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Los 10 mejores libros de mi 2015

diciembre 29, 2015 — by Gabriella34

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No sé muy bien cómo ha ocurrido. Os prometo que no ha sido a propósito. Pero resulta que el trabajo de los últimos años se ha ido juntando y se dispone a saltar a los brazos de posibles lectores tooodo a la vez, más o menos: todo en la primera mitad del 2016.

Del primer libro que saldrá este año entrante hablaré en el próximo envío a mi lista de correo (ya sabéis que es una lista donde envío artículos cada par de semanas, que escribo solo para mis suscriptores y que no aparecen publicados en el blog). Puedo adelantaros que no será un libro de ficción, sino un libro especial para escritores, una ampliación trabajada de un tema que he tratado en cierta medida en el blog. Y el año traerá muchas más sorpresas que me muero de ganas de contaros.

Pero dejemos el futuro y los buenos propósitos, y centrémonos un rato en el pasado. Vengo a compartir con vosotros mis lecturas recomendadas, los libros que más me han gustado del 2015. Si queréis ver todas mis lecturas de este año, podéis verlas en mi perfil de Goodreads.

Ahí van, mis 10 favoritos, mis libros de 2015. No son libros publicados en 2015 necesariamente, sino obras que leí a lo largo de este año. Tal vez no sean de vuestro gusto (y ya sabéis que el mío es un tanto peculiar), pero todos tienen algo extraordinario que ofrecer. También quiero saber cuáles han sido vuestras lecturas preferidas; acordaos de decírmelo en los comentarios.

Mobymelville, de Daniel Pérez Navarro

mobymelvillePérez Navarro ha sido uno de mis descubrimientos del 2015 y tengo muchas ganas de tener en mis manos alguna otra obra suya. Mobymelville es un ejercicio formal fabuloso inspirado, cómo no, en la obra de Herman Melville, con un estilo casi impecable. Pero lo mejor es el trasfondo de homenaje literario, cultural y filosófico. El final, aunque más abierto que las entrañas de un delfín devorado por la terrible criatura de Pérez Navarro, me parece brillante. Dije esto en Goodreads, y lo mantengo:

No apto para amantes de lo fácil. Esta no es literatura para pasar el rato.

Mobymelville es como Loki, Coyote o cualquier divinidad traviesa, a veces maléfica. Y la combinación que hace Pérez Navarro de lo mitológico, onírico y clásico con elementos de ciencia ficción es fascinante.

Aviso para navegantes: No leáis este libro como una narración lineal. No esperéis un principio ni un fin. Todo es una persecución, una trampa tras otra devorada por un agujero negro.

Creo que tendré resaca unos días mientras mi cabeza bulle con todas estas capas de información. Es muy divertido, por cierto, leer las interpretaciones del texto por parte de otros lectores y reseñadores. Yo tengo la mía, claro, pero creo que a esta obra hay que llegar virgen, sin saber lo que te esperas.

Si Mobymelville fuera una película, saldríamos todos del cine con un WTF en los labios y risas entusiasmadas durante el camino de vuelta mientras debatimos sobre todos sus significados.

 

American Gods, de Neil Gaiman

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Sí, todos lo habíais leído ya, pero yo no. Mi primera lectura de Gaiman fue Buenos presagios, uno de mis libros favoritos desde entonces, seguido al poco por The Sandman, uno de mis cómics favoritos. Pero no conseguí terminar de conciliarme con el Gaiman novelista a solas. Los hijos de Anansi me divirtió, pero Stardust me dio sueño. Me hice fan de nuevo con esta maravilla de la fantasía moderna y mítica que es American Gods.

Por cierto, si podéis, haceos un favor y leedlo en inglés. Sé que hay dos traducciones ahí fuera a nuestro idioma y que ambas dejan mucho que desear.

Clara y la penumbra, de José Carlos Somoza

clara y la penumbra

Cualquiera que me conozca un poco sabe lo insoportable que puedo llegar a ser con el estilo. Creo en la sencillez, en la elegancia, y me pongo de mala leche si veo adjetivos por doquier, gerundios y metáforas a cascoporro. Somoza es de los pocos que consigue recargar un texto, llenarlo de color y forma, y no perder esa sensación de belleza y habilidad que se encuentra en tan pocos escritores actuales. Clara y la penumbra te deja con una horrible impresión de vacío y frialdad, porque refleja un mundo terrible, carente de piedad. La trama detectivesca en sí no es la más original ni la menos predecible del mundo, pero eso da bastante igual porque el libro no va de asesinatos ni de asesinos en serie, sino de un mundo tan impersonal que puede confundir los conceptos de lo humano y del arte.

El final del duelo, de Alejandro Marcos Ortega

el final del duelo

En su momento dije esto de la novela de Alejandro, pero podéis leer más sobre lectura aquí, y una entrevista al autor aquí:

Original, dinámico, adictivo.

+1000 puntos por imágenes como los ciervos lanudos o la ciudad suspendida en el lateral de una montaña; por el uso de la segunda persona epistolar; por esa genial combinación entre lo épico y detectivesco; por la inserción de los hechizos de combate en un mundo extrañamente atemporal; por la ruptura casual de lo heteronormativo; por la melancólica tristeza del narrador.

Aunque a nivel formal la novela tiene instantes de tropiezo (reconozco que algunas comas mal puestas y leísmos interrumpieron mi experiencia de lectora pedante, y hay algunas repeticiones que podrían haberse recortado), es imposible no sumergirse en la historia de Saúl y Jero. Por lo general se agradece la simplicidad y frescura del texto, frente a la abundancia actual de obras de fantasía clásica, cargadas de adjetivos y metáforas cansadas.

Me encanta que esta sea la primera novela del autor: significa que tenemos mucho más por delante (o eso espero).

Distancia de rescate, de Samanta Schweblin y El secreto del orfebre, de elia barceló

el sueño del orfebre distancia de rescate

Meto en una sola entrada los libros de Schweblin y de Barceló, ya que ambos son relatos largos (o novelas muy cortas, según se mire) que leí más o menos del tirón.

Distancia de rescate no es un libro perfecto, a mi juicio. Pero ha sido una experiencia que promete, un algo casi perfecto que me hace querer devorar más obras de esta autora, y que también ofrece un estilo limpio, refrescante:

Aunque creo que la resolución de la historia deja que desear (y la contraposición del elemento paranormal/mágico con el fondo realista me resulta algo forzada), sumo muchos puntos en la valoración de este libro debido al maravilloso estilo, elegantísimo e intrigante, de Schweblin. Su capacidad para enganchar al lector y crear suspense es envidiable: me comí este relato de una sola sentada.

También con un estilo bien cuidado y una atmósfera muy conseguida cayó este año El secreto del orfebre, de Elia Barceló, que considero muy digno de mención:

El ritmo formal de Elia es peculiar y atractivo, hipnótico en ocasiones. La historia que cuenta tiene su punto predecible, pero no por ello emociona menos. Las piezas encajan, como un reloj exacto o una creación avanzada de joyería.

Es la primera obra que leo de la autora y me ha convencido. Voy a mi lista de deseos para añadir alguna novela suya, que me he quedado con ganas de algo más largo (y más reciente, que tengo curiosidad por ver cómo ha evolucionado su estilo).

The Good, the Bad and the Furry, de Tom Cox

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Este libro no está disponible en nuestro idioma y me parece mal, fatal, porque Cox debería estar traducido a todos los idiomas. El mundo necesita más escritores así, a lo Pratchett, capaces de conseguir que en una página llores de la risa y a la siguiente de tristeza. No sé, tal vez soy yo. Tal vez es porque esta es la historia de un periodista y escritor que vive en una casa que se cae a cachos en el campo, con tres gatos (más todos los de la zona que poco a poco se le van pegando). Si conocéis la cuenta de Twitter @mysadcat, conoceréis el sentido del humor inteligente y absurdo de Cox, si no…

tom cox

Aviso: Es posible que tengan que gustarte los gatos para disfrutar de este libro como yo lo he disfrutado.

The Better Angels of Our Nature, de Stephen Pinker

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Traducido como Los ángeles que llevamos dentro. Creo que estuve cuatro o cinco meses con este libro. Leía veinte o treinta páginas, lo dejaba y lo cogía otra vez. Y es que este no es un libro para leer de golpe. Cada página contiene una cantidad inmensa de información. Pinker intenta demostrar a lo largo de su obra por qué esta época en la que vivimos es, de hecho, la menos violenta de la historia de la humanidad. Su perspectiva cubre todo tipo de campos, desde estadística a psicología o feminismo, y es una lectura realmente apasionante.

Ya conocía al Pinker lingüista de mis días de facultad, pero es que este señor puede con lo que le echen. Espero que el 2016 me traiga alguna otra obra suya.

The Art of Social Media, de Guy Kawasaki y Peg Fitzpatrick

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Kawasaki y Fitzpatrick son un equipo imbatible en lo que se refiere al uso de las redes sociales para realizar una promoción amena y útil de tu producto. A los escritores nos hace falta aprender mucho de esto, sí, pero no os preocupéis: ni siquiera tenéis que leer este libro, porque os resumí lo mejor y más provechoso en este artículo.

Manual indispensable y práctico de social media. Impresionante la cantidad de conocimiento que se ha concentrado en este librito. Especialmente indicado para escritores y otros creadores que buscan darse a conocer.

No le doy más estrellas porque Goodreads no me deja.

Crossing to Safety, de Wallace Stegner

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Traducido como En lugar seguro. Otro gran descubrimiento: Stegner es un maestro a la hora de construir personajes y de mostrarte escenarios y momentos en los que, en realidad, nunca ocurre nada (pero no importa, porque lo están disfrutando tanto que ni te das cuenta). Y ya lo dije junto a mis cinco estrellas de Goodreads:

Stegner consigue lo imposible: hacer una obra maestra donde apenas pasa nada, solo la amistad, la impresionante belleza del paisaje y los buenos diálogos.

Las puertas del infinito, de José Antonio Cotrina y Víctor Conde

las puertas del infinito

Sí, estoy haciendo hype y nepotismo en un solo post. Estoy hablando de mi coitor coautor y de un escritor al que publiqué cuando era editora.

