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Lectores aéreos ya en preventa

mayo 25, 2015 — by Gabriella10

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Lectores aéreos gabriella campbell

Os prometo que ha habido momentos en que pensé que no llegaría este día.

Casas encantadas, drogadictos surrealistas, mantícoras asesinas, videntes con muy mala leche. Corazones de cristal, magos enamorados, reencarnaciones malditas, amantes en universos paralelos.

Todo está aquí, en Lectores aéreos.

Este eBook ya está en preventa a la venta en Amazon. ¡Y solo cuesta 2,99 €!

EDITANDO: En preventa A la venta ahora también en LEKTU (en formato tanto .epub como .mobi).


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Y si quieres leer un cachito del libro para ver si puede ser de tu gusto o no, aquí te dejo un pequeño .pdf de avance:

Lectores aéreos avance

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¿Es posible escribir demasiado? (Y otros recortes literarios)

mayo 15, 2015 — by Gabriella12

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Voy a empezar este artículo de viernes hablando de mí.

Sí, voy a hablar de mis libros. No os vayáis, os aseguro que esto viene a cuento.

Quiero hablar del peligro de escribir demasiado.

Porque, qué le vamos a hacer, creo que soy un buen ejemplo de eso. Soy un ejemplo de que sí, es posible escribir demasiado. Sobre todo si no corriges a la par.

Todos los que lleváis un tiempo siguiendo el blog sabéis que llevo meses trabajando en mi siguiente libro: un compendio de relatos llamado Lectores aéreos*.

Lectores aéreos ha superado por fin su fase última de corrección y ahora está a la espera de una última revisión por parte de mi muy sufrido lector cero absoluto (ya sabéis, la temperatura a la que mueren todo ser vivo y las ilusiones de un escritor). Está ya en la parte divertida de empezar a lidiar con la conversión a ebook, una parte que voy a llamar, simplemente, “problemas técnicos”.

Puede parecer que este libro lleva mucho tiempo en preparación y así es. Las correcciones son ratos de trabajo que robo de entre los entresijos de la nada que es mi tiempo libre. Una vez escrito un texto, puedo pasar muchos meses intentando darle todas las revisiones y reescrituras que necesita.

La revisión es peligrosa. Primero, porque soy correctora y eso hace que sea mucho más obsesiva con la forma de lo que lo son muchos de los escritores que conozco (esto también me convierte en una lectora insufrible. Creo que por eso leo tanto en inglés, por no tener que atizarme con la tablet en la cabeza cada vez que veo un gerundio mal usado o una metáfora sin sentido). Segundo, porque escribo demasiado.

¿Se puede escribir demasiado? Sí, se puede.

En los momentos en que redacto esto, mientras Lectores aéreos espera sus últimas anotaciones, estoy en el proceso de corrección de una novela cuyo borrador terminé el año pasado, tal vez antes. Tengo escritas y sin corregir dos novelas cortas más. Además, llevo más de 40000 palabras de otra novela nueva. (Ah, no os he hablado de otra novela terminada que está dando vueltas por editoriales, ni de otro borrador terminado y… mejor paro).

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Vende tu libro en 30 segundos (y otros recortes de la semana)

mayo 8, 2015 — by Gabriella15

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vende tu novela

Alguna vez os he hablado del elevator pitch (conocido en nuestro idioma, a veces, como el discurso del ascensor). Es un término que suelo ver asociado a la industria del cine, pero últimamente se usa mucho para la presentación de ideas y proyectos ante posibles inversores (inversores que cuentan con poco tiempo y menos paciencia).

Intentas convencer a alguien de que invierta (de forma personal o financiera) en tu producto o idea, en el mismo tiempo que tendrías si coincidieras con esa persona en el ascensor. Unos treinta segundos.

Puesto de otro modo (y este es el ejemplo que se suele mencionar): si te encontraras con Spielberg en el ascensor y tuvieras treinta segundos para convencerlo de que llevara tu libro al cine, ¿qué le dirías?

Angone y tres preguntas para un ascensor

Hace poco leí un artículo del escritor Paul Angone donde hablaba de su experiencia a la hora de enviar su libro a editoriales. Angone insistía en que no es el editor el único que decide a la hora de publicarse tu libro: entran también profesionales financieros y de mercadeo (por lo menos en las editoriales grandes). Por esto, por desgracia, ya no basta con escribir un buen libro, ahora además tenemos que tener claras las respuestas a las siguientes preguntas y saber dárselas a los profesionales de los números y las ventas:

paul angone

¿Puedes decirme en treinta segundos qué credibilidad tienes, de qué va tu libro y por qué es necesario? Y entonces, cuando te pregunte más acerca de esa “necesidad dramática”, puedes probarla?

Angone trabaja con libros de no ficción, y creo que esa “necesidad dramática” va más acorde con el ensayo que con lo literario, donde la necesidad dramática puede ser simplemente diversión, evasión, reflexión o cualquier otra razón por la que leamos lo ficticio. Pero creo que sus demás preguntas son válidas. Hoy en día ese “qué credibilidad tienes” no se refiere tanto a si tienes un título de nutricionista para que nos tomemos en serio tu libro de dietas, sino a si tienes una plataforma, un seguimiento en el que podemos invertir. Las editoriales ya no solo buscan una buena historia, sino la prueba de que tienes una interacción constante con lectores potenciales y reales, una presencia que pueden confirmar y que, con suerte, se traducirá en ventas.

Tal vez nuestra “venta de ascensor” para un libro de ficción sería: a) una sinopsis muy atractiva y emocionante de nuestra obra; b) una muestra de nuestra presencia/plataforma; c) qué público querrá nuestro libro y por qué. Y, muy importante, d) un contacto en común con tu compi de ascensor.

Vende tu libro: qué concepto tan extraño para un creador. A mí la simple noción de “vender” mi obra en un ascensor me parece horrible. Odiaría estar en un ascensor y que alguien a quien no conociera de nada comenzara a darme la brasa sobre su libro, por muy interesante que fuera. Pero el equivalente editorial está ahí: editores que tienen que lidiar con cientos de emails con sus correspondientes manuscritos. Tienes menos de treinta segundos de su atención; de hecho, tienes mucho menos. Si puedes enganchar al editor mediante a) un conocimiento previo (hablasteis en una conferencia o conoces personalmente a uno de sus escritores publicados); b) una sinopsis y presentación atractiva, genial. Pero no olvides incluir en tu propuesta todos esos datos que podrían interesarle al personal menos literario.

Y tienes que conseguir todo esto sin mostrarte arrogante (¿sabéis lo difícil que es intentar parecer una inversión atractiva sin parecer un creído tocapelotas?) y mostrando verdadera pasión por tu trabajo.

Es decir, tienes que encontrar el punto medio perfecto entre un plan de empresa y una autobiografía.

