablemente estás menospreciando a tu personaje.

Tu personaje femenino es genial, merece algo más que eso. Dale autonomía, ella y tus lectores te lo agradecerán.

 

 

 

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10 regalos literarios para San Valentín que no encontrarás en las listas de siempre

febrero 9, 2015 — by Gabriella6

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Llegó ese momento del año, adorado por muchos y temido por otros tantos.

14 de febrero. San Valentín.

Nunca me ha gustado sumarme a la moda de las recomendaciones de San Valentín. No es que tenga nada en contra de dedicar un día al amor (aunque es una fiesta comercial, hace sentirse mal a los que no tienen pareja, deberíamos dedicarle al amor todos los días del año y blablablá). Pero sí me cansa ver las listas de siempre en esta época: los regalos perfectos para él, los regalos perfectos para ella (por lo visto no podemos coincidir), los poemas más bonitos, los libros ideales.

Si yo le regalara uno de esos “libros ideales” a mi pareja, no creo que lo hiciera muy feliz. Y si él apareciera con una caja de bombones (no soy muy aficionada al chocolate), un ramo de rosas de precio inflado (con lo bonitas que están plantadas y vivas) y un librito de rimas de Bécquer, andaría ya buscando un sacerdote especializado en exorcismo.

No digo que estas cosas estén mal. Pero sé que hay muchos ahí fuera a quienes no gustan estos regalos típicos ni estas listas anuales. No todas las ideas acerca del amor navegan alrededor de El cuaderno de Noah, ositos rosas de peluche y cajitas de chocolate en forma de corazón.

Así que he intentado ofrecer alguna otra opción para los que empiezan a cansarse de tanto «me gusta cuando callas porque estás como ausente…» (porque cuando quieres a alguien normalmente te interesa lo que tiene que decir). Si estás aquí, leyendo esto, asumo que la persona a la que pretendes agasajar para el 14 (o para cualquier otro día del año) es también amante de la lectura, así que allá van:

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1. En vez de Pablo Neruda, Leopoldo María Panero

Ya que hemos empezado hablando del poeta chileno, sigamos con él. Neruda parece haber sufrido el mismo destino que cualquier canción hermosa pero pegadiza que, de tanto radiarse, acaba por convertirse en parte del elenco pop repetitivo de música de hilo musical de supermercado. Si Pablo todavía hace que las cuerdas de tu corazón vibren, genial, pero, para los que empiezan a cansarse, ¿por qué no recurrir a otros clásicos? ¿Qué hay de los románticos, en el verdadero sentido de la palabra, de ese Byron, de Shelley? ¿Y de los griegos y los romanos: Safo, Catulo, Propercio y compañía? ¿Qué hay de los malditos, de Rilke, de Baudelaire? Y, hablando de malditos, siempre podéis regalar este poema de Panero (dejando claro que no es vuestro, pillines), donde le dice a Mercedes Blanco: “Te aguardo / al final del camino: no te ofrezco / ningún gozo / acompáñame en la tumba”, en una maravillosa y triste reflexión sobre la realidad del recuerdo y la (im)posibilidad del amor eterno. (Poema completo aquí).

2. En vez de Cincuenta sombras de Grey, Historia de O

Vale, Historia de O tampoco es un ejemplo de una relación BDSM sana, pero os puedo asegurar que está bastante mejor escrita. Para aprender más, de una forma más realista, sobre relaciones de D/s (dominación y sumisión), S&M (sadismo y masoquismo) y todo lo relacionado, es muy recomendable la web de La mosca cojonera, sobre todo este post, que sirve como introducción para mujeres que se han podido plantear eso de la sumisión y derivados.

Las obras de Sacher-Masoch y del marqués de Sade tampoco son la mejor manera de acercarse al sadomasoquismo, pero tienen un innegable valor estético e histórico, por lo que se llevan aquí una mención.

3. Y si no te va lo del BDSM…

Lo erótico no tiene por qué ser cutre ni ñoño, terreno exclusivo de la novela rosa menos afortunada. Ahí tenemos los grandes clásicos (Delta de Venus, Trópico de Cáncer, Memorias de una cantante alemana, ¡Las once mil vergas!, y una larga lista más). Y no es la novela el único formato: en la novela gráfica también encontramos maravillas, como vemos en esta lista donde aparecen nombres tan conocidos como Milo Manara. ¿Sabíais además que algunos de los dibujantes y creadores más conocidos tuvieron también una vertiente algo guarrilla?

Pero a veces no es lo explícito lo que más nos excita, sino escenas puntuales, discretas, dentro de una historia creíble. Recuerdo que en la novela de fantasía de Robin McKinley Sunshine (¡una novela de vampiros con un vampiro que no es guapo!) hay una sola escena sexual, en la que además no ocurre nada de nada (los dos protagonistas están encerrados en un espacio mínimo y él no puede evitar tener una erección contra el cuerpo de ella) y, sin embargo, hay más tensión y erotismo en ese breve momento que en muchas otras novelas donde se narran actos de índole sexual de principio a fin. Muchas veces se trata más del “precalentamiento” que del acto en sí.

Y hablando de vampiros…

4. En vez de Crepúsculo, El diario secreto de Laszlo, conde Drácula

Probablemente si lo leyera ahora, El diario secreto de Roderick Anscombe, me parecería bastante ligero y mojigato, pero era muy jovencita cuando cayó en mis manos. Esto fue antes de la explosión de Anne Rice y sus vampiros omnisexuales, así que fue todo un descubrimiento. No es el único ejemplo, claro: el mismísimo Drácula de Stoker tiene un contenido sensual indiscutible, al igual que narraciones tan antiguas como El vampiro, de Polidori (basado en la figura de Lord Byron) o Carmilla, de Sheridan Le Fanu, donde la relación entre vampirismo y sexualidad tabú (en este caso, lesbianismo), es evidente. Y, hablando de sexualidad no normativa:

5. En vez de pareja, trío (o lo que quieras)

San Valentín perpetúa la noción de relación monógama que estamos acostumbrados a ver en todas partes. Por suerte, poco a poco esto empieza a cambiar, haciéndose más inclusivo. San Valentín no tiene que ser solo para un hombre y una mujer, ni para una pareja. Si te apetece leer un poco sobre formas diferentes de concebir las relaciones, Ética promiscua, publicado en España por la editorial Melusina, es un lugar interesante donde empezar.

Aunque tal vez algunas de las nociones y términos estén ya un poco anticuados, también tenéis aquí este pequeño artículo introductorio que escribí sobre el tema del poliamor.

En cuanto a lo no heteronormativo…

6. En vez de Romeo y Julieta, Nadan dos chicos

Aunque Romeo y Julieta, como cualquier obra de Shakespeare, es de lo más recomendable, no solo de la unión de hombre y mujer vive la literatura. Ya me habréis oído hablar de Nadan dos chicos, la maravillosa obra de Jamie O’Neill, pero nunca me cansaré de recomendarla. ¿Queréis tragedia sobre un fondo histórico? Con los dos chicos del título tenéis de sobra, creedme. Tiene que haber sido difícil traducir la complejísima prosa de O’Neill (leí el original en inglés), pero, según me cuentan, Pre-textos ha hecho una labor estupenda. Y si queréis chicas, Sarah Waters es una de las grandes favoritas; su historia sobre dos jóvenes enamoradas en la Inglaterra victoriana El lustre de la perla (ejem), le ha valido críticas realmente excelentes. Para más obras de temática no heterosexual, Estandarte ofrece una lista incompleta, pero interesante para empezar, y aquí hay otra más larga (en inglés) y aquí hay otra, también en inglés, muy muy larga.

7. En vez de libros, objetos relacionados con libros

Que tu amado/a adore los libros probablemente significa que adora todo tipo de cosas relacionadas con los libros. En sitios como Etsy, Artesanio o Dawanda podrás encontrar muchísimos regalos hechos a mano especialmente para aquellos que aman los libros. Como por ejemplo este pañuelo de Alicia en el país de las maravillas, este póster con una tabla periódica con las grandes obras de la literatura o tapas para lectores electrónicos que hacen que parezcan libros tradicionales. Y puede ir uno más allá: resulta que hay velas con el olor a libro que decimos que echamos de menos.

Si falla la imaginación, yo creo que hay una solución muy atractiva: busca el libro favorito de tu pareja, encuentra una imagen a buena resolución de la portada y encarga a una copistería o imprenta (física u online) que te lo saque en un tamaño adecuado para enmarcarlo y ofrecerlo como regalo decorativo.

