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28 días

enero 24, 2012 — by Gabriella4

No estoy hablando de una película de zombies (perdón, infectados), no. Me refiero al bastante menos emocionante (aunque para mí lo es, y bastante) hecho de llevar 28 días sin tomar una sola gota de alcohol. El día 26 de enero se cumplirá un mes desde que empecé.Y estas son mis conclusiones hasta la fecha:

1. No es más fácil ahora que cuando empecé. Sigue siendo muy difícil.

2. Las situaciones de mayor dificultad son aquellas que asocio al alcohol por hábito: Situaciones sociales, comer fuera y situaciones de dolor o ansiedad que antes trataba con alcohol (por ejemplo migrañas, síndrome premenstrual y dolores menstruales). En el caso de las situaciones de dolor, me toca o aguantarme o recurrir al ibuprofeno. Lo segundo no es algo que me guste hacer. Cuando tenía doce años sufría de migrañas diarias y me atiborraba de paracetamol, lo cual no le sentó muy bien a mi hígado, así que hoy en día intento consumir la menor cantidad de analgésicos y antiinflamatorios que puedo.

3. No tengo muy claro si merece la pena.

Precisamente por este punto tres, he elaborado una lista de ventajas e inconvenientes de no beber.

Inconvenientes de no beber:

Mi vida social me resulta aburrida: No del todo cierto, pero casi. Empiezo a indentificar qué tipo de vida social disfrutaba por hallarme bebida, y qué tipo de vida social podría llegar a ser disfrutable sin necesidad de beber. Tengo que descubrir más actividades que entren en el segundo espectro. Lamento decir que, en general, estos 28 días, a pesar de mis mejores intenciones, han hecho que cosas que antes me emocionaban ahora sean muy aburridas.

Echo de menos el placer que me producía beber. No encuentro ese mismo placer en otras cosas, por lo menos no por ahora. Tomarme un par de copas de vino con una buena comida, por ejemplo. Creo que ese es un placer que no termino de poder sustituir, y me pregunto si podré en el futuro.

Ya no tengo “recompensa”: El alcohol significaba para mí algo especial, una recompensa para una serie de esfuerzos, o si había tenido un mal día. No he encontrado nada que pueda sustituir ese subidón.

No tengo nada para paliar el dolor: De nuevo, ante una migraña u otro tipo de dolor, tengo que recurrir a medicamentos. Para la depresión premenstrual no tengo nada, ante eso no hay quien pueda. Afortunadamente, ante episodios de depresión normal (no asociado con el ciclo menstrual) puedo ir tirando gracias a la meditación y el apoyo de amigos y familiares, y sé que siempre me queda la opción de volver a los antidepresivos.

Aumentan de manera significativa las migrañas: ¿Coincidencia, síndrome de abstinencia, mayor estrés? Quién sabe, pero llevo semanas con migrañas casi a diario.

Si pudiera beber lo justo para compensar esos vacíos (beber con la buena comida, beber en situaciones de necesidad), sería lo ideal. Pero no sé si podría o si acabaría bebiendo de manera periódica otra vez, y eso es lo que temo. Nunca he sido de los de “una sola copa”.

Ventajas de no beber:

Mayor productividad: Esta es, sin lugar a dudas, la gorda. Últimamente el alcohol me sentaba especialmente mal, y hasta una cerveza podía producirme resaca. Además, una sola cerveza con la comida me daba sueño, reduciendo de manera significativa mi trabajo por las tardes; beber antes de dormir alteraba mi ritmo de sueño, lo que me impedía levantarme temprano. Exceptuando algunos días que no he mantenido mi disciplina de sueño habitual, he tenido bastante energía. Incluso los días que he estado resfriada he seguido trabajando casi sin parar, cuando lo que más me apetecía era enroscarme en la cama. Por otro lado, mis motivaciones son más potentes ahora que trascienden ese objetivo diario y limitado de meterse alcohol en el cuerpo. Esto, por otra parte, tiene su lado negativo: cuando estoy de vacaciones, cuando tengo que descansar, no puedo desconectar de esas motivaciones trascendentes. Ya no tengo alcohol para relajarme y despejar la mente cuando estoy por ahí divirtiéndome.

