Bueno, como ya se alargaban mucho los comentarios, sigo directamente en el post con el tema del piercing. Ayer visité la clínica y para mi (agradable) sorpresa, el señor que me atendió fue el que me hizo mi primer piercing (ceja), hace ya siete años. Así que imaginaos si me dio confianza…

Hace microdermals, pero no se fía 100% de ellos porque dice que en España los materiales todavía no son tan buenos como en EEUU y es difícil encontrar titanio (o su equivalente) puro. Así que me sugirió el tema de la pieza de superficie. Pero como yo iba con la hora pegada ya a mi generoso (pero bonito, ejem) trasero, quedamos en que me lo haría en su propia tienda de piercings, también en Málaga, donde además tiene muchos más pendientes para escoger. Así que el lunes me toca viajecito de nuevo.

En cualquier caso, mil millones de gracias a HK por sus muy muy sabios consejos. Tras sus comentarios en el blog y hablar con el perforador me siento mucho más confiada. Éste último me explicó los riesgos, cómo queda luego la cicatriz y las posibilidades de éxito (es decir, que te dure más de unos meses). Y lleva 31 años poniendo piercings, lo cual me gusta más todavía. Odio a esa gente que está dispuesta a ponerte un piercing donde te dé la gana sin explicación ni advertencia ninguna, me parece alucinante.

También me ha recomendado hacérmelo un poco más abajo de lo que yo quería (más cerca de la muñeca), para evitar problemas de roce cada vez que tensara los músculos del brazo. Por lo visto ha puesto muchísimas piezas de superficie, lo cual me anima todavía más. Me comentó que lo ideal sería sustituir la pieza por teflón, más flexible, una vez hubiera pasado un mes con la pieza original.

Pero eso sí, como pise Madrid, ese ancla dérmico cae seguro…

(Disculpad este post todos los lectores anti-piercings, anti-Cronenberg o simplemente ligeramente fóbicos para con las agujas).

Y cambiando de tema. Ya sé que tomar pastillas está feo y crean adicción y etc., pero éstas me están cambiando la vida. Hacía muchísimo tiempo que no recordaba cómo se siente uno cuando está despreocupado y contento. De repente tengo muchísimo energía y ganas de hacer mil cosas, canto en la ducha y me río con tonterías. No era consciente de hasta qué punto la ansiedad estaba arruinando mi existencia.