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El verdadero valor de las cosas

enero 15, 2012 — by Gabriella6

Una de las cosas que más me ha llamado la atención desde que me he introducido en el fascinante mundo de lo hecho a mano, y que se aplica no sólo a éste, sino al comercio en todos sus aspectos, es el tema de los precios. Con el comercio general, no nos paramos mucho a considerar aspectos como el valor añadido, simplemente nos dejamos llevar por lo que nos ofrece la constante batalla de oferta y demanda: queremos un producto de la mayor calidad posible al menor precio posible. En principio, claro.

Porque en el fondo no siempre es así. No tenemos problema en adquirir productos de ínfima calidad si el precio es también ínfimo (léase Vidal, léase supermercados low-cost o incluso vuelos de avión tipo Ryanair). Nos quejamos, sí, pero sabemos que seguiremos adquiriendo estos productos porque queremos ahorrar dinero. Y también funciona al revés: no nos importa adquirir productos de precios muy elevados si consideramos que la calidad lo merece. Hablo de grandes marcas de diseño, aunque ahí también interviene el factor del prestigio de marca, o de productos de precios muy altos pero demostrada calidad (equipos de música Bang & Olufsen, televisores Sony, turrón 1880*).

¿Pero qué ocurre con lo hecho a mano? Se trata de un híbrido extraño. Por un lado responde a las leyes de mercado como todos los productos, pero por otro lado se mueve en el farragoso terreno del valor añadido, de una manera similar a cómo lo hacen marcas de calidad media que pueden permitirse precios elevados por el prestigio de marca (en el fondo uno no paga el producto, sino sus costosísimas campañas de promoción y su atractivo diseño): Tous, Benetton, etc. Del mismo modo, lo hecho a mano vende, por un lado, el producto, y por otro dos valores muy importantes: primero, que esto lo ha hecho a mano alguien, que no han intervenido máquinas, procesos de montaje y salarios injustos en el tercer mundo; segundo, que por las propias características de lo hecho a mano, es imposible crear en masa, y cada producto será, aunque levemente, distinto. Por tanto, obtienes exclusividad. O eso nos cuentan, sobre todo desde Etsy y otras empresas que hacen su agosto con la artesanía.

Un momento, ¿con esto quiero decir que lo hecho a mano no tiene salarios injustos?

Consideremos, por un momento, una evaluación idealista del producto hecho a mano, tomando como ejemplo un caso real. Llevo siete horas trabajando en un collar, y estimo que tardaré unas dos horas más en terminarlo. Pongamos que me adjudico un salario, tirando por lo bajo, que resultaría en unos 6 € por hora (eso si estuviéramos en una situación óptima en la que absolutamente todo lo que produzco se vende). También tengo que pagar Seguridad Social, impuestos, y etc, así que vamos a subirlo a 8 € la hora. Si tengo un local, tengo que pagar alquiler, facturas y etc, pero por ahora vamos a dejar eso de lado, ya que trabajo desde casa y afortunadamente no tengo que pagar facturas al estar en el hogar familiar.

A 8 € la hora, el collar ya tendría un coste de 72 €. Los materiales me han costado unos 15 €**, y eso también tirando por lo bajo (cuentas, pintura, barniz, fornituras). El resultado, sin meternos en IVA y etc., sería de un precio para el collar de 87 €. El comprador tendrá también que pagar gastos de envío, entre 4 y 5 € por correo certificado. En resumen, estamos hablando de una pieza que le costará más de 90 €, y ni siquiera está hecho de plata de ley, que es lo que el cliente suele exigir cuando se encuentra con piezas de ese precio (algo desternillante teniendo en cuenta el coste actual de la plata).

El collar seguramente se pondrá a la venta rondando los 60-70 €, y habrá quien, estando totalmente enamorado del collar, se queje del precio. Esto se debe a dos factores:
-el cliente no acepta el coste del valor añadido, es decir, espera un producto hecho a mano a precio de producto manufacturado.
-el cliente observa que otros vendedores de productos artesanales ofrecen precios mucho más bajos. El cliente no es consciente de que estos vendedores no intentan vivir de su trabajo, sino que son personas cuyo hobby es realizar productos artesanales y no les importa perder dinero con tal de tener la satisfacción de que alguien adquiera su creación. Generalmente estos suelen ser, por otra parte, generadores de productos de baja calidad (por falta de experiencia, falta de motivación económica, etc.), pero de vez en cuando te encuentras con casos escandalosos como increíbles collares de pedrería bordada (que podría estimarse perfectamente en 30 horas de trabajo, o más) por poco más de 100 €.

