Como esta mañana he prescindido de la pastillita habitual, he decidido crear mis propias alucinaciones. No iba a ser fácil, las habituales sonrisas de los demás hoy eran menos sonrientes, y el cielo era de un azul bastante menos Lucy in The Sky with Diamonds. Los pequeños gestos se me antojaban desagradables, mi paranoia habitual comenzaba a manifestarse, apoyada por mi nueva decoración personal y su presente estado de cicatrización.

Y entonces lo vi. Era de un rojo imposible, más rojo que el color primario, un rojo brillante sobre verde que, una vez me hube quitado las gafas de sol, era verde esmeralda. Y parecía una representación vegetal de mi madre, con su afición por el verde y su pelo rojizo, una preciosidad envuelta en un halo de vulnerabilidad que esconde una dureza milagrosa. El árbol se vio continuado por un gato rubio, que correteó a mi lado. Cuando finalmente me aproximaba a mi destino, creí ver a una mujer menuda vestida de novia. Sólo era un traje blanco, pero por el rabillo de mi ojo parecía una princesa nupcial. Mientras, iba escribiendo en mi cabeza (¿por qué no se ha inventado todavía una interfase de escritura mental?).

Y ahora llego, pongo el Winamp, repleto de canciones mías, pero sobre todo repleto de tecno-goth de ese que pone mi hermano, y suenan seguidos PJ Harvey y Foo Fighters.

Os dejo mientras termina «Everlong». And I wonder… (if I’m becoming a bloody lunatic).