Triste, un poco triste. Así es como me sentí cuando vi esto en la sala de espera de Heathrow:

Sí, son libros. Es una máquina dispensadora de libros. Metes moneditas y consigues un cómodo bestseller para acompañar tu viaje en avión. ¿Ingenioso? Tal vez. ¿Promueve la lectura? Desde luego. Pero hay algo oscuro en hacer equivalencia entre la noción romántica del libro y una lata de Coca-Cola.

Ah, eso, que ya he vuelto.