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Acerca de las metas (3) y otras actualizaciones

octubre 23, 2012 — by Gabriella2

Y aquí estoy de nuevo para ponerme al día con todo lo que ha estado sucediendo durante las últimas semanas, que no ha sido poco. En primer lugar, me toca hacer una actualización respecto al estado actual de mis metas y desafíos.

Alcohol: No sé si merece la pena seguir hablando de esto, ya que puede hacerse repetitivo. Apenas bebo. Bebo cuando salgo, nunca en casa (una regla que me funciona bastante bien). Mis resacas además son crueles, así que tengo que tener mucho cuidado con no pasarme. Se acabaron las borracheras legendarias para mí. No digo que no tenga tentaciones de vez en cuando, pero por ahora he conseguido evitar las que no eran convenientes, y eso me enorgullece. Cuando comparo mi productividad de antes con la de ahora, la diferencia es bastante notable. Por no hablar de los efectos en mi dieta: perder peso sin haber dejado de beber habría sido imposible. Lo cual nos lleva al…

Peso: Mi peso lleva más de un mes un tanto extraño. En el último par de meses he perdido volumen de manera notable (sobre todo barriga), pero mi peso se ha mantenido más o menos estable, a pesar de estar comiendo de manera bastante sana (del modo que hasta ahora me ha hecho perder peso). Tal vez sea un poco atrevido decir que he creado una cantidad importante de músculo en tan solo un mes de gimnasio, pero creo que esta es la explicación más coherente, y desde luego veo cambios significativos en mi aspecto (¡hasta hay una sombra de abdominales!). Por las mismas razones, no me fío mucho de mi BMI (índice de masa corporal), ya que al calcularlo en un programa simple de peso/altura no se tiene en cuenta la proporción grasa-músculo, pero puede decir que estoy en 25.9, no muy lejos de bajar de la categoría de sobrepeso (25).

Por lo general mi dieta es bastante variada, y procuro invertir las calorías en cosas saludables como fruta o harina integral, abundante pescado y verduras. Tengo mis pequeños caprichos (el camembert light de Lidl con tostada se está convirtiendo en un desayuno habitual) y rutinas diarias (no suele faltar el zumo o smoothie por la mañana hecho en batidora con montones de frutas diferentes). Uno podría pensar que debería encontrarme con una salud maravillosa, pero la realidad no es exactamente así. Tengo una migraña que parece que se ha quedado a vivir en mi cabeza, que nunca se va, solo se difumina un poco para coger impulso y volver de forma vengativa. En cuanto a niveles de energía, siguen sin ser óptimos, pero han mejorado bastante gracias al ejercicio físico, lo que nos lleva al siguiente punto.

Ejercicio: Como ya he comentado en posts anteriores, me he apuntado a un gimnasio. Alterno algo de cardio diario con clases de pilates dos o tres veces a la semana. La diferencia ha sido grande, sobre todo a niveles de liberación de estrés, tonificación y aumento de energía en general (por no hablar de flexibilidad y resistencia en… erm, en quehaceres diarios). Estoy bastante contenta con esta decisión, a pesar de que de vez en cuando el pilates me deje completamente inútil al día siguiente (tengo pesadillas, como muchos sabréis, con pelotas suizas).

Miss Cristal: Mi eterno quebradero de cabeza. Tenía el firme propósito de dedicarle bastante tiempo este mes, y así ha sido, aunque no tanto como habría querido (había otros proyectos prioritarios porque… bueno, porque son pagados). El resultado ha sido muy decepcionante. Sospecho que las más recientes modificaciones de Facebook, que es donde realizo la mayor parte de mis ventas, tienen bastante que ver. Observo que mis publicaciones parecen llegar solo a un número pequeño de personas, aquellas que ya seguían con bastante atención la página. Facebook, claro está, te ofrece “promocionar” tus publicaciones. Pagando. Tampoco ayuda que la gente no tenga dinero para comprar cosas, como es obvio, pero lo del movimiento de “me gusta” y similares es bastante más limitado que antes; como digo, parece estar restringido a aquellas personas que ya eran seguidores habituales, y necesito abrir mi círculo de compradores potenciales.

