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Rompiendo esquemas mentales

julio 9, 2012 — by Gabriella6

Hay situaciones desagradables que, si se prolongan lo suficiente, pueden llegar a parecernos normales. De este modo, creo que perpetuamos ciertas nociones en nuestra forma de pensar, ya que no concebimos que el statu quo pueda variar, que las cosas puedan ser de otro modo.

En mi caso estas nociones, como le ocurre a todo el mundo, son muchas, pero he tenido la suerte de poder identificar algunas. Dos de las más importantes eran las que se referían a mi estado de ánimo (hasta que comencé a tomar antidepresivos pensaba que estar deprimido era un estado normal, corriente) y mi aspecto físico, en el sentido de que comenzaba a resignarme a no poder perder peso nunca ni, lo que es más importante, sentirme medianamente saludable y a gusto con mi cuerpo.

En el primer caso recuerdo que a las dos semanas de tratarme mi vida dio un vuelco asombroso. Muchas personas prefieren prescindir de los antidepresivos porque les proporcionan una felicidad que consideran artificial. En mi caso particular, no fue así. Simplemente, empecé a sentirme normal. Sin ganas de llorar a todas horas. Sin ataques de ansiedad que me dejaban sin respiración por la chorrada más estúpida. Sin odio hacia absolutamente todo lo que me rodeaba, sin ganas de estrangular a conocidos, amigos y familiares. Y lo más importante, sin un absoluto desprecio hacia mí misma y mi propia existencia. No era felicidad, era ausencia de un sufrimiento que había ido creciendo cada vez más, probablemente ya desde la adolescencia. Empecé a ver con otros ojos a los demás. Ellos convivían con esta normalidad, con esta ausencia de dolor intenso, y ahora yo era como ellos. Esto era lo normal, no lo anterior. Haberlo padecido tanto tiempo me había hecho creer que era lo habitual, lo que le pasaba a todo el mundo.

Con el tiempo dejé los antidepresivos. Tenían efectos secundarios que no me gustaban y mi perspectiva ante todo había cambiado de forma radical, tanto que me sentía con fuerza suficiente como para abandonarlos poco a poco. De vez en cuando todavía aparecen días de esos feos, pero ya no son tan terribles por la sencilla razón de que sé que existe una alternativa. Sé que existe la ausencia de dolor, y eso proporciona una esperanza fundamental. Además, aunque las pastillas no me proporcionaban una falsa felicidad, sí que embotaban en cierto modo mis sensaciones. De hecho, la verdadera felicidad llegó después de dejarlas, al igual que un cúmulo de sentimientos, tanto buenos como malos, que había tenido subyugados. Y el sexo, ah, el sexo. Pocas cosas hay tan satisfactorias como follar cuando has dejado de tomar antidepresivos.

Algo parecido me ocurrió con la pérdida de peso. Creo que me había hecho ya una imagen de mí misma, bastante miserable, fea y enfermiza. Y no era porque tuviera sobrepeso, sino porque yo misma me consideraba así, en una eterna lucha entre la resignación y la negación. Culpaba al mundo por no aceptarme así, miserable, fea y enfermiza (y en cierto modo lo sigo haciendo), cuando la única culpa era mía por darme atracones de comida cada vez que algo me ponía nerviosa en vez de intentar atacar esos nervios de raíz, por beber en vez de enfrentarme a mis problemas, por dormir poco y mal para poder dedicar más tiempo a pasatiempos vacíos que no me aportaban nada, por no hacer ejercicio porque era más cómodo quedarme sentada. Desde hace poco de repente han empezado a tirarme los tejos más a menudo, me miran de otro modo por la calle. Me irrita, porque me hace pensar que antes no era así, simplemente porque no encajaba en un estúpido canon estético de delgadez. Pero cabe la posibilidad de que la responsable no sea la pérdida de kilos (que tampoco es que esté hecha una sílfide, solo con menos sobrepeso y en mejor forma), sino mi propia actitud para con mi cuerpo. Por primera vez en… no sé, tal vez nunca, hemos empezado a llevarnos bien. He empezado a cuidarlo. Le dejo dormir bastante. Le doy cosas buenas de comer. Apenas le doy alcohol (y cuando se lo doy le hago caso en cuanto empieza a quejarse). Lo muevo. Hasta he dejado de darle cafeína, y me recompensa de un modo sorprendente. Me responde con un estado de alerta mental y físico que no había tenido nunca. He dejado de usar cremas, potingues y base de maquillaje porque la piel reluce, brilla. Todos estos años echando montones de productos de belleza sobre una piel de mierda y resulta que en cuanto he empezado a comer mejor se han ido hasta las ojeras.

