Somos la cuarta oleada. Ya no somos Kristeva, ni Steinem. Ya no odiamos a los hombres, sino a nosotras mismas. Reivindicamos la equivalencia desde la báscula hipócrita, reivindicamos el niño y medio desde nuestra esterilidad. Odiamos a nuestras madres, por ser incapaces de cumplir el sueño europeo, y a nuestros padres por besarnos de pequeñas. Ya no queremos ser lesbianas para prescindir del macho, ahora queremos ser bicuriosas con células madre. Fumamos más que ellos, bebemos más que ellos, pegamos más fuerte que ellos. Creemos que el sadomasoquismo nos redimirá, y evaluamos las posibilidades de ser imperfectas con un público ardiente poblado de baremos.

Nuestros principios han cambiado, hasta tal punto de que ya no sabemos cuáles son. La paranoia de la sospecha nos asusta, pero encontramos hiriente la mofa. No podemos seguir adelante, sólo podemos medicarnos y discutir. Somos la cuarta oleada.