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librosnotas de lectura

Sueños sin noche

enero 15, 2008 — by Gabriella10


Tenía que hablaros de esta preciosidad que es Sueños sin noche. Con nombres de la talla de David Jasso, José Antonio Cotrina, Santiago Eximeno, Felideus, Jezabel “Nekranea”, Juan Antonio Fernández Madrigal y MªIsabel Rodríguez, es una lectura/visualización de esas que agarras y no sueltas. Cada historia incluida en este compendio de relatos es una pequeña obra de arte por sí misma, oscura y deliciosa, ilustrados por los geniales Felideus y Jezabel que saben darle a cada cuento un carácter completamente único (especialmente logrado está, a mi juicio, la ilustración de la versión personal de Alicia en el País de las Maravillas de Cotrina, al igual que destaca por su originalidad estética el cuento de las gárgolas). Con todo, si tuviera que quedarme con una historia, me quedo con la fantástica visión futurista de Fernández Madrigal.

Os guste o no os guste el cómic, esta obra, al igual que Siembra de Tinta, merece la pena aunque sólo sea por la debilidad de poseer algo bello.

Escuchando: A mi hermano tarareando Welcome to the jungle de Guns ‘n Roses.
Leyendo: El tatuaje de la concubina, de Laura Joh Rowland. Llevo tres capítulos y ya tengo ganas de tirárselo a la cabeza a la autora. ¿Pero esta mujer se ha documentado lo más mínimo?

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Soy Leyenda

noviembre 26, 2007 — by Gabriella8

Sí, Richard Matheson, lo eres. Porque ni John Carpenter supo hacerte justicia. Y porque esa muerte de perro merece que ni se me ocurra acercarme a una pantalla para ver una adaptación al cine de tu magistral obra (bueno, quién sabe, a lo mejor la curiosidad de ver a Will Smith haciendo de Neville me puede, agh, no, pensamientos malos fuera).

Por otro lado, si la obra de Matheson os parece deprimente (bastarda hija de puta), siempre quedan rincones cerveceros para los más friquis (pero en el buen sentido de la palabra, en el sentido de la ci-fi más clásica y emocionante): ¡Alistaos a la legión! Juntos dominaremos el Universo.

 

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Wicked

septiembre 25, 2007 — by Gabriella4

Terminé anoche Wicked, una obra que ya había ojeado en Smiths con deseo durante mi estancia este verano en Londres, y que Zapardiel también había recomendado en su blog. Zapardiel habla de la maravilla de conocer la historia de una bruja desde una perspectiva diferente, más justa; pero para mí Wicked es una obra deleznable digna de una quema sin cuartel.

Expongo a continuación mis motivos, antes de que me tachéis de extremista a lo Fahrenheit 451:

1. La obra la ha escrito un estadounidense inspirándose en determinadas zonas de Gran Bretaña y en grandes escritores del fantástico británico. Bueno, esto es perdonable porque no recurre a conversaciones “yanquis” bisilábicas, y parece que hasta tiene cierto respecto por el lenguaje.

2. No es perdonable, sin embargo, la habilidad del autor para cautivar tan completamente al lector, de cautivarle hasta el punto de hacerle olvidar sus obligaciones, sus responsabilidades y su necesidad de dormir. Wicked me ha costado varias horas de trabajo y de sueño.

3. Menos perdonable es, todavía, la sensación de desconsuelo tan absoluto que permanece en el lector tras terminar la obra. Todos sabemos que Dorothy mata a la Malvada Bruja del Oeste pero oye, hemos asistido al nacimiento de la Bruja, a su juventud, a sus amores y desamores, a sus luchas políticas, a su desesperación frente a la tiranía y opresión del temible Mago de Oz, a la indignación e injusticia que la han acompañado desde incluso antes de su gestación. Así que cuando por fin llega la niñata a lo Judy Garland, piensas que tal vez, sólo tal vez, y ya que esto es un cuento de hadas, al fin y al cabo, se salven los buenos y mueran los malos.

Lamentablemente, Wicked no es un cuento de hadas. Es una obra dolorosamente realista, tremendamente cruel, que habla del cambio, de la pérdida de los valores y de la fe, del caos y del mal. El mal con minúsculas, no ese Mal infantil que se come a una abuelita, que derriba una casa de un soplido, que se lleva las almas al Infierno cargado de tridentes, sino el mal que separa a amigos íntimos, el mal que derriba (de un solo golpe o de miles de pequeños y maléficos toques) lo único que has amado, el mal que extermina a millones de personas en campos de concentración.

Por todo esto, antes de leer Wicked, consultad a vuestro psicólogo o guía espiritual. Tal vez no sea recomendable para ninguno de nosotros.

Por ahora me pasaré a lo último de Pratchett quien, habitualmente, gusta de los finales felices.