Por lo general nos agarramos a nuestros hábitos con una ferocidad sorprendente. Nos resistimos a los cambios que se nos antojan difíciles, que nos dan miedo, ponemos barreras para esos mismos cambios. Hay muchas nociones más que me intrigan, que quiero cuestionar, y creo que he pasado casi toda mi vida deteniéndome por el terror, por unas limitaciones que yo misma me imponía. Me quedan muchas por delante, pero creo que estoy dando pasos en la dirección adecuada. Es como si le dijera a mi entorno, a mi existencia: ¿qué otras cosas me has estado ocultando? Si he conseguido todo esto cambiando unos cuantos hábitos, ¿qué más cosas puedo conseguir? Son preguntas intrigantes y motivadoras.

Estos han sido, hasta ahora, los bloqueos mentales más importantes que he llegado a cuestionarme y (¡espero!) he empezado a desbloquear:

Es normal estar deprimido, todo el mundo lo está y nadie se queja. No es razón para quejarse y no hay nada que se pueda hacer al respecto: Está claro que no es cierto, tal como pude descubrir al tragarme mi orgullo acumulado de años y pedir ayuda médica.

La única forma de perder peso y ponerse en forma es ejercer una férrea disciplina y fuerza de voluntad (hay que ver cómo me río ahora con esta, y la de quebraderos de cabeza que me ha dado), comer poquísimo y matarse en un gimnasio todos los días: Son las acciones pequeñas, los minúsculos cambios de hábito y, ante todo, una gran paciencia los que hacen la diferencia. La disciplina flaquea; la costumbre y el hábito no.

La fuerza de voluntad es innata; algunas personas la tienen y otras no (otra de esas nociones muy extendidas. Lo más alucinante que he descubierto acerca de la fuerza de voluntad es que es un músculo más: si lo ejercitas se hace cada vez más poderoso).

El amor romántico: todos tenemos una media naranja perfecta de la que caeremos rendida y apasionadamente enamorados y que nos tendrá felices y enchochados hasta que muramos (ah, esta es buena, y daría para otro post sumamente largo en el que entraría en el conflictivo terreno del poliamor y similares). También he descubierto algo que me ha resultado muy sorprendente: que puedes seguir queriendo a alguien incluso después de terminarse una relación; que el amor no se va solo porque la relación ya no sea posible, y que además este amor (y esto me parece alucinante porque va en contra de todo lo que me han enseñado, de todo lo que exhibe la media y el acervo cultural) puedes guardarlo en tu corazón y es totalmente compatible con otro amor, grandioso, nuevo, que te devore hasta las entrañas.

Los amigos/conocidos son amigos/conocidos y hay que soportarlos: En el último par de años se podría decir que he hecho una “purga” de entorno que ha producido cambios extraordinarios. No más quejicas. No más gente negativa. No más emocionalmente mutilados. Es egoísta, tal vez. Pero yo ya he intentado ayudar y apoyar a estas personas como he podido. Solo quiero gente extraordinaria a mi alrededor, personas a quienes respeto, admiro y de quienes puedo aprender. Esta actitud me ha resultado increíblemente productiva. Por supuesto, si eres mi amigo/a y llevas tiempo sin tener contacto conmigo, lo más seguro es que sea porque soy una despistada, y un tanto obsesiva con mi trabajo y aficiones, y a veces hay que sacarme a la calle de los pelos, no porque te haya eliminado de mi vida, ejem.