8. En vez de lo fácil… lo facilísimo

¿Sabéis qué es aún más fácil que comprar los libros consabidos por San Valentín? Un libro que a ella (o a él, ¡o a ellos!) realmente le guste. Si tiene lista de los deseos en Amazon, Bookdepository y similar, lo tienes muy sencillo. Si no lo tiene, aún mejor, propongo un juego:

Pídele a tu amado/a que cree una lista de los deseos. Que escriba una lista de treinta libros que quiere tener. O cuarenta. Cuantos más mejor. Como si son cien.

Luego, cómprale uno de esos libros. O dos. O tres. Los que te permita tu presupuesto. También cuantos más mejor. Puede parecer que esto no es genial, porque no es una sorpresa, ¡ahí te equivocas! Primero, por la sorpresa de qué libros habrás elegido de todos los que sabes que él/ella quiere. Segundo, porque con cada libro irá una nota con la explicación de por qué lo elegiste.

No solo compras algo que él o ella realmente quiere, algo que conservará siempre, sino que le demuestras que te importa lo suficiente como para realmente reflexionar sobre cómo y por qué es importante ese regalo. Y si encima te trabajas la presentación, mejor (una caja gigante llena de papeles y libros; un envío intermitente desde Amazon, con notas por email de por qué has elegido cada libro; ¡incluso una caza del tesoro con libros escondidos y pistas!).

9. ¿En vez de un texto ajeno, uno propio?

En los consejos para San Valentín es frecuente leer aquello del poema o la carta romántica. Escríbela del corazón, dicen. Se derretirá, dicen.

No todos tenemos talento para eso de escribir cosas románticas sin parecer unos empalagosos. Dicen que la carta de amor nunca pasará de moda, sobre todo si está manuscrita, y que hasta el poema más ridículo puede ser hermoso a ojos del amante.

Solo que… no, no lo es. Sigue siendo ridículo, y si tu amado o amada es un lector ferviente, sabrá reconocer un mal poema a kilómetros de distancia.

Este consejo es un arma de doble filo. Si no sabes absolutamente al 100% que tu amado/a adora todo lo que le escribes, mejor no arriesgarse. Después de todo, mira que es difícil y frustrante sonreír y fingir que te ha gustado un regalo cuando no ha sido así. Pero si aun así quieres seguir adelante, ahí van algunos puntos para asegurarte de no fastidiarla demasiado:

  • Los poemas no tienen que rimar. De hecho, a no ser que lo tuyo sea el verso alejandrino avanzado, mejor evita la rima y punto.
  • Los tópicos aburren. Si has leído un símil o una metáfora antes más de una vez, no la uses.
  • Usa vuestro lenguaje, esas palabras y expresiones que son solo vuestras: huye del artificio.
  • NUNCA uses papel perfumado. A no ser que seas una dama decimonónica de clase alta, en cuyo caso, adelante. Y de color lila.
  • Acompaña el escrito con un buen regalo (cualquiera de los especificados en los puntos anteriores sirve). Por si acaso.

Y, para terminar, mi “en vez de” favorito:

10. En vez de un libro, el tiempo para compartir libros

Tal vez es porque mi pareja y yo vivimos lejos, y para mí lo más valioso es tener tiempo juntos. Cualquier inversión en regalos prefiero realizarlas en billetes de avión, tren u hotel. Pero pocas cosas tan románticas hay como estar en la misma habitación acurrucados, leyendo juntos. Compartiendo los párrafos que nos gustan, comentando todo aquello que nos parece genial.

Si tu pareja es, como tú, un lector, qué mejor que compartir un buen rato de lectura. Apartar un tiempo para leer, solo para vosotros.


Y nada más, que disfrutéis del 14 cuando llegue y que convirtáis todo ese afán consumista y ñoño y rosa y rojo en algo solo vuestro. O el 15, o el 13, o cuando queráis.

Nunca he estado muy de acuerdo con aquello de ponerse triste en San Valentín si estás solo/a, por cierto. Una fiesta es una fiesta, y yo soy muy de aprovechar las fiestas. ¿Qué mejor manera para celebrar tu amor con la persona a la que más quieres en el mundo?

Sí, eso es. A ti mismo/a.

Bonus: 11. En vez de sentirse solo y lloriquear, esto:

94635-Reading-And-Wine(Que además puede hacerse dentro de una bañera con agua caliente y espuma. Casi nada).

¿Y vosotros? ¿Cuál creéis que es el mejor libro para San Valentín?

 

 

 

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10 cosas que nunca debemos hacer los escritores

febrero 4, 2015 — by Gabriella17

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Ah, la dura vida del artista. La dura vida del escritor. Nos gusta lamentarnos, es cierto. Pero puede ser divertido.

Hace poco encontré, a través del tumblr de Austin Kleon, un texto de la artista Keri Smith llamado How to Feel Miserable as an Artist. Aunque la traducción sería algo así como Cómo deprimirse si eres artista, la propia Keri explica que más bien es lo que no deberíamos hacer bajo ningún concepto. Aunque ella habla de los artistas en general, yo creo que se aplica muy bien a la escritura en particular. Le pedí permiso para traducirlo y me lo concedió. Así que si os veis reflejados en alguno de estos puntos, ya sabéis: subrayadlos con tinta roja (no en la pantalla, claro, a ver si luego no lo vais a poder limpiar) y dejad de hacerlo, ya, de inmediato.

Ahí van las diez maneras de sentirse fatal como escritor, o las diez cosas que nunca deberíamos hacer (los mandamientos son de Keri, todos los comentarios son míos):

cosas que nunca debemos hacer los escritores

Las 10 cosas que no debes hacer

si quieres ser un escritor feliz:

(o por lo menos no demasiado triste)

1. Compararte constantemente con otros

Aunque compararse es bueno, hasta cierto punto (¿si no nos comparamos con los grandes, cómo aprenderemos?), comparar nuestro éxito o fracaso con el éxito o fracaso de otros no solo es injusto, sino que no tiene sentido. No estamos todos en la misma regla de medidas, ni tenemos las mismas características. Y, como bien sabemos, los éxitos o fracasos rara vez son como se cuentan en Facebook o en Instagram (ese pastel no está tan rico como parece en la foto; ese perro con pinta adorable realmente es un desastre que no hace más que comerse el sofá; esas vacaciones de aspecto idílico en Hawai fueron el detonante del posterior divorcio).

Recordemos también que esos supuestos éxitos “de la noche a la mañana” rara vez lo son. Los que escriben libros buenos que parecen salir de la nada, sin aparente esfuerzo, tienen horas y días y semanas y años de trabajo y frustración detrás.

2. Hablar con tu familia sobre aquello a lo que te dedicas y esperar que te animen

Hay excepciones, pero en la mayoría de los casos simplemente no va a ocurrir, no. Nuestras familias (en teoría) quieren lo mejor para nosotros. Y lo mejor para nosotros, por lo menos a sus ojos, no es morirnos de hambre mientras los miramos suplicantes y pobres con la forma de las teclas marcada en la frente de tanto pegarnos cabezazos contra el teclado.

Además, los escritores podemos ser muy pesados y aburridos con tanta obsesión y tanta inseguridad. Comprendedlos. Es normal que se aburran y nos manden a paseo.

El camino del escritor es solitario. Asúmelo. Solo te comprenderán otros escritores, pero no te estarán escuchando mientras hablas de tu obra, porque estarán pensando en la suya propia.

3. Basar el éxito de tu carrera en un solo proyecto

Esto podría ser también “basar el fracaso de tu carrera en un solo proyecto”. Si algo sale mal, horriblemente mal, y la gente te tira fruta podrida apenas te asomas a la ventana, qué le vamos a hacer. No eres un fracaso. Tal vez ese libro sí lo sea (o, tiempo al tiempo, ¡reconocerán lo bueno que era cuando hayas muerto!), pero tú no. Ponte ya a escribir otro libro mejor. De la misma manera, porque tengas un libro/relato/poema/ensayo que goce de una gran aceptación, no significa que puedas retirarte a vivir de las regalías, satisfecho de haber alcanzado los laureles del autor vitoreado. Sigue trabajando. Puedes hacerlo mejor.

