main

autosuperaciónDesafío 30 díasescribirescribir sin excusasescritoresescriturafandomfilosofandoherramientas para escritoreslecturalialeerlibrosliteraturaordenpersonalproductividadpropósitowant

¿Es realmente posible alcanzar una meta si le dedicas el tiempo y el trabajo suficiente?

febrero 7, 2014 — by Gabriella3

old-typewriter-and-typist-966154-m

Hace poco más de un año tomé la decisión, seria y algo acojonada, de escribir. Había escrito antes, claro, toda mi vida, pero de una forma insegura, intermitente, valiéndome solo de las musas y la inspiración. La disciplina la dejaba para la edición, que fue, al fin y al cabo, a lo que me dediqué durante casi toda mi vida anterior.

No me lanzaba a la piscina desde el vacío, desde la nada. Siempre he leído bastante, ya fuera por ocio o trabajo, y he pasado muchísimo tiempo trabajando textos ajenos, tanto desde un punto de vista académico como profesional. Corregí, maqueté, valoré, analicé, y casi todo lo que se puede hacer con un texto destinado al público. Me di cuenta de que estaba ocupándome casi por completo, de una manera u otra, del proceso editorial, y eso estaba bien. Estaba ayudando a otros escritores a mejorar su obra, a presentarla de la mejor forma que yo supiera ofrecerles. Una forma que, si bien no era perfecta, era mucho mejor que el manuscrito inicial. Creía (y sigo creyendo) que tenía un pequeño don para sacar lo mejor de un autor. Esto es algo que sigo desarrollando a través de la corrección de estilo, y que me mete en más de un lío, ya que me resulta muy difícil separar mi labor de simple correctora de mi antigua labor de edición: si me encuentro con un texto con agujeros argumentales o incoherencias narrativas, por ejemplo, necesito trabajarlo con el autor, aunque sepa que eso va a complicar y alargar mi trabajo de forma innecesaria.

Todo ese bagaje era importantísimo para comenzar una labor seria como escritora, no solo por la formación que me proporcionaba, sino por todos los contactos que realicé en mi fase de editora, y por todo lo que aprendí de otros profesionales del mundo de la edición, gente a la que aún admiro y a la que ocasionalmente acudo. Creo que hice lo que tenía que hacer, pero por otro lado lamento no haber tenido una meta más específica. El mundo de la edición te exige estar en muchos frentes a la vez, y yo tiendo a la multitarea y al pluriempleo. Hace un año me di cuenta, ya de forma definitiva, de que eso tenía que cambiar. Necesitaba un objetivo claro.

La importancia del trabajo diario

Ya he hablado varias veces en el blog de las 10000 horas, las que se supone que necesitas para dominar una habilidad. No se trata solo de echarle 10000 horas a algo: deben ser horas realmente útiles para tu habilidad, horas de aprendizaje puro, y también hay muchos otros factores que deben cultivarse: redes sociales (no me refiero a Facebook, que también, sino a redes de interacción en general con otras personas de las que puedes aprender). Cerca de esta teoría está la de los 7 años, que es que necesitas 7 años para llegar a algo en algún campo; también está el llamado compromiso de los cinco años, del que leí por primera vez en un artículo de Steve Pavlina, pero que tiene variantes de todo tipo por todas partes.

El compromiso de los cinco años es interesante porque te hace plantearte en serio si lo que estás haciendo es útil para ti. Si tomas una dirección, profesional o personal, ayuda mucho preguntarte: ¿voy a comprometerme a seguir haciendo esto dentro de cinco años? ¿En serio? ¿Pase lo que pase? ¿Todos los días? Son preguntas importantes, si tenemos en cuenta que esos cinco años son lo mínimo que hacen falta para obtener algo de importancia en cualquier campo. Uno no puede rendirse, opinar que todo ha salido mal, cuando solo lleva seis meses haciendo algo. Y muchos argumentarán que interviene la suerte, que hay quien es descubierto de la noche a la mañana, por ejemplo. Pero si uno investiga un poco, descubre que la mayoría de esas personas que han tenido éxito en algún campo, de manera aparentemente afortunada y casual, llevaban ya años desarrollando determinadas habilidades, y que el hecho de que estuvieran en el sitio adecuado en el momento adecuado se debe en gran medida al desarrollo de esas habilidades. La suerte existe, sí, pero es un factor mucho menos determinante de lo que podría parecer.