No critico esta actitud, ni mucho menos, al final es ese cliente el que manda, el mercado no entiende de moral o retribución justa. Pero pensad en ello la próxima vez que adquiráis un producto hecho a mano, valorad realmente cuánto tiempo se ha invertido en éste, y el coste material de su fabricación (ojo, que esto también lo digo en el sentido contrario, ¿realmente quieres gastarte 40 € en un collar “hecho a mano” que consiste en una cadena con una piedra colgando, de los cuales hay ocho mil exactamente iguales por todas las redes de supuesta artesanía?). Tal vez llegó la hora de comprar menos pero mejor, de reducir la basura que nos rodea para adquirir objetos únicos, maravillosos, que nos duren mucho tiempo y que despierten la admiración y curiosidad de los que nos rodean. Y está claro que hablo desde mi propio interés (ahí tengo mi página de Etsy, de Artesanio y de Facebook), pero también en el de tantos creadores alucinantes, auténticos artistas, que tienen que vender a precios de risa sus productos hasta conseguir que su marca alcance cierto prestigio que justifique unos precios que, de hecho, están más que justificados (si lo consiguen, claro).

*Para todos los escépticos: Probadlo.
**Aquí caigo en la contradicción. Me cuestan 15 € porque son materiales de calidad media, hechos en cadena, en masa, que intento optimizar. Si comprara materiales de óptima calidad, hechos y cortados a mano, serían más bien 50 €. Poco a poco procuro adquirir cada vez más materiales de este tipo, pero estamos en las mismas, se elevaría el coste de manera inaceptable para el comprador.

6 comments

  • Jorge B. Ortiz

    enero 15, 2012 at 2:15 pm

    uhmmm, ese cálculo de añadir los 15 euros no lo he visto (o lo he leido mal), muy riguroso, porque te darán para más de uno, no?

    jeje, es por dar por saco…

    la producción en cadena es lo que tiene, eso lo tenía claro Ford.

    En mi opinión, hoy en día lo “hecho a mano” tendría más sentido en un sistema de trueque, porque metido en el engranaje de la oferta y la demanda, es cruelmente aplastado…
    he dicho, como experto economista….

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  • Anonymous

    enero 15, 2012 at 3:29 pm

    Uno de los elementos indispensables en mi guardarropía son los tradicionales chalecos de tres o cuatro botones (esos que comúnmente se conocen como “de vestir”). Acostumbro a acompañarlos con americanas de lana fría y el efecto resultante es, la mayor parte de las veces, aceptable. El año pasado, aprovechando que me encontraba en Londres y disfrutaba de cierta holgura económica (debido a las vicisitudes propias de mi oficio, y de que nada sirvieron los sabios consejos de mis amados padres acerca de las bondades del ahorro, voy alternando épocas de abundancia con otras de negrísima penuria) me permití el capricho de encargar un chaleco a medida en una afamada sastrería de Savile Row. Cuando llegó el momento de abonar la factura descubrí que, esta prenda de ropa, elaborada de una forma totalmente artesanal, era sustancialmente más barata que otras muchas de confección industrial, peor cortadas y de inferior calidad, que se vendían en las selectas tiendas del barrio de Mayfair (la italiana Harmont & Blaine, Ralph Lauren…). Esta experiencia me ha llevado a pensar que si le diésemos una oportunidad al sastre del barrio, iríamos mejor vestidos y, a medio y largo plazo, ahorraríamos dinero (y si no, pregúntenselo a sus abuelos).

