Me he despertado hace una hora, tras dormir del tirón desde las seis de la tarde (lo siento, Raúl, tendrá que ser esta noche ;)). Tengo varias cajas por desembalar, miles de notas de cosas post-hispaconeras que hacer, facturas que tramitar, pagos que transferir, libros por enviar, actas que redactar. Pero todo esto es una minucia teniendo en cuenta el ritmo que he llevado desde hace tres semanas, cuando empezó la verdadera cuenta atrás hacia la DHCon.

He organizado quedadas de páginas web, presentaciones de libros y revistas, encuentros con autores, reuniones de negocio, pero nunca había tenido nada que ver con organizar eventos complejos, y me han sorprendido dos cosas: primero, la cantidad de tareas que hay que llevar a cabo y, segundo, que es posible hacerlo y no morir en el intento, siempre que haya personas a tu lado que tengan las mismas ganas de trabajar que tú. Tal vez hubiera sido más sencillo si mi función hubiera sido sólo el de organizar, pero es que además iba como editora, con stand y esas cosas, y como secretaria de la AEFCFT. Añadamos a esto que soy de naturaleza estresada, y tenemos una bomba de relojería que algunos pobres han tenido que soportar (con admirable paciencia, desde luego).

Para empezar, las cosas no fueron nada bien. La noche antes de la Hispacon tuve que trasladarme a un pueblo cercano para hacer de jurado en el Premio de Terror de Maracena, donde actuaba en representación de la AEFCFT. Tras el fallo, y unas cervecitas con el resto del jurado (entre las que había personas muy interesantes y agradables, por cierto), me fui a buscar a mis compis: Víctor, Violante, Bef y Rebeca. Por cierto que el seleccionador del jurado, Gregorio Morales, con un extraño poder profético me aseguró que iba a ganar el Ignotus de Poesía. Gracias, Gregorio, ahora el número del Euromillón, si vous plait.

Desgraciadamente, las cosas no podían ser tan fáciles. Gronf, el impenitente Opel Kadett de Víctor, había caído, y nos vemos tirados en la calle, a las diez de la noche, con un coche inservible lleno de cajas de Ignotus, libros y bolsas de bienvenida. Con una envidiable serenidad, Bef y Rebeca nos tranquilizaron y sugirieron lo más lógico, llamar a la grúa y en cuanto llegáramos a casa conseguir un coche de alquiler. Porque a las doce del mediodía del día siguiente teníamos que estar en Dos Hermanas organizando una convención de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror.

Entre pitos y flautas, autobuses de última hora y etc. llegamos vivos a casa y Víctor reservó un coche para las 6 de la mañana. Dormimos poquísimo y mal, y Víctor se marchó por el coche mientras nosotros terminábamos de embalar y atar los últimos cabos hispaconeros. A las 6 y media Víctor llama a casa diciendo que no ha aparecido nadie por la oficina de alquiler y que ésta no abre hasta las ocho de la mañana. Además, se estaba quedando sin batería. Imaginaos el percal. Llamo al número de la empresa 24 horas. 24 horas y una mierda, no lo coge nadie. Cada vez estamos más nerviosos. A las 7 y media me contestan el teléfono, diciendo que efectivamente, que se va a tener que esperar a las 8, que la reserva de las 6 ha sido un fallo del sistema web. Genial.

Y de esta manera salimos finalmente de Granada a las diez de la mañana, eso sí, en una flamante Mercedes Vito verde gracias al sentimiento de culpabilidad que conseguimos insertar en la persona del encargado de alquiler. Por si fuera poco, empieza a llover a cántaros y Víctor ya no tiene batería. Mi móvil se ha quedado en la mesa del salón de mi casa. Y Francesita supuestamente llegaba a Dos Hermanas a las diez y media y no tiene forma de contactar con nostros. Doblemente genial. Cuando finalmente llegamos a la biblioteca donde se iba a celebrar la convención, y posteriormente al hotel, empeoramos el asunto rayando el coche de alquiler en una gasolinera, y Melmek, que ya se había unido a nuestra caravana tras rescatar a Francesita, acaba con el coche atascado en un barrizal. La Hispacon empezaba bien.