Que enganche en menos de treinta segundos.

Suerte.

Gerard y la personalidad pública del escritor

A raíz de todo esto de las plataformas y de las relaciones con los lectores, críticos, y etc., en una entrevista reciente para LitHub la novelista Sarah Gerard reflexionó sobre la diferencia entre ser una escritora desconocida y ser alguien que de repente tiene una imagen pública:

sarah gerard

Mi relación con todo esto de ser una figura pública es dudosa. No me veo como tal, pero sí que me he dado cuenta de que ahora tengo menos tiempo para mí. Cuanto más hablo de Binary Star, menos siento que esa obra es mía. Ahora ya es un monstruo propio, con una vida que a menudo nada tiene que ver conmigo, y con la que estoy intentando estar al día. En esta situación es fácil sentir que estás intentando abarcar demasiado a la vez. La gente se fija en ti, cuando antes ni te miraría. Me siento un poco incómoda con esto, porque no me queda muy claro si están fijándose en mí por primera vez o si están cambiando su opinión sobre mí; ¿pensaban que antes yo era otra persona, alguien con quien no merecía la pena hablar? Y en ese caso, ¿están decidiendo ahora que me he ganado su atención?

Obviamente mi caso es muy distinto al de Sarah, pero hay algo en sus palabras donde me siento identificada. Todos hemos tenido momentos en los que de repente hemos entrado en el campo de visión de alguien, a raíz de hacernos un poquito más públicos, un poquito más visibles. Y muchas veces nos preguntamos: ¿por qué ahora? Yo soy la misma persona. ¿Por qué me haces caso ahora? He estado gritando tu nombre, tantos nombres como el tuyo, y no me escuchabas.

Aquí puse una larga parrafada sobre la experiencia de pasar de la invisibilidad a esta extraña reinvención de una misma, este empezar a figurar en el campo visual de los que antes pasaban de largo. No he tenido más remedio que eliminarlo. Creo que si empiezas a preguntarte las motivaciones detrás de cada interacción, si dejas que el resentimiento empiece a abrirse hueco, siempre te dominará la duda.

¿escribir ensayo ayuda a escribir ficción? Patchett dice que sí

Como dedico mucho tiempo a escribir artículos para el blog, suelo preguntarme si es tiempo que le estoy quitando a la ficción.

No fallo a mi mínimo de 200 palabras diarias dedicadas al cuento o a la novela, y suelen ser bastantes más, pero me pregunto si podrían duplicarse si el blog no existiera. Es como preguntarte si estás pasando demasiado tiempo con un amante ocasional cuando a quien realmente quieres es a otro/a. Pero, a diferencia de lo que ocurre en las relaciones matrimoniales monógamas y convencionales, resulta que dedicarle tiempo tanto a la ficción como a la no ficción puede ser muy bueno para todos. Y Ann Patchett explica aquí muy bien por qué:

ann patchett

En mi cabeza, la ficción y la no ficción se mantenían tan separadas la una de la otra que durante años yo juraría que no tenían mayor relación que la que pueden tener la ficción y la hostelería. Escribir una novela, incluso cuando va bien, me resulta muy difícil, y escribir un artículo, incluso un artículo difícil, es fácil. Creo que la no ficción me resulta fácil precisamente porque la ficción es difícil; siempre preferiría producir un artículo que enfrentarme al siguiente capítulo de mi novela. Pero he llegado a darme cuenta de que mientras que todos esos años de escribir ficción habían mejorado mi capacidad como escritora en general, todos esos años de escribir artículos… me habían convertido en un caballo de tiro, y que esa, a su vez, era una habilidad que yo llevaba de vuelta a mis novelas.

Escribir ficción mejora la capacidad narrativa necesaria para que un artículo sea popular; escribir ensayo crea una disciplina y determinación fundamental para la novela. Creo además que la esencia de lo comunicativo, que se revela en un artículo (sobre todo si este depende de la captación de la atención de lectores potenciales para sobrevivir), se lleva luego a la ficción. Aprendes la importancia de la precisión, de la claridad y de la funcionalidad del texto, algo que los escritores de ficción inexpertos, perdidos en nuestra pirotecnia de supuestos artistas, tendemos a dejar de lado.

El ensayo también tiene una salida económica más inmediata que la ficción. Patchett recurrió a él para poder sobrevivir:

vivir de la escritura

Lo complicado de ser escritor, o de ser cualquier tipo de artista, es que además de crear arte también tienes que vivir de algo. Mis cuentos y novelas siempre le han dado sentido a mi vida, pero, por lo menos durante la primera década de mi carrera, tenían las mismas posibilidades de darme de comer que mi perro. Pero lo que me encanta de las novelas y de los perros es que son maravillosamente ignorantes de nuestras preocupaciones económicas. Les servimos y como recompensa ellos prosperan. No es su responsabilidad averiguar de dónde viene el dinero para el alquiler.

Lo mismo digo. Pero con gatos.

(Fijaos: una década para empezar a conseguir dinero en condiciones, dinero con el que mantenerse. Y Patchett es una de las grandes de la literatura estadounidense).

Es así, qué vamos a hacerle. O le das un enfoque decididamente comercial a lo que creas, o encuentras un trabajo que te mantenga durante el tiempo necesario para que el mundo reconozca tu genio.

Supongo que si encuentras un trabajo que puede ayudarte, mejorar tus habilidades como escritor, mejor que mejor, ¿no?

Tennessee Williams y el lector como testigo

Leí un artículo que era un extracto de Follies of God, el libro de James Grissom sobre el dramaturgo Tennessee Williams, su proceso de trabajo y su relación con sus personajes. El artículo es fascinante, ya que nos permite entrever algo de la asombrosa mente creadora del genio. Pero fue su descripción del lector lo que más me llamó la atención:

Tennessee Williams

¿Cómo sabe la chica guapa que es guapa? Los que la ven atestiguan que es única, que sus semejantes carecen de algo en cuanto a pigmentación o estatura. ¿Cómo podemos saber que tenemos talento hasta que nuestras palabras, o la manera en que las usamos, emocionan a alguien? Hacen que esa persona piense por fuera de las líneas esmirriadas entre las que se ha coloreado a sí misma. No podemos saber que tenemos el poder de romper estas líneas con nuestro pensamiento hasta tener a nuestro primer testigo, aquella persona que nos dice lo que hemos hecho.

Más allá de la belleza del discurso de Williams, uno no puede dejar de considerar lo que tiene de validación este lector, este testigo, como si no pudiéramos escribir, ser escritores, sin él. Los hay que esconden sus manuscritos, hay Kafkas espléndidos por el mundo que o bien no buscan al testigo por confianza y por intimidad, o bien no buscan al testigo por miedo, por miedo a que este atestigue que no hay talento, que el acto de escribir no se ha producido.

