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80 ideas para un logpersonalreligión

19. Escribe sobre algo que te habría gustado saber cuando eras más joven. ¿Cómo crees que te podría haber ayudado?

diciembre 10, 2011 — by Gabriella3

Siguiendo con las 80 ideas para diarios y blogs de Tom Slatin, se nos presenta un tema que, personalmente, podría tirarme horas contestando. Hay muchas cosas que me habría gustado saber cuando era más joven, sobre todo antes de los 15 años, y que creo que me habrían hecho, si no más feliz, un poco menos desgraciada. Y es que yo era una adolescente bastante tristona y perdida que hasta los 15 no comenzó a darse cuenta de algunas verdades fundamentales, como las siguientes:

-Olvídate de estudiar tanto, en el fondo no te va a servir de gran cosa. En teoría me podría haber dado cierta disciplina, pero como era más bien una estudiante de esas que lo dejaba todo para el último momento, confiando en mi excelente memoria, tampoco sirvió para ello. Sólo sirvió para hacerme complaciente, obediente, y crear una distancia insalvable con compañeros de estudio. Creo que de haber dejado de lado un poco los estudios impuestos y haber dedicado ese tiempo a otro tipo de actividades intelectuales, el provecho sería bastante mayor.

-No desprecies a nadie por ser menos inteligente que tú. Aunque culpaba a muchos de los que me rodeaban por dejarme de lado (por ser diferente, por no gustarme las mismas cosas), es posible que parte de ese rechazo proviniera de mi propia arrogancia. O tal vez al revés, tal vez esa arrogancia era un método de defensa. Sea como sea es algo que me digo hoy en día y que tendría que haberme dicho en aquella época: no seas tan snob. Este conocimiento viene de encontrarme con gente mucho más inteligente que yo, ver su comportamiento de capullos integrales, y darme cuenta de cómo me comporto yo misma a veces.

-No te preocupes tanto por ser como los demás, por integrarte. Al final, la gente te respetará por ser diferente. Esto ya me lo decía mi madre, pero con cierta edad en la que lo más importante es formar parte del grupo, puede ser difícil de creer. La primera vez que escogí mi propia ropa, la primera vez que me teñí el pelo, la primera vez que me compré un disco que no salía en los 40 Principales, la primera vez que me hice un piercing, la primera vez que realicé algún acto sexual que nadie de mi entorno hubiese llevado a cabo: primeras veces emocionantes y espléndidas.

-Masturbarse no te mandará de cabeza al infierno. Y ya que estás, cámbiate a un colegio laico.

-Aprende a meditar y a combatir el estrés, porque poco a poco se va a acumular y te va a joder total y absolutamente la salud dentro de unos años. Ah, y la depresión es una enfermedad. No esperes ocho años para tratártela.

Optaría también por “hagas lo que hagas no montes una editorial”, pero supongo que ese es un error que habría cometido tarde o temprano fuera como fuera. Lo curioso es que revisando mi pasado me doy cuenta de que hay muchas más cosas que me enorgullezco de haber hecho que cosas que creo que debería haber hecho de otra manera; y que las que cambiaría, a su vez, han servido para traerme hasta aquí. Así que, en el fondo, mejor no tentar a la suerte, y “Virgencica, que me quede como estoy”.

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7. ¿Cuáles son tus creencias religiosas? ¿Han cambiado con el tiempo o siempre han sido las mismas?

junio 13, 2011 — by Gabriella4

Este tema no me gusta, y no es algo de lo que hablaría por decisión propia. Pero como cualquier ejercicio de escritura de este tipo, precisamente en la dificultad está lo interesante.

No me gusta hablar de religión por varias razones. La primera es la misma por la que generalmente no me gusta hablar de política. La religión es algo que nos atañe de manera muy personal y es algo respecto a lo que nos sentimos afectados de manera intensa. Por esto, muchas conversaciones acerca del tema son campos de minas encubiertas, sobre todo con personas con creencias muy arraigadas. No es lo mismo hablar con un agnóstico, o con un creyente de mente abierta, que con un ateo intolerante o con un creyente radical.

Soy atea, en el sentido clásico del término. No considero la posibilidad de la existencia de un ser superior o deidad. Dentro de mi funcionamiento lógico, me resulta imposible. Por supuesto que no puedo probar la no existencia de una deidad en el sentido clásico, judeocristiano, del término. Pero tampoco puedo probar la no existencia de enanos roba-calzoncillos, y a mi juicio son bastante más plausibles que un señor de barba blanca que exige amor y devoción mientras reparte, como diría alguien que yo me sé, “panes como hostias”.

Por supuesto hablo de deidades en el sentido tradicional de la palabra. Sí que tengo algunas sospechas personales acerca de conceptos como la conciencia colectiva o universal, algo con lo que, sin llegar a creer, puedo simpatizar. No creo que toda esta energía, toda esta pasión, venga de y se dirija hacia la nada. Y si es así, tampoco me importa. En el momento en que uno no tiene fundamentos trascendentes impuestos es libre de crear su propia forma de vida.

Y no, esto no siempre ha sido así. Después de todo, recibí una educación religiosa muy conservadora. Afortunadamente, mi hogar siempre ha sido agnóstico. Mi padre se crió en la Irlanda ultracatólica donde una relación entre un católico y una protestante, por ejemplo, era algo inaudito (y muy peligroso), y ha conocido lo más desagradable de las religiones organizadas (hablando de minas, mi abuela tenía que ir sorteando antipersonales para cruzar al otro lado de la ciudad). Tampoco puedo decir que mi experiencia en un colegio simpatizante con el Opus Dei haya hecho mucho por ponerme a favor de éstas. Sin embargo, confieso que mi mayor motivo, siendo adolescente, para huir de cualquier tipo de fe tradicional, fue el tipo visceral de odio que predica hacia la homosexualidad, considerada poco menos que una enfermedad degenerativa. Es algo que a día de hoy sigo sin entender, al igual que su intolerable machismo y actitud represiva hacia el sexo. O tal vez es que, como aficionada a la historia, a la psicología y al estudio sociológico, lo entiendo demasiado bien, y encontrarse ante una campaña tan tremendamente eficaz e interesada de manipulación a veces desconcierta.

Esto, obviamente, no quiere decir que no respete las creencias ajenas. Muy al contrario. Lo único que pido es que, al igual que no intento convencer a nadie de mi postura frente a lo religioso, me dejen también a mí tranquila.