Así que no sé muy bien qué decir para convenceros.
Fui lectora cero de esta obra, que sale en febrero 2016 al mundo, de la mano de Penguin Random House. Tuve el privilegio de trabajar con los autores sobre la obra. Y ha sido una de las mejores lecturas que realicé en 2015, por no decir una de las mejores lecturas que he hecho nunca.

Es un libro raro, eso no voy a ocultarlo. Probablemente no sea para todos los gustos. Pero sí es para mi gusto. Hay personajes geniales, monstruos fenomenales, viajes interdimensionales, explosiones, tripas (muchas tripas) y una morsa que habla.

Tendréis que leerlo, aunque solo sea por la morsa.


Y también quería dar las gracias.

Ha sido un buen año.

Gracias a todos los que me acompañasteis a lo largo de este año: a los que leísteis, a los que comentasteis y compartisteis; a los que me escribisteis y a los que comprasteis y/o reseñasteis mis libros (¡a vosotros sabéis que os quiero más que a nadie!).

No sé qué le deparará al blog el 2016. Esperemos que sean muchos buenos ratos más y que podamos seguir todos aprendiendo juntos sobre el arte de la escritura. Espero seguir viéndoos a todos por aquí.

Voy a tomarme una semanita de descanso del blog para poder rematar otros proyectos, y para beber y comer (más) con mi familia. Si todo va según lo programado, para el viernes 8 tendréis el primer artículo del nuevo año.

Por una vez no voy a terminar un artículo diciéndoos que os pongáis a escribir. Ya habrá tiempo de hacer buenos propósitos y de ver cómo cumplirlos. Mientras, celebrad estos días como merecen. Al fin y al cabo, hemos conseguido sobrevivir 365 días más y eso es digno de fiesta.

Salud, dinero, amor y muchos libros más para todos. Feliz final de 2015.

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14 lecciones que he aprendido en 1095 días de escritura

diciembre 1, 2015 — by Gabriella38

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Hoy es 1 de diciembre de 2015 y hace exactamente 1095 días que empecé a escribir.

En realidad miento un poco. Escribía desde mucho antes. Lo preciso sería decir que hace 1095 días que empecé a escribir a diario. A tomarme en serio esto de juntar letras. Tres años de hábito.

El otro día leí un esquema que hizo James Altucher basado en todas las personas que había entrevistado en su podcast. Según Altucher, estas personas, todas ellas muy destacadas en sus campos, tenían un camino en común, un camino entregado a un enfoque, a una meta, en el que solía darse este proceso (que he adaptado aquí para nosotros los escritores):

  • Año 1: El primer año. Es tiempo de leer mucho sobre tu oficio y de experimentar con plataformas, de escribir y aprender.
  • Año 2: Practicas a diario, sacas tiempo de donde no lo hay para escribir, leer y comunicarte con otros. Empiezas a reconocer qué personas son influyentes en las esferas que te interesan y a cuáles admiras. Empiezas a hacer contactos y a entender cómo funciona realmente el negocio (para bien o para mal, y es importante aceptar la parte mala).
  • Año 3: Empiezas a ser bueno en lo tuyo. Si has sido persistente y tienes metas claras en mente, aquí ya tienes un seguimiento bola de nieve y tienes ya algún libro o publicación en el mercado. Probablemente es malo y vende poco. No importa.
  • Año 4: Ya obtienes ingresos de aquello que estás haciendo o de actividades relacionadas. Sigues escribiendo, publicando y relacionándote con personas de todas las esferas (insistamos aquí en la importancia de los sistemas abiertos).
  • Año 5: Aquí ya tendrías que haber alcanzado alguna de tus metas importantes.

Obviamente este esquema no es universal y varía mucho según el sector. Pero creo que es interesante para hacernos una idea de cómo aquellos a los que admiramos o aquellos que tienen éxito en su sector pueden llegar a coincidir en mapas de este tipo. Y que es raro que algo de verdadera importancia se consiga en menos de cinco años.

Creo que estoy en ese segundo año, intentando poner un pie en el tercero. Llevo tres años sin parar de escribir, pero solo dos con una obcecación malsana, con la vista puesta en el premio, saliendo constantemente de mi comodidad personal, de mi área de conocimiento y tolerancia, para intentar meter la patita en el siguiente nivel de este gran juego que podríamos llamar The Writing Life: Special Edition.

¿Pero por qué empecé este desafío?

El primer par de años escribía un mínimo de 200 palabras de ficción. Luego fui subiendo las cantidades y me encontré con un efecto embudo: muchas palabras escritas y sin tiempo para corregirlas. Así que reduje esas 200. Ya no hay mínimo, siempre que escriba. Mi condición, simplemente, es escribir antes de que empiece el nuevo día. El miedo a romper la racha es grande.

Empecé porque quería demostrarme a mí misma que podía hacerlo. No hacía más que empezar proyectos, desafíos y dejarlos a medias. Sabía que si podía con esto, podría con otras cosas. Escribir 200 palabras de ficción al día suena fácil, pero cuando llegan las once de la noche y acabas de terminar de trabajar, lo último que te apetece es ponerte a largar cuento, novela o poesía.

Empecé porque quería enfocar, concentrarme, dejar de dar saltos de un lado a otro y seguir con algo durante el suficiente tiempo como para ver si era lo mío.

Las condiciones cambian. Durante dos años fueron 200 palabras de ficción. Luego fueron menos palabras, para intentar compatibilizarlas con todas las que escribía para el blog, pero seguían siendo de ficción. Ahora que estaré metida en un proyecto de ensayo un par de meses más, sospecho que tendré que concentrarme en palabras de no ficción. Pero seguiré escribiendo todos los días. No me imagino cómo sería no hacerlo.

Lo cual me lleva a la primera lección aprendida, la primera en esta lista que os presento.

Estas son las cosas que yo he aprendido del acto de escribir todos los días durante tres años, sin faltar una sola vez a la cita. Probablemente vosotros no necesitéis enfocar vuestra escritura de esa manera, y seguramente vuestras experiencias serán muy diferentes, pero tal vez esto puede empezar a expresar por qué una acción tan sencilla ha cambiado mi vida entera.

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Charla abierta en la Escuela de Escritores

noviembre 16, 2015 — by Gabriella3

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Aunque os lo he dicho ya muchas veces y por todas partes, me faltaba anunciarlo oficialmente en el blog, así que ahí va:

Este jueves 19 estaré en Madrid, hablando sobre promoción de autores en la Escuela de Escritores. Es a las 19:00 y la sesión será abierta (y gratuita) hasta cubrir aforo, así que si os apetece venir a charlar sobre las nuevas formas de mercadeo (ya sabéis: autoedición, social media, marca personal y etc., etc., etc.), ahí me tendréis. Yo no soy ninguna experta, pero ya sabéis lo que me gusta hablaros de lo que dicen los que sí saben (y mucho) y contaros mis pequeñas experiencias personales en esta gran aventura que es escribir, publicar y aprender a hablar de la obra de uno mismo (eso último a veces parece lo más difícil).

También estará como público muy sufrido mi coautor y cotodo José Antonio Cotrina, así que si tenéis algún libro pendiente de firma, podéis venir con libros en la mochila 😉

Como voy a estar unos días fuera y entre pitos y flautas y tamboriles voy a tener muy difícil ocuparme del blog mientras tanto, a lo largo de esta semana no habrá publicaciones nuevas, ni tendré mucha oportunidad de contestar a mensajes y correos. Pero en cuanto regrese me pondré al día. ¡Hasta contestaré a todos los comentarios que me vais dejando y que se me acumulan y que espero que sepáis perdonarme!

Ahí va un mapita con la ubicación del lugar:

Si andáis por Madrid o alrededores, sabéis dónde encontrarme. ¡Nos vemos el jueves!

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Nuevo calendario de publicaciones en el blog

octubre 16, 2015 — by Gabriella11

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No, este no es un artículo megainteresante sobre algo que os vaya a salvar la vida como escritores, pero tal vez sí me la salve a mí, un poquito.

Aunque llevo mucho tiempo escribiendo en blogs, fue el año pasado cuando empecé a publicar artículos con un ritmo bastante intenso: dos artículos laaaaargos a la semana, además de las entrevistas relámpago y el email/artículo que suelo mandar cada dos semanas a todos los suscriptores de la lista de correo. Todo ello, claro, sin contar con todo el demás trabajo relacionado: documentación, social media, interacción, edición, diseño, etc.

Reconozco que he estado hasta arriba en los últimos meses, coincidiendo con el crecimiento del blog. Más crecimiento significa más oportunidades de trabajo y más visibilidad para mis libros, pero también significa mucho más tiempo dedicado a interacción (contestar comentarios, emails, etc.) y a otros menesteres múltiples y variados. No es nada productivo echar jornadas laborales de doce horas diarias y es evidente que llega el momento de priorizar y recortar por algún lado.

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Mi vida es así, pero con más maletines.

Creo que el blog ha llegado a un punto en que tiene el movimiento suficiente para poder subsistir con menos actualizaciones, sobre todo teniendo en cuenta la gran cantidad de artículos ya acumulados. Además, con el ritmo actual muchos lectores admiten sentirse saturados al intentar mantenerse al día con la web. Y no me gusta no tener tiempo para responder a vuestros comentarios y mensajes personales. Eso no me gusta nada.

Así que he decidido modificar un poco el calendario de publicaciones. No es algo definitivo: mi intención es probar este nuevo calendario un par de meses y ver si, mediante el tiempo extra que tendré para promoción en redes sociales y para recuperar artículos viejos, puedo mantener el nivel de interacción que hemos tenido hasta ahora (y, lo más importante, ver si es un ritmo más sostenible para mí). Es más, tengo la esperanza de que, al tener menos artículos a la semana, cada artículo largo obtendrá un poco más de atención y movimiento por sí mismo. Con suerte, hasta podré realizar artículos por adelantado y podré programarlos para horarios óptimos, en vez de trabajar cinco o seis horas seguidas y darle a “publicar” de golpe, como he estado haciendo hasta ahora.