4. Conformarte con lo que ya sabes

Esto es: no salgas de tu zona de confort, no pruebes nada nuevo, no te esfuerces. ¡Mal! La única forma de progresar es atreviéndote con aquello que desconoces. Muchos profesores de talleres literarios te dirán: “Habla de lo que sabes”. Y no es mal consejo, para empezar. Pero llegará el momento en que, para avanzar, necesitarás salir de tu agujerito y explorar mundo.

Yo lo hago constantemente. Escribo cosas raras, cosas que no me salen, que tengo que forzar. Por poneros un ejemplo: ¡el otro día conseguí escribir una escena de sexo heterosexual!

Bueno, bah. Lo confieso, es mentira. Pero algún día lo conseguiré, os lo prometo.

5. Quitarle importancia a tu experiencia

Si llevas ocho años escribiendo y currándotelo, tío, ¡que llevas ocho años escribiendo y currándotelo! ¡Que has publicado cuatro libros! No te comportes como si solo hubieras publicado un poema en la revista del colegio.

Creo que esto es más fácil de decir que hacer, lo sé. Por un lado, muchos tenemos el síndrome del impostor. Y no están las cosas como para ponerse a exigir lo que realmente merecemos, tal y como está el mercado. Pero creo que este es un consejo que puede aplicarse a muchos ámbitos, no solo al de negociar contratos con editoriales. Dale valor a tu trabajo. Si llevas diez años trabajando, si has progresado, si has avanzado, deja de hacer las cosas gratis, para empezar. Y si las haces gratis, que sea por algo que realmente te ayude a avanzar, o que te produzca felicidad.

Y sí, esto también va por determinados grandes medios con ánimo de lucro (mucho lucro) que utilizan a escritores experimentados y blogueros profesionales para crear sus contenidos sin que estos vean un duro, por aquello de darles una “plataforma” y “exposición”. Exposición es lo que tienes cuando te da el sol durante el día, no cuando consigues un seguidor en Twitter cada tres meses.

A ver si entre todos podemos conseguir que el oficio de escribir (sea en el género y formato que sea) valore un poco más la experiencia, especialización y profesionalización. No digo que cualquiera pueda escribir dos palabras escritas y sentarse a esperar que le paguen, pero sí que se empiece a valorar el trabajo de aquellos que lo merecen. Por lo menos, pidamos. Que nos lo den o no es otra cosa, pero vamos a pedir. A veces te llevas sorpresas agradables.

6. Dejar que el dinero dicte lo que haces

Pues claro que necesitamos dinero para vivir: para comer, pagar un alquiler o una hipoteca, sobrevivir a las ofertas de Steam… todas esas cosas fundamentales para la supervivencia del humano medio. Pero siempre está el peligro de que nuestras ganas de conseguir dinero nos hagan olvidarnos de lo que realmente nos gusta. Sí que es cierto que cierto tipo de novelas de romántica venden mucho mejor que la fantasía oscura, por ejemplo, pero el día en que yo escriba “cada vez que veo su tableta de chocolate me estremezco por dentro”, por favor, venid personalmente a mi casa y dadme una bofetada tan fuerte que se me reordenen las neuronas y se me quite la tontería de golpe.

Y no me entendáis mal: no hay absolutamente NADA de malo en escribir tres páginas hablando de los abdominales de un tipo sudoroso. Es solo que a mí no me dibujaron así. Yo soy más de orgías desenfrenadas entre androides y magos de fuego. Orgías en las que muere gente y su sangre crea un portal mágico a otro mundo, por el que se cuelan monstruos primigenios.

¿Qué?

7. Someterte a la presión social

Lo mismo. ¿Creéis que a la gente le parece bien lo de los androides y los magos de fuego? Pues habrá a quien no le guste, del mismo modo que a mí no me interesa lo de la tableta de chocolate ni las novelas donde se usan tres capítulos para describir con pelos y señales una batalla naval en el siglo XVII. Si intentas complacer a todo el mundo, no conseguirás nada. Peor: conseguirás un texto blandurrio completamente igual que todos los textos blandurrios. Por lo menos Crepúsculo innovó en el terreno de la comedia.

(Creo que con ese último comentario tampoco he complacido a todo el mundo. ¡Eh, solo estoy intentando seguir los consejos de Keri!).

8. Trabajar solo en aquello que le encantará a tu familia

El otro día le pedí a mi padre, que es informático, si podía echarle un ojo a mi nueva novela corta, un texto con aires ciberpunk, para asegurarme de que no había ninguna metedura de pata técnica de las gordas.

Luego me acordé de que el protagonista es un programador de videojuegos pansexual que se pasa media novela fantaseando con las tetas de una chica que ha conocido en un programa virtual.

Igual ya no se lo dejo.

La cosa es que si te limitas a escribir aquello que crees que será aceptable para tus seres queridos, estás dejándote fuera una parte muy importante de ti mismo. Todos tenemos demonios, y la escritura es una forma genial de exorcizarlos. Y no tiene que ser algo tan extremo como la vida sexual de un hombre futurista, simplemente hablar de ciertos temas delicados puede echarnos atrás en muchas instancias. Es difícil, pero a veces hay que hacerlo.

9. Hacer todo lo que pida el cliente

El cliente podría ser aquí el editor, por ejemplo, si escribes narrativa. Claro que hay que hacer caso de los editores, pero no hasta el punto de que destruyan aquello que te es importante. Y si escribes por encargo… bueno, ahí sí tienes que hacer lo que pide el cliente, pero intenta siempre añadirle un toque personal, algo que lo identifique solo como tuyo. Eso es lo que realmente te hará destacar por encima de los demás.

10. Ponerte metas inalcanzables/estresantes que tengas que alcanzar mañana mismo

De esto hemos hablado ya. Las metas buenas son las que se plantean a largo plazo y que se van alcanzando muy poco a poco, haciendo algo pequeño pero seguro todos los días.

Ponerse mil metas a la vez y esperar alcanzarlas ya mismo no solo es poco realista, sino que destruye tu autoestima y la confianza en tu habilidad para alcanzar cualquier objetivo.

Poco a poco, despacito y con buena letra.

Con muy buena letra.


¿Qué opináis vosotros? ¿Qué añadiríais a la lista de Keri? Creo que todo lo que se me ocurre ahora mismo podría encajar dentro de alguno de sus puntos. Tal vez habría que añadir: “rendirse”. Tal vez ese sea el peor error que podemos cometer. Rendirse a veces es necesario, sobre todo si estás viviendo bajo un puente y te han ofrecido un trabajo con un sueldo digno, haciendo algo que no sea nada artístico; pero aun en esas circunstancias puede llegar el ansia de crear, la necesidad de seguir escribiendo de madrugada, antes de entrar a currar, o en el descanso, con el bocadillo en la mano. Pero sigamos un poco más. Intentémoslo otra vez.

Las recompensas están ahí. Son insuficientes, y tardan más que un autobús cuando tienes prisa, pero están ahí. Además, todos los demás se rinden. Al final solo quedas tú.

 


Esta parte ya os la sabéis, pero la voy a decir otra vez, porque vuestro dinero es lo que me permite comprar plumillas. Y tengo un problema con las plumillas:

Mi librito de corrección básica para escritores ya está disponible en papel. Si quieres tenerlo en tus manitas, para subrayarlo y guarrearlo como debe ser, tienes dos opciones:

a) Comprarlo directamente en Amazon aquí: http://mybook.to/70trucos o…

b) Escribir a gabriella@gabriellaliteraria.com si quieres comprarlo dedicado y caligrafiado.

¡OS PROMETO QUE HA QUEDADO MONÍSIMO! Hasta tiene un unicornio en la contraportada, lo cual imagino que no os sorprenderá en absoluto:

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¿Dónde y cómo escribimos? 12 autores más nos dan su respuesta en imágenes

enero 30, 2015 — by Gabriella12

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Hace un tiempo escribí (o más bien compuse, porque se trataba de juntar pedazos) un artículo sobre cómo y dónde escribían algunos escritores que conozco. Tuvieron la amabilidad de mandarme fotos y explicaciones, y todo quedó muy bonito e interesante y visual y fue muy popular, tal vez porque somos todos un poco cotillas.

Visto el éxito de la primera entrega, decidí que todavía quedaban muchos autores por descubrir, muchos autores a los que importunar y con los que colarme por la ventanita de sus vidas.

Así que hice otro llamamiento y me contestó otro buen puñado de escritores majos, dispuestos a enseñarnos dónde y cómo se dedican a eso de darle a la letra.