Me he debatido, como llevo haciendo ya meses, entre aumentar el tiempo dedicado a Miss Cristal, reducirlo y dedicarlo a cosas más rentables, abandonarlo por un tiempo (no puedo decir de manera definitiva, la realidad es que me gusta demasiado) o intentar llegar a canales de difusión más productivos. Si alguien tiene ideas en este sentido, alguna sugerencia para ampliar mi público o realizar promoción útil, me encantaría escucharlas.

En cuanto al desafío de 30 días más reciente, podéis leer más en el post anterior, sobre el tema de la meditación.

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Imagen de http://www.freedigitalphotos.net

 

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35 días de meditación: Una odisea mental

octubre 15, 2012 — by Gabriella1

Cuando decidí, como desafío de 30 días para el mes de septiembre, dedicar un rato diario a la meditación, imaginaba que sería como las demás veces que había meditado, con los efectos habituales de sosiego y relajación.

Me sorprendió (y frustró) ver que no terminaba de llegar a ese estado de tranquilidad que solía otorgarme la meditación. Estaba en un momento algo complicado por muchas razones (o tal vez por ninguna en particular, simplemente porque sí), y me encontraba estresada, muy nerviosa, con los consiguientes síntomas físicos de la ansiedad (dificultad para respirar, dolor de cabeza, cansancio, etc.). La idea de tener que pararme durante por lo menos cinco minutos al día a meditar me estresaba aún más. No conseguía concentrarme, y cuando lo conseguía, me limitaba a intentar expulsar a la fuerza los pensamientos que me reconcomían.

Un poco de ayuda del pilates

Pilates: le mola hasta a los delfines

En este sentido el pilates, que comencé a principios de septiembre, fue mucho más efectivo que la meditación. Someter al cuerpo a determinados esfuerzos, y sobre todo ponerlo en posturas en las que lo estiras absolutamente todo, significa una descarga física y mental muy bruta. Es imposible preocuparte por una fecha de entrega o por una bronca estúpida si tu cabeza está demasiado ocupada gritando de una manera muy extraña: algo así como el consabido y pornográfico “me duele pero me gusta”. Era una sensación que hasta ahora desconocía y he de decir que he descubierto que la necesito (la de pilates, no la pornográfica. Esa ya la conocía). Esa hora y media, al principio dos veces a la semana (ahora he añadido otra hora los viernes) es horrible. Hace que me sienta torpe y avergonzada, además de que no suelo aguantar la hora y media sin tener que pararme a descansar, pero cuando supero el ridículo y la angustia de no poder realizar algún ejercicio la liberación física es asombrosa. Tras las primeras clases acuñé la frase “en pilates, si no te duele es que no lo estás haciendo bien”. Ahora que llevo más de un mes creo que lo cambiaré por “si te resulta fácil es que no lo estás haciendo bien”, ahora que mis músculos empiezan a acostumbrarse al esfuerzo. No duele tanto (a veces), pero sigue siendo condenadamente difícil, y a la vez de lo más relajante. En este sentido tengo que agradecerle su buen hacer a la profesora, que consigue mantener un ritmo lento, maneja bien los aspectos meditativos del ejercicio, además del tiempo que dedica a corregirnos a todos personalmente y asegurarse de que estamos utilizando los músculos y respiración adecuados. He tenido alguna clase con profesores diferentes, y su actitud más rápida, más de entrenamiento, implica menos esfuerzo y concentración. Cuando haces bien un ejercicio de pilates, hacer dos repeticiones es mucho más cansado (y efectivo) que hacer diez si el ejercicio está mal hecho y con prisa. Por otro lado, acababa tan agotada y con las endorfinas tan a tope que me daba todo igual: fechas de entrega, peleas, problemas, el fin del mundo… nada conseguía alterar mi paz mental.