Y a lo mejor hasta tengo más tiempo para escribir mis cosas, que era de lo que trataba esto, al fin y al cabo.

Las publicaciones quedarían del siguiente modo:

  • En martes, cada dos semanas habrá un artículo largo, de los de siempre.
  • En miércoles, cada dos semanas, enviaré mi email/articulito a los suscriptores.
  • En jueves, también cada dos semanas, realizaré una entrevista relámpago.
  • Y en viernes, cada dos semanas (alternando con los del martes), habrá artículos de recortes, de los de siempre.

El resultado de un mes completo (empezando la semana que viene) sería así:

LUNESMARTESMIÉRCOLESJUEVESVIERNES
Email/artículo (solo para suscriptores)Artículo de recortes
Artículo largoEntrevista relámpago
Email/artículo (solo para suscriptores)Artículo de recortes
Artículo largoEntrevista relámpago

(Rellenad cada casilla en blanco con un “morirme de asco porque no estoy escribiendo para vosotros”).

Así, cada semana tendréis dos publicaciones para leer (siempre que estéis suscritos, para tener el extra de miércoles). Yo creo que no está nada mal 😉

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Gabriella se escapa al norte

agosto 17, 2015 — by Gabriella4

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No a Invernalia, sino al País Vasco, que hay fresquito (mi aguante hacia el calor y humedad de la Costa del Sol tiene sus límites).

El jueves el blog retomará su curso habitual. Disculpen las molestias 😉

(Para presupuestos, consultas y demás, podéis seguir escribiendo a gabriella[arroba]gabriellaliteraria.com).

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¿Realmente no tienes tiempo para escribir? (Y otros recortes literarios)

agosto 8, 2015 — by Gabriella15

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Empecé este artículo con un detallado análisis del evento del siglo, que fue mi cumpleaños.

Os hablé de las incontables maravillas, de las gestas inconmensurables, de los momentos que bardos y telecomentaristas narrarán por los milenios de los milenios, hasta que no seamos más que polvo de estrellas en un universo nuevo. Y aun ese polvo recordará, recordará acerca de lo que aconteció el 6 de agosto de 2015.

Pero entonces fui a guardar el borrador en WordPress y me salió una página de error.

Y todo se perdió para siempre.

Así que mejor hablo de literatura y de escribir, que es para lo que habéis venido.

Barr y lo que realmente hacemos con nuestro tiempo

Cuando hablo de productividad, de lo primero que hablo es de prioridades. Si no tienes claro qué es lo más importante para ti, de poco servirán mil técnicas de productividad. No sirve de nada hacer la mayor cantidad de trabajo en la menor cantidad de tiempo si tu trabajo no vale para nada, si no te aporta nada. Si no le aporta nada a los demás.

Si analizamos a lo que dedicamos nuestros días, nos sorprende lo que descubrimos. Pasamos mucho tiempo apagando fuegos en lugar de pasarlo construyendo casas resistentes. Si nuestras casas son de papel, nuestra vida se limita a lidiar con incendios.

Una amiga me preguntó el otro día si no encontraba que, por muchos sistemas de productividad que implementase, había un tiempo limitado al día y sencillamente todo NO se podía hacer. Por supuesto que sí. Me pasa constantemente. Por eso tengo que estar preguntándome siempre qué sobra. Y cuando te deshaces de lo que te sobra llegas, muy poco a poco, a lo importante. Importancia por eliminación.

No es una revelación que venga de golpe, que te cambie la existencia. No es algo que haga que ya puedas recostarte en tu tumbona y olvidarte de todo, feliz con tu nueva vida perfecta.

Antes de nada, como dice Corbett Barr, tenemos que ponernos serios. Tenemos que analizar a qué le estamos dedicando nuestro tiempo.

¿Cuántas veces habéis oído lo de “es que no tengo tiempo para escribir”? O lo habéis pensado. Oh, cuántas veces lo hemos pensado. Y sí, es cierto, muchos no tenemos tiempo para escribir (yo anteayer escribí a las tantas de la mañana, unas líneas zigzagueantes a boli en la libreta, borracha de celebración cumpleañera. Y de alcohol, de alcohol también). Últimamente tengo la sensación de que le robo tiempo al tiempo para ciertas cosas.  Y es bonito (y cómodo) refugiarse en eso. En pensar: “qué agobio, es que no tengo tiempo para nada”.

Hasta que, como también dice Barr, empiezas a medir:

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Me encantaría ponerme en forma, o aprender a tocar la guitarra, o pasar más tiempo con mis niños o aprender otro idioma, pero es que estoy demasiado ocupado.

¿En serio? ¿Cuántas horas de televisión has visto esta semana? ¿Cuánto tiempo has pasado navegando por internet de manera inconsecuente?

Cuando pienso en lo ocupada que estoy, pienso en las veces que me he caído por un agujero Facebook, Twitter o Wikipedia. Ups.

Claro que necesitamos distracciones. Pero creo que deben ser distracciones elegidas. Yo juego al Hay Day en mi tablet. En los tiempos y horarios que yo elijo. Es un juego completamente idiota, sin necesidad de grandes estrategias ni emociones. Me limpia la mente. Lo que no me limpia la mente es andar abriendo y cerrando pestañas y leyendo tonterías, pinchando en clickbait que nada aporta a mi salud mental, metiéndome en guilds del WoW donde se me exigen cinco horas diarias para ir de mazmorras. Dicen que el cerebro necesita 20 minutos para volver a concentrarse en una tarea, una vez lo has interrumpido. No sé si es cierto, me parece un poco exagerado. ¿Pero y si fuera verdad? Da miedo pensarlo. Cada vez que pinchas sin pensar en la pestaña de Facebook, son 20 minutos de tu trabajo que has perdido.

Si crees que estás demasiado ocupado/a para escribir, y crees que realmente quieres escribir, usa RescueTime para analizar tu uso de programas, aplicaciones e internet. Somos optimistas al pensar en nuestros progresos y a lo que dedicamos nuestro tiempo. La realidad suele ser una buena llamada de atención. Y medir lo que hacemos, como dice James Clear, es una suerte de estetoscopio para ser más conscientes del latido de nuestra propia pereza y distractibili… distraccionabili… habilidad para distraernos.

Y repito lo de ¿realmente quieres escribir? Cómo cualquier otra habilidad o afición, hay tres razones para practicarla:

  1. Para divertirte y pasar el rato.
  2. Para divertirte y pasar el rato y ser el mejor escritor de todos los tiempos.
  3. Para ligar.

Si buscas el 2, lo siento mucho. Tendrás que eliminar todo aquello que no sea primordial. Todo aquello que no te haga mejor escritor/a, de forma directa o indirecta. Y eso es duro.

(El 3 también funciona, pero tienes que ser muy bueno también. Copiar a Bécquer o escribir horteradas en el muro de Facebook de tu amada no sirve).

¿Suena muy extremo? Entonces quédate con el 1. Pero no vengas quejándote porque nadie te publica/nadie te lee/el mundo es injusto y otros escritores han llegado más lejos que tú. Los demás estamos demasiado ocupados intentando ser el mejor escritor de todos los tiempos (o ligando) como para hacerle mucho caso a tu lloriqueo.

Por cierto, una de las cosas que más tiempo quitan a un escritor son las giras: las lecturas, presentaciones y etc. Independientemente de que sirvan de algo o no, pueden dar anécdotas curiosas. John Williams ha recopilado unas cuantas para el New York Times, y esto fue, para mí, lo mejor:

Gary Shteyngart y la importancia de cada lector

Al principio, cuando somos nadie, cada lector es un descubrimiento, un milagro. Luego, si las ventas crecen un poco, si tenemos la suerte de dar con distribución nacional o alguna barbaridad de esas, los lectores se convierten en algo más informe, una masa lectora y crítica con la que mantenemos una extraña relación de amor y odio. Por eso me gustó esta cita de Shteyngart. Habló de sus terribles experiencias leyendo su libro ante grandes salones vacíos, inmensas estancias llenas de sillas y vacías de personas. Eso es algo que se le ha quedado grabado a lo largo de su carrera literaria:

Gary Shteyngart

La lección que aprendí de inmediato fue que si estás lo bastante loco como para querer escribir ficción literaria, tienes que adorar a tus lectores, no al revés. Hoy veo a cada uno de mis lectores como un unicornio dorado con un cronut colgándole del cuerno. Firmo mis libros, me hago un selfie con el unicornio y regreso a mi hotel con lágrimas en los ojos, porque sé que alguien en este universo todavía tiene tiempo para lo que hago.

Antes había una imagen del autor como entidad lejana, intocable, casi mesiánica. Hoy en día creo que tener cierta cercanía con tus lectores es indispensable. No tanto cercanía del tipo “¿sabes cuánto tiempo estuve metida en el baño ayer después de comer?”, sino cercanía a la hora de expresar agradecimiento, de mantener un contacto mínimo, de enseñar a los que te leen que para ellos su participación en el proceso comunicativo de tu obra es importante. Y ese proceso se realiza al leer tu libro. Un blog, por ejemplo, permite una interacción rápida, fugaz. Uno puede leer un artículo, decir “ah, está bien”, pero no volver nunca. Pero si alguien lee un libro invierte horas, invierte una serie de emociones (¡aunque sean de asco y aburrimiento, son emociones!) y esfuerzo en comunicarse con la historia que le ofreces. Eso no tiene precio.

Si ese lector además disfruta de tu libro, mejor que mejor. Y una buena forma de que se involucre es mediante un tipo de personaje que personalmente me encanta: el antihéroe.

