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Cómo hackear las webs de contactos. O cómo conseguir pareja como un matemático

abril 23, 2014 — by Gabriella3

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Cómo hackear las webs de contactos. O cómo conseguir pareja como un matemático

abril 23, 2014 — by Gabriella3

¿Es posible hackear las webs de contactos? No me refiero al hacking ilegal, destructivo. Me refiero, más bien, al tipo de atajo ingenioso que solemos asociar al lifehacking.

No sé si habréis oído hablar de eso del lifehacking, que a mi juicio forma parte de lo que he dado en llamar autoayuda 2.0 (escribí un artículo doble sobre la evolución de la autoayuda para Lecturalia, podéis leerlo aquí). El verbo to hack suele asociarse a cosas negativas (por aquello de los hackers o piratas informáticos), pero también puede ser positivo: hack es tomar atajos, es encontrar soluciones más eficientes para un problema (también significa cargarse algo a hachazos, que de forma metafórica tiene cierto sentido).

El lifehacking intenta dar con atajos o trampas que nos faciliten las cosas del día a día. Es parte de todo un movimiento racionalista y analítico que propone aplicar muchas de las soluciones que ofrece el mundo de la programación y la informática, de la ciencia del comportamiento, del análisis de datos y de muchos otros campos. También integra teorías matemáticas y sociales en boga, como la teoría de juegos (aplicada a la mercadotecnia) y la ludificación (aplicada a la creación de hábitos y a la productividad). En resumen: cualquier teoría que tenga aplicaciones prácticas para mejorar nuestro día a día y hacérnoslo más fácil entra dentro del saco lifehacking.

¿Así que por qué no aplicar conocimientos de estadística, programación y matemáticas a algo tan subjetivo y emocional como las relaciones de pareja? Hay por lo menos dos personas que han sabido hacerlo. Uno, Chris McKinlay, para ver cifras de compatibilidad y discernir qué mujeres eran ideales para él. Otra, Amy Webb, para hacerse más atractiva para citas potenciales y encontrar al hombre ideal. Dos maneras diferentes de dar con el amor de tu vida a través de webs de citas como Meetic, EHarmony y similares.

Amy, acostumbrada al análisis de datos, aplicó su experiencia al mundo de JDate, una web de citas enfocada a la comunidad judía que es tremendamente popular en Estados Unidos. Amy tenía muy claro lo que buscaba en un hombre (quería casarse y tener hijos; quería una pareja estable, alguien responsable y con un estatus social y económico determinado), pero apenas recibía visitas a su perfil en JDate, y cuando conseguía interés de algún tipo, solía resultar en desastre. Se dio cuenta de que necesitaba una cantidad mayor de candidatos para poder tener más posibilidades de encontrar a un hombre que le gustase. Así que estudió a las mujeres más populares de la web. Se creó diez perfiles falsos con diferentes tipos de hombres e interactuó con estas mujeres para estudiar sus respuestas, sus reacciones, su lenguaje. También se fijó en las fotos y perfiles: eran muy distintos a los de Amy, cuyo perfil, larguísimo, casi parecía un currículo laboral. Uno podría pensar que las más populares eran las más guapas, pero Amy encontró otro tipo de elementos en común. Algunas de sus conclusiones fueron obvias, otras no tanto:

  • Las mujeres populares tenían una descripción corta en su perfil, donde aparecían con frecuencia palabras como girl (chica) o fun (diversión/divertida). Ofrecían una imagen de mujer desenfadada, de espíritu joven, que no hablaba demasiado sobre sí misma, alguien con quien sería fácil conversar.
  • Las mujeres populares solían tomar la iniciativa. No daban demasiada información, solían abrir conversaciones con mensajes simples como «hola» o «qué tal».
  • Las mujeres populares no tenían más de cinco fotos (según Amy, esto se debía a que una vez que tienes más de cinco fotos, la media de belleza es más baja). Casi todas tenían el pelo liso y largo.
  • Las mujeres mienten sobre su altura, más que sobre su peso (¡!). Gran parte de las mujeres con las que interactuó Amy aseguraban ser más bajitas de lo que eran (por simple estadística, era imposible que todas fueran tan bajas; además, en muchas fotos era evidente que eran más altas de lo que afirmaban).
  • La gente no está muy interesada en tu trabajo. Es más efectivo empezar hablando en tu perfil de tus aficiones e intereses. La mayoría de los hombres parecían algo asustados de mujeres con éxito profesional.
  • Es difícil ser graciosa por escrito. Muchas personas sarcásticas o irónicas parecen antipáticas en sus perfiles.
  • Las mujeres populares contestaban a los mensajes online de forma casi inmediata, pero esperaban entre 20 y 23 horas para contestar a los primeros emails.

Con toda la información recopilada, Amy se hizo un superperfil, con las características de los perfiles y comportamiento de las mujeres populares con las que había interactuado. Empezó a recibir atención masculina de inmediato, y de entre todos los hombres que interactuaron con ella, no tuvo problema para encontrar al que ahora es su pareja.

