Mi hermano conoce varias webs ultrabaratas donde puedes comprar música y te la mandan desde Rusia o Jamaica o algún sitio lejano por el estilo. Su última adquisición ha sido la discografía de Rotersand y hemos estado escuchándola mientras chapurreábamos teorías pseudo-científicas sobre la evolución del grupo de la electrónico a lo melódico, o del techno al future-pop, o del chumba-chumba al EBM…

Por la mañana me ha llamado una clienta, que ya es más amiga que cliente, con la que nos vimos anoche, para decirme que acaba de morir su madre. Vale, la señora tenía 98 años, pero aún así es triste pensar que el día anterior habíamos estado todos riéndonos y hoy le toca volverse corriendo al norte para organizar papeleos, funerales y todas esas cosas. Creo que la muerte debería ser definitivamente el final, no sólo para uno sino también para los demás. Las palizas burocráticas no hacen más que agravar las cosas, o a lo mejor son una excusa para que nos levantemos y nos movamos en vez de quedarnos en la cama quejándonos.

Y seguimos con los problemas de la línea telefónica en casa. Por otro lado, parece que ya tenemos posible solución para el fiasco de la red eléctrica (ya se ha fundido el frigorífico y tres routers). Por supuesto el dueño sigue sin hacernos caso. Se va a llevar una buena sorpresa cuando vea que este mes le ingresamos menos dinero porque habremos descontado todos los gastos relacionados con estas cuestiones. Puede ser muy divertido.

Ah, y ya he dejado definitivamente de lado a las camareras. Ahora me ha dado por las veterinarias (en serio, ¿qué tienen las veterinarias?).

Escuchando: La discografía de Rotersand.
Leyendo: Sigo con los manuscritos.