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Vuelta a empezar

junio 2, 2011 — by Gabriella1

Ahora que estoy, por fin, tomándome un respiro, es cuando más cosas empiezo a proponerme, más proyectos quiero empezar. Pero, claro, como soy una de esas personas a las que les encanta empezar proyectos y darse cuenta a mitad de trayecto de que son un coñazo y no merecen la pena, tengo que pensarme muy seriamente qué inicio y cómo lo hago, no sólo por el esfuerzo que impliquen, sino porque en mi experiencia funciona mejor concentrar las energías en pocas cosas a la vez, así que tengo que elegir con cuidado en qué locas aventuras me embarco para no acabar abarcando mucho y apretando poco. No sólo eso, sino que necesito replantearme mi vida por completo, por lo que es muy importante para mí que cada proyecto que empiece esté alineado con mi nueva dirección, porque si no simplemente será una cuestión de dar vueltas persiguiéndome la cola (o el culo, o el coxis, o lo que queráis).

Hay un par de cosas en mi vida con las que estoy orgullosa de haber persistido, de haberlas llevado a término (aunque algunas tal vez tendría que haber sabido abandonarlas antes). Una de ellas es Parnaso, considero que lo que he aprendido en este tiempo ha sido muy valioso, aunque también considero que podría haberlas aprendido en menos tiempo, si simplemente hubiera sabido dejar ir lo que desde hace ya más de un año (tal vez más) era un naufragio sin remedio. Pero si eso ha servido para enseñarme la valiosa lección de que no hay que intentar recuperar lo irrecuperable, bendito sea.

También estoy orgullosa de haber sido persistente en un par de metas que conseguí superar. Una de ellas fue mi reto de 30 días sin beber, una de esas cosas aparentemente sencillas que a mí me costó horrores cuando la hice el año pasado. Poco a poco regresé al alcohol, pero sí es cierto que ahora bebo muchísimo menos de lo que hacía antes de empezar esos 30 días de sobriedad. La sensación de victoria, de haber conseguido lo propuesto, fue algo que quiero volver a sentir. Así que ese reto se repite (empezó, de hecho, hace un par de días).

Con algunas metas todavía estoy indecisa. Aunque sigo con el Proyecto Poema, me pregunto si es realmente algo que me interesa hacer. Cuando digo “interesarme”, me pregunto si tiene cabida en ese replanteamiento vital, si debería enfocarlo como un acto verdaderamente altruista o intentar encontrarle un mínimo de lucro antes de considerar si es rentable, de manera tanto personal como a efectos de inversión tiempo-resultados. También me preocupa el estar enviando originales. No tanto por temas de copyright ni cosas así, sino porque creo que empiezo a desarrollar un afecto hacia éstos que es posible que el recipiente no tenga. Claro que no veo mucho sentido en enviar una fotocopia del original por correo al recipiente. Como no tengo claro el significado real del proyecto para mí, no tengo claro cómo proceder. ¿Es un acto verdaderamente altruista, buscando el arte por el arte? ¿Tiene esto algún sentido, si ni siquiera puedo garantizar que esto sea arte, que proporcione una mejoría, de algún modo, al mundo en que vivimos? Sobre el copyright también tengo sentimientos encontrados, ya que por un lado quiero poder pensar que lo importante es el mensaje, la función del arte, por encima del ego del artista, pero por otro el tiempo y esfuerzo dedicado a dicha producción crea un sentimiento de posesión egoísta del que es difícil desprenderse. Éste es un tema largo del que podría estar escribiendo párrafos y párrafos, y si algo he aprendido es que hacer las cosas por amor al arte suele acabar en frustración, pero eso también puede ser porque tradicionalmente hacemos la asociación tiempo+esfuerzo=dinero y/o agradecimiento. Y eso no es arte por arte, es arte por pasta o por reconocimiento.

Con Miss Cristal no me planteo nada. Me divierte. Me relaja.

Tengo muchas otras metas en cabeza, como hacer más ejercicio (algo a lo que no me quiero comprometer del todo debido a mi todavía fluctuante salud), tomarme en serio la escritura (ésta es más importante de lo que reconocería, seguramente, en público), iniciar algún tipo de negocio (algo que tendría que apasionarme Mucho) y hacer un esfuerzo en mi vida social (con todo lo que ha pasado últimamente, no he tenido ganas de salir de casa y apenas lo he hecho en el último par de meses). Otras, que serían las habituales en mi situación, como buscar empleo, no se alinean en absoluto con todo lo que da vueltas en mi cabeza. Para empezar, la simple noción de entregar mi mejor trabajo a otra persona a cambio de dinero para ésta (siempre contando con que tuviera la inmensa suerte de encontrar un trabajo) ahora mismo me resulta alienígena, simplemente porque los últimos 7 años he trabajado para mí misma. Para bien o mal, mis errores y triunfos eran responsabilidad sólo mía, y sólo yo afrontaba las consecuencias. Es muy difícil cambiar esa mentalidad de golpe. También me quema la idea de volver a hacer algo que no aporte nada, que no produzca nada de provecho. Lo malo de trabajar en autoedición es que a veces tienes la sensación de que lo único que haces es talar árboles para llenar estanterías de libros que no siempre, seamos realistas, son fabulosos. Hay cosas que he hecho por dinero que me apasionan (como por ejemplo, traducir libros que me gustan o escribir artículos),  pero suelen ser las menos. A veces trabajar en el sector servicios es sentir que vendes aire.

Por ahora, como ya dije, tengo un techo sobre mi cabeza y una nevera llena de comida (y bebida no alcohólica). No es un mal sitio para empezar.

One comment

  • Cocó Violante

    junio 3, 2011 at 10:38 am

    Este post es una buena oxigenación mental: has puesto tus ideas encima de la mesa y las estás ordenando. Seguro que sale algo bueno de todo esto 🙂

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