Estar en control de lo que digo y hago, siempre: Tampoco es que hiciera grandes locuras cuando bebía, pero también está bien saber que cada decisión que tomas proviene de ti mismo, de manera no adulterada. Esto a su vez implica:

Ya no tener una excusa detrás de lo que esconderse, un sitio donde huir: Estar siempre totalmente sobria me hace enfrentarme, una y otra vez, a cada cosa que hago. El tiempo se hace más valioso que nunca. Cuando miro atrás y evalúo los últimos diez años de mi vida, me doy cuenta de que podría haber triplicado mis esfuerzos de no haber recurrido de manera tan frecuente a la bebida. Sé que tendría que haberme enfrentado a las cosas en vez de haber huido de manera cobarde al alcohol. Los problemas seguían estando allí, pero al beber ya no me importaban. Ante la depresión y la ansiedad, bebía, en vez de buscar atención médica y comenzar a actuar en mi propio beneficio. Y tampoco me entendáis mal, tampoco es que me metiera una botella de vodka en el cuerpo cada mañana. Pero sí bebía lo suficiente como para vivir en una nube en la que el tiempo pasaba volando y yo me limitaba a dejarme llevar.

Estar más sana: Supongo que esto tendría que ser cierto, aunque por ahora las migrañas me empujen a dudarlo. Por lo menos imagino que mi hígado está más limpio. También he perdido un poco (poquísimo, pero algo es algo) de peso. Esto tiene más que ver con la dieta y el hacer más ejercicio, pero a la vez sé que no sería posible si estuviera consumiendo las habituales 500 calorías extra (mínimo) que me proporcionaba el alcohol (además de que el alcohol reduce tu fuerza de voluntad, algo muy necesario para comer menos y hacer más ejercicio).

Sentir que puedo hacerlo: Siempre me había considerado una persona con escasa fuerza de voluntad. El año pasado hice una serie de cosas que pensé que nunca podría llevar a cabo, demostrándome a mí misma que la fuerza de voluntad es algo que se cultiva, que no es innata. Ya había conseguido hacer los 30 días sin alcohol, pero una serie de circunstancias acabaron haciendo que poco a poco volviera a beber de manera periódica; sin embargo reduje de manera importante mi ingestión habitual. Así que sé que puedo llevar a cabo acciones que de entrada me parecen imposibles. Poco a poco intento convencerme a mí misma de que una vida sin alcohol es posible, y este convencimiento, esta visualización de mí misma sin beber es fundamental en el proceso, pero para ello tengo que estar completamente segura de ello…

No sé si estoy dispuesta a rechazar por completo el alcohol. Sé que puedo hacerlo, si lo he conseguido 28 días nada me impide conseguirlo otros 28, y otros 28, ad infinitum. Pero sigue habiendo placeres, como he enumerado, que no consigo sustituir y que creo que merecen la pena, como el hecho de poder relajarse estando de vacaciones con un buen vino y buena compañía. Lo que me resulta fundamental es que no quiero que el alcohol vuelva a interferir en mi vida personal y/o profesional, en mis motivaciones y metas principales. Si encontrase el modo de equilibrar esta balanza, tal vez obtendría buenos resultados. Pero por ahora quiero seguir sin beber un tiempo más, para ver si estos placeres son, realmente, insustituibles, o si son trucos de un cerebro adicto que busca ante todo esa liberación rápida de endorfinas que no ha encontrado todavía en otras acciones o sustancias. Creo que con el tiempo podré tomar una decisión definitiva.

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El verdadero valor de las cosas

enero 15, 2012 — by Gabriella6

Una de las cosas que más me ha llamado la atención desde que me he introducido en el fascinante mundo de lo hecho a mano, y que se aplica no sólo a éste, sino al comercio en todos sus aspectos, es el tema de los precios. Con el comercio general, no nos paramos mucho a considerar aspectos como el valor añadido, simplemente nos dejamos llevar por lo que nos ofrece la constante batalla de oferta y demanda: queremos un producto de la mayor calidad posible al menor precio posible. En principio, claro.

Porque en el fondo no siempre es así. No tenemos problema en adquirir productos de ínfima calidad si el precio es también ínfimo (léase Vidal, léase supermercados low-cost o incluso vuelos de avión tipo Ryanair). Nos quejamos, sí, pero sabemos que seguiremos adquiriendo estos productos porque queremos ahorrar dinero. Y también funciona al revés: no nos importa adquirir productos de precios muy elevados si consideramos que la calidad lo merece. Hablo de grandes marcas de diseño, aunque ahí también interviene el factor del prestigio de marca, o de productos de precios muy altos pero demostrada calidad (equipos de música Bang & Olufsen, televisores Sony, turrón 1880*).