Y sigue hablando Williams, con contundencia:

tennessee williams

Así que crecemos gracias a que nos observan y nos sienten, y crecemos por observar a otros, y tenemos que salir luchando de los callejones sin salida que nos creamos al creer que podemos esnifarnos un testigo sobre un espejo o que este pueda residir en la punta de una jeringuilla o salir de la boca de un testigo pagado.

¿Queremos lectores?

Claro.

¿Queremos que nos quieran?

Escribir también puede ser una forma de apagar el dolor, de buscar el placer del subidón, del reconocimiento.

Alguien decía en Facebook hace poco que el acto de escribir era un acto ególatra, que provenía de la necesidad pura del escritor de ser alabado, reconocido, amado. Ese comentario tuvo muchas quejas de muchos escritores. Algunos incluso respondían con insultos.

Yo creo que no se equivocaba mucho. Cada escritor tiene una motivación distinta. Pero la maldición de algunos es que cuando sentimos la punzada del lector que admira, la punzada del lector que siente gracias a nuestras letras, ya no hay vuelta atrás.

Siempre queremos más. Y nunca será suficiente.

 


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9 cosas que le diría a la niña que empezó a escribir

abril 28, 2015 — by Gabriella44

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Cuando tenía unos seis años, justo antes de venir a España, escribí mi primer cuento.

Bueno, no sé si fue el primero, pero es el primero que recuerdo, igual que recuerdo el primero que escribió mi hermano (vagamente). Creo que el suyo iba de una patineta asesina. O una patineta valiente. No sé.

El mío iba sobre un águila marrón o algo así. Hice un dibujo en el cuento y recuerdo ese garabato marrón que parecía un pájaro, si lo mirabas de lejos con los ojos entrecerrados.

A día de hoy mi hermano se dedica a los ordenadores y yo escribo. Pero tengo que reconocer que la idea de la patineta asesina molaba más. Tal vez el mundo se está perdiendo a un genio de la narrativa. Desde luego lo de inventarse historias se le da genial, sobre todo cuando llega tarde.

No es que me arrepienta de las decisiones que tomé y del camino recorrido. Si tuviera la oportunidad de volver atrás en el tiempo y de decirle algo a esa niña de seis años que empezó a escribir, probablemente no serviría de mucho. Tal vez sería más útil hablar con la chica de diecisiete, antes de que fuera a la universidad.

En las firmas de libros me encuentro con lectores que están en ese momento. Lectores que quieren ser escritores. Es una de las cosas que más me gusta de haber publicado juvenil. Tratas con personas que están en un momento clave de sus vidas. Que saben que quieren escribir pero no saben cómo hacerlo, en qué dirección marchar. También me lo preguntan de vez en cuando por correo.

No sé si mis consejos sirven de mucho. He estado exactamente donde están ellos ahora y a veces creo que sé cuáles serían las mejores opciones. Cada uno tiene que tomar sus propias decisiones y aprender de los resultados. Pero tal vez estas reflexiones puedan ser de alguna utilidad:

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#leoautoresespañoles, Ciotti, Wendig, Magie, Bohr, Pressfield. Recortes de la semana

abril 10, 2015 — by Gabriella11

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recortes literarios

Creí que el viernes no llegaría nunca.

No ha estado mal. Ha sido una semana de pesquisas editoriales, de correcciones, de nadar mucho y de colgarme boca abajo de un columpio.

Arranquemos, pues, con los mejores recortes de esta semana de desquiciamiento mental y físico:

Parente y #leoautoresespañoles

Si no lo conocéis ya, deberíais. Hablo de la iniciativa que surgió de la autora Iria G. Parente para promocionar la lectura de autores nacionales. Aunque llevamos ya un tiempo llenando Twitter con recomendaciones gracias al hashtag #leoautoresespañoles, será el día 18 (el sábado que viene) cuando llegue la celebración definitiva: por todo el territorio nacional escritores españoles liberaremos ejemplares de nuestros libros en nuestras ciudades. Yo soltaré por Málaga un ejemplar o dos de El fin de los sueños, así que estad atentos a este espacio: habrá foto de su ubicación y tal vez alguna pista. Quien lo encuentre, se lo queda.

¿Quién puede participar en esta iniciativa?

Como es evidente, cualquier escritor nacional que quiera promocionar su obra; además pueden sumarse lectores, librerías y medios de comunicación. Toda la información está en la página web. Os dejo aquí el tráiler, que es obra del incombustible David Gambero:

Ciotti y la escritura no egoísta

Cuando hablamos de escribir con frecuencia hablamos de evitar la parafernalia, los fuegos artificiales, el excedente con el que creemos que demostramos ser autores de alto nivel. Gregory Ciotti resume el problema muy bien, a mi entender, en este párrafo:

Gregory Ciotti

Escribe para expresar, no para impresionar

La comunicación es una mezcla de visión y conversación. Has notado algo interesante y ahora buscas dirigir la atención del lector para que pueda verlo con sus propios ojos. Lo que eliges escribir es para el uso de otra persona. Elige siempre de forma no egoísta.

Esto es aplicable, sobre todo, a la comunicación que exige de claridad absoluta: artículos informativos, datos científicos, instrucciones de cualquier tipo, etc. Pero es también fundamental al escribir ficción. Podemos oscurecer y enturbiar la lengua para crear un efecto estético, y sin duda de eso viven los recursos estilísticos. Pero nunca hasta el punto de que significado y significante se separen por completo. Nunca porque sí, para aparentar que somos grandes. Los grandes se expresan con la belleza que suele acompañar a la precisión y a la comunicación eficiente.

Así, el truco está en escribir para el lector. No al principio, claro. Yo abogo por hacer del primer borrador un ejercicio narcisista de despliegue creativo. Pero luego, en la reescritura y la revisión del texto, pensemos en las necesidades del lector: en una comunicación clara, libre de rimbombancias presumidas. Pienso, como Ciotti, que la escritura es un ejercicio que debería estar libre de vanidad. O intentarlo, al menos.

Wendig y contar o no contar palabras

De forma periódica, como una primavera florida o una alergia desagradable, surge en las redes sociales la discusión de siempre: ¿debemos contar las palabras que escribimos?

Tiende a comenzar de la siguiente forma:

@tíocabreadoconmuchotiempolibre: “Qué harto estoy de ver a todos los escritores poniendo todos los p***s días lo que han escrito. Un verdadero escritor simplemente escribe, no se lo cuenta a todo el mundo”.