Primeros resultados

Tras el primer año realmente dirigido, de esos cinco a los que me he comprometido, puedo decir que los resultados han sido favorables: tengo un libro a las puertas (El fin de los sueños, junto con José Antonio Cotrina, que saldrá publicado el 20 de marzo con Plataforma Neo); tengo otra obra finalizada, en proceso de corrección, que pronto empezará a hacer la ronda por editoriales; y escribí 90000 palabras de una novela que, por muchas razones, me he visto obligada a reiniciar por completo, pero que espero poder terminar antes de que acabe el 2014. Pero todo esto no viene solo de sentarse a escribir a diario: si yo no hubiera pasado ocho años de mi vida de congreso en congreso, de convención en convención, hablando con escritores y editores, nunca habría conocido a las personas adecuadas para aprender a navegar en el complejísimo mundo de la edición. Si no me hubiera hecho un currículo, publicado otras cosas, nadie habría creído en mis posibilidades. Si no hubiera tenido cierta habilidad mínima para empezar, mi coautor no habría considerado compartir portada conmigo (y os puedo asegurar que es una persona tremendamente exigente y meticulosa). Así, repetimos: esas 10000 horas no son solo de escribir, leer, corregir y escribir de nuevo. También son de socializar con gente del gremio, de estar en todas partes, de dar y asistir a charlas y conferencias que de primeras podrían parecer inconsecuentes (todas estas acciones que, para una persona de naturaleza introvertida como yo, son agotadoras). Incluso son de escribir cientos y cientos de artículos sobre literatura para una página web. Todo está relacionado.

Contra viento y marea

Todo esto ha exigido una reestructuración mental muy grande por mi parte. Para empezar, decidí dirigirme a un nicho de mercado más productivo, que antes no había considerado: la literatura juvenil. He intentado tragarme la timidez y atreverme con ciertas cosas a pesar del miedo. He aceptado la disciplina diaria de escribir, y no he fallado ni un solo día. Escribir se ha convertido en una prioridad absoluta, por encima de comer, dormir o incluso pasar tiempo con mi familia o mi pareja. Todo esto compaginado con horas y horas de otros trabajos para intentar obtener algún ingreso. No soy muy fan de Almudena Grandes, por ejemplo, pero sí soy muy fan del hecho de que durante años se levantara a las cinco de la mañana para poder escribir, antes de llevar a los niños al colegio o ponerse a trabajar. Esas son las cosas que nunca nos cuentan de la glamurosa vida del escritor.

Hay muchos días que me levanto desalentada y me pregunto si algo de esto merece la pena. Los ingresos, tanto por mi trabajo como escritora como por mis demás ocupaciones laborales, son ínfimos (hace un par de años volví a casa de mis padres porque ya no podía permitirme alquilar un piso y pagar las facturas. Sigo sin poder permitírmelo). Trabajo mucho, e intento hacerlo lo mejor posible. Pero desde hace un tiempo siento que, a pesar de la ocasional desesperación, mi vida está llena de cosas maravillosas, de experiencias alucinantes y de posibilidades mágicas. Y tengo algo que mucha gente no tiene: un compromiso para cinco años. No puedo esperar a ver qué me deparan los cuatro siguientes.

Conclusión

Todo esto nos lleva a una única pregunta: ¿Es verdad lo que nos venden? ¿Es posible entonces desarrollar una habilidad y llegar a algún sitio con ella en el espacio de cinco años de trabajo constante y teledirigido?

No lo sé, pero pienso averiguarlo.

Desafío 30 díasescribirescribir sin excusaslecturalialeerlibrosliteratura

Pausas, o por qué llevo semanas sin leer

diciembre 21, 2012 — by Gabriella2

Estaba buscando temas para escribir un artículo para Lecturalia y, casi sin darme cuenta, me di cuenta de que llevo una racha en la que estoy escribiendo para una página web sobre el maravilloso placer de la lectura y yo misma no recibo, en estos momentos, ese privilegio.

Una vez más me he dejado llevar por lo que debería estar leyendo y no por lo que quiero leer. En los últimos meses he estado comprando libros, recibiendo libros que consideraba que formaban parte de mi acervo obligatorio, que debía leer por amistad, por estar en la onda, por estar al día, porque otras personas me los recomendaban. He empezado varios libros que, todos me aseguran, son fantásticos. Algunos están escritos por españoles, y quiero apoyar a los escritores españoles. Algunos pertenecen a géneros que antaño me gustaban, o son el epítome de lo que muchos de mis amigos creen que me gusta. Y me doy cuenta de nuevo de algunas cosas sobre mí misma que siempre se me olvidan:

1. Que a nivel de idiomas, funciono por rachas. No sé si a otros bilingües les pasa lo mismo, pero hay épocas en las que quiero devorar libros escritos en español, y otras en las que quiero zampar cosas en inglés, del mismo modo que la bisexualidad puede empujarte a buscar hombres viriles una mañana, y mujeres hiperfemeninas tres meses más tarde. A lo mejor soy una chica de contrastes, aunque siempre hay días que quieres comer textos en Spanglish (para eso están Chris Stewart y similares) y leer cuerpos andróginos. Así que si todavía me estoy recuperando del buen cuerpo que me han dejado Franzen y Amis, no puedo meterme de golpe en algo escrito en otro idioma, por muy maravilloso que pueda ser.

