Anoche soñé con mierda. Mucha, mucha mierda, por todas partes, bajo mi manta, sobre ella, en el suelo mientras yo la pisaba. Se supone que la mierda es un buen presagio en sueños, o tal vez el hecho de que mi infeliz Pente se dedica a hacer sus necesidades por toda la casa desde que los vecinos nos prohíben que salga me tiene algo estresada. A la mierda (nunca mejor dicho) los vecinos. No quiero volver a soñar que estoy en camiseta y braguitas delante de un enfermero que me está rajando una y otra vez en el pulgar (y en el sueño dolía, joder) mientras toda la habitación se llena de cacas más o menos consistentes.

Antes de ese tuve otro de mis sueños recurrentes. En el colegio, otra vez. Y otra vez sin estudiar todo lo que tendría que estudiar, agobiándome por los exámenes… hasta comenzar a razonar que COU quedó atrás, que ya estoy licenciada en la Universidad, que ya he terminado el colegio. Una parte de mi subconsciente no quiere entenderlo. Para que luego digan que son los mejores años de nuestra vida.

Lo peor es que soñé que me daba cuenta de que todo era un sueño y me despertaba… dentro de otro sueño. Creo que en vez de teoría literaria tendría que haberme dedicado al psicoanálisis.