Últimamente hago más equilibrismo de lo habitual. Quiero decir que voy haciendo balance sobre una cuerdecilla muy fina y algo resbaladiza entre dos terrenos. Por un lado están las cosas positivas, las que me hacen feliz y me alegran el día. Por el otro lado están las negativas, las que me deprimen, me estresan y perjudican mi salud. Desafortunadamente durante el último par de meses el lado negativo ha desarrollado a una especie de entidad viva y cabrona que no hace más que agarrarme de los tobillos y tirarme hacia su lado. Y es que el monstruo de ese lado tiene razones de peso muy pesadas; pero yo, como soy muy tozuda, rebusco entre los restos del otro lado desesperadamente buscando cualquier tontería para revolucionar mi existencia. De una manera casi estúpida parece que las cosas más importantes (la familia, las amistades, etc.) no aportan lo suficiente, así que me quedo en chorradas superficiales, que por lo menos son puntos de agarre visuales y fáciles de materializar para momentos duros. Me gustaría mucho ampliar todo esto y desahogarme en condiciones pero me temo que ha llegado el momento en que el blog comienza a perder esa función, al haberse convertido en un gran enemigo público que coarta mis confidencias y tendencia exhibicionista (he ahí su razón de existencia). Así que cada vez me atrae más la idea de jubilarlo y crear otro recuperando mi antiguo mundo pseudónimo. Por supuesto seríais todos muy bienvenidos, sólo tendríais que solicitarme invitación por e-mail. Lo que quiero evitar es convertirme en cuadro de exposición para familiares de familiares, clientes, contactos profesionales y demás. Me guste o no, soy una persona poco convencional, y no quiero que mi actitud o mis posicionamientos personales influyan en mi vida profesional, que para algo me da de comer (o no).

Y mira que me jode.