 Wenstrom y cómo construir un gran antihéroe

Emily Wenstrom se dio un atracón de Dexter y comenzó a plantearse por qué le caía tan bien un tipo que se dedicaba a torturar y asesinar a la gente. Dio con unas cuantas claves:

  1. Los antihéroes siguen su propio código moral. Para que nos caiga bien el antihéroe, tiene que tener un aspecto redentor, un código moral que, por lo menos a sus ojos, lo redima de sus acciones.
  2. Los antihéroes son expertos en algún campo. A los mejores antihéroes se les suele dar algo excepcionalmente bien, y esto los hace más interesantes; tendemos a admirar a los que tienen grandes habilidades, aunque sean para hacer cosas horribles.
  3. Los antihéroes tienen su lado tierno. Serán asesinos, mentirosos compulsivos o ladrones de guante blanco, pero tienen un lado humano, una debilidad. Puede tratarse de un familiar, de una mascota, pero lo que más nos gusta, sospecho, es que se enamoren.
  4. Cuando los antihéroes son malos, son lo peor. Cuando realmente se les va la olla, se les va de verdad. Y eso nos gusta: nos gusta que nos horroricen, que cometan actos terribles, porque durante un tiempo nos engañaron con lo del código moral y el lado humano y se nos olvidó que estábamos ante un monstruo.

El buen antihéroe es, ante todo, un ser hecho de paradoja. Como dice Wenstrom:

emily wenstrom

Un buen antihéroe tiene un propósito doble para sus fans. Deja salir nuestro lado oscuro, al mismo tiempo que resalta el abismo que queda entre nosotros y el monstruo, lo que reafirma nuestra humanidad.

Para poder hacer esto de un modo que sea empático y atractivo, un antihéroe debe ser a la vez humano y monstruo.

Y por esto nos gustan tanto los monstruos simpáticos, tiernos; los villanos con sentido del humor y los asesinos en serie que solo matan a asesinos. Si estabas planteándote meter un malo interesante en tu obra, o un héroe que no es tan héroe, échale un ojo a los principios que he mencionado. Le darás mucho más cuerpo y volumen.

Un buen sitio donde meter a antihéroes es en un escenario apocalíptico, por ejemplo. Cogemos a seres humanos normales y los ponemos en situaciones tan extremas que acaban cometiendo barbaridades que nunca considerarían en un entorno normal. ¿Pero serán diferentes los actos, y diferentes las narraciones, si ese escenario lo describen autores masculinos y femeninos?

Crosley y el apocalipsis femenino

De nuevo encontré una joya en el New York Times: el análisis que hace Sloane Crosley sobre qué diferencias hay en las narraciones apocalípticas realizadas por hombres y mujeres. Según Crosley, haberlas haylas, y suelen tener una separación muy clara. No se trata de que las mujeres sean menos violentas (al fin y al cabo, muchas mujeres han escrito sobre violencia), pero parece ser que, mientras que los hombres se centran en la violencia en sí: canibalismo, violación, tortura, todo en nombre de la supervivencia o de la crueldad inherente de seres que ya no están civilizados, las mujeres se enfrentan a otro tipo de amenaza: la pérdida de la memoria, de la identidad.

Dice Margaret Atwood que lo que las mujeres más temen es a la violencia y los hombres a lo que más temen es a la humillación. No sé si esto es cierto, pero a nivel biológico y genético podría tener sentido: las mujeres temen a las violaciones, por ejemplo, porque a nivel biológico es una catástrofe tremenda ser invadidas por el material genético de alguien a quien no han elegido (de manera inconsciente, elegimos a las personas que genéticamente son mejores para tener descendencia con ellas; una violación no es solo un trauma psicológico, es un trauma genético); los hombres temen a la humillación porque los hace descender en la escala de deseabilidad como machos alfa: perjudica su posición en la jerarquía social y por tanto pierden posibilidades de procrear con las mejores hembras. Si lo vemos todo desde una óptica de procreación y supervivencia genética, estaría de acuerdo con Atwood.

Siguiendo la teoría de Atwood, y si partiéramos de la base de que al concebir situaciones extremas colocamos a los seres humanos en las situaciones que a nosotros más nos repelen, las que nos parecen peores, tiene cierto sentido que los hombres escriban sobre tortura, violación y canibalismo. No van a hablar de humillación, porque eso es a lo que están acostumbrados a temer; eso es lo que viven día a día. Una situación apocalíptica es extraordinaria y exige miedos extraordinarios, desconocidos, diferentes. De la misma manera, las mujeres no van a hablar de violación y abuso porque eso es para ellas un temor constante, también un hecho cotidiano. Por tanto, buscan miedos diferentes, a gran escala: el miedo a perder la identidad. No es el miedo a la violación física, sino al vacío que queda para poder olvidar esa violación. El vacío que queda en una sociedad cuando ha tenido que enfrentarse a lo terrible.

Dice Crosley:

sloane crosley

Al presentar el peligro de violencia como algo que se da por hecho y no como el evento principal de la historia, estas autoras pueden mover los focos a otros lugares, pueden crear historias multicapa. Después de todo, cuando venga el apocalipsis, es posible que tengas o no tengas que matar (o ser matado/a), pero desde luego tendrás que ser tú. Y estas novelas se preocupan del cómo. “Hay una parte de nuestra historia que no sabemos cómo contarnos —teoriza Joy en Find Me—, y procuraremos ignorar su existencia durante tanto tiempo que finalmente nuestro cerebro acepta un pacto: yo te permitiré olvidar esto, pero ya nunca te sentirás completa“.

Imagino que la realidad del asunto será mucho más compleja; al fin y al cabo entran en juego muchísimos factores biológicos y culturales dentro de la percepción del hombre y de la mujer cuando se detienen a crear arte (y seguro que viene alguien en los comentarios a explicármelo todo; como siempre ocurre en cualquier artículo en que se hable de escritura femenina o de escritura sobre mujeres). Pero como teoría me parece curiosa y quería compartirla con vosotros.

También quiero compartir esto:

el fin de los sueños

Sí, es un lienzo de mil por mil de la portada de El fin de los sueños. La proporción no queda muy clara en la foto: solo os digo que es casi tan alto como yo.

Ya os dije que el cumpleaños fue épico.

 


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Lectores aéreos gabriella campbellLectores aéreos (relatos con toques de fantasía tenebrosa): Disponible en Amazon y Lektu (¡solo 2,99 €!). Puedes leer un avance gratuito (para ver si te gusta el estilo y tipo de relato) aquí.

 

el fin de los sueñosEl fin de los sueños (novela posapocalíptica de ci-fi/fantasía juvenil): Disponible en digital y en papel en la página de la editorial (y puede pedirse en cualquier librería).

 

 

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9 preguntas que atormentan a los que escriben (y alguna respuesta)

agosto 4, 2015 — by Gabriella22

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Una de las cosas buenas (o malas, según se mire) de que crezca un blog es que recibes muchos correos y mensajes de otros escritores que, por alguna razón que se me escapa, tienen la curiosa noción de que tienes más idea que ellos sobre cómo triunfar en esto de la escritura, ya sea comercial o literariamente.

Me gustaría compartir con vosotros las dudas más frecuentes, las preguntas que atormentan a mis compis de oficio. Primero, porque tal vez algunos de vosotros tengáis los mismos retortijones existenciales y esto pueda seros útil (o por lo menos más útil que leer veinte libros de escritura y un manual de autoayuda desesperada*); segundo, porque así solo tengo que poner este enlace cuando me pregunten, y me evito escribir las mismas respuestas una y otra vez. ¡Ja!

Yo soy, como muchos de vosotros, un proyecto en proceso, pero espero que la poca experiencia que haya podido recopilar de mis años de edición y escritura (unido a mis fenomenales poderes de observación y análisis. De nuevo: ¡Ja!) puedan ofreceros algunas respuestas que sirvan. Siempre recuerdo el caso de Leanne Regalla, que se puso a enseñar a tocar la guitarra cuando solo llevaba ella misma un año de aprendizaje. Una amiga docente fue la que la animó. Le dijo que, aunque solo llevara un año de práctica, ya era un año más que los que nunca habían cogido una guitarra. Ahora es músico profesional y asesora para otros artistas, así que se ve que la mujer le sacó el máximo provecho a aquel consejo. Es en la enseñanza donde realmente aprendemos. Y yo he hecho muchas cosas fatal, así que, aunque muchos escritores aguerridos y de plateadas sienes me mirarán con el desprecio de quien sí sabe, creo que de mis errores podrían salir algunas cosillas importantes para aquellos que empiezan.

Así que ahí van. Las preguntas que más me hacéis y a las que espero poder contestar con algo medianamente coherente:

1. ¿Debo autoeditarme o tirar por la edición tradicional?

Odio esta pregunta, porque en realidad no hay una respuesta sencilla. Siempre digo que ambas opciones son perfectamente válidas (y no soy la única). Por suerte, el desprestigio de la autoedición ya no es tanto como antaño, y cada vez es más común que autores publicados por la vía tradicional también le hayan dado un tiento a la autoedición; por lo que el hecho de que seas autoeditado no tiene por qué influir en la percepción que puedan tener de ti los editores a la vieja usanza. Al contrario: si te has autoeditado y te has construido una plataforma y un seguimiento, es más probable que se interesen. Un buen ejemplo de esto son las escritoras Iria G. Parente y Selene M. Pascual, que se autoeditaron su novela Pétalos de papel, y luego publicaron con Everest y con Nocturna, editoriales tradicionales de gran alcance. El caso contrario es el de Ana González Duque, que primero le dio a la publicación tradicional y luego se lanzó de cabeza a la autoedición. Las tres son buenos ejemplos de cómo a cada autor le interesa y conviene más un formato u otro, pero que en ningún caso tienen que estar reñidos.

Si tienes ya una plataforma y cierto seguimiento, y estás acostumbrado a promocionarte, creo que es más viable la autoedición. No tendrás que lidiar con los plazos editoriales, podrás hacerlo todo tú solo/a, los porcentajes serán mayores, etc. Si, por el contrario, eres un autor que se lleva mal con la promoción, y eres poco conocido, puede ser más fructífero seguir mandando manuscritos a editoriales, a la antigua. Esto es también más recomendable para autores con poco tiempo y medios para dedicarse a aspectos de los que tradicionalmente se encargan las editoriales: corrección, maquetación, diseño, etc.

