Así que para dejar en el olvido la frivolidad del mensaje anterior, ahora realizaré un concienzudo análisis de lo último que estoy leyendo y escuchando, para que parezca que soy una persona culta y musicalmente alternativa. Pero fracasaría miserablemente y no me divertiría tanto, así que me pongo a discurrir sin ton ni son como de costumbre.

En cuanto a lecturas: Estoy terminando uno de los libros más fascinantes que he leído desde Cien años de soledad y Sueño en el Pabellón Rojo. Al igual que éstos, muestra un casi interminable y complejo necesitas-un-mapa-para-navegarlo elenco de personajes y situaciones. La atención al detalle es maravillosa, y la variedad temática que incluye, apabullante (desde las festividades hinduístas menos conocidas hasta la política rural, pasando por el matrimonio por obligación, la infidelidad y la homosexualidad). Se trata de A suitable boy, de Vikram Seth (no sé si está traducido al español), y lo rapté de la estantería de mi padre en mi viaje a las Inglaterras. Gira en torno a un personaje principal, Lata, a quien su madre busca un «chico adecuado» con el que casarla, y está ambientado en la India post-Gandhi de los cincuenta. La combinación de frivolidad (la descripción de un partido de cricket, por ejemplo) con tópicos serios e incluso incómodos (como los abusos sexuales) hace que se trate de una auténtica obra maestra. Fue un gran bestseller en el Reino Unido, lo cual probablemente responda a cierta curiosidad por parte de los británicos hacia una cultura que cada vez tienen más presente (mientras leía el libro allá en casa de mis padres, me distrajeron las voces y la música de una boda hindú celebrada por nuestros vecinos de enfrente).

Lecturas recientes: Alejandro Magno y las Águilas de Roma (no está mal pero abusa de las descripciones históricas y de los momentos «didácticos», a mi parecer) y Madrid, de Daniel Mares (próximamente en la Colección Vórtice). Daniel Mares está loco, pero es una locura genial. Hacía mucho que no me divertía tanto con un libro.

En la pila: Toyminator, de Robert Rankin (lo atesoro con gran cariño, mis ansias de devorarlo son cada vez mayores), The Hours, de Michael Cunningham y por supuesto, The Time Traveller’s Wife. Que no estaba en la sección de ci-fi, sino en la genérica de ficción de W.H.Smith. Hmmm. Y mil manuscritos y libros de esos que tendría que haber leído hace siglos pero no he podido. También tengo a medias Farenheit 451. Me encanta el estilo de Bradbury, creo que demuestra que se puede escribir género fantástico sin ser un tecnólogo ni un historiador.

Respecto a Música: Primero, una decepción. The Gossip. Me caía tan bien Beth Ditto, me habían hablado tan bien del grupo… y resulta que no me termina de convencer. Serán las melodías facilonas, las letras hechas para preescolares, el acento yanqui de Beth, yo qué sé. Pero no termina de engancharme. Luego, una sorpresa: el último disco de VNV Nation. Mira que por lo general no son santo de devoción, pero estoy todo el día tarareando «Testament», si bien el resto del disco me parece más tecno que otra cosa, por mucho que lo etiqueten con mil nombres indescifrables y, al parecer, inventados sobre la marcha. Nada de sorprendente en Absolute Garbage que, después de todo, es una compilación de lo mejor de Garbage (Go, baby, go!), aunque no me convenzan del todo los remixes complementarios.

Y el gran premio de música va a… ¡Zeitgeist! Cuando pensé que Billy Corgan había tocado fondo (mira que salir con Paris Hilton…), resulta que va el tío y demuestra que aún puede, a ratitos, hacer buena música. Aunque la producción parezca realizada por un niño recién destetado acompañado de un mono de esos con máquina de escribir, hay joyas que me recuerdan a los buenos tiempos: Tarantula, For God and Country, Come on (Let’s go). Un momentito de pausa para que la bloguera se ponga nostálgica y empiece a hablar de aquellos maravillosos noventa, por favor.

……

Vale, ya se me ha pasado. También recomiendo el Eyes Open de Snow Patrol que, aunque alucinantemente bueno, no me parece una muestra de progreso desde el Final Straw. Que se arriesguen y que la caguen como todos los grupos, he dicho. Y que no hablen de cosas tan tristes de manera tan espeluznantemente magistral, que me paso el disco llorando.

Y un ejemplo de lo que es mejor prescindir: Lo último de Nelly Furtado. Sí, aquella simpática chiquilla morenita que de vez en cuando se atrevía con el hip-hop o con algo parecido, tras un revolucionario cambio de look que ni Antena 3, de repente está muy buena y no hace más que colaborar o buscarse colaboradores. Si bien «All good things come to an end» es una baladilla agradable, el resto del disco me produce serias intenciones de buscarla en persona para tirárselo a la cabeza. Una cosa es ser comercial y otra, bueno, otra es venderse por completo.