Es verdad verdadera que pueden hacerse cansinos estos escritores que nos llenan Facebook con mensajes tipo “hoy he escrito esto o aquello”. Pero cuando uno está pasando por una situación similar, empieza a entender la necesidad que puede surgir no solo de contabilizar lo escrito, sino de intentar obtener alguna respuesta de apoyo por parte de conocidos y amigos. Escribir es una tarea muy solitaria, que puede tardar meses o años en recibir cualquier tipo de feedback (que además puede ser negativo). Contar palabras es una medición tangible de un esfuerzo que es difícil de explicar y contabilizar en general. Nos permite crearnos pequeñas metas. Cumplidas x palabras, hemos superado una pequeña meta; y si escribes textos largos, que parece que no acabarán nunca (novelas, tesis doctorales, diccionarios de la Real Academia), necesitas esa sensación de que terminas algo, de que has saltado un obstáculo. Creo que aquí Chuck Wendig dice cosas sabias, como ya viene siendo costumbre en este señor:

wendig

Es más, contar palabras tiene valor en el sentido de que mide el esfuerzo.

A veces, escribir puede parecerse más a cavar una zanja que a crear una obra de arte, y eso significa que una mera palada de tierra, no importa qué calidad tenga la tierra o cuán hermoso sea el agujero, no completará el trabajo. Tienes que excavar mucha tierra para hacer la zanja, así que mides el esfuerzo (cantidad) en vez del resultado inmediato (calidad). Sobre todo porque la calidad de las palabras contadas en un primer borrador puede oscilar entre:

ESTO NO ESTÁ DEMASIADO MAL

y

ESTO ES UN ABORTO DEL LENGUAJE Y PODRÍA IR CONTRA LA CONVENCIÓN DE GINEBRA.

Así que, la próxima vez que alguno de vuestros amigos escritores ponga cuántas palabras ha escrito hoy, no lo miréis con odio y frustración, sino con pena, mucha pena. Y pensad, siempre podría ser peor: podría estar compartiendo el texto que ha escrito cada día con vosotros. Y, siguiendo aquella revelación de Sturgeon de que el 90% de todo es mierda, hay un 90% de posibilidades de que os encontraríais a diario frente a frente con esa mierda.

Dejad que escriba y cuente palabras. Se acercará más al 10%.

Elizabeth Magie y las jugadas del capitalismo

Seguramente no os sonará para nada el nombre de Elizabeth Magie, pero seguro que sí os suena el juego Monopoly. Magie fue la creadora de este juego de mesa, aunque fue luego Charles Darrow quien le copió la idea y vendió el proyecto a Parker Brothers, quienes lo convirtieron en el juego de éxito que hoy conocemos. Mary Pilon escribió un artículo sobre Magie para el New York Times, y nos dice de ella:

Elizabeth Magie

Magie vivió una vida muy poco corriente. A diferencia de la mayoría de las mujeres de su tiempo, era autosuficiente y no se casó hasta la avanzada edad de 44 años. Además de trabajar como taquígrafa y como secretaria, escribió poesía y relatos y hacía representaciones cómicas sobre el escenario. También dedicó su tiempo de ocio a crear un juego de tablero que era una expresión de sus creencias políticas.

Ahí está la gracia (o no) del asunto: Magie inventó el juego como protesta contra el monopolio de las empresas de su tiempo. Sí, fue concebido como una crítica al sistema capitalista. Creó un juego con dos tipos de reglas: uno que fomentaba la creación de un monopolio por parte del ganador, quien vencía destruyendo la economía de sus enemigos; y otro que demostraba que un acercamiento cooperativo entre jugadores era más productivo y beneficioso para todos. Adivinad qué sistema de reglas fue más popular.

Niels Bohr y la importancia del error

Sospecho que nunca sabré todo lo que implica la aportación de Niels Bohr, ganador del Premio Nobel de Física en 1922, al estudio del átomo y de la mecánica cuántica. Pero sí soy consciente de la sabiduría que salía, con cierta frecuencia, de su boca. Ya he hablado alguna vez en el blog de la perspectiva del fracaso como proceso científico, y Bohr lo explica muy bien en esta frase:

Niels Bohr

Un experto es una persona que ha averiguado, por su propia dolorosa experiencia, todos los errores que uno puede cometer en un campo muy estrecho.

Pensad en lo siguiente: cuantos más concursos no ganéis, cuantas más veces os rechacen un manuscrito, cuantas más veces os critiquen vuestros textos, más cerca estaréis de ser expertos. No sé si en escribir o en fracasar, pero la cosa es que seréis expertos.

Es broma. Expertos en fracasar creo que ya somos casi todos. Es gracias a los errores, fracaso tras glorioso fracaso, que podemos ir descartando todo lo que está mal, todo lo que no nos sirve, hasta quedarnos con la brillante solución victoriosa.

Y lo de “campo estrecho” no es gratuito. Cuanto más enfoquemos, cuanto más evitemos la multitarea, más podremos avanzar en un área. Lo cual no quita que el estudio y acercamiento a otras áreas nos sirvan para ofrecerle perspectivas originales y productivas al campo original.

PRESSFIELD, el bloqueo y la resistencia

Leí hace poco este artículo, que habla de los diez tipos de bloqueo del escritor. Hay artículos como este a montones. Hablan del miedo al fracaso, del crítico interno y de problemas técnicos. Ni ahí ni en la mayoría de artículos sobre este tema se habla de otro tipo de bloqueo: el bloqueo personal, aquel que ni siquiera sabemos que tenemos.

En una entrevista reciente que le hizo Joanna Penn a Steven Pressfield, él apuntó hacia eso mismo, hacia los miedos muy concretos que nos hacen formar resistencia. Penn le preguntó acerca de su último libro, donde trata la guerra de los Seis Días:

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Así que, para mí, meterme de lleno en este libro, sabiendo que iba a entrevistar a setenta personas y viviendo allí y todo, pensé: “Esto me va a obligar a enfrentarme a mis propias emociones acerca de ser judío y ser un judío seglar: ¿debería mudarme a Israel, debería empezar a estudiar hebreo; es mi vida una mentira, porque yo nunca…”, ya sabes, todo ese tipo de cosas. Así que esa es la razón por la que he estado evitando escribir este libro, a lo largo de los años.

Es fácil atribuir el síndrome de la hoja en blanco a pereza, falta de talento, mala planificación o a mil posibilidades muy lógicas dentro de nuestra cabeza. Pero escribir, cuando se trata de hacerlo bien, puede ser una expulsión de vísceras, ¿y quién quiere expulsar vísceras? Hay cosas de las que no queremos hablar. A veces se trata de tabúes culturales o sociales (no queremos hablar de algo que se considera repugnante o de mal gusto), otras veces se trata de una vulnerabilidad personal. Como la mayoría de las personas tienen un acuerdo tácito acerca de no mencionar lo prohibido a nivel cultural, lo que realmente suelen paralizarnos son los tabúes personales.