Lo bueno es que estas dos opciones no son excluyentes, como ya he comentado. Prueba con las dos. Ten un manuscrito en movimiento por editoriales mientras te autoeditas en eBook y/o papel con otra obra. Es una forma idónea de comparar ambas experiencias y ver cuáles te convencen más. Yo tengo que decir que me gustan ambas (también porque he tenido suerte con las editoriales con que he publicado). Ambas tienen sus propias satisfacciones, frustraciones y recompensas.

2. No consigo que la trama de mi novela avance. Estoy atascado/a y no hago más que cambiar cosas. ¿Qué puedo hacer?

Este problema es tremendamente común, y por lo que he podido ver suele responder a una falta de planificación. Aunque algunos escritores son de brújula (navegan por intuición por su texto, sin perder el norte), la mayoría de nosotros necesitamos algún tipo de esquema o preparación para orientarnos y no perdernos por el camino. Esta preparación puede hacerse de varias maneras (hay mil métodos), pero yo suelo seguir el siguiente proceso:

  1. Escribir una sinopsis o resumen de lo que va la novela.
  2. Crear un esquema con los capítulos o secciones. Escribir un resumen de cada capítulo dentro del esquema.
  3. Antes de empezar un capítulo, revisar el resumen y escribir la lista de escenas que lo componen.
  4. Al sentarme en cada sesión de escritura, planificar qué voy a escribir durante esa sesión.
  5. Al terminar la sesión, dejar notas sobre qué ocurrirá en la sesión siguiente.

Como veis, con este método vamos de lo más grande a lo más pequeño, de lo general a lo detallado. Es similar, en cierto modo, al método copo de nieve, pero he incorporado también procedimientos para cada sesión de escritura, como explica Rachel Aaron, que multiplican mi velocidad e impiden que me atasque. Y si me atasco, meto un unicornio, o una nave espacial o una escena de sexo, que siempre da alegría. O una escena de sexo entre unicornios en una nave espacial. Porque yo lo valgo y nací para el weird.

Algunos autores dicen que este tipo de esquematización les corta la inspiración y le quita diversión al acto inesperado de escribir. Puede ser. Pero hay que tener en cuenta que estos esquemas no están esculpidos en piedra: son meras guías útiles que podemos cargarnos y saltarnos en cualquier momento. De hecho, encuentro que muchas veces, siguiendo mis planes, se me ocurren ideas buenas que me obligan a cambiarlo todo. Pero eso es lo genial del proceso, que puedes ir modificando sobre la marcha, adaptando cada sesión de escritura según tus necesidades. Con suerte, la sinopsis que harás al final tendrá poco que ver con la que hiciste al principio de tu trabajo.

3. Describo demasiado / no describo suficiente, ¿puedes ayudarme?

¡Puedo! Es más sencillo de lo que parece.

Para vosotros los verbofágicos que no podéis parar de meter detallitos por todas partes: no os preocupéis. Meted todo lo que os apetezca y dé la gana. Hasta aquello que no tiene ningún sentido. Es vuestro subconsciente en acción y eso es primordial. No lo coartéis.

Cuando terminéis y llegue el momento de editar y revisar, haceos una pregunta: ¿sirve esto que he escrito para que avance la acción?

Es decir, ¿sirve esta escena para algo? El texto debe servir, sobre todo, para decirnos algo de los personajes o para hacer que avance la trama. Sí, es posible que tu soliloquio filosófico sobre el origen de las pelusas que se cuelan en el ombligo no termine de encajar en este capítulo. Cabe la posibilidad de que estas tres páginas de descripción del vestido de tu protagonista no sirvan para nada (un vestido amarillo y rojo nos dice que el personaje es atrevido, muy patriota o daltónico; tres páginas de descripción del vestido nos dicen que igual es hora de leer algo más interesante, como por ejemplo una guía de teléfono).

No tengáis miedo a cortar. A Stephen King le dijo un editor que era conveniente quitar por lo menos un 10% del manuscrito, y a King parece que no le van mal las cosas. Ese recorte hace que el texto gane en solidez.

¿Pero qué ocurre cuando nos cuesta la vida meter descripciones? Algo de descripción se necesita: los lectores quieren saber cómo es el entorno del que se rodean, para poder meterse plenamente en el texto. Os voy a dar un truco que uso yo, porque yo odio describir cosas (otro amanecer dorado con leve llovizna y nubes esponjosas no, por favor). Es secreto, no se lo contéis a nadie:

  1. Escribe tu escena, o capítulo, secuencia, lo que sea. No te preocupes por describir nada, solo lo que te vaya viniendo a la cabeza. Escribe lo importante: acción, diálogos, etc.
  2. Una vez terminado, rellena los huecos.

Megafácil. Repasas. Dos personas están hablando en una habitación. ¿Es un salón, un dormitorio, un cuarto de baño? ¿De qué color es, cómo es el suelo, las paredes, cómo son los muebles? ¿A qué huele? ¿Qué tacto tiene ese cojín? ¿Hay algún ruido de fondo? Sumerge a tus lectores en la escena usando de los cinco sentidos. Pinta y decora. Puedes probar a usar palabras aleatorias para crear metáforas originales, para meter detalles que nunca se te habrían ocurrido. Colorea tu dibujo.

Ah, luego te tocará recortar, porque te pasarás pintando y te saldrás de las rayas. De eso no te libras.

4. Tengo trabajo, familia y una plaga de cucarachas mutantes en casa*, ¿de dónde saco el tiempo para escribir?

Es posible que esta sea la pregunta que más me hacen, lo cual es curioso porque es con lo que más doy la paliza aquí en el blog. Pensé que a estas alturas estaríais ya todos más que hartos del tema.

Esto de escribir quita tiempo. Si escribes por afición, porque te gusta, la respuesta es muy sencilla: escribe cuando puedas y cuando quieras.

Pero si escribir es tu pasión, tu sueño y todas esas cosas tan bonitas que nos cuentan las pelis yanquis de béisbol, no hay respuesta fácil. Vas a tener que sacar tiempo de debajo de las piedras. Vas a tener que levantarte a las cinco de la mañana. Vas a tener que escribir en el trabajo, en el metro, en los ratos muertos entre que llega o no llega el exterminador (Pepe para los amigos, Gran Ángel Negro de los Infiernos para las cucarachas). Vas a empezar a tratar la escritura como algo serio. Asume que la promoción, bien hecha, quita mucho tiempo. Si no dispones de este tiempo, concéntrate en escribir lo mejor que puedas y sepas, y en el largo peregrinaje de editorial en editorial.

Hagas lo que hagas, no dejes tu empleo (ni dejes de buscar uno). Tardarás mucho en empezar a ver algún dinero por lo que escribes. Más bien busca formas de trabajo que te permitan escribir o aprender sobre la escritura. Y aprende a sacarle el máximo provecho a tu tiempo. Aprende a escribir deprisa; aprende a ser productivo/a.

suenos de escritor

Me gustaría deciros que con trabajo duro se alcanzan los sueños; que si le dedicas el suficiente tiempo y ánimo, acabarás vendiendo tropecientos millones de libros y bañándote en piscinas de esas sin horizonte en alguna torre en Dubai. Pero no es así como funcionan los superventas. No te creas todos esos artículos llenos de banners interactivos que te aseguran que puedes forrarte vendiendo en Amazon en menos de un mes, sin apenas levantar un dedo. ¿Hay gente que hace dinero vendiendo en Amazon? Haberla hayla. Pero es menos dinero del que aseguran y trabajan 24/7 para conseguirlo. Muchos de ellos hacen su dinero vendiendo libros sobre cómo hacer dinero vendiendo en Amazon. Cuando lo piensas, el nivel de metaironía es delicioso.

5. No tengo ni idea de cómo empezar a promocionar mi libro. ¿Puedes ayudarme?

Podría escribir cientos de artículos sobre promoción para escritores. Y alguno he escrito. La red está llenísima de gente diciendo lo mismo: que si sorteos en Goodreads, que si grupos de Facebook, que si tu libro gratis en KDP Select, etc., etc., etc.

Todas esas tácticas son buenas si ya tienes cierto seguimiento, un grupo de lectores potenciales que, tras la exposición adecuada, podrían acabar comprando tu libro (énfasis en podrían).

Dentro de la edición tradicional hay sistemas de publicidad muy distintos a los de la autoedición: la distribución, sin ir más lejos, es un modo de promoción habitual, al ofrecer un producto a plena vista del consumidor de paso. Es muy complicado aplicar tú mismo estrategias de promoción a un libro que has sacado con una editorial, porque no tienes respuesta dinámica de ventas: no ves las ventas de manera inmediata ni conoces su procedencia, por lo que es difícil saber qué tacticas te están funcionando y cuáles no.

Lo bueno de la autoedición es que sí podemos hacer ese A/B testing que nos indica qué estamos haciendo bien. Personalmente me gusta la siguiente estrategia, que es la que, por ahora, me ha dado mejores resultados: tener un “hogar”, un punto centralizado a donde puede acudir cualquiera que quiera saber más de nosotros (en mi caso, el blog), y utilizar una o dos redes sociales donde interaccionar lo más posible con otros escritores y lectores. Tras varias intentonas, un poco de experimentación por aquí y por allá, cada vez estoy más convencida de que es mejor concentrar nuestros esfuerzos en una sola red social, entender cómo funciona, estudiar sus mecanismos para crecer en ella, que compartir enlaces en todas partes. Lo que más cuesta es arrancar, pero obtenidos los primeros seguidores es más fácil conseguir un efecto bola de nieve.

La clave, me temo, está en el networking. Como digo siempre: deja de ver al lector como alguien que está obligado a reconocer tu impresionante trabajo y empieza a pensar en qué necesita ese lector. Habla con él, pregúntale, comparte recursos que puedan serle útiles. Sé que a veces parezco muy hippy-happy cuando digo estas cosas, pero estoy plenamente convencida de que los juegos en los que todos salimos ganando son mil veces más productivos que aquellos en los que competimos y usamos métodos éticamente cuestionables para conseguir seguimiento y ventas. Lo dice mi experiencia y también lo dice la teoría de juegos. ¿Por qué tiene que salir alguien perdiendo si podemos ganar todos?

