Mucho trabajo. Estrés. Dolor. Más trabajo. Fechas imposibles de cumplir. Ansiedad. Pastillas. Felicidad. No alcohol. Más pastillas. Más trabajo. Personas maravillosas. Personas insoportables. Dormir en la oficina para poder cumplir con fecha de entrega. Descubrir una cucaracha en la oficina. Matarla con lástima y asco. Sentir que si me reencarno en cucaracha tampoco sería tan terrible. Dormir con miedo a más cucarachas. Más trabajo. Quiero un piercing muy especial pero no tienen los pendientes necesarios. Cita para el jueves para piercing muy especial. Esperanza de que el jueves pueda ser piercing muy especial. Fantasías sobre piercings iguales por todo el cuerpo. Fantasías sobre publicar a una autora yanqui que escribe novelas fantásticas de lesbianas. Leer manuscritos. Recibir más manuscritos. Cerveza sin alcohol. Sin dinero para comer porque quiero gastármelo en piercing muy especial. Darme cuenta de que el jueves ya tengo cita con el radiólogo. A nadie le gusta la idea del piercing muy especial y me siento decepcionada. Más trabajo. Madrugo. Resultados de análisis: estoy sana como un roble. No entiendo cómo estoy sana como un roble si estoy hecha una mierda. Mi hermano se ha pillado alquiler de piso con piscina. Felicidad. No sé si soy feliz porque se me han pasado las hormonas de la regla o por las pastillas. Todos me dicen que son las pastillas, que estoy demasiado feliz. Mi gato se restriega contra el teléfono cuando oye mi voz. El gato de mi hermano se restriega contra mi pecho para que lo acaricie. Los gatos me dan felicidad. El trabajo, cuando es remunerado, también me da felicidad. He compartido e-mails con Ángel Padilla y con Jaime Santamaría que me han hecho plantearme mi escritura, aunque ellos no lo saben. Me encanta la gente que ama la literatura, pero que la ama de verdad, no de forma pedante ni consentida. He conseguido Steel Beach en versión original por Amazon (gracias, papá). Hago algo de ejercicio cuando puedo. Casi se me ha pasado el resfriado. Tengo una inmensa, gigantesca y paradójica petit mort en brazos de mi compañero de armas. Hace un par de semanas escribí algo. Quiero que salga ya El árbol del dolor, quiero verlo maquetado y bonito, me gusta. Quiero que salga ya Especulum, también me gusta. Ninguno de los dos me gustará dentro de seis meses. Sonrío. Son las pastillas. Hacen que de golpe y porrazo sea una persona normal. Pero no os preocupéis, sólo puedo tomarlas durante dos semanas, luego volveré a ser el bicho miserable de costumbre. La gente me sonríe. Yo sonrío. Un hombre alto, guapo, negro me dice que quiere acompañarme. Yo giro la cabeza y le sonrío, hacía mucho que ningún hombre que no fuera mi pareja me hacía proposiciones indecentes. Hace ya varios años (editando… meses) que no me la hace ninguna mujer. He vuelto al lugar de mi infancia, al lugar mágico de las piedras sobre el mar donde me sentaba a escribir.

Fitter, happier, more productive…