Antonio Franco González murió el miércoles día 13 de diciembre de 2006, delante de sus hijas, yerno y nieta. Sus hijas y nieta le sostuvieron las manos cuando dio el último suspiro, ya dormido, tras varias semanas de agonía y un año de intenso dolor al cual ningún médico supo dar explicación hasta que ya era demasiado tarde. Lo que se diagnosticó como artrosis resultó ser un cáncer múltiple de origen desconocido. El jueves fue trasladado a La Coruña, la tierra en la que nació y el viernes fue enterrado en el cementerio de Moruxo, con vistas al mar y a su ciudad de origen, Ferrol. Deja a una viuda y a muchas personas desconsoladas, aquellos que tuvieron la suerte de conocerlo, tratarlo y probar sus recetas. A pesar de que nunca quiso saber nada de la Iglesia, se impuso una misa con cuatro curas, que aun siendo cuatro fueron capaces de equivocarse una y otra vez, con su nombre (no sabíamos que se llamaba Alfonso) y con su origen (se empeñaron en que era de Moruxo).

Adiós, abuelo. A ver cómo sobrevivimos sin ti.

*(Para aquellos que crean que ya es tiempo de exigirme cosas y pedirme que me ponga a trabajar de una vez por todas, les anoto que estaré toda la semana con mi abuela, por lo que apenas tengo ocasión de conectarme a Internet y tendréis que perdonarme si no respondo a mails y similares. Gracias a todos los que habéis enviado correos y dejado mensajes en el blog. No sabéis lo que han significado para mí en estos últimos días. Todos nos morimos, pero ojalá podamos morir de una forma menos atroz y terrible).