    Vil Traidor

    ¿Qué está sonando? “Blues from a gun”

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  • Charlotte

    enero 15, 2012 at 5:27 pm

    Muy interesante. No he querido alargar más una entrada ya de por sí interminable, pero precisamente quería entrar más en detalle en la falsa “calidad” de algunas grandes marcas productoras en cadena. Victorio & Luccino, por ejemplo, creo entender que fabrican gran parte de su producción textil (por lo menos la alta costura) a manos de cuatro o cinco señoras mayores, expertas en su campo, en el ático de su casa en Sevilla, mientras que otras marcas, de hecho más caras, producen su gama alta en masa en países tercermundistas. El ejemplo del sastre de barrio es perfecto: lo artesano será siempre más caro, por no producirse en cadena y sin ayuda de maquinaria, pero no tanto como las grandes marcas de diseño para las que invertimos no en calidad, sino en reconocimiento, publicidad y prestigio.

    Y tener un chaleco de Savile Row… bueno. Eso es tener un chaleco y lo demás son tonterías. Me recuerda a una periodista de moda que se gastó unos 1200 € en un sujetador hecho a medida en una corsetiére de París. El sujetador le duró dos o tres años, no porque fuera de mala calidad, sino porque era TAN cómodo, se ajustaba a ella de manera tan perfecta, que se lo ponía hasta para dormir.

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  • Truecarte Perfil

    noviembre 7, 2012 at 12:19 am

    Hola, he encontrado este post por casualidad, y yo, que tambien tengo un blog, pensaba escribir sobre esto algún día. Estoy de acuerdo en todo lo que has escrito y yo no lo podía haber hecho mejor, ahora bien, todo esto que pones suena muy justo pero lamentablemente no es así.
    Llevo desde marzo en el mundo del handmade (quiero decir en serio) y por mucho que me esfuerzo no logro vender mis productos a un precio justo. Si lo hiciése no vendería. Muchas veces he hecho lo de calcular las horas, los materiales… pero los precios se disparan y como has dicho, la gente no valora lo que le ofreces porque “esto lo venden en los chinos”.
    Me dedico básicamente al ganchillo y al amigurumi, puedo tardar días en terminar un trabajo… ¿a cuanto debería cobrarlo? no está pagado… al final calculas materiales y “para que te quede algo” y ese algo al final de més no es nada. Es triste, para mi muy triste, pero es así.
    Escribiré en mi blog sobre esto como ya tenia intención a ver si la gente se conciencia un poco y no me regatea… porque si, aun teniendo precios por los suelos… me regatean. Muchas veces, cuando comparan mis precios con los chinos, pienso: ay… ójala mis ganancias fueran las mismas que las de ellos.
    Un saludo, perdona por alargarme tanto y suerte.

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  • G.

    noviembre 7, 2012 at 10:12 am

    Hola Truecarte, y gracias por comentar 🙂

    No sabes lo de acuerdo que estoy contigo. Yo no puedo ponerle precios justos a mis artículos por las mismas razones que tú das, la competencia es atroz. No obstante, intento que no sean demasiado bajos, intento mantener cierta perspectiva, también por respeto hacia otros artesanos que ofrecen precios realistas.

    Lo de competir con los chinos… en fin. No debería ser así, deberíamos intentar concienciar a los compradores de que están consumiendo productos muy diferentes. No obstante, sí, te regatean, y en ocasiones te tratan como si estuvieras en un puesto de feria ofreciendo un 3×1 o algo similar.

    Es duro, dímelo a mí. Intentamos mantener cierta dignidad en un mercado que realmente no comprende todavía lo del valor añadido. Pero poco a poco la cosa se abre camino y las actitudes empiezan a cambiar (aunque también hay que escuchar mucho aquello de “cualquiera puede hacer artesanía y sacarse unos durillos”). Sea como sea, te deseo toda la suerte del mundo con tu trabajo. Creo que si todos poco a poco nos atrevemos a hablar de este tema en público en vez de simplemente poner nuestros precios por los suelos, tal vez consigamos que los consumidores entiendan un poco mejor qué es lo que están comprando 🙂

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  • G.

    enero 1, 2013 at 5:56 pm

    Uuuf, Jorge, acabo de ver ahora tu comentario (se había ido al filtro de spam, y lo veo ahora, un año más tarde).

    Lo de los 15 euros era cálculo para una sola pieza, materiales que solo servirían para una cosa.

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