Ahora toca seguir peleando contra las mencionadas y contra otras por mencionar. Hay muchos tabúes en mi cabeza. Quiero ponerme más retos físicos, ver si soy capaz de hacer cosas que antes consideraba imposibles. Quiero romper algunas barreras de timidez y de miedo. Quiero conseguir que deje de importarme tanto la visión que otros puedan tener de mí. Quiero seguir avanzando con mis proyectos personales, llegar a terminar todo lo que he empezado (o dejarlo atrás sin remordimientos). Quiero comerme el mundo. ¿Y por qué no?

Releo todo esto y me produce pavor. Es demasiado íntimo y honesto, y puede parecer, sin duda, egocéntrico. Pero por otro lado creo que si hay una sola persona ahí fuera que lo lee y piensa que realmente todo puede cambiar, que realmente puede mejorar de una forma significativa su existencia, merece muchísimo la pena. Y la timidez y el miedo a lo que piensen los demás es otra de esas cosas que quiero aprender a dejar de lado, así que por algún lado habrá que ir empezando.

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Escuchando: Tengo a Patrick Wolf con William en la cabeza.
Leyendo: Ted Chiang, Stories of your Life.
Imagen: Propia.

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Trucos para la timidez

junio 13, 2012 — by Gabriella1

Como ya he mencionado en alguna ocasión, soy una persona de naturaleza tímida. A lo largo de los años he logrado mantener mi timidez a raya a base de alcohol y a la creación de “personajes” con los que actuaba cuando me encontraba delante de personas desconocidas, sobre todo en fiestas y encuentros sociales. Está el yo dulce y callado, que no habla por temor a meter la pata, y el yo escandaloso que quiere ser el alma de todas las celebraciones. Ambos son parte de mí y suelen funcionar con buenos resultados; no es tanto que esté actuando sino que me esfuerzo por enfatizar determinados aspectos de mi personalidad según la situación en la que me encuentre.
Pero hay situaciones que me cuestan muchísimo. Hablar por teléfono me horroriza. Hablar con alguien desconocido, si no hay ningún conocido por medio que actúe como catalizador, aún más. Esto le llama mucho la atención a mis amistades, ya que saben que luego soy capaz de subirme a un escenario o a una tarima y hablar en público sin ningún problema. Pero es diferente, en el escenario represento un rol, un personaje (de hecho pude superar lo peor de mi timidez gracias a clases de interpretación y a algún que otro ejercicio de oratoria), y cuando hablo en público hablo para un todo, un vacío, no para una persona en concreto. En general he mejorado muchísimo, de pequeña era incapaz de entrar a una tienda y comprar algo, por ejemplo.

Hace poco leí, en un blog que me encanta, una sugerencia para aquellas situaciones sociales que salen mal y que hacen que nos sigamos sintiendo amedrentados a la hora de tratar con desconocidos. El blog es del irlandés Niall Doherty, un ex-tímido que dejó su trabajo para largarse a recorrer el mundo (ha vivido, entre otros lugares, en Burgos, y ahora mismo está en Nepal). Doherty aboga, sobre todo, por enfrentarse a sus miedos, y su narración de cómo lo consigue es divertida e inspiradora. Como su blog está en inglés he decidido compartir, con su permiso, esta recomendación: reescríbelo.

Mucho se ha hablado del poder de la visualización, de la autosugestión e incluso de la programación neurolingüística, pero al margen de lo que opinemos al respecto está claro que el cerebro puede, mínimamente, condicionarse según nuestra actitud. De tal manera, una actitud negativa siempre ayuda a que las cosas vayan peor, y una actitud positiva hace que reaccionemos de manera positiva a las cosas, obteniendo resultados más productivos. Digamos que nos retroalimentamos con nuestra forma de ver las cosas. No quiero entrar mucho en este tema ahora mismo, porque es largo y complicado de cojones y ya hay como mil libros de autoayuda que hablan de ello (de los cuales el 99% se limita a trillar ideas poco prácticas ancladas en Los mundos de Yupi); pero puede ayudar mucho el “programarnos” para pensar de cierto modo. De tal forma, si algo sale mal, el verlo desde una perspectiva positiva puede ayudarnos a actuar de una forma más favorable en un futuro próximo.