¿Dónde y cómo escribimos? Ahora mismo lo vais a ver:

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Entrevistas relámpago a escritores (24): Rubén Martín

enero 22, 2015 — by Gabriella2

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¡Jueves y entrevista!

Hoy vamos con un poeta, que ya iba siendo hora. Os presento al todoterreno Rubén Martín.

¿Qué era esto de las entrevistas relámpago? Tengo una lista muy larga de preguntas cortas (ahora mismo va por 90 preguntas y subiendo). De allí, usando random.org, selecciono una secuencia de quince preguntas aleatorias, que le entrego al entrevistado o entrevistada. Este (o esta) elige diez de esas preguntas y responde con frases también breves. Al final, hay una pregunta extra que podrá aprovechar para hablar un poco más de sí mismo/a o para vengarse de la entrevistadora (es lo justo). La semana pasada entrevisté a Virginia Pérez de la Puente, y podéis ver todas las entrevistas publicadas hasta ahora en este enlace. Y ahora, vamos a hablar un poco del entrevistado de hoy:

Rubén Martín (Granada, 1980) es poeta y traductor de poesía. Ha publicado textos de diversa índole en revistas como Quimera, Salamandria o Kokoro, en la que es colaborador habitual, y participado en publicaciones colectivas como la antología Andalucía Poesía Joven (Plurabelle, 2004) o el volumen Locos de altar (Alea Blanca, 2011), junto a Begoña Callejón y Leopoldo María Panero. En 2006 ganó el premio del certamen de poesía Andalucía Joven del IAJ con Radiografía del temblor, publicado por la editorial Renacimiento al año siguiente. Como traductor es responsable de las versiones en castellano de Poemas a la muerte (2010) de Emily Dickinson y Rompiente (2014) de Jorie Graham, ambas en Bartleby Editores. Su interés por el diálogo interdisciplinar se refleja en su proyecto de spoken word electrónico Máquina Líquida, además de sus actuaciones con músicos como Alejandro Morales o Primo Gabbiano. Actualmente trabaja en el libro digital Neuromaquia, una obra en colaboración con la artista Mónica Ezquerra, que saldrá a la luz en 2015 de la mano de Skat Editores.

Rubén es antiguo compañero de facultad, de charlas trascendentes y de juergas granadinas. Para mí, leer a Rubén es regresar a los tiempos universitarios, a las cañas y los vinos con otros poetas con los que coincidíamos de una u otra forma, almas errantes como Marco Antonio Raya, Natalia Manzano, David Mena o Begoña Callejón (mencionada en esta misma entrevista). Es también el eslabón clave en cualquier grupo de personas con tendencias artísticas. En serio, Rubén Martín es el Kevin Bacon del mundo literario. Tal vez tú no conozcas a Rubén, pero conoces a alguien que conoce a Rubén, eso te lo aseguro.

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ENTREVISTA RELÁMPAGO A RUBÉN MARTÍN

Rubén_M.1. Tu blog favorito

Lost in Marienbad, el blog (ahora hibernando) de Antonio F. Rodríguez, a quien por entonces llamábamos Stalker. Ahí se formó una comunidad insólita de lectores, tan intensos y exigentes que me impulsaron a dar otra vuelta de tuerca no solo a mi escritura, sino a mi misma forma de leer y de ver cine. También hice amigos y amigas inolvidables, entre ellos el mismo Antonio.

2. ¿Cómo te sentiste la primera vez que te publicaron algo?

Cuando me comunicaron que había ganado el Premio Andalucía Joven, estaba en los servicios del primer instituto en el que trabajé, entre clase y clase. El centro era un poco conflictivo y me habían advertido: “No sonrías en el aula hasta bien entrado el tercer trimestre”. No dije a nadie lo del premio aquella mañana, pero creo que esa vez no logré obedecer aquel consejo.

3. Un libro para no dormir

Se me ocurre La condesa sangrienta de Alejandra Pizarnik. Otros muchos han escrito sobre Erzsébet Bathory, pero no con ese nivel de fascinación con el personaje y describiendo el horror con tan perturbadora delicadeza.

4. ¿Hablas algún otro idioma aparte del tuyo?

Cuando escribo o traduzco un poema trato de hablar en un idioma diferente al mío, uno que se pueda tocar, oler, mirar, y que devuelva la mirada, y que tenga agujeros y trincheras desde donde sobrevivir.

5. Un libro que no pudiste terminarte

Por ejemplo, cualquiera de ese tipo de poesía costumbrista de lenguaje plano que busca la simpatía del lector mediante una supuesta identificación, que tanta omnipresencia ha tenido en mi ciudad durante décadas. Me aburre mortalmente.

6. ¿Qué libro te habría gustado escribir?

Una nueva traducción de La rosa de nadie o Reja de lenguaje de Paul Celan al español. Pero no he sabido continuar lo poco que aprendí de alemán.

7. ¿Qué libro has releído más veces?

El último que he traducido, Sea Change de Jorie Graham. Por mero placer, probablemente Macbeth de Shakespeare.obra_196

8. Libro/s en tu mesilla de noche en estos momentos.

Más bien en la cabecera del sofá: El hospital de las muñecas, último poemario de Begoña Callejón, y Los cabellos de Absalón de Calderón de la Barca, que estoy releyendo precisamente. También alterno con India de Chantal Maillard, un monumental libro misceláneo de este 2014.

9. ¿Con qué animal te compararías?

Con mi gata Brunilda, al menos cuando se sube a mi portátil para dormir y destroza las teclas con sus patas al despertarse y tomar impulso. Desde pequeño cojo el bolígrafo de forma tan extraña que hago mucha presión y tiendo a dañar el papel.

10. Libro que más te ha influido

Las flores del mal no es mi libro favorito ni el que más peso ha tenido sobre mi escritura, pero sí el que me empujó definitivamente hacia la poesía. Recuerdo la navidad de mis dieciséis años como un enfrentamiento interminable con esos poemas de Baudelaire, algo conflictivo, mezcla de atracción y rechazo, que a partir de entonces buscaría en todo lo que leo y escribo.

Pregunta extra (seleccionar opción y contestar):

a) El entrevistado se inventa una pregunta, la hace y se responde a sí mismo.

b) La pregunta la hace el entrevistado a la entrevistadora.

c) Ya he terminado, deja que me vaya a mi casa. Por favor.

Ya que he visto que la mayoría escogen la opción (b), optaré por la (a) y me pregunto:

¿Por qué ese interés en integrar música y poesía en los recitales? ¿Se debe a una desconfianza en la palabra desnuda, sin aditivos?

Para mí un poema escrito es un artefacto solitario que exige la colaboración del lector para crear su música interna: resonancias entre imágenes, ideas, la posibilidad de volver sobre los versos. Eso se pierde casi siempre en las lecturas públicas, donde además los poetas salvo impresionantes excepciones suelen –¿solemos?– ser mediocres recitadores, cuando no soporíferos. Contar con un entorno musical, dotado de ritmo, textura y otras cualidades, permite restablecer en vivo esa inmersión que se produce en la lectura privada, una experiencia envolvente y aislante, con pliegues y repliegues de intensidad.

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Muchas gracias a Rubén por sus respuestas, ¡y no os perdáis la entrevista de la semana que viene!

Advertencia para escritores: Aunque esta ha sido desde el principio una convocatoria abierta para todos los escritores que quisieran participar, en estos momentos tengo bastantes entrevistas acumuladas, por lo que, por ahora, se cierra dicha convocatoria y no se admiten solicitudes de entrevistas. Eso, sí, sentíos libres de seguir enviando propuestas de preguntas para las entrevistas a gabriellavc(arroba)yahoo.es

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13 preguntas importantes que se hacen los escritores antes de promocionar un libro

enero 12, 2015 — by Gabriella15

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Qué complicado es esto de mezclar arte y mercado, creación y venta. Son dos mundos muy diferentes que sin embargo se acaban viendo mezclados, de forma inevitable. El arte suele llevar asociado una recepción, y en el caso de los libros, los productos expuestos se pagan. Mediante estas ventas, el autor puede hacer cosas mundanas pero necesarias como pagar la hipoteca y comer.

Bueno, esa es la teoría.

Como es un tema recurrente entre escritores (y algunos editores y lectores), he decidido pelearme de frente con el espinoso debate del marketing de una obra literaria. ¿Cuál es el enfoque ideal para promocionar un libro? Y estos son los puntos que más veo, las cuestiones de las que más hablamos entre nosotros. Aquellas que atacan el complejo nudo gordiano de la relación entre la pureza de lo artístico y la aparente “suciedad” de la comercialización.