Lo sorprendente fue que, a partir de ahí, todo fluyó con normalidad y sin mayores problemas. Desde luego no paré en ningún momento, dormí poquísimo y apenas pude atender a todas las personas con quienes me había comprometido antes de la convención, pero puedo decir que el resultado final excedió con sobras mis espectativas. Las charlas y conferencias se llenaron hasta los topes, todos nuestros problemas los resolvieron los encargados de la biblioteca con rapidez y eficiencia, y mis dos mayores preocupaciones, la cena de gala y la asamblea de la AEFCFT, salieron mucho mejor de lo esperado. De hecho, hasta gané un Ignotus por mejor obra poética, lo cual fue un tanto extraño ya que presentaba la entrega junto a Alfonso, que se llevó uno por mejor artículo. Menos mal que tuvimos allí a Rafa para entregárnoslo. Y sí, parecía que estuviera preparado pero os juro que no lo estaba, es simplemente que a la gente le gustan mucho los artículos de Alfonso, y más todavía los sobrecitos con dinero que les repartí al principio de la convención… He de reconocer que todavía no tengo muy asumido lo del premio, tenía demasiadas cosas en la cabeza y todavía ha de llegar el momento en que me pare a pensarlo y me alegre realmente, he de confesar que en aquel momento de entrega mi mayor alegría fue para tres premios en concreto: el de mejor novela corta para Joaquín Revuelta, el de mejor libro de ensayo para AJEC y el de mejor relato para Eximeno (por no mencionar, por supuesto, el de artículo de Alfonso Merelo y el de tebeo para Alfredo Álamo). Tengo muchas ganas de leer el ganador de novela, ya que conocí a Edu Vaquerizo en esta convención y me impresionó como persona y como compañero de charlas.

Me hubiera gustado estar en más charlas y conferencias, aunque teniendo en cuenta que la mitad las moderaba yo tampoco me quejo, poder haber atendido más los stands de la AEFCFT y de Parnaso (aunque para eso estuvieron las excelsas Francesita y Violante) y haber podido hablar y disfrutar más de la compañía de personas que quería conocer mejor, como David Mateo, Adrián Bravo, Luisa María Velasco, Juan Carlos Pereletegui, la gente de la Librería Horus, Ramón Castillo o Juan Antonio Fernández Madrigal (y por supuesto su esposa Ana), y pasar más tiempo con aquellos que ya considero mis amigos hispaconeros, como Santiago Eximeno, Fernando Ángel Moreno, Gorinkai, Natalia, Marisa, Pily B., Alfredo Álamo y Raquel Vallés, por mencionar sólo a un puñado. Para mí esta Hispacon ha sido una experiencia socialmente muy intensa, creo que había muy pocos presentes de los que no conociera como mínimo el nombre, y teniendo en cuenta mi natural timidez, creo que se ha tratado de un rodaje estupendo para quitarme de encima la tontería.

Puedo contar mil y una anécdotas, y seguramente iré editando este post poco a poco o incluso redactaré una segunda parte, completa con fotos. Por ahora sólo me queda dar las gracias:

-Gracias, en primer lugar, a mis compañeros de viaje. A Víctor, por soportar mis histerias como siempre y ser un Presidente ejemplar. A Violante, por ser mi amiga más mejor en todas las circunstancias. Y por supuesto a los geniales Bef y Rebeca, que vinieron a esta convención como autores e invitados de honor, y se marcharon siendo de la familia. Gracias chicos por las risas, las bromas, las charlas de ci-fi y música y los insultos mexicanos, sin ese «vete a la chingada» confieso que estaría muy perdida. No hay nada como cantar canciones de Mecano y de Héroes del silencio para hacer que una Hispacon sea inolvidable.