Al comparar el pilates con la meditación, he llegado a la conclusión de que ambos consiguen resultados en el mismo terreno pero utilizan métodos muy diferentes. El pilates funciona gracias a la concentración, del mismo modo que muchos al meditar utilizan un foco para no perderse en sus pensamientos: su respiración, una vela, una imagen, etc. Como resultado se ignoran todos los demás pensamientos y se obtiene un sosiego, una calma.

Un paso más allá

Pero esto ya no era suficiente para mí. Quería volver a llegar hasta ese sentimiento de jhana que me producía euforia, calma absoluta, sensación de unidad con mi entorno, y un Amor de esos con mayúsculas que te dan ganas de ir a buscar a tu peor enemigo y darle un abrazo. Es el estado al que antes podía llegar con relativa facilidad, justo después de las flores y las mariposas y todas esas imágenes mentales extrañas que me solían asediar. Creo que la sensación de plenitud y felicidad llegaba como consecuencia de experimentar imágenes tan fabulosas, un poco como cuando tienes un sueño que va a explotar de color y figuras y no quieres despertarte nunca. Esas sensaciones no son, ni de lejos, un estado avanzado de la meditación, pero sí que hacen que tengas más ganas de llevar a cabo la práctica, y surgen al llegar a una concentración total, generalmente en un objeto o estado. Para mí, el foco de la concentración es mi propia mente. Por lo que he leído, si bien no lo he probado, el yoga sería el ejercicio más adecuado para este tipo de abstracción.

¿Por qué, entonces, me costaba ahora tanto llegar a ese estado? Al terminar los 30 días propuestos, decidí seguir durante otro mes, más por cabezonería que por otra cosa. Y parece que todo se ha confabulado para lanzarme mensajes, de todas partes, acerca de este tema. He estado leyendo acerca del zen, acerca de la meditación, y acerca de nuevas técnicas que van un poco más allá de la programación neurolingüística y otro tipo de técnicas que me llamaban bastante la atención. Y creo que he dado con una clave importante.

Del mismo modo que en pilates, hasta ahora mi actitud era expulsar la tensión, expulsar los pensamientos negativos y estresantes. Pero estos seguían ahí, tal vez no en forma de pensamientos pero sí de emociones, de angustia y ansiedad. Pero a lo mejor hay que enfrentarse a ello de otra forma, como en la meditación: no se trata, realmente, de eliminar las distracciones, sino aceptarlas, prestarles atención, y entonces despedirse de ellas. Y lo mismo con los pensamientos negativos, las emociones destructivas. Hay que aceptarlas, reconocer que están ahí, y entonces darles permiso para que se larguen.

En busca de una conciencia más atenta

Por ahora los resultados son muy positivos, y solo llevo unos días aplicando esta nueva actitud. En cuanto lo relacioné con el tema de la meditación, me di cuenta de exactamente por qué meditaba. La meditación me estaba entrenando para llevar esto a cabo, es una práctica donde las distracciones y los pensamientos se observan, como desde una segunda mente superior, que toma la decisión de si hacerles caso o no. Ha sido un descubrimiento muy interesante, y pienso seguir experimentando con él durante los próximos días. Ya os haré saber qué conclusiones saco a la larga. De primeras, he de decir que estoy descubriendo cosas sobre mí misma que no era muy consciente de que estaban ahí, tal vez porque prefería ignorarlas. He descubierto que soy horriblemente celosa (no me refiero a las relaciones de pareja, donde soy bastante segura, sino de todo lo demás) y competitiva; rencorosa e insegura. Lo sabía, hasta cierto punto, pero no me daba cuenta de la cantidad de emoción que le dedicaba a estas características, de lo destructivas que eran. Es extraordinario pensar que estás agobiada simplemente por un tema, aparentemente absurdo, de trabajo, y de repente darte cuenta de todo lo demás que hay involucrado. Poco a poco, descubres qué es lo que está pasando realmente, por qué te sientes tan mierda ante algo que ni siquiera tiene importancia.

Esto es solo la punta del iceberg. Han sido 35 días de meditación que de primeras han sido poco efectivos, que en la superficie no me han aportado nada. Pero ahora que de repente empiezan a llegar tantos datos, tanta información acerca de mí misma y de mi forma de reflexionar, empiezo a pensar si tal vez este desafío habrá ido mucho más allá de lo que pensaba.