Escribir se ha convertido para mí en el máximo ejercicio en esta búsqueda del tabú propio. Es una práctica donde se inserta todo lo cognitivo, toda la estética de la que es capaz el cerebro, inmerso a la vez en el conglomerado social que lo impulsa a crear, no solo para él mismo, sino para compartir y comunicarse. Pero escribir también es un medio para analizar y romper (si esto es necesario y positivo, claro) nuestras barreras personales.

Los autores hablan de lo que les ha costado matar a tal o cual personaje. Entiendo que da pena matarlos. Les has cogido cariño. Pero pocas veces hablan de cómo les temblaba la mano al escribir la palabra lengua, al describir una herida sanguinolenta, al contar ese momento en que los dedos del padre se detienen demasiado tiempo en el hombro del niño. Cada uno de nosotros tiene sus miedos y sus manías, y lo que es aburrido y cotidiano para unos es sobrenatural para otros. Un autor probablemente no te cuente la escena que en realidad le costó escribir, porque estaría mostrándote sus debilidades. Y muchos autores todavía no han llegado a identificar sus resistencias y bloqueos, mucho menos superarlos.

No se me había ocurrido lo unificados que están, para este tipo de cosas, cuerpo y mente. Por razones también culturales, religiosas o lo que sea, tendemos a separarlos, como si fueran entidades completamente independientes. De una forma subrepticia, recibimos mensajes constantes de separación: belleza física contra inteligencia; fuerza muscular contra fuerza moral; disciplina física contra fuerza de voluntad.

Cuando me colgué boca abajo de aquel columpio (algún día, cuando tengamos más confianza, os contaré cómo y por qué esto fue importante) sentí algo muy parecido a cuando hablé de deseo por primera vez en un poema. Cuando siento el agua alrededor, cuando floto en la piscina, todo me envuelve y nada más existe, como cuando dos personajes se dan cuenta de que nunca más se volverán a ver. Cuando rompo un bloqueo físico, cuando supero el miedo, estoy aprendiendo a hacer lo mismo frente a la hoja en blanco. Taladrar la resistencia, saltar la zanja.

No es mens sana in corpore sano. No se trata de estar en forma, de llevar una vida saludable (aunque eso ayuda). Se trata de que escribir puede ir más allá de la obsesión. Puede convertirse en una entidad compleja que bebe no solo de nuestra percepción mental, sino de nuestras experiencias físicas. Aquellos que dicen que para escribir bien tienes que haber vivido no se refieren a que tienes que haber viajado mucho y haberte tirado de cabeza al Niágara. Sí se refieren a que has tenido que haber recibido impactos emocionales y físicos (y sí, algunos buscados a propósito) que luego te permitan liberarte frente al papel (o la pantalla).

Escribir, comunicarse con belleza y claridad, es mucho más que colocar una palabra detrás de otra. Eso ya lo sabíamos. Pero a veces llega esa realidad y te azota en la cara. Tu personaje protagonista se gira, te guiña el ojo y te dice: “Hoy has comido bien, has descansado, acabas de superar un tremendo desafío personal y además tienes agujetas. Está bien, podemos empezar”.

O tal vez solo me pasa a mí. Después de todo, mi protagonista es una descarada.

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De lectores que vuelan, cántabros, alcohol, militares lloricas, comparaciones odiosas e idiomas que se desvanecen. Recortes de la semana.

febrero 6, 2015 — by Gabriella0

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¿Qué he estado haciendo esta semana?

-Muy pronto, entro en colaboración (o pacto cthulhiano, no me han dejado muy claros los detalles) con un proyecto que llevo siguiendo ya desde hace un tiempo y que me encanta. Todavía no puedo decir nada (¿a que es repelente cuando la gente dice eso? Hype! Hype!), pero si todo va bien, la semana que viene empezaréis a ver el resultado.

Sigo trabajando en Lectores aéreos, intentando implementar algunas de las sugerencias de mis lectores cero. A veces tengo la horrible sensación de que esto no va a acabar nunca, porque cuanto más corriges más cosas surgen para corregir. Paciencia: esa herramienta indispensable del escritor. Ay, paciencia.

-Por lo demás, no hay mucho que contar. No salgo mucho de casa. Peeeero la semana que viene estaré en Santander, hablando en un instituto sobre El fin de los sueños y temas asociados, yéndome de blancos con autores como José Antonio Cotrina y Santi G. Albás, sufriendo las sardónicos comentarios de críticos como Jean Mallart e Ignacio Illarregui, echando el rato con lo mejor de la TerSa (Tertulia Fantástica de Santander) y, lo más importante, disfrutando de la compañía de amigos y de gatos.


Recortes de la semana

De lo que ando escribiendo ahora, una novela (larga) de fantasía pseudoépica escrita en primera persona. Como si yo estuviera allí. Si yo fuera una jovenzuela mentirosa, maga y posiblemente psicópata en un mundo con gente como esta:

El marqués goza de gran éxito entre las féminas. Los envidiosos dicen que es por la insaciable curiosidad de sus prometidas: él tiene fama de poseer un miembro en buena proporción a su cuerpo y conserva la costumbre de su tierra de no desnudarse ante sus mujeres hasta la noche de bodas. Hay apuestas en la corte desde hace años, desde la llegada del marqués, que solo se cobrarán a la muerte de este, o cuando alguien consiga colarse en su alcoba o sobornar a sus esclavos. Cuando los cortesanos preguntan a sus mujeres, estas simplemente se ríen, tapándose la boca con disimulo.

No tengo intención cercana de contraer matrimonio con el marqués, así que imagino que yo también iré a la tumba sin conocer la medida exacta de su virilidad. Ni ebrio suelta prenda, y dicen las malas lenguas, visto el rostro ruborizado de sus esposas tras las primeras noches de amor, que no tiene un solo miembro, sino dos.

***

Del libro Drinking Diaries, un compendio de historias y ensayos escritos por mujeres sobre su experiencia (tanto positiva como negativa) con el alcohol. Esta cita en concreto es del relato Slake, de Samantha Dunn, acerca del intento fracasado de una hija por entender la necesidad de su madre, alcohólica. Aunque habla del alcohol en particular (y de cómo intenta triunfar en su vida para darle a su madre todo lo que necesita y acabar con la sed que la está matando), creo que puede asociarse a cualquier adicción, o incluso al vacío inmenso que se nos cuela a veces por dentro:

IMG_20150203_221012741(De alguna manera, obtuve esta idea desde muy joven: que si tenía el éxito suficiente, podría matar a esta cosa insaciable. Pero claro que no).