Ahí van. Aviso: Este artículo es bastante largo, y eso que he eliminado un buen montón de paja. Es un tema sobre el que he leído y debatido bastante con colegas de profesión y sector, y aun así tengo la sensación de que no hago más que arañar la superficie. Haceos un té o algo y echadle ratico.

Primera pregunta, y la más frecuente:

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Sorteo Salir de fase en Sense of Wonder. ¡Una pila de libros en juego!

diciembre 27, 2014 — by Gabriella0

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Hace unos días se publicó a través de la editorial Palabaristas la obra Salir de fase de José Antonio Cotrina. Este ebook contiene Mala racha (premio Alberto Magno 2000) y Salir de fase (premio UPC 2000), dos novelas cortas más que excelentes en la línea del cyberpunk. La obra está disponible en Lektu, con precio dinámico de 1 euro (es decir, pagas un mínimo de un euro, pero puedes pagar más si quieres).

Pero ese no es el motivo principal de mi post. En una conversación de Twitter, cuando le preguntaron cuándo escribiría más relatos ambientados en este mundo ci-fi, Cotrina dijo esto:

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Y Odo le tomó la palabra y ha organizado un tremendo sorteo en su blog, Sense of Wonder, donde nos anima a comentar, promocionar y a participar en un sorteo de cinco ejemplares de Salir de fase, a ver si alcanzamos ese objetivo de 200 ejemplares vendidos para que Cotrina nos escriba algún otro relato ambientado en este mundo. Además, cuanta más gente se apunte, ¡más libros sorteará! Las condiciones las tenéis aquí, pero de todas formas os transcribo aquí lo más importante:

Para ver mi pequeño sueño hecho realidad, por un lado os animo a adquirir el ebook: se puede comprar a partir de tan solo 1€ (aunque se puede pagar más si lo deseáis, gracias al precio dinámico de Lektu) y merece mucho, mucho la pena. Y por otro, quiero organizar un sorteo y una pequeña campaña para convencer a Cotrina de que continúe con esta estupenda serie de relatos.
Desde hoy y hasta el próximo día 12 de Enero a las 23:59 (hora de Madrid) podéis dejar un comentario en esta entrada diciéndole a José Antonio Cotrina que queréis leer más historias en su universo cyberpunk. Entre todos los participantes, sortearé 5 ebooks de Salir de fase (que compraré y regalaré a través de Lektu) usando algún servicio como random.org una vez finalizado el plazo. Es más, por cada cinco personas adicionales que se apunten al sorteo a partir de las cinco primeras, añadiré un ejemplar más al sorteo (hasta un máximo de 20 ebooks). Así, si participan 10 personas, sortearé 6 ebooks; si son 15 los inscritos, entonces habrá 7 ebooks y así sucesivamente. No olvidéis dejar alguna forma de contacto (email, nick de Twitter…) para que pueda ponerme localizaros si resultáis ganadores.
¡Venga, animaos a participar! ¡Que no me vea a obligado a hacerle un “Misery” al bueno de Cotrina!

Y aquí os dejo la sinopsis del libro:

salir_de_fase_1152_WtrJD5PLContiene Mala racha, premio Alberto Magno 2000, y Salir de fase, premio UPC 2000.
La humanidad ha cambiado.
Los seres humanos son compilados nada más nacer. Sus cerebros se vierten en discos de identidad que luego se introducen en cuerpos diseñados por empresas de arquitectura genética. Estos cuerpos son desechables, intercambiables y están sujetos al capricho de la moda, son un producto de consumo más.En Ío, Dorada James encuentra algo imposible: un disco de identidad que ha sobrevivido intacto entre la lava y las constantes erupciones volcánicas. Y todavía más sorprendente es el hecho de que la persona compilada en ese disco todavía sigue con vida.
En Chapitel Luna, Alexander Sara adquiere un cuerpo ilegal de última generación, repleto de todo tipo de armamento. Solo tiene un objetivo en mente: acabar con Ethan Lárnax, el hombre más poderoso de la galaxia, el hombre que asesinó a su amante.
¡Intercambio de cuerpos! ¡Tecnología delirante! ¡Sexo y venganza! ¡No sé a qué estáis esperando!

LIBROS DE GRATIS

 

 

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¿Cuándo tiene que cortarse el escritor de literatura juvenil? Los expertos opinan

octubre 29, 2014 — by Gabriella11

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imagesUno de los problemas con los que me encontré en El fin de los sueños, en la novela que he terminado hace poco e incluso en la que he empezado a escribir ahora, fue el de los límites del propio género. ¿Hasta dónde podemos hablar de sexo y violencia, por ejemplo? ¿Hasta dónde podemos hablar de depresión, de suicidio o de pérdida? Es algo que, en lo que respecta al juvenil, nunca he tenido nada claro. No me gusta tratar a los lectores jóvenes como si fueran pobres corderillos y soy bastante consciente de que esta generación está bastante más expuesta a la sexualidad, a la violencia y a tantas otras cosas.

En una charla sobre coherencia en los mundos de fantasía a la que asistí en el Festival de Fantasía de Fuenlabrada, el escritor Emilio Bueso dijo que a él no le gustaría que su propio hijo leyera sus libros en estos momentos; no tanto por componentes de sexo o violencia, sino por una visión tremebunda del mundo que nadie desea para alguien que todavía disfruta de cierta inocencia e idealismo. Aunque Bueso no es escritor de juvenil, ofrecía una visión que es clave para muchos autores que sí lo son. Así, hay muchos límites que rodean al género, límites que además varían según hablemos del juvenil tradicional o del más reciente New Adult, que se dirige a un público algo más mayor.

¿Cómo marcar esos límites? ¿Cuáles deben ser? Decidí que haría lo mejor que puede hacerse en estos casos, que es preguntar a los expertos. Así que reuní a un grupo excelente de autores, editores y lectores de juvenil, y les pedí su opinión. Como podréis ver, hay observaciones dispares, pero todas inteligentes y bien razonadas.

Alfredo Álamo

(escritor y coordinador de Lecturalia)

Creo que el “nivel” de ¿sordidez? debe ir acorde con la historia que estás contando y de si hay implícitos valores morales adicionales o no. Creo que lo que debe sobrar siempre es la gratuidad, algo que es aceptable en narrativas más complejas pero a nivel juvenil adulto no tienen sentido. También habría que discutir cómo de explícito puedes ser antes de caer en lo pornográfico o en el regodeo por la violencia. Yo creo que el sentido común existe, así como la coartada que te permite el arte para saltártelo, así que un equilibrio entre ambos sería lo mejor

Carlos García Miranda

(escritor y guionista):

Cuando escribí mi primera novela me salté esos límites. El libro chorreaba violencia y tenía unas cuantas páginas con sexo explícito. Lo hice porque la historia lo pedía, y porque no me parecía que fuera a escandalizar a nadie; nada de lo que había escrito era algo que no se le hubiera pasado antes por la cabeza a un lector adolescente. Pero el caso es que, al publicarse, hubo bastante revuelo… Por lo visto, había escrito sobre cosas que no solían leerse en los libros juveniles. Lo más sorprendente, al menos para mí, fue que las “protestas” las causó la parte sexual. De la violencia no dijo nadie ni mu.

No sé si me ayudó o perjudicó saltarme las normas no escritas sobre lo que debe incluir un libro YA. De lo que estoy seguro es de que volvería a hacerlo si la historia lo pide

César Mallorquí

(escritor)

En principio, creo que la literatura juvenil no debería tener ningún límite; o, mejor dicho, los mismos límites que pueda tener la literatura en general, si es que los tiene. Pero el caso es que, de hecho, sí que existen ciertos límites “sociales”; es decir, comúnmente aceptados. Personalmente he dedicado una buena parte de mi obra juvenil a explorar esos límites y comprobar hasta dónde podía transgredirlos. Por ejemplo, el lenguaje; el uso de palabras malsonantes.

En la primera novela juvenil que escribí, algunos personajes (skinheads, en concreto) usaban tacos en sus diálogos. La editorial me sugirió que los eliminara, y yo me negué, porque los consideraba necesarios para definir la personalidad de esos personajes. La novela se publicó tal cual y no pasó nada. Luego, dando charlas a jóvenes lectores, algunos se extrañaban por el uso de las palabrotas, porque no estaban acostumbrados a verlas por escrito. Pero lo entendían cuando les explicaba que, si quería describir a un skinhead verosímil, no podía hacerle exclamar “caray”, “córcholis”  o “jopé”.