Lo cual me lleva a la siguiente pregunta:

6. ¿Necesito un blog?

No. No necesitas un blog. Necesitas un centro, un punto de entrada y salida, ya sea una página web o una página de autor en Facebook, Amazon o Goodreads. Yo recomiendo una web propia, ya que así no dependes de cambios que puedan ocurrir en otras redes. Tu web es tuya, de nadie más. Solo tú decides qué va ahí.

Puedes conseguir plantillas WordPress gratuitas, por ejemplo, pero sí recomiendo que tengas tu propio dominio, aunque tengas que pagar un poquito al mes por el nombre de tu web y su alojamiento. Empresas que ofrecen páginas gratuitas como Blogger (Google) siempre tendrán control sobre lo que publicas y cómo lo publicas. Pueden estar bien si acabas de empezar, pero siempre queda mucho más profesional (y es más fácil encontrarte) si tienes un .com o similar propio. ¿Recomiendo pagar por plantillas avanzadas? Sí, pero no tienes que hacerlo de manera inmediata. Puedes empezar con una gratuita, hasta sentirte cómodo/a, y luego empezar a mirar alternativas. Y por favor, ni se te ocurra descargar plantillas pirateadas. En esas plantillas (que además se venden a muy buena relación calidad-precio) una serie de personas han invertido mucho esfuerzo y tiempo; no me seas cutre (que luego nos quejamos de la piratería de libros, ejem). Por otra parte, si usas versiones piratas no tendrás acceso a su sistema de soporte en caso de cualquier problema, ni recibirás las necesarias actualizaciones.

Un blog es un buen método para atraer personas con quienes establecer contacto, pero no es una garantía de nada (¡y mucho menos de ventas!). Es muy difícil conseguir que un blog despegue. Creo que una buena opción para escritores es llevar blogs de reseñas, ya que las reseñas serán compartidas por los autores de los libros reseñados: cuanto más seguimiento tenga el autor en cuestión, más exposición tendrá tu blog. Y puedes meter entre reseña y reseña artículos sobre tus propios libros y tu experiencia como escritor/a. He visto que algunas personas recomiendan separar la faceta reseñadora de la escritora. Entiendo por qué (donde tienes la olla no metas la p…), pero creo que esa separación puede significar perder una buena oportunidad de aprovechar un seguimiento interactivo que te permita darte a conocer como autor/a.

Ten en cuenta que no es necesario publicar tres artículos semanales para que el blog arranque un poco (eso lo hago yo porque me encanta y porque estoy un poco loca; pero estoy convencida de que si no publicase los artículos de jueves y viernes no vería mucha variación en visitas, siempre que dedicara esos días a promocionar artículos de archivo). Con publicar una vez a la semana (o incluso menos) y acumular artículos que luego puedas seguir reciclando, vas bien. Lo importante es mantener una periodicidad, para “acostumbrar” a tus lectores a estar pendientes de determinadas fechas. Y, ya sabes, si quieres que compartan tus cosas, más te vale compartir lo de los demás.

Antes de iniciar la aventura de llevar un blog, debes hacerte una serie de preguntas fundamentales:

  1. ¿Tengo tiempo? Un blog quita mucho: no se trata solo de escribir los artículos: tienes que investigar qué les interesa a tus lectores, hablar con ellos, moverte en tu red social de preferencia, editar bien los posts, buscar imágenes resultonas y mucho más.
  2. ¿Da de sí el tema que quiero tratar? Si solo hablas del proceso de documentación de tu novela autobiográfica, igual no llegas muy lejos. Pero si escribes novela histórica tienes cancha para rato.
  3. ¿Conozco a mi público? Si escribes de todo para todos, tampoco esperes mucha respuesta. Necesitas algo que te distinga de los demás; ya sea porque escribes sobre temas acerca de los cuales hay poca información, o porque escribes para un nicho de lectores muy especializado.

Más sobre esto y otros temas fundamentales a la hora de llevar un blog aquí.

7. ¿Cómo debo mandarle mi manuscrito a una editorial?

Esta tiene una respuesta muy sencilla y lógica: pregúntale a la editorial. Cada una tiene sus manías. Algunas quieren que les mandes un ejemplar en papel, otras quieren un primer capítulo, otras quieren una sinopsis y un estudio de mercado (más o menos). Infórmate: busca un email o teléfono específico para recepción de manuscritos, asegúrate de que tienen abierta dicha recepción, y pregúntales qué datos necesitan y cómo quieren que les envíes tu libro. Asegúrate de que su línea editorial encaja contigo. Mandar una novela negra a una editorial de poesía es perder tu tiempo y el de la editorial de poesía.

Luego, hazles un elevator pitch irresistible y fantástico.

Ah, también es importante que tu libro sea estupendísimamente maravilloso. Más que el resto.

Os voy a contar otro secreto: hay un truco. Mira qué contactos tienes en común con esa editorial: ¿conoces a alguno de los autores que han publicado con ella? Pregúntales qué hicieron ellos para enviar su libro. Pídeles un email (si pueden) a donde se suelan enviar manuscritos. Si tienes la suficiente confianza con tu contacto, incluso puedes mencionar que has llegado hasta la editorial a través de esa persona. Ya no entras totalmente a puerta fría. Estableces que tienes un interés directo en esa editorial. Que luego pueden tenerte un año esperando igual una respuesta, pero perder no pierdes nada.

Sí, es normal estar un año a la espera. Aunque, por lo que sé, si te hacen esperar un año es que, de responderte, vas a llevarte un NO muy rotundo.

Y es por esto por lo que hay que mandar a muchas editoriales diferentes y estar trabajando en otros proyectos mientras. Si te quedas pegado al teléfono esperando que te llamen se te va a cuadricular el culo. El mío ya es hexagonal.

8. ¿Debo participar en concursos literarios?

Esta es una buena pregunta. No voy a escandalizar a nadie si digo que muchos concursos están dados de antemano, amañados, repletos de nepotismo de la peor estofa. Estofa, sí. Son estofados de amiguismo, de jurados que con frecuencia ni siquiera entienden de lo que están leyendo (ni del género del concurso en que son jurado), de personas que con frecuencia solo están ahí porque se les paga para ello. Tampoco es raro que el jurado, inocente, seleccione entre un número muy limitado de obras, que otro comité se ha encargado de “filtrar” para ellos.

Suena fatal, ¿verdad?

Entonces, ¿para qué presentarse?

Primero, porque hay concursos completamente limpios y legales. Segundo, porque son una manera estupenda de motivarte y de tener un plazo de entrega. Cuando escribimos sin rumbo fijo, sin saber muy bien para qué, viene bien tener esperanza. Y nada como la sensación de esperanza de mandar una participación por correo. De hecho, en mi artículo sobre cómo escribir un cuento a la semana, creo que sería un buen aliciente mandar los mejores relatos a concursos.

Por esto, yo estoy muy a favor de participar en concursos, sobre todo si estás empezando. Una de las cosas que más me animó a seguir escribiendo fue un concurso local que gané con quince años. No he ganado ningún concurso más de relato desde entonces (INCREÍBLE, LO SÉ), pero me han servido de estímulo para muchos, muchos textos.

9. ¿Puedes leer mi libro y darme tu opinión?

Claro que puedo. Y no será una opinión, no. Será un informe completo de las posibilidades estilísticas, de contenido y comerciales de tu obra.

Pero comprenderás que no puedo hacerlo gratis.

Es algo difícil de explicarle a la gente, porque en el fondo a nadie le cuesta mucho leerse un libro (¡que además te regalan!) y decir si le ha gustado o no. Pero imagínate que esto te lo pidiera alguien diferente todos los días. ¿Cuándo publicarías en tu blog? ¿Cuándo escribirías? ¿Cuándo jugarías con tu gato? ¿Cuándo participarías en orgías transdimensionales (no sé vosotros, para mí son una prioridad)? Si te pagan, puedes dejar de hacer otras cosas remuneradas para ponerte a leer esos libros. Leer y estudiar textos ajenos se ha convertido en una profesión y prefiero hacer informes de lectura que correcciones, porque me gustan más y porque creo que aporto más al escritor al explicarle problemas generales e intentar ayudarle a solventarlos. ¿Le pedirías a un amigo manitas que le echara un ojo a un grifo que gotea? ¡Claro! Y luego lo invitas a una cerveza y punto. ¿Se lo pedirías, gratis, a un fontanero? No, porque el fontanero vive de eso.

Aunque quisiera hacerlo por amor al arte y todo el cariño de mi corazón, me sería imposible leer todo lo que me mandan. Intento matar muchos pájaros de un tiro publicando artículos en el blog, intentando dar con respuestas para lo que más nos concierne a los que escribimos. Tengo una pila de libros que me espera y solo me queda un tiempo limitado de existencia para leer a Franzen, a Ishiguro, a Barker, a Cotrina. Soy una lectora lenta, porque tengo que secuestrar tiempo de debajo de las piedras (sí, estoy repitiendo metáfora, lo sé, hace calor) para leer lo que me encanta. Si leo tu libro gratis, tengo que leerlo en mi escaso tiempo libre. Te estoy leyendo a ti en vez de a Barker o a Cotrina. Sé que eres bueno (o eso me aseguras), pero entiéndeme: es Clive Barker. Y si no leo a Cotrina estoy faltando al sacrosanto pacto entre parejas de escritores: leerás todo lo que escriba tu pareja y le darás consejo o no obtendrás sexo. Amén.

Hay otras formas de conseguir lectores cero. Animo a todo el mundo a que recurra a amigos y familiares, aunque no sean tu público objetivo. Anímalos a que te destrocen, a que destruyan tu texto con todo lo que no les gusta. Es más: prohíbeles que digan nada bueno, así no podrán cortarse. Y no vale luego enfadarse con ellos, por supuesto, ni tener arrebatos de estos trágicos a lo niño pequeño que ha perdido al Monopoly, donde destruyes el manuscrito entre gritos y aspavientos y saltas sobre los pedazos mientras levantas los puños al cielo. Participa en talleres y grupos de escritores: lee a otros a cambio de que te lean a ti. Escribe en lugares muy públicos, como Wattpad, en busca de lectores y opiniones. Ten un blog donde publiques tus cuentos, y chantajea y soborna a otros escritores para que los comenten. Como siempre: si comentas y lees a otros, más posibilidades hay de que te devuelvan el favor.