En todo esto hay bastantes cosas que me preocupan, pero destaca una sobre las demás: ¿tenemos tan asumido que todo el mundo miente por internet que nos parece aceptable crear un perfil falso y mentirle directamente a otros seres humanos para recopilar datos?

El caso de Chris McKinlay es un poco más honesto. Al ver que era casi invisible en las webs de citas estadounidenses, Chris, un matemático de talento (ya sabéis, de esos que van a los casinos en Las Vegas y hacen dinero contando cartas), creó bots para analizar las preguntas de perfil a las que más respondía el tipo de mujer que le interesaba y crear grupos estadísticos. Como OKCupid, la web que utilizó, tiene sistemas para evitar este tipo de bots automatizados, Chris utilizó los datos de uso de un amigo suyo (velocidad de click, frecuencia de uso, etc.) para “humanizar” a sus bots. Y los resultados fueron más que efectivos. Dio con los grupos que le interesaban (un grupo de chicas más jóvenes con tendencias artísticas, y otro grupo de chicas más mayores, con profesiones creativas. Se creó dos perfiles, ambos reales y sinceros, pero con los datos ligeramente diferentes, cada uno enfocado a un grupo en particular. La idea era similar a la de presentar un currículum en una empresa: destacamos ciertos detalles y damos más información sobre determinadas experiencias según el sector en el que trabaje la empresa que nos interesa.

Chris creó otro programa que efectuaba visitas a miles de perfiles al día. Como OKCupid te avisa de visitas a tu perfil, esto despertaba el interés de muchísimas mujeres. Chris empezó a quedar con mujeres con gran frecuencia (llegó a tener más de una cita el mismo día). Pronto se dio cuenta de que conectaba mejor con el grupo B de mujeres, aquellas un poco más mayores con trabajos creativos.

A pesar de sus datos, análisis y estadística, Chris tuvo más de ochenta citas antes de dar con la mujer ideal. En cuanto la conoció supo que aquello era especial. A pesar de las compatibilidades con todas las demás, era la primera vez que realmente sentía la conexión química que necesitaba. A día de hoy, y aunque mantienen una relación a distancia, están prometidos.

Podéis leer más sobre la experiencia de Chris aquí, y de Amy aquí (en inglés). ¿Qué opináis sobre sus métodos? ¿Habéis utilizado alguna vez de este tipo de redes para buscar pareja? ¿Cuáles han sido los resultados?

3 comments

  • Marina

    abril 25, 2014 at 1:37 pm

    Muy interesante, nunca he usado este tipo de webs por pereza. Imagínate la pereza que me daría hacer tanto estudio para poder posicionarme en ellas. Me parece muy inteligente analizar el sector en el que compites para poder mostrarte de la forma más atractiva posible, ya sea para conseguir trabajo como para ligar. De momento ya me cuesta bastante esfuerzo intentar presentarme mejor en el ámbito laboral. Yo no uso nada sofisticado, sólo me fijo en lo que me llama la atención a mi y es popular en publicaciones o pinterest. Como presentar los trabajos es el 90% para que se fijen en ti. Hay veces que el proyecto en sí no es nada del otro mundo pero está tan bien presentado que te fijas e incrementa mucho su valor. Pero en el ámbito personal sólo de pensar en tener que quedar con tanta gente a ver si surge química me da una vagancia extrema, desde luego es que no estoy lo suficientemente motivada ahora mismo 😉

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  • admin

    abril 25, 2014 at 2:12 pm

    También es cierto que este artículo responde a la forma un tanto curiosa que tienen los estadounidenses de ligar, eso del dating o las citas. Aquí funcionamos de otra manera, por lo general no perdemos el tiempo en citas de prueba con montones de personas diferentes, sino que nuestras relaciones con amigos o conocidos acaban por progresar y convertirse en otra cosa. Claro que si te apuntas a Badoo o a Meetic hay muchas posibilidades de que te hinches a quedar con personas insufribles 😀

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    • Marina

      abril 25, 2014 at 6:33 pm

      Ya ves, creo que me estresaría eso del dating americano Aunque viendo algunas series piensas que igual no estaría tan mal, sobretodo en épocas de sequía amoroso-sexual 😀 Yo soy vaga como decía, a mi gran amor hasta el momento lo conocí en un pub “bailando”, cuando quedamos lo de si había química o no estaba más que resuelto. Y si he quedado con alguien sin tener clara la química no me ha gustado, me he aburrido para empezar, por eso lo de quedar con gente a porrillo para probar me mata. Tengo amigas íntimas que han probado el meetic, adopta un tío etc…lo han dejado por lo que dices, estaban hartas de quedar con personas insufribles. Si se animan otra vez les pasaré los artículos, aunque creo que su problema es la falta de “ganado” decente porque sí que tenían pretendientes. ^_^

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