El límite de la violencia en realidad no existe. En muchas de mis novelas hay escenas de violencia (en algunas de gran violencia), y nunca nadie me ha comentado nada al respecto. Hay violencia en muchísimas obras juveniles.

En cuanto al sexo, ahí sí que hay un poderoso límite social y cultural, como si los jóvenes no tuvieran sexo (cuando precisamente es uno de los asuntos que más les interesan). No obstante, ese límite va relajándose poco a poco, y ya puede hablarse de sexo en los textos juveniles… siempre y cuando no sea sexo explícito. Personalmente eso no me supone un gran problema, porque el sexo explícito, en literatura, siempre me ha parecido artificial, generalmente innecesario y, con frecuencia, un tanto ridículo. Pero el tabú del sexo sigue existiendo en la literatura juvenil, y deberíamos procurar acabar lo antes posible con él.

¿Creo que la literatura juvenil debería tener algún límite? Rotundamente no; salvo los derivados de la ética personal del autor (pero eso podría aplicarse también a todo tipo de literatura, ¿no?).

Sofía Rhei

(escritora):

Yo creo que la LIJ no es un género literario, sino un nivel lector, del mismo modo que la literatura infantil. Dentro de ella caben casi todos los géneros. 
 
Las diferencias con la literatura para adultos, son, efectivamente, las cantidades de sexo y violencia, pero también las menciones a drogas y otros temas socialmente controvertidos, el terror extremo, y desarrollos excesivamente académicos que sí pueden tratarse en libros para adultos. En general la LIJ tiene un rango de vocabulario menos extenso, pero existen numerosas excepciones a todo esto. 
 
Yo creo que las editoriales tienen una responsabilidad hacia los padres y los adolescentes cuando etiquetan un libro como apto para ellos. Por supuesto, padres, educadores y los propios adolescentes son muy libres de leer o de proponer leer lo que les venga en gana, pero la LIJ me parece una etiqueta útil para las personas que prefieren no encontrarse con sorpresas que les puedan resultar desagradables. De hecho, es el único motivo de su existencia.

Irina C. Salabert

(editora de Nocturna Ediciones):

Creo que los límites deben, en todo caso, separar lo gratuito de lo necesario. A mí no me preocupa lo más mínimo que una novela juvenil tenga sexo o violencia, siempre y cuando eso aporte algo a la historia o a los personajes. Por ejemplo, en Nocturna publicamos Cenizas, de Ilsa J. Bick, una trilogía que comparte bastantes características con The Walking Dead. Claro que tiene escenas violentas, pero sirven para ilustar el contexto, para hacer reflexionar a los protagonistas sobre hasta qué punto estarían dispuestos a sobrevivir. En El señor de las moscas, Golding describe con mucha crudeza la muerte de Piggy. Pero ¿es gratuito? En absoluto, ya que ese momento representa el fin de la civilización.
 
Lo que me resulta muy curioso de este asunto es que, ahora mismo, la violencia sea más aceptable en la literatura juvenil que el sexo. Mientras que en series como Los juegos del hambreEl corredor del laberinto Divergente pueden darse situaciones un tanto cruentas (y muchas de las propuestas que nos llegan van en la misma línea), hay un puritanismo de lo más extraño en todas las cuestiones sexuales. Y no es que me interesen las novelas que dependan del sexo a lo Cincuenta sombras de Grey ni mucho menos, pero no creo que sea lógico explotar tanto la violencia y seguir considerando el sexo un tabú. Para mí, en esta materia todo lo censurado es tan negativo como lo gratuito.

Miriam Malagrida

(editora de la colección Neo de Plataforma Editorial)

Los límites en juvenil solo puede marcarlos el lector. Para mí, como lectora y editora, un libro es juvenil cuando refleja los intereses, las inquietudes o las preocupaciones de los jóvenes, y al mismo tiempo es capaz de atraparlos y de despertar en ellos nuevas emociones y reflexiones. Y esto puede hacerse desde muchos subgéneros y tratando temas muy diversos, que van mucho más allá de la violencia o el sexo. Una novela juvenil romántica es buena cuando el autor consigue captar y transmitir la esencia del primer amor, del mismo modo que una distopía para adolescentes lo será si logra crear un escenario envolvente y creíble y despertar la conciencia social de los lectores.

Si un autor quiere escribir juvenil, solo debe pensar en su público y sobre todo alejarse de los tópicos que a veces recaen sobre este género. No es casual que los libros que normalmente menos gustan a los jóvenes son los que están infestados de clichés y no reflejan la verdadera complejidad de sus mundos y sus preocupaciones. Quizá el único límite admisible dentro del género (y seguro que en ocasiones encontraríamos motivos para transgredirlo) es que los personajes exploren cualquier tema de interés para los jóvenes, y esto es tan amplio como la vida misma…. Y tal vez por eso cada vez más adultos se confiesan lectores de literatura juvenil.

Vanesa Pérez-Sauquillo

(escritora, poeta; fue editora de Alfaguara)

La adolescencia es uno de los períodos más conflictivos de la vida, y el editor de literatura juvenil debe ser consciente de que sus lectores están todavía en una etapa de formación, muy vulnerable. Es cierto que a esas edades se leen ya libros para adultos, y grandes clásicos (sin adaptación), pero el editor especializado en juvenil tiene una responsabilidad con su público sobre los contenidos que publica. 

Siempre se discute el hecho de reducir la violencia, el sexo, las drogas… Yo creo que hay algo más importante, y es la necesidad de transmitir esperanza. No debe haber cabida para el suicidio del protagonista en un libro juvenil, ya que es precisamente en esta etapa donde se dan las estadísticas más elevadas. En la LIJ, siempre tiene que haber superación de los problemas. El lector debe confiar en que todo se resolverá en la narración, y también en su vida, como en los cuentos de hadas: si te enfrentas al peligro, podrás encontrar la salvación dentro de ti mismo (bien a través de tu ingenio o de tu buen corazón, ¡hay tanto por descubrir dentro de uno!), o gracias a algún agente externo (tal vez alguien que te dé la clave, como por arte de varita mágica).

La esperanza es un mensaje necesario para la formación del ser humano. A mi parecer, es uno de los valores claves que te pueden transmitir los libros. Montserrat Sarto escribió: “El que lee no está haciendo algo, se está haciendo alguien”. Y sobre todo durante las primeras etapas de la vida, tan hermosas, pero a la vez, tan llenas de interrogantes y de dificultades.

Y, por último, vamos a ver qué opinan los lectores:

Ruth Pérez de San Macario

(lectora y bloguera)

Hace un par de semanas me leí los dos primeros libros de una trilogía titulada Penryn and the End of Days. Está considerada como literatura YA pero el nivel de violencia y escenas/descripciones macabras es bastante alto. Personalmente me gustó, pero tal vez a alguien con un estómago más flojo no le gustaría (estoy casi segura de que los padres de un chico o una chica de 15 años dirían que no es lo adecuado). El problema de estos libros es que si le quitas la violencia, perderían la esencia de lo que es la historia en cuestión (es una distopía, lo mismo le ocurriría a Los juegos del hambre y a todas las novelas consideradas como tal).

Con esto quiero decir que dentro del género juvenil te puedes encontrar un sinfín de subgéneros que van a contener aquello que el lector está buscando. Creo que cerrarle la entrada a los libros con violencia en este ámbito de la literatura es algo ilógico porque ¿qué gracia tendría una historia apocalíptica o épica sin ella? Con esto se perdería parte de la acción y los jóvenes estamos ansiosos de encontrar escenas trepidantes en libros así.

Los lectores de YA estamos más que preparados para leer historias violentas sin sentirnos conmocionados, porque cuando elegimos un libro ya sabemos qué nos vamos a encontrar. Por lo tanto, no, no creo que los autores deban cortarse a la hora de escribir respecto a esto si el libro necesita escenas fuertes.

Por otra parte, está el asunto del sexo. Me parece que no he encontrado ninguna novela YA que se atreva a tratar el tema de forma abierta más allá de los de Federico Moccia (y no, tampoco es nada para tirar cohetes). Y creo que es algo ilógico: somos jóvenes, con plena revolución de hormonas, tenemos acceso no restringido a internet y, en ocasiones, parecemos saber más de ese asunto que algunos mayores.