-Gracias a Alfonso, porque ha sido realmente mi otra mitad en lo que a la organización de esta convención se refiere. Su eficiencia y pragmatismo me han dejado boquiabierta. Además, siempre se necesita a alguien así para poder quejarte del vino de la cena de gala. Ha sido, sin lugar a dudas, el gran merecedor de aplausos de esta Hispacon.

-Gracias a Violante y a Francesita, porque sin vosotras yo no podría haber tirado adelante con todo esto. Mi mayor lamento es haber tenido que dejaros solas tanto tiempo en los stands. Además sois las mejores azafatas que he visto. Sólo espero que lo hayáis pasado bien, que hayáis tenido un pequeño acercamiento a lo que es una Hispacon y que hayáis visto que esto no es una reunión sectaria como os temíais (aunque eso Francesita ya lo sabía). Sólo espero que os apuntéis también el año que viene, esta vez para dedicaros exclusivamente a la diversión y al despiporre.

-Gracias a mis compañeros junteros, por ayudarme a superar la Asamblea y esta Hispacon. Gracias a Francisco, por aguantar la tormenta del recuento de votos sin siquiera almorzar y por sustituir a Ángel Carralero en su mesa redonda, ejerciendo de moderador, traductor e intérprete todo a la vez. Gracias a Alfredo por echarnos una mano con las acreditaciones y con las candidaturas y con mil asuntos más. Gracias al resto de organizadores, a Rafa, a Jose Ángel y por supuesto a Joaquín, que ha participado en más charlas que un político local. Gracias a los invitados de honor por venir desde lejos para participar en una Hispacon de emergencia, y a toda la gente que les ha servido de acompañantes, traductores y compañeros de juerga. Gracias a todos los que soportasteis estoicos, como David Jasso, mis meteduras de pata conversacionales que surgían, fruto de los nervios, cada tres minutos de mi boca. Gracias a Juan José Parera por ayudarnos con el stand de la AEFCFT y por asistirnos sin tener siquiera que pedírselo.

-Gracias a todos los socios y editoriales que nos han prestado su ayuda para esta DHCon. Sois los mejores. Gracias a todos los asistentes, que fueron los mejores y más involucrados que he visto en ninguna Hispacon.

-Gracias a la biblioteca de Dos Hermanas, por su apoyo en todo momento. Gracias en concreto a Almudena, que ha sido para nosotros la estrella de la biblioteca sin lugar a dudas.

-Gracias a todos los que os habéis pasado por los stands y habéis comprado nuestros libros. Gracias a vosotros hemos podido cubrir los gastos del viaje, y eso se agradece infinitamente. A algunos pude pillaros en el acto, a otros ni siquiera os conozco, pero allá va mi agradecimiento de nuevo.

-Gracias a la gente de AJEC por echar una mano con los stands, el transporte y el buen beber, como ya viene siendo habitual en estas convenciones.

-Gracias a mis compañeros de mesas redondas: a Fernando Ángel, a Santi, a Adrián, a David, a Edu, a Alfonso, a Melmek, por hacerme sentir como si realmente tuviera algo interesante que decir o por dejaros moderar aunque no hubiera nada que moderar porque sois todos estupendos (mejor no hablamos de a quién habría realmente que moderar). Gracias a todos los que se acercaron a la conferencia de Bef y luego se acercaron a la firma de libros, sé que a él le hizo ilusión y a mí, por supuesto, también.

-Gracias a Mari, por ocuparse de Pentecostés mientras estuvimos fuera, y a Dani, por darse ese viaje desde Salobreña para compartir un rato con nosotros durante la cena de gala.

Y por ahora paro, que este post se va a convertir en una disgresión inolvidable. Ya intentaré subir unas cuantas fotos. Hemos organizado una Hispacon y hemos sobrevivido. No puedo pedir más.