Qué de cochinillo, qué de secreto ibérico y de cajas con Todorov muerto. Qué de paisajes idílicos, conversaciones absurdas a las tres de la mañana, micis y rumanos terroríficos. Qué de editores y escritores, qué de alcohol (sí, glubs, pero ya he vuelto al camino recto, lo prometo) y qué de kilómetros en coche.

Ah, por lo visto también hubo una jornada de fantasía y ciencia ficción.