Es decir: no nos asustamos fácilmente ya. Quizás en otra época el género debería ser más cerrado, ¿pero ahora? Tampoco estoy hablando de que se acepten novelas eróticas, porque no es plan, pero, de verdad, no es necesario hacer un corte radical en las escenas cuando los personajes pasan a algo más allá de los besos inocentes. Si los protagonistas son jóvenes deben actuar como jóvenes (solos, en casa, sin nada que hacer, con la tensión del momento…). Si los autores quieren que los lectores se sientan identificados no deben tratar el tema del sexo como un tabú, porque entre nosotros no lo hacemos. Los comentarios salidos de tono, las gracias con referencias sexuales y cosas parecidas no nos asustan. Es más, es precisamente eso uno de los detalles que más acercan la novela al lector porque es algo real.

En resumen, tampoco veo necesario que los escritores se comporten como mojigatos cuando escriben sus libros, a pesar de que sean juveniles. (Dentro de lo normal, obvio, no vas a meter escenas BDSM porque ahí sí que podrías conmocionar a alguien).

En mi opinión, los límites de la literatura juvenil son muy difusos. Lo más básico para poder clasificar a una novela como tal es que el lector de entre 15 y 20 años (aproximadamente, ya sabemos todos cómo es esto de los gustos literarios) se sienta identificado con los personajes, sin importar si es una distopía, una historia épica, de ciencia ficción, etc. Deben pensar como nosotros, y para ello el autor no nos puede ver como críos de 5 años con ningún tipo de preparación psicológica o intelectual para afrontar hechos “fuertes”. Somos personas inteligentes, tenemos nuestros estudios y vamos aprendiendo poco a poco cada día, vemos las noticias y estamos enterados de lo que pasa en el mundo. Los personajes deben actuar en consecuencia. Es más un límite de conceptos que de temas (por poner varios ejemplos: conocemos el funcionamiento de la justicia, pero no puede haber un montón de descripciones de leyes porque no estamos dentro de ese ámbito y eso nos aburriría; puede haber escenas de sexo pero tampoco necesitamos una descripción íntegra porque el resto nos lo imaginamos, aceptamos las muertes y heridas de los personajes sin tener que leer cómo dejan de funcionar los órganos uno a uno y por qué, ya que eso paraliza la acción del momento…).

Miguel Trujillo

(lector, traductor y bloguero):

Personalmente, opino que las editoriales en general y las españolas en particular pecan demasiado de subestimar a sus lectores en cuanto a estos dos temas en concreto. Creo también que hay cierto miedo bastante evidente en según qué editoriales, quizás a las posibles opiniones de los padres o profesores, quizás a una posible polémica; o quizás se trata simplemente de que muchas siguen tratando de aleccionar a sus lectores sin darse cuenta de que lo que venden no es literatura prescriptiva, sino literatura juvenil. 
 
Aunque en otras temáticas sí que ha habido una clara evolución, en todo lo relativo al sexo y a la violencia parece que sigamos estancados en la censura impuesta hace cincuenta años. Y eso es absurdo, porque un adolescente de hoy en día ha visto mucho más sexo y violencia que uno de hace cincuenta años. En televisión, videojuegos y periódicos se nos bombardea constantemente (no es un secreto que el sexo y la violencia venden), así pues, ¿por qué no incluir estos dos aspectos tan reales de la vida en la literatura? No se trata de hacer apología de la violencia ni mucho menos, sino todo lo contrario: normalmente, la violencia en la literatura juvenil la ocasiona algún personaje malvado o algún enemigo que hay que derrotar. ¿No sería esta una ocasión perfecta para explorar las consecuencias de la violencia, de conseguir que los lectores comprendan su innecesariedad sin resultar abiertamente aleccionadores (esto sería un error tan grande como omitirla)? Evidentemente, no estoy hablando de una violencia gráfica y desmesurada que pueda herir sensibilidades, sino de presentar una realidad sin maquillarla ni camuflarla. Los lectores no son tontos, por muy jóvenes que sean, y son los primeros que se dan cuenta de que los escritores o editores se autocensuran a la hora de narrar según qué escenas. Y esto, lógicamente, no les gusta.
 
Lo mismo pasa con el sexo. Por supuesto, no estoy hablando de llenar de escenas sexuales un libro destinado a un público de, digamos, doce años, pero sí que creo que a partir de los catorce o quince años un lector es lo bastante maduro como para comprender lo que lee. Obviamente, no creo que en un libro juvenil sea apropiado incluir escenas propias de un libro de romántica o erótica adulta, pero tampoco veo adecuado ocultar esta realidad y contribuir a que siga siendo un tabú. Después de todo, el sexo y la sexualidad son una parte importante muy de la adolescencia, y estigmatizarla no hace ningún favor a los jóvenes, más bien al contrario. Nuevamente, entramos en las innumerables posibilidades que ofrece la literatura. Con la cantidad de sexo gratuito que aparece continuamente en televisión, ¿no sería la literatura el lugar perfecto para explorar este campo, nuevamente sin caer en el error de tratar de aleccionar al lector? ¿No sería un medio perfecto para tratar de deshacer tabúes innecesarios? Pasa lo mismo con la homosexualidad, otro gran tabú en la literatura juvenil. Personalmente, me sorprende que sea mucho más fácil ver a dos hombres o a dos mujeres besándose en televisión que leer una escena de este tipo en una novela juvenil. ¿Acaso la televisión no llega a un público más amplio y, por lo tanto, es más susceptible a posibles controversias o reacciones negativas por parte de los espectadores? ¿Acaso los jóvenes no están (en general) mucho más abiertos a esto que, digamos, un público más adulto o anciano? ¿Qué sentido tiene ocultar la realidad?
 
En definitiva, yo creo que el error de las editoriales (y quizás los autores) está aquí en la poca disposición a normalizar una realidad de la que los jóvenes ya son perfectamente conscientes: nuevamente, no estamos hablando de hace cincuenta años, sino de ahora. No, no es necesario caer en el sexo y la violencia innecesarios y gratuitos, pero un error tan grave como ese es tratar de maquillar su existencia.

Pablo

(lector y bloguero):

Creo que depende de si se quiere vender como juvenil o YA, porque el público es distinto y es evidente que una persona de catorce no ve la vida igual que una de dieciocho. Pero en general creo que no hay que cortarse, hasta cierto punto, sino que hay que tratarlo desde la perspectiva de una persona de la edad a la que está enfocada el libro. 
 
Quiero decir, no hay que recrearse en esos temas, sino mostrar que son una parte de la vida de un joven de dieciséis-dieciocho años y contarlo un poco desde esa perspectiva.
¿Qué opináis vosotros, queridos lectores? ¿Dónde creéis que están los límites, de haberlos, de la literatura juvenil? Me interesan sobre todo las opiniones de los que seáis padres y/o profesores, ¡pero todas me valen!

*Nota: La pregunta exacta que se le hizo a todos los entrevistados fue la siguiente: 

Al hablar de literatura juvenil y de ponerle límites al young adult, lo primero en que piensa uno es en sexo y violencia, parámetros por los que se miden, aparentemente, cine, videojuegos y otras formas de ocio. ¿Crees que los libros de juvenil deben limitarse en este sentido (es decir, ¿deben cortarse los autores?) o crees que los límites deben ser otros?


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Entrevistas relámpago a escritores (4): Juan Antonio Fernández Madrigal

julio 25, 2014 — by Gabriella4

Esta semana nuestra entrevista relámpago es para Juan Antonio Fernández Madrigal. El jueves pasado entrevisté a Cristina Jurado, y podéis ver en este enlace las entrevistas hasta la fecha.

¿Qué son estas entrevistas relámpago?

Son entrevistas cortas que intentan ser divertidas y que buscan dar a conocer no solo el trabajo del autor (ya sea de ficción, creador de contenidos, ensayista, etc.), sino un poco de su personalidad y carácter.

El funcionamiento es el siguiente:

Tengo una lista muy larga de preguntas cortas (ahora mismo va por 80 preguntas). De allí, usando random.org, selecciono una secuencia de 15 preguntas aleatorias, que le entrego al entrevistado. Este elige diez de esas preguntas y responde con frases también breves. Al final, hay una pregunta extra que el entrevistado podrá aprovechar para hablar un poco más de sí mismo o para vengarse de la entrevistadora (es lo justo).