¿Pero qué ocurre con lo hecho a mano? Se trata de un híbrido extraño. Por un lado responde a las leyes de mercado como todos los productos, pero por otro lado se mueve en el farragoso terreno del valor añadido, de una manera similar a cómo lo hacen marcas de calidad media que pueden permitirse precios elevados por el prestigio de marca (en el fondo uno no paga el producto, sino sus costosísimas campañas de promoción y su atractivo diseño): Tous, Benetton, etc. Del mismo modo, lo hecho a mano vende, por un lado, el producto, y por otro dos valores muy importantes: primero, que esto lo ha hecho a mano alguien, que no han intervenido máquinas, procesos de montaje y salarios injustos en el tercer mundo; segundo, que por las propias características de lo hecho a mano, es imposible crear en masa, y cada producto será, aunque levemente, distinto. Por tanto, obtienes exclusividad. O eso nos cuentan, sobre todo desde Etsy y otras empresas que hacen su agosto con la artesanía.

Un momento, ¿con esto quiero decir que lo hecho a mano no tiene salarios injustos?

Consideremos, por un momento, una evaluación idealista del producto hecho a mano, tomando como ejemplo un caso real. Llevo siete horas trabajando en un collar, y estimo que tardaré unas dos horas más en terminarlo. Pongamos que me adjudico un salario, tirando por lo bajo, que resultaría en unos 6 € por hora (eso si estuviéramos en una situación óptima en la que absolutamente todo lo que produzco se vende). También tengo que pagar Seguridad Social, impuestos, y etc, así que vamos a subirlo a 8 € la hora. Si tengo un local, tengo que pagar alquiler, facturas y etc, pero por ahora vamos a dejar eso de lado, ya que trabajo desde casa y afortunadamente no tengo que pagar facturas al estar en el hogar familiar.

A 8 € la hora, el collar ya tendría un coste de 72 €. Los materiales me han costado unos 15 €**, y eso también tirando por lo bajo (cuentas, pintura, barniz, fornituras). El resultado, sin meternos en IVA y etc., sería de un precio para el collar de 87 €. El comprador tendrá también que pagar gastos de envío, entre 4 y 5 € por correo certificado. En resumen, estamos hablando de una pieza que le costará más de 90 €, y ni siquiera está hecho de plata de ley, que es lo que el cliente suele exigir cuando se encuentra con piezas de ese precio (algo desternillante teniendo en cuenta el coste actual de la plata).

El collar seguramente se pondrá a la venta rondando los 60-70 €, y habrá quien, estando totalmente enamorado del collar, se queje del precio. Esto se debe a dos factores:
-el cliente no acepta el coste del valor añadido, es decir, espera un producto hecho a mano a precio de producto manufacturado.
-el cliente observa que otros vendedores de productos artesanales ofrecen precios mucho más bajos. El cliente no es consciente de que estos vendedores no intentan vivir de su trabajo, sino que son personas cuyo hobby es realizar productos artesanales y no les importa perder dinero con tal de tener la satisfacción de que alguien adquiera su creación. Generalmente estos suelen ser, por otra parte, generadores de productos de baja calidad (por falta de experiencia, falta de motivación económica, etc.), pero de vez en cuando te encuentras con casos escandalosos como increíbles collares de pedrería bordada (que podría estimarse perfectamente en 30 horas de trabajo, o más) por poco más de 100 €.

No critico esta actitud, ni mucho menos, al final es ese cliente el que manda, el mercado no entiende de moral o retribución justa. Pero pensad en ello la próxima vez que adquiráis un producto hecho a mano, valorad realmente cuánto tiempo se ha invertido en éste, y el coste material de su fabricación (ojo, que esto también lo digo en el sentido contrario, ¿realmente quieres gastarte 40 € en un collar “hecho a mano” que consiste en una cadena con una piedra colgando, de los cuales hay ocho mil exactamente iguales por todas las redes de supuesta artesanía?). Tal vez llegó la hora de comprar menos pero mejor, de reducir la basura que nos rodea para adquirir objetos únicos, maravillosos, que nos duren mucho tiempo y que despierten la admiración y curiosidad de los que nos rodean. Y está claro que hablo desde mi propio interés (ahí tengo mi página de Etsy, de Artesanio y de Facebook), pero también en el de tantos creadores alucinantes, auténticos artistas, que tienen que vender a precios de risa sus productos hasta conseguir que su marca alcance cierto prestigio que justifique unos precios que, de hecho, están más que justificados (si lo consiguen, claro).