¿Veis? No es tan difícil.

Bueno, sí, es todo horriblemente difícil. Pero miradlo por el lado positivo: si no fuera tan complicado y jodido y duro no tendría nada de lo que hablaros y no vendríais a mi blog.

Ah, no, que eso solo es positivo para mí.

Perdón.


*Posiblemente basado en hechos reales.

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¡Vacaciones!

julio 1, 2015 — by Gabriella9

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Como ya he informado en el artículo anterior y en las redes sociales, el blog permanecerá calladito durante un par de semanas (hasta el 14 de julio) mientras aprovecho para descansar, viajar al norte y remojarme los pies en el Cantábrico, que dicen que está fresquito.

Veréis poca respuesta a comentarios, emails y etc., por aquello de que estaré muy ocupada rascándome la tripa. ¡Pero no dejéis de compartir y participar! El blog está lleno de cosas que seguro que no habéis leído todavía. Y el día 14 todo volverá a la normalidad.

¡Nos vemos a mi vuelta!

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Cómo saber si tu libro está listo para publicarse (y otros recortes literarios)

junio 19, 2015 — by Gabriella11

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Por un lado, creemos que somos buenos. Somos mejores que la media, por lo menos (¿verdad? ¡Dime que sí!). A veces escribimos frases de esas que queremos enmarcar y colgar en la entrada de nuestra casa para que cualquier visita tenga que verlas, quiera o no (¿un café? ¿un vino? ¿un poema enmarcado, ilustrado y dedicado para llevarle a tu familia?).

Por otro, estamos profundamente convencidos de que lo que hacemos es caca. Caca muy clarita, apestosa, blanda. Y queremos ocultar lo que escribimos, matarlo y enterrarlo bajo el manzano al fondo del jardín. Sí, ahí, en el mismo sitio donde enterraste a tus ocho exnovios y a ese señor de la pescadería que una vez te miró mal.

Y en algún sitio intermedio está el mundo real, ese mundo supuestamente objetivo que va a considerar si lo que hemos escrito tiene algún valor o no. Y muchos esperamos, nerviosos, arrancándonos el pelo poco a poco, queriendo que un extraño nos diga la verdad; que nos diga si esto merece la pena. Si estaba o no estaba listo para publicarse.

Todo nuestro trabajo en manos de alguien a quien ni conocemos. ¿No os parece alucinante? Ridículo, también. Pero alucinante.

Hay escritores que no viven con esta batalla, o que no dependen, en absoluto, de una validación exterior. Para ellos el lector definitivo es uno mismo. Yo envidio un poco a esos escritores. Otros muchos fingen ser como esos escritores, diciendo que las opiniones sobre su trabajo no les importan. Pero creo que hasta cierto punto las opiniones de los lectores, de los intermediarios y de los críticos sí deben importar, porque nos sirven (repito: hasta cierto punto) de veleta, para ver hacia dónde sopla el viento de nuestro trabajo y determinación.

Por todo esto, el miedo a publicar, a liberar nuestra obra, es grande. ¿Y si no está lista? ¿Y si hago el más espantoso ridículo? Yo creo que está bien, pero… ¿hay alguna forma objetiva de saberlo? Si uno se autoedita, por ejemplo, no pasa por el filtro de una editorial. No ha habido ningún portero de discoteca que te haya mirado de arriba abajo y haya considerado que sí, que tus pintas están lo bastante bien como para entrar en este club exclusivo (por suerte, en Fuengirola, meca del turismo más lucido, de eso tenemos poco. Llevar camiseta ya te hace merecedor del aprecio de todo el local).

Para intentar responder a alguna de estas preguntas, recurro a una entrevista que leí hace poco, en la que la escritora y especialista en autoedición Joanna Penn hablaba con Jen Blood, su correctora de estilo y también autora de éxito.

Blood y cómo saber si tu libro está listo

jen blood

Con el nuevo modelo, en el que tenemos que escogernos a nosotros mismos, ¿cómo sabe la gente si su libro es lo bastante bueno como para publicarlo?

Jen: Esa es una pregunta difícil. Definitivamente, es difícil. Ahí es donde vienen muy bien los lectores cero, porque hablamos de gente que está empezando. Una vez tienes ya un libro o dos ya publicados, obviamente tienes un poco más de experiencia y sabes que puedes hacerlo. Al principio se trata de tener uno o dos lectores cero, y un editor/corrector en quien puedas confiar, a quien no le dé miedo decirte: “¿Sabes qué? Creo que no estás preparado todavía para lanzar esto”. Realmente es un acto de fe.

Se trata de decidir: “Vale, pues esto es lo que quiero, y lo quiero con tanta fuerza que estoy dispuesto/a a asumir el riesgo. Porque todo escritor, da igual lo bueno que sea, si es un autor autoeditado, va a tener esas dudas. Es cuestión de dar ese salto y ver qué pasa desde ahí, pero antes de dar el salto: lectores cero, un editor/corrector en quien confíes y ya avanzas a partir de ahí.

Creo que ya he hablado alguna vez de lo útiles que son los lectores cero, pero también es importante (sobre todo al principio, y sobre todo si te autoeditas) tener alguna figura profesional, ya sea un editor, asesor, lector editorial o corrector de estilo, que pueda guiarte. Necesitas a alguien que pueda señalar tus errores más frecuentes de estilo, que pueda decirte dónde fallan tus estructuras, qué debes mejorar y, lo más importante, si tu libro está en condiciones de publicarse.

Blood habla de editor, pero lo he traducido como editor/corrector, para daros una idea más práctica de aquello a lo que se refiere. Blood hace line editing, corrección de estilo, y también es editora en el sentido antiguo: edita, es correctora de contenidos; busca todo lo que puede mejorarse en la estructura y los contenidos de una obra. Con un mercado de autoedición cada vez mayor en EEUU, cada vez se recurre más a profesionales como Blood, que ocupan el espacio que tienen editor y corrector de estilo en las editoriales tradicionales.

Muchos ya sabéis que durante un tiempo realicé informes de lectura, tanto para editoriales como para particulares, que eran una suerte de recopilatorios de edición y sugerencias de corrección, todo condensado en unas 5-10 páginas. Realizaba también una valoración comercial dentro del informe, y más de una vez he comentado con algún cliente que sería recomendable subsanar determinados errores y carencias antes de plantearse el envío a editoriales (sobre todo trabajaba con personas que buscaban publicación en el mercado tradicional, aunque también he trabajado con algún autoeditado). Creo que un informe es ideal para tener una idea en conjunto, como mínimo. Obviamente, en un mundo perfecto todos los autores invertirían también en una buena edición estructural y en una corrección de estilo, pero no estamos en un mundo perfecto y las correcciones suponen una inversión importante. Así que, si tenéis la suerte de contar con buenos lectores cero, aprovechadlos, y si podéis invertir un poco de dinero en informes y/o correcciones, realmente lo recomiendo. (Como es evidente, este consejo podría parecer algo interesado, pero podréis ver que internet está lleno de lectores profesionales con muy buenos precios. Obviamente no recomiendo ir al más barato, pero podéis obtener buenos informes a precios más que razonables). Creo que esos dos filtros son importantes para:

  • Saber si vuestra obra ya puede compartirse con el mundo y, en caso negativo, qué podéis hacer para que lo esté, y
  • Solucionar todos los errores objetivos de trama y estilo para ofrecer un producto lo más perfecto posible a vuestros lectores.

Una última nota respecto a los informes de lectura: recordad que un informe es un texto objetivo, donde no debería entrar en gran medida la valoración subjetiva del lector. Desconfiad de lectores supuestamente profesionales que os digan que vuestra obra es lo mejor que se ha escrito desde el Ulises. Cada vez veo más casos donde editoriales de coedición y similares interesadas en vender sus servicios utilizan los informes de lectura como cebo. Lo cual no tiene nada de malo si producen informes útiles, pero recordad que el que alaben vuestro texto es muy satisfactorio, pero poco útil.

Parks y la unión de autor y texto

tim parks

Recuerdo haber conocido a Coetzee, después de haber leído sus libros durante muchos años, y sentirme asombrado por la sensación de reconocimiento; la atmósfera inducida en su conversación, la extraña conciencia de tanto austeridad como calidez por su parte, alejamiento y apertura, era exactamente la misma sensación que uno tiene al leer sus novelas. Fue después de esa reunión que se me ocurrió que el genio literario es la capacidad de integrar a los lectores en el mundo de sensaciones de uno mismo, con todos sus matices y complejidad, y forzarlos a posicionarse en relación a ti.

En un artículo brillante para The New York Review of Books, llamado The Writer’s Shadow (La sombra del escritor), Tim Parks habla del acercamiento a los autores mediante sus textos. De las distancias cortas entre escritor y lector, y de los parecidos entre textos y autores.

Creo que alguna vez os hablé de cómo me gustaba buscar al autor en los textos. Sus emociones, reflexiones, personalidad, sus traumas. No hablo de lo evidente, esa presencia vulgar de la filosofía y opinión (incluso moralidad) de un mal escritor en su libro. No, hablo de la voz. Esa voz que escuchas, que resulta que sí, que es su voz cuando conoces al escritor o escritora en cuestión. Y no solo la voz: los movimientos (mentales, casi físicos), los miedos, lo que perturba a un escritor. Si un autor es valiente, si es bueno, mostrará todas sus carnes abiertas para ti. No me extraña, en cierta manera, que algunos autores huyan del contacto con sus lectores. A mí me recorre un escalofrío cuando alguien pone el dedo en la llaga, cuando alguien dice: “Pero aquí, esta lucha de este personajes, este momento de…”. Temo ese momento, temo ser descubierta. Es mucho más que desnudarse. Es desnudarse haciendo algo terriblemente vergonzoso y que luego, vestida, con la cabeza bien levantada y digna, llegue alguien y te diga: “Te he visto cuando hacías eso”. E igual esa persona sonríe, o está muy seria, y tú solo quieres que se abra la tierra y disolverte en magma.

