Porque dije que, de hacerlo, lo haría vestida de rojo de Valentino en la Alhambra. No, no es que hayan derruido la Alhambra para hacer un centro comercial o un aparcamiento, como siempre temía Violante al levantarse por las mañanas, sino que Valentino se ha retirado del mundo de la moda. Y lo más triste es que conceptos como elegancia, sensualidad y feminidad se marchan con él. Cuantos más desfiles veo (por la tele y en las revistas, claro, ya me gustaría a mí verlas en vivo y en directo… o tal vez no), más convencida estoy de que hay poca pasión e innovación real en la moda. Creo que estoy de acuerdo con las palabras de despedida del gran Garavani: «Me aburre continuar en un mundo que ya no me dice nada. Hay muy poca creatividad y demasiado negocio». Un poco como el mundo editorial, sólo que por lo menos en el género fantástico hay poco negocio y una gran dosis de creatividad, aunque sólo sea para intentar salir del hoyo.

Escuchando: La Gran Familia Dango, también conocida como «canción que se te mete en la cabeza y no hay quien la saque». Me está desquiciando y sí, la estoy escuchando directamente desde mi propia cabeza.
Leyendo: Manuscritos. La catedral del mar ha ido de regreso a la estantería.