*Para todos los escépticos: Probadlo.
**Aquí caigo en la contradicción. Me cuestan 15 € porque son materiales de calidad media, hechos en cadena, en masa, que intento optimizar. Si comprara materiales de óptima calidad, hechos y cortados a mano, serían más bien 50 €. Poco a poco procuro adquirir cada vez más materiales de este tipo, pero estamos en las mismas, se elevaría el coste de manera inaceptable para el comprador.

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Poniendo orden

octubre 29, 2011 — by Gabriella3

Hoy, a día 29 de octubre de 2011, me siento finalmente a actualizar el blog, cuando ha pasado más de un mes desde mi última publicación. Supongo que el blog últimamente se siente algo dejado e inútil, ahora que gran parte de mi día a día virtual se refleja en las redes sociales (creo que, de dedicar todo el tiempo que querría a Facebook, G+ y Twitter, no dormiría siquiera). Intento que dichas redes me sirvan a mí, en vez de servirlas yo a ellas, pero a veces es difícil ver dónde está la diferencia.

Así que aquí estoy, tecleando, pensando en que ya son casi las dos y media y todavía no he tenido tiempo de vestirme, ni de ducharme, ni de desayunar apenas. A pesar de mi intenso trajín diario, en ocasiones creo que realmente no hago nada, tal vez porque realizo o bien acciones pequeñas y cotidianas que apenas tienen significado en el conjunto del día, o realizo la parte correspondiente de acciones largas que imagino que darán sus frutos pero que ahora mismo se me antojan inmensas, casi infinitas.

Últimamente, viajo. Siempre me ha gustado viajar, y viajar por España me encanta. Hay tanto por descubrir, y al ritmo al que viajo descubro también cosas sobre mí misma. Descubro, por ejemplo, que soy una sibarita, que me alucinan los hoteles y los restaurantes, pero que al mismo tiempo no necesito mucho dinero para montarme en un avión baratuno y acabar en la otra punta del país, parasitando a amigos o bebiendo en locales ridículamente baratos (cogorzas y tapas por 3 euros por cabeza, gracias, Santander). También descubro que soy una enclenque, que no tengo energía ni fuerzas y enseguida se me agotan, seguramente por el descontrol de sueño, dieta y alcohol-noalcohol que llevo encima. A veces me paro para respirar e intentar poner un poco de orden pero, por otro lado, el caos siempre ha sido mi elemento. Me reinvento… hay días que soy poeta, otros soy novelista, otros soy orfebre, otros soy consorte o groupie. También he descubierto, bastante sorprendida, que no tengo ningún problema con dejar que otros reciban la admiración y fama que se merecen. Cierta sombra pasada, cierto aspecto envidioso de mi personalidad comienza a desvanecerse. Tal vez es que la inseguridad comienza a disminuir, o tal vez es que ya no quiero que pese más de lo necesario.

Leyendo: Una peli porno, de Terry Southern
Escuchando: The King of Limbs, Radiohead. 
Ninguno de los dos me está apasionando.

(Imagen de http://www.jmcprl.net/APA%20DIB01/)

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15 horas más tarde

febrero 2, 2011 — by Gabriella0

Hoy me desperté a las cuatro y veinte de la mañana y desde entonces no he podido parar. Es como si todo lo que la apatía y melancolía de la última semana no me permitieron hacer haya decidido hacerse hoy. Lo cual es maravilloso, claro, porque hacen falta periodos de manía para compensar las bajonas.

He replaneado mi vida, al más puro estilo micromanagement. La microgestión es una herramienta muy útil cuando te sientes perdido a gran escala. Sientes que si te lo tomas todo poquito a poco, solucionando las cosas más pequeñas, será más fácil afrontar lo grande. He hecho listas, lo que siempre ayuda a mi subconsciente (aunque últimamente parece que tiene un bloqueo algo extraño y selectivo). El otro día escogí un tema para listas al azar… “100 maneras de generar ingresos”. Ni que decir tiene que la mayoría eran bastante inútiles. Me gustó especialmente el de “Convertirse en Geisha”. Estuve a punto de poner “Subastar bragas” pero mi superyo llegó justo a tiempo para evitarlo. Con todo, la confección de una lista puramente material llevó a diversas ideas creativas interesantes. Justo lo que necesitaba, más proyectos creativos…

No quiero hacerlo todo de golpe, que luego cuesta más mantener el ritmo propuesto. Hoy he andado 8 kms, he meditado, he trabajado como loca, he dibujado, he sacado y editado fotos, he subido un collar nuevo a Etsy, y tantas otras cosas que no recuerdo ahora mismo. He terminado finalmente el poema de erótica y música, para enviarlo mañana por correo. A ver si me da tiempo a ponerme al día y hago el siguiente también.