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Del libro The Better Angels of Our Nature, de Stephen Pinker, donde reflexiona sobre cómo el alfabetismo y la literatura podrían ser parcialmente responsables de una mayor empatía y una disminución en la violencia y crueldad a nivel europeo alrededor de los siglos XVII y XVIII (¿no es bonita esta teoría?), os dejo con este extracto de una carta de un oficial militar retirado al mismísimo Rousseau, hablando sobre su reacción (recordad, hablamos de un militar en el siglo XVIII) a la novela epistolar Julia o la nueva Eloísa. Para Pinker, la novela epistolar en concreto fue un detonante importante en un paso progresivo entre la indiferencia y la preocupación por los sentimientos y sensaciones de otro ser humano (lo de la relación entre lectura y empatía siempre me ha apasionado). He aquí lo que dice el exmilitar:

IMG_20150205_220217242(Has hecho que me vuelva loco por ella. Imagínate entonces las lágrimas que su muerte me han arrancado… Nunca he llorado lágrimas tan deliciosas. La lectura ha tenido sobre mí un efecto tan poderoso que bien habría muerto feliz en ese momento supremo).

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Del artículo de Gregory Ciotti en Sparring Mind sobre si debemos compararnos con otros. Ciotti le da la vuelta a la tortilla habitual de “no te compares con los demás”. Argumenta que en cualquier profesión o actividad SÍ debemos compararnos, ya que es la mejor forma de aprender:

IMG_20150203_201251049(El objetivo no es duplicar el proceso, sino entender el impacto. La reacción. A menudo puedes aprender más estudiando la obra que escuchando al creador describir cómo llegó a existir.

Ten un modelo a seguir. Estudia a los mejores. Pide más. Algún día, si tienes suerte, un ídolo creativo podría convertirse en un rival creativo).

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-Y para finalizar os dejo con una frase que me encanta de El final del duelo, de Alejandro Marcos Ortega:

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Algunos enlaces de interés

Y recordad: si queréis más enlaces a todo tipo de contenidos literarios y artículos interesantes en general por la blogosfera, no tenéis más que seguirme en Twitter o en Facebook. O apuntaros a mi lista de correo, claro (tenéis el formulario ahí, en un cuadrito en el menú a vuestra derecha).


¿Y vosotros? ¿Qué tal ha sido vuestra semana? ¿Qué habéis escrito? ¿Qué habéis leído? Quedan a vuestra disposición, como siempre, los comentarios.


*Todas las traducciones son mías y aceleradas, así que perdonad errores y sutilezas de significado perdidas para siempre. Creo que lo importante se entiende.

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Actualización del desafío de otoño (día 58): La verdad no está ahí fuera

octubre 27, 2014 — by Gabriella2

luna_de_locos_892_34q3ubFVAntes de empezar con la actualización de hoy tengo que recordaros algo importante:

Id corriendo a comprar Luna de locos, de (cómo no) José Antonio Cotrina. Es una novela corta de ciencia ficción con el habitual toque genial-fantástico del caballero. Está en Lektu y tirado de precio.

¿Ya lo habéis comprado? Vale, seguimos.

Hoy voy a hablar de la verdad.

Una de las cosas a las que llevo dándole muchas vueltas estas últimas semanas es a lo que entendemos por verdad. Es decir, hechos incontestables.

Por ejemplo, si decimos que el agua hierve a 100 grados centígrados, sabemos que es verdad. Podemos poner a hervir agua, medir la temperatura, y ver que eso es incontestable. Es lo que conocemos como una verdad universal. Aquello que sabemos que es cierto, porque se ha probado. Porque es ciencia.

No obstante, casi todo lo demás es bastante más complicado de discernir. Eso es algo que llevo años asimilando, pero últimamente me ha pegado de lleno. Y es que tuve la terrible idea de leer las primeras entradas de mi blog.

No debí hacerlo. Había algunas entradas muy tristes. Algunas hasta las he borrado, como quien quema fotos que le traen recuerdos dolorosos. Sentí una mezcla de vergüenza y pena por la persona que escribió esas entradas. Espero no sentir eso dentro de ocho años, cuando relea esta entrada. O tal vez sí. Si siento vergüenza de esta entrada dentro de ocho años, será porque he progresado. Así que, sí, hola, Gabriella, si estás leyendo esto: si este artículo te parece lamentable, es que estás haciendo algo bien.

Llevo blogueando desde… no sé. Aunque este blog ha importado las entradas de mi blog anterior, Y el exhibicionismo, ya antes de ese existió otro blog primero, que creo que mantuve desde el 2001 o así. Los blogs son como diarios, miras atrás y te redescubres, y tal vez no te gusta lo que redescubres, como si lees poemas horribles que escribías con quince años o cartas de amor gilipollas que le escribiste a alguien que desde luego no merecía la pena (aunque yo nunca he hecho eso. No. Nunca). Soy consciente de que tuve algunos años malos, pero creo que hasta leer esas entradas no he entendido del todo hasta qué punto estaba deprimida. La depresión no solo tiene todos esos síntomas tan nefastos que muchos conocemos, sino que además puede convertirte en un ególatra y un arrogante de mucho cuidado. Yo ya era ambas cosas, así que todo empeoró. Y lo odiaba todo. Todo me parecía mal. No entendía por qué no me salía nada bien, por qué iba dando bandazos, y por qué otros que, a mi entender, no lo merecían, se cubrían de éxito. Me burlaba de lo que yo consideraba que era estúpido. Pensaba que conocía la verdad.

Me gustaría pensar que ahora soy un poco más compasiva y equilibrada. Desde luego tengo muy claro que no conozco la verdad. Muchas de las cosas que pensaba que eran incontestables resultaron no serlo. Mucho de lo que creía que era cierto resultó solo serlo a medias.truth-166853_640

Y a lo mejor llega mañana una civilización alienígena muy avanzada y nos dice que el agua no hierve a 100 grados centígrados, que lo estamos midiendo mal, o que el calor es una percepción subjetiva que no entenderemos nunca. Tal vez el agua ni siquiera exista, y todo esto sea un sueño de Antonio Resines.

Por si acaso, le doy a todo el beneficio de la duda.

Me gustaría no pronunciar sentencias, no afirmar nada; lo intento, aunque es difícil, y con frecuencia se me olvida y eso me hace sentirme mal, porque sé que solo me conduce a la cabezonería y al egocentrismo de nuevo. Por mucho que investigue y me documente sobre algo, es posible, muy posible, que me equivoque. Busco a personas que sepan mucho de algo, las escucho y leo e intento asimilar y aprender de ellas, en vez de sentir envidia y rencor como antes. Antes solo me preocupaba de enseñar, de compartir mi limitada verdad. Todavía lo hago, es una costumbre que cuesta quitarse. Me gustaría no juzgar a otros (¿qué sé yo, en el fondo, sobre sus decisiones y experiencias?) y eso también es muy difícil. Basándome en lo aprendido, intento tomar decisiones. Y eso es lo más difícil de todo. Pero decir, como Sócrates, que solo sabes que no sabes nada es tremendamente liberador. 