Y ahora procedamos a nuestro invitado de esta semana:

Juan Antonio es profesor titular de universidad e investigador en robótica e inteligencia artificial; es autor de más de cien obras literarias entre novelas y relatos, la mayoría de ciencia-ficción con fuertes aspectos psicológicos y sociológicos y un especial interés por cuidar la forma literaria. De las novelas destacan las de la Saga de las Víboras de las Formas: Magnífica víbora de las formas (AJEC), Umma (Ediciones Parnaso) y Fragmentos de burbuja (NGC ficción). Aunque reconoce su incapacidad natural para ganar premios, le fue concedido el premio Aleph al Autor Revelación del Año en 2005, sus novelas publicadas han sido nominadas a los premios Ignotus que concede la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror, quedó segundo finalista del concurso de Blogs Sediciosos de 2007 con su blog de microrrelatos “El Experimento PHAUNA” (phauna.jafma.net), y ganó en la tercera edición del Premio Internacional de las Editoriales Electrónicas en 2010 con su relato Ebenezer, lo que, considerando sus limitaciones naturales, le parece alucinante.

Mi relación personal con Juan Antonio empezó al inicio de la Colección Vórtice, cuando todavía estaba en pie Ediciones Parnaso. Fue uno de los primeros escritores a los que publicamos, y con el tiempo nuestra relación profesional acabó convirtiéndose en una amistad que considero muy valiosa. Fernández Madrigal es uno de los pocos escritores españoles que realmente se arriesga con la forma, que conjuga lo poético con la cifi de una manera eficiente y atractiva, y es, además, una de las mentes más despiertas con las que he tenido el privilegio de hablar de literatura. Si no habéis leído a este señor, os estáis perdiendo algo muy especial.

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ENTREVISTA RELÁMPAGO A JUAN ANTONIO FERNÁNDEZ MADRIGAL

DCIM100GOPRO1. ¿Qué libro/artículo/poema te habría gustado escribir?

El primero que me viene a la mente con grandes cantidades de envidia es Pequeño, grande (John Crowley). También Titus Groan (Mervin Peake). Luego cualquiera de Ursula K. Le Guin (menos el último de Terramar, ay). El Silmarillion que hubiera escrito Tolkien (John, no Cristóbal). Y sí, infinitos más

2. ¿Con qué tres adjetivos te describiría tu mejor amigo/a?

Pirao. Antisosiá. ¡Ar-tih-ta! (Estoy asumiendo que sería andaluz).

3. La película con la que más te has reído

La que recuerdo ahora mismo es El Gran Lebowski, pero no sé si será la que más. Estaba John Goodman, eso es difícil de superar.

4. ¿A quién plagiarías?

¿Si pudiera? Plagiar a Herbert es fácil para quien sea capaz de percibir el sutil plan que suscita el movimiento de tu dedo anular izquierdo, entrenado durante años por cuidadores-bindu, cuando me alcanzas el té genético de las colinas capitulares de Ix. Pero plagiar a Murakami… Eso son palabras mayores.

5. Puedes matar a un personaje de la literatura mundial. ¿Cuál y por qué?

A Dan Brown. Que conste que has dicho que fuera un personaje de la literatura mundial, no necesariamente de ficción. Bueno, su relación es escasa con la literatura, eso sí, pero mis ganas de matarlo son muy grandes. (Si no te gusta puedes poner a Brian Herbert).

6. ¿Con qué tres adjetivos te describiría tu lector ideal?

Pues anda que está la cosa como para hacer distingos entre mis dos lectores llamando a uno ideal y haciéndole el feo al otro. ¡A ver si me quedo con uno nada más!

7. Una serie a la que estés enganchado

Ahora mismo, ninguna (estoy viendo Cosmos, pero no me engancha). La que más me ha enganchado alguna vez, creo: Battlestar Galactica 2003*.

8. Si te obligaran a escribir un libro con otro/a escritor/a, ¿quién sería?

Me gustaría que me obligaran a escribir con Ursula K. LeGuin, o a ser su negro. Luego, cuando se dieran cuenta del engendro resultante y me expulsaran de Oregón, me gustaría que me obligaran a escribir un libro con Dan Brown. Haría famosos los patios de Córdoba ambientados en Teruel.descarga

9. ¿Cuál es tu récord de tiempo escribiendo sin parar?

Los venidos de Andrómeda también tenemos vejiga. Y hambre. Eso da una idea. En serio, no sé. Un par de horas al día. Durante un mes como mucho, luego muchos más meses de descanso o revisiones.

10. ¿Podrías tener una relación sentimental con otro escritor o escritora?

Cualquiera sabe, pero a ver cómo se lo iba a tomar mi santa. ¡Y quién es el guapo que se lo explica!

 

Pregunta extra (seleccionar opción y contestar):

a) El entrevistado se inventa una pregunta, la hace y se responde a sí mismo.

b) La pregunta la hace el entrevistado a la entrevistadora.

c) Ya he terminado, deja que me vaya a mi casa. Por favor.

Juan Antonio: Escojo la b) y te hago una pregunta con connotaciones metafísicas, para hacerte sudar a ti ahora: ¿Qué le aconsejas a un escritor antisosiá que odia el autobombo, fanático del movimiento slow, de lo pequeño, primoroso y artesano, y que odia lo grande, masivamente popular y fatuo no menos que el hecho de tener que hacer contactos para prosperar literariamente (insisto por si no ha quedado claro lo de antisosiá; como estaba escrito en andalú…), qué le aconsejas, digo, que haga con sus cada vez más escasos ánimo y tiempo disponibles para ponerse a escribir cosas cuyo destino en el mundo de la publicación parece ser, ineludiblemente, un directorio olvidado en el último backup de su disco duro? Ahí queda eso.

 Gabriella: Para mi desgracia no dije nada de limitación de número de palabras en preguntas de los propios invitados y respuestas mías. Es obvio que esta pregunta necesita de una respuesta igualmente larga, pero intentaré ser breve. Personalmente opino (e insisto en que esto es opinión) que cualquiera, con escasas excepciones, que quiera publicar y hacerse un hueco en el mundo editorial tiene que asimilar que el aspecto social es uno de los más importantes de este negocio. Sí; como en cualquier otro sector, el quién conoce a quién y quién se lleva bien con quién es fundamental. Ya hablé en su momento de la diferencia entre el aspecto artístico de la escritura y el aspecto comercial. Eso de “prosperar literariamente”, me temo, suele asociarse con la parte comercial, y si uno no está dispuesto a jugar el juego comercial (aunque sea a lo rebelde, intentando resistir de forma muy pública ese juego), esa prosperidad se aleja. Para mi (nuestra) desgracia, el juego comercial parece que se lo comen los del autobombo, que poco respeto tienen por lo pequeño, primoroso y artesano. Del mismo modo, el consumo rápido y fácil prima por encima de otros menesteres más lentos y complejos.

Creo que es cuestión de evaluar nuestras prioridades y asumir lo que estas nos exigen. Si nuestra prioridad es publicar y vender, juguemos al juego y no nos quejemos; hemos aceptado ese destino. Si nuestra prioridad es crear, experimentar, lidiar con lo artesano, asumamos también esa soledad, ese directorio olvidado. Personalmente creo que existe un terreno medio, y ese es por el que creo que debería seguir luchando ese escritor antisosiá, en nombre de su propio talento y de aquellos que lo leemos.

Le recuerdo a ese escritor, además, que le será complicado dedicarle el 100% de su vida a la escritura cuando anda haciendo cositas por ahí sin importancia, como fomentar el advenimiento de Skynet mediante el estudio avanzado de la inteligencia artificial (por poner solo un ejemplo).

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Muchas gracias a Juan Antonio por participar, ¡y no os perdáis la entrevista de la semana que viene!

Nota de Gabriella: *Tendréis que perdonarme, pero hablando de Galactica y de adicción, no puedo resistirme a enlazar este sketch de Portlandia, una de las cosas con las que más me he reído en los últimos meses.

Advertencia para escritores: Aunque esta ha sido desde el principio una convocatoria abierta para todos los escritores que quisieran participar, en estos momentos tengo bastantes entrevistas acumuladas, por lo que, por el momento, se cierra dicha convocatoria y no se admiten solicitudes de entrevistas. Eso, sí, sentíos libres de seguir enviando propuestas de preguntas para las entrevistas a gabriellavc(arroba)yahoo.es