Seguiré informando. Por ahora os dejo con una foto de mi jardín trasero, hace un par de días. No hay un incendio, no, es simplemente un amanecer de esos radiantes:

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Imagen del delfín de Flickr, por cortesía Creative Commons de post406.

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Formando el hábito del ejercicio: trucos y consejos de una floja

septiembre 12, 2012 — by Gabriella4

Septiembre es uno de esos meses decisivos para mucha gente. No es solo la vuelta al cole (ahí ya nos empezaban a enseñar la importancia de este mes), con sus nuevos libros, profesores y horarios, o la vuelta al trabajo (o a la búsqueda incesante de este, por desgracia para muchos), sino una especie de reinicio o renacimiento en general. Cuando tenía la editorial, septiembre era, junto con enero, el mes de más trabajo, no solo porque nos enviaban libros con idea de que se publicaran en Navidad, sino porque muchos se crujían los nudillos y se atrevían a hacer aquello que llevaban planteándose todo el verano: publicar un libro, cerrar una fase vital y empezar otra.

Para mí septiembre siempre ha sido un mes fantástico, porque significa el final del calor sofocante de agosto. Uno de los cambios más importantes este año ha sido el apuntarme a un gimnasio, donde voy para realizar pilates dos veces a la semana y un poco de cardio el resto de los días. Más que nada ha sido una decisión tomada para apoyar a mi hermano, pero es algo que llevaba tiempo queriendo hacer y que no había podido (todos los gimnasios de la zona me pillan bastante lejos). Aprovechando que mi hermano va en coche he tenido la oportunidad, por fin, de empezar de nuevo (ya hacía un par de años que no pisaba uno).

Aprovecho para mencionar que, sobre todo en comparación con años anteriores, mi forma física ha mejorado de manera notable. Sin llegar a ser una atleta, ni mucho menos, estoy muy lejos de ser la persona rígida y fofa que era, y puedo afirmar que esto ha sido gracias a los ejercicios de los que os hablé y que he estado realizando (no tanto como debería, eso sí) en casa. La tabla es excelente, pero sí que es cierto que llega un momento en que puede resultar un tanto aburrida, además de que soy una de esas personas que necesita un sitio donde ir a hacer ejercicio con otras personas, por mucha vergüenza y reparo que eso suele darme al principio. Lo bueno es que en general el ejercicio se ha ido convirtiendo en parte de mi vida diaria, ya sea por la tabla mencionada o a base de darme paseos eternos por la ciudad. Ha llegado el momento de ir un poco más allá, y estaba buscando algo que me mantenga en forma pero que al mismo tiempo me divierta y entretenga. Por ahora parece que el pilates es la opción ideal, si bien hoy, tras la segunda clase y unas pelotas gigantes con las que creo que voy a tener pesadillas, puedo afirmar que me duele absolutamente todo.

El gimnasio me trae buenos recuerdos porque es una de las pocas cosas con las que me he comprometido en serio, de manera diaria. Al final lo abandoné por diversas razones (aunque sospecho que algunos de esas razones eran excusas que me daba a mí misma para no tener que ir), pero me llamaba la atención que si mi patrón de comportamiento era, hasta entonces, apuntarme a algo y luego dejar de ir, algo habría que hiciera que aguantara seis meses yendo todas las mañanas, de lunes a viernes, a un gimnasio, y creo que de ahí pueden extrapolarse ciertas características que ayudan mucho con los hábitos del ejercicio. Si bien mi mentalidad de ahora es muy diferente a la de antes, y creo que mi disciplina y fuerza de voluntad es superior ahora a la que tenía entonces, me quedo con estos puntos fundamentales para desarrollar un hábito eficiente de ejercicio:

1. Lo primero y fundamental es identificar tus excusas, para poder rebatirlas por adelantado. Creo que estas son mis excusas principales:

  • Pierdo mucho tiempo
  • Me he hecho daño en x parte de mi cuerpo, me duele x, no tengo energía, etc.
  • Estoy de bajón, no me apetece, etc.
2. ¿Cómo puede uno luchar contra estas excusas? En el fondo todo queda en tus manos, la decisión de IR, de salir ahí y hacerlo, es tuya. Pero hay cosas que ayudan:
  • Tu lugar de ejercicio ha de estar muy cerca o ser fácilmente accesible.
  • Organiza bien tu tiempo el día anterior para que quede muy claro que el ejercicio es una parte más de tu rutina, no algo que te quita tiempo necesario para otras cosas. Debes planear siempre con el tiempo de ejercicio en mente.
  • Intenta ir con otra persona. Esto ayuda muchísimo: si puedes unir tus metas y objetivos con los de otra persona os animaréis mutuamente y no faltaréis a la cita por no dejar tirado al otro y/o por miedo a quedar mal.
  • Procura ir siempre a la misma hora. Que se convierta en una costumbre, que el cuerpo necesite hacer ejercicio a determinada hora.
  • Une este hábito a otro que realices todos los días para que te salga de manera automática. Esto es lo que los expertos llaman trigger (gatillo). Realizar un hábito que tengas bien asimilado sirve como “gatillo” para que se dispare el siguiente. La última vez que iba al gimnasio lo hacía siempre antes de entrar a trabajar, no se me ocurría ir a trabajar sin haber pasado antes por el gimnasio (en este caso el “gatillo” era el hábito posterior, no el anterior, pero funcionaba igualmente).
  • Analiza qué hora del día es la mejor para ti, aquella en que te dé menos pereza y que tengas más energía. Siempre se recomienda hacer ejercicio a primera hora, para obtener energía para el resto del día y para quitárnoslo de enmedio cuanto antes, pero yo por las mañanas soy un zombie, así que prefiero ir por las tardes.
  • Evalúa qué harás si te haces daño o te duele alguna parte de tu cuerpo. Considera qué otras opciones tienes y si puedes ejercitar mientras las partes de tu cuerpo que están bien. Yo antes evitaba hacer ejercicio cuando tenía migraña, pero lo curioso es que he descubierto que el subidón de endorfinas que proporciona la actividad física intensa es con frecuencia un buen remedio para el dolor de cabeza.
  • Tómatelo con calma, es mejor hacer menos ejercicio que forzarte demasiado y cogerle manía. Al principio todo el mundo se emociona y hace mucho más de lo que debe, o se obliga a forzar la máquina para no quedar mal. Sé inteligente, ve despacio pero seguro. Recuerdo cómo me contaban los monitores que había un tipo de persona que era casi un estereotipo de gimnasio: el que se apunta y va tres veces al día. Al cabo de un par de semanas, ya no vuelve (es, además, el tipo de persona con el que los gimnasios más se lucran, ya que suelen pagar varios meses por adelantado y apenas usan las instalaciones).
  • Busca apoyo. Cuéntale tus planes, tus metas, a las personas de tu entorno.
  • Ponte las zapatillas de deporte. Si no tienes ganas, si no te apetece, no hace falta que te mates durante una hora. Ponte las zapatillas y empieza. Solo tienes que hacer cinco minutos. Solo tienes que empezar, pero hazlo.
  • Diviértete. Parece una tontería, una obviedad, pero no lo es. Si odias el ejercicio que estás realizando, cada vez te costará más realizarlo. Siempre va a costar hacer ejercicio, del tipo que sea, pero si el entorno es agradable, las actividades son entretenidas y sales del lugar de ejercicio con una sonrisa y sintiendo que has conseguido algo importante, las posibilidades de que vuelvas son mucho mayores.
¿Cuáles son vuestras excusas más frecuentes y vuestros trucos más eficientes para combatirlas?

Actualizando: Otros sitios web que ofrecen trucos y consejos para combatir las excusas y simplemente ponerse a hacer ejercicio:

-Hábitos vitales, con 25 trucos para el ejercicio.

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Escuchando: Breathe Underwater de Placebo en mi cabeza.
Leyendo: Watchmen.


Imagen por cortesía de: FreeDigitalPhotos.net