Así que cosas como Beeminder y las metas a largo plazo ayudan. Porque una vez tomadas las decisiones de lo que quieres y necesitas hacer, no tienes que seguir gastando energía mental en su realización diaria, (lo que, en el fondo, puede ser otra forma de procrastinación, y siempre es agotador).

Vamos con lo que ha estado pasando en las últimas semanas:

1. Escribir mi novela. Como pudisteis leer aquí en el blog y por todos lados, HE TERMINADO LA NOVELA. Bueno, queda corregir, así que ahora estoy contando las palabras corregidas para asegurarme de que me pongo a ello, que corregir mis propios escritos siempre me da mucha pereza (ES MUY DIFÍSIL).
-Palabras escritas y corregidas desde el 1 de junio (cuando empecé el desafío anterior): 97690 palabras.
-Palabras por corregir antes del 1 de diciembre: 27310 palabras.

2. Hacer ejercicio. He vuelto a la piscina y sigo nadando y nadando y nadando. Voy haciendo pocos largos y sumando de forma paulatina, para evitar el típico ataque de dolor de rodillas, tobillos, loquesea que luego me deja fuera de combate, y parece por ahora que eso funciona.

-Minutos desde el 1 de junio: 3955.

-Minutos por hacer antes del 1 de diciembre: 55.


3. Enviar a concursos. Al final terminé el relato nuevo y ha quedado mejor de lo que esperaba. Falta revisarlo y enviarlo, que con suerte conseguiré hacer hoy mismo.


4. Leer. Sigo leyendo, aunque menos que antes. En mi horario actual tienen menos cabida las lecturas al sol de la mañana, así que estoy intentando encontrar otros huecos.

Minutos leídos: 2685 minutos.

Por leer: 315 minutos

5. Actualizar blog. Aquí me tenéis, de nuevo. Cada vez estoy más convencida de que compensan más los artículos largos y currados (como el de la semana pasada sobre cómo corregir tu propio libro, que funcionó muy bien) que hacer varias entradas cortas sobre mí misma, mi mismidad y mis metas. Sé que algunos seguís mi progreso y os lo agradezco, pero seguramente seguiré reduciendo las actualizaciones personales en favor de entradas más “útiles”, enfocadas sobre todo a escritores y lectores, y a personas interesadas en productividad en general. Vamos, que seguiréis viendo por aquí los gráficos de Beeminder, pero con menos frecuencia.

Actualizaciones hasta la fecha (desde el 1 de junio de 2014): 58

Faltan (antes del 1 de diciembre): 14

Metas nuevas:

Y ahí van todas las demás:

a) No usar Facebook ni Twitter fuera de horario

b) Acordarme de apuntar mis gastos e ingresos conformen suceden, para evitar luego quebraderos de cabeza intentando cuadrarlo todo.

c) No beber en casa.

d) Nuevo proyecto de escritura compartido.

Y aquí os dejo los enlaces que más me han llamado la atención de este último par de semanas:

  1. Una interesante explicación a por qué no vemos nuestras propias erratas, de Isaac Belmar en Hoja en Blanco.
  2. Una maravillosa entrada de James Clear sobre qué es el sisu y cómo podemos aplicarlo a nuestra propia vida. A mí me ha emocionado (en inglés).
  3. No había visto esta entrevista de una de las editoras de Fata Libelli a China Miéville, centrada en los misterios de la traducción.
  4. Recursos para escritores que ni se me habrían ocurrido: Canal Nostalgia nos enlaza bancos de imágenes donde encontrar inspiración para nuestros personajes.
  5. Tatuajes que os dejarán con la boca abierta: El arte de Elvin Tattoo. Impresionante.

personal

FIN

octubre 16, 2014 — by Gabriella3

Openoffice3.1.0_writerComo ya os habéis enterado unos cuantos, hoy, 16 de octubre de 2014, he terminado la novela en la que llevaba trabajando dos años. Por lo menos el borrador. Ahora me esperan muchos meses de corregir y tirarme de los pelos. Simplemente en el tiempo transcurrido entre lo último que he escrito y esos primeros capítulos hay una diferencia de calidad que me va a exigir mucho trabajo de reescritura. Y lo peor es que, si esto sigue así, cuando termine de corregir y relea el principio habré progresado y aprendido y querré reescribir otra vez.

Para otro artículo dejo el tema del 80/20 y las 10000/1000 horas en el tema de escritura; para otro momento dejo lo de si conviene contentarse simplemente con alcanzar un nivel práctico de producción y calidad. Aunque en mi caso no se trata de superar (o llegar a) ese nivel, sino de satisfacer al voraz crítico interno y ser lo mejor que yo pueda ser.

En los últimos días me he comido además unas cuantas negativas de editoriales para un proyecto que terminé con el Demiurgo hace unos meses. Así que hoy cito a la famosa cocinera Julia Child, en una carta a su amiga Avis, donde decía:

HELL AND DAMNATION, is all I can say. WHY DID WE EVER DECIDE TO DO THIS ANYWAY? But I can’t think of doing anything else, can you?

(INFIERNO Y MALDICIÓN, es todo lo que puedo decir. ¿POR QUÉ DECIDIMOS HACER ESTO, DE TODAS FORMAS? Pero yo no concibo dedicarme a otra cosa, ¿y tú?).

¿Y vosotros?

personal

Vacaciones

agosto 8, 2014 — by Gabriella1

La marcha habitual del blog se recuperará en breve, cuando supere la boda gitana que es este año mi cumpleaños. Por lo demás, aquí os dejo una definición gráfica de lo que ando haciendo estos días:

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¿Qué hábitos podrían cambiarte la vida?

mayo 17, 2014 — by Gabriella0

No he encontrado ninguna imagen buena para este artículo, así que ahí tenéis a una chica mona y feliz en un spa.
No he encontrado ninguna imagen buena para este artículo, así que ahí tenéis a una chica mona y feliz en un spa.

He hablado hasta la saciedad del sistema de los treinta días para adquirir un nuevo hábito (o deshacerse de uno que no interesa). De hecho, probablemente os esté dando sueño solo por leer esa última frase. Ya sabéis: elegir un nuevo hábito; empezar con algo minúsculo, demasiado fácil; planear en qué momento del día lo vas a llevar a cabo (siempre el mismo) y realizarlo durante 30 días. Después, durante 30 más. Y así ad infinitum.

