Cuando los impagos afectan incluso a los intocables funcionarios, uno piensa que no queda más que abrocharse el cinturón (o venderlo) y sobrevivir a la tormenta hasta el deseado 2012. Pero no todo van a ser lágrimas, oigan, que algunos afortunados viven la mar de bien. No hay más que leer la noticia que he descubierto esta mañana por casualidad en el ABC. Me pregunto cada vez con más frecuencia qué tipo de control ejerce la SGAE sobre todo tipo de instituciones y sobre el propio gobierno (tanto éste como el del PP) para que se le permita realizar todas las patochadas que se les ocurra.

Alejandro Sawa murió en la más absoluta miseria, ciego y loco. Uno de los que más lloraron su muerte fue Rubén Darío, que nunca llegó a abonarle la cantidad acordada a Sawa por hacerle de negro en diversos artículos periodísticos. Es normal, al final pierden los de siempre.