Seguimos preguntándonos si el lenguaje condiciona al pensamiento o si el pensamiento condiciona al lenguaje. Pero creo que ninguno podrán combinarse adecuadamente hasta que yo consiga encontrar todas esas palabras y frases que me faltan para describir todo este cúmulo de abstracciones que me rodea. No es que quiera escribir poesía, es sólo que el formato poético es el menos inútil (por la posibilidad de la metáfora) para intentar crear nombres para lo que ocurre dentro y fuera de este marco físico. No es que quiera desahogarme, es sólo que tengo la potente sensación de que todo esto es importante, y que moriré sin haberle dado la importancia necesaria, sin haber aprovechado este tumulto que se escapa de mi alcance.

¿Cómo se concede nombre o definición a algo que no lo tiene? ¿Algo que además es completamente foráneo y vacío de sentido racional? A veces, durante el orgasmo, la embriagación etílica, escuchando música o mirando pasar las nubes en un cielo azul desde la ventanilla de un coche creo que lo tengo en la punta de la lengua. Y entonces, escapa, como siempre.

Escuchando: Leave the Bourbon on the Shelf, de The Killers.
Leyendo: La zona muerta, de Stephen King.