Pero a veces lo más difícil es el primer paso, elegir ese hábito. Normalmente tenemos una larga lista de cosas que queremos cambiar sobre nosotros mismos. Queremos que nuestra vida sea mejor YA, no levemente mejor dentro de tres meses. Lo sé bien. Tiendo a emocionarme y a intentar mejorar cinco cosas a la vez. Ahí es cuando fracaso. Hay hábitos que sé que son importantes, pero que no son muy divertidos ni glamurosos. En el caso de la meditación, por ejemplo, sé que a largo plazo puede proporcionarme grandes beneficios que son indispensables para mi vida. Sufro de ansiedad y tengo más que comprobado que la meditación y el ejercicio físico me ayudan bastante. Así que, a largo plazo, si quiero estar sana mental y físicamente, la meditación y el ejercicio son primordiales. No son nada emocionantes, ni divertidos, pero son mucho más importantes que otros hábitos más atractivos.

Creo que la mejor forma de decidir en qué hábito debemos concentrarnos es analizar el impacto de este a largo plazo. De este modo, se valora su importancia de forma realista. Por ejemplo, el hábito del ejercicio es fundamental porque a largo plazo ofrece un cuerpo más sano. El hábito de escribir es fundamental si quiero obtener una meta a largo plazo como una novela. El hábito de practicar con un instrumento a diario es fundamental para la meta a largo plazo de saber tocarlo con maestría. Y así.

Todo esto responde a una pregunta fundamental: ¿cómo quieres que sea tu vida dentro de cinco años? Ya respondí a esta pregunta en mi artículo sobre escribir, ya que en ese hábito principal entran mis metas para los próximos cinco años. Pero también quiero estar sana y encontrarme bien, por lo que he invertido tiempo y ganas en el hábito del ejercicio; y por lo que no me rindo con lo de la meditación e intento, una vez más, implementarlo en mi vida diaria. Claro que hay muchas otras cosas que quiero para dentro de cinco años, pero tengo más que comprobado que las prisas y la multitarea no llevan a ninguna parte.

¿Cuál es el hábito que más creéis que cambiaría vuestras vidas? ¿Cuál creéis que tendría un mayor impacto a largo plazo? ¿Qué es lo más importante para vosotros? Aquí dejo una lista de los que se me ocurren, pero cuento con vosotros para que aportéis más ideas en los comentarios.

  1. Dejar de fumar. Bueno sí, esto es de lo más evidente. A largo plazo es, junto con reducir la ingesta de alcohol, probablemente lo mejor que puedas hacerle a tu cuerpo. Además de…
  2. Hacer ejercicio. Como ya he mencionado, lo más eficiente es hacerlo todos los días (por lo menos los primeros meses, hasta que el hábito se haya asumido) y en cantidades muuuy pequeñas. De todos los grupos y foros de ejercicio que he visto, aquellos que de primeras se emocionan con planes complejos y tablas largas, o con seis clases de zumba a la semana, tienden al fracaso.
  3. Escribir una nota/email al día para amigos, familiares y conocidos (tal vez incluso desconocidos) diciéndole a alguien lo que te gusta de él/ella: Este es peculiar y lo encontré hace poco por internet. La idea es que hagas enfoque en lo positivo que te rodea y menos en lo negativo (además de hacer feliz durante un rato a alguien que se lo merece, que no es moco de pavo). He puesto este hábito como un método cualquiera (hay muchos) para insertar algo de afecto en el día a día.

Este hábito podría sustituirse por cualquier costumbre que rompa un poco con la espiral de pensamientos autocríticos y destructivos en la que entramos a veces. Modificar patrones de pensamiento es muy útil, y tendemos a abrigar sentimientos de rencor, odio y envidia que se alimentan entre sí. Introducir a propósito sentimientos de afecto, gratitud y admiración pueden aliviar bastante y aportar mayor paz mental.

  1. Leer. Yo ya he hablado miles de miles de veces sobre los beneficios de la lectura. Es un hábito que merece la pena cultivar en todos los sentidos. No tiene que ser nada largo, un capítulo al día, o diez minutos, o un relato breve (enlace de autopromoción desvergonzada). Recomiendo leer ficción, por lo que nos ofrece de evasión, entretenimiento y empatía, pero si preferís artículos y etc., adelante. Cualquier cosa que no sea trabajo, sino ocio.
  2. Hacer una cosa a la vez. Para mí este hábito ha sido fundamental para ser más productiva. Siempre había sido muy multitarea, y cuando era más joven pensaba que eso me funcionaba bien. Pero con el tiempo me di cuenta de que estaba dedicando horas a hacer muchas cosas a la vez, y que al final nunca terminaba ni avanzaba en ninguna de ellas. Además, también me volví muy distraída y poco disciplinada. He recuperado el elevado nivel de concentración que tenía en la facultad gracias a esta sencilla costumbre. Para esto funcionan muy bien los pomodoros (bloques de veinticinco minutos que dedicas solo a realizar una tarea), que pueden combinarse con programas como Freedom para bloquear internet y evitar distracciones innecesarias. Para implementar este hábito es además fundamental identificar objetivos a largo plazo y seleccionar los más importantes: es más fácil conseguir resultados si no tienes mil proyectos en juego.
  3. Encontrar un patrón positivo de sueño y mantenerlo. Otro que para mí es imprescindible. Siempre he tenido unos hábitos de sueño atroces y he vivido más bien de noche (creo que es muy posible que tenga SFSR). Estoy cansada por las mañanas, no termino de despertarme hasta el mediodía, y luego no puedo dormir por las noches. Esto influye de forma poderosa en mi ánimo y estado físico. Hay tratamientos específicos para este tipo de trastornos, pero por lo general encuentro que estoy mucho mejor cuando me levanto temprano, siempre a la misma hora, y consigo dormir mis 7-8 horas (cuando viajo y no puedo mantener esta disciplina acabo reventada). Es un poco más complicado que eso, y tengo pendiente entrar en más detalle en este tema, pero recordad que internet es vuestro amigo y hay mucha información al respecto. Lo bueno de madrugar, de levantarse antes que los demás, es ese par de horas en que todo está en silencio y tienes tooodo el día por delante. Es en esas dos horas en las que hago el grueso del trabajo del día, las cosas más difíciles y que exigen más concentración e imaginación. Aunque soy un zombi a esa hora, y además suelo estar de bastante mal humor, soy tremendamente productiva.
  4. Comer mejor. En este saco cabe de todo. ¿Cuál es la mejor dieta? No hablamos de dietas milagro para perder peso, sino de una forma de comer que se adecúe a tus necesidades, a tu rutina y a tu cuerpo. Por lo general, es positivo reducir la ingesta de carne grasa y aumentar el consumo de pescado, verduras y fruta, por ejemplo. Este podría ser un buen punto de partida para una forma de comer más saludable. Y si quieres volverte loco y contar macronutrientes y calorías y lo que quieras, puedes usar un programa como MyFitnessPal (no sé si está también en español, pero su base de datos incluye muchísimas marcas españolas).