Filipacchi y la diferencia entre las fotos de autor y de autora

El mundo de las fotos de autor es fascinante. Esas poses que se repiten, esas miradas al vacío, ese ceño fruncido de chico malo, esos labios coquetos y seductores… Nunca me lo había planteado, pero cuanto más lo pienso, más empiezo a verlo: las fotos de hombres y mujeres son muy diferentes cuando son para las solapas de un libro. Ya de por sí nuestro lenguaje gestual es distinto, pero hay todo un conjunto de baremos y reglas para cómo debe ser una foto de autor y cómo debe ser una de autora. Al fin y al cabo, ¿qué estamos vendiendo? Si eres un escritor de poesía oscura y maldita, no te pega una foto de piernas cruzadas y sonriente. Si eres escritora de romántica, tu foto te mostrará muy mona, muy maquillada y muy femenina. Y así todo, por lo menos para las editoriales lo bastante grandes como para que su departamento de marketing se llene la boca con palabras como branding y target y posicionamiento.

Algo así debió de pensar la escritora Amanda Filipacchi cuando decidió que se haría una foto de autor, de escritor. Es decir: iba a posar como un hombre.

En el New York Times explica por qué. Contó toda su experiencia, incluida la confusión de su fotógrafa, acostumbrada a tratar con clientes que tenían muy claro su rol: sobrio y serio para los hombres; leve flirteo y feminidad exaltada para las mujeres. Amanda razona aquí su decisión:

amanda filipacchi

En un pasaje de su novela El mundo deslumbante, Siri Hustvedt habla del Estudio Goldberg, un experimento real que se llevó a cabo por primera vez en 1968, que descubrió que las estudiantes valoraban un ensayo o un producto artístico con mayor severidad cuando se les adjudicaba un autor femenino. Los trabajos eran idénticos, pero a las estudiantes les gustaban más si los había creado un hombre. El experimento se repitió quince años más tarde, esta vez con estudiantes de ambos sexos, y produjo los mismos resultados.

Me pregunto cuál sería el resultado de ese experimento ahora, en el 2015. ¿Seguimos siendo más permisivos con las obras creadas por hombres? ¿Hay tal sesgo negativo hacia la mujer (en particular, la mujer creadora)? Para Filipacchi, había el suficiente como para plantearse de qué manera afectaría a sus lectores ver una fotografía donde la autora adoptara poses típicamente masculinas (rigidez, puño cerrado, semblante serio). Tal vez pensaba que así vendería más libros. Supongo que no hay manera realista de saber cómo influirá esto en sus lectores, pero desde luego es una propuesta interesante. Hablamos de cómo crear personajes femeninos y nos preguntamos si los nuestros serán más que bonitos objetos decorativos, pero puede que nos estemos olvidando de algo también importante: ¿estamos condicionando, separando, también a los autores por sexo? ¿Damos tanto por sentado lo que busca el público que nos empeñamos en presentar a las escritoras como sex-symbols, a los escritores como gamberros, misteriosos o intelectuales? Según varios estudios, los hombres se sienten más atraídos por mujeres que los miran de frente y sonríen, ¿es ese un impulso comercial suficiente como para que todas las que escribimos tengamos que mostrarnos así ante nuestros posibles lectores? ¿Y hasta qué punto influye la foto de autor, de todos modos?

Creando mundos nuevos con Pinker y Hofstede

Lecturonauta publicó un claro e instructivo artículo sobre el modelo de las cinco dimensiones de Gerard Hendrik Hofstede. Este tipo de psicología social es muy útil para aquellos que quieran trabajar con sociedades nuevas, ficticias:

El Modelo de las Cinco Dimensiones de Hofstede puede utilizarse para muchas cosas en la escritura: cimentar la esencia de una sociedad ficticia, caracterizar personajes según la cultura a la que pertenecen, comprender y reflejar la conducta de culturas ajenas, diferenciar la forma de vida de dos culturas distintas… Como todo escritor sabe, la información es poder.

Y sí, el modelo de las cinco dimensiones nos proporciona toda una suerte de contenidos útiles para determinar cómo se relacionan entre sí los habitantes de la sociedad que estamos creando, ya sea una sociedad basada en realidad histórica o una completamente nueva, fantástica, alienígena o lo que sea. Por otro lado, me gusta mucho este cuadro que encontré de Stephen Pinker, donde expone varios de los modelos relacionales más conocidos (podéis encontrar buenas explicaciones de cada modelo en su obra, que siempre recomiendo, Los ángeles que llevamos dentro). Entre la información de Hofstede y los modelos de estos grandes sociólogos y antropólogos, podemos elegir con ganas cómo será nuestra sociedad: la base de su relación social será lo que nos indicará todo lo demás. Podremos construir religiones, costumbres, motivaciones de personajes… Lo que ahora se llama worldbuilding, pero a lo bruto:

modelos relacionales

Si todo esto os parece mucho trabajo, siempre podéis tomar como base alguna sociedad existente. Momentos históricos como la Revolución Industrial, la Guerra Civil española o la caída del Imperio Romano pueden ser bases apasionantes para crear sociedades coherentes, verosímiles y, ante todo, interesantes (es lo que tiene estar al borde del caos). El límite, después de todo, es nuestra imaginación, pero es crucial entender cómo suelen operar las relaciones sociales para crear grupos funcionales y creíbles.

Cain y las terribles obligaciones de la libertad

Una de las cosas curiosas de ser escritora es que adquieres una obsesión extraordinaria con el lenguaje, sobre todo con tu lenguaje, el que sale de tu boca y el que hace bailoteos obscenos en tu cerebro. Hace ya un par de años decidí modificar mi forma de hablar, hacerlo cómplice de mi forma de pensar. Ya bastaba de pensamientos que no llevaban a ninguna parte. Ya bastaba de emitir quejas y hablar por hablar (lo de hablar por hablar lo sigo haciendo mucho; me gustaría pensar que voy mejorando). Uno de los cambios más importantes que he realizado es el de procurar modificar el “no puedo” por el “no quiero”. Sí, hay veces que realmente no puedes hacer algo (no puedes salir de casa si ha caído un meteorito que bloquea la puerta). Otras, te engañas. No quiero salir de casa. No hay ningún meteorito. No quiero escribir hoy todo lo que tengo que escribir. Ah, mierda, no, esa nunca me sirve. Hoy siempre hay que escribir.

En un artículo de David Cain, muy bien llamado You Are Free, Like it or Not (Eres libre, te guste o no) leí sobre el concepto de mala fe (bad faith). La mala fe es el encogimiento de hombros, esa confianza absoluta en algo que, simplemente, no es verdad:

david cain

Esto es mala fe: cuando nos convencemos de que somos menos libres de lo que realmente somos, para no tener que sentirnos responsables de aquello en lo que nos vamos convirtiendo. Realmente parece que tienes que levantarte a las 7 cada lunes, porque hay constricciones como tu trabajo, el horario de tu familia, y tus necesidades físicas no te ofrecen más posibilidades. Pero no es verdad: puedes poner el despertador para la hora que quieras, y eres libre de explorar qué es lo que cambia en tu vida cuando lo haces. No tienes que hacer las cosas de la manera en las que las has hecho siempre, y eso es verdad en cada momento en que estés con vida. Y sin embargo tenemos la sensación de que casi siempre avanzamos por una vía bastante rígida.

Las decisiones conllevan una terrible responsabilidad, y tantas veces es más fácil echarle la culpa a condicionantes externos para no hacer aquello que en realidad queremos hacer. O nos desligamos de las decisiones que hemos tomado, quejándonos de nuestra vida como si fuera fruto solo de la suerte y de las acciones de otros. No queremos (ni sabemos) ser responsables de nuestra existencia.

Con escribir pasa algo parecido. Hay tantos escritores que quieren ser, que quieren conseguir, que se quejan y lamentan y se rasgan las vestiduras por el terrible estado del sector editorial y de un público injusto que prefiere comprar los libros de Dan Brown en vez de los suyos. Sería muy fácil para mí decir “es que no puedo llegar a nada en este mercado”. Pero lo cierto es que no quiero: no quiero llenar los muros y timelines de todos mis amigos con grito tras grito para que compren mi libro, no quiero escribir sobre aquello que le gusta a la mayoría, no quiero ser todo eso que se supone que debe ser un superventas. Y a la vez no quiero, no, no quiero invertir más horas de esfuerzo en escribir, aprender, leer (¡más!) para mejorar a pasos agigantados. Voy a mi ritmo, pasito a pasito. “Poco a poco” es mi mantra, mi consuelo cuando no obtengo las ventas, el éxito, las reacciones que quiero.

Poco a poco.

Paso a paso.

Pero cada paso es mío, de nadie más:

david cain

En esencia, todas las situaciones de mala fe son actuaciones de algún tipo, en las que actuamos como si nuestras manos estuvieran atadas. Intentamos convencernos (a menudo a través de nuestro intento de persuasión para otros) de que realmente no podemos hacer lo correcto, cuando en realidad simplemente no queremos.

¿Y si dejásemos de actuar?

 



el cielo roto"—¿Quieres que hable con él? ¿Es eso? ¿Quieres que lo resucite? 

El galgo batió la cola con más fuerza y se tumbó ante el chico, entre los cadáveres de una anciana y un niño de seis o siete años con ojos de tiburón. 

Winston esperaba un nuevo truco de magia".

(Engánchate ya a El cielo roto, de Gabriella Campbell y José Antonio Cotrina).

lectores aéreoslibrospersonal

Lectores aéreos ya en preventa

mayo 25, 2015 — by Gabriella10

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Lectores aéreos gabriella campbell

Os prometo que ha habido momentos en que pensé que no llegaría este día.

Casas encantadas, drogadictos surrealistas, mantícoras asesinas, videntes con muy mala leche. Corazones de cristal, magos enamorados, reencarnaciones malditas, amantes en universos paralelos.

Todo está aquí, en Lectores aéreos.

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Lectores aéreos avance