Niall propone por esto que cuando nos veamos en una situación social vergonzosa, cuyo resultado no nos haya gustado, la reescribamos. Que cojamos lápiz y papel (o teclado y pantalla, o tableta Asus Transformer si sois unos auténticos cabrones con suerte y poseéis todo lo que yo deseo) y escribamos esa escena, pero describiéndola tal como nos habría gustado que saliera. Niall pone el ejemplo de intentar ligar con una chica (la verdad es que sus ejemplos siempre son divertidos en este sentido, ya que no se corta ni un pelo al contarnos las cosas que no salen tan bien como querría). Se basa en la idea de que nuestro cerebro a veces no hace mucha diferenciación entre lo que es real e imaginado, y que si nos imaginamos suficientes veces que somos unos ases sociales, terminaremos convirtiéndonos en ases sociales; si nos imaginamos que somos unos tipos atractivos terminaremos convirtiéndonos en unos tipos atractivos.

Para ello nos da los siguientes consejos: 

1. Concéntrate sobre todo en reescribir tus propias palabras y acciones. No modifiques el comportamiento de tu interlocutor, eso no tendría mucho sentido, ya que en el mundo real te vas a encontrar con todo tipo de personas; a quien quieres cambiar es a ti mismo y tu forma de interactuar con ellas.


2. Para que no te lleve siglos, puedes utilizar técnicas como la escritura libre (hablaré de esto en otro post, pero hay información al respecto en Wikipedia. Un ejemplo práctico de escritura libre o freewritingsería ponerse el cronómetro 20 minutos e intentar escribir del tirón unas mil palabras, sin pararte a editar ni corregir ni nada de nada).


3. Sé realista. Tienes que creerte realmente que es posible, sino no sirve de nada. Intenta ser lo más fiel a la situación que has experimentado que puedas. Concéntrate en las palabras y acciones. ¿Qué podrías haber hecho o dicho de forma diferente para que tu interlocutor reaccionara mejor? 

4. Prueba a reescribir otras situaciones de tu vida, no solo las sociales. Por ejemplo, si consideras que lo que necesitas es mejorar tu fuerza de voluntad, reescribe tu día como sería si tuvieras una fuerza de voluntad de la hostia. Sé todo lo detallado y preciso que puedas. Yo añadiría que esto también puede ser útil para todo tipo de metas personales, como dejar de fumar (puedes reescribir tu día con cómo sería si no fumaras, y además no te supusiera esfuerzo ni sufrimiento), perder peso (podrías reescribir tu día imaginándote cómo sería si hicieras todas las cosas que te ayudarían a perder peso; al fin y al cabo no quieres simplemente perder un porrón de kilos de golpe, quieres convertirte en una persona que no tiene problemas ni conflictos con la comida y que come de forma saludable sin coger peso), hacer ejercicio o simplemente ser más positivo en general. Me atrevo a decir que puede ser muy útil también para personas con problemas de ansiedad (reescribir algo te da cierta sensación de control sobre las cosas).
Opino que escribir sobre algo que te preocupa te ayuda a analizarlo y a entenderlo mejor. Considero que este puede ser un ejercicio de lo más útil. Para aquellos a los que les dé más pereza escribir, que tengan una buena imaginación y se lleven mejor con lo visual, recomendaría realizar el mismo ejercicio pero en forma de visualización, es decir, reescribiendo la situación concreta en nuestra mente. Yo lo hago a menudo, tanto antes como después de la situación conflictiva, y encuentro que es una herramienta fantástica. A mi juicio esto funciona bien tanto a priori como a posteriori, según si tienes la oportunidad de “planear” una situación o no. 
Así que ya sabéis, si os pasa como a mí y sois tímidos, o simplemente si hay ciertas situaciones que creéis que podríais manejar mejor, esta podría ser la herramienta que andabais buscando. No dejéis de contármelo si lo probáis 🙂