Iba a continuar con mi post sobre la venta de aire, pero francamente cuanto más pienso en el tema más deprimente me parece. Hay miles de empresa que hacen el agosto vendiendo supuesta información que te va a hacer millonario de la noche a la mañana. Desde anuncios que prometen pagarte por mecanografiar o copiar datos (generalmente se trata de empresas que buscan capullos que le pongan de su bolsillo anuncios en Google) a todo tipo de «asesores comerciales». Y miles de empresas que venden filosofías New Age para alcanzar la felicidad.

Cuando empecé a investigar en la red sobre el tema de la meditación, me sorprendió la cantidad de gilipolleces que promocionaban a diestro y siniestro este tipo de webs. Todo va de la mano, claro, y pueden venderte la absoluta necesidad de utilizar cristales (que ellos mismos te venden, de una calidad deleznable y a precios ridículos), aromas e incienso o libros de 300 páginas para explicarte cómo meditar mejor. No digo que estos libros no puedan tener información aprovechable, pero en el fondo lo único que consiguen es que te hagas un lío. He visto tropecientas formas diferentes de meditación, que usan diferentes objetos o imágenes para mantener la concentración, así que lo que buscaba era un formato común, algo sencillo que pudiera realizarse de manera diaria en cualquier sitio sin parafernalia. Finalmente encontré una entrevista esclarecedora en una web que no tenía mucho que ver con el New Age ni con chorradas por el estilo. Las sencillas explicaciones del entrevistado me ahorraron dinero, tiempo y estupideces. Una postura básica, un sistema básico. A partir de ahí puedes hacer muchas cosas, pero ahora mismo no las necesito. No busco alcanzar el nirvana, ni ser mejor persona ni llegar a conocimientos trascendentales; sólo ese momento de paz absoluta que me concedo cada mañana y que me ayuda, de una manera profunda y efectiva, a afrontar el día.

Leyendo: Sigo con Stephenson. Me da pereza.
Escuchando: Bajo control, de Girasoules.