Me encantaría contaros algo divertido, ingenioso, interesante, puede que incluso pedante. Pero estoy algo desconectada del mundo y todo me llega vía canales secundarios como las anécdotas narradas por teléfono o los forwards de e-mail. No puedo siquiera hacer aquel meme de poner un párrafo de la página 139 del libro que estoy leyendo, porque el último libro que leí, aparte de estar en inglés, era una novelilla rosácea (de estas de mujeres treintañeras estilo Bridget Jones que ahora proliferan como setas) de mi madre. Por otro lado sigo con los cuentos de Dick, si bien admito que el tercer volumen de Minotauro palidece en calidad respecto a los dos anteriores. Escucho Lagartija Nick a escondidas (mi compi de trabajo, aka. mi hermano, los odia y se empeña en ponerme VMV Nation o como se llamen) y me alimento de buena comida casera. Hasta me voy a apuntar al gimnasio de al lado, que me ha hecho un precio estupendo y no me cobra la matrícula.

Todo sería genial y maravilloso si no estuviera tan agotada. Hoy me dan cita con el médico de mi madre, espero que sea mejor que la inútil de mi médico, esa que considera que tener el período cada 40 días es lo más normal del mundo, y que para los dolores musculares lo mejor es el Valium. Me irrita ver cómo dedica media hora a los pacientes habituales del pueblo, y conmigo no se queda a gusto si no consigue despacharme en menos de cinco minutos.

Deben de ser los piercings.