Estaba pensando en la cantidad de tiempo que he invertido en estos manuscritos, lo que me sorprende porque generalmente soy impaciente y no aguanto mucho tiempo con el mismo proceso, y mucho menos si tengo que repartir dicho proceso en varias sesiones. Creo que la media, entre la escritura y revisión del poema (no tanta como me gustaría, pero ese es parte del desafío) y la creación del manuscrito, oscila entre las dos y las seis horas. Por eso me quedé horrorizada cuando descubrí que la autora de uno de mis webcomics favoritos, The Less than Epic Adventures of TJ and Amal (ojito que contiene sexo homoerótico), explicó su proceso de creación y afirmó que podía llegar a tardar 18 horas en crear una sola página. Y hablamos de una persona que trabaja de lunes a viernes, que utiliza su escaso tiempo libre en algo que no le aporta más que la satisfacción del trabajo bien hecho. Y es que cuando uno admira su maravilloso talento para el dibujo, da por sentado que éste es gratuito, fácil, como nos ocurre con todos los grandes artistas. Como decía un gran artista amigo mío: “la poesia es papelera, papelera, papelera”. Creo que esa frase puede aplicarse a cualquier tipo de arte.

Leyendo: The Stand, de Stephen King
Escuchando: El ronroneo del ordenador, mi migraña no soporta nada por encima de ese volumen.

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5 días

abril 18, 2010 — by Gabriella7

Llevo unas 24 horas atormentada con la dichosa pregunta de si 0,9999~ = 1 o si 0,9999~ < 1. Entiendo perfectamente las explicaciones matemáticas a por qué, inevitablemente 0,9 periódico es igual a 1, pero intuitivamente me resisto a aceptarlo, y esto me está volviendo loca. Creo que voy a tener que dejar de lado mi habitual excusa de “soy de letras” y ejercitarme un poco más en el uso de mi hemisferio derecho. Otro proyecto para el futuro cercano (¿30 días intentando resolver problemas matemáticos? Creo que sería mejor pasar 30 días desempolvando mis libros de mates del colegio).

Por otro lado, me he cargado mis buenas intenciones respecto a comportarme de forma ética en la crítica y le he dado un buen rapapolvo a La historiadora de Kostova, podéis ver el artículo en Lecturalia. Intentaré no volver a hacerlo, pero dejo el artículo abierto para que sus admiradores puedan explicarme cuán equivocada estoy.

Me han cambiado un tratamiento médico que tenía, y con la medicación nueva padezco de insomnio y somnolencia a la vez. ¿Qué significa esto? Pues que puedo dormir 12 horas seguidas y seguir teniendo sueño, y no tener manera de conciliar el sueño una vez que me acueste. Es una jodienda y espero acostumbrarme pronto. Ahora más que nunca tengo que hacer uso de mi rutina de levantarme a las 6 am y acostarse a las 10-11 pm.

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Radcliffe seguirá siendo Potter

marzo 4, 2007 — by Gabriella5

Y lo más triste de todo es que por un momento estuvo en duda, debido a su aclamada y controvertida interpretación en la obra Equus, donde hace de un muchacho enamorado de un caballo. Parece ser que a algunos les preocupaba la imagen que pudiera dar a sus fan jovencitos. Y digo yo, ¿es que sus fans jovencitos asisten a obras teatrales no aptas para menores?

Por cierto, ¿soy la única a la que Radcliffe le parece altamente deseable? Debe de ser por su parecido con Elijah Wood. No hay nada como ver a jovencitos virginales en situaciones perversas. Pero no te preocupes, Hermione, sigues siendo mi favo.Por otro lado, estoy jodida con un músculo inflamado que me impide hacer gran cosa. La buena noticia es que para ello me han recetado Valium, lo cual ha sido toda una experiencia. ¡Vivan las drogas legales! En mi vida había dormido así de bien.