2. Que nunca debería escribir sobre algo si no quiero tomármelo de forma personal. Cuando escribí el artículo Detente, respira y escoge. La cortísima vida del lector, tuve la mala suerte de dejar que me influyera. No hay tiempo. En serio. No lo pierdas con libros con los que no consigas avanzar más de 50 páginas (o, si crees que valdrán la pena, en otro momento, apártalos y vuelve otro día). Hablo, por supuesto, de libros que  sabes que no tendrán mayor trascendencia en tu vida. Claro que hay que lidiar y pelearse con Shakespeare y con Nietzsche, aunque cueste. Pero si Tim Powers no te está apasionando… pues va a ser que no.

3. Que no puedo con todo, y no pasa nada. Tengo muy poco tiempo para hacer cosas que me gusten mucho, que me relajen, que sean ocio puro. Y llevo unas semanas en las que esa hora escasa antes de dormir prefiero dedicarla a algún videojuego o a ver alguna serie. Mi mente necesita desconectar.

No es que no lea. Leo todo el puñetero día, tal vez ese sea el problema. No necesariamente cosas que habría elegido por mí misma, sino que forman parte de mi trabajo (correcciones, traducciones, artículos, documentación, información tras información). Así que cuando llega el momento de abrir un libro por gusto, más le vale que sea uno que me absorba por completo, que me proporcione un placer absoluto. Me largo ahora mismo a Book Depository a darme un buen capricho.

—————-
Nota acerca del desafío de Escribir sin excusas:

Todo va viento en popa, a día 21 he conseguido ya tres semanas de escritura diaria, lo que me alegra sobremanera. No solo eso, sino que conmigo se ha animado un grupo genial de personas, que llevan fenomenal esto de la tarea diaria. Ya sabéis que podéis apuntaros si queréis al grupo de Facebook, cualquiera puede unirse y empezar en cualquier momento, el objetivo es escribir a diario un mínimo de 200 palabras, durante 30 días (para más información, pincha aquí).

Por otro lado, una participante del desafío lleva un blog donde publica sus textos diarios, os animo a que le echéis un vistazo. Podéis verlo aquí.

Y sí, habéis acertado, tengo intención de que este desafío de 30 días se convierta en uno de 60. Pero para eso habrá que superar primero las Navidades. Seguiremos informando.

Por cierto, por primera vez en unos cuantos años, ya no soy pelirroja.

———————–

Image courtesy of nuchylee / FreeDigitalPhotos.net

arteescrituraferia del librolecturalialiteraturamiss cristalmodaresumen de la semanasábado sabadete

Lo mejor de mi semana

junio 16, 2012 — by Gabriella1

Esta ha sido una semana muuuy larga. Más que nada porque apenas he pisado la calle (aunque al final logré convencer al ilustre creador de ZasBaideFeis para que me acompañara a echar unas tapas al bar de turno. Y ya sé que no debí comer el chili, pero maemía qué rico y picante hacen el chili).

Pero es sábado, y como estáis todos por ahí de juerga mientras yo estoy aquí encerrada trabajando, me voy a dedicar a llenar un post de todas las cosas que me han llamado la atención esta semana. Sin hablar de política (algunas cosas me resultan demasiado deprimentes ahora mismo). Creo que por lo demás mi semana se puede resumir en esta ilustración de la gran Vireta:

Moda:

Como marca, Norma Kamali no me llama mucho la atención, pero tengo que reconocer que su línea de bañadores es… bueno… es chulísima. No es la mejor palabra para describir un conjunto de prendas pero es mi blog y me lo follo como quiero:

También me quedo con algunos de los vestidos-arnés de Max Aria para Herve Leger. Que sí, que salieron ya en febrero, pero yo los he descubierto hace poco:

Y, para finalizar, Anormalmag.cl vuelve a acertar de lleno con un reportaje de creatividad y moda de la mano de Antonio Guzzardo inspirado en la figura de la hechicera o reina malvada, que hace uso de los colores para hacer su magia. Espectacular:

Libros:

Esta semana ha estado marcada, para mí, por el cierre de DVD Ediciones. Estoy escribiendo un artículo de homenaje que aparecerá en Lecturalia muy pronto, pero por ahora esto ha sido lo que hemos tratado desde el lunes:

-Hemos hablado del destino curioso de algunos documentos inéditos de Kafka: http://www.lecturalia.com/blog/2012/06/12/el-destino-kafkiano-de-los-documentos-de-kafka/

-También he realizado una crónica ya más oficiosa de mi estancia en la Feria del Libro de Madrid:
http://www.lecturalia.com/blog/2012/06/13/feria-del-libro-de-madrid-2012-una-pequena-cronica/

-¿Qué tal se te da leer mientras caminas?: http://www.lecturalia.com/blog/2012/06/14/leer-mientras-caminas/

-Alfredo Álamo reflexiona sobre las motivaciones que podemos tener para escribir: http://www.lecturalia.com/blog/2012/06/15/escribir-como-desafio/

En otras webs, es interesantísimo el artículo que publica Yorokobu sobre el trabajo de traducción que hay detrás de Los Simpsons. Enhorabuena a su autor, Juanjo Villalba, y a la traductora María José Aguirre de Cárcer por su excelente trabajohttp://www.yorokobu.es/traduciendo-los-simpson-o-la-inventora-de-del-fresisuis/

En cuanto a mi biblioteca personal, ha caído Her Fearful Symmetry (Una inquietante simetría), de Audrey Niffeneger, una obra que prometía mucho pero que, por desgracia, no cumple con las expectativas que marca la primera mitad del libro. Toda una serie de ideas magníficas que quedan en nada o que se transforman en líneas de acción un tanto ridículas y muy poco creibles; algo que me sorprende después de la cuidadosa distribución de su conocidísima novela La mujer del viajero en el tiempo. El libro en sí salió de una pequeña tienda de compraventa de libros de segunda mano que he descubierto escondida cerca de mi casa, así que apenas me costó 3 ó 4 €.

Y, para terminar, aunque apenas he tenido tiempo para nada de Miss Cristal, dejo por aquí unos pendientes recién salidos del horno. La mano de madera, que me encanta, es un regalo del Demiurgo.

¡Feliz fin de semana para todos!

curiosidadesescriturahumor y cachondeolecturalialiteratura

Libros diferentes

junio 7, 2012 — by Gabriella1

Hay muchos más libros que nos enseñan cosas valiosísimas para nuestro día a día. Por ejemplo, cómo ser Papa. No papá, que manuales de esos hay miles, sino Papa, es decir, Padre Santísimo de la Santa Madre Iglesia. En How to Be Pope: What to Do and Where to Go Once You’re in The Vatican, Piers Merchant desvela cuál es tu título oficial, por qué debes elegir un nombre papal, quién te hace la colada, adónde tienes que ir para enviar una carta, cómo dirigirte a los líderes del mundo conocido, y algunas frases clave que necesitarás conocer en latín, entre otras muchas cosas.”


Un pequeño extracto de la segunda entrega de mi artículo Libros diferentes, publicado hace poco en Lecturalia. En serio, echadle un vistazo a esta entrega y a la anterior, hay unos cuantos libros por ahí que merecerían ensayos para ellos solos.

humor y cachondeolecturalia

Naipaul ataca de nuevo

junio 7, 2011 — by Gabriella0

Será muy buen escritor, pero no es conocido por su corrección política. El escándalo Naipaul, en Lecturalia. Lo que más me ha gustado ha sido el comentario de una de nuestras lectoras, que me ha parecido graciosísimo:

De entrada, entenderé que no me publiquéis el comentario porque no voy a argumentar nada. Sólo expresar mi ferviente deseo de enviar a este señor a freír monas y propinarle una patada en su Nobel culo.”

Eso es insultar con elegancia y lo demás es tontería. 

diseñolecturaliawant

Ábrele los brazos al futuro

febrero 8, 2011 — by Gabriella2

De vez en cuando me enamoro de una camiseta. Hoy le ha tocado a la “Embrace the future” de Jeph Jacques, autor de la muy excelente Questionable Content y de muchas camisetas chachipirulis.

Y por otro lado, el artículo que escribí para Lecturalia sobre la iniciativa del escritor canadiense Sean Cummings para promover la lectura se ha vuelto un pelín viral, y está ahora mismo en la portada de http://www.bitacoras.com  Me siento emocionada y acojonada a la vez, es sólo cuestión de tiempo antes de que empiecen a trolearme y a corregirme en plan superpedantedelamuerte, ¿no? (Bueno, más de lo normal). Por lo menos parece haber servido para atraer (más) visitantes a Lecturalia, que tiene en estos momentos la friolera de 11967 fans en Facebook23.719 seguidores en Twitter  y 45000 usuarios registrados.